Monthly Archives: Febrero 2014

25
Feb/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Seguimos hablando de Sevilla

cARTEL MAESTRANZA

De ausencias y presencias. Las habituales filtraciones han puesto en pie -salvo cambios radicales de última hora- la estructura de una feria que se parece poco, muy poco, a su propio espejo. La égira de Morante, El Juli, Manzanares, Perera y Talavante ya ha sido analizada hasta la saciedad y otorgará un inesperado protagonismo a otros diestros que, en otras circunstancias, habrían sido tratados de otra manera. El caso más paradigmático es el del mexicano Joselito Adame. El pasado año sorprendió su ausencia en los carteles después de haber firmado una de las actuaciones más valiosas de 2012 dentro de una feria marcada por la apoteosis de Manzanares. De cero pasará a tres. Cuatro tardes podrían sumar  El Cid y Escribano, que se convierte en uno de los hilos conductores de un abono que él mismo inaugura mano a mano con Daniel Luque -la mano de Simón Casas es evidente- en un atípico Domingo de Resurrección que verá saltar a los toros de Miura. También parece asegurada la vuelta de Esaú Fernández,  que el pasado año desestimó el plato único de cuadris y aún sigue en el aire el retorno de Oliva Soto, aunque su nombre podría caer de pie en la recuperada corrida del Corpus. Mientras tanto, el abonado sigue esperando un cariñito en la cartera para retratarse. Ya veremos…

Un clima más que enrarecido. La perspectiva de los años, que ya van siendo algunos, no permite encontrar un panorama tan viciado como el que está viviendo el peculiar planeta de los toros al calor del acoso abolicionista, la crisis del campo bravo o el derrumbre provocado por la extinción de la burbuja taurino-inmobiliaria. Pero este aire contaminado se ha saturado en torno al cisma de Sevilla, última chispa que ha incendiado la guerra fría que ya enfrentaba a las primeras figuras del toreo y los pesos pesados de la patronal taurina en disputa por el cetro del toreo. Esos frentes abiertos han causado una novedosa polarización de la que ni siquiera se libra la prensa taurina. Siempre hubo dos frentes: los que no se enteraban de nada y los que sí; los que trincaban y los que no; después llegó el rollo del torismo, el pro y el antitomasismo… pero ahora se ha creado una peligrosa raya, un conmigo o contra mí que amenaza  con convertir esta parcela peculiar en un reñidero de gallos que ya es muy activo en las redes. Se puede reconocer y cantar la valía de un torero -las figuras son la base indiscutible junto al toro bravo- sin apoyar numantinamente sus decisiones. También se puede hablar de los errores -algunos garrafales- y los aciertos -que también los hay- de una empresa sin ponerle agujas de vudú a las fotos de sus gerentes. El caso es que la atmósfera enrarecida que impregna todos los estratos de este planeta singular impide remar en la misma dirección en un complejo momento que demanda una altura de miras común en las dos columnas del tinglado: los que se ponen delante y los que organizan el espectáculo. La tercera, el ganadero, bastante tiene con cuadrar las cuentas. Los demás sólo podemos contarlo.

Algunos datos interesantes… Uno de los escollos que habría ralentizado la organización del cartel -o carteles- que saludarán la Pascua Florida en la plaza de la Malagueta habría sido la cortés negativa de Enrique Ponce y José María Manzanares a anunciarse el Domingo de Resurrección. En espera de la aplazada aquiescencia de José Tomás -quien espera, desespera- se había hablado con cierta insistencia que el valenciano y el alicantino figuraban en los planes de Pepe Cutiño, que empieza a tener el reloj a contrapelo para trazar la corrida o corridas que abrocharán la exuberante Semana Santa malagueña. Pero ambos toreros ya han explicado a todo el que quiera oirlo que no se anunciarán en ninguna plaza en esa fecha. ¿Se trata de un tímido guiño a Canorea y Valencia? Podría ser. A Ponce se le ofreció la feria de Sevilla en bandeja pero -sabiendo los riesgos que afrontaba- declinó  romper plaza en Pascua. En su renuncia a la Malagueta se podría destilar una manita de árnica para la empresa sevillana: algo así como “no toreo contigo pero tampoco me anuncio en ningún sitio”. Sería un caso parecido al de Manzanares, que habría enarbolado una pequeña bandera blanca -sumada al tibio comunicado en el que reconocía haber recibido un trato “correcto” de los Pagés- para entreabrir una puerta a un futuro inmediato que sólo puede pasar por una llamada a la paz. Y hablando de paz, no es habitual que un político recoja velas y reconozca pasos mal dados. En ese punto habría que felicitar a Millán Alegre, concejal delegado de la plaza del Puerto de Santa María, por haber sabido echar el freno a tiempo para reconducir la adjudicación del coso después de la polvareda levantada por la letra pequeña del pliego de condiciones. “Reconocemos que nos hemos equivocado con la redacción del pliego”, ha soltado el edil portuense haciendo un llamamiento a las empresas para buscar una solución -que ya no puede tardar- para la Plaza Real. ¿Seguirá Simón Casas -que ya ha sumado Zaragoza- con el punto de mira en las orillas del Guadalete? Pronto lo sabremos. Y todos tan amigos, como siempre fue…

18
Feb/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Las cosas de palacio van despacio

reloj-de-arena

Una temporada a las puertas. La presentación de la notable feria de Fallas es el definitivo pistoletazo de salida de la gran temporada. En Valencia sí estarán la mayor parte de los alzados en Sevilla aunque hay uno, Talavante, que no supo medir sus verdaderas fuerzas al exigir doblete en una feria en la que sí repite Ponce en el 25 aniversario de su alternativa. También dobla el autentico G…3: Morante, El Juli y Manzanares. Y el hueco dejado por el extremeño en la corrida de Zalduendo la ha convertido en un extraño mano a mano sin demasiados argumentos entre Perera y Castella. Dicen que el emergente charro Juan del Álamo habría ambicionado colarse en ese cartel después de rechazar los fuenteimbros aunque en este punto sí habría que dar la razón a Casas: se ha quedado fuera de la feria porque ha querido. El viejo Camará lo repetía a sus toreros: aprende a ser yunque para cuando seas martillo. Pues eso. Y ya que hablamos de don Simón, va camino de convertirse en el nuevo dueño del cotarro. A las numerosas plazas que ya controla -solo o en compañía- hay que sumar sus próximos asaltos a cosos como Alicante o Zaragoza. No pudo ser en El Puerto aunque tampoco ha logrado que José Tomás -se rompieron los sueños- se reencarnara en el fuego de las Fallas. A día de hoy nada se sabe de los planes de este peculiar Pimpinela Escarlata del toreo -¿estará en el cielo, estará en el infierno?- que empieza a tener el reloj en contra para decidir su venida en carne mortal en la pascua malagueña.

La Feria avanza con lentitud. La elección de Manuel Escribano y Daniel Luque para estoquear -mano a mano- la corrida de Miura en la tarde del Domingo de Resurrección ha revolucionado algunos planteamientos que hasta ahora se consideraban inamovibles en la gestación de la Feria (de mayo). El nombre de Escribano ha caído de pie y ha sido aceptado con agrado entre los aficionados. Y aunque el desplazamiento de los toros de Zahariche desde el cierre a la apertura del ciclo ha causado la urticaria habitual en el personal más inmovilista -era un efecto colateral asumido- se trata de una medida necesaria para mantener la mínima tensión de un festejo que no podía contar con sus actores naturales. La inclusión de Luque es otro cantar, para qué vamos a engañarnos, aunque ambos comparten cierta rivalidad que se acrecienta por ser vecinos del mismo pueblo. Poco más.

Que por mayo, era por mayo… Es lo poco que se puede avanzar de una feria que se barruntaba de rápida gestación pero algunos planes están dando la vuelta. Se había especulado que El Cid anhelaba estoquear en solitario la corrida de Victorino Martín en la yema del abono y los tiros iban por otro lado: el empeño se había reservado para la plaza de Las Ventas apostando por una fecha emblemática, la corrida de Beneficencia. A las reticencias iniciales del ganadero -que acabó dando su aquiescencia- se sumó el gesto torcido de la Comunidad de Madrid que ha fustrado el gesto del diestro de Salteras. Este revés podría volver a poner el punto de mira en el ciclo sevillano para escenificar la apuesta aunque, a estas alturas, ya no parece muy posible. Los acontecimientos habrían convertido a los victorinos en un plato apetecido por otros toreros. Es el caso de Iván Fandiño, una de las monedas más revalorizadas que manejará la empresa después de la desbandada de la crema del escalafón. Y llegados a este punto hay que hacer un alto para recapacitar y reflexionar: todos y cada uno de los carteles avanzados hasta ahora -incluso los que ya se dan por hechos- pertenecen al terreno de la posibilidad y carecen de confirmación oficial hasta que la empresa los reparta entre los medios en el salón de los ídem. La imparable carrera de primicias nos lleva a dar por seguro lo que a veces sólo son ideas, puntos de vista o meras conversaciones por cerrar aunque ¿quién le pone el cascabel a ese gato? El propio Enrique Ponce ha desmontado algunos carteles y fechas en una recentísima entrevista. El valenciano ha explicado que se apunta al sábado de preferia -día 3 de mayo- en amor y compaña de Castella. De la misma forma, retrasa el doctorado de Javier Jiménez hasta el miércoles de farolillos -día 7 de mayo- colocando al Cid de testigo. En ese terreno resbaladizo se estaría moviendo la gestación de la alternativa de Lama de Góngora, que no se encontraría nada cómodo con la fecha -se ha estado hablando de San Miguel- y los condicionantes de un doctorado muy alejado de sus sueños, que caminaban por otro lado. Dicen que la llave para aceptar el mes de septiembre era la presencia de Enrique Ponce, que también ha dejado claro que sólo actuará las dos tardes primaverales. En esa tesitura, la alternativa del joven novillero del Arenal -que también necesita un fuerte zambombazo que refresque sus propios laureles- seguiría contando en los planes de la empresa Pagés que, indirectamente, tiene mucho que ver en la dirección y la promoción de la carrera del aspirante a matador de toros. En este punto podemos afirmar que la feria, hasta su puesta de largo, permanece abierta. Veremos en qué queda todo…

16
Feb/2014

LOS ÚLTIMOS RATONES (EN LA MUERTE DE EL BOLI)

(Publicado en la revista Más Pasión de El Correo de Andalucía en abril de 2010)

ratones

En la leyenda auténtica de la gente de abajo, en las madrugadas de coroneles de tinto espeso y recio tabaco negro, pantalones de franela gastada y la misma alpargata que servía para subir al andamio o bajar al muelle, Rafael Franco Luque ideó la forma de igualar a los costaleros de estatura más recortada para portar los palios. En la decisión, se buscaba cierto alivio para aquellas cuadrillas que se echaban a los hombros la Semana Santa entera a la vez que se encontraban menores dificultades para salvar dinteles y puertas. Eran unos hombres así de chiquititos que mecían los palios “arrastrando los papelones” de lo poco que se separaban los zancos del suelo, imprimiendo un estilo que al cabo de los años acabó creando escuela. Si Rafael Franco Luque, el padre, fue el fundador de los ratones, fue su hijo Rafael Franco Rojas el que verdaderamente popularizó y difundió su trabajo creando esa leyenda menuda que aún es ejemplo de buen hacer en el arte de llevar los pasos.

Pocos saben quién es Francisco Reyes Páez, pero muchos conocerán de sobra a El Boli, que labró su pequeña leyenda al lado de esos hombres bajitos a las órdenes de Rafael Franco Rojas. El Boli ya no baja al centro a ver cofradías pero enhebra sus recuerdos entre sus visitas trianeras a la Madre de Dios del Rosario, la patrona de los capataces y los costaleros, y su tertulia en el bar El Boliche, cerca del parque Amate. Sus recuerdos sirven para reconstruir el aguafuerte de otra época, de esos tiempos de corría entera, de cofradías desde Ramos a Pascua, y aquellas mudás fantasmales de adoquín mojado y aguardiente en el Punto para llevar o traer los pasos desde los almacenes de la Ronda.

“Yo estuve desde el 52 al 60 con Ariza y después me pasé a la cuadrilla de Rafael Franco”, recuerda El Boli. “Era algo más pesado, cambié de ir en la trasera a igualar en la delantera y me fui acostumbrando a aquella cuadrilla de hombres bajitos que sólo sacaba palios”. Si otros nombres míticos del terno negro reclutaban a su gente en el muelle o en las lonjas, Franco formaba su cuadrilla con los albañiles y peones de la construcción que tenía a su cargo. “Trabajábamos hasta el mediodía y después nos íbamos a sacar los pasos. A la mañana siguiente estaba otra vez en mi puesto de albañil. Trabajaba con la gente de la cuadrilla, estábamos en una sección de albañilería que precisamente mandaba Rafael Franco, que era nuestro capataz y perito albañil. Él reclutaba a sus hombres entre los hombres del andamio. Lunes, martes y miércoles bregábamos en el tajo hasta mediodía. A partir del Jueves Santo era más seguido y necesitábamos más tiempo”, rememora el viejo costalero, que siempre antepuso su afición a lo meramente económico. “Yo no preguntaba nunca ni lo que iba a ganar ni lo que teníamos que sacar. Había afición y hoy me habría puesto el costal igual. Algunos compañeros me preguntaban: ¿Cuánto se gana aquí, Boli? Pero yo tenía amistad con Rafael Franco. La verdad es que no era de los que mejor pagaba pero tampoco era de los que más dinero le llevaban a las hermandades. Otros capataces como Ariza o Alfonso tenían un caché más alto pero es que ellos vivían de eso. Casi todos trabajaban en el muelle. Alfonso Borrero era del muelle; Bejarano era del muelle; Salvador, el Gordo Penitente, se encargaba de conducir carros para la fábrica de tabacos. Casi todos estaban vinculados con trabajos más bastos. Rafalito era más técnico, quería mucho a los ratones que era una cuadrilla que en realidad creó su padre”, recuerda El Boli. Y efectivamente el primer forjador de la cuadrilla, Rafael Franco padre, recibió el mejor homenaje de sus hombres cuando le llevaban a enterrar: “Cuando el padre de Rafael murió y la caja llegó a la Macarena camino del cementerio -que era entonces donde se paraba para meter el ataud en el coche para ir más ligero-, los costaleros, que iban callados detrás mientras los señoritos llevaban la caja, pidieron tomarla ellos hasta el cementerio. Nos dijeron que convenía correr para evitar que cerraran el camposanto. Pero los costaleros contestamos que si cerraban el cementerio estaríamos dando vueltas hasta que volvieran a abrirlo. Rafael Franco era de lo mejorcito que había”, sentencia el Boli mientras paladea un tintito en El Boliche recordando aquellos compañeros de otro tiempo. Hoy apenas tiene trato con los ratones supervivientes aunque entre risas señala que “Burgos nos liquidó a todos en un artículo, pero de vez en cuando me encuentro con Enrique Silva, que trabajaba en el mercado”.

Aquellos eran otros tiempos, otros pasos y otra consideración social. Andar metido debajo de los palos desde el Domingo de Ramos hasta el Sábado Santo exigía un esfuerzo especial. “Cuando empecé con Rafael Franco sacaba el palio de San Roque el Domingo de Ramos. El de la Vera Cruz , el Lunes Santo. El martes, la Candelaria y el Miércoles Santo íbamos a la Siete Palabras. El Jueves Santo cambiábamos algunos años porque normalmente Rafael contrataba dos cofradías por día, y para eso igualaba dos cuadrillas. A una la llamaban de las ratas y a la otra de los ratones. En las ratas yo igualaba en la última y en los ratones igualaba en la primera. Éramos comodines y cuando hacía falta nos mandaban de un paso a otro que estuviera pasando apuros”. Y es que más allá del divismo de voces y llamadas de hoy en día, lo que se trataba era de mandar a los hombres, de liderar esas cuadrillas: “Yo he llegado a presentarme en San Isidoro un Viernes Santo y al llegar ordenarnos Rafael: tú y tú irse para el Cachorro que viene dando dolores de cabeza. Él había contratado las dos cofradías y tenía gente para atenderlas. Lo de menos era llamar, el martillo. Para eso tenía a sus hijos, a su hermano, y a un capataz de la Puerta Osario”, recuerda el Boli.

En aquellos tiempos heroicos no se pensaba demasiado en la comodidad de los costaleros que entre sus leyendas negras tenían aquel paso forrado de tela metálica de arriba abajo con cantaritos colgando del canasto para que los costaleros pudieran saciar su sed sin abandonar las trabajaderas. Los antiguos pasos cargaban de arrobas la cerviz de los profesionales. Preocupado por las condiciones de trabajo de su gente, la figura de Rafael Franco volvió a ser fundamental en la introducción de ciertas mejoras que redundaron en un trabajo mejor hecho. Tal y como recuerda El Boli, “en aquella época no escatimaban madera para hacer los pasos. Tenían doble zambrana y aquellas trabajaderas, los faldones… los de las Penas de San Vicente pesaban una barbaridad. Rafael fue el responsable de la modificación de muchos pasos para mejorar el trabajo de los hombres. Cada vez que cogía una cofradía decía: esta zambrana hay que que hacerla así o asá; esto hay que cambiarlo… Las candelerías de los palios pesaban mucho, a partir de aquel momento se fueron haciendo pensando más en el costalero”.

Pero con o sin esas reformas, no eran tiempos para demasiadas florituras y el tema de los relevos, de las cuadrillas dobladas de hoy en día era aún una quimera demasiado lejana: “Entonces no había relevos, te lo tomabas tú por tu cuenta. Cuando estabas harto le decías al de al lado: quillo, voy a pegarme un latigazo”. Pero más allá de ciertos estereotipos forjados por la literatura social de aquellos años, de novelas como El Capirote de Alfonso Grosso o de las postrimerías de una manera de entender las cofradías que se revolucionaría en los años 70, muchos de aquellos hombres tenían el sano orgullo de ser y llamarse costaleros de Sevilla. El propio Boli lo corrobora al señalar que “a nosotros no nos molestaba que nos llamaran profesionales. Ni mucho menos. Yo ayudé a algunos de las cuadrillas de hermanos. Estuve enseñando a la gente del Cristo de la Sed. El capataz, Juan Carlos Alba, era muy amigo mío. Les decía como tenían que hacerse la ropa y todo eso”, aclara el viejo costalero, que sí reconoce la necesidad que empujaba a muchos de aquellos hombres a meterse debajo de los pasos: “Entonces éramos pagados y la mayoría iban por el dinero. Tampoco se daba la cosa mal. En aquellos tiempos, al terminar la corría entera, te llevabas para casa 500 o 550 pesetas”. Un puñado de duros después de echar una semana entera bajo las duras trabajaderas de la época.

Desde la perspectiva que dan los años, contempla los tiempos de hoy, la del divismo de la gente de abajo que no casa con la sencillez de aquellos hombres humildes curtidos en todos las palos. “Cuando veo a esos costaleros vestidos de forma rara me parecen vanidosos. Nos vestíamos como podíamos y la ropa era la que había, con el saco que cada uno pudiera llevar. Eso sí, la ropa tenía una medida exacta. La ropa de costalero tenía un metro de ancha por un metro treinta o cuarenta. Un metro te daba el ancho de las tres vueltas que había que dar”. Cambian los tiempos, se mantiene viva la llama de aquellos hombres menudos que no tuvieron cantores.

Francisco Reyes Páez El Boli falleció el pasado 14 de febrero a los 84 años de edad

10
Feb/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Una pregonera con carácter y cosas de la Feria (de mayo)

FOTO: malakaespa.blogspot.com.es

FOTO: malakaespa.blogspot.com.es

De lideresa a pregonera. El rumor ha empezado a circular aunque aún no ha sido confirmado por la Real Maestranza de Caballería, encargada de organizar el pregón que saluda la Feria de Abril en su vertiente taurina desde las tablas del Lope de Vega. No será el primero que afronte Esperanza Aguirre, que siempre ha hecho gala de una desacomplejada y militante afición a los toros que tiene mucho que ver con sus reatas familiares. No en vano, es sobrina carnal del recordado ganadero y empresario Gabriel Aguirre, mantenedor de la fundamental vacada de Atanasio Fernández que extinguieron sus herederos. La ex presidenta de la Comunidad de Madrid ya se encargó el pasado año de pregonar la Feria de la Salud de Córdoba y fue escogida para hacer las veces con la feria de Málaga en 2011. Entre ambos actos, renunció a subirse al atril en la feria de Begoña de Gijón por motivos familiares aunque su nombre no ha dejado de sonar siempre cerca de este peculiar mundillo. La confirmación del nombre de Esperanza Aguirre por parte de la junta de gobierno de la Real Maestranza no debe tardar. Tampoco  la firma del autor del cartel que anuncie la temporada baratillera, un acto que este año de tantos platos rotos se está haciendo esperar más allá de lo que marcaba la costumbre de los últimos tiempos. Pronto lo sabremos.

Así podría ir la Feria (de mayo). Daremos por seguro el ajuste de Enrique Ponce en el abono sevillano: dos tardes en el ciclo primaveral -con toros de Victoriano del Río y Juan Pedro Domecq- y un probable tercer compromiso que aún debe andar en el aire para la Feria de San Miguel. Eso sí, el valenciano habría renunciado irrevocablemente a espantar los fantasmas del Domingo de Resurreción para escenificar su retorno a la plaza de la Maestranza en la tarde del sábado 3 de mayo. Se trataría de dar la alternativa al prometedor novillero de Espartinas Javier Jiménez, que ve colmado así su deseo de doctorarse en su tierra. Sebastián Castella sería el coleta con más papeletas para testificar esa ceremonia que no sería la única en el abono. En la famosa comida otoñal de la empresa y la prensa ya se dejó traslucir que Lama de Góngora -un hombre de la casa- tenía sitio fijo en los festejos septembrinos para convertirse en matador de toros, posiblemente de manos de El Cid. El de Salteras podría sumar hasta cuatro contratos en la temporada baratillera, incluyendo algún conejo que aún permanece guardado en la chistera. El primero de ellos sería el Domingo de Resurrección, aún no sabemos si en la cabeza de la terna o en medio de un cartel para el que han sonado los nombres de Padilla, Nazaré y con más fuerza el de Escribano, reaparecido en plena forma y con hambre de triunfo en la recentísima feria invernal de Valdemorillo. Eso sí, el diestro de Gerena será fijo en la corrida de Miura aunque aspira a un tercer contrato que podría concretarse en la semana de Farolillos. Dicen que Fandiño pedirá algún bocado duro y el resto de la tropa aguarda su turno en la calle Adriano soñando con un lugar bajo el Sol en una semana decisiva para cuajar la Feria. Por cierto, y puestos a aportar ideas: ¿por qué no un mano a mano entre Lama y Jiménez en la novillada dominical que precedera al ciclo continuado?  Sería una pizca de sal.

De Jesulín, Juli,  Twitter y El Soro. El rifirrafe se escenificó a través de la red que aglutina a todos los tertulianos de la mesa camilla virtual del toreo. Jesulín había cuestionado en un programa de Canal Plus la legitimidad de la rebelión de los toreros que se niegan a actuar en Sevilla en base a un pacto que el diestro de Ubrique puso en la picota. “Yo no lo habría firmado ni creo que sea el momento”, afirmó el torero preguntándose si los matadores alzados -Morante, Juli, Manzanares, Perera y Talavante- persiguen la defenestración de la empresa de Sevilla. “Creo que esos temas se resuelven individualmente” añadió Jesulín que aún remachó el clavo sentenciando la única certeza irrenunciable de este embrollo: “pierde la Fiesta y el aficionado”. La respuesta de El Juli no se hizo esperar. “Normal que no se entere”, sopló el maestro madrileño a través de Twitter, el mismo medio que usó el presentador del Plus, Marco Rocha, para invitarlo a participar en el programa 68 Pasos. Ignoramos en que punto se encuentran las relaciones del joven maestro y la cadena de pago, que fue uno de los condicionantes de la formación del extinto e inoperante G-10, primer conato de una rebelión torera que ha vuelto a reproducirse con la formación del llamado Club de los Cinco. En cualquier caso, las cámaras del Plus -ignoramos con qué comentaristas- sí estarán en Madrid para retransmitir el retorno del joven maestro. Y ya que hablamos de retornos: la vuelta de El Soro, veinte años después de su retiro obligado y de un calvario de 37 operaciones, no podrá escenificarse en la plaza de Valencia como era su deseo. Respetaremos las razones de todos aunque los riesgos de este retorno -el matador valenciano se apoya en un pierna biónica- no necesitan demasiados comentarios. Casas le ofrece ahora la Feria de Julio. En cualquier caso, mucha suerte. Le hará falta.

04
Feb/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Algunas cosas sobre Sevilla

MFortuny

Esos efectos colaterales. Hay algunos denominadores comunes en los comunicados de Perera y El Juli. Se alude al respeto, a la irregularidad de las liquidaciones… pero la pregunta del millón sigue siendo la misma: ¿hay algo más? Aún no lo sabemos y aunque el largo documento expedido por el joven maestro madrileño parecía abrir un resquicio a la paz -se interpretaba que volvería torear en Sevilla si cambiaban los condicionantes, no los empresarios- él mismo se encargo de despejar cualquier duda afirmando a través de Twitter que no actuaría en Sevilla bajo la contratación de los Pagés. Y así las cosas, todo permanece en punto muerto mientras Canorea y Valencia aguardan la decisión de Enrique Ponce -podría estar dos tardes en Farolillos renunciando a Resurrección y San Miguel- para cuadrar el primer esqueleto de una feria que, sobre el papel y en espera de sorpresas, tendrá demasiadas goteras. Pero El Juli aporta en su comunicado otras claves que podrían apuntar a la génesis del conflicto…

¿Qué recogía la primera misiva? El madrileño justifica su traída y llevada intervención en la ausencia de una respuesta de la Real Maestranza de Caballería, primer objetivo de este misterioso alzamiento. Ya lo hemos comentado algunas veces. La falta de conocimiento del medio -y posiblemente el concurso de algunos asesores que andan buscando su minuto de gloria- frustró esa estrategia. Era un golpe de mano que estaba perdido de antemano pero las dudas permanecen. ¿Se trataba de hacer tomar partido -ingenuamente- al cuerpo nobiliario? ¿La misteriosa carta enviada a la Casa proponía otras alternativas? Seguramente nunca lo sabremos pero esas hipótesis vuelven a sacar a la palestra ese nombre que planea sobre las monteras de la tropa revelada, un apellido azteca que refuerza su verosimilitud a la vez que se niega vehementemente por los fieles más numantinos. Fallaron asesores y consejeros y faltó una rueda de prensa conjunta para hablar del asunto y aceptar preguntas. Los jefes de las redacciones -ajenos a este trajín- comienzan a impacientarse con este goteo de misivas. Y no les falta razón. Además se habrían ahorrado tiempo e incomprensiones pero prefirieron arrojarse a la piscina  sin preguntar demasiado en busca de una comunión general que no se ha producido a pesar de la algarabía tuitera que ha acompañado este empeño estéril. Quizá puedan anotarse el tanto si pretendían causar un desgaste de la imagen de los Pagés -que están obligados a realizar algún gesto de conciliación- pero se ha generado un bucle melancólico que sigue enredándose en tierra de nadie. Sólo queda una certeza: la afición a la que se alaba y se invoca en los sucesivos comunicados es la gran perdedora de esta gresca que deja sin atractivo ni argumento la feria más importante del mundo en un momento delicado que pedía altura de miras y una llamada a la paz.

¿Cómo quedará la Feria de Abril? Consumada la rebelión del Club de los Cinco y dando por segura la ausencia de Tomás -con o sin las astronómicas cifras que se le podrían haber ofrecido- podemos suponer que los empresarios convertirán la próxima Feria de Abril en una especie de pasarela de oportunidades. Se habla, ignoramos con qué fundamento, de muchos nombres a una sola tarde en búsqueda de la revelación que hiciera olvidar otros galones. Podría ser la mejor manera de buscar esa sorpresa que -como en el caso Escribano- salvó el ciclo continuado del pasado año. Pero la égira de las primeras figuras habría comenzado a tener otros efectos. Se apunta que algún ganadero de postín habría querido distraer los toros reseñados por la empresa -eran corridas por  y para los ausentes- sustituyéndolos por otros sin variar los honorarios pactados. Lío habemus. También se comenta en los corrillos del Arenal que los empresarios estarían contemplando la recuperación de la corrida de toros del Corpus. Para ello se trasladaría el tercer festejo de San Miguel a ese jueves que reluce más que el Sol. Pero aún hay más: ¿tomará la alternativa Javier Jiménez tal y como demandan algunas asociaciones de aficionados? ¿Lograrán que Espartaco se prepare para ello? ¿Convencerán a Enrique Ponce para que acceda a doctorar a Lama de Góngora en los festejos septembrinos? También se dice que Iván Fandiño -ausente de Sevilla en 2013- anhelaría estoquear la corrida de Miura, que se habría convertido en un renovado objeto de deseo después del excelente espectáculo que propiciaron el pasado año. Por lo demás, basta echar una mirada al escalafón -descontando los cinco nombres que ya saben- para saber qué mimbres se manejan de cara a la confección de la feria. Es lo que hay. Aunque tampoco habría que descartar la presencia de veteranos con trienios y solera de artistas que podrían dar lustre a la cabecera de algunos carteles. Eso sí, la calidad de muchos de los encierros reseñados podría ser un regalo envenenado para esos modestos en trance de eterno lanzamiento que no logren aprovechar la oportunidad, que es de oro. Ahí es donde echaríamos en falta a las figuras. Lo son por algo.

02
Feb/2014

EL PLEITO DE SEVILLA: PRESENCIAS Y AUSENCIAS

Antonio en el foro romano

Los encuentros y desencuentros de las figuras del toreo con las empresas que han regido la plaza de la Maestranza no son nuevos

En 1925 no hubo acuerdo entre Ignacio Sánchez Mejías y el gerente de la época, un tal Salgueiros. El polifacético cuñado de Joselito quedó fuera de la Feria pero aseguró al empresario de la plaza de la Maestranza que no se quedaría sin pisar el albero del Baratillo y escucharía las palmas del público. Así se las gastaban entonces: la tarde del 21 de abril, con Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia en el Palco del Príncipe, un espontáneo elegantemente trajeado saltó al ruedo y pidió la venia al monarca, que concedió al instante. Vestido de paisano, Sánchez Mejías le sopló un histórico par de banderillas a un toro de Santacoloma y formó un alboroto. Fue su particular forma de arreglar un desencuentro que nos lleva de la mano -los tiempos y los condicionantes son bien distintos- hasta el año 2014 y ese pleito enquistado entre las cinco primeras figuras del toreo y la empresa Pagés.

Pero el veto de Ignacio no fue el primero. Es público y notorio que el califa cordobés Lagartijo, uno de los pilares indiscutibles de la historia del toreo, dejó de actuar en la plaza de la Maestranza -su última corrida fue en 1884- por el acoso de un grupo de aficionados sevillanos. Pasaron muchos años antes de que su paisano Manuel Rodríguez Sánchez, el grandioso Manolete, se quedara fuera de la Feria de Abril de 1943 a raíz de un veto orquestado por los grandes empresarios de la época. Eduardo Pagés -abuelo de Eduardo Canorea- acordó junto a Orduña, Balañá y Peris, fijar un tope salarial de 30.000 pesetas en los honorarios del monstruo cordobés. El pacto no tardaría en romperse aunque Pagés se mantuvo en sus trece doblegándose finalmente en 1944 para contratar a Manolete en Sevilla en una cifra muy superior.

Algo muy parecido ocurriría algunos años más tarde, bajo una nueva dictadura califal. Diodoro Canorea, junto a la plana mayor del empresariado taurino, peregrinó a la finca Villalobillos para pedir a Manuel Benítez El Cordobés que reconsiderara su decisión de dejar los ruedos. Había mediado otra conjura para rebajar sus altísimos honorarios, que volvieron a dispararse después de que los empresarios recogieran velas firmando aquel original pacto en la misma almohada que el genial Benítez aseguraba haber “consultado”. Pero esas dos alianzas empresariales ya habían tenido precedentes: el propio Joselito El Gallo abortó en el hotel Palace de Madrid la reunión de encopetados gestores taurinos que se había convocado para bajar los humos dinerarios a Gallito y a Belmonte. Entró en el sala por sorpresa diciendo: “Voy al Lhardy a tomar café; si veo alguno cuando vuelva no me contrato con él jamás”. La reunión se disolvió al instante aunque cabe preguntar qué fuerza tenían aquellos toreros y cual es la que detentan -uno por uno- los de hoy.

El estreno de Diodoro Canorea al frente de la gerencia de la empresa Pagés se había producido en 1959. Ése fue el comienzo -de paso- de una larga amistad personal y profesional con un torero que se había alternativado el mismo año en las Fallas de Valencia. Curro Romero, no es otro, debutó esa misma temporada como matador de toros en la Feria de Abril cortando dos orejas aunque el gran triunfador del ciclo fue Antonio Ordóñez que se llevó cuatro y acabó con el cuadro. Pero había comenzado un idilio. Un año después, en 1960, Canorea tuvo que sumar una tarde a los carteles previstos para que Curro entrara en la Feria. Ya no faltó hasta su retirada, que fue pareja a la desaparición del propio Diodoro y al salto a la palestra de su hijo Eduardo y su yerno Ramón Valencia.

Pero aquella década prodigiosa estaría marcada por la hegemonía cordobesista, que ya arañaba el famoso kilo de billetes que tanto mosqueaba a las empresas. Antonio Ordóñez tenía previsto reaparecer en 1965 picado por las cifras que manejaba el melenudo de Palma del Río pero la agenda del rondeño no andaba plagada de contratos. Cuenta José Antonio del Moral que el bueno de Diodoro Canorea se presentó en Valcargado -la finca de Ordóñez- una mañana de Navidad con una botella de Alfonso en la mano dispuesto a contratarlo en Sevilla. El maestro pidió el dinero del Cordobés y Diodoro no tardó en salir de allí sin contrato y con la misma botella que, sin descorchar, repetiría idéntico viaje al año siguiente. Esta vez fue Ordóñez el que castigó a Canorea, que ahora sí venía dispuesto a aflojar el kilo de marras animado por la temporada histórica que había protagonizado el coloso de Ronda. Ausente en 1965 y 1966, Antonio Ordóñez reapareció en la plaza de la Maestranza en 1967 y acabó con todo y con todos. Pero la memoria imprescindible de su hermano Alfonso rescata una anécdota que retrata el talento y la lealtad de aquellos personajes irrepetibles. Algunos años antes, en la plaza de Andújar, la taquilla presentaba un aspecto calamitoso. No se había vendido un papel pero Ordóñez pagó religiosamente a sus hombres de plata sin admitir ni un céntimo de Canorea -gestor del coso- que nunca consiguió que el rondeño accediera a liquidar sus honorarios.

Pasan los años. Toreros que están, toreros que no se ajustan; toreros que vuelven. Y en vísperas de 1992 se organiza un festejo especial -la corrida de la Expo- con tres de los matadores más relevantes del momento. Canorea acartela a Ortega Cano, César Rincón y Espartaco con un encierro de Torrealta pero una inoportuna cogida de Ortega colocó a Curro Romero como sustituto. El baile de corrales y el inicial rechazo del encierro reseñado fueron la excusa esgrimida por Rincón y Espartaco para caerse del cartel y forzar una suspensión que constituyó un escándalo mayúsculo. Pero no fue el único de esa década en la que, de alguna manera, se abonaron algunos de los desencuentros que llegaron después.

La Feria de Abril de 2000 la había organizado Diodoro Canorea pero no pudo verla. Pero aquel mismo año se produjo la caída sucesiva de los carteles previstos para la Feria de San Miguel de Curro Romero, Manzanares padre, Morante de la Puebla, Emilio Muñoz y Rivera Ordóñez. Morante y Romero, además, se excusaron con sendos partes facultativos que presentaron el mismo día del festejo. Lógicamente, se organizó la mundial. El resto está en la historia reciente: los dos artistas quisieron lavar la mancha actuando en un festival a beneficio de Andex. Los nuevos gestores de la plaza desestimaron el evento, que finalmente se celebró en La Algaba el 22 de octubre de 2000.

Aquella misma noche se supo que Romero dejaba los ruedos pero, en el mismo envite, se inauguraban las tortuosas relaciones de la renovada empresa Pagés y Morante de la Puebla que había firmado una exclusiva con Diodoro Canorea que ya era papel mojado. El diestro cigarrero quedó fuera de las ferias de 2002 y 2004 y tampoco estará en el abono de la inminente temporada 2014. Ya sabemos que no será el único. El Juli -ya se quedó fuera en 2006 y 2012 por distintas desavenencias- , Perera -ausente en 2009 y 2012 por otras tormentas-, José María Manzanares y Talavante -que no han faltado a la Maestranza desde sus respectivas alternativas- les acompañarán en este pulso que no tendrá ganador. Hay un sexto hombre que no pisa el dorado albero del monte Baratillo desde el año 2002. Pero ésa es otra historia…