Monthly Archives: Septiembre 2013

29
Sep/2013

3ª DE SAN MIGUEL: Como el sombrero de un picador

Los toros de Juan Pedro Domecq sentenciaron negativamente el festejo estrella del ciclo otoñal. La plaza se había llenado al reclamo de Morante de la Puebla y El Juli

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis astados de la casa Domecq Morenés abiertos en los hierros de Juan Pedro Domecq -los cuatro primeros, incluyendo el sobrero que hizo tercero- y Parladé, que se lidiaron en quinto y sexto lugar. Ofensivos y bien hechos, dieron un pésimo juego global por parados e inútiles para la lidia. Se dejaron algo más el tercero y el sexto.

Matadores: Morante de la Puebla, de malva y oro, silencio y silencio.

Julián López El Juli, de púrpura y oro, silencio y silencio.

Alejandro Talavante, de añil y oro, palmas tras leve petición y silencio.

Incidencias: La plaza se llenó por completo en tarde entoldada y de buena temperatura. Destacó el varilarguero Tulio Salguero picando al tercero.

A toro pasado es fácil tirar de demagogia taurina. La corrida de Juan Pedro Domecq fue un auténtico desastre, sí. Un disparatado petardo que echó por tierra la grandísima expectación que había llenado la plaza de la Maestranza, todos los restaurantes del Arenal y hasta había congregado ese retén de guardia formado por los pertinaces antitaurinos que no quieren saber nada de la libertad de los demás para disfrutar con un espectáculo que muy pronto será declarado Patrimonio Histórico Artístico de España. Con ese griterio consentido -diez contra docemil- comenzó un espectáculo que nunca fue tal.

Y el primer toro de Juan Pedro dio la medida del resto del encierro. Buenas hechuras; generosidad en las defensas y puntas afiladas. Pero nada más. Con ese material había tres consecuencias inmediatas: los de siempre se frotaban las manos para añadir estrofas a su mensaje apocalíptico y enredarse en su bucle melancólico; los verdaderos aficionados lamentaban no encontrar material idóneo para gozar con dos toreros -hablamos de Morante y El Juli- en la cima de sus respectivas carreras; y el gran público -el que más hay que cuidar- se aburría, sin más.

En medio de ese panorama poco más se puede contar. Morante se estiró a la verónica al recibir al primer toro de ese pésimo encierro arrancando la mayor parte de los pocos, poquísimos, oles que se oyeron en toda la tarde. Con esos cinco o seis lampreazos logró callar a la señora del megáfono. Y no hubo más. Ahí se acabó todo el contenido de un festejo que en ese momento entró en el sumidero a borbotones. El diestro de La Puebla escenificó con ese aninal un tercio de varas algo teatral que no pudo ocultar el cartón piedra del decorado que había detrás. Pero el toro de los Domecq Morenés iba a cantar en la lidia que andaba de media actividad. No tenía ni un solo pase y a Morante no le quedó más remedio que abreviar en espera de tiempos mejores. Pero el cuarto repitió idéntico comportamiento. A esas alturas del festejo el público que abarrotaba la plaza de la Real Maestranza andaba con la mosca detrás de la oreja, y con razón. ¿Qué quieren que les cuente? Ese bicho  llegó a la muleta a la defensiva, muerto en vida, sin pasar en la muleta de Morante para certificar la magnitud del desastre.

El segundo en discordia era el amo de esto. El Juli había compartido con Morante y Talavante la elegante ovación de bienvenida que le había tributado el público despuésde romperse el paseíllo. No hay que olvidar que el madrileño retornaba a la misma plaza en la que había sido gravemente herido después de alzarse como triunfador absoluto de la Feria de Abril en la apabullante demostración del Domingo de Resurrección. Nos quedamos con las ganas de verlo en sazón con esa corrida de Miura que permitió otras cumbres. Sabiéndose esperado, brindó con prisas el segundo de la tarde, al que había lanceado a pies juntos con cierto sabor. Tardo y soso, esperando a su matador con la cara alta, el toro tomaba la muleta al paso, enterándose del panorama. Sólo quedaba echarlo abajo y así lo hizo El Juli, de medio espadazo tendido. Cuando salió el quinto, ya había comenzado el proceso de canonización del santo público sevillano. El madrileño se volvió a mostrar templado y solvente con el percal pero al primer picotazo se paró el de Juan Pedro anunciando que tampoco estaba dispuesto a salirse de la media. Esperó en banderillas y puso en algún apuro a Santi Acevedo. Cuando El Juli tomó la muleta sabía que tenía delante otro plomo. Se puso y lo intentó pero aquello era ya el colmo del desproposito. Otra media a capón ponía fin al derribo.

El caso es que en medio de la deblacle hubo dos toros que medio se dejaron. Uno de ellos fue el sobrero que salió en tercer lugar que iba a tocar, claro está, al tercer espada del cartel. Para Alejandro Talavante fue ese reserva que medio se movió de aquí para allá permiténdole hilvanar una faena de trazo deslavazado, de escasa compostura y nula exposición después de recibirlo con más medias que enteras. Dentro del trasteo hubo alguna serie más ajustadita que otras y aunque le llegaron a tocar ¡Manolete! la faena sólo elevó verdaderamente el tono en dos derechazos y un trincherazo con sabor. Para algunos -que suerte tiene este tío- era sufiente para pedir una orejita de circunstancias que no se sostenía ni con el buen espadazo con el que finiquitó a su enemigo.

Pero como es habitual, las hadas andaban pendientes de este desconcertante matador extremeño que volvió a sortear otro animal que, por lo menos, no se paró. Lo recibió con un frito variado de delantales y chicuelinas pero el astado salió claudicando de los caballos. Viendo que el personal andaba por agradar le brindó su muerte desde los medios pero la faena no volvió a pasar de un fajo de pases en los que sobraron tirones y muñecazos. Aburridos toro, torero y público lo echó abajo como pudo. Ahí se acabó el desastre pero también concluyó este corto abono sevillano de los tiempos de la crisis. Los tres matadores de ayer aún matarán un novillo en Sevilla -posiblemente junto a El Cid, Manzanares y Lama de Góngora- a beneficio de una buena causa. Será el próximo 12 de octubre y el cartel oficial -que se ha hecho querer- se presentará hoy mismo. El pescado está más que vendido.

28
Sep/2013

2ª DE SAN MIGUEL: Perera se despide de soltero

El diestro extremeño voló muy alto y acarició la Puerta del Príncipe. El Cid mejoró el tono de otras tardes sin lograr apurar al mejor lote

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de la casa Matilla: cuatro estuvieron marcados con el hierro de Olga Jiménez y dos -segundo y quinto- con el de Hermanos García Jiménez. Desigualmente presentados, el mejor lote del envío estuvo conformado por los excelentes primero y cuarto. El segundo, con aire de enfermo no sirvió. Resultó duro y orientado el tercero; soso y deslucido el quinto y algo desigual el voluminoso sexto.

Matadores: Manuel Jesús El Cid, de pavo y oro, ovación y vuelta al ruedo tras leve petición.

Sebastián Castella, de topacio y oro, silencio en ambos.

Miguel Ángel Perera, de aguamarina y oro, oreja y gran ovación de despedida.

Incidencias: La plaza registró dos tercios de entrada en tarde agrablemente otoñal. Destacaron los banderilleros Juan Sierra, Joselito Gutiérrez y Javier Ambel y brilló José Chacón en el manejo del capote.

La espada separó a Perera de la gloria definitiva. Quién sabe, podría haber abierto esa puerta que se mira en el Guadalquivir que habría enmarcado la grandiosa temporada del diestro extremeño, uno de los nombres imprescindibles de esta extraña campaña en la que se han amortiguado los auténticos ecos del ruedo mientras seguimos llorando nuestra propia crisis. Tampoco importa. Y siendo claros, sólo su presencia apuntalaba un cartel que no había despertado entusiasmo en la taquilla. Pero los verdaderos aficionados sabían que el gran diestro de Puebla de Prior podía darle la vuelta a la tortilla, con o sin toros a favor.

Y así fue; a Perera le importó tres narices que el tercero de la tarde -hondo y armado- desarrollara sentido y peligro evidente. El ambiente ya se había caldeado con dos excelente pares de banderillas de Joselito Gutiérrez, que se la jugó de verdad en el segundo. Pero su matador iba a entregarse sin fisuras en una faena dicha y estudiada en dos fases sucesivas que tuvo dos virtudes: interesar y emocionar. El interés vino en un primer tramo en el que Miguel Ángel supo romper los vicios del toro de Matilla que desparramaba la vista y tenía vendido al torero en cada embroque, acostándose por el pitón derecho. La papeleta no era fácil y el público se apercibió definitivamente de su peligro cuando Perera se echó la muleta a la mano izquierda para mostrar quién era el amo del cotarro. Fue el preludio de esa fase de emociones en las que, definitivamente dueño de la escena, enterró los pies en la arena para enroscarse el toro en media docena de ochos angustiosos que hicieron rugir al público sevillano. Era la materialización de ese estado de gracia que ha llevado a Miguel Ángel Perera a ser el torero más triunfalmente regular de la temporada 2013. La espada entró a la primera y la oreja, de oro puro, le supo a gloria. Quedaba otro.

Cuando Perera se cruzó la playa del Baratillo para hincarse a portagayola se mascaba ese run run de los grandes acontecimientos. Por la puerta de chiqueros se asomó un tremendo torazo acucharado de pitones al que saludó con una airosa larga. De pie le sacudió un ramillete de verónicas de excelente corte, de temple limpio y viaje largo que abrochó con una media de seda. Había ganas de marcha y el matador se emplazó en los medios para brindar la muerte de un animal que no terminaba de definirse. Algo blando de manos, la faena fue cogiendo vuelo en tres o cuatro series de muletazos diestros de trazo limpio. Pero al tomar la muleta con la mano izquierda hubo un bajón argumental. Más corto de viajes, el toro obligó a Perera a echar toda la carne en el asador en una nueva tanda diestra tan intensa como bella, de muletazos tersos y pulseados, que volvió a poner a todos de pie. Se acariciaba otra oreja, posiblemente dos, y el gran torero no quiso quemar más pólvora. Había que amarrar el triunfo pero un pinchazo y un feo bajonazo ensuciaron su gran labor sin conseguir empañar el significado global de la sensacional tarde de una figura del toreo que ha visto inexplicablemente silenciada la excelencia de su gran temporada. El año que viene debe contar de otra manera. La de ayer fue la guinda a un año de alto nivel y su mejor despedida de soltero. En veinte días estará haciendo otro paseillo diferente. Felicidades.

Pero la corrida dio para mucho más y con sus altas y sus bajas mantuvo cierto interés. El encierro de los Matilla, abierto en los dos hierros familiares, brindó un lote de verdadera revolución que fue a parar a las manos más suertudas del toreo. Hablamos del Cid, que sin llegar a apurar todas las posibilidades que le ofrecían esos dos toros sí pudo ofrecer una imagen muy distinta de la vaga sombra que le acompaña desde hace un lustro. El torero de Salteras inició un largo viaje de vuelta después de subirse a la cima en aquella recordada encerrona bilbaína de 2008. El Cid firmó aquella tarde su propia antología personal con los toros de Victorino Martín. Desde entonces, como ayer, no había logrado acoplarse a un toro y enseñar su buen concepto en Sevilla. A Manuel se le vio feliz y hasta rozó el corte de algún trofeo en dos faenas intensas y algo forzadas en las que brilló el toreo a derechas. Fue excelente el primero, un animal de viajes rebosantes que se abría con una gotita -de las buenas- de puro manso. Gustó y se gustó El Cid y brilló en los remates aunque no logró pasar esa raya que habría cambiado las tornas. Tampoco lo consiguió con el cuarto, bien medido en el castigo por Espartaco, al que toreó en una trasteo de más a menos, tan entregado como forzado, hasta que el motor le dijo basta. Los adornos y remates volvieron a enseñar la felicidad de Manuel que sin conseguir redondear la faena consiguió reencontrarse con el toreo en una plaza en la que se le quiere.

El segundo en discordia era el francés Castella, que compareció en Sevilla luciendo una alborotada melena y escasa expectación en los aficionados. La verdad sea dicha, el francés también sorteó el peor lote del encierro aunque ha perdido por completo la facultad de despertar ilusiones. El segundo de la tarde no tenía mala condición y quería seguir los engaños pero se derrumbaba y protestaba en los embroques entre gruñidos y hondos ronquidos. ¿Estaba enfermo ell animal? Vaya usted a saber. Lo más destacable de su lidia lo firmaron Javier Ambel con los palos y José Chacón con su capote de seda. Castella se puso por allí con profesionalidad pero se acabó pasando de rosca. Algo parecido le pasó con el quinto, un precioso burraco de salida distraida que se acabó quedando sin picar. Ni por esas. Soso el toro y soso el torero. La faena no cogió vuelo en ningún momento y Sebastián multiplicó las series sin acople y sin sentido mientras la parroquia le pedía que abreviara. Estaban deseando ver a Perera. Dicen que la policía no es tonta.

27
Sep/2013

1ª DE SAN MIGUEL: Espeso mano a mano sin toros a favor y con el tiempo en contra

130927 Nazaré 2La entrega de Saúl Jiménez Fortes y Antonio Nazaré se estrelló con los toros de José Luis Pereda

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de José Luis Pereda, bien aunque desigualmente presentados y de mal juego en líneas generales. Duro y agresivo el sobrero que hizo primero, el segundo se desinfló pronto; de más a menos el tercero; reservón y peligroso el cuarto y muy deslucidos y apagados el quinto y el sexto.

Matadores: Antonio Nazaré, de verde manzana y oro, silencio en los tres que mató.

Jiménez Fortes, de azul noche y oro, silencio tras aviso, silencio y silencio.

Incidencias: La plaza registró media entrada en tarde entoldada y progresivamente lluviosa. Destacó el banderillero José María Soler y el picador Antonio Apresa.

El mano a mano se gafó desde el primer capotazo a pesar de la sincera declaración de intenciones de Antonio Nazaré, que abría este original vis a vis que mantenía su vigencia sin acusar su programación en el lejano mes de marzo. El diestro nazareno se había marchado a portagayola a recibir al toro que rompió plaza, un precioso castaño  inválido que acabó siendo devuelto después de rodar como una peonza. El matador de Dos Hermanas repitió el empeño en la puerta de chiqueros pero desde el primer capotazo el sobrero cantó su mala condición y sus aviesas intenciones. Antonio lo intentó y se puso en el sitio en una faena de dar y tomar, convertida en cuerpo a cuerpo, que afrontó sabiendo que el bicho se le venía al pecho en cada embroque. No podía ser aunque en ese momento aún quedaban dos más en los chiqueros.

El segundo de la tarde, sueltecito en los capotes, fue parado por Antonio Apresa en un sensacional puyazo. El toro nos engañó a todos pero fue un espejismo. Las arrancadas largas del comienzo de faena -citando en la larga distancia- no tuvieron continuidad en la yema de de un trasteo que parecía destinado a levantar una tarde que, en ese momento y con la lluvia desatada, comenzó a torcerse definitivamente. No llegó el acople y el animal, definitivamente desinflado, tampoco dio para más. Con el quinto, un bicho vioentito, un punto agresivo y que embistió al paso sólo quedó ponerse delante hasta convencer a la parroquia que allí no había nada que hacer.

La disposición y  el particular manejo de los terrenos que distingue a Saúl Jiménez Forte era otro de los atractivos indudables de la tarde. Pero el esfuerzo del diestro malagueño también se estrelló contra un lote sin definitivas posibilidades. Fortes buscó toro en todas partes y en los tres se cruzó la plaza en tres faroles a portagayola que fueron seguidos de un notable manejo del capote: unas veces a la verónica más clásica; a pies juntos otra; por chicuelinas al final. Pero todos esos esfuerzos y las buenas cosas apuntadas acabaron diluyéndose contra tres animales sin fondo que no admitían demasiadas florituras.

Citó muy en corto al segundo de la tarde, un bicho derrengado al que le costaba seguir la muleta con el que se dejó matar literalmente en un arrimón a milímetros de los pitones. Compuesto y macizo con el cuarto, Fortes llegó a abusar del toro resultando cogido en una fea voltereta de la que milagrosamente no salió herido. Definitivamente orientado el animal y con el agua chorreando tendido abajo, la cosa se estaba poniendo fea. La verdad es que se esperaba ya muy poco de la tarde cuando saltó el sexto. El argumento volvió a repetirse puntualmente: farolazo, capote airoso y seca e improductiva entrega ante un astado que embestía a trompicones. La gente estaba loca por coger la puerta.

24
Sep/2013

OBSERVATORIO TAURINO: Antes de San Miguel y revuelo de despachos

Morante: un maestro en las riberas de La Puebla El artista no para. Después de acabar con el cuadro en Logroño viajó a su feudo cigarrero para ejercer de profesor de los toreros amateurs. Fue en las orillas del río, en una preciosa placita que el torero se ha hecho levantar muy cerca de casa. El Club de Aficionados Prácticos -bajo la comandancia de Dávila Miura, Rafael Peralta y Nacho Moreno de Terry- celebraba una nueva edición de esos cursos que han roto moldes y han cambiado la relación del aficionado con el toro.

MORANTE: UN MAESTRO EN LAS RIBERAS DE LA PUEBLA
El artista no para. Después de acabar con el cuadro en Logroño viajó a su feudo cigarrero para ejercer de profesor de los toreros amateurs. Fue en las orillas del río, en una preciosa placita que el torero se ha hecho levantar muy cerca de casa. El Club de Aficionados Prácticos -bajo la comandancia de Dávila Miura, Rafael Peralta y Nacho Moreno de Terry- celebraba una nueva edición de esos cursos que han roto moldes y han cambiado la relación del aficionado con el toro.

Antes de la feria de San Miguel. El desarrollo de la campaña ha  revalorizado algunos capítulos de la inminente feria de San Miguel que dará cerrojazo oficial al abono sevillano en espera del anuncio oficial de ese magno festival del 12 de octubre que se está dejando querer. Al turrón: tres nombres del gran circuito detentan la máxima expectación del breve ciclo otoñal y llegan a Sevilla con el papel muy al alza. Hablamos, claro está, de Morante y El Juli pero cuidado con ese Perera subido a las olas que puede acabar con el cuadro. No sabemos si Talavante se conformará con aprobar por los pelos o se acoplará a uno de esos toros de fijeza mexicanizante que sí le permiten desplegar sus juegos florales aunque hay una virtud que no se le puede negar al extremeño, la capacidad de sorprender. Dejaremos para el final un mano a mano  que, por premeditado, no ha dejado de tener vigencia. Jiménez Fortes y Nazaré se apretarán las tuercas sin piedad en el primer acto de San Miguel. El compromiso es muy importante para el malagueño, pero resulta vital para el sevillano que debe entrar de una vez por todas en el circuito de las ferias.

Una reválida para los grandes. Echaremos muy de menos en Sevilla a José María Manzanares. El trepidante fin de temporada -no se pierdan el video de la faena de Nimes- y el recuerdo de ese zambombazo sevillano del que ayer mismo se cumplió un año ensancharán el hueco que ha dejado el alicantino en la cartelería otoñal. Pero la cita de Sevilla sigue antojándose el verdadero cierre de la gran temporada en espera de la última y arriesgada reválida de Fandiño en Madrid y una devaluada feria de Zaragoza que difícilmente quitará o pondrá a nadie. Esto acabará como empezó. La gente quiere ver a Manzanares, el gran ausente y sufridor de una indisimulada campaña a la contra que ha desmontado triunfando; al Morante de los prodigios; a un Juli  con vocación de mariscal…. pero cuidado. Perera viene armado de un inmenso escobón y puede poner a cavilar a más de uno.

Apoderados que iban y venían… Podemos empezar por Jiménez Fortes, ese diamante en bruto que podría quedarse sin pulir entre tantas palizas y cornadas evitables. El futurible diestro malagueño no ha esperado al calor de las chimeneas para licenciar al muy locuaz Julián Guerra, que ni siquiera le acompañará en los compromisos que le quedan por cumplir en la presente temporada. El tiempo de Guerra se había cumplido: forjador de los inicios del torero y nexo fiel antes y después de los hermanos Chopera -que no supieron administrar ni apostar por un torero con futuro- el peculiar taurino charro había llegado a saturar la pétrea paciencia del torero. El ya ex apoderado tendrá que dar paso a un equipo que sepa potenciar las virtudes de Fortes y limar sus defectos sin quemar las balas a ráfagas. No hay que olvidar que el valor es un vaso que se vacía poco a poco pero no conviene derramar. Seguiremos pendientes. También andaremos muy atentos del futuro inmediato de Alejandro Talavante. El extremeño niega la mayor después de la filtración pero parece que su amor con Manuel Martínez Erice se rompió de tanto usarlo. Las sirenas andan cantando que el Tala podría andar hablando en la reja con Curro Vázquez, pero vaya usted a saber si, como dicen, su sobrino Cayetano acaricia volver a los ruedos. ¿Está contento Talavante con su actual cotización? También cabría preguntar qué genera realmente en la taquilla y qué tiene de artificial ese caché amparado en la casa grande que aún le acoge. Eso sí, su táctica de estudiar el último día no le servirá en la independencia.  Pero no nos hemos olvidado de las sirenas: los de siempre dicen que entonan el gori gori por el fin del binomio Matilla-Manzanares. Otros dicen que cantan un tanguillo de Cádiz.. ¿Les suena? Aquellos duros antiguos que tanto dieron que hablar…

17
Sep/2013

OBSERVATORIO TAURINO: Los tiempos cambian que es una barbaridad

MANZANARES: UN MONUMENTO AL ARTE DE TOREAR Sucedió en Nimes; el alicantino cortó cuatro orejas y un rabo pero, sobre todo, dio lo mejor de sí mismo al cuajar de cabo a rabo al quinto garcigrande de un mano a mano con El Juli que redimió de los fallidos intentos anteriores de ese mismo vis a vis en Valencia, Huelva y Bilbao. El suceso recordó otra tarde histórica, en la plaza de Sevilla, de la que se cumplirá un año en muy pocos días. José María Manzanares concluía ayer mismo una de sus temporadas más complejas en Murcia.

MANZANARES: UN MONUMENTO AL ARTE DE TOREAR
Sucedió en Nimes; el alicantino cortó cuatro orejas y un rabo pero, sobre todo, dio lo mejor de sí mismo al cuajar de cabo a rabo al quinto garcigrande de un mano a mano con El Juli que redimió de los fallidos intentos anteriores de ese mismo vis a vis en Valencia, Huelva y Bilbao. El suceso recordó otra tarde histórica, en la plaza de Sevilla, de la que se cumplirá un año en muy pocos días. José María Manzanares concluía ayer mismo una de sus temporadas más complejas en Murcia.

Otro septiembre sin toros en Écija. El ejemplo es válido para todas las localidades de tradición taurina que, por unas cosas o por otras, han dejado de contar con el toro en su calendario festivo. Los que ronden la cuarentena recordarán aquel famoso eslogan -popularizado en la recordada revista Toros’92- que cantaba “Écija, la de los carteles de lujo”. Eran los inicios brillantes de José Jesús Cañas, celebrado como el empresario más joven de España a finales de esa segunda década prodigiosa de los 80.  Antes de perderse en otros laberintos y perder credibilidad, Cañas fue el auténtico motor de aquel esplendor taurino del coqueto coso de Pinichi del que no queda ni rastro detrás de sus puertas cerradas. A los festejos de la feria de septiembre se sumaba aquella corrida del día de Andalucía que llegó a convertirse en el pistoletazo de salida de la gran temporada. ¿Por qué se perdieron aquellos años prodigiosos? ¿Quién o quienes fueron los culpables? El lloriqueo llegó con Barcelona pero el caso de Écija es extrapolable a decenas de cosos. Nadie lloró cuando el derribo llegó a Alcalá de Guadaíra…

El eco del toreo, triunfos secretos. Una cosa nos lleva a la otra. Todo era distinto aunque pareciera igual en aquellos momentos: el toreo vivía unos años de auge, alimentado por esas tragedias de Pozoblanco y Colmenar Viejo que dieron un renovado impulso a la credibilidad de la profesión, machacada mediáticamente desde la década anterior por una nefasta generación de periodistas que dibujó muchos tópicos que siguen lastrando el toreo. Pero el mundillo se alimentaba de su propia gasolina y navegaba a todo trapo dando sitio a los mejores; aún no había calado el chaparrón antitaurino pero tampoco había comenzado el inflado artificial aupado sobre los tíos del ladrillo y el puro que, a la postre, ha sido tan contraproducente como el afán abolicionista. Más de veinte años después, el toreo vive un momento de esplendor de puertas para adentro pero ha perdido el eco exterior más allá de los muros de las plazas de toros e incluso dentro del ámbito interior de la propia fiesta, sumida en su particular cóctel de crisis varias. El ejemplo lo tenemos en la semana que pasó: con o sin indultos, se han sucedido siete días de acontecimientos que reflejan la valía de sus autores a pesar del escaso altavoz mediático. Esas obras se encuentran a veces con el ninguneo de ese extraño estrato de ¿aficionados? que odian a los toreros que triunfan y los toros que embisten. Pero hay un dato definitivo: los toros están machacando a golpes y cornadas a todos los hombres de luces sin entender de escalafones ni metales. A pesar de todo, esto sigue siendo muy verdad. Ojo…

Sobre los indultos: amnistía general ¿Qué toro han indultado hoy? Podría ser la pregunta de cada día al echar una ojeada a los resultados de los festejos de la jornada. Volveremos a viajar en el tiempo para recordar dos perdones iniciáticos que no tienen nada que ver con la fiebre actual. Aquel Bienvenido de Jandilla o el Gitanito de Torrestrella , indultados por Ponce y Dámaso en Murcia y Valencia fueron los fundadores de esta nueva época que ha viajado de la excepcionalidad al todo vale. Los ejemplares indultados, por norma habitual, merecen su perdón gracias a una infinita y dócil durabilidad. El concepto perseguido deber ser ese toro mexicano con el que sueña Talavante, un modelo que condenaría a la mansedumbre a la cabaña brava española. En cualquier caso, a nadie le amargan esos ejemplares cuando caen en las manos adecuadas pero una cosa es seguir la muleta media hora y otra muy distinta querer cogerla de verdad en veinte muletazos preñados de auténtica entrega. ¿Con qué versión se quedan? Un servidor lo tiene claro; lo mismo que esta amnistía general -como las coronaciones de las dolorosas- está devaluando el verdadero sentido del indulto, que tiene un gran valor y es necesario cuando premia la bravura real. Estampas como la de Baza, con el toro anestesiado y metido en una pala excavadora sólo son piedras en nuestro propio tejado. El esperpento nos refrescó la memoria de otra película parecida, hace ya casi veinte años. Eran los inicios de Morante y Leonardo Muñoz, su descubridor, había montado una novillada en Guillena que no se sabía muy bien si era picada o sin picar. El inefable taurino sevillano montó una tremolina para animar al público a indultar uno de los novillos, que sin cabestros en los corrales, se negó a volver a los chiqueros. Finalmente fue un inmenso carnicero con catiuskas blancas el que obligó a entrar por el portón al bicho de culo empujándole por la testuz…

10
Sep/2013

OBSERVATORIO TAURINO: De Ronda, la sangre y los hígados

MORANTE DE LA PUEBLA: LA LEYENDA DEL TIEMPO Morante ha pasado la raya del bien y el mal y batalla más allá de su propio tiempo. El diestro de La Puebla ya es una leyenda viva, uno de los toreros de nuestra vida que -como otros mitos de luces- será venerado y estudiado en los libros por las futuras generaciones de aficionados que nunca le vieron torear. Salía de una fea cornada pero logró amarrar en Ronda el pasado, el presente y el futuro del toreo en una antología personal en la que sí fallaron los toros. No importó; está en la historia.

MORANTE DE LA PUEBLA: LA LEYENDA DEL TIEMPO
Morante ha pasado la raya del bien y el mal y batalla más allá de su propio tiempo. El diestro de La Puebla ya es una leyenda viva, uno de los toreros de nuestra vida que -como otros mitos de luces- será venerado y estudiado en los libros por las futuras generaciones de aficionados que nunca le vieron torear. Salía de una fea cornada pero logró amarrar en Ronda el pasado, el presente y el futuro del toreo en una antología personal en la que sí fallaron los toros. No importó; está en la historia.

Viaje a las riberas del Guadalevín. Ronda volvió a convertirse en la Meca de los nómadas del toreo: el inmenso Tajo que parte en dos la serranía enmarcaba de nuevo la peregrinación de los fieles de esta extraña religión que atrapa la voluntad. Y aunque Ronda siempre merece el viaje, la reaparición de Morante había dotado al evento de una relevancia olvidada. La Goyesca se había difuminado algunos años en las candilejas del escaparate social mientras su añeja importancia taurina se eclipsaba con  demasiados nombres y personajes ajenos al auténtico drama del ruedo. La edición del año 2012 pudo ser un punto de inflexión pero la retirada de los hermanos Rivera Ordóñez también ha abierto un tiempo nuevo y ha obligado a Francisco, empresario de la Maestranza rondeña, a echar toda la carne en el asador. El objetivo no ha sido otro que reivindicar la Goyesca como acontecimiento taurino. Ése ha sido el gran mérito del último Paquirri, responsabilizado en su papel de guardián de un secreto heredado. El resto es sabido.

La definitiva verdad del toreo. Pudo morir desangrado en la carretera, camino del hospital de Móstoles al que había sido enviado desde la placita de Sotillo de la Adrada en pleno Valle del Terror, ese particular triángulo de las Bermudas taurino regado por el río Tietar que comparten las provincias de Ávila, Madrid y Toledo. El pitón del toro de Flor de Jara no había hecho carne en el ruedo pero el tremendo golpe contra las tablas a la salida del quiebro había roto la arteria ilíaca convirtiendo el vientre de Manuel Escribano en una bota de sangre. El matador de Gerena entró en el hospital de Móstoles en estado casi agónico. La pericia y la profesionalidad de los médicos, también la mano de la Virgen de la Encarnación, obraron el imposible y sacaron para delante al torero, que aún tendrá que afrontar un duro proceso de rehabilitación para normalizar la circulación de pierna herida. El percance ha llegado en el tramo final de una temporada feliz que le había visto reencontrarse consigo mismo y con el gran circuito del toreo. El afán de superación que le hizo triunfar con aquellos miuras de abril será el mismo que le empuje a vestir muy pronto el traje de luces. La familia taurina de Sevilla está sobrecogida; y mucho. Fuerza y ánimo.

De la verdad, el pienso y el hígado. Es sabido y comentado: Ricardo Gallardo, propietario de la ganadería de Fuente Ymbro convocó a los medios en Sevilla para justificar y argumentar el bajón de rendimiento que habían experimentado sus toros en las ferias del verano. Asumiendo un alto riesgo, llevó al veterinario de su casa, Francisco Lira, para explicar con pelos y señales que algunos cambios en la alimentación habían provocado un fallo hepático que limitaba el motor de los animales. Así fue y así lo conto aunque antes y después de conocer el problema algunos le habían afeado que siguiera lidiando. ¿Tenía que haber cortado por lo sano y haber dejado las corridas sin embarcar? Lo quiso hacer. Pero ese no ha sido el pecado del criador. El único fallo -o la gran virtud- de Ricardo ha sido esa transparencia que le hace gozar o sufrir a la vista del aficionado -él lo es como el que más- en todas las plazas del planeta de los toros. Y no se guardó nada; otros habrían pasado el sarampión agazapados en espera de tiempos mejores pero, tozudo como él solo, Ricardo se tomó en serio el asunto e instó a sus colaboradores a investigarlo con rigor y sin ningún tipo de tapujos. Esa falta de “vida” que echaba en falta el ganadero en sus pupilos ya se ha instalado junto a la moderna batería de neologismos taurinos. Pero la ganadería de Fuente Ymbro ha marcado un valioso precedente para entender los problemas del toro de lidia más allá de la genética o la selección tradicional. El manejo, la alimentación y la sanidad se erigen en los pilares fundamentales de la ganadería brava contemporánea.

08
Sep/2013

LVII GOYESCA DE RONDA: Morante, un viaje a las fuentes del toreo

130907 Morante goyesca 6

El diestro de la Puebla cortó tres orejas e impuso arte y ciencia a un encierro sin entrega en su trascendental encerrona rondeña

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA DE RONDA

Ganado: Se lidiaron cinco toros de Juan Pedro Domecq y uno, quinto,marcado con el hierro filial de Parladé, bien presentados. El primero no pasó de flojo y deslucido; no tuvo entrega el segundo; noble y tardo el tercero; sin alma el cuarto; de más a menos el quinto y muy desinflado al final el que hizo sexto.

Único espada: Morante de la Puebla, de azul pavo con pasamanería negra: ovación, oreja, dos orejas, silencio, ovación tras dos avisos y gran ovación de despedida. Se lo llevaron a hombros hasta el hotel.

Incidencias: La plaza se llenó hasta la bandera en tarde fresca y agradable. Actuaron como sobresalientes Fernández Pineda y El Duende. Destacaron los banderilleros Paco Peña, Santi Acevedo y Sobrino.

Morante apareció en la puerta de cuadrillas de la Maestranza de piedra embutido en un precioso terno de damasco azul pavo, atacado de terciopelo y pasamanería negra. Llevaba la pelambrera recogida en una inmensa castañeta de cordoncillo y salió dispuesto a torear, recién salido de la dura recuperación de ese percance que le ha tenido un mes en el dique seco. Y el gran artista cigarrero se impuso a un encierro correoso que no llegó romper por completo en ningún toro. Pero esa entrega definitiva que le faltó a la corrida fue puesta por el matador, dispuesto a triunfar por encima de las circunstancias; absolutamente fresco, sin acusar las secuelas de la tremenda cornada.

No le había servido el primero, un toro protestón y flojo al que consintió más de lo que merecía. Tampoco pudo ser con el segundo, otro animal falto de bríos al que enjaretó un puñado de ayudados añejos antes de sobarlo hasta meterlo en la canasta. Fue una labor de intensidad creciente que le sirvió para cortar el primer trofeo. Pero la tarde alcanzó su cumbre en el tercero, recibido con un mazo de sabrosas verónicas, más arrebatadas que perfectas, a las que siguieron otras mucho más tersas, abrochadas con una media sin nombre. El motor del toro parecía bajo mínimos pero el gran artista se entregó a tope, metidito entre las rayas, para cuajar una faena honda, dicha muy para adentro que vivió sus cimas más altas con la mano izquierda, a pies juntos, muy metido dentro de un toro -cruzado siempre- que acabó tomando la muleta con sosa nobleza a pesar de sus escasos bríos. Fue el Morante del cante grande, del toreo natural y el compás antiguo de guajira y milonga.

El público -mucho más taurino que el personal del colorín de otras ediciones- se entregó por completo con la labor del diestro cigarrero, que no se dio coba con el deslucido retinto y ojinegro que hizo cuarto. Tocaba abreviar. Pero la fiesta volvió a animarse a la salida del cuarto, un astado al que supo torear muy en redondo, obligándolo siempre hacia adentro en una faena que iba camino de lucrar nuevos trofeos. Los muletazos iban subiendo de ritmo y los remates, con esas brujerías que sólo a él le salen, tenían a a parroquia puesta en pie antes de que, al intentar igualar al toro, le pegará un serio arreón que le hizo salir por pies. La faena se hundió en ese mismo momento en una sima sin fondo y Morante pasó las de Caín para echar abajo al bicho, que le esperaba con mal aire.

130907 Morante goyesca 10

Una ovación de cariño, una larga en el tercio y un lío con el capote volvió a disparar la fiesta. El sexto, de irreprochable presentación, humillaba y hacía cositas buenas y Morante tenía ganas de marcha. Pidió las banderillas y hasta se sentó en la silla para dibujar un aguafuerte de Goya que acabó con el asiento hecho pedazos. Las palmas echaban humo pero la nefasta lidia y el millón de mantazos que le habían pegado sus hombres durante la lidia acabó parando los pies de ese ejemplar. La faena se acabó en su inicio y aunque no se movió ni un alma esperando que Morante pidiera el sobrero se despidió de la presidencia con una sonrisa. Se lo llevaron a hombros al viejo hotel Victoria.

(Reportaje gráfico: Arjona)

130907 Morante goyesca 11

03
Sep/2013

OBSERVATORIO TAURINO: Bilbao, Mérida y Ronda

Linares, Manolete y Canito: 66 años después Con un siglo cumplido, el veterano fotógrafo levantino, puede presumir de ser el único notario gráfico de la tragedia de Linares. 66 años después de la muerte de su amigo Manolete, Francisco Cano volvió a la plaza que vio partir al monstruo cordobés hacia la inmortalidad para recibir el homenaje de los aficionados. El popular Canito vence al tiempo y posa en el patio de cuadrillas junto a Ponce, Manzanares y Talavante sabiéndose testigo de la historia del toreo entre dos siglos.

Linares, Manolete y Canito: 66 años después
Con un siglo cumplido, el veterano fotógrafo levantino, puede presumir de ser el único notario gráfico de la tragedia de Linares. 66 años después de la muerte de su amigo Manolete, Francisco Cano volvió a la plaza que vio partir al monstruo cordobés hacia la inmortalidad para recibir el homenaje de los aficionados. El popular Canito vence al tiempo y posa en el patio de cuadrillas junto a Ponce, Manzanares y Talavante sabiéndose testigo de la historia del toreo entre dos siglos.

Reflexiones a una semana de Bilbao. Pasó el alto puerto del Norte pero la gran feria de Bilbao -pródiga en éxitos toreros y ganaderos- podría haber perdido provisionalmente su condición de último tribunal de la temporada. La masiva deserción del personal no puede trasladarse a un segundo plano. Con o sin el altavoz de la prensa y las redes sociales, el eco del toreo se desvanece sin los auténticos testigos: el público soberano. Dejar todo el problema sobre la mesa de la crisis es demasiado simplista. Hay que buscar las verdaderas causas de este abandono general en el País Vasco que ya ha provocado el cierre de Illumbe y tiene a Vitoria al borde del abismo. ¿Tienen que bajar los precios astronómicos de Vista Alegre? Por supuesto, pero hay que bucear mucho más allá si no se quieren ver cerrar más candados.

Enrique Ponce: un agosto prodigioso. En cualquier caso, la Semana Grande de Bilbao fue una puerta abierta a la excelencia: al equilibrio perfecto entre la seriedad del toro y el sentido de la responsabilidad de los matadores, desde el más antiguo al más joven de los paladines. Pero el cuadro de honor lo encabeza con todos los galones intactos el más veterano de todos. Ponce llegó a Bilbao dictando lecciones de gran figura y cuajó un ferión que se sumó a sus hazañas en Huesca, Gijón, Málaga, Ciudad Real o Almería. No fue el único: más allá de la discusión de sus trofeos, El Juli mantuvo bien agarrado el bastón de mando; Perera volvió a mostrar la perfección definitiva de su concepto y Fandiño, que no logró redondear la feria, siguió toreando en el filo de la navaja y debió abrir la puerta grande. Pero la baraja es más ancha y Escribano, del Álamo, Aguilar y Urdiales también dieron un paso al frente. De la misma forma, hay que alabar el fondo y la forma de ganaderías como Jandilla, La Quinta, Alcurrucén, Victorino Martín y Garcigrande aunque el fracaso de los toros de El Pilar sentenció la tercera edición de un mano a mano, el del Juli y Manzanares, que parece gafado sin remedio.

Sobre Mérida, la tele y Talavante. Había que tirar para delante. Los escollos para sustituir a Morante de la Puebla incendiaron las redes sociales. Ponce no estaba para nadie -el fundamental abuelo Leandro falleció el pasado viernes- y Manzanares -si es que llegó a ser tocado formalmente- estaba en su derecho de aceptar o declinar el ofrecimiento en función de sus propios planes. No hay más. El Tala se lió la manta y decidió pechar con los seis zalduendos en solitario. A priori, no era el plato más apetitoso para casi nadie, para qué vamos a engañarnos, pero las circunstancias en las que se gestó el festejo demandaban el apoyo de todos. José María Garzón y Nacho Moreno de Terry habían realizado un ambicioso ejercicio de imaginación y visión empresarial inscribiendo el festejo dentro de la oferta lúdica y cultural de la capital extremeña. Ésa es la clave: hay que sacar al toreo de ese papel marginal que ha ido adoptando en muchos pueblos en fiestas con empresarios de visto y no visto que se limitan a poner una taquilla y hasta el año que viene, si viene. Salió el toro y el desconcertante diestro extremeño, que también se echó un cantecito, sacó lo mejor de sí mismo con un cuarto de dulce e infinita fijeza que se adaptó como un guante a su particular concepto del toreo. El indulto, forzadito, sumó más que restó y el torero volvió a respirar cuando más se discutía su verdadera capacidad. El último capítulo era la televisión, un año después de la corrida testimonial de Valladolid que sirvió para romper el maleficio. ¿Era algo malo retransmitir la corrida de Mérida? En absoluto. Eso sí, debería haber sido una más de muchas. Ah, y un último dato: el mejor activo de TVE fue Dávila Miura. Lo bordó. Y nos vamos rogando a la Virgen de la Paz -patrona de Ronda- para que sane a Morante. El sábado le esperan seis toros en la Goyesca.