Monthly Archives: Octubre 2014

29
Oct/2014

EN LA HORA DEL ADIÓS: ETERNO MANZANARES

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La última vez que toreó en Sevilla lo sacaron a hombros por la Puerta del Príncipe. No había cortado las tres orejas modernamente preceptivas; ni siquiera había logrado dar un solo muletazo a los dos mulos que completaban aquella extraña corrida mixta organizada el 1 de mayo de 2006. Fue en el epílogo de la Feria de Abril, se trataba de arropar el debut de Cayetano Rivera. Pero aquel día rompió las cadenas como sólo saben hacerlo los grandes: después de dar muerte a su segundo toro pidió unas tijeras y se las entregó a su hijo que, entre lágrimas, cercenó la simbólica coleta. El círculo se había cerrado. El maestro había cumplido su misión y fueron los propios toreros -algo se cocía en el ambiente- los que izaron a hombros al maestro. Lo hiceron pasando por encima de los mediocres que no querían descorrer el pesado cerrojo de una gloria que le fue negada tantas veces por mezquindades que no vienen al caso.

Han pasado algunos años y sólo ahora se comprende el gesto del veterano torero. ¿Se había mantenido en activo para mostrar a su hijo el camino correcto? El vástago tenía el don, había nacido con él, pero quedó prácticamente disipado por la vida y la inmadurez de una juventud vivida en las esquinas del toro después de su lujosa alternativa alicantina. Mientras tanto, apurando sus años en la profesión, el viejo maestro aún salpicaba éste o cual ruedo de faenones antológicos. Aquellos trasteos reveladores enseñaban el verdadero camino a seguir y descubrían a las nuevas generaciones la auténtica dimensión del clasicismo en el arte de torear. Visto ahora, ése es su mejor legado…

José María Manzanares apareció muerto ayer en su recóndita finca cacereña. Lo encontró una empleada de la casa. Dicen que un fulminante paro cardíaco tuvo la culpa de su muerte. Pero el torero ya es eterno… El viejo maestro alicantino había escogido ese rincón cacereño como refugio de algunos naufragios personales aunque vivía una segunda vida taurina y personal proyectada en la eclosión de su hijo Josemari como gran figura del toreo. Algunos titubeos de la carrera del heredero -que no terminaba de encontrar el camino definitivo en sus primeros años de alternativa- tuvieron la culpa de esa última etapa del padre que estuvo sembrada de lecciones inolvidables, como la dictada en Antequera; como la faena de de Almagro o aquella de Algeciras. Más que un exigente espejo en el que mirarse, el joven Manzanares encontró en su padre una piedra angular, el concepto de un arte basado en la búsqueda de la naturalidad y en el apoyo de un sólido oficio. A su ilustre progenitor le sacó a hombros por la Puerta del Príncipe una tarde crepuscular la flor y nata de la torería. Estaban certificando su condición de torero de toreros, el mejor título que a la postre se puede llevar a la otra orilla uno de los matadores que con mayor y mejor merecimiento recibió la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes de manos del Rey en la Catedral de Córdoba.

Manzanares puede ser considerado uno de los mejores intérpretes del toreo de todos los tiempos. La cadencia natural de su tauromaquia, que viajó de la retórica de sus inicios a la expresión barroca de su madurez, es una referencia inexcusable que siempre se movió dentro de los cánones del clasicismo. No siempre quiso pero  casi siempre pudo y hasta aquella última tarde de Sevilla mantuvo intacta la capacidad de cuajar a los toros a los que atisbaba un mínimo de posibilidades o por simple empeño personal.

José María Dols Abellán nació en Alicante hace 61 años. Su padre era un banderillero modesto y bohemio -el recordado Pepe Manzanares- que le transmitió ese excelente concepto del toreo que pasó de la utopía a la materialización en la muleta del hijo antes de llegar, como en la transmisión de un legado nobiliario, hasta las manos del nieto. El penúltimo Manzanares desembarcaba ayer en México -tenía que torear el domingo en la Monumental del D.F.- encontrándose con la amarga noticia. El veterano maestro había hablado con él antes de tomar el avión. Habían quedado atrás algunos distanciamientos que nunca lograron romper el cariño; tampoco la admiración y el espejo del que siempre fue su maestro. El veterano matador, recluido en su refugio campero, también había escuchado la voz de sus nietos.

La vida le abría nuevas invitaciones a ser feliz y el vértigo del vestido de torear quedaba ya muy lejos. El primero -un terno blanco y plata de Palomo Linares- se lo había puesto en Andújar en 1969. Tres años después llegó la alternativa en Alicante de manos del gran Luis Miguel Dominguín. El joven matador alicantino fue figura desde el mismo día de su doctorado y ya no se apeó de esa condición a pesar de los vaivenes de una carrera en la que hubo cimas y simas; idas y venidas; travesías del desierto; faenas inolvidables y hasta fracasos estrepitosos pero siempre, siempre, la fidelidad a un concepto  que se revelaba en fechas, plazas y toros que se han convertido en referente. Podríamos anotar muchas faenas. Hay un trasteo, cuajado a un nobilísimo ejemplar de Gabriel Rojas en la feria de Málaga del 93, que podría definir el punto de armonía al que llegó el toreo de José María Manzanares en su definitiva madurez. Aún le quedaba más de una década para despedirse definitivamente. Los últimos años toreó con el alma y de forma descarnada; despojando a sus muletazos del último resto de retórica o composición. Posiblemente había llegado a rozar la utopía, el definitivo toreo puro, que un día le enseñó el viejo Pepe Manzanares, aquel empleado del puerto de Alicante que forjó una dinastía que sigue reverdeciendo a pie y a caballo. Manzanares se ha marchado sin avisar. Lo hizo en una mañana veraniega del primer otoño. Los teléfonos del toreo siguen echando humo. Se ha ido uno de los grandes. Los hombres de luces lo saben.

28
Oct/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Mercado de otoño

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Publicado el 28 de octubre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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Lo que estuvo a punto de pasar. Algunos aficionados ni siquiera se habrán enterado. Y es lógico porque los que deberían hacer algo tampoco han dicho esta boca es mía. El caso es que hemos estado a punto de recibir una puñalada mortal en el parlamento europeo si hubiera prosperado la propuesta de excluir al ganado de lidia de las subvenciones para razas bovinas. Hubo Judas inesperados y la distancia del abismo fueron sólo 28 votos… Y por cierto, el gobierno por una de cal nos da dos de arena, con o sin la mamandurria del ministerio de Cultura que puso tan cachondos a los toreros antes de hacerse la picha un lío con el vodevil de las televisiones. El toreo se ha quedado fuera del catálogo de bienes considerados Patrimonio Cultural Inmaterial. Seguimos en bragas. Como siempre.

De despachos y de las cuadrillas. Los últimos días han traído y llevado numerosas noticias de cambios y rupturas; también de estrenos de relaciones profesionales a las que deseamos éxito y buenos frutos. Ya queda lejos la más sonada y trascedental. Hablamos de los cambios profesionales en el entorno de El Juli, que ha puesto sus complacencias en Luisma Lozano.El asunto ya ha sido comentado de sobra en esta misma página. Mientras tanto, se han sucedido otras uniones y divorcios en las siguientes líneas de frente. Ahí está la esperada ruptura de Manuel Escribano con Simón Casas. Eso sí, no podíamos aventurar que metería en el mismo envío a Roberto Piles. El matador de Gerena necesitaba respirar otro aire y posiblemente tiene la sensación de no haber rentabilizado lo suficiente su salto al gran circuito a pesar de los esfuerzos derrochados. La suerte tampoco ayudó en los días clave y toca afinar las estrategias para mantener lo que se ha ganado a pulso. Y hablando de Escribano, ha incorporado a su cuadrilla al banderillero sevillano Juan José Domínguez. Sale Isaac Mesa, que ha sido fichado por Sebastián Castella que, como ya sabíamos, se acoge a sagrado en la persona de Manolo Chopera. No son los únicos cambios. Hace muy poco días sabíamos que el diestro ecijano Miguel Ángel Delgado había escogido a Hipólito para relanzar su carrera. Sevilla está en el punto de mira y quizá haya sorpresa en Écija para estrenar temporada. Esaú Fernández anda en el escaparate, lo mismo que Diego Ventura que ha licenciado con honores a los matillas buscando otros horizontes y, quien sabe, seguramente otro caché. Si volvemos al escalafón de plata hay que anotar el fichaje de Antonio Chacón -un valor emergente- por parte de Daniel Luque. Pero la incorporación más sonada de este mercado de otoño ha sido la de Curro Robles -uno de los lidiadores más seguros del momento- en la filas de El Cid. Le hacía falta.

Algunas noticias y otros avances. Podemos contarles más cositas que van esbozando el comienzo de la próxima campaña. El teniente de alcalde de Espartinas, Javier Jiménez, avanzó que el coso de Tablantes abrirá sus puertas los días 28 de febrero y el 1 de marzo. Lo hizo en la presentación del cartel del festival del Rocío de Triana, un evento que nació con buen pie y sigue avanzando con excelentes vibraciones sin moverse de la coqueta plaza aljarafeña. Los hermanos de la calle Evangelista también tuvieron la suerte de cara en la génesis de esta iniciativa: en su primera edición supieron tomar el pulso a un grupo de novilleros ilusionantes, preparados y vinculados a la corporación que adoptaron espíritu de generación a raíz de aquel festejo otoñal. Este año se repite un cartel casi idéntico aunque Ángel Rivas, el hermano mayor, precisó que la vocación del evento seguiría orientada a la promoción de la cantera sevillana, fuera cual fuese su cuna o circunstancias. El festival del próximo 8 de noviembre servirá de paso para despedir al auténtico líder de esa camada de novísimos lidiadores. Hablamos de Pablo Aguado, que toreará su último festejo sin picadores antes de debutar con caballos el primer fin de semana de marzo en Olivenza. Será el mejor escaparate para presentar a este sólido proyecto de torero en coincidencia con el arranque de la gran temporada, que presentimos de renovación y armisticios. Pero habíamos dejado a don Javier con la palabra en la boca. El polifacético edil habló de dar una novillada y una corrida de toros en las que ya tenemos dos nombres fijos y lógicos. Pero la guinda del pastel podría ser la presencia de Espartaco, que inauguró la plaza de la localidad aljarafeña hace ya diez años. El veterano maestro ha querido alejar el cáliz del vestido de torear en algunas declaraciones posteriores a su reciente, puntual y triunfa reaparición en Palos de la Frontera ataviado de almirante de la mar océana. En cualquier caso, cuando el río suena, es que agua lleva. Ah, y una puntadita, muy leve, sobre Sevilla. Dicen que Alcurrucén ya tiene reseñada una corrida para la Feria de Abril. Y nos vamos, acusando recibo de una triste noticia: el fallecimiento del gran aficionado francés Bernard Aigon, presidente de la peña Los Campuzano de Nimes y director del hospital regional de la capital de Las Landas. Fue un embajador de Sevilla en tierras galas. En Gerena le echarán de menos.

22
Oct/2014

EVOCACIÓN: A un siglo del nacimiento del ‘Tesoro de la Isla’

Pascual Márquez, el infortunado diestro de Villamanrique de la Condesa, nació el 22 de octubre de 1914 y murió trágicamente el 30 de mayo de 1941, 12 días después de recibir una horripilante cornada en la plaza de Las Ventas que le dejó al descubierto el corazón.

Foto vertical de Pascual Márquez

Publicado el 22 de octubre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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Plaza de toros de Las Ventas. 18 de mayo de 1941. El cartel anuncia al diestro vallisoletano Fernando Domínguez junto a los sevillanos Gitanillo de Triana y Pascual Márquez. Los toros son de Concha y Sierra, la ganadería que aún no había abandonado los legendarios predios marismeños de La Abundancia, bien conocidos del menudo y valiente diestro manriqueño que había sorteado un astado, de nombre Farolero, que ha sido enchiquerado para saltar en tercer lugar. Algunas versiones dicen que  el torero, algunas semanas antes, había hecho ascos al animal cuando lo contempló en los cerrados. No le gustaba su mirada y rogó que no fuera incluido en la corrida que tenía que viajar a los corrales venteños. Cualquiera sabe. Lo único cierto es que el astado, marcado con el número 52, fue embarcado con destino a Madrid y estaba destinado a inmortalizar a su matador que, tal y como reza esta pequeña leyenda, supo con sorpresa que le había tocado en suerte por boca de un banderillero.

El cartel no era de campanillas pero había que salir a darlo todo. Ésa había sido la máxima del aguerrido matador que había acuñado el sobrenombre de El Tesoro de la Isla, nacido hace justamente un siglo. Pero no era un día propicio para la lírica. Pascual luchaba por consolidar y reconducir su carrera después del rotundo parón obligado por la guerra. Salió el tercero -era su turno- pero aquel día, como tantos, hacía aire en la plaza y un súbito golpe de viento levantó el capote del matador cuando trataba de lancear  a su enemigo. El toro alcanzó de lleno al torero, que dio una tremenda voltereta y se clavó por el pecho en el pitón de Farolero en la caida. La cornada fue horrenda, brutal, y dejó al descubierto el corazón. La impresión en el tendido y en el ruedo era de una honda conmoción.. Las cuadrillas y asistencias se llevaron a puñados a Pascual Márquez. Prácticamente se trataba de certificar lo irremediable. El pitón había roto el pericardio atravesando la pleura. Se veía latir el corazón en medio de aquella marea sanguinolenta.

El festejo siguió de forma accidentada. Fernando Domínguez había sido herido levemente por el primer toro y desistió de salir a matar el cuarto. No volvería a vestirse de luces. Gitanillo se queda solo ante el peligro y solventa la papeleta como puede aunque escucha los tres avisos sin ser capaz de dar muerte al quinto. Se implora a la presidencia la suspensión de la lidia pero el festejo sigue adelante.

En la enfermería comenzó una larguísima agonía que sólo finalizó el siguiente 30 de mayo con el fallecimiento del matador. En este punto vuelven las  versiones contradictorias. Algunas señalan que los tremendos destrozos causados por el pitón de Farolero impidieron trasladar al torero de la enfermería de la plaza, en la que -según esta versión de los hechos- falleció a la misma hora en la que se celebraba otro festejo. Lo más probable -y así coinciden varios biógrafos- es que Pascual Márquez dejara de existir en la madrugada de aquel 30 de mayo en el sanatorio del Doctor Crespo.

La noticia enmudeció a todo el país y convirtió a Villamanrique en un puro grito. El cadáver fue conducido a Sevilla en el tren correo cruzando aquella España desolada -de los llanos de La Mancha a la Vega del Guadalquivir- que tenía aún muy frescos los horrores de la Guerra Civil. Quedaban lejos, muy lejos, las marismas y las tierras en las que pastaban aquellos toros de Moreno Santamaría que vio siendo muy niño. Pascual era el hijo de un vaquero de aquella vacada mitificada por la bruma del tiempo en la que él mismo entraría a servir como chiquichanca. Era muy joven pero la determinación del joven Pascual era convertirse en matador de toros bajo una divisa que no le abandonó hasta el final: el valor. Cuentan que uno de los sementales de Moreno Santamaría amaneció una mañana con el pañuelo de hierbas que solía anudarse al cuello atado a un pitón. Así las gastaba el manriqueño, que muy pronto iba a acariciar las primeras glorias.

El jovencísimo aspirante -tan verde como valiente- consigue debutar matando un becerro en la desaparecida plaza de la Pañoleta de Camas. Le paga el novillo un curioso personaje suizo, propietario de una lechería en la que había echado algunas peonadas el futuro matador. El fantasma del recoleto coso camero -otro paraíso perdido- yace bajo uno de los viaductos de la red viaria que legó la Expo’92, junto a la bodega superviviente de San Rafael que sigue atestiguando un tiempo y un espacio que se fue. En 1935 llegarían los primeros esplendores que le llevan a sumar un total de 16 orejas, un rabo y una pata en las ocho novilladas toreadas en la plaza de la Maestranza, que le había visto presentarse en mayo de aquel año. Comienza a cimentar su pequeña leyenda de torero arrojado a pesar de la lógica falta de recursos del que había sido un aspirante casi furtivo del que se cuentan no pocas hazañas. Pero el valor lo tapa todo. El torero manriqueño ha impactado con extraordinaria fuerza en Sevilla y no tardaría en presentarse en Madrid antes de volver al coso del Baratillo en el emblemático día de la Virgen para formar la definitiva tremolina. Merece la pena repasar las crónicas de la época para valorar el tremendo impacto ciudadano que supuso aquel volcán vestido de luces que se convierte en un hombre de moda. No faltan los que quieren ver una resurrección de otro torero valiente e infortunado: El Espartero.

Faltaba menos de un año para que  los moros de Queipo empezaran a dar vueltas por Sevilla. Pascual Márquez hace la guerra con los alzados vistiendo el uniforme de Aviación y participa en un sin fin de festivales patrióticos. A pesar de las dificultades no interrumpe su actividad taurina y la alternativa se prepara, en plena guerra, para el día del Corpus de 1937 en la mismísima plaza de la Maestranza que le había visto triunfar con tanta fuerza dos años antes. El padrino de la ceremonia es  Luis Fuentes Bejarano que le cede un toro de Pablo Romero en presencia de Domingo Ortega. Pascual Márquez corta las dos orejas y el rabo de ese animal pero resulta herido por su segundo. No importa; ya es matador de toros aunque el panorama bélico no es el mejor caldo de cultivo para promocionar una nueva figura. La guerra también cambia muchas cosas en el oficio de torear y ha alumbrado nuevas figuras rutilantes que van a modificar el rumbo del toreo. De alguna manera, se ve atrapado en una suerte de generación perdida de la que pugna por salir cuando llega el contrato del 18 de mayo de 1941 en Madrid. Había llegado el final…

¿Quién fué -toreramente hablando- Pascual Márquez?  ¿Cual fue la auténtica trascendencia taurina de aquella breve carrera truncada por la Guerra Civil y los pitones de Farolero? La valoración del tratadista José María de Cossío nos sirve para conocer su definitiva valía: “cuando se hable de toreros valientes pide paso el valor sin tacha, sereno hasta borrar la impresión de temerario de Pascual Márquez”. Contaba Antonio Santainés, el recordado tratadista taurino catalán, que el escultor Manuel Pedro Marín Carrasco, autor del monumento que recuerda la figura del torero manriqueño desde 1983 era hijo de Asunción, una antigua novia del torero. Es el mismo monumento que ayer recibió las flores y el recuerdo de los suyos.

21
Oct/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Donde da la vuelta el aire…

Publicado el 21 de octubre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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¿El toreo está en quiebra? El relato apocalíptico de José Antonio Martínez Uranga no es nuevo y podría resultar un punto exagerado. Pero está pronunciado por un diablo que sabe más por viejo que por diablo y camina ya de vuelta. Aún no hay que pulsar las alarmas pero el lamento del patriarca de los Choperitas merece ser tenido en consideración. Está claro que algo está pasando y si el negocio ha dejado de ser viable en sus bases, el acoso antitaurino no cesa y los estamentos del toreo siguen tirándose de los pelos estamos cerrando puertas a un futuro que sólo puede pasar por hacer viable y atractivo el producto. No hay más aunque el inmovilismo de la patronal -es pública y notoria su negativa a modificar el actual statu quo- va en contra de encontrar la solución definitiva. Una cosa sí está clara: ha llegado el momento de dejar a un lado el “y tú más” que ha contagiado el insolvente debate político a todas las esferas de la sociedad. El toreo se mueve en el tiempo y el espacio que le toca vivir y si hacemos caso a Ortega, siempre ha sido fiel reflejo de la historia y los acontecimientos que lo rodean. Sólo hay que echar un leve vistazo para ver la basura que nos atrapa. Y el toro no se libra de esa crisis global que va mucho más allá de lo  económico.

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Encuentros en la tercera fase. Lo comentamos la semana pasada. Los carteros del rey llevan y traen misivas lacradas que culminarán -según parece- en un contacto definitivo para fumar la pipa de la paz. Hablamos de la resolución del conflicto que condenó la temporada sevillana y envenenó gran parte dela campaña. La Real Maestranza de Caballería -que ha movido a sus embajadores-, la empresa Pagés y alguno de los alzados más arrepentidos no tienen duda al respecto aunque otros siguen poniendo cara de repóker y hay un quinto -del que ya se conocía alguna petición exótica- que puede salir por donde menos se le espere. Una cosa sí parece trascender. Algunos coroneles del extinto grupo querrían mantener esa política de bloque para afrontar los inminentes acuerdos de Yalta que nacerán muertos si se pretende repartir papeles de vencedores y vencidos. Pero, con o sin la necesaria paz de Vergara, otros miembros del fracasado club tendrían ya más que decidida su comparecencia en la plaza de la Maestranza en la temporada 2015. El Fuenteovejuna todos a una ya no va con ellos y sus hombres están más que aleccionados para sentarse a hablar con Valencia y Canorea sin demasiados preámbulos. Seguro que pueden ponerles nombre; sólo quieren correr el más tupido de los velos sobre la absurda situación que se ha vivido este año. Resumiendo: que no necesitan un nuevo toque de cornetín para revocar una situación que les ha pasado la misma factura que quisieron cobrarle a los Pagés. La acabó pagando, como suele pasar en las barras de los cenáculos taurinos, el último que se marcha. Sí, hablamos del aficionado.

Cosas que se hablan por ahí. No ha dejado de sorprender esa exclusiva americana firmada por Alejandro Talavante con el todopoderoso Bailleres, emergente señor de vidas y haciendas que pone una nueva pica en Flandes con este nuevo fichaje. El asunto deja a Curro Vázquez en una situación no sabemos si incómoda pero sí al menos novedosa al cercar sus funciones a los contratos que se firmen en la Madre Patria y las Galias. Sin solución de continuidad se oficializó otro apoderamiento que ya conocía todo el mundo desde la conclusión de la sevillana feria de San Miguel. Hablamos del nuevo binomio formado por El Juli y Luis Manuel Lozano, que ya ha tenido cumplido comentario en esta misma página. Pero llama la atención una curiosa apostilla recogida en el brevísimo comunicado que envió el jefe de prensa del diestro madrileño para despejar cualquier duda sobre el ámbito geográfico y los objetivos de su nueva etapa, que se centrará en el toro y el toreo y dejará las fías y porfías -que tantos disgustos le han dado- para su flamante apoderado. Textualmente se precisa que “esta unión tiene carácter exclusivo por ambas partes para todo el mundo en el mundo taurino”. No se puede decir más con menos: de mexicanos, nasty. El propio Luisma Lozano abundó el asunto y marcó las pautas del futuro en una reciente entrevista radiofónica concedida a Pedro Javier Cáceres: “él (El Juli) quiere despreocuparse de todo para preocuparse sólo de torear”.  También hubo una leve pincelada para referirse al espinoso asunto de Sevilla: “nuestra labor es hacer fácil lo difícil e intentar llevar a buen puerto todas las negociaciones; las figuras tienen que estar en todas partes”. No hay más preguntas. Y nos vamos, recordando que la pasada semana habíamos prometido comentar el empeño que cerró la temporada en la plaza de la Maestranza. Preferimos darle carpetazo con algunas preguntas abiertas: ¿Salió la cosa tal y como se esperaba? ¿Estaba preparado Lama de Góngora para asumir el difícil compromiso? ¿Sigue en pie la lujosa alternativa que él mismo aseguró que se tenía que ganar? ¿Pulseó la empresa lo que se oía y se demandaba en la calle? ¿Fue echado a los leones? Ustedes mismos…

21
Oct/2014

EL REPASO (3): Causas y consecuencias

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Publicado el 20 de octubre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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El guión es de sobra conocido. El 27 de noviembre de 2013, muy pronto hará un año, se había convocado a la prensa especializada para valorar la temporada que había quedado atrás. Los anfitriones del encuentro -un almuerzo celebrado en una peña gastronómica del Arenal sevillano- eran Ramón Valencia y Eduardo Canorea, gerentes de la empresa Pagés. Pero la comida se incendió en los postres. Las archifamosas declaraciones de Canorea enviando a José Tomás a Senegal y colocando en la parra a todas las figuras dieron muy pronto la vuelta al reducido planeta de los toros. Pero, cuidado, el ruido de estoques se escuchaba desde hacía tiempo aunque aquellas declaraciones evitables se quisieron tomar como excusa o, quizá, fueron la chispa definitiva de la asonada del senado taurino.

Hay que recordar, un año después, algunas cosas que se comentaron entonces y se dejaron off the record. Los empresarios sevillanos sabían que se avecinaba tormenta aunque posiblemente no podían imaginar que la sangre llegaría al río de esa manera. Mientras los ejércitos se armaban y se realizaban tímidas e insuficientes llamadas a la calma, llegaba la declaración de guerra definitiva. Los toreros alzados habían hecho llegar antes una carta a la Real Maestranza de Caballería a la que se quería interpelar puerilmente -con nosotros o con ellos- para que tomara partido en un conflicto que no fue ajeno a otras maniobras sobre las que se ha corrido un velo de silencio. Pero llegó el 12 de diciembre de 2013 : Morante, El Juli, José María Manzanares, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante hacían público un escueto papelito en el que justificaban su negativa a torear en Sevilla bajo la contratación de los Pagés “para que la plaza recupere su identidad y se respete a los toreros y sus representantes”.

Paradójicamente se acabó consiguiendo lo contrario de lo que rezaba y alguna de esas reivindicaciones encontraron escasísima empatía en la calle en este tiempo de recesiones. Las aspiraciones dinerarias de las figuras y sus problemas con una empresa demasiado locuaz importaban un comino al aficionado de a pie. Lo que querían es ver a sus toreros favoritos en la plaza; para eso sí sacaban las carteras y se apretaban -cada vez más- el cinturón. Aunque,cuidado, a lo mejor aliviando la fuerza: la cacareada identidad de la plaza acabó de derrumbarse a la vez que se pulverizaba definitivamente la nómina de un abono que andaba en caída libre un largo lustro. ¿Quién había ganado la mano? Nadie. Eso sí, había perdido el aficionado y se había marcado un camino de difícil retorno.

¿Qué ha quedado de todo aquello a día de hoy? Tan solo la sensación de haber vivido una guerra inútil plagada de bajas y en la que sólo hay perdedores. El anuncio de los carteles de una Feria celebrada en las fechas más tardías de su historia se acogió con cristiana resignación y promesas -esta vez cumplidas- de no retratarse en la renovación de los abonos. El termómetro de la taquilla y el extraño paisaje humano que presentó la plaza durante los días de la Feria acabó sentenciando el desastre y confirmó lo irremediable. El G-5 había echado a los penúltimos abonados de los Pagés, sí, pero también habían espantado a su propia clientela. ¿Serán capaces de recuperarla?  Ahí está el lío; ése tiene que ser el objetivo definitivo de las dos partes en conflicto: volver a meter en la plaza a todos los que se fueron jurando no volver.

En los rincones del toreo ya se habla de diversos contactos que buscan revocar la situación. Todo el mundo alude al tremendo e indudable desgaste sufrido por la empresa Pagés pero se habla poco del brutal descenso de ingresos que ha sufrido la Real Maestranza desde ese  2007 que marcó el techo de la inflación taurina. También conviene recordar la dirección de algunos de los misiles que se lanzaron en la rebelión de otoño. En la trastienda del extinto G-5 -y así lo han proclamado algunos de los bardos adeptos a la causa- se cuestionaban las ganancias del cuerpo nobiliario. Pero el traído y llevado piso de plaza, no se olvide, corresponde a un acuerdo privado y aceptado por dos partes legítimamente representadas y tiene un triple destino: la conservación del coso, la beneficencia y el mecenazgo. ¿Se quería arañar de la tarta ajena? Puede ser. Mientras tanto, esperaremos acontecimientos.

21
Oct/2014

EL REPASO (2): Las sorpresas llegaron después de la Feria

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Publicado el 20 de octubre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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Una extraña ley de compensación redimió al aficionado sevillano después de la que hemos venido denominando como la feria triste. Las dos primeras novilladas del abono permitieron anotar dos tibios trofeos conquistados por Lama de Góngora -que llegaba con el agua al cuello- y Miguel Ángel León, que se encontró con un gran ejemplar de una notable novillada de Villamarta.

Pero la explosión definitiva llegaría el 1 de junio. Borja Jiménez y José Garrido supieron tocar las mejores teclas de un aprovechable encierro de Fuente Ymbro formando una auténtica tremolina que, en el caso de Garrido, confirmó su condición de pretendiente a la primera fila. Aquel zambombazo sacó a Jiménez le sacó del banquillo y le lanzó a la gran temporada. El siguiente festejo dominical pasó en blanco pero el día del Corpus, en la templada tarde del 19 de junio, se reveló la mejor faena del año en la plaza de la Maestranza. La cuajó Pepe Moral a un excelente ejemplar del Conde de la Maza después de cuatro años sin vestirse de luces. La sorpresa no fue tal para los que conocían las auténticas posibilidades del palaciego. Moral resucitó taurinamente y se convirtió en una de las opciones más sólidas para armar el urgente relevo de un escalafón viciado y quemado que necesita ser aventado. Las dos orejas de Sevilla le abrieron las puertas de Pamplona, Madrid y Albacete y le sirvieron para coger dos sustituciones, la primera en Sevilla y la segunda en Zafra.

Con el estreno del verano hubo más capítulos felices: la última de las novilladas incluidas en el abono alumbró la presentación de un novillero valiente y personal llegado de Huelva que cayó de pie desde el primer lance. Se llama David de Miranda y su nombre cotiza al alza.

Mientras, la estela de la actuación de Garrido y Jiménez había seguido creciendo y aunque hubo que salvar algunos escollos se organizó un vis a vis para enfrentarlos con el mismo ganado y con una atractiva política de precios que convirtieron el evento en una fiesta. Las cosas, esta vez, no salieron como se esperaban pero enseñaron el camino a seguir para el uturo. Esa novillada picada había sustituido al primer festejo del ciclo de promoción que también acabaría enseñando el extraordinario ambiente que se vive en las bases de la cantera sevillana. Pablo Aguado ganó el vestido y se erigió en el valor más sólido; Rafa Serna abrió la Puerta del Príncipe y mostró enormes cualidades y Juan Carlos Carballo se arrimó como un tejón reivindicando la solvencia de la escuela taurina de Badajoz.

En ese punto se cerraron las puertas de la plaza hasta la llegada de la feria de San Miguel. Hubo rumores pero no se supo, no se quiso o no se pudo aprovechar el ambiente creado. Después se volvió al cieno en el devaluado ciclo otoñal y para cerrar el año se programó la recentísima encerroma que -ésa es la verdad- nadie había pedido

21
Oct/2014

EL REPASO: La campaña 2014 estuvo marcada por la polémica, las ausencias y la falta de resultados

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Publicado el 20 de octubre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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La tibia encerrona de Lama de Góngora puso fin a una temporada para olvidar que estuvo condicionada por la negativa de las primeras figuras -el amortizado G-5- a verse anunciadas bajo la contratación de  Canorea y Valencia. El aire dará pronto la vuelta aunque la firma de la paz no traerá la reconciliación interna de uno de los bandos. Ya se lo contaremos. El caso es que toca hacer balance de la extraña e insólita temporada que se cerró el pasado 12 de octubre con ese larguísimo clarinazo que sólo volverá a sonar el próximo 5 de abril aunque aún no sepamos con qué decorado.

El último domingo de Resurrección asistimos al cambio de algunos de los usos y costumbres aceptados, como el traslado de la corrida de Miura desde su Domingo de Farolillos. Había que tapar las vías de agua dejadas por los ausentes y en esta ocasión se consiguió. Escribano y Luque se echaron a la espalda un duro encierro miureño abriendo una campaña que -después de  un intermedio novilleril- tuvo que esperar al tardío 1 de mayo para conteplar el comienzo del ciclo continuado. Desgraciadamente hay muy pocas cosas que contar de aquella Feria triste aunque hay que poner a la cabeza de la excelencia el trasteo sorprendente firmado por Ferrera. El extremeño se enhebró a la perfección con la embestida mexicanizante del cuarto toro -Disparate- del hierro de Victorino Martín aunque marró con la espada. Sin orejas ni premios oficiales no se puede olvidar el sordo papel desempeñado por Manuel Escribano, que reveló nuevos registros que luego no ha podido rentabilizar en una temporada muy a contrapelo. También hay que recordar que Enrique Ponce reapareció después de la gravísima cornada que había sufrido en Valencia para cuajar uno de los trasteos más estéticos del ciclo.

Hubo lugar para alguna sorpresa: Esaú Fernández salió dispuesto a puntuar; Juan del Álamo se entregó a tope y Paco Ureña logró interesar. Pero dentro de este capítulo hay que subrayar la esperanzadora alternativa de Javier Jiménez, que se reveló como un torero con futuro, capacidad y renovado sentido estético. Anotaremos también una templada faena de Nazaré que debe recuperar la conexión con el tendido. El mexicano Joselito Adame, todo entrega y disposición, justificó su generosa contratación aunque no pudo cumplir su tercer compromiso en San Miguel. El gaditano David Galván estrelló sus ilusiones el aciago día de los toros de Daniel Ruiz -que no da una en Sevilla- sufriendo la única cornada grave de auquella feria mayera. Afortunadamente pudo desquitarse en parte enseñando lo bien que sabe torear  a pesar del saldo ganadero que echaron al cartel más joven de la sanmiguelada

Completamos este listado de alegrías recordando la sinceridad de David Mora, que dio lo mejor de sí mismo, con el toro más completo y bravo de todo el ciclo, ese Niñito de El Pilar que arrasó con todos los premios. Agradaron Padilla y El Fandi -fatal con la muleta- y poco más hay que contar más allá de la entrega sin rendimiento del mexicano Saldívar, la Puerta del Príncipe ecuestre de un intratable Ventura y el buen juego global de la corrida de la vacada charra de Montalvo.

En capítulo de decepciones lo encabeza El Cid  inmerso en un larguísimo declive que alcanza su sexto año consecutivo. El diestro de Salteras comenzó a minar la paciencia del público sevillano el Domingo de Farolillos y la agotó en San Miguel. También ha pasado como una sombra -ya es tradición- el francés Sebastián Castella. Fandiño, sin suerte, tampoco anduvo fluido y Luque salvó los muebles sin dejar demasiado recuerdo. No hubo más.

15
Oct/2014

EL JULI OFICIALIZA SU SIMBIOSIS CON LUIS MANUEL LOZANO

JULI

Lo que ya sabía todo el mundo taurino desde el pasado 29 de septiembre se acaba de hacer oficial. El diestro madrileño Julián López El Juli será apoderado a partir de ahora por Luis Manuel Lozano tal y como detalla un breve comunicado emitido por el gabinete de prensa del torero en el que se explica que se trata de un acuerdo sellado “de cara a la temporada 2015 y por tiempo indefinido”. El mismo documento precisa que “esta unión tiene carácter exclusivo por ambas partes para todo el mundo en el ámbito taurino”, silenciando cualquier tipo de rumor que pudiera vincular aún al diestro madrileño con la firma mexicana Casa de Toreros que se venía preconizando como inminente gestora de la carrera del matador.

El Juli ya había anunciado a finales de julio que no continuaría con Roberto Domínguez después de once años de relación profesional. Eso sí, ha respetado los tiempos y los contratos cumplidos bajo su gestión para hacer público el nombre de su nuevo hombre de confianza. En aquella ocasión, otro breve comunicado señalaba que torero y mentor harían efectiva esta ruptura a la conclusión de la temporada 2014. Así ha sido. Aunque el proyecto ya estaba en marcha, Luis Manuel Lozano también aguardó al cumplimiento del último contrato de su anterior poderdante, el diestro francés Sebastián Castella, para filtrar una noticia que ha permanecido hibernada a efectos oficiales hasta la finalización de la feria del Pilar, escenario de la última corrida que había contratado El Juli. Era el broche final de una temporada cerrada anunciada a bombo y platillo que no ha salido como se soñó. Eso sí, el torero ha sido capaz de recuperar el tiempo perdido en el tramo final, al soltar las últimas amarras que le vinculaban a rencillas y guerrillas ajenas a la definitiva guerra del toreo: en el ruedo y delante del toro.

En esa tesitural, la decisión de El Juli viene condicionada por la necesidad de reconducir las relaciones con las empresas; también su propia imagen pública y profesional, que se ha visto afectada por los sucesivos pronunciamientos en los que el diestro madrileño –aunque ha negado vehementemente cualquier liderazgo- siempre ha estado a la cabeza. Su nombre sonó a la vanguardia de aquella rebelión invernal que condenaba a la plaza de la Maestranza mientras siguiera regida por la empresa Pagés. La nómina de la rebelión incluía a los diestros Morante de la Puebla, José María Manzanares, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante y llegó a modificar el comienzo de una temporada que ha estado plagada de tensiones entre bastidores. Aquella rotunda negativa a anunciarse en el coso sevillano ya había tenido algún precedente que tampoco tuvo final feliz. Hablamos del grupo de toreros denominado G-10 que quisieron modificar la gestión de los derechos de imagen en las retransmisiones televisivas que concluyó con la disolución del grupo, la defenestración de la empresa de comunicación escogida y la apertura de algunas brechas personales y profesionales que continúan sin cerrar.

El Juli había querido abrir un tiempo nuevo en su carrera anunciando el calendario cerrado de sus actuaciones en una gala sin precedentes celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Pero esta agenda de acontecimientos premeditados no ha respondido al guión marcado y, posiblemente, tocó fondo en dos de los eventos que se habían publicitado como un gesto torista: la malograda corrida de Miura en Nimes y la de La Quinta en Mont de Marsan, en la que el torero estuvo muy lejos de sí mismo. Hubo un tercer acontecimiento, la corrida extraordinaria organizada en el madrileño coso de Vistalegre bajo el pomposo título de The Maestros que tampoco respondió al plan premeditado, especialmente en la taquilla. Al escoger a Luis Manuel Lozano, El Juli –ahora sí- abriría un definitivo tiempo nuevo que sólo puede pasar –tal y como se viene rumoreando insistentemente- con la reconciliación con la plaza de Sevilla, su empresa y su clientela, última damnificada de aquella rebelión que derrumbó el abono y propició una Feria de escaso relieve artístico que encendió todas las alarmas.

14
Oct/2014

OBSERVATORIO TAURINO: La Virgen del Pilar dice…

Virgen del Pilar con capote

Publicado el 14 de octubre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

http://blogs.elcorreoweb.es/latardecolgadaaunhombro/

Colorín, colorado… Las dos corridas de circunstancias organizadas en Jaén -quedan lejos aquellas clausuras jubilosas de los 90- pondrán el definitivo punto y final a la campaña 2014 en esta vieja piel de toro que todavía se llama España. Aún se celebrarán algunos festejos por aquí y por allí para que los padillas y los fandis recojan el mantel pero el pescado está más que vendido. Comienza ahora el largo invierno taurino -en el toro sólo hay dos estaciones- que tiene que servir para recuperar la calma, desenredar bucles melancólicos, enterrar hachas de guerra, olvidar no pocas afrentas y sofocar, por una vez, ese horizonte incendiado que se ha querido apagar con gasolina. El caso es que el final de la temporada nos lleva a su principio: hablamos de Sevilla. En los rincones del toreo se asegura que ya se habrían producido o están a punto de producirse diversos contactos y conversaciones para reconducir una situación que ha hecho descender abruptamente -ya lo venía haciendo en picado desde 2007- los ingresos de la propiedad del coso sevillano; ha cuestionado a la empresa que lo gestiona y ha pulverizado el abono que servía de sostén a una programación de temporada que sigue recortando su oferta. Lo que no podían sospechar los diestros revelados -pronto hará un año de la asonada- es que aquella negativa a torear en Sevilla acabaría volviéndose en su contra y envenenaría  todos los resortes de la campaña. La pregunta es, y todo esto ¿para qué?

Sembrando y recogiendo. Mientras tanto hay que anotar una excelente noticia antes de echar las sábanas sobre los muebles: el equipo de Simón Casas ha logrado resucitar la feria del Pilar de Zaragoza que andaba en caída libre y sin red. La composición de los carteles propuestos, el trabajo de campo, la capacidad de ilusionar al aficionado y, sobre todo, la imprescindible buena suerte han logrado lo que parecía un imposible después del paso de los Serolo: levantar un abono decadente que se ha encontrado con un producto atractivo: Ahí está la sorpresa impredecible de ese indulto del novillo de Los Maños a cargo del desconocido Varea, que se une a la larga y brillante baraja de novilleros que está llamada a mandar a su casa a unos cuantos que ya no ilusionan a nadie. Otra cosa es que las empresas se enteren o se quieran enterar. Pero hay que volver a orillas del Ebro para recordar que la de Varea no ha sido la única sorpresa del ciclo aragonés: El Fandi sorteó y cuajó un excelente ejemplar de Fuente Ymbro que permitió a su criador, Ricardo Gallardo, enjugar algunas lágrimas de un año para olvidar. No ha sido la única excelencia ganadera del ciclo. Hubo un toro de Bañuelos, primero de los seis que despachó en solitario Daniel Luque,  que mereció la vuelta al ruedo que no concedió el polémico presidente de la jornada. Y hablando del diestro de Gerena, firmó en la Misericordia la tarde más trascendente de su vida y puso la guinda a una excelente temporada que le ha sacado del limbo.

Otras cosas que contar. Pero la feria del Pilar no se ha librado de esas estúpidas mixtas con Hermoso por delante para lidiar dos novillotes despitorrados. El navarro se llevó la única oreja de aquel día y un palizón compartido con una de sus monturas. ¿Cuantas habrá que deglutir el año que viene? Ay, señor… Pero, una vez más, volvemos al hilo de la feria para anotar el magisterio inmarchitable de Ponce y, por encima de todo, la vuelta jubilosa de Alejandro Talavante, que cuajó la faena del ciclo después de un largo mes en el dique seco. Sólo deseamos que esta sea la versión y la forma definitiva del diestro extremeño. La feria se cerraba con el que, sobre el papel, era el cartel estrella del ciclo y en el día de Nuestra Señora del Pilar. El caso es que la primera figura -El Juli-, el mandón de la campaña -Perera- y el inevitable perejil de todos los guisos, peroles, potes, paellas y estofados -hablamos de Padilla- lograron la entrada más floja del tramo fuerte de la feria.  Eso sí, don Julián López volvió por sus mejores fueros. Y nos vamos, haciendo un reflexión en torno al ternurismo mediocre que nos rodea. Es el mismo que ha impregnado el sacrificio necesario de un perro que ha hecho rodar las lágrimas de cocodrilo de los que miran para otro lado mientras  miles de niños agonizan y mueren en el suelo de los ¿hospitales? africanos. Merece la pena escuchar al misionero José Luis Garayoa, que lucha con sus manos desnudas y un par de chanclas por todo patrimonio contra el virus que podría matarlo. Este padre agustino pidió la mitad de atención que había tenido el famoso Excalibur para esos niños sin futuro ni presente. Esa individualización y humanización del animal es la misma que alienta algunas buenas voluntades seducidas por los tentáculos antitaurinos. Sólo podemos sacar una conclusión: esta sociedad, alejada de los valores agrarios que la alentaron no hace tanto está muy enferma. Y no del Ébola precisamente. Sólo una cosa más: el pasado sábado se cerró la temporada hispalense con esa encerrona de Lama de Góngora que no respondió -o sí- a las expectativas levantadas. La semana que viene hablaremos de ello…

07
Oct/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Barriendo la tienda

areneros

Publicado el 7 de octubre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

http://blogs.elcorreoweb.es/latardecolgadaaunhombro/

A punto de echar el cierre. La Feria de Otoño de Madrid ha dado la primera vuelta de llave a esta extraña temporada que ya comienza su inexorable desembocadura de aguas revueltas. El ciclo madrileño vio estrellarse las ilusiones de una comprometida terna de novilleros y ha marcado también el suelo -o el techo- de Iván Fandiño. El diestro vasco desaprovechó la oportunidad de dar la razón a sus panegiristas. Sorteó el único lote potable del naufragio ganadero que ha mandado a los infiernos a la otrora codiciada vacada de los Núñez del Cuvillo pero se marchó de vacío. Sí salvó los muebles la consentidísima ganadería de Adolfo Martín, que lidió un encierro que si hubiera estado marcado con otro hierro no habría bajado ni del camión. Tal y como suele pasar con estas ganaderías tan demagógicamente irregulares, los encierros más o menos aprovechables son cantados como si fueran la Apoteosis de Homero. Algo parecido ocurre con algunos toreros en eterno trance de consagración que, de cuando en vez, alegran las pajarillas a sus bardos. El caso es que el riojano Diego Urdiales parece haberse escapado de ese dudoso limbo y está dispuesto a montar su calidad sobre otra disposición. Ya lo demostró triunfando en el patio de su casa -hablamos de la reciente feria de Logroño- pero sobre todo convenciendo a la cátedra madrileña con un toreo clásico y natural que debería abrirle nuevas puertas que -ojo- también estaría obligado a aprovechar para no volver a la calle Melancolía.

Recogiendo los trastos. El ciclo madrileño también permitió tomar aire al diestro catalán Serafín Marín y fue el escenario de una seria, maciza y sorda demostración de responsabilidad torera por parte de Miguel Abellán, que se echó a la espalda todas las dificultades del deslucido encierro de Puerto de San Lorenzo que despachó en solitario. El Otoño del Foro y el comienzo de la feria de El Pilar -que este año llega con otras vibraciones- se han solapado. Ya hablaremos del serial maño si hay argumentos para ello. Mientras tanto, la mayor parte de la torería pliega capotes y muletas y mete los vestidos en agua en espera del cierre testimonial de la temporada en el traqueteante coso de Jaén, que acogerá dos corridas de circunstancias que incluyen un estrafalario mano a mano entre Talavante -¡qué verde era mi valle!- y El Fandi.

¿Una vuelta a la normalidad? El último cambio de rumbo en la carrera de El Juli podría suponer el certificado definitivo de la ansiada vuelta a la normalidad. El madrileño aún no ha oficializado la decisión -aún le queda un compromiso por cumplir bajo el apoderamiento de Roberto Domínguez- pero ya es público y notorio que ha puesto sus complacencias en Luis Manuel Lozano que devolvió el rosario y las fotos a Castella la misma noche que cerraba temporada en Sevilla. Al francés le duró poco el quebranto y, perro viejo, optó por el amparo de Manolo Chopera para rascar algunos años más a su desgastada carrera. Ésa es otra: la ausencia de relevos y la cortedad de miras de la mayoría de las empresas tienen empatanado el escalafón. No se entiende que haya toreros desilusionados y desilusionantes que siguen sumando corridas mientras hay auténticas novedades que, como Penélope, se pudren en el andén. Ya hablaremos de ello. Ahora hay que retomar el hilo de esa previsible vuelta a una normalidad que no es tal. El acoso antitaurino, los estragos de la crisis económica y la desercción de algunos públicos son amenanazas que empresas y matadores -los ganaderos bastante tienen con pagar el pienso- no están sabiendo afrontar. Han preferido darse de palos en vez de hacer frente común. El caso es que con la temporada vencida, la plaza de Sevilla  vuelve a dibujarse nítidamente en el horizonte. Nadie quiere decir nada pero ya se trabaja con cautela para recomponer los platos rotos. Manzanares no volverá a apuntarse a bombardeos que no le van; El Juli   ha devuelto la armadura y la bacina al desván; Talavante no puede permitirse ciertos lujos que lo pueden dejar como el gallo de Morón: cacareando y sin plumas… Pero en este recorrido por la nómina de replicantes hay dos incógnitas. No sabemos, ni remotamente, que andará pasando por la cabeza de Morante de la Puebla aunque sí conocemos al dedillo algunas de las sorprendentes exigencias que hizo llegar a la empresa para fumar la pipa de la paz. Tampoco podemos aventurar la actitud que tomará Miguel Ángel Perera, campeón de la temporada,  hombre de fuertes convicciones y de una sola palabra. Pero la flexibilización de posturas, a un lado y otro de la mesa, son urgentes y necesarias para reconducir la situación. La resolución del conflicto sevillano será el primer paso para aventar el aire viciado que se respira pero, sobre todo, para salvar la delicada situación que atraviesa el escenario más lujoso del toreo. Ya saben que las piedras rebotaron en las cabezas que las lanzaron y a nadie le interesa repetir el desastre. Nos vamos: el sábado toca pinzoniana y el domingo, cierre de temporada en Sevilla. Lama de Góngora pone todas las fichas en el mismo casillero. Suerte.