Monthly Archives: Abril 2014

29
Abr/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Rancheras de Primavera

ramcheras

‘Güey’, vente a Aguascalientes. El largo ciclo de la localidad mexicana de Aguascalientes coincide en el tiempo con la Feria de Sevilla que este jueves inaugura el recortado tramo de festejos continuados. Los carteles, ya es sabido, estuvieron condicionados por la rebelión de esos cinco que -sólo hay que preguntar por la calle- ya han perdido la empatía que pretendían encontrar en el aficionado sevillano después de su plante a Valencia y Canorea. Excluyendo a Manzanares -que debe andar lamentando meterse en una guerra que no era la suya- , el resto de los generales y coroneles alzados se anuncian en la feria azteca en amor y compaña. Talavante ya actuó el domingo enseñando su enésima reconversión estilística que, dicen, deja atrás los espantos formales de los últimos años. Pero hay un caso paradigmático: el de ese Morante dolorido de un porrazo malagueño que le sirvió para justificar su ausencia en Zaragoza el lunes de la pasada semana -la cosa tampoco pintaba demasiado fina en la taquilla- pero no le impidió viajar al ciclo hidrocálido en el que le pegaron tres broncas de padre y muy señor mío este mismo sábado. Aún le queda otra más.

Te voy a hacer unos calzones… El mariscal de los rebeldes también se anuncia dos tardes en la lujosa feria hidrocálida. Y todos brindan por ese México lindo y querido que embriaga los sueños de las figuras. ¿Anhelan el trasplante de ese modelo taurino en esta orilla?  Parece no darse cuenta de que acá no sería válido ni aceptado. Con ese dudoso trasvase de ideas -otro toro, otras exigencias, otro dinero- sólo conseguirían desprestigiar sus galones de grandes figuras. Lo son por derecho propio, con o sin el error garrafal que les ha llevado a renunciar a una plaza, la de Sevilla, que no perderá su condición de primer escenario del toreo sea cual sean los toreros que se anuncien y los empresarios que la gestionen. La plaza seguirá ahí y la tormenta acabará amainando. Hace muy pocos días, una gran señora de Sevilla -esposa de un veterano y prestigioso ganadero de bravo- daba en la clave del asunto. “Buscaban castigar a la empresa pero sólo han conseguido castigarnos a nosotros, los aficionados”. Ni más, ni menos.

La cosa se pone fea en Los Califas. Las últimas noticias certifican el desastre. La sociedad propietaria de la plaza de toros de Córdoba ha llevado a un juzgado a la extraña tropa comandada por el empresario venezolano Ricardo Ramírez, que aún detenta la explotación del agonizante coso de Los Califas. Las intenciones de los propietarios pasan por rescindir el contrato que aún les une a Ramguertauro -así se llama el invento- para poner la organización de la inminente Feria de la Salud en manos de otros gestores que garanticen una mínima calidad de los carteles además -esto es de lo que menos se ha hablado- de la necesaria solvencia económica para afrontar los pagos a toreros, ganaderos y otros proveedores. Los primeros cañonazos son de sobra conocidos: Finito quedó fuera de unos carteles que, sin solución de continuidad, fueron vetados por los propietarios. Pero aunque los lamentos del torero -que no había faltado al ciclo cordobés desde 1989- destaparon la caja de los truenos el tema tenía mucho mayor alcance y se mezcabla con la extinción de ciertos avales y las llamadas infructuosas para que Ramírez se presentara en Córdoba a dar las mínimas explicaciones. Dicen que el empresario apareció ayer por la ciudad califal. No sabemos si para tratar de recomponer los platos rotos con los dueños de la plaza o para tratar de sacar adelante la feria que tenían preparada. Sea como sea, también se dice que la propiedad tiene ultimado su plan B aunque el C sólo puede pasar por una profunda reflexión de lo que se ha hecho bien y mal pensando en el futuro inmediato de una plaza que se encuentra en la cuerda floja. Los dueños han hecho lo que tenían  que hacer -intentar echar al tal Ramírez- pero seguramente han abordado el asunto demasiado tarde, a menos de un mes para el comienzo de la Feria. Era la crónica de una muerte anunciada…

Y en estas, que vuelve Tomás. Vayan pensando en sacrificar el cabrito cebado. El Divino ha revelado el primer escenario de su cuarta venida. Tomás volverá a reencarnarse en el Corpus granadino emparedado entre Finito -que este año está para un roto y un descosido- y un hipotético diestro emergente. Se habla de otros escenarios que huelen a sal y mar como los del Puerto de Santa María, Málaga y Huelva. No sabemos si el diestro madrileño añadirá otras fechas y otros puertos a sus particulares galas de sábado aunque sí podemos constatar que el exasperante manejo de los tiempos ha terminado de minar la paciencia de los más fieles. El anuncio de esta vuelta -el pasado año se gafó por aquel pisotón campero que trajo tanta cola- no ha despertado el mismo entusiasmo de otras ocasiones. Hasta los misterios se acaban quemando…

22
Abr/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Cuestión de matices

Álvaro Pastor Torres

Álvaro Pastor Torres

De la Baja y la Alta Andalucía. La pregunta estaba en todos los corrillos. ¿Qué queda en la taquilla¿ ¿Qué aspecto presentará la plaza? Media hora antes del comienzo del festejo empezaron a despejarse las incógnitas: el Sol, tan de Miura, iba camino del lleno que presentó a la misma hora en la que el pasodoble Maestranza abría el cerrojo de esta nueva y extraña temporada taurina. La Sombra no se llenó -los precios tampoco invitaban a ello- pero si podemos decir que no había mucha menos gente que en Málaga, que sí colgó el cartel de no hay billetes sin abarrotar por completo sus repletos tendidos. Alguien compraría las entradas, digo yo. Y aunque algunos quisieron vivir ambas citas como una guerra no tan fría sólo podemos constatar  una realidad: el gran público sevillano mantuvo la fidelidad a la fecha y casi llenó la plaza a pesar del desplome del abono y la ausencia de ese público viajero, rumboso y pudiente que escogió a los rebeldes en las orillas del Mediterráneo. Ya saben que ni una ni otra corrida respondió a lo esperado. Con una diferencia: en Málaga se lidió un fracasado combo ganadero escogido por sus matadores y sin opción a sorteo. En Sevilla se echaron a la espaldas un duro y correoso corridón de Miura que Daniel Luque y Escribano lidiaron con entrega, suficiencia y hasta brillantez. Pues eso.

De los platos precocinados… Y una cosa nos lleva a la otra. La historia antigua y reciente ha demostrado mil veces que premeditar las cosas no siempre es rentable en el toreo. Ya lo mencionamos algunas semanas atrás al hablar de los peligros inherentes al dios toro, que chocan frontalmente con esos planes preconcebidos -llámenlos tour, agenda de eventos o lo que ustedes quieran- presentados a bombo y platillo por algunos de los diestros alzados. El propio Morante acaba de comprobarlo: primero, asistiendo al hundimiento irremisible de la plaza de Córdoba -que ha recibido la puntilla de la extraña empresa que la rige- después de cortar cuatro orejas y un rabo en la tarde inolvidable del pasado año; y segundo, renunciando -parece ser que definitivamente- al mano a mano zaragozano que sustituía su congelado compromiso cordobés por una lesión en el hombro que se produjo en el frustrado happening de Málaga. Treinta eran los eventos programados; menos uno son 29. Y en la taquilla de Zaragoza, dicen, tampoco había muchas fiestas a pesar del atractivo indudable del cartel -se trataba de un mano a mano con el renacido Finito- y el buen trabajo desarrollado por el productor de arte, léase Simón Casas. Y ya que estamos con Málaga, ¿que hay de mentira y verdad en los vericuetos de la fantasmal retransmisión de la corrida por Canal Plus?  Aunque llegó a darse por hecho, la cadena privada no llegó a promocionarla nunca aunque se  rumoreó que ese anuncio demorado sólo estaba justificado porque no se quería perjudicar la taquilla. La verdad del asunto sólo la conocen los interesados.

¿A qué esperan para prohibirlas? Pero, como en un efecto péndulo, tenemos que volver a Sevilla. La corrida del Domingo de Resurrección se había vuelto a ver precedida de esas alucinantes manifestaciones antitaurinas -no reúnen ni a medio centenar de vociferantes activistas- que se autorizan a la misma hora y en el mismo lugar  de la celebración de un espectáculo legal y legítimo que, en el caso del pasado domingo, concitó la atención de casi diez mil espectadores. En Francia nos dan sopas con onda en este aspecto. Sus desacomplejadas autoridades ya prohibieron hace tiempo este tipo de protestas -plagadas de insultos y descalificaciones a los espectadores- cuando coincidan con el tiempo y el lugar de la celebración del festejo. Los mismos que las autorizan escuchan pregones con cara de arrobo y se sientan en burladeros kilométricos aunque el pasado año se llevaron la reprimenda de Morante desde el mismísimo ruedo cuando tomaba la espada a la vez que arreciaban esos gritos que pulverizan el ambiente de la plaza y la concentración del propio torero. La protesta se anunciaba con pasquines callejeros antes de Semana Santa y contó con el correspondiente corte de tráfico que impidió que muchos espectadores y algunos profesionales de la información pudieran llegar a la plaza en tiempo y hora. Un día alguien perderá la paciencia y se cansará de que le llamen asesino  cuando acude a los toros con su mujer o sus niños de la mano. Será el momento de lamentar no haber actuado a tiempo y de buscar esas responsabilidades que tanto gustan en la piel de toro. Cambiaremos de tercio para despedirnos. Comienza esa intensa preferia plagada de actos que nos hace retroceder a otro tiempo. El recorte del ciclo continuado nos devuelve a otras cifras, a otros modos y nos permite reposar unas vísperas que este año se alargan y se vuelven a plagar de eventos y celebraciones de todo pelaje. Un último dato para los amantes de la historia: el famoso mano a mano malagueño de Gallito y Belmonte del que se quería conmemorar el centenario se celebró el 28 de febrero de…1915. Pues tienen un año entero para seguir celebrándolo…

21
Abr/2014

DOMINGO DE RESURRECCIÓN EN SEVILLA: PUES CASI LLENARON….

Álvaro Pastor Torres

Álvaro Pastor Torres

La familia Miura no pudo reeditar el gran triunfo del año pasado. Escribano y Luque solventaron la papeleta con entrega y solvencia

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Miura, bien presentados y abiertos de capa y remate. En líneas generales todos los animales tendieron a ir a menos en la muleta aunque algunos tuvieron mejores comienzos, como el franco y alegre segundo y el noble tercero, que cambió radicalmente en el último tercio. Los más deslucidos fueron cuarto, quinto y sexto.

Matadores: Manuel Escribano, de nazareno y oro, palmas tras aviso, silencio y ovación.

Daniel Luque, de blanco y oro, silencio, silencio y palmas de despedida.

Incidencias: La plaza registró tres cuartos de entrada, con algunos claros en la sombra y lleno en el Sol. El festejo comenzó con algunos minutos de retraso para recomponer el ruedo y retirar la lona protectora. Llovió intermitentemente a partir de la lidia del cuarto de la tarde.

El festejo trazaba un mapa nuevo: en el elenco de actores; en el combo ganadero, variado de sus fechas tradicionales; y hasta en el renovado universo humano que ahora puebla los tendidos de la plaza de la Maestranza, que ha cambiado al abonado por el espectador ocasional. Ésa es la nueva clientela y tampoco hay que darle muchas vueltas. Cualquiera que siga fiel a su abono pese a las carretas y los carretones puede constatarlo: aquellas caras conocidas que se preguntaban por la familia de año en año, comienzan a ser un vago recuerdo. Pero esos cambios no impidieron que la plaza de la Maestranza presentara un gran aspecto en sus escaños pese a las afrentas de los ausentes y la amenaza de la misma agua que obligó a la cofradía de la Resurrección a regresar apresuradamente al abrigo gótico de Santa Marina. No era el relumbrón de las tardes grandes, es verdad, pero dos tíos de Gerena  metieron tres cuartos de plaza -con lleno absoluto en los tendidos de Sol- y afrontaron la papeleta con solvencia y desparpajo desde sus propias capacidades: siempre entregado y fluido Escribano, inasequible al desánimo en todos los toros, en todos los tercios; hábil y dispuesto Luque, que se reveló como gran lidiador y volvió a enseñar las excelencias de su capote aunque abusara de los alambres de la técnica en algún momento crucial.

El caso es que la corrida inaugural de la temporada sevillana se había convertido en una puesta a prueba de los nuevos planteamientos de la empresa Pagés, obligada a recomponer el guión habitual de una feria que tenía a sus actores naturales actuando en un escenario lejano en el que -tal y como se fue sabiendo puntualmente- tampoco  pasó nada relevante. En esa tesitura, Escribano y Luque tuvieron que sentirse confortados al realizar el paseíllo en medio de una plaza con esa excelente entrada que invitaba a realizar algunas reflexiones. Sólo faltaba el factor toro: la poderosa estela del gran encierro lidiado por los hermanos Miura el pasado año seguía pesando en los planteamientos previos a la tarde pero, entre unas cosas y otras, el espectáculo acabó decepcionando.

Ese primer elemento adverso fue la climatología: el día se había torcido desde su inicio en la madrugada de la Pascua aunque el Sol quiso asomarse a la hora fijada para el comienzo de una corrida que volvió a verse mediatizada -con corte de tráfico incluido- en sus minutos previos por esas manifestaciones antitaurinas que ya han sido prohibidas en la desacomplejada Francia siempre que se convoquen en coincidencia con la celebración de las propias corridas. El día que pase algo será el momento de las lamentaciones y la búsqueda de responsabilidades. Ya saben, esas cosas del buen rollito. Antitaurinos aparte, la lluvia volvió a hacerse presente en la segunda mitad del festejo y ya no dejó de acompañarnos en la lidia de los tres toros que restaban para culminar el complejo empeño.

Posiblemente, el mayor peso del cartel recaía sobre Manuel Escribano, devuelto a la vida taurina a lomos de aquella sustitución abrileña y del gran encierro miureño que arrasó con todos los premios puestos en lid el pasado año. Aquella tarde gloriosa, Escribano sustituía entonces a uno de los ausentes rebelados y este año volvía a Sevilla reconvertido en una de las bases de su programación.  El valeroso matador de Gerena mostró su disposición marchándose a a porta gayola en sus tres toros. Al primero, cambiándolo por alto después de venírsele al relance de un burladero. Embistió después como un gato rabioso a su capote pero Manuel se mostró solvente, fresco, templado y seguro en todo lo que hizo; luciéndose en banderillas, especialmente en un segundo par en el que dio todas las ventajas al toro. Pero era fiesta en Gerena y su picador Quinta ya se había lucido en una excelente vara que hizo sangrar mucho a ese animal, que dejó torear a cuentagotas por el lado derecho y no quiso ninguna col por el izquierdo. Escribano lo dió todo y estuvo a punto de ser arrollado en el angustioso péndulo que le sirvió para iniciar una faena de muleta presidida por la suavidad y los toques precisos. El trasteo terminó muy metido en los pitones y se resolvió con media estocada que no impidió que sonara un aviso.

Pero Escribano aún nos daría un susto mucho más gordo al recibir al tercero de la tarde, que volvió a distraerse por completo a la salida del portón de los chiqueros. El matador se coloca muy abierto, casi en los medios, y deja demasiado espacio a los toros para orientarse después de distraerse con todo lo que tiene a mano.  Le pasó por encima, le derribó y le alcanzó en el suelo propinándole una severa paliza de la que salió con algún siete en la ropa y más de una magulladura. Pero el torero no se arredró y le encajó media docena de lapas que volvieron a templar el ambiente. Con los palos en la mano se asomó al balcón de verdad en el segundo viaje y cuajó el par de la Calafia al tercero. Mientras tomaba la espada y la muleta, un extraño y estrafalario espontáneo saltó al ruedo y se fue derechito al miura. En el tendido se decía que era uno de los antitaurinos pero, fuera cual fuese su media filiación, fue reducido sin contemplaciones por las cuadrillas, Escribano pudo brindar por fin su faena a un aplaudido Padilla que ocupaba un burladero del callejón. Con la muleta en la mano tuvo que pechar con las malas intenciones de ese tercero que había despertado algunas ilusiones en la brega. Áspero y corto de viajes, su matador lo pasó sin violencia; con nuevos toques suaves y precisos aunque naufragó con la espada. Aún le quedaba el quinto para amarrar un triunfo que no pudo llegar. Inasequible a cualquier desaliento, volvió a plantarse en ese terreno de los medios para recibir al toro de rodillas. Y de nuevo lo dio todo: con el capote; banderilleando en los medios y pegado a las tablas; luchando con las descompuestas embestidas, los viajes cortos y el cuello largo al que esta vez sí despenó de una estocada sin puntilla. Su papel sigue intacto.

Pero el momento artísticamente más intenso de la tarde se vivió durante la lidia del sardo que hizo segundo, al que Luque lidió con recursos e imaginación en los dos primeros tercios. Antes había brillado con el capote pero Escribano picó a su paisano en un quite por una especie de faroles que el propio Luque replicó con dos grandes verónicas y una ceñida larga cordobesa que arrancaron los oles más roncos de la tarde. Parecía una premonición de lo que podía ser y no fue aunque la cuadrilla de Luque también mostró un gran nivel en ese astado, al que el segundo espada de Gerena toreó con algún exceso de recursos técnicos sin animarse a apostar por completo el franco y boyante comportamiento inicial que acabó diluyéndose a la vez que el miura, que tuvo algunas arrancadas largas, se rajaba a mitad de faena.

Poco más hay que contar. La lluvia arreció cuando Daniel Luque toreaba al deslucidísimo quinto aunque supo vender mucho mejor su labor ante el sexto, al que banderilleó con excelencia el gran Curro Robles. Luque lo pasó sobre las piernas con sabor decimonónico y empleando una peculiar esgrima de muleta que le dio resultados. Con la espada, como toda la tarde, anduvo  fulminante. Era su primera corrida de Miura. Aprobó con suficiencia.

08
Abr/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Del plantón del Juli y las tribulaciones de Córdoba

 El tiempo no ha pasado por El Cordobés, que acabó con el cuadro y le pegó un severo repaso a sus jóvenes compañeros en el festival organizado por la Asociación de la Lucha contra el Cáncer de Córdoba. El ciclón de Palma del Río cuajó una deslumbrante y magistral actuación que justificó su condición de mandón del toreo. Los propios toreros le sacaron del coso cordobés en volandas y fue Finito el encargado de traspasar la Puerta de los Califas llevándolo a hombros. Seguramente firmó su última actuación pública y fue para la historia...

El tiempo no ha pasado por El Cordobés, que acabó con el cuadro y le pegó un severo repaso a sus jóvenes compañeros en el festival organizado por la Asociación de la Lucha contra el Cáncer de Córdoba. El ciclón de Palma del Río cuajó una deslumbrante y magistral actuación que justificó su condición de mandón del toreo. Los propios toreros le sacaron del coso cordobés en volandas y fue Finito el encargado de traspasar la Puerta de los Califas llevándolo a hombros. Seguramente firmó su última actuación pública y fue para la historia…

De ausencias y presencias… Fue la comidilla de la semana pasada y sólo sirvió para enturbiar aún más unas aguas que tardarán mucho en bajar claras, si es  que bajan algún día. La película es sabida: El Juli y Morante dejaron plantados a los médicos de la plaza en una fecha escogida para mayor comodidad del madrileño, que esa misma tarde tenía que recoger el diploma de triunfador de la Feria de Abril de 2013 que concede la Real Maestranza. Pero el día se torció desde la mañana. Julián se refugió en su reciente paternidad para no estar en Sevilla y Morante, simple y llanamente, pasó por completo del asunto. La bola echaba a rodar… la excusa de El Juli se habría dado por buena en cualquier otra circunstancia pero el aire viciado que estamos respirando habría necesitado de ese esfuerzo del torero, que sólo ha conseguido enrarecer más el ambiente. De la misma forma, su presencia en el acto del equipo quirúrgico de la plaza habría terminado de espantar los últimos fantasmas de la complicada recuperación de esa gravísima cornada sufrida en el albero sevillano que culminó con una tercera operación en la lejana Zaragoza.  Las razones de los toreros alzados y el famoso “respeto” quedaron aparcados. La última empatía que querían buscar en el aficionado hispalense se ha volatilizado sin remedio. El propio torero ha declarado que difícilmente volverá a torear en Sevilla. Así está el plan. Y que plan…

En Los Califas se ha tocado fondo. Algo se venía barruntando pero el pasado viernes de acabó  consumando el drama irremediable: a día de hoy, no tenemos claro si la plaza de toros de Córdoba cuenta con un empresario que organice los festejos de su feria de mayo. La empresa que regía el inmenso coso de Ciudad Jardín -que detentaba la gerencia desde el pasado año- fue desautorizada por la sociedad propietaria que preside Tomás González de Canales. El titular de la empresa, un tal Ricardo Ramírez del que se cuentan demasiadas cosas, ya no estaba pero tampoco se le esperaba. La secuencia de los hechos fue trepidante. Primero fue Finito el que convocaba a los medios en un moderno hotel cordobés para  explicar sus propias razones. Algunos días había trascendido que el veterano diestro -que anda en trance de reverdecer laureles- se iba a quedar por primera vez fuera de la Feria de la Salud desde 1989. También se hablaba de la ausencia de Morante y de unas combinaciones de toreros más cercanas al agosto madrileño que a la programación de una pequeña feria del segundo circuito por más que se quiera reivindicar esa primera categoría que sólo sirve para echar lastre. El asunto era de pasta. Dicen que Finito terminó de liquidar los honorarios del pasado año el mismo viernes a las tres de la tarde. La empresa, que ahora está en manos de un taurino de trastienda, aireó unas cifras astronómicas para justificar la ausencia del Fino. A esas alturas ya era lo de menos. La propiedad abortaba la presentación de los carteles de la feria y se abría la caja de los truenos mientras los cordobeses, como es habitual, sólo acertaban a encogerse de hombros. Se había tocado fondo y se había constatado que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

Cuestión de cantidades. El venezolano había llegado a Córdoba amparado por los hermanos Tejero. Sustituía a los Chopera, que pidieron árnica -sin obtenerla- para seguir al frente de una plaza que sólo puede soportar un escaso, escasísimo número de festejos después de una larga política de tierra quemada que arrancó a la vez que se marchaban los últimos empresarios solventes que tuvo el coso -hablamos de los Martín Gálvez- antes del efímero y frustrado desembarco de Óscar y Pablo Martínez Labiano. El único aval para considerar la extraña entrada de Ramírez era la presencia de Antonio y José María Tejero. Pero esa alianza ya estaba rota antes de que doblara el último toro de la feria del pasado año. A partir de ahí empezaron a surgir demasiadas dudas y el guiso podrido que denunciaba el antiguo socio de Ramírez empezó a apestar cuando se anunciaron los precios de esta temporada, que subían hasta un 200% el importe de algunas localidades. Se rompía así una esperanzadora política de rebajas que aplacó el escepticismo inicial de los más sensatos. Pero tenían razón. Aquel primer esfuerzo -remachado por el gran triunfo de Morante- se difuminó a la vez que los Tejero soltaban las últimas amarras con el titular de Ramguertauro, que así se llama el invento. Preguntar ahora es lo fácil pero no hay más remedio. ¿Qué pintaba este señor en Córdoba? ¿Quién fue su definitivo valedor para tomar las riendas de un coso en caida libre que ya ha tocado tierra? ¿Qué culpa tienen ciertos actores cercanos a la propiedad? Pero vamos a terminar quitando la hiel y probando la miel. Nos quitamos el sombrero ante el viejo Cordobés, que se echó a la espalda el renqueante festival del Cáncer. El Ciclón de Palma acabó con el cuadro con  casi ochenta palos y en la misma plaza que él mismo inauguró hace 50 temporadas. Benítez enseñó que es de otra galaxia y que además de ser el más grande es un maestro consumado; un verdadero Califa.

01
Abr/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Un mes de tregua

bandera blanca

Del mano a mano de Málaga. La semana pasada hablábamos del anuncio definitivo de la corrida del Domingo de Resurrección malagueño después de esperar infructuosamente la reencarnación de José Tomás. Morante y El Juli cambiarán de plaza y darán una nueva vuelta a la tuerca que aprieta el conflicto con la empresa Pagés. El festejo se anunció sin ganadería conocida pero pronto se supo que los dos lidiadores acudirían a la Malagueta con sus toros escogidos bajo el brazo, que responden al catálogo habitual en este tipo de citas de altos vuelos. No habrá sorteo y a priori eso no es malo ni bueno pero sí resulta feo; tampoco es garantía absoluta de comportamiento o presentación -tampoco de lo contrario- pero sí supone un borrón estético y ganas de dar tres cuartos al pregonero; de recortar algunos grados de la tensión previa y el sentido de la competitividad que deben rodear este tipo de acontecimientos. Por cierto, el madrileño y el sevillano tienen que recoger hoy mismo –si acuden, claro- los premios de los médicos sevillanos en Río Grande. Por la tarde será sólo El Juli el que tendría que cruzar el ruedo maestrante -la última vez lo abandonó gravísimamente herido- para recibir el diploma que le acredita como triunfador de la última Feria de Abril. Los dos maestros han jurado no volver a pisarlo vestidos de luces bajo la contratación de los Pagés. En esa tesitura, el morbillo de ambas citas está servido. Largo me lo fiáis…

Tomás: tampoco estará en Bilbao. Otro de los temas que  abordamos en el último Observatorio fue el escapismo de José Tomás, que parece decidido a jugar al despiste en esa política de (in)comunicación que le deparó tantos y tan buenos resultados no hace tanto. Pero el aire parece empeñado en dar la vuelta. Ya advertimos hace siete días que la paciencia de los más fieles se estaba agotando. Parece que no nos equivocamos. Sin solución de continuidad se supo que el Divino había dado calabazas a Javier Aresti, presidente de la junta administrativa de la plaza de Vista Alegre de Bilbao. El compromiso verbal adquirido con el coso bilbaíno se había aplazado el pasado año por culpa de la lesión semanasantera que le impidió torear en España. Se trataba de actuar en la corrida del  aniversario de la ciudad, un festejo alejado de los rigores de la rocosa Aste Nagusia que parecía diseñado para mayor gloria y exaltación del madrileño. Finalmente no será así. Pero toca recapitular: la zarrapastrosa aparición en los premios de Valencia fue la guinda de una nefasta y nueva política de relaciones públicas que comenzó a torcerse a raíz del reforzamiento de Andrés Román -hermano del torero- en el equipo de apoderamiento. La publicación de los honorarios que se barajaron para su frustrada vuelta a Aguascalientes -y el enfado posterior de las huestes del galapagarino- fue el comienzo del fin de la incondicionalidad que gozaba el matador, que parece emperrado en jugar a un escondite que ya no divierte a sus deudos. Mientras tanto, seguimos sin saber si toreará en España. Al personal cada vez le importa menos, por cierto.

Intermedio de las grandes ferias. La feria de Castellón, un ciclo de nueva empresa, formato y orientación, ha marcado el inicio de una larga tregua que tampoco se resolverá por completo en la feria de Sevilla, retrasada al máximo a un calendario que marcará el final del ciclo en mitad demayo. No hay que abundar demasiado sobre el tema pero sí hay que recordar que la ausencia de las grandes figuras también aplazará hasta la larga isidrada -que parece que ha caido de pie- el duelo definitivo que repartirá los talentos de la gran temporada. A pesar de todo ya se pueden marcar estrategias y calibrar las distintas posiciones de las primeras banderas de esta peculiar contienda que vuelve a replegarse a sus cuarteles en espera de la toma de Madrid, ese castillo famoso. Olivenza, pero sobre todo Valencia han enseñado la primacía absoluta de un Juli que vence y de un Morante que convence, especialmente en las bambas del que podría ser el mejor capote de la historia. Sobre ellos gravita la máxima tensión de una campaña en la que Manzanares -con puertas grandes lucradas en Valencia y Castellón- sigue puntuando sin fallar en el marcador aunque navegue aún por debajo de sí mismo y de su mejor concepto. ¿Hay vida más allá de ellos? Seguro que sí aunque Perera -sin suerte en Valencia y rotundo en Olivenza- tendrá que esperar aún para confimar su auténtico estado de sitio en este año de guerras no tan frías. De la misma forma, dicen que el ecléctico e imprevisible Talavante toca este año con partituras nuevas gracias a la reconversión artística que ha obrado Curro Vázquez, su nuevo mentor. Los vericuetos de la política taurina -y el verdadero tirón del extremeño- no le han dejado asomarse aún al primer circuito por lo que la reválida de Madrid se antoja el refrendo definitivo de su rango de primer actor. Mientras tanto, tenemos que seguir lamentando la salida del tablero de Enrique Ponce, única figura indiscutible con paseíllo pendiente en Sevilla que ha sufrido los rigores del toro cuando más se le necesitaba.  Detrás hay una larga nómina de toreros que está obligada a batirse el cobre.