Monthly Archives: Agosto 2014

27
Ago/2014

UN RUEGO

Se ruega encarecidamente a las webs y blogs que reproducen los contenidos de ‘La tarde colgada a un hombro’ que citen la procedencia y autoría de estos trabajos que se publican periódicamente en la edición impresa de El Correo de Andalucía  y en su web incluyendo el siguiente link

http://blogs.elcorreoweb.es/latardecolgadaaunhombro/

De la misma forma, se agradece de forma especial la labor y la confianza puesta en este Blog de todos aquellos compañeros que así lo venían haciendo

26
Ago/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Una intensa semana de toros

La incontestable demostración de Perera le ha coronado como rey indiscutible de una campaña que, ahora sí, encara su último tramo. La espada y la cicatería presidencial impidieron redondear las obras del gran diestro extremeño con las salidas a hombros que había merecido. En otros tiempos menos reglamentistas estas situaciones las arreglaban los propios aficionados sacando a hombros a los toreros de forma espontánea en este tipo de ocasiones excepcionales. Perera firmó en Bilbao el pasado jueves la sentencia de la propia temporada

La incontestable demostración de Perera le ha coronado como rey indiscutible de una campaña que, ahora sí, encara su último tramo. La espada y la cicatería presidencial impidieron redondear las obras del gran diestro extremeño con las salidas a hombros que había merecido. En otros tiempos menos reglamentistas estas situaciones las arreglaban los propios aficionados sacando a hombros a los toreros de forma espontánea en este tipo de ocasiones excepcionales. Perera firmó en Bilbao el pasado jueves la sentencia de la propia temporada

¿Tenemos figura en ciernes? Podríamos comenzar por el final. La intensa semana de toros que quedó atrás ha alumbrado una más que probable gran figura en ciernes. Se llama José Garrido y ha abierto prácticamente todas las puertas grandes del toreo haciendo de su encerrona bilbaína una auténtica reválida profesional y artística que dibuja perfectamente todas sus posibilidades. Hay que felicitar a sus mentores -Antonio Ferrera y El Tato- por asumir la apuesta pero esa felicitación hay que hacerla extensible a la Junta Administrativa de la plaza de Bilbao por abrir esa ancha ventana al futuro inmediato del toreo. El resto es sabido: Garrido cortó siete orejas y salió disparado hacia una alternativa que se sueña -con todo merecimiento- a orillas del Guadalquivir. Pero la definitiva reflexión es, desgraciadamente, otra. Este tipo de novilleros y esta clase de acontecimientos llenaban las plazas no hace tanto. En Bilbao no se pasó de un millar largo de espectadores. Las comparaciones son inevitables si se recuerda la época novilleril de los Aparicio, Jesulín, Finito, Chamaco… ¿Qué está pasando en este negocio? ¿Por qué el toreo ha perdido su eco natural?

Una temporada en siete días. En cualquier caso, el bajón de público – tan mitificado en Bilbao- es extrapolable a toda la Semana Grande, que ha seguido marcando cifras alarmantes inversamente proporcionales al lujo y la importancia con la que se organizan las Corridas Generales, posiblemente las más cuidadas de toda la geografía taurina. Tiempo habrá para analizar detenidamente todas estas circunstancias porque ahora es el mejor momento para dar un repaso torero y ganadero a una feria intensa, notable y densa de contenidos que ha resumido, como ninguna otra, el pulso de la temporada. Las hadas del toreo quisieron que el torero en mejor momento se cruzara en el camino del toro más bravo del  ciclo. La embestida pronta y desbordante de ese ejemplar de Garcigrande habría hundido a muchos pero sólo consiguió elevar aún más el techo de Miguel Ángel Perera que sí cometió un pequeño error de estrategia al creer en un indulto que no iba a llegar desde el peculiarísimo palco de Bilbao. El propio Fernando Cepeda -perro viejo- le apremió para que entrara a matar. Hubo un tiempo muerto y cierto desconcierto que no ayudaron a que la espada entrara arriba. Tampoco iba a entrar en las sucesivas demostraciones que aún llegarían ese mismo día pero también al día siguiente con un duro ejemplar de Jandilla. Perera es el rey indiscutible de esta extraña temporada que, al menos esta semana, se ha sacudido tantos y tantos  fantasmas para que solo hablemos de toros. Y ya era hora…

Una radiografía del escalafón. Decíamos que la feria de Bilbao había enseñado como ninguna el estado del escalafón. Es el caso de El Juli, que respiró hondo con un toro de Garcigrande que le permitió volver a sus mejores fueros pero desapareció en combate, notablemente disgustado, con un lote infumable de La Quinta, que se le han atragantado definitivamente. Ese día compartía cartel -a poco más de media plaza- con  el reaparecido Fandiño, que ha pinchado algún trofeo pero ha quedado lejos de su tantas veces aplazado asalto a la cumbre. Seguiremos con Morante, que inició en Bilbao una pequeña tourné de prodigios que siguió en Málaga, Cuenca y Sanlúcar de Barrameda. El caso de Manzanares merece mención aparte. Se escondió detrás de todas las matas ante un boyantísimo cuvillo en el mano a mano con el de La Puebla para acercarse a sí mismo con el sexto de aquella misma tarde. El alicantino salió tocadito del Norte y no pasó de resolutivo y profesional en Málaga pero volvió a sus mejores fueros en Sanlúcar de Barrameda recuperando su mejor forma con un bravísimo sobrero de Zalduendo. Pero no se vayan todavía, que aún hay más: Ponce pinchó una faena de premio  el día de los garcigrandes y quedó de convidado de piedra el día del absurdo mano a mano con el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, que sí salió a hombros. Seguimos: hablando de un ausente de las arenas cenicientas de Bilbao que sí toreo -y ya era hora- como dicen que es capaz a orillas del Mediterráneo malagueño. Nos referimos a Talavante, que no rubricó con la espada esas faenas que podrían ser reflejo de su definitivo concepto. Pero hay que volver a las orillas cantábricas para recordar la frescura y la resolución de Antonio Ferrera, que pasó con suficiencia la dura prueba de encerrarse con seis toros en Málaga para ser el que más y mejor rédito sacó de los dececpcionantes santacolomas lidiados por la familia Martínez Conradi en Bilbao. Haremos algunas menciones del ancho pelotón, comenzando con  dos aspirantes, Álamo y Adame, que se quedaron en la orilla de las posibilidades que les ofreció el estupendo encierro de Alcurrucén. Estuvieron mucho mejor Urdiales y Bolívar en una victorinada en la que El Cid desempolvó alguna medalla cortando una oreja que le viene como agua de mayo. No, no me olvido de Tomás, que cortó tres orejas malagueñas antes de volver a desaparecer del firmamento. ¿Hasta cuándo?

20
Ago/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Toros, caballos, hombres… (y negocios)

¿La cosa se está animando? Los datos están sacados del interesante blog La Economía del  Toro. Si sumamos los 100.000 espectadores registrados en las plazas de toros el taurinísimo 15 de agosto, los 100.000 del día 16 y los 75.000 del día 17, completamos un puente de la Virgen que ha logrado congregar  a más de 275.000 personas en las plazas españolas y francesas. Las cifras se pueden elevar considerablemente si computamos los miles de asistentes en Portugal y Latinoamérica. La conclusión es que hay ganas de ver toros. Además, el puente de agosto ha arrojado argumentos felices, triunfos resonantes  y ha animado un cotarro que permanecia excesivamente eclipsado por el ruido de la cacharrería de la trastienda. Hay otro dato que merecerá un análisis más detenido. Es el auge, éxito y poder de convocatoria de no pocos festejos menores que garantizan dos constantes: se puede mirar al futuro con cierto optimismo y el personal tiene ganas de ir a la plaza con parienta y parentela, pero sin dejarse su hacienda en la taquilla.

El embargo del mercado natural. Desgraciadamente no nos podemos poner tan estupendos. Mientras arrecia el acoso antitaurino -el cierre de la Santamaría de Bogotá es un golpe duro, durísimo, para el toreo- el negocio parece empeñado en devorarse a sí mismo. El desarrollo de la campaña y la sucesión de carteles de todo a cien  – y vendidos a mil- sólo pueden dar pie a la denuncia: el mercado sigue secuestrado por comisionistas y apoderados de serie B que prefieren repetir hasta la saciedad esos nombres que usted conoce tan bien mientras se cierra el paso a un relevo natural que está quemando los mejores años de su vida. Los grandes toreros y los apoderados más poderosos se buscaban mutuamente no hace tanto. Ahora se conserva en formol -o criogenizados, vaya usted a saber- a esa baraja de correferias que están tapando la salida a los que deberían animar al cotarro. A los toreros hay que probarlos y si no sirven, a su casa. Así fue siempre. Echen una mirada detenida al escalafón si quieren pasmarse. Nos dolemos de la falta de relevo, del necesario lanzamiento de nuevas figuras pero en las circunstancias actuales es prácticamente imposible. Hay toreros que siguen sumando trienios y más trienios sin aportar argumentos  concluyentes que avalen su presencia en el circuito de la temporada. La pregunta es ¿hasta cuando? Esa falta de selección natural está haciendo el mismo daño que la monserga abolicionista y el reduccionismo de la crisis económica. Hay un caso paradigmático y reciente: Pepe Moral se llevó sentado en su casa un largo lustro mientras todo el toreo conocía de sobra la buena madera de la que estaba hecho. Afortunadamente quedan hombres como Manolo Cortés, Pigmalión secreto de la resurrección taurina de su torero, que ha sabido permanecer inasequible al desaliento. Pero el movimiento se demuestra andando y al gran diestro de Los Palacios sólo necesitaba que le dejaran dar la primera pedalada. Las siguientes -en Pamplona y Madrid- no ha sido ninguna casualidad. Lo del día de la Paloma confirma esas certezas. Adelante.

torneo_medieval_costumbre

Broncas de rienda y espuelas. “La compentecia de Ventura y Cartagena fue barriobajera”. Ésa fue la denuncia televisiva de Pablo Hermoso de Mendoza, aludiendo a ciertas maniobras antiguas de los entrebastidores de la especialidad ecuestre en las que no podemos entrar ni salir porque las desconocemos. El caso es que si el navarro quería poner las cosas en su sitio -si es que había que ponerlas- tenía que haberlo hecho en el ruedo. Más allá del bien y del mal ha preferido usar y abusar de esos mano a mano con figuras de a pie o ser cabeza de cartel de no pocas corridas mixtas que no tienen el más mínimo interés taurino. Aunque ahí tiene que compartir la culpa con los de luces. En los vericuetos internos de las desavenencias entre Pablo, Diego y Andy hay algunos agujeros negros. La verdad sólo la conocen ellos pero tampoco podemos olvidar que el navarro lleva varios años eludiendo el enfrentamiento con su más directo rival, que no es otro que el propio Diego Ventura. Hermoso de Mendoza puede ser considerado el rejoneador más grande de todos los tiempos con todos los merecimientos pero no ha sido capaz de alentar y alumbrar una excelente generación de jinetes jóvenes que habría marcado una nueva edad de oro del rejoneo. Al hilo de este exceso de locuacidad, no es de extrañar que el joven Leonardo Hernández -uno de los grandes perjudicados de la falta de generosidad profesional del gran centauro de Estella- haya retado al maestro a verse las caras en la Feria de Otoño de Madrid con la ganadería o el encaste que prefiera. El propio Ventura -que siempre le ha sacado de sus casillas- lleva años pidiendo un definitivo mano a mano en un escenario de campanillas que se están perdiendo los aficionados al toreo a caballo. Nos vamos, pero no podemos terminar este Observatorio semanal sin enviar el abrazo de toda la familia taurina de Sevilla a Pepe Luis Vargas. La misma casta que presidió su carrera le servirá para lidiar el toro más duro de su vida. Mucha suerte, amigo.

16
Ago/2014

REMEMBRANZAS: Historia taurina del día de la Virgen de los Reyes

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LA FESTIVIDAD DEL 15 DE AGOSTO HA ESTADO TRADICIONALMENTE UNIDA A LA CELEBRACIÓN DE FESTEJOS TAURINOS DE TODO PELAJE AUNQUE LA ALTERNATIVA DE PEPE LUIS VÁZQUEZ MARCÓ A FUEGO UNA FECHA EN LA QUE TODO NO ES COMO SE RECUERDA

La historia no siempre es como se cuenta;ni siquiera como se recuerda. La fecha del 15 de agosto, mitificada en la memoria del aficionado, pertenece a un tiempo idealizado que debe mucho a ciertos acontecimientos como el doctorado de Pepe Luis, que marca a fuego los anales taurinos de una festividad en la que cualquier tiempo pasado sólo fue anterior. La reducción de la temporada hispalense a lomos de la crisis económica y las nuevas costumbres se llevaron por delante este evento que, con excepciones puntuales, siempre había ido renqueando.Si nos marcamos el plazo de un siglo para analizar su historia no encontramos ningún festejo mayor el día de la Virgen de los Reyes de 1914. Tampoco los hubo en las siguientes temporadas. Hay que escalar hasta 1919 para reseñar la primera novillada –nada de corrida de toros– en coincidencia con la festividad de la Virgen: Navarro de Brenes, Montañesito y Jumillano, que resultó herido. Al año siguiente –el de la muerte de Gallito– se celebró un espectáculo sin trascendencia que saca en esta historia el breve rastro de la efímera Monumental que cerraría sus puertas ese mismo año. Pero no hubo toros en la plaza de la Maestranza el 15 de agosto de 1920.

La Edad de Plata trae nuevos aires al viejo coso del Baratillo. En vísperas de la Virgen –el 14 de agosto de 1921– se celebra un mano a mano novilleril entre Pablo y Marcial Lalanda. Hay nuevas novilladas en 1922 y 1923 con carteles de escaso fuste pero en 1924 se produce el debut de Cagancho, que cautiva a Sevilla. El diestro gitano vuelve a torear en la misma fecha al año siguiente con mucha menos suerte. Pero la noticia de aquel día es el debut del infortunado Curro Puya, que para el tiempo con su capote prodigioso.

Hay que llegar a 1926 para encontrarnos con la primera corrida de toros: nada más y nada menos que El Gallo, Juan Belmonte y Sánchez Mejías. La anécdota luctuosa de esa jornada fue la muerte del célebre banderillero Blanquet, que cayó fulminado de un ataque al corazón después de torear. Las novilladas retornan –no hay nada en 1928– en 1927 y 1929, el año de la gran Exposición Iberoamericana, sin dejar demasiados recuerdos reseñables. En 1930 no hubo toros el 15 de agosto pero sí al día siguiente. Fue una novillada de noveles en el que resultó cogido mortalmente el novillero Francisco Losada por una res de Anastasio Martín que le arrancó la femoral. Los cuatro años siguientes pasan sin festejos mayores y sólo se recuperan en 1935, con una novillada picada que resulta triunfal para Pascual Márquez, que impacta en la Maestranza cortando una pata.

Sevilla llevaba casi un mes controlada por Queipo de Llano el 15 de agosto de 1936 y no hubo toros. Pero el clima bélico se hace patente en el festival patriótico organizado al año siguiente en vísperas del día de la Virgen. Chicuelo, el Niño de la Palma y Cagancho torean a beneficio de la II Bandera de Falange Española. La temporada de 1938 implica cierta vuelta a la normalidad. Pepe Luis Vázquez, que había debutado con picadores el 6 de junio anterior, alterna con Juanito Belmonte -el hijo natural del Pasmo de Triana- y un tal Luis Díez. Pepe Luis repite en 1939 pero la fecha del 15 de agosto quedaría indiscutiblemente unida a su nombre a partir de 1940. Pepe Bienvenida le cedió un ejemplar de Curro Chica en presencia de Gitanillo de Triana. Ya era matador de toros y acababa de cimentar la leyenda de una fecha que siempre anduvo a trompicones.

Las novilladas vuelven al 15 de agosto entre 1941 y 1945: en este lustro de transición se pueden reseñar los nombres de Rafael y Pepín Martín Vázquez, Pepe Dominguín, Antonio Bienvenida, El Choni o El Andaluz. Las corridas de toros retornan en un brevísimo trienio: la de 1946 reúne a los diestros Armillita, Gitanillo de Triana y un jovencísimo Luis Miguel Dominguín. El festejo, que estuvo precedido de la actuación del caballero rejoneador Pepe Anastasio, resultó apoteósico y fue organizado por la Asociación de la Prensa. También hay corrida de toros en 1947, esta vez organizada por el marqués de Contadero a beneficio del sanatorio de Jesús del Gran Poder. El rejoneador Joaquín Pareja Obregón precede a Gitanillo, Pepe Dominguín y Julio Pérez Vito. Se cierra este breve intervalo en 1948 con la alternativa del portugués Manolo Dos Santos de manos de Chicuelo y en presencia del Andaluz. Entre 1949 y 1959 se dibuja una larga década en la que sólo se celebran novilladas, eso sí con un listado de toreros que hoy producen envidia sana. Podemos anotar, entre otros, los nombres de Juanito Bienvenida, Manolo Carmona, Malaver, Juan Posada, Pablo Lozano o el de Manolo Vázquez. La lista se completa con otros toreros que alcanzarían nombradía futura en uno u otro escalafón como Pedrés, Jaime Ostos, Chicuelo II, Ruperto de los Reyes, Joaquín Bernardó, el mexicano Joselito Huerta, El Pío, El Trianero, Rafalito Chicuelo, Curro Puya… hasta llegar a los grandes Paco Camino, Diego Puerta, Mondeño y Curro Romero que debutan en esos años fundamentales que preparan la Edad de Platino del toreo.

El 15 de agosto de 1960 se despacha con una corrida de circunstancias –Murillo, Pacorro y González– a la que siguen sendas novilladas sin historia en los dos años siguientes pero El Cordobés, recién alternativado, llena la plaza hasta los topes el día de la Virgen de 1963. Vuelven las novilladas entre el 64 y el 67, arrojando nombres que siguen sonando en el aficionado:Hablamos de Susoni, Astola, El Pireo, Riverita, Capillé, Pedrín Benjumea, El Almendro, Manolo Cortés… El azteca Alfredo Leal alterna con Curro Romero en la original corrida hispano-mexicana de 1968. Al año siguiente José Luis Parada, que aún es novillero, se encierra con seis utreros de Guardiola. El cierre de la década también marca un nuevo cambio generacional:Marcelino, Galloso y Manzanares son los encargados de despachar la novillada de 1970. Dentro del tono gris de la década hay que marcar dos fechas fundamentales:la reaparición de Bienvenida en 1971 para dar la alternativa al mozambiqueño Ricardo Chibanga en presencia de Rafalito Torres. Bienvenida aún repetiría en 1973 acompañado de Romero y Paula en una corrida de feliz recuerdo. Los nombres de Curro Durán, Pepe Luis Vázquez hijo o Pepe Luis Vargas son los más destacados de esta década que vuelve a imperar el formato de novillada.

Las corridas de toros llegan para quedarse a partir de 1982 aunque la papeleta de 1984 se salvó con una de rejones. Son festejos de medio tono en los que sorprende encontrar nombres como el de Manili, Juan Mora, Ortega Cano, José Antonio Campuzano o Roberto Domínguez. El novillero Manuel Caballero da cerrojazo a la década encerrándose en solitario. En 1991 participa un jovencísimo Enrique Ponce y en el 92, Pareja Obregón despacha seis toros en solitario. Son años de alternativas, como las de Cuqui de Utrera (1993), Manolo Corona (1994), Vicente Bejarano (1996) y Domingo Triana (1997). El festejo entra ya en una curva declinante en la que aún hay que anotar los trofeos logrados por El Cid en 2001 y 2002 antes de entrar en una década gris protagonizada por toreros de segunda fila.  El final de la historia tiene sabor agridulce:Pepe Moral, Nazaré y Oliva se la juegan de verdad en 2009 con un corridón de Martín Lorca. Luis Mariscal cae gravísimamente herido en 2010 y Nazaré rompe en gran torero en 2011 el mismo día que le echan un toro al corral a Agustín de Espartinas. Ésa fue la última, por ahora.

12
Ago/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Las últimas cumbres

bilbao

La tropa acampa antes de Bilbao. Las huestes del toreo detienen sus regimientos antes del fielato definitivo de Bilbao. Los capitanes y paladines llegan a la gran cita del Norte en muy distinto estado de forma, marcando el ritmo cansino de una temporada a la que sólo resta la batalla trascendental de la Aste Nagusia para definir el estado de forma y fondo de esos líderes de la torería andante. El caso es que a día de hoy -dejemos a Perera aparte en su pedestal solitario- son pocos los toreros que están despertando auténticas ilusiones para ir a la plaza. En la cartelería bilbaina figuran los principales actores de este año convulso que está siendo marcado informativamente por el eco confuso de los entrebastidores, que permanecen sin barrer. Los acontecimientos que deberían dibujar la curva de la campaña han pasado a un segundo plano y casi nadie puede centrarse con tranquilidad en el ruedo y en toro si hay tanto ruido de cacharrería en la trastienda. En Bilbao están casi todos los que son y son casi todos los que están pero los plazos de recuperación de Iván Fandiño -que tiene firmadas dos tardes consecutivas, el 22 y el 23 de agosto-podría modificar el hilo del ciclo y quien sabe si de la propia temporada. El diestro vasco cuenta con menos de dos semanas para rehabilitarse del esguince cervical sufrido en Bayona aunque su hipotética sustitución abriría la puerta a diestros emergentes -apunten a Pepe Moral-, a algún triunfador inesperado dentro del propio ciclo bilbaíno o ese ausente llamativo -se llama Talavante- que podría encontrarse con la definitiva oportunidad de reivindicarse en un escenario de primera entidad, delante del toro más serio del campo bravo y con el definitivo tribunal de la torería dispuesto a dictar sentencia. Después de Bilbao llegarán los últimos meandros del viaje de una temporada cansina, espesa y viciada que, más allá del zambombazo pererista y algunas alegrías novilleriles está arrojando escasos argumentos para el recuerdo. La cuesta se empina.

El patio sigue muy revuelto. La presencia de José María Manzanares en los carteles de San Sebastián de los Reyes había  sorprendido mucho más que su recentísima salida, consumada o conocida ayer mismo. El caso es que el alicantino figuraba en las combinaciones que había trazado Victoriano del Río para el coso madrileño junto a El Juli y Miguel Ángel Perera, que se acartelan juntos en casi todas las ferias. Ya eran más que sabidas las desavenencias que separaban a Julián y José María, que se tradujeron en ciertos desacuerdos en ganaderías a lidiar en algún momento clave y -posiblemente- pesaron en la salida del propio Juli de la cartelería de Alicante, que había sido incluida en la agenda de eventos presentada en marzo en el Círculo de Bellas Artes, antes del inicio de la campaña. También se hablo de ciertas marejadas en la confección de la feria de Málaga mientras arreciaban los rumores que dejaban a Manzanares fuera sin que finalmente fuera así. Consumada esa ruptura personal y profesional, el Manzana sólo iba a compartir dos paseillos con el madrileño el resto del año: el ya conocido de Beziers del próximo jueves y éste de San Sebastián de los Reyes, que se había publicitado recentísimamente y está previsto para el día 30 de este mismo mes. Al grano: la recomposición del cartel vuelve a remover el aire viciado que se respira en el sótano del toreo. A pesar de todo sí sorprende que el elegido para recomponer la combinación del cartel estrella de Sanse sea el díscolo Talavante, que no debe andar a partir un piñón con el mariscal Juli después de aquella pataleta tuitera que aventó las pavesas del famoso e inoperante G-5 a la hora de la siesta, en las orillas del Odiel. Una cosa es segura: nunca hubo tantas ganas de concluir una temporada.

Algunos datos para la esperanza. A pesar de todos estos datos funestos podemos y debemos felicitarnos por la ilusionante hornada de novilleros -con  y sin picadores- que está refrescando las bases del toreo. Podríamos comenzar, sin salir de Sevilla, con esa quinta de Pablo Aguado que encabeza el flamante ganador del ciclo de promoción de nuevos valores celebrado el pasado mes de julio en la plaza de la Maestranza. A su nombre hay que unir el de Rafa Serna, el de los Corradini, Araújo, Llandrés… y una hornada de aspirantes por cuajar que podrían darnos alegrías a corto plazo. No nos  podemos olvidar del valentísimo extremeño Juan Carlos Carballo, vértice de una camada en la que están batiéndose el cobre otros novilleros de un lado y otro del charco en los distintos certámenes y ciclos de promoción que se están organizando. Si subimos en el escalafón encontramos a ese José Garrido que se juega una brillantísima temporada encerrándose con seis novillos en Bilbao. Borja Jiménez, que es otra de las grandes sorpresas del año, también engrosa esta lista en la que no podemos olvidar al madrileño Gonzalo Caballero -cada vez más cuajado para la alternativa- o a otros nombres de la cantera hispalense como Miguel Ángel León, El Manriqueño o el ya rodado Lama de Góngora, que debe andar pensando en el doctorado.

11
Ago/2014

A LAS CINCO DE LA TARDE…

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Se cumplen ahora 80 años de la cogida mortal de Ignacio Sánchez Mejías, torero polifacético y catalizador fundamental de la Edad de Plata y la generación del 27. La gangrena gaseosa lo mató pero cimentó el mito e inició su leyenda.

La Edad de Plata se inició el año 1920 en la enfermería de Talavera de la Reina –elegía fotográfica de Ignacio sosteniendo la cabeza yerta de José– y concluyó el 11 de agosto de 1934 en ese traslado agónico desde Manzanares a Madrid, remontando la carretera polvorienta de Andalucía, arrasada de Sol y apestada de la misma gangrena que trepaba por los muslos del torero. Se estaba sentenciando toda una época mientras las medias rosas de Ignacio Sánchez Mejías se empapaban en su sangre derramada. En medio de aquellas dos muertes se dibuja la propia trayectoria del polifacético matador, una figura imprescindible sin la que no se pueden entender la efervescencia artística y cultural de la década fundamental de los años 20. Menos de dos días después de aquel viaje terrible llegaba el fin irremediable de aquel «andaluz tan claro, tan rico de aventura».

¿Qué impulso vital llevó a Sánchez Mejías a volver a vestirse de luces en 1934, con 43 años cumplidos y lejos de las portentosas facultades físicas que suplieron sus carencias artísticas? Ignacio se había retirado de los ruedos en 1927, precisamente el mismo año que, bajo la excusa del tercer centenario de Luis de Góngora, reunió a sus expensas a aquellos jóvenes poetas y creadores en la casa de Pino Montano para dar nombre a una de las generaciones literarias más ricas de la lengua castellana. Entre su primera despedida y la vuelta a los ruedos había dado rienda suelta a su ancho catálogo de inquietudes: presidente de la Cruz Roja de Sevilla; mecenas, presidente del Betis Balombié; dramaturgo de éxito;aventurero… pero el toro, siempre el toro, acabó imponiendo su ley. En 1934 decidía volver a torear y se enfundaba el vestido de luces el 15 de julio en la desaparecida plaza de Cádiz. La razón última, la más prosaica, de su vuelta a los ruedos se la había confesado a sus íntimos: se aburría.

Como en tantas ocasiones fatales, Ignacio no tenía que haber toreado en Manzanares aquel 11 de agosto de hace 80 años. Pero acudió finalmente al ruedo manchego en sustitución de Domingo Ortega, que había sufrido un leve accidente de automóvil que le impedía salir a la plaza. El diestro toledano estaba anunciado junto al rejoneador portugués Simao da Veiga y los matadores de toros Armillita y Alfredo Corrochano. Ignacio había toreado el día anterior en Huesca y quería pasar la jornada del día 11 descansando antes de viajar a Pontevedra, plaza en la que tenía que cumplir su siguiente contrato. Por la premura del tiempo y los condicionantes y las precarias comunicaciones de la época, ni siquiera pudo contar con su propia cuadrilla, que ya se encontraba de viaje al coso gallego siguiendo el guion marcado por la agenda del matador. Pero la leve lesión de Domingo Ortega iba a alterar los planes previstos y a cambiar la propia historia del toreo.

Sánchez Mejías llegó temprano a Manzanares. Había viajado en automóvil desde Madrid, después de un primer y accidentado tramo de viaje en coche desde Huesca a Zaragoza y desde allí –ya en el tren expreso– hasta la capital. El veterano diestro ya venía acompañado de la improvisada cuadrilla, reclutada a toda prisa en el Foro después de intentar, infructuosamente, contar con los hombres de Domingo Ortega. Pero la gente de plata ya había iniciado el camino de vuelta a sus respectivos domicilios después de conocer la lesión de su matador. Ignacio se instaló en el Parador; en la misma habitación –la número 13– que se había preparado para Ortega y se vio obligado –por primera y única vez en su vida– a sacar los números de los toros a lidiar por la tarde, marcados con el hierro de Ayala, una oscura vacada que nunca había lidiado. Sin saberlo, estaba sacando del sombrero del vaquero su propio certificado de defunción. Algunos biógrafos recogen situaciones y gestos que se han querido dibujar como premonitorias. Pero no pasarían de la anécdota si no fuera por la tragedia que estaba a punto de consumarse. Parecía una tarde más, perdida en el nomadeo agosteño de los hombres de luces. Pero el primero de la tarde, de nombre Granadino, le alcanzó en un muslo cuando trataba de iniciar el trasteo con pases por alto sentado en el estribo. A la salida de uno de los muletazos el toro le apretó contra las tablas. La cornada era de caballo y dejó un impresionante charco de sangre.

A pesar de la disposición del médico local, Ignacio se negó a ser operado en Manzanares. Se pidió un coche a Madrid y se disparó la espera. Una avería del vehículo dispuesto alargó aún más aquella angustiosa agonía. El torero llegó a la capital de madrugada. La cosa ya pintaba muy mal al día siguiente y la gangrena era una certeza irremediable en la anochecida. Su mujer, Lola Gómez Ortega, y su hija Piruja pudieron despedirse del moribundo. Dejaron pasar a su amante, La Argentinita. Ignacio dejaba de existir en la mañana del día 13. Manolo Caracol colocó crespones de luto en las columnas de la Alameda antes de que el cuerpo de Ignacio –trasladado a Sevilla– fuera sepultado en el panteón de Joselito, bajo el mausoleo modelado por Benlliure, que también había retratado a Ignacio portando el ataúd del rey de los toreros al que había sostenido la cabeza muerta en Talavera.

05
Ago/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Demonios de media tarde

La tensa y larga espera antes de enfundarse el vestido de torear en la primera de Colombinas calentó al diestro extremeño. Miesntras las horas se espesaban, Talavante tomó el ancho altavoz de Twitter para lanzar tres dardos a la prensa, a las empresas y a sus antiguos compañeros de rebelión salvando de esta quema a su paisano y colega Miguel Ángel Perera. Esa misma tarde se había firmado el definitivo certificado de defunción del inoperante G-5, que sólo ha servido para revolver la trastienda del toreo y no dejar títere con cabeza.

La tensa y larga espera antes de enfundarse el vestido de torear en la primera de Colombinas calentó al diestro extremeño. Miesntras las horas se espesaban, Talavante tomó el ancho altavoz de Twitter para lanzar tres dardos a la prensa, a las empresas y a sus antiguos compañeros de rebelión salvando de esta quema a su paisano y colega Miguel Ángel Perera. Esa misma tarde se había firmado el definitivo certificado de defunción del inoperante G-5, que sólo ha servido para revolver la trastienda del toreo y no dejar títere con cabeza.

¿Por qué nadie me quiere? Las ruinas renqueantes del G-5 saltaron por los aires a la hora de la siesta del primer día de agosto. La soledad de Talavante se tradujo en ese dedo flojo que incendió los rincones del toreo a través de su mensajero más veloz: la red social Twitter. “Empiezo esta tarde el segundo tramo de mi temporada bélica y por tanto paralela con las grandes familias empresariales; contra el mutismo de mis compañeros de G, exceptuando un G-1 que se anuncia Perera; contra el mutismo de la prensa que sobrevive en el camino que le indican los que me han inspirado para el primer tweet”. Esas fueron las tres primeras andanadas del diestro extremeño disparando a la jefatura de la polémica rebelión de otoño  -pónganle el nombre que quieran- sin dejar de encañonar a patronos   y mensajeros. Conviene rebobinar ligeramente: Talavante comenzó el año de la mano de Curro Vázquez después de renunciar a los algodones que habían amparado sus cómodos y tibios años de torero de ferias. Pero los pactos posteriores no fueron entre pares: El extremeño no dudó en apuntarse al bombardeo de Sevilla sin demasiadas razones y también puso ascos al plato único que le ofrecían en la feria de Fallas sin medir su propia fuerza y, sobre todo, su auténtico poder de convocatoria. Ahí empezó a empinarse la cuesta. Madrid fue un sí pero no y sin conseguir arrancar esos primeros motores su nombre empezó a desaparecer de los siguientes abonos. Comenzaba la soledad, una travesía del desierto  paralela a la influencia de su nuevo apoderado, que estaba logrando sacar los mejores registros de la indefinición estilística de Talavante, hasta entonces en estado de provisionalidad. Pero hay que volver a aquella tarde choquera. El diestro pancense pensaba que los mismos que le habían regalado los oidos antes de Abril le habían dejado caer y siguió pulsando la pantalla de su teléfono: “Disculpen los que se ofenden, pero igual se pueden ofender mis seguidores si creen que no me apetece torear y por eso me anuncio menos; espero que el cuerpo aguante para estar a la altura de lo que he soltado”. Había llegado la hora de vestirse de luces.

Guerra de todos contra todos. Llegados a este punto nos encontramos con una ecuación sin solución: las nuevas pretensiones económicas que llegaron de la mano de la jaleada independencia no se correspondían al verdadero tirón taquillero del extremeño, que había asegurado su privilegiado encaje en las ferias gracias al anclaje prestado por Manuel Chopera. Era la ley del mínimo esfuerzo. Mientras, se echaba larguísimas siestas de pijama y orinal y balbuceaba nuevos conceptos sin terminar de definirse. Posiblemente no ha tenido el suficiente sentido de la realidad para asumir la auténtica situación profesional de su carrera. Y los cariños se rompen, convirtiéndose en odios africanos como el que separa a Manzanares y El Juli. Eso sí, Perera es la única cabeza que sigue sobresaliendo en el particular guiñol de Talavante, que ha dejado pasar un fin de semana entre dos puertos sin añadir ningún argumento “bélico” a su berrinche tuitero. Ya sabemos de sobra que aquí no se aguanta nadie. Así va el toreo, la propia temporada y así se dibuja el futuro inmediato: a farolazos. Y ya pueden anotar dos toreros más para la nómina de la Feria de Abril.

Un frito variado para terminar. Las instrucciones facilitadas por el servicio de prensa de la plaza de toros de Málaga marcan excepciones para el festejo del 23 de agosto, fecha del extraño mano a mano entre Pablo Hermoso de Mendoza y José Tomás. Los redactores que quieran cubrir el evento tienen que comprometerse a presentar una petición firmada por su jefe de seccion o redacción. Pero lo llamativo del asunto -según cita textual de las mismas instrucciones- es que “ese documento será enviado al gabinete de prensa del matador de toros José Tomás. Serán ellos quienes finalmente autoricen o no la cobertura del festejo ese día”.  Sin comentarios. Sí comentaremos la oportunidad que se ha perdido en Utrera para hacer un cartel verdaderamente ilusionante con esa baraja de diestros emergentes que están en la mente de todos. Tampoco podemos cerrar la tienda sin enviar nuestro aliento al veterano banderillero sanluqueño Rafael Guerrero, que está viviendo un calvario secreto para recuperarse de la cornada sufrida en la última novillada picada del abono sevillano. El percance pareció no revestir demasiada importancia en un principio pero una revisión posterior evidenció nuevas cavidades sin sanar que obligaron a meterle en el quirófano y a dejar la herida abierta. El compañero Javier García-Baquero lo cuenta con pelos y señales en su blog. El tema comienza a preocupar. Se impone la cautela. Nos vamos, contemplando como se llena el carrito de la compra del todopoderoso millonario mexicano Alberto Bailleres, que andan estirándose por la Madre Patria. A la exclusiva de Morante y la ganadería de Zalduendo ha sumado la compra -sin mirar- del paraíso cacereño que le ha colocado El Litri. La broma ha sido de 11 millones de euros. Está que lo tira…