Monthly Archives: Agosto 2013

27
Ago/2013

OBSERVATORIO TAURINO: Fandangos para un fin de semana

ENRIQUE PONCE: RELOJ, NO MARQUES LAS HORAS El valenciano ha completado una semana prodigiosa que le ha llevado a firmar las mejores faenas de Bilbao -en dos tardes para el recuerdo-, Ciudad Real y Málaga, una feria que le ha visto ganar por quinta vez el capote de paseo que otorga su ayuntamiento al autor del trasteo más destacado del ciclo. La imagen no necesita comentarios y corresponde a esa labor, realizada frente al cuarto toro del pasado 24 de agosto, de nombre Hilador y marcado con el hierro de Juan Pedro Domecq.

ENRIQUE PONCE: RELOJ, NO MARQUES LAS HORAS
El valenciano ha completado una semana prodigiosa que le ha llevado a firmar las mejores faenas de Bilbao -en dos tardes para el recuerdo-, Ciudad Real y Málaga, una feria que le ha visto ganar por quinta vez el capote de paseo que otorga su ayuntamiento al autor del trasteo más destacado del ciclo. La imagen no necesita comentarios y corresponde a esa labor, realizada frente al cuarto toro del pasado 24 de agosto, de nombre Hilador y marcado con el hierro de Juan Pedro Domecq.

Aunque me voy, no me ausento… Lo dice el fandango calañés: aunque me voy, no me voy; aunque me voy, no me ausento. La letrilla es válida para ilustrar musicalmente la ceremonia de la confusión alentada por los que han hecho de José María Manzanares -que si no está en su mejor momento anda bastante mejor que otros figuribles- la diana de los ataques dirigidos a sus apoderados. Ya es sabido que algunos acusan a los Matilla de la muerte de Chanquete y el extravío de la madre de Marco pero también lo hemos dicho algunas veces desde este mismo Observatorio: ni los malos son tan malvados, ni los buenos tan puros. Y vamos al grano, que nos perdemos. La secuencia de los hechos comenzó con un esguince que impidió a Manzanares cumplir su segundo compromiso en Málaga. En ese momento se desataron rumores que recorrieron el mapa del toreo y hasta fueron dados por hechos ciertos por algún medio generalista: El alicantino cortaba la temporada y licenciaba a sus mentores, esos ¿perversos? hermanos Toño y Jorge Matilla.

Nadando entre el deseo y la realidad. Sin solución de continuidad, el gabinete de comunicación del torero emitía el mismo sábado una nota de prensa en la que salía al paso de las comidillas para desmentir lo que tantos daban por contrastado. La nota aseguraba que el viaje de la temporada continuada con todo el equipo habitual -incluidos sus apoderados- que quedaba confirmado para la campaña venidera. Al día siguiente se supo que el esguince del viernes no iba a impedir a Manzanares estar presente ayer en la corrida de ocho toros de Cuenca. ¿Hubo ruptura o marejada? ¿Llegó a despedir realmente a sus mentores? Puede ser. O no. La verdad sólo la conocen los propios interesados aunque la trepidante película nos conduce de nuevo al último invierno. Numerosos rumores dieron por rota esa relación y y acercaron o quisieron acercar al torero a la órbita de Curro Vázquez, que se había quedado sin pupilos después de la despedida de su sobrino Cayetano y el au revoir de Morante. Pero no fue así. Ahora se habla, ignoro con qué fundamento, de su amigo Pepín Liria y el entorno de los Espartaco. Vaya usted a saber.

Aquel lunes de resaca de 2006. La familia Matilla se había hecho cargo de la carrera de Manzanares a raíz del abrupto encontronazo de su padre con los hermanos Lozano -que gestionaban la carrera de ambos- en el ruedo de la Maestranza. Fue el mismo día que se cortó la coleta por sorpresa después de estrellar sus esfuerzos con los dos toros de Alcurrucén que le habían preparado sus mentores en la mixta que epilogó la Feria de Abril de 2006. Las palabras gruesas del padre -que fue sacado por la Puerta del Príncipe por todo el toreo- dejaron al hijo caminando sobre el alambre y los taurinos charros recogieron los cristales rotos. En estas casi ocho temporadas de andadura común se ha reforzado el férreo control que los Matilla bros. ejercen sobre todos los resortes organizativos del toreo a la vez que alimentaban su propia leyenda negra. No hay que olvidar que Manzanares se convirtió en esos mismos años, y ya no ha dejado de serlo, en primerísima figura del toreo a pesar de los sucesivos y graves contratiempos, lesiones y enfermedades que fue superando con la determinación de los grandes marcando cumbres que difícilmente podrá igualar. Pero hay que volver al padre. El viejo Manzanares vería con muy buenos ojos el cambio de aires de su gran vástago, un hombre naturalmente bondadoso y cordial que necesita rodearse de un entorno de armonía para caminar por el toreo. El otoño que se anuncia en estas tardes de brisa y nubes darán la razón a unos u otros. La temporada del alicantino no se prolongará mucho. De la gran feria de Bilbao y otras cosillas de interés hablaremos la semana que viene. Nos hemos quedado sin mecha.

20
Ago/2013

OBSERVATORIO TAURINO: Después de mí nadie…

Después del triunfal prólogo ecuestre firmado por Hermoso de Mendoza fue el turno de los atractivos santacolomas de La Quinta, con los que Manuel Escribano, Ruben Pinar y Luis Bolívar empataron a una oreja. Ayer fue el turno del primer duelo de altura. Enrique Ponce, El Juli y Enrique Ponce se acartelaron con un notable encierro de Garcigrande y cuajaron una histórica tarde de toros en la que enseñaron los espolones a un Talavante sin afinar. El Juli salió a hombros. Ponce lo mereció.


PONCE Y EL JULI EN BILBAO: DE REY A REY
Después del triunfal prólogo ecuestre firmado por Hermoso de Mendoza fue el turno de los atractivos santacolomas de La Quinta, con los que Manuel Escribano, Ruben Pinar y Luis Bolívar empataron a una oreja. Ayer fue el turno del primer duelo de altura. Enrique Ponce, El Juli y Enrique Ponce se acartelaron con un notable encierro de Garcigrande y cuajaron una histórica tarde de toros en la que enseñaron los espolones a un Talavante sin afinar. El Juli salió a hombros. Ponce lo mereció.

Del ausente y los presentes… La convalecencia de Morante de la Puebla ha puesto en evidencia la extrema cortedad de la auténtica primera fila del toreo. Hay que ser realista: más allá de los legítimos gustos personales y algunos errores de bulto que ya hemos comentado en estas mismas líneas sólo hay dos matadores que se sumarían a esa exclusiva trinidad de las figuras del momento actual. Hablamos, sí, de El Juli y Manzanares, que con el chamán de La Puebla se situarían en el filo de un ancho abismo que los separa en regularidad, tirón taquillero y caché económico del resto de la torería. Hay otros toreros -ponga usted a Fandiño- que andarían cruzando ese inmenso desfiladero en plan funambulista y sin red. Ahí no acabaría ese peculiar purgatorio. Es difícil ubicar a Perera, uno de los grandes en el ruedo, que permanece en las orillas del poder de forma inexplicable mientras se alimenta el caché de cierto torero que debe dar aún muchos pasos antes de ser figura.

El ancho pelotón: ‘Non Plus Ultra’. Hay que seguir navegando con vocación de descubridor para intuir el más allá aunque a veces se antoja casi imposible. La clase media del toreo sigue apuntando a la baja sin interesar a casi nadie a pesar de los espectaculares alardes de imaginación de esas empresas que se aplican al cuento de lo malo conocido en detrimento de lo bueno por conocer. Apuesta por el futuro, que se llama. Omitiremos nombres de unos y otros y seguiremos con el asunto echando una mirada a la cabeza y la cola de un escalafón que no refleja los verdaderos galones de la torería andante. El invento está liderado estadísticamente por dos toreros teledirigidos por la mano que mece el toreo. Hablamos de Padilla y El Fandi pero el nombre de los grandes se diluye en medio del ancho pelotón en el que, como en botica, hay de todo. En esa casa de los muchos se incluyen tres o cuatro toreros con posibilidades de futuro que siguen ninguneados por un sistema con vocación suicida. En cualquier caso, las cifras causan estupor y nos llevan de la mano a un dato fundamental apuntado por Mundotoro que tendrá consecuencias para toda la profesión, incluyendo la casta de plata: ¿Cuantos matadores alcanzarán los festejos mínimos -43 corridas de toros- para ser incluidos en el grupo especial? ¿cuantos podrán contratar una cuadrilla fija en la temporada 2014? ¿Cambiará el orden jerárquico tradicional del toreo? Veremos…

Agosto: llega el verano peligroso. El parte de bajas de la semana que se fue se asemeja al de la batalla de Verdum. Sangres de todas las alcurnias y metales han sido derramadas sobre la arena caliente de las plazas de toros haciendo un trágico -y hermoso- canto a la verdad definitiva de nuestra Fiesta. Desde el cornadón de Morante en Huesca cayeron sucesivamente el banderillero El Boni, los matadores Jiménez Fortes y Alberto Lamelas y los novilleros Borja Jiménez, Gonzalo Caballero y Santiago Fausto. Se queda más de uno en el tintero aunque no hay que olvidar que el reparto de leña no respeta ni a los aspirantes; que se lo pregunten a la safena de José Cabrera, arrancada por un eral en un festejo sin picar. Mención aparte merece la machada de Ferrera y Castaño en Gijón que acabó convirtiéndose en un gran espectáculo con cierto matiz reivindicativo. No nos marchamos sin felicitar a Clotilde Calvo y a la familia Martínez Conradi. Hay vida y bravura más allá de esos cuatro o cinco hierros que tienen copado el mercado. Y dejamos para el final el colíco talavantático de El Puerto. ¿Fue cuestión de pasta, del interminable baile de corrales? ¿desavenencias con la empresa Serolo? Ni lo sabemos ni nos importa. Pero si nos duele la espantosa imagen dada por una fiesta que, como Saturno, se come a sus hijos. Ah, el muchacho estaba tan fresco en Bilbao. Ponce y El Juli le pegaron un repaso sin contemplaciones.

 

13
Ago/2013

OBSERVATORIO TAURINO: Morante, se quebraron las espigas

Decía Bienvenida que las cornadas siempre son una muerte pequeña. El brutal percance de Morante nos devolvió a la auténtica grandeza del toreo: la armonía y la luz del arte siempre caminan sobre el filo de la navaja, cercadas por la tiniebla y esa promesa de sangre y dolor que se enhebra en las astas de un toro. El diestro de la Puebla había llegado al mejor momento de su carrera personal, profesional y sobre todo, artísticamente. Su reaparición será un acontecimiento. Se lo contaremos.

Decía Bienvenida que las cornadas siempre son una muerte pequeña. El brutal percance de Morante nos devolvió a la auténtica grandeza del toreo: la armonía y la luz del arte siempre caminan sobre el filo de la navaja, cercadas por la tiniebla y esa promesa de sangre y dolor que se enhebra en las astas de un toro. El diestro de la Puebla había llegado al mejor momento de su carrera personal, profesional y sobre todo, artísticamente. Su reaparición será un acontecimiento. Se lo contaremos.

Negro y plata de prodigios y sangre. Fue con el vestido de los prodigios -el rabo de Córdoba, el recital de Pontevedra-, ese negro y plata que se empapó de sangre en una tarde del segundo circuito sumergida en el nomadeo de agosto. La muleta en la izquierda y la espada en la diestra, dando toques en la testuz del animal para provocar una embestida que acabó haciendo carne. Morante estaba roto y se lo llevaban a puñados a la enfermería de la plaza de Huesca. Tres horas de operación, grandes destrozos musculares, traslado a Zaragoza para ponerse en manos de Val Carreres, que decretó una transfusión de sangre para refrescar las maltrechas cañerías del gran artista de La Puebla… El torero y el hombre necesitarán aún de varias semanas para recuperar la forma. La temporada, tibiamente lanzada en su yema, se queda partida por la mitad en un momento delicado; muy delicado.

Efectos colaterales del duro percance. Agosto y septiembre copan el mayor número de festejos de la temporada. Las ferias de las cosechas serpentean por las rutas del toro terminando de sentenciar el signo de esta extraña y correosa campaña a la vez que las ciudades y pueblos de España -con o sin la crisis- encienden los farolillos de sus fiestas. La cornada de Morante, vértice de la trinidad torera que aún mantiene cierto tirón en las taquillas, ha roto muchos planes y obligará a recomponer demasiados platos rotos con pegotes de pegamento imedio. Pero el desgarrón del cesto es ancho y hay pocos mimbres para recomponerlo. Daremos un repaso a las plazas en las que estaba anunciado en las próximas semanas: Morante tenía que torear el próximo domingo en la clausura de la temporada veraniega del Puerto de Santa María. Sin solución de continuidad le esperaban dos tardes, dos, en el trascendental fielato de Bilbao, incluyendo una excursión intercalada para refrescarse en Almería. De las arenas cenicientas del Bocho, al Mediterráneo luminoso de la Malagueta encabezando el cartel estrella del abono junto a El Juli y Manzanares. Sin tiempo para tomar aliento, nuevo cambio de mar para torear mano a mano con El Juli en Sanlúcar antes de subir de nuevo a las dos Castillas para peregrinar sucesivamente por los cosos plazas de Cuenca, Palencia y San Sebastián de los Reyes.

La Goyesca sigue en el horizonte. Todas esas tardes se pueden dar ya por perdidas aplicando la lógica más elemental. Antonio Barrera, hombre de confianza del torero, ya ha advertido que la recuperación será “larga y costosa” después de asimilar el enorme susto. La cornada  ha producido grandes destrozos en el muslo que necesitarán de la imprescindible rehabilitación para que la máquina vuelva a funcionar.  En el límite del plazo razonable para la mínima puesta a punto del diestro de La Puebla aparecería ese mano a mano con Talavante en la plaza de Mérida en el que los empresarios José María Garzón y Nacho Moreno de Terry han trabajado mucho y bien. Pero la meta definitiva que ha hecho mirar todos los calendarios es la Goyesca de Ronda. Seis toros en solitario que se antojaban el cénit del mejor momento profesional y artístico del gran diestro cigarrero. ¿Estará listo Morante para subir las cumbres del Tajo del Guadalevín? Aún es muy pronto para saberlo aunque tiene por delante 23 días para conseguirlo. Nos vamos con prisas y es que el fin de semana taurino dio para para mucho más: un Ponce recredido y juvenil en Huesca, pechando en solitario con los seis moritos después del percance de Morante; un Cid indultando el toro de Clotilde Calvo en el Puerto;  y un Fandiño en tablas con fuenteimbros sin fondo en su enésima encerrona en solitario en Bayona. Ah, y no podemos concluir este Observatorio sin enviar un abrazo a Gerardo Ortega. Los ganaderos no sufren las cornadas de sus toros pero las sienten como propias.

06
Ago/2013

OBSERVATORIO TAURINO: Cuatro tardes de agosto

Un problema para cada solución. No hay que darle muchas vueltas. El toreo atraviesa un momento delicado. Al avance del movimiento antitaurino -en alianza de circunstancias con el nacionalismo excluyente- hay que sumar los estragos de la crisis económica y el alejamiento de los valores agrarios de una sociedad virtualizada que podría contemplar la fiesta como un anacronismo en el que se vive y se muere de verdad. En medio de este complejo galimatías, el senado de la torería ha respondido con desigual fortuna. Ya saben de sobra que acertaron con el simbólico traspaso de las competencias taurinas al ministerio de Cultura. Después se enredarían con la nefasta gestión de los derechos de televisión que sólo dejó cadáveres aun lado y otro del frente pero eso ya es historia. Los problemas inmediatos del espectáculo -dejando aparte la alta fiscalidad y la economía- son otros. Trataremos de colocarlos en la mesa de operaciones.

Del ganado y los vetos por omisión. El intenso fin de semana de toros que ha navegado entre las plazas de Huelva, Pontevedra y el Puerto de Santa María ha brindado algunos argumentos para la reflexión: fueron cinco tardes desigualmente triunfales que gravitaron sobre los tres o cuatro toreros que el público quiere y paga por ver. Hasta ahí todo correcto. El mandato de la fiesta siempre ha pertenecido a las verdaderas figuras pero se espera de ellos la misma generosidad y altura de miras que se demanda con tanta vehemencia a la patronal taurina. Urge probar toreros nuevos con auténticas posibilidades e ir aventando carteles para abrir -de paso- las ventanas de un futuro que empieza a presentarse incierto. Hay algunos nombres que están en la cabeza de todos. Nazaré sigue en el limbo mientras se suceden ferias y más ferias en las que nadie se atreve a cambiar de baraja. Tampoco ha regalado nadie nada a Iván Fandiño, revalorizado golpe a golpe y verso a verso como uno de los nombres imprescindibles de la campaña. El diestro vasco ha conseguido lo más difícil: romper el espejo interesado que le habían cortado algunos demagogos que querían usarlo como ariete de su melancolía. Serán los primeros en volverle la espalda cuando pueda elegir ganado y compañeros. Y hablando de ganado, la presentación de la corrida de Núñez del Cuvillo escogida por El Juli y Manzanares para dirimir su segundo mano a mano en Huelva fue una lección inversa de lo que no se debe hacer si quieren que la gente vuelva a retratarse en taquilla el año que viene. El personal no puede salir pensando que le han engañado. Es otra condena al futuro. ¿De quién es la culpa? ¿por qué se empeñan en darle la razón a los apocalípticos?

Huelga profesional y tierra quemada. El veto de las asociaciones profesionales taurinas a medio centenar de plazas repartidas por toda España pretende combatir la proliferación de esos empresarios que usan la roncha como modus operandi. En la provincia de Sevilla hay cuatro cosos engrosando esta lista negra en la que podrían pagar justos por pecadores. Se intenta matar moscas a cañonazos sin atajar el problema por su raíz. En el planeta del toro se sabe de sobra quién es quién y en el fondo se está tolerando el funcionamiento de estos corsarios del toreo que mudan de piel empresarial en función de las circunstancias. Algunos han llegado a gestionar plazas de primera y los de arriba no han dudado en contratarse con ellos conociendo la fama de los personajes. Condenar esas placitas de pueblo sin perseguir a los verdaderos culpables también es buscar un problema para la solución. Cerrar una plaza implica dejar sentada en su casa a demasiada gente. El problema tiene su vertiente paralela en esos toreros, lo llamados tuneleros, que actúan por debajo de los mínimos. Se ha querido usar como cabeza de turco al modesto Sánchez Vara pero el asunto es más complejo.

04
Ago/2013

RESAQUILLA CHOQUERA (Y II): Seis sardinas en espeto

espetos

La impresentable y desigual corrida de Núñez del Cuvillo escogida por El Juli y Manzanares para el tibio mano a mano de la feria de Colombinas -segundo de los cuatro que compartirán- ninguneó el resultado del festejo a pesar de las fases de buen toreo. Se cortaron cuatro orejas pero el aficionado salió tentándose la ropa

El olor de la plancha del ambigú instalado en los bajos del coso de la Merced se cuela por los ventanales e impregna los palcos y tendidos. Olía a sardina asada pero en el ruedo empezó a oler a quemado a la vez que se amontonaban los seis arenques escogidos por El Juli y Manzanares para dirimir su mano a mano choquero en un inquietante espeto. Las circunstancias en las que se desarrolló el festejo lograron la rara unanimidad de no dejar a casi nadie contento. En medio de los extremos que marcan el buenismo neotorerista y los apocalípticos y demagogos, la crítica moderada -no está reñida con la exigencia y el rigor- ha coincidido en señalar las nefastas consecuencias de un ‘modus operandi’ que empieza a apuntar directamente a la línea de flotación de un oficio que pasa su noche oscura.

Demandamos calidad, apuesta y valentía a los grandes empresarios, sí, pero también tenemos que exigir esa trinidad de virtudes a los tres o cuatro senadores de la torería, que coinciden con la patronal taurina en una política de tierra quemada que dejará el interruptor de la luz para ser apagado por el último mono. Desgraciadamente, el toreo anda polarizado y enseña sus vergüenzas en la ancha mesa camilla de twitter. Los que besan el suelo por el que pasan los toreros sin analizar sus errores -que los tienen- chocan con el aficionado melancólico que añora una fiesta que nunca existió. Al final son extremos que se tocan y lo malo es que la deriva del primer circuito del toreo empieza a dar la razón a los más demagogos…

En el pecado llevan la penitencia. Debían haber renunciado a esa agridulce salida a hombros para revalorizar el esfuerzo que siempre se hace en una plaza de toros. No se puede negar que El Juli y Manzanares se entregaron según su leal saber y entender, también en función de su ser y su estar. Pero ese esfuerzo, tan baldío, tuvo enfrente una corrida de plaza de tercera que no tenía que haber salido por los chiqueros del coso de la Vega Larga hasta provocar el cabreo del santo, católico, apostólico y canonizable público de Huelva. ¿Tenían los Cuvillo una corrida para Huelva? Es uno de los efectos colaterales de escoger no más de cuatro o cinco hierros. Hay media docena de vacadas que han estirado tanto sus camadas que no pueden ofrecer la misma excelencia en todos los escenarios. Mientras tanto, hay excelentes corridas de toros que siguen pastando en los cerrados para ser estoqueadas a precio de saldo en plazas de polvareda o quemadas en el tropel secreto de los festejos y encierros populares.

Sólo la suerte permitió que el sexto toro -un animal feo, escurrido y zancón- fuera el único que llegara embistiendo con carbón en la caldera en el último tercio. Antes había sembrado el desconcierto de puro manso pero Manzanares se apretó los machos y unió a su empaque escultural una fibra apresurada que dotó al trasteo de la emoción que no había tenido la tarde. La entrega y la calidad del alicantino, también el espadazo recibiendo al segundo intento, le sirvieron para cortar dos orejas que justificaban por aritmética reglamentarista el paseo a hombros. Antes había lucrado otro trofeo del cuarto de la tarde, un bicho excesivamente vareado que se tapó por la cara. A esas alturas del festejo la parroquia ya andaba con la mosca detrás de la oreja. La gente había protestado la tablilla antes de la salida del morito y el Manzana remedió el cabreo gracias a una faena más plástica que maciza que logró tapar los defectos de un toro que, con su bondad, tampoco terminó de romper por completo. También se había mostrado empacado y compuesto con el segundo ‘cuvillo’ de la tarde, otra raspita claudicante y de buen aire en la muleta que se acabó rajando.

¿Como estuvo El Juli? ¿Sobrado, magistral, en gran figura? Por supuesto, salvando los alambres de su espada. Pero ese magisterio de primer actor necesita de un toro de otra entidad, así de claro. El discurso del madrileño, el único torero que podría dar un definitivo golpe de timón a este panorama, necesita ser contrastado con otros hierros, con otro animal. Julián toreó al bombón que hizo primero -el más bonito del envío y paradigma de lo que debería ser el toro de Huelva- como si fuera el dragón de la cueva. Pero ver ese trazo rotundo y esos largos naturales con un torete que andaba pidiendo la extrema unción provocaba una mezcla de estupor y ternura. The Boss estuvo aún mejor con el rajado tercero, un sobrero viejorro que parecía el padre del resto del encierro. Este embistió siempre al paso y enterándose hasta ser sometido sin contemplaciones por la poderosa muleta de su matador. Lo curioso es que le regalaron una oreja de circunstancias del quinto, un bicho cornalón y avacado que se rajó a las primeras de cambio.

03
Ago/2013

RESAQUILLA CHOQUERA (I): Dudas y certezas

La plenitud de Morante de la Puebla y la absoluta madurez del exigente concepto de Miguel Ángel Perera constrastaron con el conformismo de un Talavante vulgar y poco comprometido en la primera corrida de toros de la feria de Colombinas.

Huelva ha armado dos corridas de toros y un festejo de rejones sin fisuras que responde al esquema básico que están tomando muchas de las ferias de provincias. En el fondo se trata de una vuelta a los esquemas de antaño, a lo que siempre fue y a lo que pueden asumir los aficionados en las circunstancias actuales. Pero, cuidado, a pesar de las goteras del bolsillo el personal sabe perfectamente lo que quiere ver: y la fiesta anda repartida entre Morante, El Juli y Manzanares, a los que hay que pedirles una mayor generosidad para abrir huecos a los escasos valores emergentes que lo merecen. Sí, hablamos de Fandiño. ¿Por qué no? La fiesta ha perdido espontaneidad e inmediatez. Algunos toreros previsibles, por no decir aburridos o acabados, se perpetúan en los carteles cerrando el paso a la renovación natural del escalafón y a la entrada de aire fresco en las plazas de toros. Hay que dejarse de sermones de la montaña y predicar con el ejemplo.

Pero hay que volver a Huelva, que tiene una ría. Y playas de terciopelo como el toreo de un Morante vertido en dos facetas a pesar de la escasa entidad de los dos ‘jandillas’ que sorteó: creativo y preciosista con un primero de claudicante y rajada bondad y profesoral con un cuarto topón y deslucido al que metió en la canasta a base de temple en los terrenos de su querencia. Cortó una oreja de ese primero, al que toreó con mimo e imaginación, sorprendiendo en cada remate, haciendo de cada muletazo un prodigio de la verdadera naturalidad. Morante ha conseguido desnudar el toreo de todo artificio y el trazo es puro, cristalino, desnudo… El de la Puebla se ha olvidado de componer la figura, no se mira en ningún espejo y la belleza brota por sí misma convirtiéndole en uno de los creadores imprescindibles del frondoso árbol del toreo.

Pero José Antonio ha conseguido ir más allá. ¿Está en el mejor momento de su vida? Seguro que sí. Sólo así se comprende que no tirara por la calle de enmedio con el remiso cuarto, un toro sin calidad y acobardado en chiqueros al que sobó con inteligencia y maestría hasta hacerlo pasar en un puñado de naturales que supieron a gloria. A partir de ahí volvió a manar el toreo aunque la gran estocada que despenó al ‘jandilla’ no impidió que se amorcillara y se eternizara con el descabello. Daba igual. Las orejas -de eso estoy absolutamente convencido- son lo de menos.

Aunque un par de orejas sí habrían servido para certificar la apabullante superioridad profesional de Miguel Ángel Perera, un torero que hay que reivindicar en el cuadro de honor de esta extraña temporada que ya se adentra en las ferias del cereal. El extremeño ha conseguido pulir hasta la más mímima arista de su concepto y todo lo que hace delante de los toros -con absoluta y auténtica exposición- parece dibujado por un pintor de trazos limpios y rotundos. Perera estuvo simplemente perfecto con el segundo, un toro noble de escaso gas que no era enemigo suficiente para mostrar el excelente momento de Miguel Ángel, uno de los nombres imprescindibles -repetimos- de la escasa baraja torera del momento. Con el quinto, que le pegó una cornada a un caballo, se repitió la misma canción pero faltó enemigo.

Ya hemos hablado de las certezas y hemos dejado para el final la duda que siempre acompaña a Alejandro Talavante, un torero al que se le valoran hasta el infinito los aciertos y se le tapan los errores que se afean a otros. Es un tipo con suerte que ha rentabilizado sus contados esfuerzos y que después de despojarse del traje postomasista que limitaba su evolución pareció anunciar nuevos caminos en su particular manera de entender la tauromaquia. Talavante está instalado cómodamente en el sistema y se ha conformado. Sólo así se puede entender que amontone pases y más pases sin comprometerse lo más mínimo con los toros salvándose gracias a una técnica defensiva que le permite resolver la papeleta sin exponer ni un alamar despidiendo a los toros con un feo muñecazo, volando los engaños sin tersura, citando siempre en ‘v’. Gracias a ese apoyo técnico se quitó de enmedio al tercero de la tarde, el toro más fuerte -también el más exigente- de una tarde que podía haber culminado a hombros si hubiera entrado la espada en el sexto. La pregunta es: ¿habría contado esa salida por la puerta grande el verdadero argumento de la tarde? Les aseguro que no.