Monthly Archives: Abril 2013

30
Abr/2013

OBSERVATORIO TAURINO: Con los farolillos apagados…

FAROLILLOS MOJADOS

El extraño viaje de Sevilla a Zaragoza. El tema es delicado y merece delicadeza. Pero hay una certeza que no admite demasiadas dudas: Si El Juli decidió marcharse de la clínica de Quirón-Sagrado Corazón de Sevilla para dirigirse a Zaragoza es porque se encontraba mal y creía necesario un segundo diagnóstico que se acabó traduciendo en una tercera operación. El doctor Val-Carreres drenó una cavidad que había pasado inadvertida y causaba ese estado de malestar y los picos de fiebre que tenían en ascuas al torero y su entorno. Llegados a ese punto no hay que dar demasiadas vueltas pero tampoco se puede demonizar a la ligera a un cirujano, el doctor Octavio Mulet, y un gran equipo que ya había sacado del túnel a toreros como Curro Sierra, Luis Mariscal o Jesús Márquez. ¿Algó salió mal? Seguramente no contamos con los suficientes elementos de juicio para valorarlo. Desde el entorno del maestro madrileño se ha impuesto un velo de silencio que ayudaría a despejar algunas dudas. El cirujano maño ya ha dicho que tiene para un mes más.

Alguna reflexión para la posferia. El propio Ramón Valencia anunció antes del comienzo del ciclo que las medidas para recuperar el abono no habían dado resultado. La antigua clientela diaria había vuelto a descender pero el público sí ha respondido a las grandes citas que han sumado calidad y oportunidad. El abonado ha dado paso al espectador puntual, que es el nuevo cliente a cuidar. ¿Será un motivo para pensar en reducir más paja en la feria de 2014? Valencia y Canorea tendrán que echar sus números pero está claro que la gente se tienta bien la cartera antes de pasar por ventanilla. Ya no se libra ni el aburrido negocio -otrora infalible- de la plaza de Las Ventas, que verá cambiar el decorado radicalmente en la inminente isidrada. Bajando de Despeñaperros, la última muestra la tenemos en la novillada del pasado domingo en Sevilla. A priori el interés era indudable y aunque la taquilla logró vencer al frío siberiano, los tres chavales -Román, Ortega y el esperadísimo Lama- dejaron pasar una oportunidad que se pintaba de oro y habría abierto nuevas puertas. Ellos verán. Ah, y un último dato: el personal sólo se pelea por ver a El Juli, Morante y Manzanares, bien juntitos… y a los mediaticos.  Los demás, incluida la milonga del torismo, palman. Y ya que andamos con asuntos feriales, habría que recordar -salvando la puntual y sorpresiva resurrección miureña- qué toros han embestido más y mejor en abril. Anoten un dato: estaban reseñados por El Juli.

Otros temas en espera de arreglo. Más allá del estricto resumen taurino que abordamos la semana pasada en coincidencia con el fallo de los principales premios de la Feria de Abril hay que detenerse en algunos asuntos que no admiten más demoras. Podemos comenzar con la actitud del director de la excelente banda de Tejera. El señor Tristán, acostumbrado a los elogios en otros ámbitos que sí conoce bien, carece de la necesaria formación taurina para ordenar tocar o parar a sus músicos. A esa falta de oportunidad que deja muchas faenas en silencio hay que sumar su colección de numeritos como el que le enfrentó a El Fundi el pasado año o el diálogo de sordos que mantuvo con Daniel Luque para hacer sonar la banda tarde y mal después de indicarle que siguiera toreando. Pero no guarden la manga, que seguimos regando: la presencia de antitaurinos en la Puerta del Príncipe insultando a los espectadores no sólo es intolerable; también es peligrosa. En Francia nos han vuelto a adelantar y han prohibido este tipo de protestas en las plazas y en días de toros pero aquí impera la política de buen rollito. Además, los gritos de los protestones interfieren en el normal desarrollo del espectáculo. El propio Morante, enfurecido, arremetió contra algunos policías del callejón en plena faena al cambiar la espada. Tenía razón. Y ya está bien.

23
Abr/2013

DESPUÉS DE LA FERIA DE ABRIL (II): Demasiados toros se arrastraron con las orejas puestas

La ganadería de Miura ha sorprendido a propios y extraños lucrando todos los premios puestos en lid gracias a ese encierro de espectacular presentación y variada bravura que brilló especialmente en el boyante segundo y el enclasado sexto. Pero no podemos olvidar dos corridas de excelente juego que en otras circunstancias habrían sido de premio. Globalmente fue más redonda la de Victoriano del Río. Echó el garbanzo negro que hirió a El Juli pero también un lote de revolución para Nazaré -especialmente el enclasado cuarto- y un duro y exigente toro que enseñó los mejores registros de Manzanares.Le sigue muy cerca la corrida de Fuente Ymbro, con dos o tres toros para ponerse en figura.

También hay que destacar el buen juego de la novillada de Juan Pedro Domecq que abrió la Feria aunque debemos censurar su pésima presentación. Juan Pedro, con sus dos hierros, también echó el excelente ejemplar que salvó la encerrona de José María Manzanares y algún sobrero de nota como ese Parladé que permitió a Luque tomar aire fresco en un día que decepcionaron las reses de la familia Fraile. También hubo reses sueltas, como el toro de Daniel Ruiz -no logró reunir un encierro completo- que enseñó las postrimerías de El Cid, que también probó la guinda de un buen Parladé. No podemos dejar de anotar dos ejemplares de Torrestrella: uno fue bien toreado por Padilla y el otro fue despilfarrados por un patético Cordobés. De Cuvillo hubo uno bueno y abrió la encerrona de Manzanares.

Dejaremos para el final el fracaso absoluto de dos corridas esperadas: es el caso de Cuadri, que volvió a anotarse un nuevo fracaso en Sevilla; y el de Victorino Martín, que lidió un encierro tan anodino que parecía de otro dueño. En el apartado de presentación ha habido de todo aunque hay una tendencia a enviar al reconocimiento algunos ejemplares que no hace tanto ni siquiera se habrían reseñado. Hubo algún baile de corrales y aunque el personal mire para otro lado, da muy mala imagen.

23
Abr/2013

DESPUÉS DE LA FERIA DE ABRIL (I): ENTRE LAS DECEPCIONES Y LAS SORPRESAS

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La Feria ha arrojado triunfadores inesperados y ha consagrado el liderazgo de El Juli

La Feria de Abril, a priori, gravitaba sobre las monteras de Morante, El Juli y Manzanares. Juntos abrieron el abono en Resurrección, una sola tarde que sirvió al madrileño para convertirse en triunfador absoluto del ciclo por esa incontestable demostración de poderío, magisterio y raza de figura que le franqueó de par en par la Puerta del Príncipe. El listón quedó tan alto, que el de la Puebla y el alicantino pulularon ese día como sombras de sí mismos.

Pero a Manzanares aún le quedaba una difícil encerrona en la que tenía que renovar confianzas. Tibio con un primer cuvillo con el que sólo calentó motores, pasó un calvario con una alimaña de Victorino que hundió la tarde. Con el agua asomándose por la borda, tiró de su auténtica alma de figura para revocar la tarde y bordarlo con un toro de Juan Pedro después de escuchar una intensa ovación de ánimo que le devolvió la fe. Con esas dos orejas en la talega afrontó su tercer compromiso con los toros de Victoriano del Río cuajando un intensa y hermosa faena que la cicatería de la presidencia premió con un solo trofeo. ¿Se ha roto el idilio de Manzanares con la plaza de la Maestranza? Seguro que aún hay torero para rato.

Morante era la tercera parte de este banco y uno de los nombres indiscutibles de un ciclo en el que, una vez más, no ha tenido toros para explayarse por completo. Pero sus recitales capoteros -incluyendo esa media que tiene el peligro de curromerizarle- han sido cumbres de una Feria que saboreó a sorbitos esa faena incompleta a un cuvillo. Morante quiere y se le nota: ¿Habrá encerrona en Ronda? Veremos…

En el capítulo de sorpresas agradó la disposición, pero sobre todo la calidad del toreo de Nazaré, sobrepuesto al tremendo percance de El Juli y autor de uno de los trasteos más templados de la Feria a un sensacional ejemplar de Victoriano del Río. En cualquier caso, el zambombazo más espectacular ha corrido a cargo de Manuel Escribano, repescado a última hora como sustituto de El Juli para lidiar con pasmosa y brillante suavidad dos toros de Miura que le han cambiado la vida. Sus particulares cuarenta días en el desierto le han sentado bien y todo el toreo lo celebra.

También escapó puntuando Daniel Luque el día que se enredó con el polémico director de la banda de Tejera. La oreja cortada a ese buen toro de El Pilar resarció del medio tono con el que había afrontado el mano a mano con los toros de Victorino Martín. El Cid, que fue su contrincante artificial esa tarde, salvó los muebles con sus albaserradas pero volvió a sortear toros de triunfo -los de Daniel Ruiz- con los que hace demasiado tiempo que no es capaz de dar el paso. Sin pena ni gloria, Miguel Ángel Perera y Sebastián Castella sudaron la camiseta y el joven Jiménez Fortes mezcló arrojo con excesivo verdor. Mención aparte necesita Alejandro Talavante un torero tratado y rodeado de aura de figura que sigue enseñando demasiadas goteras en su toreo. Se fue de Sevilla sin convencer. Cotizan al alza Javier Castaño, que pudo salir a hombros con la miurada, y el bizarro Rafaelillo, pero sobre todo Juan José Padilla, clásico, variado y más que entonado con un buen toro de Torrestrella del que le birló una oreja el presidente Fernández, que no dió una.

El día de los mediáticos -que estuvieron a punto de llenar la plaza- El Cordobés escenificó dos actuaciones ridículas que deberían servir para que no pisara nunca más el albero del Baratillo. Esa misma fecha, El Fandi se afanó en lo que se le da bien: el capote y las banderillas ya que con la muleta ni lo intenta. En el comienzo del ciclo continuado Ferrera anduvo habilidoso y teatral con los decepcionantes cuadris compartiendo cartel con el incapaz Leandro y el esforzado Gallo, de los que casi nadie se acuerda ya. Tampoco dejaron demasiado rastro Curro Díaz, David Mora y López Simón a los que le vino demasiado larga la estupenda corrida de Fuente Ymbro.

El serial de festejos se había abierto con una buena novillada de Juan Pedro Domecq que sirvió para renovar ilusiones con Lama de Góngora -que repite el Sevilla el próximo domingo- y poner en cuarentena a Gonzalo Caballero y el extraño Sebastián Ritter. Dentro del apartado ecuestre, Diego Ventura remontó su encerrona en solitario para abrir su octava Puerta del Príncipe y gustó Manuel Manzanares en la matinal del Domingo aunque sólo puntuaron Valdenebro y Palha. Y pare usted de contar.

11
Abr/2013

PREFERIA: Lama de Góngora pasó la reválida con nota

ÁLVARO PASTOR TORRES

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron cuatro novillos de Juan Pedro Domecq -el quinto jugado como sobrero- y dos de Parladé, mal  y desigualmente presentados -por escurridos y terciados- en líneas generales. El mejor fue el segundo. Se dejaron primero, segundo y cuarto. Quinto y sexto -mirón y tardo- presentaron más complicaciones

Novilleros: Gonzalo Caballero, de blanco y oro, ovación y silencio.

Sebastián Ritter, de turquesa y oro, silencio y silencio tras aviso.

Lama de Góngora, de amapola y oro, ovación y ovación tras aviso.

Incidencias: La plaza registró más de media entrada en tarde plomiza y fresca. Gonzalo Caballero pasó a la enfermería después de estoquear al primero de la tarde siendo atendido de diversas contusiones. Destacaron los hombres de Lama de Góngora: Osuna, Ronquillo y sobre todo, Cándido Ruiz en la Brega.

El joven novillero sevillano no defraudó las expectativas levantadas aunque el mal manejo del acero le escamoteó el triunfo

Había girado como la veleta de una espadaña bordándolo por Chicuelo y rematando con una impecable larga cordobesa. Fue quitando al segundo novillo pero la primera gran sorpresa llegó al cruzar el monte Baratillo para hincarse de rodillas delante de la inmensa puerta de chiqueros y pasarse al melocotón que hizo tercero por encima de la montera. Llevaba el capote que usó Manzanares en el indulto de Arrojado, un engaño que acabó en sus manos cuando sólo era un desconocido aspirante que no podía soñar con la Puerta del Príncipe -sólo un año después- de aquella noche mágica de verano.

Ese gran triunfo y la expectación creada eran los principales escollos que tenía que salvar ayer Lama de Góngora, que elevó su techo al escenificar un trasteo luminoso, variado y revelador que enseño sus registros de gran intérprete. Paco se meció con los novillos con ritmo y naturalidad, pero lo hizo siempre toreando, especialmente después de un sedoso cambio de mano que hizo rompero su primera faena y la música de Sevilla. A los sones de Ópera Flamenca, dibujó el toreo más clásico con la mano izquierda trufando el trasteo de sensacionales pases de pecho, ayudados, muletazos por bajo y pases de todas las marcas que debe administrar mejor para no recortar el toreo fundamental. Pero Lamita acabó de reventar aquello poniéndose de frente y cuajando sensacionales naturales que apuraron el escaso gas del noble juampedro. Cerrado en tablas se empeñó en pinchar y pinchar escamoteando un trofeo ganado a ley que habría cambiado la tarde.

Pero el torero del Arenal no se amilanó y le pegó tres largas cambiadas al sexto después de volver a los chiqueros. Crudo y sin picar, lo fue metiendo en una faena ajustada pero a más en la que brilló, ésta vez, el toreo diestro. Tuvo que aguantar parones y miraditas que revalorizaron una labor que también habría tenido premio si no se huviera atascado de nuevo con la espada. Hay que machacar el carretón pero su papel sigue al alza.

No hubo más: el estrafalario colombiano Sebastián Ritter se perdió en espejos prestados, mostró valor improductivo y enseñó el abracadante marchamo del dojo de su mentor, Antonio Corbacho. Pero se le fue de cabo a rabo el mejor novillo del encierro -que fue el segundo- y pasó demasiado tiempo en la cara del quinto jugándose el tipo sin sentido y acabando con la paciencia de la parroquia. Tampoco enseñó nada Gonzalo Caballero, estancado y plomizo como el cielo que cubría la plaza. Se llevó un brutal palizón del primero y acabó disolviéndose como un puñado de arena en el mar con el soso y noble cuarto. Mal asunto.

09
Abr/2013

OBSERVATORIO TAURINO: Las cuentas del Gran Capitán

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A la empresa no le salen los números. La comparecencia de Ramón Valencia ante  los medios en el restaurante La Raza reforzó su papel de portavoz y fachada de la empresa Pagés pero, sobre todo, se convirtió en una fábrica de titulares periodísticos. La inmediatez de las redes sociales hizo el resto y la funesta política de bloques, ese contigo o contra tí, llevó el debate virtual y paralelo a un cuerpo a cuerpo entre los que culpan a las figuras de las goteras de su casa y ese neotorerismo incondicional que no admite el más mínimo análisis o matización. En el término medio está la virtud, nos decían de chiquitos. Valencia señaló que la empresa Pagés había perdido la friolera de 96.000 euros en la tarde del Domingo de Resurrección; con el cartel de no hay billetes colgado en las taquillas y las tres máximas figuras del escalafón en el patio de cuadrillas. Y las cuentas, euro arriba o abajo, resultan creíbles aunque el definitivo resultado económico haya que entenderlo dentro del balance general que arroje la temporada en octubre. Pero aquí falla algo y lo hace de raíz, desde hace mcucho tiempo.

El negocio taurino se ha pervertido. Y aunque el cogerente de la empresa Pagés achacó a las figuras del toreo falta de adaptación a la verdadera situación económica del país seguramente hay que repartir las culpas a partes iguales. Valencia habló de la perversión del negocio: hay que perder dinero en los buenos carteles para ganarlo en los baratos. Es el mundo al revés pero el empresario no reconoció que es una situación que, en connivencia con los toreros de primera línea, también ha beneficiado durante lustros a la gran patronal taurina. Desde mediados de los años ochenta se fieron alargando artificialmente las ferias en detrimento de las antiguas temporadas posibilitando pingües beneficios a las figuras del toreo, que de alguna manera los generaban indirectamente al constituirse en la única justificación de esos extensos ciclos en los que el billete grande lo lucraban las empresas con la plaza a medio llenar por un abono potente y tres tíos del montón. Se estaban engrosando hasta el límite unos abonos cautivos que el personal se rifaba en los tiempos del derroche, a la postre el torero más taquillero -junto a los santos del lugar- de un cambio de siglo que ha llegado para poner todo patas arriba.

Más cosas. Pero el aire está dando la vuelta y revocando ciertos parámetros que se consideraban inamovibles. El aficionado ya no se ve obligado a retratarse en el turno de abonados -no consigue ninguna ventaja añadida- y puede elegir entre la oferta de la empresa los carteles de su predilección. Ramón Valencia no se anduvo por las ramas y admitió que las medidas puestas en marcha para frenar la sangría de abonos no habían  dado resultado: la ausencia de las cámaras, el recorte en cinco espectáculos o el remate de las combinaciones no han logrado doblegar las garras de esta espantosa crisis en las que el empresario quiso cifrar todos los males del negocio taurino aunque la solución del teorema podría no ser tan simple. No nos cambiaremos de epígrafe para ir dando fin a este Observatorio que se interrumpe la próxima semana. Volveremos después de las tardes de albero y ¿sol? en la plaza de la Maestranza. Pero antes tenemos que felicitar al maestro Paco Ojeda por esa intensa y emocionante ovación que marcó distancias y refrescó memorias. La recibió el pasado jueves en la sala Antique, que distinguió al genio de Sanlúcar después de hacerse acreedor del I Premio Nacional de Tauromaquia instituido por Cultura. Tampoco podemos dejar pasar el éxito cosechado por Juventud Taurina de Sevilla y los diestros Antonio Nazaré y Jiménez Fortes en la exhibición didáctica de toreo de salón de la plaza del Salvador aunque algunos siguen sin enterarse de nada. Ah, y no olviden sintonizar Radio Sevilla esta noche: hay tertulia taurina.

02
Abr/2013

OBSERVATORIO TAURINO: El Juli sube al Olimpo y Tomás hace estación de penitencia

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La ley de Guerrita: después de mí… Lo dijo el coloso cordobés. Después de mi nadie y después de nadie… Fuentes. Han cambiando los tiempos, los modos y hasta el modo en relacionarse entre los coletudos pero la ley de Guerrita volvió a cumplirse con pendular precisión en la incontestable, apabullante y maciza demostración del joven rey del toreo. El Juli se hizo presente como un figurón de época al cruzar de lado a lado el mojado albero maestrante para enseñar quién mandaba allí. Echó la moneda y salpicó a sus compañeros de terna, que quedaron eclipsados en una tarde que sólo tuvo el nombre del madrileño. El caso es que el precoz maestro de Velilla volvía a la plaza de la Maestranza después de un largo año de ausencia por aquellas televisiones antiguas que tanto dieron que hablar en una guerra en la que sólo hubo perdedores y vencidos. Pasadas las viejas afrentas y firmada la paz con los Pagés, el torero respondió dónde debe hacerlo todo aquel que se viste de luces: en el ruedo y con la muleta y la espada en la mano. Y lo hizo dictando una hermosa lección de gran maestro, de primera figura del toreo, que le devolvió el cetro de la torería y remarcó el mapa de una contienda que, hoy y ahora, se antoja apasionante. Ese día, en esa misma tarde, tuvimos que frotarnos los ojos viendo que Manzanares navegó por debajo de sí mismo, atenazado y reservado para el trascendental compromiso del próximo día 13. Ese sábado le esperan encerrados seis toros para él solo. En la gestación de los carteles ya se especuló con las reticencias el alicantino a verse anunciado en Resurrección, antes de esa encerrona que parece ocupar ahora mismo toda su concentración. Morante, una vez más, pasó en blanco otra tarde maestrante en la que regaló, para consuelo de sus partidarios, un ramillete de lances perfumados con  el aire de otra época. Aún hay más: con o sin el baile de corrales que precedió al festejo -las cosas trascienden y sólo sirven para dar mala imagen- hay que reconocer el buen juego del encierro de Garcigrande, que una vez más se mostró infalible en las grandes citas. Así fue.

Larga espera para el ciclo continuado. Y las exigencias de la crisis, que han adecuado y reducido el metraje del abono sevillano, retrasarán el comienzo del ciclo continuado de festejos regalándonos una espera que no estará exenta de actos variopintos y copas de todo pelaje en una intensa agenda que servirá de prólogo a lo que está por venir. De alguna manera se devuelve el equilibrio natural a una Feria de Abril que creció más de lo debido en los años de vino y rosas. Desgracidamente, parte del mal es difícil de revocar. El paisaje humano de la plaza de la Maestranza ha cambiado tanto que ya no lo reconocen ni los más viejos del lugar.

De la lesión de José Tomás. La preeminencia de las cofradías y la propia Semana Santa, la gran fiesta de España, opacó en parte la noticia. José Tomás se había lesionado toreando a puerta cerrada en la finca jerezana de Fermín Bohórquez. El torero tuvo que ser operado de una pequeña pero compleja fractura del pie en un hospital gaditano en el que supo que tenía para ocho semanas con la pata chula. El Jueves Santo le dieron el alta y ya se recupera en Estepona de ese percance que hace escamotearse una vez más la noticia -tan ansiada para tantos- de su vuelta a la actividad. Hablan de una hipotética temporada de contadísimos festejos pero después del destape de los dineros de Aguascalientes -ya se sabe la pastora imperio que hay que apoquinar al místico- la figura de José Tomás ha vuelto a rodearse de esa atmósfera de misterio que tuvo su cosita en otro tiempo pero que ya inquieta al santo Job. Como siempre, seguimos sin noticias del Genio, el particular Pimpinela Escarlata del toreo que no sabemos si toreará, descansará o estará partiéndose de risa con las pamplinas que escribimos a su costa.

01
Abr/2013

PERFILATURA: El Juli, un James Dean de luces

El Juli por Pandelet

El liderazgo del extinto G-10 le pasó una alta factura profesional que no logró empañar su condición de primera figura del toreo. El madrileño vuelve a Sevilla después de un año de ausencia convertido en una de las bases de la Feria de Abril.

De niño prodigio a gran maestro, la historia taurina de El Juli podría pertenecer, pese a su juventud, a media docena de toreros distintos. La intensidad, la variedad y las diferenciadas etapas profesionales que ha cubierto este hombre joven que ha pasado su vida toreando podrían abarcar sin desahogo un buen puñado de coletas. Pero, lejos de estar quemado, al precoz catedrático madrileño aún no se le adivina el techo. Julián López sigue teniendo muchas, muchísimas cosas que decir en pos de un concepto depurado que le ha llevado a desnudar su toreo después de sumergirse en una exhaustiva búsqueda de la perfección.

En Sevilla aún se recuerda el impacto –que corrió de boca en boca- que causó su presentación infantil en la placita aljarafeña de la hacienda El Vizir, invitado por la escuela taurina de Sevilla. Levantaba pocos palmos del suelo y no contaba más de doce años pero los taurinos viejos redescubrieron la esencia de Gallito. Estaban contemplando una innata precocidad que sólo hacía presagiar una figura grande, un torero de época. Sin solución de continuidad, aquel torero infantil se convirtió en un auténtico fenómeno mediático, ídolo de jovencitas y hasta icono publicitario de coches que aún no podía aspirar a conducir por su corta edad. Lo hacía todo, y todo lo hacía bien. Absorbía como una esponja todas las fuentes del toreo aunque algunos problemas con la edad legal para actuar en público en España le llevaron a debutar con picadores en ruedos mexicanos. Aquel salto al otro lado del Charco le permitió beber de otros veneros para escenificar ese toreo de ida y vuelta que convirtió en una de sus tarjetas de presentación. El Juli estaba deslumbrando al mundo taurino con una fresca, variada y renovada puesta en escena que le convertía en jovencísima figura del toreo desde el mismo día de su alternativa nimeña, oportunamente televisada a toda España.

Pasaron algunos años; muchos triunfos; también alguna cornada que le dejó marcado para siempre. Pero el Juli no estaba satisfecho íntimamente con el camino que estaba emprendiendo una carrera que necesitaba satisfacer al artista virtuoso que llevaba dentro. Asumió todos los riesgos y lo apostó todo a la misma casilla. Y emprendió un arriesgado proceso de búsqueda interior que reveló al auténtico y definitivo gran torero que se escondía detrás de la fresca variedad y el ansia de triunfar a toda costa. Pero el esfuerzo diario, el afán de tirar del carro en todos los ruedos y en todas las ferias no siempre le permitía alcanzar los registros que estaba persiguiendo.

Julián salió victorioso de aquella lucha interior para convertirse en el gran maestro del estreno del nuevo siglo. La variedad dio paso a la intensidad; atrás quedaron las banderillas y el exceso de florilegios. Si en la muleta ha buscado prolongar las embestidas hasta la quimera, con su capote prodigioso ha encontrado nuevos registros que le han permitido revelar una desconocida alma de artista: imprimiendo profundidad en los quites recuperados; matizando sus grandiosos lances a la verónica y arriesgándolo todo desde el primer capotazo. El Juli había tomado las riendas de su carrera hasta definir un estilo propio que consiguió sublimar en ruedos como el de plaza de la Maestranza, de la que salió a hombros por la Puerta del Príncipe después de cuajar varios toros históricos en las ferias de Abril de 2010 y 2011.

No pudo estar en 2012. Los vericuetos de la política taurina le dejaron fuera de Sevilla, también de las primeras ferias de una temporada que se convirtió en un pulso entre las primeras figuras del toreo –agrupadas en el extinto G-10- y los pesos pesados de la patronal taurina. Precisamente, las cámaras de televisión que habían enseñado al nuevo matador que era capaz de dar la réplica a Manzanares y  Ortega Cano acabarían siendo la piedra de toque, tres lustros después, de una rebelión incomprendida que le dejó sólo ante el peligro. Sólo le acompañó Miguel Ángel Perera en la última travesía del desierto de ese G-10 desarbolado que sí consiguió, entre otros logros, victorias de altísimo valor simbólico como el traspaso de las competencias taurinas desde el Ministerio del Interior al de Cultura. Pero el enfrentamiento por los derechos de televisión –con el concurso de empresas ajenas al mundo del toro que sólo lograron enredar la madeja- abrió la caja de los truenos hasta modificar el desarrollo de una extraña temporada que tampoco fue ajena a los vientos de crisis económica que vivía y sigue viviendo el país. ¿Era El Juli un rebelde sin causa? El tiempo lo dirá. Pero todo eso quedó atrás y el gran maestro madrileño se dispone a hacer el primer paseíllo de una trascendental Feria de Abril que empezará a dibujar el mapa del futuro inmediato de una profesión que siempre ha encontrado su sentido y su rumbo en los gestos de las grandes figuras. Y a El Juli aún le queda mecha para rato.

Julián López ‘El Juli’ nació en Madrid el 3 de octubre de 1982

Convertido en un niño prodigio del toreo, debutó en público con doce años en el ruedo francés de Mont de Marsán. Problemas con la edad legal para torear en España le llevan a debutar con caballos en México, el 16 de marzo de 1997.
El 18 de septiembre de 1998 se convierte en matador de toros de manos de José María Manzanares en la plaza de Nimes. El testigo fue Ortega Cano. Sólo unos días antes se había despedido del escalafón de los novilleros despachando seis utreros en solitario en la plaza de Las Ventas.

El pasado año quedó fuera de ferias como las de Valencia, Sevilla y Madrid por desavenencias con las empresas en la gestión de los derechos de televisión.

El pasado Domingo de Resurrección abrió la Puerta del Príncipe después de cortar tres orejas en Sevilla. Cerrará su feria estoqueando la temida divisa de Miura.

01
Abr/2013

Paco Ojeda: confesiones de un revolucionario

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La concesión del I Premio Nacional de Tauromaquia a Paco Ojeda ha puesto de actualidad aquella revolución taurina que le convirtió en una de las grandes figuras del toreo del final del siglo XX. Más allá de aquellos años en activo, el diestro sanluqueño es -por derecho propio- uno de los toreros más importantes de la historia de este arte singular. Ojeda descubrió e invadió terrenos, reinterpretó el lenguaje y las suertes básicas del toreo pero todo lo hizo con su innato sentido escénico; una poco estudiada alma de artista que envolvió esa revolución taurina que bien merece ese galardón instituido por el Ministerio de Cultura y Deportes.

–El I Premio de Tauromaquia implicará recordar muchas cosas.–A través del premio he empezado a recopilar un montón de historias. La más importante es esa manía mía por hacer cosas distintas en la cara del toro. Había muchas cosas que hacer en aquel momento y me costó mucho trabajo. Estuve a punto de tirar la toalla y al cabo del tiempo el premio viene a compensar aquel esfuerzo, que me costó tanto que fuera entendido por los demás.

–¿Y de qué fuente bebió Paco Ojeda para hacer esas cosas?

- Son cosas que nacieron toreando en el campo, de noche y sin testigos. Sólo lo puedes hacer a base de motivación e ilusión. Las haces porque las sientes y las llevas dentro, no porque las hayas visto antes.

–¿Cómo recuerda aquella forja?

–Me levantaba cada mañana sin acordarme del día anterior. Yo no pensaba que lo que estaba haciendo acabaría saliendo a la luz ni tenía la menor intención de profesionalizar algo que empezaba a profundizar, que quedaba para mí íntima satisfacción personal. Estaba haciendo lo que soñaba y cuando me bullía algo en la cabeza me iba en busca de las vacas a ver si podía hacérselo.

–Al cabo de los años, ¿se añora esa marisma furtiva o las ferias y las plazas grandes?

–Es que yo he tenido la suerte, en varias ocasiones, de realizar delante de 15.000 personas aquello que yo hacía solo, en la Marisma. He tenido la suerte o la capacidad de llevar el campo a la plaza y lo único que ha cambiado es la reacción de la gente. Pero no estaba haciendo nada que buscara el aplauso. Todo lo estaba haciendo para mí pero en ese momento era para mucha más gente.

–¿Pero en que momento o en qué plaza te acercas más a la perfección de tu concepto?

–Lo he logrado varias veces. Me quedo con faenas de El Puerto, Málaga, Sevilla, Madrid, muchísimas veces en Francia… era el toreo al desnudo, sin escondite.

–A mediados de los 70 se hablaba de un chico de Sanlúcar que le hacía cosas nuevas a las vacas. Camará se fija en usted y comienza a funcionar…

–A medias. El primero que no veía aquello bien era el apoderado. Así no se podía torear, ¡no¡ Me emparejaron con Pepe Luis sin demasiado sentido y hubo algunas cosas más que no iban conmigo. Era como enjaular a un animal de la selva. No me sentía libre, no podía hacer lo que yo quería y sentía. Necesitaba estar a gusto conmigo mismo para funcionar en plenitud. Y no fue así.

–La alternativa en El Puerto, en 1979, ¿llegó algo forzada?

–Quizá sí, algo empujado. Y no estaba. No podía dar lo que yo sentía ni lo que llevaba por dentro.

–Y de la alternativa, de nuevo a la soledad de la Marisma. Desapareció del mapa.

–Volví a mis orígenes, a reencontrarme conmigo mismo. Necesitaba buscar mi yo, el torero que yo quería; no el que querían los demás. Quería sentirme moral e íntimamente torero pero cuando me puse a serlo para los demás me perdí. Volví a mi campo, a mi caballo y empecé de nuevo con el conocimiento de lo que no quería ser.

–Se encerró en una parcela y se puso a torear a sus caballos. ¿Cómo se le ocurrió algo así?

–Y muchísimas cosas más que se me ocurrieron entonces. La soledad es bruja. Me inventaba de todo. Volví a torear vacas de noche para mí y llegaba por la mañana a casa y cerraba los ojos y pensaba: que me lleven al cielo…

–Siempre se ha dicho que tenía un don especial de comunicación con los animales.

–Siempre lo he pretendido y por eso me ha gustado esto tanto. Quería encontrar una cercanía, unos terrenos prohibidos. Esa era mi guerra. Es el caso de los caballos: me propuse torear uno pero no se trataba de meter en la muleta al que fuera dócil y amigo mío; me propuse hacer embestir a otro y lo conseguí, a cual mejor. Son satisfacciones que me llevo en la vida. La vida no es eterna y si no te buscas cosas así no merece la pena…

–Llegó la resurrección. Un toro de Cortijoliva que le cambia la vida al confirmar la alternativa en Madrid en agosto de 1982.

–En esos momentos ya estaba encaminado a hacer lo que yo quería. A partir del segundo retorno sabía perfectamente quien era yo y nadie influía ya en mi modo de torear. Y pude llevarlo a cabo. Empecé en Madrid con el toro de Cortijoliva: era la fiera que yo buscaba para domarla. Ése era el toro y ése fue el desafío.

–Se habla a favor y en contra del toro de las figuras pero habría que recordar que el toro con temperamento era el mejor colaborador de Paco Ojeda.

–Eso es lo que da la emoción. Yo me he encontrado toros con ese punto de fiereza a los que le he quitado la muleta de la cara al cuarto muletazo. Ésa es la diferencia: no se trata de que el toro vaya y venga sino de pararlo en medio y ponerlo a andar otra vez. ¿Y eso como es? Pues hay que tirar la moneda y esperar a que salga cara o cruz. Por eso es tan difícil. Sin esa cara o cruz sólo hay tanteos hasta saber si te puedes poner pero nunca será lo mismo. Cuentas con tu propia intuición para saber si te puedes poner o no pero lo bonito, la verdadera emoción está ahí, en ser capaz de cortar y frenar una embestida y ponerla en marcha otra vez. La gente no tardaba en verlo.

–Más allá del concepto revolucionario de Ojeda se ha hablado poco de su alma de artista, de su capacidad de expresión.

–Yo no era el valiente que ganaba una batalla. Cuando estaba ahí empezaba a crear y a componer porque lo sentía. Paraba una embestida, la ponía a funcionar otra vez pero componiendo, sintiéndolo. No se trataba de ponerse allí y decir aquí estoy yo. Quería crear una obra, la interpretaba para mí y el que sabía verlo era afortunado porque le llegaba antes que a mí.

–Y en esa línea artista no se puede olvidar su toreo de capote; se ha hablado menos de ello.

–Con el capote he toreado como si estuviera usando la muleta. Con la misma posición y aunque a lo mejor se han cantado más otras cosas, cuando me ponía en el sitio que quería empezaba a edificar lo que sentía y daba igual el engaño.

–Con la espada no se ha sentido tan a gusto…

–No, pero tengo los premios a la mejor estocada en plazas como Madrid o Córdoba. Todo tiene una explicación: cuando yo le quitaba toda la agresividad a un toro me quedaba vacío y no los mataba; en el momento que aún les quedaba un atisbo de agresividad los mataba todos. Había exprimido tantas cosas que no me quedaba ansia para matar al toro.

–Alguien que le conoce bien dice que con la décima parte del marketing que han tenido otros toreros habría sido emperador.

–Es posible pero yo estoy muy satisfecho de mi trayectoria. Sé que no he sido un relaciones públicas porque mi punto era el toro y partir de ahí todo era secundario. Si me hubiera preocupado de una cosa no podría haber centrado en la otra. Hoy llaman a un torero y se para a las tres de la mañana por la carretera. Pero ahí tienes a ese al que no le hacen ni preguntas. Podemos comparar. Yo no era marketing, yo era naturaleza. No me llenaba eso, ¿para qué lo quería? Lo demás me colmaba lo suficiente.

–¿Sigue sintiendo la necesidad de torear? Hay un video en Internet con una vaca de El Serrano que es una pieza de culto.

–Yo toreo, sí, claro que toreo. Quería ser torero para mí y después de conseguirlo no voy a dejarlo. Se pueden seguir buscando cosas. No me he mecanizado ni me sirve lo que he hecho antes. Sigo buscando lo que no sé y me realiza tanto que no necesito pensar en el traje de luces. Hubo momentos, pero han pasado.

–José Luis Marca fue fundamental en su trayectoria.

–Lo demostró todo en el toreo y fue muy sido honrado con sus toreros. No necesitaba la comisión para comer y fue muy puro. Nunca interfirió en mi toreo y lo supo ver. Otros apoderados de mis principios no lo vieron así, no entendían mi forma de torear: que si codilleaba, que si esto, que si lo otro…¿pero hay algo más bonito que traerse la fiera y sentir su calor cerca?

–Ha tenido otras fincas pero, una vez más, ha vuelto a la Marisma.

–Allí estoy. El silencio y la luz que da, escuchar a los patos cantar…  Yo nací en Quintanilla, en una chocilla de la Marisma. Así me lo ha contado mi madre. Entonces no había lo que hay hoy: si iba a ser niño o niña, ecografías… había que parir corriendo. Hace ya 58 años…

–Cambiando de tercio: la prensa de su época daba estopa.

–A mí mucha. Y creo que es bueno. Me di cuenta que cierto sector de prensa se metía con los que servían y halagaban a los que no tenían capacidad. Ahí están los papeles. Recuerdo que cierto periodista ya fallecido se metía conmigo todos los días en Diario 16. Me tenía aburrido, no me veía nada positivo. Le pregunté a Vicente Zabala y me dijo que, mientras se metiera conmigo y yo estuviera como estaba, me estaba haciendo una publicidad impagable. Tenía razón.

–¿Cómo ve el presente y el futuro del mundo del toro?

–El toreo tiene menos calor, menos pasión. Y eso que se está enseñando mucho más que antes. Antes se ponía la gente en fila para ver una corrida televisada y ahora te ponen una a las seis de la tarde y está hasta las dos de la mañana, la misma corrida. Hay cosas muy positivas pero en otras nos hemos pasado. Lo bonito es hacer a la gente partícipe de esto. Ahora hay iniciativas que te permiten ponerte delante de una becerra y satisfacer la afición de la gente. Ésa es la única forma. Pero no tenemos que confundirlo con las escuelas taurinas, ése es otro ámbito. El aficionado que sólo se mueve por afecto tiene más afición y lo vive de otra manera. Aunque, ¿cuándo se ha enseñado de toros más que ahora? ¿Cuándo va menos gente? ¿Cuándo interesa menos? Hay motivos para estar preocupados.

–¿Qué opina del toreo actual?

–Hay toreros buenísimos. Demasiado profesionales. Les forman un lío a un tren pero hay dos cosas en la vida que no entienden de tiempo: una es la emoción y otra es el riesgo.  Hay que saber administrar esos dos factores, los tiempos de la emoción y el riesgo. Si los aportamos en exceso no llegan.

–¿Y cómo le encuentra este premio, después de tanto tiempo?

–El premio me ha encontrado con el corazón en la mano. La racha no era buena y esto me refresca moral y mentalmente. Creo que no me ha podido venir en mejor momento. No lo esperaba. Nunca esperé algo así aunque a veces te sorprendes de haber visto llegar después a los que tú creías que estaban primero. Que Educación, Cultura y Deportes haga entrar al toreo en su propio ámbito es muy de agradecer. Y el premio se lo dedico al toro. Me ha dado todo y es el único que no habla. Nunca va a opinar pero es el centro de todo esto.