Monthly Archives: Marzo 2012

28
Mar/2012

JOSELITO: “Soy lo que soy y vengo desde donde vengo

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Joselito El Verdadero. Ése es el título elegido por el maestro madrileño para trazar un esbozo arriesgado y valiente, como su propia vida, de la forja de un chico problemático y desarraigado que acabó convirtiéndose en una gran figura del toreo. Es una historia real. Una narración que rescata también el color y la atmósfera de todo un tiempo que, por cercano, no percibimos en toda su dimensión. El libro, editado por Espasa, ha alcanzado su cuarta edición. Destaca por su estilo directo, por un desparpajo narrativo que se hila perfectamente con las circunstancias en las que nace José Miguel Arroyo.

En el libro rescatas un tiempo y una gente de Madrid que ya no existe…Han pasado sólo 30 años pero todo ha cambiado. Mi colegio era el extrarradio de Madrid y ahora es prácticamente el centro. Hacía casi 30 años que no pisaba por allí y he vuelto a entrar en mi infancia.

Estás retirado de la profesión. Vives el toreo como ganadero de éxito. Llama la atención que saques este libro ahora.

Quizá sea precisamente por eso. No necesito ninguna publicidad; ni para torear ni para conseguir nada. No necesito casi nada y económicamente no me sobra pero tampoco me falta. Pero me apetecía hacerlo. Mi historia la sé y la cuento yo. Prefería ser yo el que la contara antes que nadie que no supiera de la misa la media. Me ha servido de terapia; hace cuatro o cinco años pasé algunos problemas psicológicos y tuve que acudir a un profesional y me sirvió contar todo lo que yo había vivido. Me di cuenta de que si hay chavales en una situación similar a la mía y quería hacerles ver que con una ilusión se puede conseguir casi todo.

Este libro también supone una reconciliación con tu pasado.

Sí y además me ha dado mucha vida interior y ha sido una forma de hacer aflorar mis sentimientos. Me sentía débil de cara a los demás y ahora estoy muy a gusto. Soy lo que soy y vengo desde donde vengo. Es lo que he vivido y lo que he sentido y afortunadamente es casi un cuento de hadas: un niño con problemas que se convierte en un hombre que consigue en la vida casi todo lo que se propone.

Esto nos lleva a tu carrera como torero; a tu eclosión como figura de la mano de Martín Arranz. Pero más allá de triunfos o estadísticas consigues convertirte en un referente para las generaciones que vienen después.

Eso es lo más que más me ha llenado como torero. Por encima de los números es lo que me interesa. Cuando empecé a tomar noción de lo que era comprendí que lo importante era convertirse en un torero de toreros; que me admiren las nuevas generaciones es buenísimo pero que me llegaran a respetar los anteriores a mí es tremendo. Es lo que más satisfacción me ha dado.

Hay que volver a la figura de tu padre adoptivo, Enrique Martín Arranz. Juntos forjáis una filosofía de toreo y de vida que prende en otros toreros posteriores.

Yo nací en un ámbito familiar con el que rompí a raíz de la muerte de mi padre biológico. De repente tenía otra familia y tuve la gran suerte de que quién se convierte en mi padre adoptivo es un hombre muy inteligente e interesante que me supo marcar. Él siempre me dijo “José, ahí tienes un muro. Tu puedes chocarte con él pero también puedes flanquearlo, saltarlo… pero si quieres darte con él, te das. Ésa será tu experiencia”. Siempre me ha intentado enseñar, corregir, enseñarme el camino pero al final me daba la libertad para decidir.

Él es que supo sacar lo mejor de ti mismo.

Sí, así es. Cuando estaba en activo me preguntaba un montón de cosas y con un leve movimiento de cabeza ya nos entendíamos de sobra. Él me enseñó unas de las máximas de mi vida: “en los momentos buenos, José, no subas demasiado la cabeza; no seas altivo pero en los momentos malos tampoco te escondas”.

A pesar de todo, nunca llegas a bajarte del filo de la navaja en toda la narración.

Es que es una constante en mi vida: el éxito, el fracaso, la felicidad, la tristeza… todo eso se ve reflejado ahí. Son 43 años de lo mejor y lo peor.

No tienes término medio…

Sí, soy así hasta para estar enfermo. De todos los tipos de migrañas que hay, me da la más fuerte. Todo tiene que ser a lo bestia. O no tengo nada o tengo de todo.

Entre el 93 y el 96 hay dos encerronas en solitario en Madrid que marcan tu plenitud como primera figura. En la segunda, más allá del triunfo, vuelves a marcar un hito en el toreo de los años 90 que se convierte en referencia. ¿Ésa fue tu antología?

Ha habido otras tardes, también de seis toros, que artísticamente han podido resultar mejor, como la encerrona de Valladolid. Pero el marco, la categoría de la plaza, el rescate de cosas y suertes en desuso, el convertirme en el eje central de aquel espectáculo… es algo que yo había aprendido en Colombia hablando con Curro Fetén y Hernando Santos, un periodista colombiano. Me hablaban de Luis Miguel y me decían que lo importante era captar la atención de la gente, tal y como estaban pendientes de él con sólo mesarse el pelo. Hay que ser un gran artista y tener una gran fuerza interior para que la gente esté pendiente de uno. Ahí me di cuenta de que no sólo era lidiar los seis toros sino que todo el mundo estuviera pendiente de lo que hacía en todo momento, convertirme sin provocarlo en el epicentro.

Es curioso que, pasado el tiempo, han vuelto a reivindicarse una serie de derechos televisivos por un grupo de toreros que están repitiendo punto por punto lo que pedisteis tu padre y tú hace más de quince años. Entonces os dejaron solos y hasta se llegó a crear un cisma entre los toreros.

Aquello fue tremendo porque se rompió todo. Entonces me sentí muy incomprendido porque yo no perseguía ganar más o menos dinero. Lo que queríamos es trazar un calendario de corridas televisadas en el que pudiéramos decidir todos los actores. También queríamos recabar minutos en los informativos y los telediarios. Queríamos que la gente supiera quienes somos pero si no salimos es imposible. A aquello se le dio la vuelta y se tergiversó todo. Ahora se ha vuelto a pedir lo mismo y a nosotros nos intentaron crucificar entonces pero ojalá saliera bien esta vez. Nos da pena pensar en todo este tiempo perdido pero nunca es tarde si la dicha es buena.

En el libro dices que te marchaste del toreo porque se te había acabado la gasolina. Pocos reconocen tan abiertamente que ha llegado ese momento de irse.

Noté que las cosas empezaban a flojear. Y lo noté en Madrid, con un toro de El Torreón, fiero, que tenía cosas dentro que no fui capaz de sacar. No estuve mal, pero tampoco estuve bien y salí de la plaza pensando que era un toro para encumbrarme y había llegado el momento de irme para casa. Ya no tenía la capacidad para sobreponerme a eso y empezaba a aflojar. No quería que la gente me echara; ya no era mi mejor momento pero tampoco quería irme en declive.

¿Echas de menos la vida de torero, el trato con la cuadrilla, los viajes…?

Sí, pero pasaba tanto miedo, lo pasaba tan bien y tan mal… que a veces no quiero ni recordarla. Pero sí, veo a mi cuadrilla de vez en cuando y nos gusta hablar de aquellos años. Ellos son tu familia, viven a flor de piel todas sus sensaciones. Pero te pones a pensar si eres capaz de ponerte otra vez delante del toro y yo no me veo capaz así que mejor olvidarse de todo.

Aquellos años de la Escuela Nacional de Tauromaquia también reflejan una época del toreo que se marchó. ¿Es comparable aquel ambiente de forja con el que se vive hoy en día?

No, porque hay dos cosas que hay tener claras. José de la Cal, Molinero y mi padre eran tres locos del toreo. Se juntan, dan la tabarra en Madrid al ayuntamiento, les ceden una placita y empiezan a organizar aquello. No tenían horas en el día, ni semanas ni estaciones; se gastaban su dinero. Aquello estaba hecho con mucho amor, sólo con la intención de fomentar la fiesta. Mi compañero José Luis Bote me comentó hace poco que las clases son de lunes a jueves dos horas al día. No me lo podía creer. En dos horas no da tiempo ni de desarmar los chismes…

Las circunstancias de los chicos que querían ser toreros a finales de los 70 y los de ahora son muy distintas.

Sí, pero hay que fomentar otra cosa. Cuando yo llegué allí fui muy ilusionado. Había dos o tres de mi edad, con once o doce años, pero los demás eran de 18 ó 20. Pasé de jugar a las chapas o a las canicas a coger un capote y una muleta y escuchar conversaciones muy serias. Aquello me gustaba pero no dejaba de ser un niño aunque allí te potenciaban, te guiaban… siempre recuerdo con mucho cariño, más allá de que enseñaran a coger los trastos, las anécdotas que contaba don José de la Cal: había toreado con Marcial Lalanda, Felix Rodríguez, Cagancho, Barrera, Victoriano de la Serna… tenía un chándal de esos de rayitas y me lo ponía como si fuera un capote de paseo, con sus galones; me hacía mis carteles…

Más que enseñarte a torear, aquella escuela se convierte también en un escuela de vida que te redime como persona.

Sí, salíamos de allí y hablábamos con el maestro, le acompañábamos a su casa. Nos enseñaban a comportarnos como hombres. Allí notaron mi rebeldía cuando murió mi padre biológico y me pegaron rápido un serretazo. Yo era de los alumnos más avanzados. No tenía que sortear para torear y llegué un día a las vacas y me obligaron a sacar el numerito y a pesar de eso no me dejaron torear. Sólo un día, cuando no me tocaba, me obligaron a salir. Me hicieron empezar de cero y aquello me hizo recapacitar. Me habían puesto en la cola y yo no quería estar ahí y comprendí que estaba haciendo el tonto.

Desde la distancia que dan los años, ¿Cómo ves el momento que está viviendo la fiesta?

Desde los medios se ha dado cancha a los ataques antitaurinos y por nuestra parte ha habido un poco de dejadez. Hemos sido un poco dejados aunque la gente ya se está moviendo y se están consiguiendo cosas. En el aspecto estrictamente taurino creo que estamos viviendo un momento pletórico. Yo no ví a Camino, Ordóñez o al Viti pero después de esa generación creo que no ha habido tantos toreros y tan buenos. Tenemos un gran problema: los toros son fiel reflejo de la sociedad que vivimos y la crisis está haciendo mella.

¿Sientes aún la necesidad de torear?

Que va, ni una becerra. Toreé el festival de Adrián y hasta el año pasado no volví a ponerme delante en casa de un amigo de la infancia. En agradecimiento a aquellos tiempos en los que me echaron una mano fui a su casa y toreé tres vacas. Fue tremendo pero me cambió hasta el carácter: discutí con mi mujer, me cambió el ánimo. De un día a otro tenía la tensión del toreo. Pero lo pasé de maravilla y me sentí muy a gusto. Pero ni una más.

Llegamos al final, ¿quién es entonces el verdadero Joselito? ¿El macarrilla del Madrid de 1980 o la figura condecorada por el rey de España?

Soy ambos. Y uno es consecuencia del otro. Joselito es consecuencia brutal y total de José Miguel Arroyo. Aquellos momentos que le hicieron sufrir forjaron lo que vino después. Se juntan las pasiones y es terrible poder controlarlas. Me metía en mi pozo y le daba vueltas y más vueltas a todo pero cuando eclosionaba era una maravilla.

¿Y por qué merece la pena el toreo?

Porque los sueños no están al alcance de todo el mundo realizarlos y yo los he tenido y los he realizado. Hay gente que me ha querido y me ha admirado. Por eso merece la pena ser torero.

27
Mar/2012

OBSERVATORIO TAURINO:Y Roberto se echó al monte…

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Qué pesados. El archivador de comunicados ya no da más de sí. Espejito, espejito, quién es el más malo de este cuento inteminable: ¿Manuel Martínez Erice o Roberto Domínguez? Vaya usted a saber aunque ya hemos comentado que ni los buenos son tan seráficos ni los malos, tan perversos. Lo que sí sabemos es que ambos han roto la baraja y han usado en distintas fases el arma de la filtración interesada con resultados dispares. Y así, se han aireado las tripas de unas negociaciones pretendidamente privadas que han culminado con esa salida de El Juli de los carteles de Madrid, que ayer fueron presentados oficialmente. Pero eso ya lo saben de sobra, también que nos lo perderemos en Sevilla después de haber abierto la Puerta del Príncipe dos años seguidos en la cumbre de su carrera. Pero hay que referirse ahora a la inusual rueda de prensa de Roberto y sus particulares cuentas del Gran Capitán y esos guantes perfumados para no oler el hedor de la batalla de los Tercios.

El Cisma. En los carteles no han puesto un nombre que yo no quiero olvidar: Roberto comenzó su elegía aludiendo al creciente -y evidente- malestar de las empresas, directamente proporcional a la operatividad de un G-10 al que sí hay que apuntar logros como el traspaso a Cultura de las competencias taurinas y el préstamo de su imagen rutilante para dotar al toreo de una fachada más sólida. Pero llegó el vil metal, bien enhebrado a ese embrollo televisivo que ha empobrecido las ferias. El apoderado de El Juli varió sustancialmente el montante de las cifras aireadas unos días antes por la empresa Taurodelta y lanzó la primera perla. Según su versión, Martínez Erice le espetó que, o lo tomaba o lo dejaba, y que si no llamaba a Castella, que ya es como la picadora moulinex, sirve para todo. Domínguez tampoco dejó pasar la ocasión sin echarle alguna leve puyita a esa All Sports Media que ha revuelto las aguas del toreo sin dejar a casi nadie contento. Su torero se ha quedado fuera de los primeros puertos de la contienda y él mismo ha dejado de ganar un buen yescal que han amortizado bien las empresas con unas taquillas que, hasta ahora, han aguantado con pocas goteras.

Reflexión final. Esta pugna sólo revela un conflicto de poder para inclinar la balanza hacia el lado de los toreros o de las empresas, que a pesar de todo han mantenido el bastón de mando en esta batalla sorda de la que ha salido perdiendo todo el toreo. A cada cual sus méritos y sus culpas pero a estas alturas el tema cansa. Con la que está cayendo seguimos hablando y airendo esa pasta gansa que se han echado a la cara El Juli y los Choperitas. Y al final ¿qué pasa? Se queda fuera un figurón del toreo pero la empresa seguirá ganando un pastizal. Ahí patina el tema: ¿generan las figuras lo que cobran? Sí, pero sólo dentro de un sistema de largos abonos cautivos en los que se trinca la tela -empresarios y figuras- a costa de toreros malos y baratos; sistema que podría desaparecer a lomos de esta crisis que ha puesto todo patas arriba. Ésa es la pura verdad.

Tostón habemus. Ayer fue presentado oficialmente ese largo, tedioso y estrecho mes de toros que se ampara bajo el patronazgo de San Isidro. José Antonio Martínez Uranga quiso quitar hierro al conflicto de los últimos días: “la falta de El Juli fue un mal entendimiento por ambas partes y lo sentimos muchísimo” espetó el buen señor defendiendo la virtud de unas combinaciones más que mejorables. Vaya tela.

en twitter @ardelmoral

20
Mar/2012

OBSERVATORIO TAURINO: Y El Juli cogió su fusil…

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Sigue el baile. Cuando parecía que la gestación del abono de Madrid -descartadas las ausencias voluntarias- se había convertido en un mar de aguas mansas, saltaba la noticia taurina de la semana. El Juli no estará en Las Ventas. Los contratos se antojaban firmes y ambas partes parecían satisfechas después de haber acordado estoquear las ganaderías de Victoriano del Río y Núñez del Cuvillo. Pero las amarras no debían ser tan fuertes cuando se acabaron rompiendo sin que sepamos a ciencia cierta quién tiró más o menos de esa delgada cuerda. Hay medios que hablan de una diferencia de 30.000 euros con respecto a los honorarios percibidos el pasado año en la misma plaza. Pero el asunto hay que diseccionarlo con mucho tiento para que cada cual saque sus conclusiones. La noticia cobra mayor notoriedad si recordamos las progresivas ausencias del joven maestro en las ferias de Castellón, Valencia y Sevilla. Entrebastidores y coleando, permanece la pugna televisiva entre empresas y matadores y el cambio de escenario para dirimir los discutidos derechos de imagen que ha impulsado El Juli. Más allá de todo ello, en el fondo de esta pugna, el torero anda sumergido en una guerra subterránea para blindar la altísima cotización que -hasta ahora- le habían respetado siempre todas las empresas.

Las cuentas. En la versión más extendida se decía que la primera contratación del diestro madrileño, con los toros de Victoriano del Río, se había cerrado por la friolera de 210.000 euros. Todos contentos. Se requiere al apoderado para un segundo compromiso, con los cuvillos, y se acuerdan ésta vez unos honorarios de 240.000 euros. Según está versión de los hechos, aquí llegarían las curvas más estrechas. Roberto Domínguez, mentor de El Juli, quiso que ese mismo caché se extendiera al primer acuerdo alcanzado y en ese punto se levantó de la mesa. El Juli, líder y pararayos del comando G, se quedaba fuera de Madrid. La noticia no tardó en correr como la pólvora, confirmada  por los empresarios y el propio apoderado. Después de los primeros “dilo tú”, ambas partes se cruzaron sus respectivas andanadas en forma de cartas y comunicados: Roberto, diciendo que el tema económico no había tenido nada que ver con esta ausencia. Y el empresario Manuel Martínez Erice, acusando al torero de victimismo y afeándole esos cinco quilos de los de antes que podrían ser la chispa o la excusa -depende del cristal con que se mire- de la incomparecencia del líder del famoso G-10. Pero Domínguez aún dio un par de vueltas más a las tuercas diciendo que la égira de El Juli obedecía a otros planes y remachó el clavo recordando cierto encuentro de su torero con Esperanza Aguirre en el que le recomendaron a los empresarios Simón Casas y Antonio Matilla para hacerse cargo de la plaza de Las Ventas. Eso es lo que, según Roberto, no le han perdonado al diestro de Velilla. El resto, ya lo saben. Los Choperitas, con José Antonio Martínez Uranga a la cabeza, pactaron con sus diablos particulares y levantaron un extraño tripartito para volver a hacerse cargo del trascendental coso madrileño.

Guerra abierta. A estas alturas del turrón pocos pueden dudar de la contienda sostenida entre las empresas y las figuras aunque algunas de éstas, que forman parte del sistema empresarial, no se han pringado en el empeño. Sigue habiendo pocas certezas pero también está claro que ni unos son tan malos ni otros tan buenos. ¿Por qué no se ponen de acuerdo? Y yo que sé…

en twitter @ardelmoral

13
Mar/2012

OBSERVATORIO TAURINO: Seguimos sin noticias de José Tomás

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Silencio. Despedimos el mes de febrero, desde este mismo Observatorio, preguntándonos si José Tomás tendría pensado torear en 2012. Entonces les dijimos que no estaba puesto ni anunciado oficialmente en ninguna plaza. Dos semanas después, seguimos sin noticias del críptico diestro de Galapagar, que ha hecho del silencio una singular arma publicitaria que le está dando resultados más que contrastados: aquí nos tienen hablando del que no habla. En cualquer caso, esta falta de comunicación comienza a ser exasperante y choca frontalmente con los resortes de una sociedad que se basa en la cultura de la información.

Ausencias. Ya sabíamos de sobra que Tomás no estará en Sevilla en todo el año. Se antoja muy díficil su encaje en Madrid y desde hace algunos días también se ha certificado el veto a las plazas gestionadas por la familia Chopera después de comprobar que su inclusión en la corrida del Domingo de Resurrección de Málaga sólo era una entelequia interesada que llegó a ser publicada como cosa cierta. Pero en Málaga estarán los tres llaneros solitarios -unos más que otros- del comando G, El Juli, Perera y Talavante.

La lista engorda. Esa entrada en escena de los Chopera ha brindado nuevas certezas a aficionados que ya saben dónde dejará de torear su ídolo particular. Ciudades como Salamanca, Málaga, Santander, Logroño, Córdoba, Almería, San Sebastián, Almería y otros cosos franceses gestionados por los empresarios vascos se caerán de la agenda del galapagarino. Si seguimos tachando escenarios de la lista, al Divino le quedan ya muy pocos lugares de mínima entidad para poder escenificar una vuelta a la palestra, que no reaparición, que más que inquietar empieza a aburrir hasta a sus más acérrimos seguidores, hartos de este espeso silencio que no está siendo justo con los que se han rascado el bolsillo y han esponjado su tiempo viajando en pos de esos contados y cuidados paseíllos que el pasado año no respondieron a las expectativas levantadas. Precisamente, en la presentación de los primeros carteles de Málaga, Óscar Chopera señaló que que la presencia del berroqueño diestro madrileño había sido una de sus prioridades. Salvador Boix, su abracadábrico apoderado, se apresuró a replicar que que no se había producido ningún tipo de contactos sin aclarar que plan han pergueñado para una temporada, la de 2012, que ya ha soltado todas las amarras después de salvar a duras penas el arrecife televisivo. El caso es que contactos sí que hubo entre Boix y los Chopera, aunque sería un punto exagerado definirlos como negociaciones formales. Eso sí, el hilo telefónico se cortó por la parte de Galapagar argumentando unas malas relaciones que vienen de largo. A estas alturas parece claro que la baraja de vetos del señor José Tomás ya no sólo incluye a los ganaderos Álvaro Núñez Benjumea y Victoriano del Río, a las plazas de los Chopera y también a Eduardo Canorea y Ramón Valencia, que todavía están esperando su respuesta después de presentar los polémicos carteles de Sevilla. Con los Chopera, eso se dice, se quiere vengar un hipotético sínodo empresarial convocado para rebajar las pretensiones dinerarias de Tomás, que debe estar partiéndose de risa en Estepona con todo lo que escribimos esta panda de plumillas. Sabe que el día menos pensado volverá a poner toda la prensa patas arriba con alzar un solo dedo. Pero cuidado, la paciencia de sus deudos se está acabando.

CODA: Aplausos ha confirmado que Tomás ha declinado torear en Madrid este año.

11
Mar/2012

JUAN JOSÉ PADILLA, UN DESPERDICIOS EN EL SIGLO XXI

La recuperación de la gravísima cornada sufrida en Zaragoza ha sido un auténtico ejercicio de superación personal y ha conmovido a toda la profesión

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Las primeras noticias eran confusas. Se temía por su vida y era pronto para valorar las secuelas de las gravísimas heridas sufridas en el ruedo de Zaragoza en la última tarde de su particular temporada. Las televisiones y las webs mostraron muy pronto las imágenes del horror: el pitón del toro de Ana Romero le había atravesado el cráneo sacándole el ojo izquierdo de su órbita. Estaba vivo de puro milagro y todo el toreo se convirtió en un grito. Los móviles echaban humo. ¿Podría volver a torear? ¿Llevaría una vida normal después de ese terrible percance? En muy pocos días, el diestro de Jerez iba a oficiar el primer capítulo de su sorprendente y heroica recuperación compareciendo ante los medios sin complejos ni tapujos. Recibía el alta en la clínica maña y ya anunciaba que volvería a torear sin que en ese momento nadie pudiera apostar una peseta por el difícil empeño. Con o sin la parafernalia montada en Twitter, más allá de las miles de muestras de ánimo recibidas desde todos los rincones del planeta de los toros, sólo él y sus más íntimos sabían a ciencia cierta que lo iba a conseguir.

Cinco meses después se enfundaba un extraño vestido de torear en la feria de Olivenza. Quería simbolizar la esperanza en el verde de su seda; la victoria en los laureles de su inusual bordado. Antes de que saliera el primer toro ya había triunfado. Era una nueva medalla ganada por este trabajador del toreo que ha refrescado la imagen del hombre de luces como héroe popular. El parche negro que ahora oculta el ojo lesionado se ha unido a la particular puesta en escena del jerezano; refuerza el aire bronco y decimonónico que Padilla ha buscado cultivar con otros vestidos y otras interpretaciones del singular atavío de los coletudos. Sin pretenderlo, la nueva figura de Padilla nos lleva a ese Manuel Domínguez Desperdicios que se arrancó el ojo herido por un toro de Concha y Sierra en la plaza de El Puerto, doblando el siglo XIX: Para torear no hacen falta desperdicios, decía, mientras se encaminaba al cuarto de curas después de dar muerte a su toro.

El Ciclón de Jerez, renacido de sus propias cenizas, reencarna esa figura de torero de base, de ídolo de las masas que no entienden ni quieren saber nada de artes ni ciencias; que interpretan el diálogo con el toro bravo como una lucha desnuda para reconocer al lidiador como uno de los suyos. La cornada de Zaragoza, como una ronda trágica, venía a completar una dolorosa trinidad de dolores que ya estuvieron a punto de quitarle de en medio en otras plazas: en la memoria aleteó el recuerdo de aquel tremendo toro de Miura que le volteó en la puerta de chiqueros de la plaza de la Maestranza o las cornadas en el cuello sufridas en Pamplona y San Sebastián hace una década larga, cuando el Ciclón giraba con toda su fuerza. Fueron percances que acrecentaron su leyenda menuda, que reforzaron el aire huracanado que acompañaba cada uno de sus paseíllos.

Pero el último accidente era un ser o no ser. Implicaba volver a empezar tirando de lo que siempre fue el mejor tesoro torero del torero de Jerez: la raza y el amor propio; el amor inmenso a su profesión. A finales de noviembre, dispuesto a todo se ponía en manos de los mejores. Sabía los riesgos que corría pero no quería conformarse con una jubilación anticipada en las playas de Sanlúcar. Padilla afrontaba una compleja y larga intervención dirigida por el doctor García Perla que abría nuevas puertas a la recuperación de la expresión y la sensibilidad de su rostro y de paso, a la resurrección de un torero que no estaba dispuesto a cerrar su carrera entre las patas de ese toro de Ana Romero que le alcanzó en Zaragoza. A esas alturas ya se daba por perdida definitivamente la visión del ojo izquierdo pero no importaba. Con un solo ojo se podía torear. Más allá de la gestualidad, la declaración de intenciones de Juan José Padilla encerraba una certeza: volvería a enfundarse el traje de luces fuera como fuese; volvería a vestir ese vestido que le había dado todo en la vida. Se lo debía a su gente, a los suyos pero sobre todo, se lo debía a sí mismo.

Paradójicamente, el brutal percance ha redimido sus últimos coletazos en los ruedos abriéndole de par en par unos carteles que, en otras circunstancias, nunca le habrían hecho un hueco en una carrera cimentada a base de golpes y heroicidades. A nadie le amarga un dulce aunque la bravura de Padilla seguirá brillando más y mejor con los toros duros que reforzaron esa leyenda que se desbordó en la arena de Zaragoza. Muchos de los que antes se metían con sus gestos, sus trajes, sus gritos y sus saltos han cambiado las lanzas por cañas y todos, absolutamente todos, se han rendido ante la lección de superación personal que le ha permitido volver a la palestra del toreo. Lo que pase a partir de ahora dependerá de la suerte y de los toros que le quepan en suerte; también de las virtudes y defectos que han jalonado su honesta trayectoria. Pero ésa ya no es su victoria. La auténtica la firmó el otro día en Olivenza y la vistió de seda verde.

06
Mar/2012

OBSERVATORIO TAURINO: San Isidro 2012: llamada a la calma

Perros viejos. Los Martínez Uranga -y sus socios Matilla y Simón Casas- lo han tenido claro desde el principio. Sabían que la riña de patio que ha acompañado la gestación de las primeras ferias no beneficiaba a nadie; que el despropósito no podía repetirse en el trascendental escenario venteño en unos momentos fundamentales para el futuro inmediato del negocio taurino. Los Choperitas contaban con un as en la manga: a la nueva Taurodelta no le ataba un contrato previo con Canal Plus. Podían comenzar a negociar con los toreros sin pasar el traumático fielato de All Sports Media, empresa que gestiona los derechos de imagen del llamado G-10, que ha irrumpido en el negocio taurino como un elefante en una cacharrería sin dejar a nadie contento. La negociación con la televisión vendrá después, atados los cabos habituales en fecha, ganado y honorarios con los apoderados de siempre y siguiendo los modos al uso. Seguramente, ése es el camino más coherente.

Pleno. En Madrid no se andarán con guerras; tampoco tirarán de esas revanchas que han empobrecido las primeras ferias haciendo pagar los platos rotos a quién menos se lo merecía: el aficionado que sostiene este tinglado pasando por taquilla, sean como sean los carteles perpetrados. En Madrid, y en San Isidro, toreros y empresarios tienen una oportunidad histórica para revocar la inoportuna y mal gestionada escabechina mediática, ese incierto boomerang que ha acabado impactando en la cabeza de El Juli. Ya lo saben: a algunas empresas les cuesta digerir el papel catalizador del madrileño en esos acontecimientos. También se lo dijimos: las revindicaciones eran justas pero los modos y el momento, nefastos. Pero todo eso quedará atrás. Lo adelantaba Mundotoro hace algunos días; en Madrid ha estallado la paz. Parece que la empresa ya ha culminado una primera ronda de contactos apalabrando dos tardes con toreros como el propio Juli, Morante, Manzanares, Talavante y también Migue Ángel Perera, segundo sufridor en casa de las desproporcionadas iras empresariales. Todo hace indicar que, al margen de posibles ausencias voluntarias o entendimientos imposibles, nadie faltará premeditadamente de la primavera madrileña. Ah, y si quiere saber si toreará ese que usted está pensando, vaya a preguntar a la bruja Lola.

Alzamiento pacense. Y hablando de tantos y tan buenos toreros, no podemos dejar pasar el Observatorio de esta semana sin referirnos a la hermosa reacción torera de ese Juli recrecido que capitaneó el primer pronunciamiento de la gran temporada que arranca en la placita de Olivenza. Allí, junto a la frontera, el madrileño cogió su fusil secundado por Perera y cubierto por Alejandro Talavante protagonizando el festejo de mayor contenido estrictamente taurino del arranque de la campaña. Hubo otros triunfos de distinta dimensión como las cuatro orejas populistas lucradas por Ferrera en el patio de su casa, la ilusionante presentación del novillero Álvaro Sanlúcar o el cantecito que se echó Morante para los cabales que quisieron paladearlo en una reaparición que tapó todo.

Y Padilla. Lo consiguió. Volvió a vestirse de torero y lo hizo encabezando uno de esos carteles de lujo que se le han abierto de par en par después del terrorífico percance de Zaragoza. La entrega del público y de todos los medios ha sido incondicional. El Ciclón de Jerez ha reencarnado el rol de héroe popular de los toreros de antaño. Mucha suerte.

en twitter @ardelmoral