Monthly Archives: Abril 2012

30
Abr/2012

CIERRE DE FERIA: Sólo las ganas de Rafaelillo

El diestro murciano fue el único que salió resuelta y sinceramente dispuesto a triunfar y estuvo a punto de cortar una oreja

140429 Rafaelillo

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron cinco toros de Miura, de grandes esqueletos y juego desigual aunque alejado del comportamiento más genuino de la vacada. Primero y segundo no pasaron de sosos. Cuarto y sexto, parados y a la defensiva. El que más se dejó, por el pitón izquierdo, fue el quinto. El tercero fue un sobrero del Conde de la Maza, muy complicado.

Matadores: José Luis Moreno, de verde botella y oro, ovación en ambos.

Rafael Rubio Rafaelillo, ovación y vuelta al ruedo tras aviso.

Serafín Marín, de azul cielo y oro, silencio y silencio.

Incidencias: La plaza registró dos tercios de entrada muy repartidos en una tarde gélida y muy nubosa. En el transcurso de la lidia del tercero de la tarde saltó un espontáneo que fue reducido por la policía. José Luis Moreno pasó a la enfermería al final del espectáculo. Antes había sufrido dos volteretas.

álvaro r. del moral l Sevilla

El larguísimo clarinazo que pregonó la muerte del sexto miura anunciaba también que se lidiaba el último toro de una Feria de Abril que ha terminado muy cuesta arriba. Concluían así dos semanas de toros y toreros que se han hecho demasiado largas y han enseñado demasiados ladrillos de una plaza que, por primera vez en muchos años, se quedó grande y ancha. Ni siquiera acompañó la climatología y el frío sacudió sin piedad a la vez que se sucedían carteles que si no habían funcionado sobre el papel difícilmente podían hacerlo en el ruedo. Para poner la firma a este espeso ciclo, las tradiciones mandan, había preparado un encierro del otrora temido hierro de Miura que volvió a desmerecer de su vieja fama echando cinco ejemplares de variado comportamiento pero muy alejados de ese horror, terror y pavor que cimentó la fama de la divisa. Y hablando de divisas, los toros saltaron al ruedo sin ellas como recia y campera señal de luto por el reciente fallecimiento de la madre de los ganaderos.

La gélida tarde habría constituído un nuevo y soberbio tostón sin la sincera entrega de Rafaelillo, el único matador de la terna de ayer que salió resuelta y verdaderamente dispuesto a triunfar por encima de las circunstancias. Pero el menudo diestro murciano no había tenido ninguna suerte con el segundo de la tarde, un animal de capa cárdena y bella estampa que fue aplaudido al salir por la puerta de chiqueros en medio del noveleo que siempre rodea la lidia de estos toros que se apoyan en más leyendas que realidades. Pero a esa bella carrocería que estuvo saliendo por el inmenso portón de los sustos del coso maestrantee no le correspondió el mismo motor y para colmo el toro fue masacrado en un tremendo primer puyazo -el animal se empleó y se le cerró la salida sin sentido- que lo dejó para el arrastre.

Rafaelillo lo intentó después pero no podía obligarle a nada. El toro de Miura embestía doblando las manos y acabó cortando los viajes aunque se desplazara algo mejor por el lado izquierdo sin dejar de mostrarse a la defensiva. La verdad es que la faena como tal no llegó a existir y se limitó a una porfía infructuosa que concluyó con un estoconazo algo trasero que fue más que suficiente para echarlo abajo.

Aún quedaba una bala que quemar y había que salir a por todas. Salió el quinto y Rafaelillo lo recibió con dos largas de rodillas en el tercio a las que siguió un buen toreo a la verónica rematado con una airosa media. La gente ya estaba en el bote y el torero, que había tomado buena nota del desaguisado anterior, quiso asegurar las fuerzas del animal perdonándole el castigo en el caballo. Con la muleta en la mano, el diestro murciano se apercibió muy pronto de que el lado bueno del toro era el izquierdo y basó sobre esa mano una faena animosa, entregada y cargada de mérito que alternó buenos y largos naturales con la vistosidad de los remates hasta lograr dar fiesta y meter al toro y al personal en la canasta. Pero el acero no quiso entrar a la primera y se esfumó ese trofeo que tenía en la mano y que se había ganado con verdad y entrega. Tuvo que cambiarlo por una vuelta al ruedo aclamada por el público.

Abría cartel el veterano diestro cordobés José Luis Moreno, un matador a la vuelta de una carrera que vivió hace dos o tres de temporadas su penúltima resurrección, de nuevo truncada por un inesperado percance que volvió a cortar su calidad contrastada. El diestro de Dos Torres, que repetía en el empeño miureño para no descabalgarse de las ferias se mostró aseado y solvente pero escasamente comprometido con el soso ejemplar que hizo primero al que pasó muy en profesional aunque escasamente enfibrado. La verdad es que la sosería del toro tampoco admitía mucho más y una estocada tendida le sirvió para echarlo abajo en espera de que el siguiente fuera mejor colaborador.

El cuarto fue un tremendo cárdeno y capirote que le plantearía muchas más dificultades al rubio diestro cordobés, que posiblemente ya no esté tampoco para estas batallas campales. El toro, que se ciñó siempre para dentro en los capotazos de la lidia llegó a la muleta de su matador echando la cara arriba en los embroques, tardeando, rebrincando y cortando los viajes. Moreno volvió a andar aseado con él, también muy precavido, pero el toro se acordó del hierro que llevaba grabado a fuego en el anca y alcanzó al torero al mínimo descuido, al perderle la cara un instante, propinándole una tremenda voltereta de la que Moreno salió muy mermado física y anímicamente.

Pero el tremendo torazo de miura, más de seiscientos kilos en la báscula, aún volvería a darle otra paliza al cogerle en la suerte de matar. Moreno quiso asegurar la estocada a pesar de una distracción del toro en el embroque de la suerte y fue nuevamente volteado. Visiblemente aturdido, pasó un quinario para poder echar abajo a su enemigo después de varias intentonas fallidas en las que estuvo a punto de perder los papeles. Afortunadamente el acero entró en uno de los viajes y se puso fin al mal rato del torero, que esperó al final del festejo para pasar a la enfermería sin que trascendiera ningún parte facultativo del examen.

No tuvo su tarde el diestro catalán Serafín Marín, que sigue luchando para incorporarse al gran circuito que llegó a acariciar en sus mejores momentos. Ayer no fue el día para ganar puntos. El tercero fue un sobrero del Conde de la Maza que sustituyó a un flojo ejemplar que había humillado y que despertó la curiosidad de los aficionados. Pero no pudo ser. Le dieron fuerte al del Conde en el caballo y tampoco se libró del numerito de un estrafalario espontáneo que saltó de un tendido de Sol para darle dos mantazos increíbles con su propia chaqueta de los que salió milagrosamente ileso y apresado por la policía.

Con la muleta en la mano, el diestro catalán se empleó en una labor precavida e insolvente que no llegó a resolver los muchos problemas que le planteó ese imponente y bien armado sobrero corraleado y manso, a la postre más miura que los miuras, tal y como podría adivinar cualquier aficionado mínimamente avezado. Se dejó algó más por el pitón izquierdo y Serafín Marín planteó por ahí su labor aunque no podía ni debía confiarse en la escasa bondad de un bicharraco con el que pasó un indisimulado mal rato. El sexto fue otro toro vacío y a la defensiva con el que pasó demasiado tiempo sin concretar nada. Era el final de una feria llena de goteras que ha dejado un regusto amargo. Llega el momento de hacer balance, de conceder todos los premios que ya sólo tienen un dueño y de soñar con nuevas ferias que nos hagan olvidar este mal paso.

29
Abr/2012

MATINAL DE REJONES: Ventura se impone a todo y a todos y corta dos orejas incontestables

El rejoneador hispanoluso Diego Ventura ha cortado dos orejas en el accidentado festejo matinal de rejones celebrado en la plaza de la Maestranza, penúltimo de la Feria de Abril. El caballo Xelín, de la cuadra de Rui Fernandes tuvo que ser sacrificado después de ser corneado en el vientre por el segundo de la mañana.

120429 Venturat

Se lidiaron seis toros de Fermín Bohórquez, que colaboraron con los montados en líneas generales aunque se acabaron aplomando mucho al final de su lidia.

Fermín Bohórquez, rejón muy bajo (Palmas).

Rui Fernandes, rejonazo muy contrario. (Oreja).

Diego Ventura, rejonazo fulminante. (Dos orejas).

Joao Moura, dos pinchazos y rejonazo contrario y trasero (Ovación).

Noelia Mota, rejonazo en todo lo alto. (Oreja).

Francisco Palha, cuatro pinchazos y se echa. (Palmas).

La plaza registró casi tres cuartos de entrada en mañana de lluvia intermitente. El caballo Xelín, de la cuadra de Rui Fernandes tuvo que ser sacrificado después de ser corneado en el vientre por el segundo de la mañana.

FERNANDES Y NOELIA MOTA OBTUVIERON UN TROFEO CADA UNO

La incontestable demostración de Diego Ventura, un portugués injertado en la Puebla del Río que cada vez está más cerca de coronar la cumbre del rejoneo, llenó de contenido una gris y lluviosa matinal de rejones que también tuvo su contrapunto trágico en la muerte del caballo Xelín, que tuvo que ser sacrificado después de ser corneado con saña por el segundo toro de la mañana. Pero la labor de Diego Ventura, marcada por la entrega y predisposición pero sobre todo por la precisión que preside su buen rejoneo hizo olvidar las terribles imágenes que se habían vivido algunos minutos antes gracias a una actuación sobriamente espectacular pero sin renunciar a la garra que le ha caracterizado desde sus inicios.

Ventura salió determinado a triunfar y lo consiguió gracias al espectáculo trepidante que brindó desde que se asomó por la puerta de caballos. El más sólido aspirante al trono del rejoneo brindó a Rui Fernandes en consuelo por la pérdida de su caballo y se empleó en una labor que comenzó a dispararse en un ceñidísimo galope a dos pistas a lomos de Nazarí. Con esa misma montura, el joven maestro volvió loca a la plaza llevándose al toro de Fermín Bohórquez por todo el ruedo sin dejar de exponer nunca, dejándoselo llegar a milímetros de los pechos del caballo. Ése fue otro de los pilares de su valiosa labor: la entrega consciente, la apuesta constante y la tremenda pasión que imprimió a todos los tiempos de las suertes. Su faena fue siempre a más y los embroques fueron siempre exactos, clavando en todo lo alto antes de emplear el rejón de muerte con certera prontitud que no admitía dudas: Las dos orejas eran de cajón.

Otro trofeo se llevaría el portugués Rui Fernandes, que vio recompensados de esta manera sus esfuerzos y su afán de superación después de perder el caballo Xelín, que resultó derribado de salida y corneado brutalmente en el vientre. Después del percance, el equino aún pudo incorporarse y emprender un alocado galope por el ruedo en el que se le salió todo el paquete intestinal. Era imposible revocar los daños sufridos y tuvo que ser sacrificado algunos minutos después. El caso es que Fernandes logró calentar al personal, sobrecogido por las terribles imágenes de la tremenda cornada sufrida por el caballo, y sin importarle lo que había pasado se vino arriba en una actuación arriesgada, trufada de piruetas que puso al público en pie.

La cuarta oreja cortada en la mañana fue para la rejoneadora manchega Noelia Mota, que conectó rápidamente con los tendidos en una lucida labor que tuvo que luchar con el escaso celo de su enemigo, al que impuso sus ganas de ser y sobre todo una alegría contagiosa que prendió en el público. Mató con autoridad y cortó ese merecido trofeo.

Fermín Bohórquez se marchó de vació aunque no pasó de sobrio y templado con el primero de la tarde, que le dejó estar en todo momento. Muchas más ganas mostraron los más jóvenes portugueses Joao Moura y Francisco Palha aunque el rejón de muerte emborronó sus entregadas actuaciones.

120429 Percance de Xelín

29
Abr/2012

FERIA DE ABRIL: El Fandi se impuso a los elementos

El diestro granadino se llevó una oreja gracias a una entregada y animosa actuación que se vivió bajo un copioso chaparrón

120428 Fandi

Álvaro Domecq Romero envió un serio y variado encierro en que hubo al menos tres ejemplares cargados de posibilidades

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Torrestrella, muy bien presentados. El primero fue codicioso y repetidor y tercero y cuarto tuvieron buena condición. También sirvió el sexto aunque el lote formado por segundo y quinto fueron muy a menos.

Matadores: Manuel Díaz El Cordobés, de tirita y oro, silencio y ovación.

Juan José Padilla, de negro y oro con remates en negro, ovación silencio.

David Fandila El Fandi, de pavo y oro, oreja y vuelta al ruedo tras petición insuficiente.

Incidencias: La plaza registró más de tres cuartos de entrada. Comenzó a llover al finalizar la lidia del segundo toro y no cesó en toda una tarde en la que también apretó el frío.

Se la esperaba desde el viernes y ayer, en pleno Sábado de Farolillos y con el llamado cartel mediático colgado en las paredes, no falló. Estaba amagando, asomándose por el 1 y el 3 siguiendo esa ruta inversa de Huelva que no suele pasar de largo. Padilla estaba finalizando su faena al segundo de la tarde y comenzó a llover: primero tímidamente; copiosamente después para poner chorreando a esa peculiar parroquia que suele llenar los tendidos en una fecha que ya anuncia que hay que ir haciendo el inventario de platos rotos.

Con o sin el agua que celebraban los labradores, el espectáculo se dio de pe a pa y además se envolvió de esa novelera emotividad que presta la lluvia a las suertes del toreo. Pero el que se llevó el gato al agua, nunca mejor dicho, fue el granadino Fandi, que ya había estado a punto de cortar una oreja en su primer compromiso en el abono y acudía a despedirse de la Feria de Abril con las pilas bien cargadas y dispuesto a agradar a un público que nada tiene que ver con el severo senado de días atrás.

No está de más recordar que El Fandi tuvo a favor un más que interesante lote del envío de Torrestrella, que volvió a mandar a la Maestranza una corrida magníficamente presentada y cargada de matices que certificó el buen momento por que que atraviesa esta vacada fundamental que ha vivido algunos años de ostracismo. Y reconociendo las bondades del ganado tampoco está de más recordar que el granadino volvió a brillar en lo que mejor domina: los palos, el sentido de la lidia y el manejo del capote.

Su primero, tercero de la tarde, fue un toro largo y algo escurrido que anunció cositas buenas desde que salió por la puerta de chiqueros. El granadino lo recibió con dos largas junto a las tablas del tendido 4, de las rayas para adentro, a las que siguieron un templado ramillete de verónicas y media verónica de rodillas. Comenzaba su puesta en escena, que prosiguió galleando por chicuelinas antes de tomar los palos. Con las banderillas en la mano brilló en un gran par de moviola que ya había empleado cuando Padilla le invitó a compartir el tercio en el segundo toro, llegando a ser eclipsado por el convidado. Fandi devolvió la cortesía al jerezano y juntos trenzaron un notable espectáculo trufado de recortes y adornos finales que salieron con natural y soncronizada sintonía.

Y es que el toro de Torrestrella era bravo y seguía manteniendo un fondo importante. En esos momentos el temporal apretaba fuerte y El Fandi inició la faena de rodillas dando inicio a un trasteo animoso y entregado que no siempre logró apurar toda la calidad del animal. Pero no hay que quitarle méritos: el gran esfuerzo derrochado bajo la lluvia agradó al público que pidió y consiguió esa oreja que el torero paseó más que feliz.

Pero el todoterreno de la ciudad de la Alhambra aún podría haber cortado otra más del sexto, con la tarde definitivamente empapada en agua, gracias a una nueva demostración de entrega, variedad y espectáculo.  Ese toro, que saltó al ruedo a galope tendido tuvo mejor principio que final aunque permitió que su matador le colocara un excelente primer par al cuarteo y finalizara el segundo tercio con ese desplante, parando al toro, que enerva a todo tipo de públicos. Con la muleta volvió a intentarlo todo sin desfallecer, con ánimo de agradar a una mojada parroquia que ésta vez no logró la concesión del trofeo después de una faena vivida y contemplada entre las rendijas de los paraguas.

Padilla repetía en la Feria de Abril después de su retorno en calidad de telonero del primer cartel estrella. Pero esta vez el jerezano sorteó el lote con menores posibilidades de lucimiento del variado envío de Torrestrella. Su primero no había tenido mal comienzo aunque se desinflaría a lo largo de la lidia. Ya le habíamos contado que compartió palos con El Fandi y aunque la ovación más atronadora se la llevó el granadino, Padilla colocó dos sensacionales pares de planteamiento y sabor más clásico que no desmerecieron en nada.

Con la muleta fue otro cantar. Rebrincadito y corto de viajes, la porfía de Padilla con ese toro no tuvo ningún rédito. Tampoco podría hacer nada con el quinto, al que debió comprobar su escaso motor para renunciar a poner las banderillas. Nadie se lo recriminó y lo que vino después le dio la razón: el toro se desinfló por completo en el último tercio aunque Padilla, que se fue a los terrenos más practicables de la Puerta del Despejo, pasó demasiado tiempo en la cara.

Dejemos para el final la penosa impresión que dejó El Cordobés, al que le venía grande a estas alturas una feria como la de Sevilla, un escenario como la Maestranza y un compromiso que, a pesar de su propia idiosincrasia mediática, necesitaba de otro tipo de planteamientos. Manuel Díaz se mostró absolutamente incapaz de meter mano al temperamental torrestrella que salió en primer lugar y no pasó de anodino y vulgar, amontonando pases sin ton ni son, con un cuarto que no tuvo mala condición. ¿Qué se le había perdido aquí?

28
Abr/2012

FERIA DE ABRIL: Salvados por la campana

David Mora justificó su particular Feria de Abril cortando una oreja de un importantísimo y encastado ejemplar de la familia Fraile

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de El Pilar, bien presentados y de enormes esqueletos en líneas generales. Sobresalió sobre todo el encierro el encastado ejemplar lidiado en quinto lugar. El segundo tuvo clase pero muy pocas fuerzas. Tuvo codicia el primero; brusca movilidad el tercero; resultó bronco el cuarto y potable el sexto.

Matadores: Manuel Jesús El Cid, de Macarena y oro, silencio en ambos.

David Mora, de marino y oro, silencio y oreja.

Daniel Luque, de Champagne y oro con cabos negros, silencio y ovación tras dos avisos.

Incidencias: La plaza registró dos tercios de entrada en tarde progresivamente fresca y algo lluviosa al final. El diestro David Mora resultó cogido en el transcurso de la lidia del quinto toro y pasó a la enfermería después de darle muerte sufriendo “varetazo corrido en la cara interna del muslo izquierdo”, que fue calificado como leve por el doctor Mulet.

El primer fracaso de la tarde fue el escasísimo ambiente que se vivía dentro y fuera de la plaza en una fecha, el Viernes de Farolillos, que no hace tanto llenaba por sí sola y ayer mostró aire de novillada otoñal. No acompañaba la climatología pero, sobre todo, pocos aficionados podían a estas alturas sentirse demasiados atraídos por  estas combinaciones que han enseñado su escaso tirón. Dejémoslo por ahora.

Volvía al coso sevillano una de las vacadas más laureadas en las últimas ferias y, según dicen, hubo sus más y sus menos en los corrales para que la familia Fraile pudiera completar un encierro que brindó un abanico variado de posibilidades y registros. Los toros fueron aprovechados de forma muy desigual por una terna de circunstancias unida con muy poca química que se antojaba puro relleno en espera de la clausura de una Feria que debe abrir una amplia reflexión.

El caso es que el triunfo fue para el que más lo necesitaba. Y además sirvió para que David Mora tomara una ancha bocanada de aire después de pasar muy de puntillas alternando mano a mano con su compañero Fandiño en la tarde de los victorinos. Mora había recibido en primer lugar un altísimo ejemplar que metió la cara de cine en los primeros compases de su lidia anunciando un excelente tranco, un galope fabuloso que no se pudo sostener en sus escasas fuerzas. Había que ser un mago del temple para lograr que se mantuviera en pie y la verdad es que David Mora pudo exigir muy poco de este animal al que sí tumbó de una excelente estocada.

Pero la suerte querría que se pusiera en sus manos el quinto, que no falló al tópico y rompió en la muleta embistiendo con encastada y brava nobleza a pesar de la caótica lidia que había recibido en los primeros tercios. Había que estar delante de él y Mora no dejó de pasar algunas fatiguitas en las primeras series, que trazó en el mismo filo de la navaja y sudando la gota gorda. La verdad es que el toro de El Pilar era más emotivo por el pitón derecho y más enclasado por el izquierdo, tal y como pudo ver David, que se cambió de mano conformando el corpus central de su labor en varias series dictadas al natural que fueron creciendo en intensidad.

En un descuido fue alcanzado por el toro, que lo levantó a pulso dando una fea impresión. Afortunadamente no estaba herido y volvió a la cara, ahora sí, toreando de nuevo por el lado derecho con mayor seguridad pero sin dejar de imprimir garra y emoción a una nueva tanda de muletazos en redondo que marcaron la cima del trasteo. Aún hubo algunos ayudados antes de agarrar una fea estocada que no le impidió pasear una merecida oreja que le tuvo que saber a gloria. Pero no se olviden: el toro debe entrar en el cuadro de honor de esta Feria de Abril.

Daniel Luque también redimió en parte su paso por la Feria de Abril esforzándose a tope con el áspero pero potable sexto de la tarde, al que extrajo varias series de naturales bien compuestos después de una primera fase de sobo y acople que alargó considerablemente el trasteo. Luque advirtió tarde pero bien que el toro obedecía más y mejor atacándole, empujándole hacia delante, sobre todo por ese pitón izquierdo que supo aprovechar en el tramo final de su labor para convencer a todo el mundo que sigue contando en la línea de salida de esta extraña campaña.

El joven diestro de Gerena llegó a tener muy cerca la oreja que habría amarrado con algunos detalles finales que no tuvieron refrendo con la espada. A su manera se salvó dos veces por la campana: además de aprovechando la última bala que quemaba en el ciclo, esquivando el tercer aviso que rondaba por la excesiva longitud de su labor. Antes había tenido que vérselas con un tercero de brusca y engañosa movilidad con el que pasó mucho tiempo en la cara sin sacar nada en claro.

Algunos resoplaron cuando El Cid echó abajo, de cualquier manera, al bronco y duro ejemplar que hizo cuarto. Había pasado un calvario con él confirmando los peores augurios y empañando los detalles que fueron salvando por los pelos sus compromisos anteriores. Pero el diestro de Salteras no había sido capaz de domeñar las dificultades de ese complejo enemigo y tampoco había logrado meterle mano en serio al encastado ejemplar que abrió la tarde, otro toro con dificultades, sí, pero codicioso y con mucho que torear -aunque duró poco- que reveló el delicado momento por el que pasa el diestro sevillano después de sumar tres tardes en la Feria de Abril para marcharse sembrando demasiadas dudas sobre su estado de sitio. La anécdota de la tarde la puso sin querer El Boni, su parlanchín y exhibicionista peón de confianza, que pagó su excesiva locuacidad -vamos a centrarnos le dijo al primer toro en la lidia- con un acosón en el pecho que le dejó completamente mudo para el resto de la tarde. Vamos a centrarnos sí, no queda otra.

27
Abr/2012

FERIA DE ABRIL: Los milagros no tienen octava

120426 López Simón

López Simón llegó como convidado de piedra y cambió la unica oreja de la tarde por una cornadita que le impidió matar al sexto

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Núñez del Cuvillo, el primero jugado como sobrero, correcta aunque desigualmente presentados. El mejor de todos, por clase y duración fue ese sobrero que sirvió más por el pitón derecho. También tuvieron interés el tercero, que se aplomó muy pronto, y el correoso quinto, con mucho que torear. El resto no sirvieron.

Matadores: Morante de la Puebla, de tabaco rubio y oro, silencio en los tres que mató.

José María Manzanares, de marino y oro, silencio y ovación.

López Simón, de blanco y oro, oreja tras aviso en el único que pudo estoquear.

Incidencias: La plaza se llenó hasta la bandera en tarde fresca y entoldada. La cuadrilla de Manzanares -Trujillo, Curro Javier, Blázquez, Barroso y Chocolate- brilló al completo. Al entrar a matar al primero, López Simón sufrió una “herida por asta de toro en cara anterior de muslo derecho tercio medio, que interesa musculatura de vasto interno presentando una trayectoria ascendente de siete centímetros” de pronóstico leve según el parte firmado por el doctor Octavio Mulet.

Era la tercera y última cumbre de un abono trazado en dientes de sierra que no terminó de resolverse en mano a mano por la negativa inicial de José María Manzanares, que temía un inesperado rapto de inspiración de Morante de la Puebla que alterase sus planes. Pero claro, Morante tampoco quería abrir un cartel que, de carambola, acabó sirviendo para dar la alternativa a un tal López Simón que, lo que son las cosas, se acabó llevando la única oreja, el mejor toro y el único percance de una tarde en la que todos habíamos puesto todas nuestras complacencias.

Ni en sueños podría haberse imaginado el almibarado López Simón entre Morante y Manzanares en un Jueves de Farolillos. Pero la política taurina brinda estos lances y además, con o sin la cornadita que le impidió salir a matar al sexto, la suerte se puso de su parte para que se encontrará con un excelente colaborador -jugado como sobrero- que le dejó estar más que agusto.

Le habían dado un fuerte puyazo en la puerta de caballos pero el toro no dejó de galopar en banderillas antes de que Morante le cediera pronta y sobriamente los trastos del oficio. Sorprendentemente, no brindó a nadie su primera faena como matador de toros, que inició con los consabidos pases cambiados por la espalda -rebosándose el toro con nobleza- a los que siguió un sorprendente -por templado- toreo de rodillas.  Pero el muchacho emplea una cursi puesta en escena -plagada de exasperantes pasitos de geisha- que desluce las fases de mejor toreo y que le hace estar más pendiente de parecer una figurita de yadró que de componer con naturalidad. A pesar de todo no se puede negar la sincera entrega de López Simón, que también fue capaz de cuajar buenos momentos con ese cuvillo cargado de calidad al que muchos habrían querido ver en otras manos. La nutrida parroquia le jaleó todos los pasajes de una faena que brilló más y mejor por el lado diestro. Y es que el toro tuvo una enorme duración aunque resultó más remiso por el pitón izquierdo.

Decidido a amarrar el triunfo, el nuevo matador se tiró con la espada con decisión y sufrió una cornadita que no le impidió pasear la cariñosa oreja con la que le premió el público. Pronto se supo que la anestesia epidural empleada en las curas le iba a impedir salir a matar el sexto. El sonido de la ambulancia y la salida de los médicos así lo confirmó.

Pero el caso es que quién más y quién menos había venido a ver la reedición del milagro manzanarista, que había crecido a la vez que pasaban los días de esa fecha gloriosa que ya ha convertido al alicantino en triunfador de una Feria que quema sus propios restos. De paso, todos aguardaban que medio le embistiera un toro a Morante de la Puebla para dejar de conformarse con esos quites del perdón que empiezan a convertise en tradición.

Pero, y bien que los sentimos, a Manzanares se le vio mucho menos fresco, menos despejado y mucho más atenazado que en el acontecimiento de la preferia. Sí lidió con magistral mimo al tercero de la tarde, que fue picado con brillantez por Barroso y cuajado con los palos por un inspirado Trujillo que anunció el despliegue general de esa cuadrilla histórica. Noble y un punto distraidito, el toro se le vino pronto a Manzanares en la muleta. El alicantino encontró el mejor acople en la segunda serie de una faena muy medida en los tiempos que siempre se encontraba al borde de esa frontera que separa lo correcto de lo excepcional y que se fue diluyendo a la vez que se apagaban las fuerzas del toro. Justo cuando parecía que iba a sonar la música, se ralentizó el ritmo del trasteo, que se acabó disipando por completo cuando tomó la mano izquierda.

Manzanares instrumentaría un variado recibo capotero al que hizo quinto, que remató con una inusual media con las dos rodillas en tierra. Lo bordó Chocolate en un sensacional segundo puyazo y reventó la plaza Curro Javier en un formidable tercio de banderillas que hizo crujir la plaza y sonar la controvertida música de Tejera. Pero el torero que llegó después sembró algunas dudas con ese toro, correoso y con fondo duro pero con mucho que torear y dominar. La verdad es que el Manzana no llegó a disfrutar en ningún momento en un largo trasteo, muy sobado, en el que brillaron un puñado de muletazos rotundos alternados con otros más atropellados. Un cambio de mano y un molinete marca de la casa animaron en parte el cotarro pero la espada no le funcionó esta tarde al gran artista, que despidió su gran feria con una calurosa ovación.

No fue la tarde de Morante, que también despachó el lote más deslucido. El segundo, rebrincado de puro blando no le duró más de cuatro pases. Al cuarto, muy deslucido, sólo cabía matarlo. Y el desinflado sexto le permitió pedir perdón con un quite por chicuelinas. Poco más.

26
Abr/2012

FERIA DE ABRIL: Mejores principios que finales

Talavante cortó una oreja intrascendente gracias a un estoconazo y un par de tersos naturales

120425 Talavante

El encierro de Jandilla anunció globalmente buenas cosas pero la general y lamentable falta de fuerza impidió que las reses confirmaran esa buena condición que debían llevar dentro

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Jandilla, muy bien presentados y cuajados. En general tuvieron mejores principios que finales y se acabaron viniendo abajo en la muleta a pesar de su nobleza. El segundo tuvo más duración y el cuarto galopó en los dos primeros tercios y claudicó al final.

Matadores: Manuel Jesús El Cid, de amapola y oro, silencio en ambos.

Sebastián Castella, de Rescatado y oro, silencio y silencio.

Alejandro Talavante, de obispo y oro, oreja y silencio.

Incidencias: La plaza no se llenó por completo en tarde progresivamente fría, ventosa y desapacible. Destacaron los banderilleros Javier Ambel y Alcalareño. El primer toro hirió a un caballo de picar de la cuadra de Peña.

La Feria de Abril 2012 se está viviendo bajo un curioso síndrome. Muchos aficionados acuden a la plaza concienciados a priori de que no va a pasar nada. Y la verdad es que la escasa química de la mayoría de los carteles ayuda muy poco a mantener la ilusión, esa chispa que incendia el interés del aficionado. Y es que si hay carteles capaces de disparar esas expectativas, hay otros que son capaces de enterrarla. Hablando claro: al personal más habitual      -que ayer se completó por fin con el genuino público de los farolillos- se le han indigestado por completo esos tres mortecinos paseíllos de Sebastián Castella, que aún tiene firmada una tercera tarde en San Miguel que, por lejana, no deja de inquietar. Y hay que hablar claro, todo el mundo tiene ya un poco atravesado el don de la ubicuidad de El Cid, que todavía tiene que despachar otra corrida en farolillos y le aguarda un compromiso en septiembre.

En esa tesitura, el mermado abono y los cada vez más escasos cabales respiraron hondo cuando sonó el pasodoble. Pero los más enterados sabían que el imponente corridón de toros de Borja Domecq podía servir y así lo fueron anunciando todos y cada uno de los ejemplares en unas esperanzadoras salidas que desgraciadamente no se confirmaron en el último tercio

La tarde había comenzado algo gafada: con un caballo de la cuadra de Antonio Peña chorreando sangre por debajo del peto después de que el jandilla estuviera a punto de derribarlo. Hondo y abantito, hizo cositas buenas pero no mostró estar demasiado sobrado de fuerza . Pero en la muleta mostró su calidad en los primeros muletazos de El Cid, que se templó desde que inició su trasteo en dos o tres series diestras que supieron pulsear la lenta y enclasada embestida del toro. Lástima que durara tan poco y le fallara un punto el pulso al Cid. Los mejores muletazos de la tarde se quedaron en agua de borrajas y el silente personal con un palmo de narices.

Haciendo honor a su proverbial mano en los sorteos, El Cid pudo ver que el cuarto hizo cosas excelentes en el capote, muy en Parladé, desde que salió por la puerta de chiqueros. El toro mostraba un elegante galope, un excelente tranco que aún mantuvo en el tercio de banderillas, que Alcalareño resolvió con nota alta. Pero había sido un espejismo: se vino abajo por completo e impidió que surgiera ese toreo de altura que nos habría redimido de tantos sinsabores pasados. Al toro se le había acabado el gas y el diestro de Salteras alargó sin sentido una labor que no podía ir a ningún lado. Al Cid aún le queda un compromiso en una Feria que se le está volviendo a ir en blanco. La que resta se antoja ya demasiado.

Alejandro Talavante, que ya se llevó un trofeo eclipsado por la apoteosis manzanarista, lucró ayer otra generosa oreja del tercero de la tarde que añade escasos galones a su palmarés. Ese trofeo tampoco puntúa demasiado de cara a los resultados finales de esta aburridísima feria y es sólo un despojo para un torero al que hay que exigir más, mucho más si eclosiona en figura tal y como viene anunciando.

Pero tampoco hay que minuslavalorar los méritos que sí tuvo el extremeño, que recibió a ese tercero con un par de vistosas chicuelinas antes de perdonarle la vida en el caballo, como a casi toda la corrida de Jandilla. Talavante se fue haciendo con la noble condición del toro, primero con un puñado de limpios muletazos diestros en los que nunca llegó a ajustarse ni romperse por completo y en los que el astado mostró su bondad en los embroques y un tranco importante. El torero se apercibió de esa bondad y se dispuso a tirar de la especialidad de la casa al tomar el engaño con la mano izquierda. Surgieron entonces, dentro de una serie de medio tono y algo desigual, dos naturales de seda que en esta plaza no le suelen fallar desde los tiempos de su presentación, hace ya un lustro. No hubo mucho más en ese trasteo cogidito con alfileres que sí remachó con un gran estoconazo que validó la justita oreja. Pero a Talavante hay que pedirle como el gran torero que puede ser.

Con el sexto -enorme, hondo y cuajado pero tan blandito como sus hermanos- se llevó todo el tiempo del mundo en la cara   -¿por qué abusan tanto del reloj los toreros contemporáneos?- administrando los tiempos muertos de un trasteo que nunca dijo nada. A esas horas, a punto de dar las nueve de la noche en el inmenso reloj de la plaza, el público estaba congelado y loco por coger el camino de la Feria.

El diestro francés se llevó el toro de mayor duración del encierro de Jandilla, un segundo que apenas humilló en el deslavazado capote del francés. Pero el animal se acabó abriendo y desplazando en la muleta aunque el matador fue incapaz de templarlo en una espesísima labor en la que amontonó muletazos sin ton ni son sin la más mínima huella.

Era la tercera tarde del francés en un ciclo que despidió con un enorme y blando torazo al que se hartó de dar mantazos de todos los colores alargando su faena en medio de la impaciencia general.

25
Abr/2012

FERIA DE ABRIL: Mano a mano sin oropeles

120424 Fandiño

Fandiño, muy entregado toda la tarde, cortó una oreja de un gran lote de toros de Victorino Martín

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Victorino Martín, correcta aunque desigualmente presentados. Primero, tercero y quinto conformaron el lote de mayores posibilidades de triunfo. También tuvo interés el cuarto y el sexto, que embistió despacio y con mucho temple, no estuvo exento de nobleza.

Matadores: Iván Fandiño, de rosa pálido y oro, ovación, oreja y dos vueltas al ruedo tras petición.

David Mora, de rosa pálido y oro, ovación, silencio y silencio.

Incidencias: La plaza registró dos tercios de entrada en tarde espléndida. Destacaron el picador Pepe Aguado y el banderillero El Chano manejando los palos.

La siempre esperada lidia de los toros de Victorino Martín se había visto prologada esta vez de un vaivén de camiones para completar un encierro que en primera instancia había quedado desarbolado por completo. Las idas y venidas al campo permitieron finalmente enlotar seis toros del viejo hierro de Albaserrada, que necesitaba a su modo un reencuentro con una de las plazas más importantes en su historia más contemporánea.

Los criadores lo conseguieron y echaron por la inmensa puerta de toriles de la plaza de la Maestranza un abanico variado en el que hubo de todo, pero sobre todo un lote de alta nota conformado por primero, tercero y quinto que Iván Fandiño aprovechó muy entregado, según su particular modo y manera, pero lucrando tan sólo una oreja que podrían haber sido más.

Fandiño alternaba mano a mano con David Mora, con el que comparte esa rampa de lanzamiento que se ha tenido que demorar después de los tibios resultados cosechados en un mano a mano muy similar que se celebró el Domingo de Ramos en la plaza de Las Ventas. Entre unas cosas y otras el pretendido acontecimiento no logró tirar de la taquilla y enseñó las mismas porciones de ladrillos que están siendo norma en esta extraña Feria.

El diestro vasco se estiró con el capote recibiendo a ese primero, que mostró muy pronto ese carácter humillador y la tendencia a reponer en una baldosa. Pero ojo, tenía un interesante pitón derecho que había que aprovechar y que Fandiño administró con suficiencia en una labor entonada que se descompuso por completo cuando el matador tomó la muleta con la mano izquierda. Fue imposible hacerse por ese pitón deslavazado y bruto pero los mejores muletazos de su trasteo surgieron después, en una redonda serie diestra que agradó al público y relajó al torero.

El tercero, muy bien picado por Pepe Aguado, llegaría a coger a David Mora en un quite atropellado en el que el toledano mostró demasiados nervios. Con ese Fandiño se echó la muleta a la mano izquierda y buscó pronto los medios, terrenos en los que rompió provisionalmente el trasteo antes de descomponerse en una nueva tanda, mucho más tropezada. Tuvo que recuperar el hilo a base de entrega, toreando muy en redondo y muy para adentro en una gran serie diestra que habría necesitado de un algo más. Pero Fandiño se había ido a por la espada antes de tiempo y con el acero en la mano el toro se le vino como un rayo mostrando que aún tenía algunos litros de gasolina en el motor. A pesar de todo, el público recordaba bien los mejores pasajes de su trasteo y pidió y consiguió una oreja que el torero paseó encantado de la vida. Ahí está la duda: ¿era de dos?

La proverbial buena suerte de Fandiño tampoco falló cuando, después de una larga espera, salió el quinto, un saltillón voluminoso y muy en el aire de los encierros ochenteros de la ganadería que acabó embistiendo con toda su corpulencia en los primeros compases de su lidia. También se empleó en el primer  puyazo aunque puso en algunas dificultades al personal de plata para banderillearlo.

No importó. Toro y torero rompieron en una gran serie en redondo a la que seguió otra, mucho más honda y mejor rematada que hizo atacar esa música de Tejera que tanto está dando que hablar esta Feria. Un  inoportuno enganchón rasgó la muleta y partió en dos el hilo del trasteo. El mozo de espadas se había ido a por tabaco y Fandiño tardó demasiado tiempo en cambiar de herramientas. Cuando volvió a la cara del toro había bajado la intensidad de su labor y el calor del público que aún le jaleó nuevos muletazos bien compuestos, más tropezados por el lado izquierdo, a los que siguió un estoconazo. La gente pidió la oreja aunque sin excesivo clamor. Fernández Rey acabó por guardarse el pañuelo y Fandiño se consoló recetándose dos vueltas al ruedo a las que siguieron una tibia protesta a la presidencia. Culminada la actuación del honesto diestro se mantenía la misma duda en los corrillos de aficionados más acreditados: ¿No había tenido en sus manos un lote de Puerta del Príncipe?

Peor impresión dejó el toledano David Mora, que sorteó en primer lugar un animal de escaso recorrido y aire rajado con el que enseñó algunas carencias manejando los trastos. El cuarto fue mucho mejor y hasta rompió con cierta codicia en el inicio de la faena de David Mora, que aunque se entregó a tope no terminó de verlo claro en ningún momento.  El toro, algo andarín, necesitaba que le perdieran siempre pasitos aunque Mora le cogió el aire por el pitón izquierdo firmando los mejores momentos de su labor. Al final también pudo comprobar la calidad que aún guardaba en el derecho pero ya era tarde.

El sexto tuvo una templada y lenta embestida, también algo rajada, que sí fue entendida por el diestro en el crepúsculo de una larga tarde en la que algunos cifraban el futuro del toreo. El matador castellano lo pasó sobre el pitón izquierdo con buen aire aunque el público no acabó de darse por enterado.

24
Abr/2012

FERIA DE ABRIL: Cuando los toros no tienen suerte

Más allá de las dos reses devueltas o de la invalidez del encierro, hubo tres o cuatro ejemplares para cortar las orejas

120423 Castella

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron, por este orden: un sobrero de Parladé, soso pero con muchas posibilidades; un toro de Daniel Ruiz, de buena condición; un sobrero de Montealto, muy parado. Los siguientes, de Daniel Ruiz resultaron: flojo y noble el cuarto; con clase y recorrido el quinto y de más a menos el sexto.

Matadores: Sebastián Castella, de pomelo y oro, silencio y ovación.

Cayetano, de lirio y oro, ovación y silencio tras aviso.

Daniel Luque, de azul ultramar y oro, silencio en ambos.

Incidencias: La plaza registró dos tercios de entrada en tarde primaveral. Destacaron los banderilleros José Antonio Carretero y José Chacón.

Aunque los talibanes de los altos de los primeros tendidos de Sol prefirieron enredarse con el asunto de la invalidez del encierro, que no deja de ser preocupante, hay que fijarse en la bondad y las posibilidades que brindó la mayor parte de una corrida, con o sin los remiendos, que en otras manos y en otras circunstancias podría haber finalizado con media docena de orejas cortadas. Ésa es la verdad. Y tampoco hay que poner sobre la mesa esos dos o tres nombres que ustedes saben. Uno de ellos ya ha reventado esta Feria y su próxima actuación, el Jueves de Farolillos, se ha convertido en la única meta de un abono que ayer volvió a mostrar sus carencias. Pocos pueden recordar, al menos en las últimas dos décadas, un Lunes de Alumbrado con tanto ladrillo visto. Aquello parecía una urbanización de esas apañaditas que hasta hace cinco minutos se vendían como churros.

Quedó claro el tirón de cada uno: el de Castella, quemado en las últimas temporadas en las que nunca logró retomar el nivel que él mismo marcó en el cada vez más lejano 2006; por parte de Luque, necesitado de un triunfo definitivo que le arranque el traje de promesa y por cuenta de Cayetano, convocando numerosos fotógrafos del colorín y a su duquesa de su alma pero, ay, sin meter duquelas en las taquillas.

Y el caso es que el nieto, hijo, sobrino, primo y hermano se llevó el mejor lote del encierro y fue el único matador que despachó por la tarde lo que había sorteado por la mañana. Llamó la atención que se fuera a portagayola después de pasar unos segundos y pedir un tiempo al torilero que nos podíamos haber ahorrado si hubiera cruzado el ruedo al sonar el tararí. En fin, que la larga salió limpia y los lances posteriores fueron jaleados por una parroquia que aún no había perdido la paciencia.

Animoso y solemne, Cayetano quitó por tijerillas y comprobó que el toro se movía por el ruedo con cierta bondad. Pero cuando cogió la muleta no fue capaz de entenderse con él a pesar de que el de Daniel Ruiz se abría en los embroques, le dejaba estar y hasta le esperaba a que se le pusiera en la cara y le tocara en tiempo y forma. Pero Cayetano fue incapaz de hacer ni una cosa ni la otra desaprovechando una de esas oportunidades que nunca vuelven. Y van…

Parecía que iba a arreglarlo con el quinto, otro animal flojito que muy pronto enseño su buena condición en la lidia. El nieto del gran Ordóñez inició el trasteo sentado en el estribo y hasta se gustó, jaleado por el público, en algunos muletazos y remates antes de perderse en una larga labor sin fondo, forma ni sentido que dejó ir por completo el buen son y la embestida rítmica de un toro de excelente clase que se fue para dentro con las dos orejas puestas. No se esperaba mucho más, es verdad, pero el menor de los Rivera ha vuelto a bajar algunos enteros.

Sebastián Castella afrontaba su segunda tarde en el ciclo abrileño -le queda una en la feria y una cuarta en septiembre- después de haber brindado una discretísima impresión el pasado sábado. Esa decoración no mejoró, ni mucho menos, con el sobrero de Parladé que inauguró la larga y accidentada tarde. El toro, un punto sosito, sí era obediente y seguía los engaños con cierta clase, sin molestar al torero, que fue incapaz de imprimir un mínimo de alma a una insulsa labor que no convenció a nadie.

Afortunadamente, se pudo desquitar en parte con el cuarto, un toro de excelente fondo pero escasísimas fuerzas que fue muy protestado, especialmente por ese sector más intransigente de los altos del 8, que no quisieron reparar en las cositas buenas que había hecho a pesar de su blandenguería.

Pero Castella pudo reencontrarse en algún momento con los mejores registros de otro tiempo en series redondas y bien construidas que tuvieron que paliar muchas veces los escasos bríos del animal. Antes, había tenido que comenzar su labor desentendiéndose de ese mismo sector protestón que llegó a boicotearle un brindis en el centro del platillo que acabó con la montera arrojada de cualquier manera al albero. A pesar de todo, la faena del diestro galo mantuvo un buen tono aunque le faltó el necesario refrendo de la espada para optar a un posible trofeo que no llegó. Demasiado poco para un torero  al que la política taurina había convertido en la base casual de un abono que, hasta ahora, está respondiendo para bien y sobre todo para mal a todos los análisis previos.

A priori era el joven Daniel Luque el que detentaba la mayor responsabilidad del cartel y el que se jugaba más para pasar definitivamente una raya que se le ensancha cada vez más. Pero la verdad es que apenas tuvo opciones con el inservible sobrero de Montealto que saltó en primer lugar, con el que se pasó de metraje en un festejo que ya se antojaba largo, y tampoco pudo redondear con el sexto, un toro de buenos principios y malos finales que se acabó después de las dos buenas series que le enjaretó el joven diestro de Gerena. Sólo quebada irse por la espada.

22
Abr/2012

FERIA DE ABRIL: Aquí no ha pasado nada

Una templada faena sirvió para reencontrar los mejores registros de El Cid en una tarde en la que se entregó a tope El Fandi y en la que decepcionó la invalidez del encierro de Torrehandilla

120422 El Cid

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron cinco toros de Torrehandilla, el primero marcado con el hierro filial de Torreherberos. Ese primero fue noble pero rebrincado de puro flojo; tardo y probón el tercero; sin alma el cuarto; con clase y bondad el quinto y de más a menos el sexto. El segundo fue un sobrero de Montealto, posible pero mironcete y andarín.

Matadores: Rivera Ordóñez Paquirri, de azul Carretería y oro, ovación y silencio.

Manuel Jesús El Cid, de azul pavo y oro, silencio y ovación.

David Fandila El Fandi, de carmín y oro, ovación y vuelta al ruedo tras petición.

Incidencias: La plaza registró menos de tres cuartos de entrada en tarde primaveral que culminó fresca. Destacó con los palos el banderillero José Manuel Fernández Alcalareño.

álvaro r. del moral l Sevilla

El ciclo abrileño ya ha doblado su ecuador y produce cierto vértigo asomarse a lo que está por venir, sobre el papel, para empezar a pensar que de alguna manera el pescado empieza a estar más que vendido. Ya se ha mostrado que el único que ha tenido capacidad de llenar el coso sevillano ha sido Manzanares aunque Morante lo rozó en una tarde que tampoco le sirvió para sembrar como en otros ruedos. Ayer mismo, en una fecha infalible en otros tiempos y con un cartel de extraña alquimia se mostró cual puede ser el tono de lo que queda aún, en espera de la nueva venida del mesías alicantino que sí tiene reventadas las taquillas y esa vergonzante reventa con la que nadie quiere acabar.

Y si el cartel chocaba, aún seguía pesando la cumbre escalada el pasado viernes y el personal se dispuso a sobrellevar el festejo sin demasiadas pretensiones, pensando que otro día escampará. Y eso que se disgustó, sin demasiados aspavientos, con la invalidez del encierro de Torrehandilla, que tuvo que ser remendado con un feote sobrero de Montealto que, con sus cositas, podría haber dado más de sí.

Había echado la cara arriba y protestado en los caballos en una suerte de varas que no pasó de simulacro. Y aunque salió muy distraído, siempre a su aire, no estaba exento de posibilidades. Andarín, un pelín mironcete pero con una aprovechable movilidad, hizo pasar un indisimulado mal rato a El Cid, al que le falló la seguridad en sí mismo para acertar a tocar y fijar una embestida que necesitaba ser orientada.

Mosqueó que el diestro de Salteras, una vez más, no hubiera sido capaz de resolver los problemas que le había planteado ese toro pero para no fallar a su proverbial fama en los sorteos se encontró con un quinto de buena nota al que toreó con templanza a la verónica. En esos lances se desplazó el toro mejor por el pitón izquierdo que por el derecho que, a la postre, sería el más potable en una faena de muleta que sirvió al saltereño para reconciliarse consigo mismo y con todos los que saben que el torero de los últimos años no es el mismo que aquel gran Cid de los días de vino y rosas que reventaba la Puerta del Príncipe. Posiblemente, en aquella época habría cortado las dos orejas del toro pero también es cierto que la faena estuvo bien estructurada, bien hecha y mejor dicha, especialmente en varias series en redondo rematadas con pases por alto y de pecho en los que se sacó al toro por el hombrillo contrario. Pero más allá del trofeo que se pudo escamotear en el pinchazo que precedió a la estocada y de la bondad de un toro que, quizá, tuvo más que torear hay que salvar la renovada predisposición de un torero que ayer, por fin, sí se pareció a sí mismo.

El Fandi acudía a Sevilla recién reaparecido de la fractura de costillas que se produjo en el estreno de la temporada, toreando a favor de los enfermos del Cáncer en la plaza de Córdoba. Y el granadino tampoco quiso dejar pasar cualquier oportunidad de lucimiento a pesar de la invalidez de un encierro que ya tenía colmadas la paciencia del público.  El Fandi sorprendió a muchos       -que se frotaban los ojos- toreando a la verónica con empaque, temple creciente y sentido clásico al tercero de la tarde, al que colocó un meritísimo par por los adentros en el que se jugó la vida sin ningún miramiento. Lástima que ese mismo toro, que se quedó prácticamente sin picar, fuera tan tardo y probón en la muleta del granadino, que no se aburrió de estar en la cara intentando sacar agua de un pozo cada vez más seco.

Pero la gente estaba con él y le abrigó desde que salió el sexto, un animal de descomunales pitones que tuvo mejores inicios que finales. El Fandi se mostró esta vez más sobrio con los palos aunque destacó especialmente en un par resuelto desde los terrenos de dentro a las afueras y en un entonado trasteo en el que hubo mejor y mayor acople en las series iniciales, aguantando algunos paroncitos y dudas del toro. Pero el de Torrehandilla, que no llegó a entregarse por completo, se acabó desinflando y hasta se echó antes de que el torero le cuadrara para matar. No pocos espectadores pidieron una oreja que la presidencia no concedió aunque cambió por una vuelta al ruedo postrera en espera de la próxima, el Sábado de Farolillos.

Rivera Ordóñez, el nuevo Paquirri, volvía a la plaza de la Maestranza después de decidir unilateralmente su incomparecencia en el ciclo anterior. Francisco, asumiendo la grandeza del escenario, se mostró sobrio, clásico y muy profesional toda la tarde, especialmente en el manejo del capote con el que esbozó esos lances rodilla en tierra de sus tiempos más gloriosos. Paquirri también banderilleó con suficiencia al primero del encierro y se mantuvo siempre muy templado con el blando y noble primero, rebrincado de puro flojo. Pero Rivera tendría muy pocas opciones con el toro que hizo cuarto, un precioso castaño, muy bien hecho, que estaba absolutamente vacío de contenido.

21
Abr/2012

FERIA DE ABRIL: Antitaurinos y demagogia

120421 Morante

Lo mejor de la tarde fue el quite del perdón que Morante instrumentó al cuarto al

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA
Ganado: Se lidiaron seis toros de Garcigrande y Domingo Hernández, anovillados y faltos de remate en líneas generales. Primero y cuarto conformaron un lote con grandes posibilidades de lucimiento. Segundo y quinto, otro imposible para triunfar. Y tercero y sexto, muy temperamental en sus inicios, tuvieron buen fondo pero fueron a menos.
Matadores: José Pedro Prados El Fundi, de aguamarina y oro, ovación y vuelta al ruedo tras petición.
Morante de la Puebla, de vainilla y azabache, silencio y silencio.
Sebastián Castella, de negro y oro, silencio y silencio.
Incidencias: La plaza registró un lleno aparente en tarde primaveral y calurosa. Destacaron los banderilleros José Chacón en el manejo del capote y Javier Ambel, que resultó cogido sin ser herido, colocando las banderillas al tercero de la tarde.
álvaro r. del moral l Sevilla
La consigna general, aventada por los jefes de la cla, es llamar maestro a este diestro honesto en el ocaso de su larga carrera que, tal y como anunció el mismo, ya toca a un fin que no se puede demorar más. Además, los caprichines del personal de la primera fila, los huecos de esta extraña Feria de Abril y la incondicionalidad de la que goza el torero de Fuenlabrada, que se ha hartado de echar abajo quintales de carne del tío Picardías, le han colocado en la cabeza de carteles que en otros tiempos más bizarros de su trayectoria ni siquiera podía soñar. Pero fue precisamente con ese tipo de ganado -Fundi era fijo en la de Miura en Sevilla- donde ganó fama y hacienda abriéndose un lugar bajo el Sol que a tantos y tantos se les ha negado.
En cualquier caso, daremos validez al exquisito cariño que le mostró el público sevillano en la que, eso parece, debe ser su última tarde en el coso del Baratillo que ayer no se llenó por completo. Y así, después de despedir con escuadra, bandera y banda de música al guerrillero de Fuenlabrada nos dispondremos a diseccionar sus dos actuaciones con la debida equidistancia.
Y es que a El Fundi le tocó en suerte el lote de mayores posibilidades del esmirriado e impresentable envío de Garcigrande, que nunca debió saltar en una tarde de campanillas, en la yema del abono de una Feria de Abril que después del oasis manzanarista del viernes volvió a la vulgaridad más absoluta.
La verdad es que El Fundi, que medio se estiró a la verónica con el toro que rompió plaza no quiso ni verlo después en la muleta y hasta escenificó una batalla campal que sorprendía en la calidad y la nobleza de un enemigo que el vendió como si fuera el Bismarck. Desconfiado, muy por bajo, siempre por las afueras y sin dejar de meter la marcha atrás dejó una penosa impresión que gozó -alabado sea el Santísimo- de la absoluta complacencia de un público que respetó los trienios del madrileño bien aleccionados por los jefes de opinión.
El Fundi, que apareció vestido impecablemente de torero, se tapó mucho más con el cuarto de la tarde, un toro que reservó para el final el buen fondo que atesoraba. El veterano diestro consiguió lucirse con el capote y hasta trazó una lidia profesoral que brilló en los esbozos de un galleo por chicuelinas y en algunos lances a una mano que no llegó a seguir el de Garcigrande. Después, con la muleta, hilvanó un trasteo irregular, de cimas y simas que no estuvo exento de buenos momentos y series estimables de muletazos aunque la parroquia le aplaudió lo bueno, lo regular, lo malo y hasta lo pésimo renovando esa incondicionalidad que no cesó cuando El Fundi se encaró exageradamente con la banda por entrar en escena, una vez más, tarde y mal.
Pero bueno, la verdad es que tampoco le viene mal el rapapolvo al director de esta impecable formación musical de la que nadie discute su grandiosa calidad musical. Pero ese afán de protagonismo, tan hispalense, necesitaba un frenazo porque, ésa es la verdad, la gente está hasta la coronilla de la falta de oportunidad de la música. Pero hay que volver al ruedo: habíamos dejado al Fundi comprobando que el toro, noble y un pelín bobalicón duraba más que el conejito del anuncio y prolongó una labor que algunos estaban viviendo como una antología. Un pinchazo y la posterior estocada no fueron suficientes para que la presidenta le concediera una oreja que tampoco gozó de una petición suficiente. El senado taurino del 1 y el 3 se guardó todos los pañuelos. Mal asunto. Con la vuelta al ruedo final se despidió del albero baratillero. Que le vaya bien.
No fue la tarde de Morante de la Puebla, es verdad, pero también hay que agradecerle la brevedad y la prontitud con la que pasaportó sus dos toros cuando comprobó que era imposible el lucimiento. Además, la lidia de su primero se vivió con ecos de una ruidosa manifestación de antitaurinos que molestó el normal desarrollo del espectáculo. Es una irresponsabilidad permitir este tipo de protestas en días de máxima expectación. Algún día habrá que lamentar algún incidente grave y será tarde.
Ese primero de Morante se le metió por dentro en los primeros lances y anunció su escaso fondo.Morante no se dio coba y se fue por la espada. El quinto, con el personal un pelín cabreado, sólo le permitió esforzarse en un puñado de capotazos en los que se jugó más de lo que parece. En la muleta resultó tan molesto como incierto y el de la Puebla decidió cerrar la tienda en espera de la próxima.
Tampoco pudimos ver a un Castella demasiado afinado y después de este borrón se antojan muy largas las tres tardes que ha contratado con la empresa en año de tapar brechas. Sus dos toros tuvieron mejores principios que final -fue más temperamental el sexto que el tercero- pero al francés le faltó temple, alma, hilo y llegó a aburrir a todos.

El Fundi se despidió de la Maestranza envuelto en el cariño del público pero sin lograr estar a la altura del mejor lote de toros

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Garcigrande y Domingo Hernández, anovillados y faltos de remate en líneas generales. Primero y cuarto conformaron un lote con grandes posibilidades de lucimiento. Segundo y quinto, otro imposible para triunfar. Y tercero y sexto, muy temperamental en sus inicios, tuvieron buen fondo pero fueron a menos.

Matadores: José Pedro Prados ‘El Fundi’, de aguamarina y oro, ovación y vuelta al ruedo tras petición.

Morante de la Puebla, de vainilla y azabache, silencio y silencio.

Sebastián Castella, de negro y oro, silencio y silencio.

Incidencias: La plaza registró un lleno aparente en tarde primaveral y calurosa. Destacaron los banderilleros José Chacón en el manejo del capote y Javier Ambel, que resultó cogido sin ser herido, colocando las banderillas al tercero de la tarde.

IMPRESENTABLE ENVÍO DE GARCIGRANDE Y MALA IMPRESIÓN DE CASTELLA

La consigna general, aventada por los jefes de la cla, es llamar maestro a este diestro honesto en el ocaso de su larga carrera que, tal y como anunció el mismo, ya toca a un fin que no se puede demorar más. Además, los caprichines del personal de la primera fila, los huecos de esta extraña Feria de Abril y la incondicionalidad de la que goza el torero de Fuenlabrada, que se ha hartado de echar abajo quintales de carne del tío Picardías, le han colocado en la cabeza de carteles que en otros tiempos más bizarros de su trayectoria ni siquiera podía soñar. Pero fue precisamente con ese tipo de ganado -Fundi era fijo en la de Miura en Sevilla- donde ganó fama y hacienda abriéndose un lugar bajo el Sol que a tantos y tantos se les ha negado.

En cualquier caso, daremos validez al exquisito cariño que le mostró el público sevillano en la que, eso parece, debe ser su última tarde en el coso del Baratillo que ayer no se llenó por completo. Y así, después de despedir con escuadra, bandera y banda de música al guerrillero de Fuenlabrada nos dispondremos a diseccionar sus dos actuaciones con la debida equidistancia.

Y es que a El Fundi le tocó en suerte el lote de mayores posibilidades del esmirriado e impresentable envío de Garcigrande, que nunca debió saltar en una tarde de campanillas, en la yema del abono de una Feria de Abril que después del oasis manzanarista del viernes volvió a la vulgaridad más absoluta.

La verdad es que El Fundi, que medio se estiró a la verónica con el toro que rompió plaza no quiso ni verlo después en la muleta y hasta escenificó una batalla campal que sorprendía en la calidad y la nobleza de un enemigo que el vendió como si fuera el Bismarck. Desconfiado, muy por bajo, siempre por las afueras y sin dejar de meter la marcha atrás dejó una penosa impresión que gozó -alabado sea el Santísimo- de la absoluta complacencia de un público que respetó los trienios del madrileño bien aleccionados por los jefes de opinión.

El Fundi, que apareció vestido impecablemente de torero, se tapó mucho más con el cuarto de la tarde, un toro que reservó para el final el buen fondo que atesoraba. El veterano diestro consiguió lucirse con el capote y hasta trazó una lidia profesoral que brilló en los esbozos de un galleo por chicuelinas y en algunos lances a una mano que no llegó a seguir el de Garcigrande. Después, con la muleta, hilvanó un trasteo irregular, de cimas y simas que no estuvo exento de buenos momentos y series estimables de muletazos aunque la parroquia le aplaudió lo bueno, lo regular, lo malo y hasta lo pésimo renovando esa incondicionalidad que no cesó cuando El Fundi se encaró exageradamente con la banda por entrar en escena, una vez más, tarde y mal.

Pero bueno, la verdad es que tampoco le viene mal el rapapolvo al director de esta impecable formación musical de la que nadie discute su grandiosa calidad musical. Pero ese afán de protagonismo, tan hispalense, necesitaba un frenazo porque, ésa es la verdad, la gente está hasta la coronilla de la falta de oportunidad de la música. Pero hay que volver al ruedo: habíamos dejado al Fundi comprobando que el toro, noble y un pelín bobalicón duraba más que el conejito del anuncio y prolongó una labor que algunos estaban viviendo como una antología. Un pinchazo y la posterior estocada no fueron suficientes para que la presidenta le concediera una oreja que tampoco gozó de una petición suficiente. El senado taurino del 1 y el 3 se guardó todos los pañuelos. Mal asunto. Con la vuelta al ruedo final se despidió del albero baratillero. Que le vaya bien.

No fue la tarde de Morante de la Puebla, es verdad, pero también hay que agradecerle la brevedad y la prontitud con la que pasaportó sus dos toros cuando comprobó que era imposible el lucimiento. Además, la lidia de su primero se vivió con ecos de una ruidosa manifestación de antitaurinos que molestó el normal desarrollo del espectáculo. Es una irresponsabilidad permitir este tipo de protestas en días de máxima expectación. Algún día habrá que lamentar algún incidente grave y será tarde.

Ese primero de Morante se le metió por dentro en los primeros lances y anunció su escaso fondo.Morante no se dio coba y se fue por la espada. El quinto, con el personal un pelín cabreado, sólo le permitió esforzarse en un puñado de capotazos en los que se jugó más de lo que parece. En la muleta resultó tan molesto como incierto y el de la Puebla decidió cerrar la tienda en espera de la próxima.

Tampoco pudimos ver a un Castella demasiado afinado y después de este borrón se antojan muy largas las tres tardes que ha contratado con la empresa en año de tapar brechas. Sus dos toros tuvieron mejores principios que final -fue más temperamental el sexto que el tercero- pero al francés le faltó temple, alma, hilo y llegó a aburrir a todos.