Monthly Archives: Agosto 2012

30
Ago/2012

TENTADERO PARA LA HISTORIA EN EL TORUÑO

Pepe Luis Vázquez, que dirá adiós al toreo en Utrera, y Morante de la Puebla alternaron mano a mano como preparación a la cita del próximo 8 de septiembre

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Era una vuelta a otro tiempo, a otros modos y a otro mundo en los llanos de Utrera. El verano estaba dando la vuelta en El Toruño y la histórica placita de tientas de la familia Guardiola se quedaba pequeña para acoger a los cientos de aficionados que no quisieron perderse una ocasión histórica. El boca a boca -adobado por el altavoz de las redes sociales- había funcionado. Pepe Luis Vázquez y Morante de la Puebla alternaban mano a mano en un tentadero que no tenía nada de secreto. El encuentro se había organizado como un especie de ensayo general de la despedida de Pepe Luis el próximo 8 de septiembre, festividad de la Virgen de Consolación y día grande de la Feria de Utrera. La cita ya es pública y notoria: un toro de Murube para el rejoneador José Luis Cañaveral y cuatro toros de Juan Pedro Domecq para el mano a mano de los artistas sevillanos que servirá para despedir a Pepe Luis.

Los toreros no podían imaginar el gentío que les esperaba en el patio empedrado de El Toruño. Allí mismo se improvisó una rueda de prensa que sirvió para poner de largo a la empresa Dorado como adjudicataria del nuevo coso de La Mulata para los próximos cuatro años. Miguel Ángel Rondino, uno de los gestores de la empresa recalcó que “el  esfuerzo que se ha hecho ha tenido recompensa” haciendo un llamamiento para que “la cuna del toro bravo vuelva a ser lo que fue hace muchos años”.

Morante se felicitó del buen fin del cartel: “el festejo lo merece, sobre todo por la despedida de Pepe Luís”, señaló el diestro de La Puebla explicando que “hoy en día no se suele ver una tauromaquia como la suya y acompñarle en su última tarde es un lujo que no me quería perder. Por eso estaré allí con él”.

El propio Pepe Luis Vázquez, algo abrumado por la expectación que había despertado el tentadero de El Toruño, recordó que fue precisamente en la plaza de la familia Guardiola donde dió sus primeros muletazos a una becerra -de tapia junto a Manolo González- y recibió los primeros consejos de su padre, el gran maestro de San Bernardo. Saboreando ya su despedida, Pepe Luis señaló que nunca dejaría de sentirse torero y tuvo palabras de elogio para Morante, su compañero en la última tarde, al que definió como “santo y seña del toreo clásico, de sentimiento y de pellizco y es un honor que me acompañe ese día”.

Fiel a su personalidad, el comandante Dorado reapareció sin  reprimir la satisfacción que le producía haber montado un cartel “tan de nosotros”. El flamante empresario del coso utrerano explicó que “no era fácil” y señaló que el gran Pepe Luis había bromeado con él diciendo que “este niño no se despide ni de su padre”. Dorado puso fin a la atípica rueda de prensa haciendo un llamamiento a la afición para llenar la plaza de La Mulata: “a ver si viene la gente, éstos cobran y a mi me queda algo para pasar el invierno”. Genio y figura.

En las corraletas aguardaban cuatro eralas para tentar en estas fechas desacostumbradas. Pepe Luis salió ataviado con una chupita cruda y acarició sin molestar a las reses que le tocó en su turno. Morante -sombrero de alas cortas y zahones- le dio la mejor réplica. Pero hubo un último guiño a la historia, un tercer Pepe Luis adolescente -nieto del maestro- que saltó de la tapia y toreó mientras el Sol se ponía.

28
Ago/2012

OBSERVATORIO TAURINO: De la tele y algunas plazas en alerta roja

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En Bilbao se dicta sentencia. El trascendental ruedo de Vista Alegre -a pesar del preocupante bajón de público- ha vuelto a dibujar nítidamente el verdadero podium de la torería andante y ha confirmado a El Juli a la cabeza del escalafón que no entiende de estadísticas. Él ha sido el número uno indiscutible en el último gran puerto de la temporada, seguido muy de cerca por ese recrecido Perera que necesitaba de un altavoz como el de Bilbao para enseñar su grandioso momento. Del resto del personal y de las circunstancias del trascendental ciclo vasco hablaremos la próxima semana para ir esbozando el primer encefalograma de una campaña que, ahora sí, camina hacia su desembocadura.

Los toros vuelven a la tele. La victoria del senado de la torería merece un sincero aplauso. Los toros volverán a ser retransmitidos en abierto, desde una plaza del primer circuito -el coso de Valladolid- y con un cartel de campanillas. Las figuras, que también han dado sitio y sentido en el nuevo escenario a la desfondada Mesa del Toro, ha jugado bien las cartas y han revalorizado su papel catalizador -bajo el paraguas sigiloso de la casa Matilla- mientras arreciaban las críticas a ese G-10 que no se supo poner en las mejores manos para gestionar el conflicto televisivo que empobreció el comienzo de la campaña. En esta ocasión, El Juli, Manzanares y Talavante renunciarán a sus emolumentos -también el ganadero y la empresa- para facilitar en la medida de lo posible el comienzo de estas retransmisiones que tendrán una contrapartida muy positiva: la revalorización de la información taurina en los telediarios. Lo dijeron y lo dudamos; pero lo han cumplido. Chapeau.

La alarma se pulsa en Málaga. Está visto que a los Chopera no le salen las cuentas este año. En su estreno al frente de la plaza de la Malagueta -lastrada por un pliego delirante y una pretenciosa primera categoría administrativa- se han encontrado con la deserción general del público, que no ha respaldado una oferta larga y estrecha que ha encendido la luz de alarma. A la deserción de la parroquia se han sumado unos decepcionantes resultados artísticos que han terminado de dibujar el sombrío panorama. Los taurinos vascos ya salieron escaldados de Córdoba sin concluir el contrato y en Almería    -un tradicional y seguro feudo de los empresarios donostiarras- también han pintado bastos. En cualquier caso, no se puede dejar pasar un dato fundamental: el ciclo de promoción que prologó la feria -tal y como había pasado en Sevilla- abarrotó la Malagueta de un público sano y ávido de toros. Saquen sus propias conclusiones.

Bildu: no han prohibido nada. Se han limitado a esperar que concluyera el contrato que vinculaba la explotación taurina de la plaza con la familia Chopera. Han aguardado que expirara el compromiso contraido con los abonados que adquirieron derechos durante las 15 temporadas de vida del coso de Illumbe. Y es así de fácil: un mero acto administrativo del gobierno municipal actual, ajeno al debate político, dejará sin uso taurino el moderno recinto multiusos donostiarra. Una hipotética moción política sólo serviría de nuevo brindis al sol. No se ha tocado el derecho ni se han saltado ninguna norma pero los toros se han acabado en San Sebastián con la plaza a medio llenar. Hay otros pueblos y ciudades en los que tampoco se prohibió nada y sus plazas permanecen inactivas mientras los jaramagos hacen el resto: de las capitales  podemos hablar de Oviedo, Mallorca o Segovia. Sin salir de nuestro entorno podemos hablar de Écija, Morón, Constantina, Espartinas o Lucena. ¿Dónde está el problema real?

en twitter @ardelmoral

25
Ago/2012

Manolete: más allá de una película

¿Cuál fue la verdadera trascendencia del rico universo humano caricaturizado en el trabajo de Menno Meyjes?

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La de encontrarnos ante una gran oportunidad perdida. Ésa es la sensación que se experimenta al abandonar el cine después de ver la traída y llevada versión de la vida de Manolete firmada por el realizador holandés Menno Meyjes y producida por el español Andrés Vicente Gómez. Ya saben de sobra que la película se ha hecho esperar más de un lustro sin dejar satisfecho a casi nadie pero al notable despliegue de medios, el excelente vestuario o a la exquisita fotografía se le ha ido crudito el verdadero retrato de unos personajes que –más allá de cualquier película taurina al uso– habría dado para bastante, para muchísimo más que esa sucesión de cuadros deshilados sin un guión que cuente una historia plagada de resortes dramáticos.

La película quiere o pretende ahondar en el manido complejo de Edipo y presenta a un Manolete sometido por las faldas anchas de su madre –doña Angustias Sánchez– y la caprichosa voluntad de esa Lupe Sino interpretada por Penélope Cruz, a la que el torero –perfectamente caracterizado por Adrian Brody– no deja llamar Mamita en el metraje.

Pero limitar la importancia sociológica y la rica personalidad del Monstruo a ese dudoso emparedamiento entre el mando de dos señoras que le ofrecen pocas salidas es sacar muy poco partido de un hombre que impuso modas, fue un ídolo a un lado y otro del Atlántico, el arquitecto del toreo moderno y, sobre todo, el icono más reconocible de la posguerra española.

Si Belmonte era el torero de la vanguardia estética del primer tramo del siglo, Manolete encarnaba la ascesis de una España en autarquía de la misma manera que, muy pocos lustros después, El Cordobés sería el trampantojo taurino y desmelenado del país yeyé del desarrollismo. En la película es un pelele sin voluntad que sólo puede encontrar consuelo en la búsqueda de la trágica muerte que le espera en Linares.

Y más allá del protagonista se echa de menos una mayor y mejor interiorización de los personajes del entorno humano de Manolete, un círculo que dibujaría perfectamente el aguafuerte de claroscuros de la posguerra y que rebasaría la mueca forzada de un Echanove (Camará) y un Santiago Segura (Guillermo) absolutamente desaprovechados y muy lejanos de la verdadera naturaleza de dos hombres que fueron la fachada y la trastienda de Manolete desde su génesis como torero. Con sus luces y sus sombras, Camará es el imprescindible taurino cordobés que dirigió el toreo desde su despacho de la sevillana calle Fabiola cambiando para siempre la propia estructura organizativa del negocio; en la pantalla no pasa de comisionista espabilado que exprime a un torero sin rumbo.

Guillermo González Luque fue su fiel mozo de espadas y celosísimo custodio de la memoria taurina y humana del grandioso matador, confinándose en su modesto domicilio del barrio cordobés de Cañero a la muerte del Monstruo.

A Guillermo se le paró el reloj aquella tarde abrasada del 28 de agosto de 1947 y hasta su muerte, hace poco más de una década, sólo salía de casa para asistir al funeral que ofrecía y sigue celebrando la familia a las plantas de la Virgen de los Dolores en esa alberca de cal y cantos de la plaza de Capuchinos que bendice el universal Cristo de los Faroles. Los dos personajes ofrecían dos caminos opuestos pero convergentes para abrir otras posibilidades narrativas y exprimir el verdadero drama de un hombre que cambió la historia del toreo y estremeció a un país entero con su trágica muerte. ¿Y qué decir de la figura de un Luis Miguel Dominguín limitado en la película a un jovenzuelo petulante sin arte ni parte en la trama?

Dejaremos para el final la figura de Lupe Sino. Manolete la conoció en la famosa barra de Chicote en la cúspide de su fama y convertido ya en la primera figura del toreo. La historia ha juzgado con dureza y ha levantado una leyenda negra en torno a la que, ésa es la pura verdad, fue el gran amor de Manolete, la mujer que le regaló sus momentos más felices. ¿Se trataba de una mujer de la vida? ¿Una aspirante a actriz en busca de fortuna y mejores horizontes?

El retrato que ha llegado hasta nosotros es demasiado simplista pero la que hoy calificaríamos como una chica independiente o hecha a sí misma tuvo que usar su mejor arma: una rutilante belleza que volvió loco a Manolete, que llegó a planear casarse con ella en el invierno de 1947.

Pocos saben que Lupe Sino, o Antoñita Bronchalo, desapareció de la áspera piel de toro después de la tragedia. Poco pintaba en aquella España agridulce a la muerte de su amante. La puerta cerrada por Camará y Álvaro Domecq en el hospital de los Marqueses de Linares era también una invitación a poner tierra de por medio: marchó a México sin lograr convertirse en esa actriz de fama que le hubiera gustado ser; allí se casó con un abogado –llamado Manuel Rodríguez– al que prontó abandonó para volver a Madrid, falleciendo de un derrame cerebral con sólo 42 años en el más absoluto anonimato.
Hay un último dato que la película soslaya de puntillas. La llegada de Jiménez Guinea –el prestigioso médico madrileño que trae Gitanillo de Triana volando por la antigua nacional IV en el Buick azul de Manolete– podría haber prestado otra trama suplementaria al trágico final del Califa cordobés en el hospital de Linares. Aún se sigue hablando del plasma de la Segunda Guerra Mundial que ya se había llevado por delante a muchos de los heridos de la explosión del polvorín de Cádiz que terminó de teñir de luto aquel infausto 1947. Álvaro Domecq y Díez –al que cambian el nombre en la película– negó con vehemencia hasta el día de su muerte las nefastas consecuencias de aquella transfusión inapropiada decidida por Jiménez Guinea que sentenció la inmortalidad de ese torero para olvidar una guerra. “No veo”. Ésas fueron sus últimas palabras…

21
Ago/2012

OBSERVATORIO TAURINO: Cuatro palitos para entretener el verano

¿Morantismo o morantosis? No hay que irse muy lejos para encontrar ejemplos muy similares, pero el caso es que el creciente interés que despierta Morante de la Puebla es directamente proporcional a la desesperante irregularidad de sus contadísimos triunfos. Morante ha sabido convertir sus infrecuentes recitales en milagros que se acrecientan en el boca a boca, se amplifican en los medios y se celebran con ese júbilo que ha pertenecido a contadísimos diestros a lo largo de la historia. El personal se consuela con un ramillete de verónicas aquí y allí, la media de aquel sitio… mientras se le va resistiendo ese concierto definitivo que, por quimérico, acrecienta el mito de un torero de culto que a veces sólo necesita esbozar un lance incompleto que culminan los fieles de esta nueva religión taurina a la que es difícil resistirse. Y el caso es que seguimos esperándole.

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Echen una miraditas al escalafón. Y fíjense en los diez primeros puestos de esta temporada extraña que refleja tiempo de recesiones y estrecheces. Hagamos algunas comparaciones: El 19 de  agosto de 2008, con la crisis tomando asiento entre nosotros, publicábamos en estas misma página un escalafón que entonces ya lideraba El Fandi. Las 66 funciones que toreó hace cuatro años son poco más de la mitad que ha cumplido en 2012. Descendamos hasta la décima posición: en 2008 la detentaba otro torero, virrey del tercer circuito. El Cordobés había toreado 36 corridas de toros que hoy le habrían convertido en segundo del escalafón. Bajaremos hasta el final: ¿podemos considerar en activo al centenar de toreros que ha actuado tres, dos o una sola ocasión en la temporada 2012? Y sigan mirando detenidamente. ¿Encuentran entre los diez primeros los nombres de El Juli, Morante o Perera? Así está la cosa..

El auge de las económicas. Habría que retroceder a finales de los años 80 -en plena eclosión de Finito y Jesulín- para encontrar un interés similar por las novilladas sin picadores. La irrupción de valorescomo el sevillano Lama de Góngora y el pacense José Garrido ha animado un cotarro que tampoco se puede entender sin esa vuelta a los orígenes y a las cosas pequeñas que ha traido aparejada la crisis económica. La oportunidad, que es de oro, se le volverá a ir crudita a este planeta invertebrado.

De las corridas televisadas. Hemos preferido enfríar el guiso pero el lance merece el comentario. Mucho se ha hablado este año de las distintas modalidades de retransmitir corridas de toros y del conflicto catódico que ha gripado la mitad de una temporada que navegará por su curso bajo después de alto tribunal de Bilbao. Desde aquí y desde allí se han esbozado distintas teorías y puntos de vista sobre el asunto de la tele mientras se tensaba una cuerda que acabará por aflojarse, no lo duden. Pero el caso es que encontrar en la nuestra un espectáculo -por llamarlo así- retransmitido desde un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme añadía poca sal a priori al interés de cualquier aficionado envuelto en el tedio de la tarde de un domingo de agosto. El desfile de toros podridos y pitones romos, y faenas simuladas vendidas y locutadas con ese contraproducente positivismo que encanta a los taurinos terminó de confirmar certezas: no se pueden televisar gaches denigrantes que sólo pueden ser entendidos dentro de la privacidad de unas fiestas locales. En la televisión sólo debería valer la excelencia. Lo demás es contraproducente.

en twitter @ardelmoral

21
Ago/2012

CONSUMATUM EST

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No ha hecho falta levantar un castillo legal como en el caso de Cataluña. Ha bastado con hacerse con la propiedad de la plaza –enajenada por los hermanos Chopera a la muerte de su padre- y esperar pacientemente a que Talavante oficiara el dudoso honor de dar muerte al último toro que ha saltado a la arena al efímero coso de Illumbe. Lo demás ya es sabido: la plaza sólo podrá revocar el destino que le han preparado los chicos de Bildu con un improbable cambio político en el ayuntamiento donostiarra que le redima de servir como cancha de baloncesto.

En realidad, nadie ha prohibido nada. Si contemplamos los acontecimientos con frialdad comprobamos que la propiedad se ha limitado a cambiar el destino de un local que le sirve de dudoso altavoz de la persecución de todo lo que huela a España. No es el mejor momento para hablar de las raíces de una fiesta que pertenece al alma vasca. Sería perder el tiempo y no hace falta entrar en terrenos supuestamente subjetivos. Hay que descender a pie de calle y encender de una vez por todas la alarma de un abolicionismo que sigue alerta y operante mientras las gentes del toro se pierden en eslóganes de todo a cien sin decidirse a luchar por su propia supervivencia.

En Barcelona se culminó un larguísimo proceso legislativo iniciado en 1988 que socavó la fiesta desde sus cimientos. Las plazas se fueron cerrando una a una sin que el personal de coleta dijera esta boca es mía hasta que el inminente e irremediable cierre de la Monumental abrió la espita de las lágrimas de cocodrilo. Aquí no ha hecho falta la alambicada legislación que sentenció el espectáculo en tierras catalanas. En cualquier caso y en ambos casos –con todos los sesudos estudios económicos que quieran justificar la falsa buena salud de la fiesta en Donosti- se ha tratado de certificar la defunción de un muerto.

¿Cuál es la verdadera trascendencia del cierre de Illumbe? En primer lugar constata la precariedad de una afición que nunca terminó de hacer suya una plaza que no recuperó el perdido ambiente del viejo Chofre. Pero la consecuencia más funesta es que sirve de nexo para que el sector antitaurino prosiga su paseo militar por otras plazas. Han caído dos de las capitales más importantes de España a lomos de ese nacionalismo excluyente que sabe hacer buena pesca en ríos revueltos. Pero los antitaurinos podrían seguir apuntando a otras regiones que, como Asturias, Galicia o Baleares, tienen pocas plazas que cerrar.

Tampoco hay que perder de vista lo que está pasando al otro lado del Atlántico: la suerte de matar ha sido suprimida en Quito. Un alcalde que hizo pinitos en el M-19 se ha cargado la plaza de Caracas y en el distrito federal de México arrecian los ataques legales contra la fiesta mientas la mayor parte de los actores del sector se ponen de perfil. La cosa pinta cada vez más fea…

15
Ago/2012

UNA IKURRIÑA COMO BANDERA DE LIBERTAD

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No era la primera vez. El diestro sevillano Antonio Barrera ya había armado su muleta con una Senyera, hace casi un año, en uno de los últimos festejos que se celebraron en la plaza Monumental de Barcelona, tristemente clausurada a lomos de un nacionalismo excluyente. La tierra hoy es otra pero los vientos abolicionistas son los mismos. Bildu quiere aprovechar su mayoría en las instituciones guipuzcoanas para asestar un golpe de gracia a la fiesta de los toros, que podría vivir sus últimos días en la Semana Grande de San Sebastián. La plaza de Illumbe, el moderno recinto multiusos que levantó el recordado Manolo Chopera, está en el punto de mira de la formación nacionalista, que también empieza a esbozar su asalto a la plaza de toros de Vitoria.

Pero Barrera se ha convertido en un maestro en estos golpes de efecto y ayer usó la Ikurriña como muleta, pero sobre todo como bandera de la libertad de una fiesta universal que se encuentra en una encrucijada después de haber rebasado muchas fronteras. El torero cortó una oreja armado con tan singular engaño sabiendo que la imagen –que a veces vale más que mil palabras- se iba a convertir en la foto indiscutible de la jornada más allá de los resultados taurinos de un festejo que, ése es el problema de fondo, no logró congregar más de unos cuantos centenares de aficionados en los modernos escaños del recinto cubierto.

El nacionalismo abertzale, emulando el abolicionismo taurino catalán, ha aprovechado la debilidad de la fiesta en Donosti para intentar asestar el golpe de gracia. Ya lo intentaron en otros lugares cercanos pero el tiro salió por la culata. En su feudo de Cestona, con una larguísima tradición taurina a sus espaldas, recurrieron a un referéndum que les acabó saliendo adverso. Los vecinos decidieron por amplísima mayoría que los toros siguieran prestando la estampa más conocida de su bella plaza mayor, convertida cada año en efímero coso taurino. En esa tesitura, saben perfectamente que no les conviene dar más pasos en falso. Sólo en las plazas que atraviesan momentos delicados o bajones de afición es posible culminar un ataque que se viene a sumar a la propia crisis de una Fiesta que está acusando la tremenda recesión económica.

La actual plaza fue inaugurada en 1998. Se ponía fin así a una larga sequía taurina que se había iniciado en 1973 al derribarse el antiguo coso de El Chofre. La piqueta llegó a lomos de la especulación inmobiliaria y los cambios sociales de una ciudad que había dejado de ser el balneario de la alta burguesía madrileña que poblaba los tendidos de aquel coso neomudéjar. Pero aquella plaza no fue sustituida por otra entonces. Tuvo que pasar un largo cuarto de siglo y el mal ya estaba hecho. La reinstauración taurina que abanderó la familia Chopera no logró revocar los cambios de una sociedad que a esas alturas se parecía muy poco a la de los años de vino y rosas de la Bella Easo: la política, las gentes, la antigua clase y los viejos aficionados ya eran otros.

La Ikurriña se convertía ayer en bandera de libertad en manos de Antonio Barrera. Se conseguía la imagen, que será el cliché de muchas portadas. Mucho más difícil será conseguir  que vuelvan los aficionados a los tendidos donostiarras. Con la plaza llena, las bravatas de Bildu serían sólo fuegos artificiales.

14
Ago/2012

OBSERVATORIO TAURINO: Tres motivos para pensar

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Bildu: matando cadáveres. La Semana Grande de San Sebastián ya ha comenzado. Desgraciadamente podrían ser las últimas fiestas donostiarras que contaran con corridas de toros si Bildu consuma su intención de excluir  la Fiesta de la programación del coso multiusos de Anoeta. La moderna plaza se estrenó en 1998 y venía a sustituir el añorado coso del Chofre que se llevó por delante la piqueta junto a un tiempo, unas gentes y una ciudad añorada que aún no había sido emponzoñada por el nacionalismo. La plaza actual fue el sueño del recordado Manolo Chopera, uno de los empresarios taurinos más importantes de toda la historia que habría sufrido al comprobar que el gran público ha ido dando la espalda a un coso taurino que no ha logrado instalarse en los gustos actuales de la sociedad donostiarra. Ésa es la pura verdad: Bildu no habría osado meterle mano al asunto en vida del gran Manolo Chopera pero tampoco habría sacado pecho -tal y como pasó en Cataluña- si los toros fueran una realidad consolidada en el día a día de San Sebastián. Aquella afición que bebía de la alta burguesía madrileña se fue con el derribo de El Chofre, hace demasiados años. La cosa pinta bastante mal.

De la despedida de Pepe Luís. Zorro viejo y genial, Paco Dorado tenía guardado en la talega aquel mano a mano entre Pepe Luís Vázquez y Morante que la lluvia abortó un 28 de febrero de 2009 en la bombonera de Antequera después de ser presentado por ambos protagonistas en una rueda de prensa celebrada en Sevilla. El comandante, que anda desempolvando la guerrera, ha recuperado aquella idea para dar carácter oficial a la despedida de Pepe Luís en la plaza de Utrera y estrenarse por todo lo alto como empresario del controvertido coso de la Mulata en la Feria de Consolación. Por ahí van los tiros aunque aún no hay nada cerrado y la empresa se deja querer filtrando que el tercero en discordia podría ser Talavante mientras cada vez cobra más fuerza la idea de ese mano a mano que se confirmará en breve. Morante siente una especial debilidad por Pepe Luís y no ha tenido nunca empacho en reconocer que ha sido uno de los espejos de una tauromaquia que bebe de muchas fuentes y un único venero.

El caso del León de la Isla. El suceso recordó, de alguna manera, aquellas imágenes penosas de un Antoñete axfisiado por el tabaco y la vida el último día que se vistió de luces espoleado por ciertos intereses que no vienen al caso. Fue en Burgos, el primer día de julio de 2001 con 69 años a las espaldas; se lo llevaron a puñados, casi sin respiración, y hay quien afirma que la cadena de pago que retransmitía el evento había previsto focos en el túnel de la enfermería en previsión de ese lance trágico que se antojaba irremediable. Han pasado once años. En esta ocasión era Paco Ruiz Miguel el que enfrentaba su larga carga de trienios -sesenta y tres palos bien conservados- a un torete de Cuvillo, gacho y escurrido, que tenía que servir para que el viejo León de la Isla pasara un buen rato y disfrutara -ese nefasto neologismo taurino- en el coqueto coso de Tarifa matando el gusanillo vestido de torero para gozar esa familla renovada que le ha prestado la tele. Pero el bichejo escogido para la ocasión salió respondón y le hizo pasar fatiguitas antes de propinarle un porrazo brutal que pudo mandarle al otro barrio en el acto. Esta vez ha podido contarlo aunque aún permanece ingresado en estado grave en la UVI del Punta Europa de Algeciras mostrando la verdadera crudeza de una profesión que no admite bromas por muchas palmas huecas que las alienten. El mejor gesto del gran diestro de San Fernando sería no volver a ponerse un traje de luces.

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07
Ago/2012

OBSERVATORIO TAURINO: Resaquilla feliz de unas grandes Colombinas

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El Juli se alza en armas en Huelva. El mariscal del toreo ha consumado su pronunciamiento en la Vega Larga de Huelva. El Juli ha retomado el mando del toreo, el control de la temporada y se ha convertido en el actor imprescindible de una campaña que había querido orillarle por unos errores de política taurina -el absurdo conflicto de las televisiones- que ya ha pasado la correspondiente y doliente factura a unos y otros. La batalla sólo se podía vencer en el ruedo y así lo hizo el madrileño echando la moneda a lo alto para convertir su paso por estas felices Colombinas en el verdadero acontecimiento del ciclo choquero y de todo el año. El gran maestro se jugó la vida y trocó el mano a mano con Talavante en un espectáculo global y trepidante gracias a la dinámica competencia en quites; las inesperadas banderillas compartidas y, sobre todo, empleando una impresionante ecuación de maestría y arrojo consciente que han reforzado su papel de primerísima figura del toreo. La apuesta era difícil pero el tiempo está poniendo a cada uno en su sitio. El triunfo del diestro de Velilla ha reconducido el hilo argumental de una campaña que navegaba a la deriva. En Bilbao, tribunal definitivo de la gran temporada, le esperan dos tardes. Cuidado…

El extraño caso de José Tomás. El despliegue julista fue el argumento más sólido de unas Colombinas que no habrían sido iguales sin el poderoso imán mediático que presta José Tomás -mano a mano con un Morante de versos sueltos- para alegrar las taquillas. Ésa es la verdad. Pero también es verdad que el dolménico diestro de Galapagar ha descendido del Olimpo y se ha instalado entre los mortales. Tomás triunfó legítima y brillantemente, pero su actuación fue la de una figura inmersa en la gran temporada que tuviera firmadas 70 corridas con la furgoneta acumulando kilómetros. Así lo evidenció su renovado estado físico y la verdadera dimensión de una buena actuación en una tarde normal que quedó muy lejos del desideratum que tendría que acompañar los tres pases de su venida a la tierra en 2012. Tomás estuvo lejo de esas tardes abandonado de sí mismo en las que se dejó matar para cimentar una leyenda que no siempre se enhebra a la realidad. Su reino también es de este mundo aunque él esté sobrado de profetas.

Cuando las cosas están bien hechas. En cualquier caso, hay que dar la enhorabuena a la empresa comandada por Óscar Polo y Carlos Pereda, catalizadores de unas Colombinas históricas que han sabido espantar la crisis y el fantasma de los tendidos vacíos gracias a un simple y llano ejercicio de imaginación, sentido empresarial y apuesta decidida por la excelencia. Ni siquiera la temida ausencia de Manzanares logró aguar la fiesta en ese segundo mano a mano que a la postre fue suplido con éxito por un Talavante que también sale reforzado de su paso por el coso de La Merced. Así si se hacen las cosas y así debe cundir el ejemplo.

Último adiós a Belén Ordóñez. Su padre, el maestro de Ronda, llevó antifaz de terciopelo negro -maniguetero de Viernes Santo en las fotos sepia- y regaló a la Soledad un puñal de oro y el vestido de color heliotropo que le había bordado Manfredi para hacerle la saya que viste en verano. La devoción primera, la más honda y menos conocida de los cinco hermanos Ordóñez Araújo -de la mano de la familia Romero- siempre fue la última dolorosa de la Semana Santa, que la despedirá para los suyos en Sevilla.  El funeral de la hija menor de Antonio Ordóñez será el próximo viernes a las plantas de la Soledad en su capilla de San Lorenzo, a las 20.30 horas.

en twitter @ardelmoral

05
Ago/2012

José Tomás: ¿Una figura más?

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Hay varias realidades objetivas que no admiten revocación: Tomás llena las plazas en sus contados y cuidados paseíllos; detenta la máxima expectación a pesar del lógico desgaste de un planteamiento que se inició hace ya un lustro; mantiene intacto un insólito tirón mediático inversamente proporcional a su mudez en los micrófonos. Sigue siendo un grandioso torero, una figura incontestable y, de alguna manera, un icono del toreo posmoderno al que no le faltan bardos ni detractores. Pero la pregunta es otra: ¿se trata de un torero más? ¿Merecen los resultados en el ruedo el aval de tanta y tanta expectación, los altísimos precios que se alcanzan en la reventa? Puede ser, siempre ha sido así cuando la leyenda se ha enhebrado a la realidad.

Pero el diestro de Galapagar mostró el pasado viernes en la plaza de la Merced que su reino también es de este mundo. Fue el triunfo de una figura preparada para la gran temporada, en buen estado físico y con la maquinaria a punto para afrontar un mayor número de compromisos que dotarían de un interés añadido a una temporada que navega a la deriva. En la Vega Larga de Huelva asistimos a una notable actuación, al triunfo legítimo de un gran matador que firmó pasajes de enorme calidad. Pero otros quisieron ver acontecimientos siderales, un evento legendario que quedó muy lejos de ese torero -abandonado de sí mismo en otros escenarios- que ha sabido manejar como nadie su propia figura para convertirse en un referente de nuestro tiempo.

A pesar de todo tenemos que ser justos; sí hubo un acontecimiento: el país se desangra y Tomás aún es capaz de abarrotar las plazas. Él podría ser una de las llaves de renacimiento de nuestra fiesta, más allá de su propio interés. ¿Por qué no reclamárselo?

05
Ago/2012

3ª DE COLOMBINAS: El Juli enseña las estrellas de gran capitán a Talavante y a todo el toreo

Los dos matadores convirtieron el segundo mano a mano de la feria choquera en un gran acontecimiento

PLAZA DE TOROS DE LA MERCED

Ganado: Se lidiaron seis toros de Núñez del Cuvillo, correctamente presentados. Bruto y descompuesto el primero; humilló el incierto segundo; colaboró el noble tercero, que fué muy a menos aunque le dieron una injustificada vuelta al ruedo. Noble y rajado el cuarto; muy remiso el quinto. El sexto acabó rompiendo.

Matadores: Julián López El Juli, de púrpura y azabache: oreja con petición de la otra, dos orejas y oreja.

Alejandro Talavante, de amapola y oro: oreja, dos orejas y gran ovación tras petición de oreja.

Incidencias: La plaza casi se llenó en tarde muy calurosa y algo ventosa. Destacó Zamorano con el capote.

La historia es bien conocida: la ausencia de Manzanares había vuelto a descomponer uno de esos mano a mano que se habían convertido en la columna vertebral de la temporada. Sin el alicantino en el cartel, la responsabilidad de El Juli    -lanzado en su propio pronunciamiento- alcanzaba sus cotas más altas.

Sabíamos que triunfaría al precio que fuera y al madrileño no le importó que su primero fuera bruto, descompuesto y peligroso: se la jugó de verdad; como un figurón del toreo con mando en plaza desde que lo paró casi sin tanteos con ceñidos delantales y, sobre todo, apostándolo todo a una carta a pesar de la violencia evidente de un animal que habría quitado del toreo a cualquiera. Pero El Juli se entregó a tope y lo cuajó de cabo a rabo enseñando sus galones de gran capitán y hasta se permitó el lujo de torearlo al natural antes de agarrar un estoconazo a capón que tenía que haber cambiado por dos orejas incontestables que el presidente no quiso conceder.

Con el tercero de la tarde, un bonito colorao, escenificó una lidia precisa y profesoral y se lució en un original quite por faroles invertidos que contestó Talavante de frente y por detrás, en unas ceñidas gaoneras en los medios a las que les faltó limpieza. Pero aún hubo más: El Juli se picó y reventó a su compañero con dos lopecinas que partieron en dos la plaza. Se lanzaba el mano a mano, Julián cogía los palos y le entregaba un par a Talavante, que salió respondón y lo colocó al quiebro. El maestro los había dejado al cuarteo y de poder a poder mientras el personal se partía las manos. Pero El Juli aún se empleó en  una faena intensa y honda, con el acelerador a tope, exprimiendo la nobleza de un buen cuvillo que, a esas alturas, ya andaba en reserva y con la marcha atrás puesta. Lo tuvo que echar abajo pegado a tablas para cortar dos orejas que compensaban la afrenta anterior.

Quedaba el quinto para romper los últimos frentes. Hubo devolución de brindis a Talavante y sobre todo  una nueva demostración de poderío con un toro remiso al que siempre había que empujar hacia adelante. La valerosa infalibilidad de El Juli, muy metido en la cuna, volvió a hacerse presente. La cuarta oreja, rubricada con otro contundente espadazo al salto, era de cajón.

Talavante también sorteó en primer lugar un animal distraído, muy a su aire en la lidia, que acabó humillando -con ciertas desigualdades- en su muleta. El extremeño se templó más y mejor por su lado bueno, esa mano izquierda por la que extrajo los muletazos más largos y sedosos de un trasteo que sólo rompió entonces. El Tala también se tragó algunos parones imperceptibles que dieron la medida del valor natural del torero. Pero fue en las cercanías, muy metido entre los pitones cuando la gente entró definitivamente en su labor, remachada con las inevitables manoletinas y una fuminante media lagartijera.

Con el cuarto, feote y acucharado, hubo nuevo intercambio de quites: por bellos delantales Talavante y por chicuelinas sabrosas El Juli, que recibió el brindis de su partenaire y comenzó su labor en los medios por estatuarios. Talavante intercaló el intenso toreo fundamental con ese catálogo de pases de ida y vuelta al que sumó naturales de infinita cadencia, perfectamente acoplados a un toro que, con su calidad, acabó muy rajado y rebajó el hilo argumental de un trasteo que, con la tarde disparada, fue premiada con otras dos orejas.

Quedaba el sexto para rematar el espectáculo más intenso de este año de recesiones pero se descompuso el pasodoble. Le pegó un palizón de infarto al sobresaliente Fernández Pineda en un descuido y mostró algunas dificultades que Talavante resolvió con una tampladísima faena de más a menos que emborronó con el acero. Ya daba igual.