Monthly Archives: Septiembre 2011

27
Sep/2011

OBSERVATORIO TAURINO: Se consumó la afrenta

110927 Senyera en la Monumental

Bucles melancólicos. La plaza Monumental de Barcelona, último bastión taurino de Cataluña, ya es sólo ladrillo e historia. Difícilmente se asomará de nuevo un toro bravo a su arena gloriosa. Pero es una lástima que la energía malgastada en sollozos no se hubiera empleado mucho antes en combatir los primeros avances del enemigo mientras se esperaba que el Sol saliera por Antequera: primero, rebatiendo en los despachos más solventes la legislación que comenzó a roer los cimientos de la fiesta en Cataluña, hace ya unos cuantos lustros. La votación de julio de 2010 sólo fue una corona de flores para lo que ya estaba juzgado, muerto y sepultado. Y mientras, los Balaña, la familia propietaria de la vieja plaza aún dice que seguirá luchando… contra los molinos de viento. Son bonitos estos desplantes al mar sin mojarse los pies. Las certezas son otras: el quimérico recurso de inconstitucionalidad tardará demasiado en ser resuelto y para entonces -confiando ingenuamente en su sentido práctico- podrá ser demasiado tarde para un inmenso edificio que con seguridad ya tiene pactados otros usos y recalificaciones en las mesas donde verdaderamente se ha estado cortando este amargo bacalao.

Tierra quemada. En esa tesitura se habrá disparado sin éxito la última bala, se habrá perdido el postrer cabo de cuerda y habrá ardido el último litro de gasolina. Con o sin ley a favor, sin plazas no hay toros. Hace años que se celebraron las últimas corridas en Gerona, en el otrora activo y amplio circuito de la Costa Brava, en tantos y tantos cosos que ya son historia sin que nadie dijera esta boca es mía. Nadie dice ni una palabra de las reformas de la amplia y centenaria plaza de Tarragona, que desde un principio no incluían su reutilización como escenario taurino aunque ahora se lo pasen bomba empleándola como pabellón cubierto para esas exhibiciones de castellers descalabraniños. En los últimos años la Monumental sobrevivía con una programación de circunstancias alquilada a aventureros antes de que los Matilla supieran aprovechar el gran tirón del reaparecido José Tomás para devolverle sus laureles. Todo eso es historia ya…

El pescado vendido. La recentísima Feria de San Miguel ha sentenciado el abono y la temporada en la plaza de Sevilla. Fandiño y Mora justificaron con creces su inclusión en el ciclo y piden ser seguidos de cerca; Esaú no avanza ni retrocede; Castella confirmó su mal momento; El Cid mostró más solvencia sin volver por su mejores fueros; ilusionó Talavante; mostró su autoridad El Juli; no tuvo opciones Manzanares y encandiló Curro Díaz con su mejor actuación en la Maestranza. Del ganado, tres toros de Pereda, tres de Torrealta y sólo dos de El Pilar, que no estuvo a la altura de su bien ganada fama. Sólo queda una hoja en el calendario: el 12 de octubre volverá a ser la fecha de cierre del coso del Baratillo y parece que hay un buen puñado de toros de Marqués de Domecq para escoger los seis que echarán el candado. Antonio Nazaré, uno de los tíos que más se ha arrimado este año en Sevilla, parece fijo en la quiniela. También se habla ya en voz alta de Salvador Cortés y merecería una oportunidad el palaciego Pepe Moral. Incluso hay quién sigue apuntando a nombres como el del mexicano Arturo Saldívar, que sonó fuerte para inaugurar San Miguel. Quizá la empresa cocine otros planes mientras sigue remoloneando. En cualquier caso, el cartel definitivo debe estar ya al caer. Pronto se lo contaremos.

26
Sep/2011

XXVII ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE PAQUIRRI: “Doctor, la cornada es fuerte…” (y II)

Las palabras de Paquirri en la enfermería de Pozoblanco sobrecogieron al país.

Avispado había prendido a Paquirri, le había metido el pitón en el muslo derecho hasta la cepa. Al paso, dando lentos cabezazos, lo lleva hasta los medios. En su afán de zafarse de los pitones el torero se aferra a la cabeza del toro. La impresión en el tendido ya es de una cornada gravísima.

“Todos llegamos a la vez y el toro no hacía por nosotros. Intenté tirar de él pero era imposible. Cuando lo soltó me llevé al toro de allí y me impresioné mucho al ver como le chorreaba la sangre por el pitón derecho. Me llevé a Avispado a un extremo mientras trasladaban a Paquirri a la enfermería. Entonces se hizo presente la cuadrilla del Yiyo, al que le correspondía matar al toro, y me metí para adentro”, recuerda Rafael Torres.

El informador Pepe Toscano ya se encontraba allí: “Entró Paquirri y comenzaron los previos a la intervención. Vimos la herida y comenzaron las trámites necesarios. Llegó Salmoral y quisieron entrar más pero ya no les dejaron. Sí accedieron los médicos que habían venido de Córdoba para ver la corrida como aficionados. Taparon el cristal roto con una sábana y a raíz de ahí ya pidieron que desalojáramos la enfermería. Me salí y al poco lo hizo Salmoral después de filmar lo que todos pudimos ver por televisión”.

El cirujano plástico José María Cabrera tapona la herida con el puño. Ramón Alvarado sostiene la cabeza del torero. Ruiz González corta las taleguillas y los leotardos destrozados con unas tijeras. El muslo derecho, en su tercio superior, parece partido por un inmenso hachazo y sangra mansamente. Hay dudas con el grupo sanguíneo del torero y tienen que llamar al hotel para despejarlas. Paquirri pide calma y se dirige a Eliseo Morán, el cirujano que atendía la modesta enfermería de Pozoblanco: “Doctor, yo quiero hablar con usted porque si no, no me voy a quedar tranquilo. La cornada es fuerte. Tiene al menos dos trayectorias. Una para allá y otra para acá. Abra todo lo que tenga que abrir y lo demás está en sus manos”. Paquirri pide agua, “sólo es para enjuagarme”, advierte. En el teléfono de la enfermería, Ramón Vila requiere detalles de la cornada. En pocos minutos emprendería viaje a Córdoba.

Rafael Torres ya se encontraba junto a su maestro. “Cuando llegué a la enfermería estaba sobre la camilla y los médicos estaban ya liados con él, quitándole la ropa, comprobando la gravedad de la herida. La cornada era muy grande y era imposible que allí se hiciera nada, le cabía un puño. Lo que se intentó fue cortar la hemorragia ante todo. Aquello seguía sangrando y consiguieron ligar algunas venas pero no habían ligado la de arriba, la ilíaca. Era imposible. Había que abrirle y allí no había medios para operar con aquella gravedad y el médico le advirtió de que lo tendrían que trasladar a Córdoba”.

Toscano vuelve al callejón de la plaza y la gente pide noticias desde los tendidos. Yiyo corta las orejas de Avispado después de una larga faena y la lidia de los dos últimos toros, pese al triunfo de los toreros, se resuelve en medio de un clima extraño. Nadie se atreve a sacarlos a hombros. En la enfermería se lucha contrarreloj para ligar las arterias seccionadas. Todo el paquete vascular está destrozado y los médicos, después de hacer todo lo que estaba en su mano, toman la única decisión posible: “Paco tenemos que llevarte a Córdoba”. La ambulancia está dispuesta y se emprende viaje rumbo al Hospital Reina Sofía en medio de un clima angustioso.

La corrida ha terminado y Toscano vuelve a la enfermería para encontrar a Eliseo Morán, el médico, apoyado en el quicio de la puerta con la mirada ausente. Allí mismo, en el teléfono de la enfermería, se improvisa la primera crónica para Radio Cadena Española. La noticia de la gravísima cornada empieza a dar la vuelta a España.

La ambulancia vuela por aquellas carreteras angostas camino de Córdoba. Según recoge el testimonio de Pepe Toscano, “en aquella ambulancia iban el chófer, Francisco Rossi; Ramón Alvarado, Paquirri y el anestesista Paco Funes. Detrás venían otros médicos y Juan Carlos Beca Belmonte”, que en aquella temporada representaba al diestro de Barbate. Habían convenido en que si la ambulancia paraba es que Paquirri había fallecido. Efectivamente, “la ambulancia paró en la carrera del Caballo”.

Pero a Paquirri aún le quedaba un hálito de vida, según recogió Toscano del anestesista Francisco Funes: “hubo un momento en el que el cuerpo reaccionó, tomó aire, y Funes ordenó al chófer que continuara. ¡Paco, cierra la puerta y tira para adelante! Ramón Alvarado había descendido a buscar al médico que venía detrás: ¡se muere!. No había tiempo para llegar a Reina Sofía y la ambulancia paró en el Hospital Militar, a la entrada de Córdoba.

“Nos marchamos al hotel pensando que la cornada era fuerte pero no que se pudiera morir. Emprendimos el viaje a Córdoba y a mitad de camino nos encontramos con el coche de Isabel Pantoja que subía para Pozoblanco. Nos pitó, paramos y la vimos muy afectada. Como es natural tratamos de tranquilizarla, le dijimos que era una cornada sin importancia. Fuimos al hospital Reina Sofía y desde allí nos dirigieron al Militar. Cuando llegamos allí, la mujer de Ramón Vila nos hizo ver lo que pasaba. Una monjita del Hospital Militar se llevó a Isabel Pantoja a la capilla para prepararla de lo que se le venía encima”.

Toscano y Salmoral emprenden el viaje de vuelta. Saben que llevan una bomba informativa entre las manos y lamentan la mala suerte del torero. A la altura de Cerro Muriano, las luces de un coche les hace detenerse. No pueden dar crédito a lo que les están contando. Mientras, las gentes de Córdoba, como una masa silenciosa, se han ido congregando a las puertas del viejo Hospital Militar, cerrado a cal y canto y protegido por la Policía Militar. La tragedia es ya una certeza irremediable y Manuel Benítez El Cordobés se abre paso entre el gentío.

Lejos de allí, en las curvas de Villanueva de Córdoba, El Yiyo viaja en compañía de su padre y de Tomás Redondo, su apoderado, que se había empapado la guayabera con la sangre de Paquirri. Con el amargor reseco de la cornada sufrida por el maestro, desandan el camino de Madrid y escuchan con desgana un programa musical que se trunca de repente: “Interrumpimos el programa  para comunicar a nuestros oyentes la muerte de Francisco Rivera Paquirri, cogido esta tarde por un toro en Pozoblanco”.

26
Sep/2011

XXVII ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE PAQUIRRI: “Paco, hemos llegado a Pozoblanco” (I)

Hoy se cumple el XXVII aniversario de la trágica muerte de Paquirri en Pozoblanco. Con tal motivo, rescatamos la reconstrucción de aquella muerte ejemplar que fue publicada hace dos años en las páginas de  El Correo de Andalucía. Ahí va la primera parte…

Paquirri toreaba en la capital del Valle de los Pedroches la última corrida de la temporada

Un BMW blanco surca la noche y se encarama en la negrura de Sierra Morena después de dejar la nacional IV, buscando el cruce de Villanueva de Córdoba desde Ándujar. La sierra se abre a un tremendo valle en la madrugada espesa. Son ya muchas horas de coche en un largo viaje que partió de Logroño con la anochecida.

Había sido la penúltima corrida de una campaña a la que sólo quedaba una cita. Al día siguiente esperaba el avión para viajar a Venezuela, con Isabel. Pasan de las cinco de la mañana cuando Antonio Rivera frena en la puerta del hotel Los Godos: “Despierta Paco, ya hemos llegado a Pozoblanco”.

Pozoblanco es el centro del Valle de los Pedroches, una pequeña ciudad emergente, capital económica de esta tierra cercada de sierras que celebra sus fiestas. En los enormes carteles pegados a las paredes, con letras grandes, el nombre de Paquirri eclipsa al de Yiyo y El Soro, que alternan con él esa tarde. El sol blanco del primer otoño espanta la madrugada y despierta a los hombres de plata que habían llegado en el volvo ranchera –siguiendo la misma ruta– casi de amanecida. Es hora de ir a la plaza a enlotar los toros de Sayalero y Bandrés: “Por la mañana fuimos al sorteo y de vuelta al hotel le comentamos a Paco los toros que le habían tocado. Avispado era el más chico, el más bonito de toda la corrida. Después de almorzar nos pusimos a jugar a las cartas. Le gustaba quitarnos el dinero a todos y no paraba hasta que nos desplumaba. Siempre tenía que ser el ganador, era como un niño chico cuando ganaba. Tenía una caja llena de pesetillas y duros para apostar en aquellas partidas inofensivas”, recuerda Rafael Torres que toreaba a las órdenes de Paquirri junto a José Pichardo, Gregorio Cruz Vélez, Rafael Muñoz y José Luis Sánchez.

Ha doblado el mediodía en Córdoba y el periodista Pepe Toscano hace tiempo en su casa del Brillante. Está esperando a Antonio Salmoral, el corresponsal de TVE, para marchar a Pozoblanco por la ruta de Los Villares. Ha intentado varias veces ponerse en contacto con él sin resultados y, con el tiempo encima, se dispone a salir de viaje. A punto de ponerse en la calle, Salmoral aparece finalmente. Trae la flamante cámara de video que le habían entregado por mediación de Matías Prats: “A las cuatro y diez no había llegado y me subí al coche. En ese momento llegó junto a un hijo suyo que estaba haciendo el servicio militar. Si hubiera salido algunos minutos antes, Salmoral no habría ido a Pozoblanco”, rememora Toscano, que convenció al bueno de Salmoral a  pesar de sus reparos para acompañarle en ese viaje y estrenar la nueva cámara a pesar de que Televisión Española había desestimado filmar el festejo.

A aquella misma hora, en el hotel Los Godos de Pozoblanco se retiran los jugadores de una partida inocente: José Pichardo, Cruz Vélez y el matador. Rafael Torres ya se había marchado a descansar y Ramón Alvarado, tío y mozo de espadas del torero, prepara el vestido azul cobalto y oro que iba a usar aquella tarde, el mismo que había estrenado en la Feria de Abril de aquel año. Paquirri recibe la visita del ganadero Juan Luis Bandrés. Entre bromas, hace amago de llevarse el dinero que habían liquidado al torero por la tarde de Pozoblanco: es un millón y medio de 1984. Paquirri ya está vestido. Es hora de marchar a la plaza.

El diesel de Pepe Toscano remonta la Sierra de Córdoba en busca del puerto del Calatraveño. La radio está averiada y la tertulia sustituye a las ondas. “En el viaje fuimos comentando las precariedades de la colaboración de Antonio con Televisión Española y al llegar a Pozoblanco comprobamos el ambientazo que se vivía en el pueblo. No pudimos meter el coche en la plaza como en otras ocasiones. Entramos allí y él se fue a un lado del burladero y yo a otro”.

El volvo de la cuadrilla de Paquirri también ha llegado a la plaza. Entre risas y bromas se habla de la partida. El torero anda eufórico y extrañamente comunicativo. Presume de haberlos dejado sin una peseta. En los alrededores de la plaza no cabe un alfiler. Paquirri cruza a duras penas el gentío que aguarda a los toreros y en la puerta de cuadrillas se encuentra con el Yiyo, una figura emergente que comenta con el maestro las bondades de los toros de Sayalero y Bandrés. Con el run-run del público, apenas se oye el pasodoble. Ha llegado el momento de liarse el capote de paseo y dar el paso adelante: ¡Suerte, señores!

Paquirri es el encargado de despachar el primer toro. Sobrado y seguro, alterna con El Soro en banderillas. Entrebarreras hay un muchacho rubio apodado Manolo que anda queriendo ser torero y del que se dice que es hijo de El Cordobés.  Paquirri brinda al chico y Pepe Toscano, que se encuentra a su lado, escucha sus palabras: “Pelillos, te brindo este toro porque me caes muy bien y tienes mucha gracia”. El maestro corta una oreja casi sin despeinarse y la corrida empieza a lanzarse. Yiyo y Soro empatan a dos orejas. El valenciano ofrece los palos a Paquirri que sale apurado de un par y al correr hacia las tablas sonríe a Toscano. La plaza de Pozoblanco ya es una fiesta y en los chiqueros aguarda el cuarto de la tarde, “el más bonito”. Se llama Avispado, es negro y algo veleto.

Paquirri recibe al toro en los tendidos de Sol. Rafael Torres anda al quite: “le perdió un poco el respeto a Avispado. Lo toreó pegando lances mirando al tendido. El toro era sensacional aunque en la brega le hizo dos cosas raras y en la segunda le echó mano. El toro se estaba aguantando en el burladero de la tercera suerte y Paco lo llamó desde los medios para llevarlo al caballo. El toro lo vio y se fue a por él. El caballo se estaba colocando y el toro hizo como un amago de irse para el picador. Paquirri lo llamó y en ese momento el toro se le venció por el pitón izquierdo. ¡Ay¡ Paco rectificó ligeramente pero se quedó tal cual. El toro se volvió, abriéndose, y él le perdió pocos pasos. El toro se le vuelve a colar y no le da tiempo a nada, le da medio lance y el animal le arrolla y el mete el pitón hasta la cepa”.

Pepe Toscano no da crédito a lo que está viendo: “cuando vi la cornada pensé que le había hecho presa, que le había hilvanado el pitón entre la taleguilla y la carne pero dio una vuelta de campana y cuando lo despidió salió un chorro de sangre enorme. Salí corriendo para la enfermería. Los que llevaban a Paquirri equivocaron el camino hacia la puerta de toriles y tuvieron que rectificar. Yo fui el tercero que entró allí. Los doctores Eliseo Morán y Ruiz González ya estaban preparados para intervenir. El cristal de la puerta estaba roto porque no encontraban la llave y tuvieron que darle una patada para abrir”. (CONTINUARÁ)

25
Sep/2011

TERCERA DE SAN MIGUEL: Agua de borrajas

Curro Díaz cortó una oreja por una faena de gran contenido artístico y El Juli perdió otra con la espada después de mostrar sus galones

110925 Curro Díaz San Miguel

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron cinco toros de El Pilar, el primero marcado con el hierro filial de Moisés Fraile, que a la postre resultó franco y nobilísimo. El segundo tuvo temperamento y al tercero le faltó recorrido. El cuarto, tardo y probón, pareció reparado de la vista y el quinto no tuvo un pase. El sexto fue un sobrero de Salvador Domecq, tan mirón como peligroso.

Matadores: Curro Díaz, de ajoblanco y oro, oreja y leve petición de otra y silencio.

Julián López El Juli, de asfalto y oro, ovación tras aviso y silencio.

José María Manzanares, de berenjena y oro,  silencio y ovación.

Incidencias: La plaza registró un lleno aparente en tarde calurosa. Destacaron los hombres de Manzanares, especialmente Trujillo y Blázquez, que escucharon la música tras parear al sexto. También fue muy aplaudido el picador Chocolate.

Sólo hubo dos toros aptos y fueron el primero y el segundo para dibujar una cuesta abajo que sentenció el espectáculo que había despertado más ilusiones en una Feria de San Miguel que ya es historia menuda. De alguna manera, ya se lo esbozábamos ayer. Con el bolsillo más justito la gente sabe perfectamente a quién quiere ver y aunque no llegó a colgarse el ansiado cartelito de no hay billetes, la plaza presentaba un aspecto inmejorable para hacer honores a los dos grandes ases de la temporada.

Pero la suerte se convirtió en recompensa y quiso que el toro de bravura más dulce y bonancible cayera en manos del estilista Curro Díaz, que oficiaba de ilustre telonero de los colosos. Además, el melenudo diestro de Linares volvía a la plaza en la que estuvo a punto de quedar inútil para la profesión y lo hizo con la aparatosa prótesis y el zapatón que le permite seguir en la brecha después de sufrir esa compleja fractura de peroné que le tuvo un buen trecho en el dique seco y cavilando.

Y como es de bien nacidos ser agradecidos, Curro Díaz personalizó en el brillante cirujano Octavio Mulet el brindis al equipo de médicos que lo atendió en primavera. Para entonces, el torero ya había podido comprobar las bondades de un animal -el único marcado con el hierro de Moisés Fraile- que se adaptaba como un guante a su toreo de estética y composición. Hubo un inicio sabroso en la faena, con el toro charro humillando con nobleza en el engaño, acudiendo con prontitud a los cites y también con las fuerzas justas para andar con desahogo y sin ahogos. Ahí empezó el particular concertino de Curro Díaz, que toreó y se expresó siendo fiel a sí mismo en sucesivas series muy bien dichas en las que hubo verdadero acople, ritmo y hasta quejío. Curro llegó a torear muy despacio y también supo dejarla muy bien puesta para ligar los muletazos en una labor armónica y musical que sólo bajó en parte por el menos bueno pitón izquierdo del toro. La espada fue un bazooca y, posiblemente, si el bicho no hubiera sido enlotado en primer lugar,  podríamos estar hablando de una segunda oreja que le habría redimido de tantos sinsabores.

Abantón y huidizo en los primeros compases de su lidia, el cuarto campó a sus anchas por el ruedo y evidenció no andar muy bien de la vista en los caballos y los capotes. Curro volvió a intentarlo y hasta se puso bonito en el inicio de la faena pero su enemigo no duró ni un suspiro y empezó a tardear demasiado pronto, acortando sus viajes hasta hacer imposible el empeño.

La verdad es que la corrida podría haber cambiado radicalmente de signo si la espada de El Juli no hubiera sido un abrelatas. El madrileño enseñó el bastón de mariscal del toreo desde que se abrió de capa para recibir al segundo de la tarde, un toro que echó las manitas por delante y derribó con aparato a Diego Ortiz. Las cosas se pusieron en su sitio cuando quitó a la verónica. Se empleaba el toro en el capote, quizá sin humillar demasiado pero llegando al último tercio con prontitud y alegría por el lado derecho, más correoso y protestón por el izquierdo. Al joven maestro le dio igual ocho que ochenta y se empleó en una faena intensa y trepidante, citando y obligando muy en corto que se convirtió en una espiral de toreo mandón que fue subiendo de grados a la vez que El Juli se lo enroscaba al cuerpo. Un gran cambio de mano rompió en dos el trasteo, que también incluyó naturales de mérito. Pero el madrileño dio un verdadero sainete con la espada y las alegrías se diluyeron.

El Juli volvió a apretar el acelerador con el quinto de la tarde, un bicho que salió muy a su aire, distrayéndose con las moscas y sin centrarse en la lidia. Lo más lucido fue el quite por chicuelinas que le endilgó Julián. Pero luego fue prácticamente imposible. El toro era correoso, no rompía hacia delante y se rebrincaba con nula entrega en la muleta. Había pocas cartas que jugar y a esas alturas se esperaba poco de una tarde que iba camino del despeñadero.

Todas las complacencias estaban puestas en el retorno de José María Manzanares después del glorioso indulto de abril. Pero había poco barro que modelar esta vez. El tercero fue un auténtico tío que puso en apuros a Chocolate, que no dudó en seguir picando a pesar del derribo de su caballo. Ahí quedaron los ímpetus del toro, que blandeó y se quedó corto en la muleta sin rematar ni uno sólo de los viajes. Lo mejor que hizo el artista alicantino fue quitárselo de enmedio de un contundente volapié en espera de que cambiaran las tornas en el sexto.

Pero tampoco hubo manera. Devolvieron al titular después de pegarse un mamporro contra las tablas que le dejó inútil para la lidia. En su lugar salió un sobrero de Salvador Domecq que sí permitió el lucimiento de los magníficos hombres de Manzanares. A Trujillo y Blázquez hasta les tocaron la música después de un preciso y precioso tercio de banderillas pero en la muleta fue otro cantar: mirón y orientado, no viajó nunca convencido en los muletazos de Manzanares, que se puso y lo intentó muy de verdad. Pero era del todo imposible y lo que tanto y tanto se había esperado quedó en agua de borrajas.

25
Sep/2011

SEGUNDA DE SAN MIGUEL: Orejas de distinto contenido

110924 El Cid en Sevilla

La actuación más compacta corrió a cargo de Talavante y El Cid dejó ir en parte el mejor toro y se esforzó con el segundo de su lote. Castella pasó muy desdibujado. Seria y variada corrida de Torrealta

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Torrealta, muy bien presentados. El primero dio muy buen juego a pesar de resultar un punto rajado al final de su lidia; sin demasiada calidad, el segundo fue bravo; flojo y a la defensiva el tercero; de más a menos el cuarto; muy deslucido el quinto y manejable el sexto.

Matadores: Manuel Jesús ‘El Cid’, de tabaco y oro, oreja y silencio.

Sebastián Castella, de azafata y oro, silencio y silencio.

Alejandro Talavante, de lila y oro, ovación y oreja.

Incidencias: La plaza registró dos tercios de entrada en tarde muy agradable. Entre las cuadrillas destacaron Alcalareño, que banderilléo con brillantez al primero de la tarde y en la brega también sobresalieron José Chacón y Javier Ambel. Miguel Ángel Muñoz picó muy bien al sexto y el varilarguero José Doblado sufrió una conmoción cerebral al ser derribado por el quinto aunque se recuperó sin consecuencias en la enfermería.

El segundo festejo de la Feria de San Miguel tuvo una doble lectura. De una parte, la importancia del envío de Torrealta, una señora corrida de toros, una auténtica tía que mantuvo el interés en los variados registros que brindó en cada uno de los toros y en casi todos los tercios. Entre el mejor primero y el pésimo quinto hubo de todo pero, por encima de cualquier circunstancia, brilló siempre la seriedad de un encierro irreprochable que no siempre fue aprovechado en toda su dimensión. Pero hay que extraer una segunda reflexión del espectáculo celebrado ayer en la plaza de la Maestranza. Un cartel que en otro tiempo habría sido de campanillas y habría abarrotado los tendidos sólo logró congregar poco más de media plaza en los tendidos -poco más del abono habitual- dando la medida del verdadero tirón de los actuantes. Podremos poner la crisis en lo alto de la mesa y sacar lo peros que queramos pero en el toreo, con lo que está cayendo, sólo llenan los que usted y yo sabemos y si no, vamos a ver que pasa hoy en las taquillas.

Y el caso es que el guateque había comenzado simplemente bien, sin frío ni calor. El Cid volvió a encarnar esa divina potra que pone en sus manos el mejor toro de cada tarde y se metió en el chaleco un retinto noblón, el que partió plaza, que hizo cositas buenas desde que salió por la puerta de chiqueros. Alcalareño se salió del pellejo cuajando uno de los mejores pares de su vida para cerrar el segundo tercio y el diestro de Salteras pudo comprobar que el morito, alegre y pronto, rompía con franqueza desde la primera serie de muletazos. Manuel anduvo suelto y resuelto, pero no pisó del todo el acelerador en una faena un punto superficial, simplemente fácil, que no apuró las bondades del toro de Torrealta. La alegría y prontitud del toro pedían series más largas y aunque el maestro sevillano toreó sin apreturas por ambas manos siempre quedó la sensación de que faltaba algo. La protocolaria oreja que siguió a una estocada un punto desprendida supo a demasiado poco.

El cuarto de la tarde fue un pavo de más de seiscientos kilos al que El Cid lanceó con solvencia y precisión. Tampoco defraudó en la buena lidia de Alcalereño aunque sorprendió al Boni cuando abusaba de sus particulares coreografías rehileteras. Parecía que había buen fondo en el toro, que no se desplazó mal por el pitón izquierdo en los primeros compases de la faena de muleta aunque empezó a cortar los viajes demasiado pronto impidiendo que el Cid brillara en la decoración. Pero ojo, esta faena sorda tuvo mucha más importancia que la anterior y el saltereño se mostró mucho más resuelto y seguro, toreando para los profesionales y para sí mismo en una labor que debió satisfacerle en su personalidad torera más íntima. La mayor parte de la parroquia no se enteró pero ése fue el mejor Cid. Así sea.

Castella volvía a la plaza de la Maestranza sin despertar demasiados entusiasmos y no llegó a convencer a nadie en su labor con el segundo de la tarde, un precioso toro engallado, engatillado y un punto bizco, un auténtico taco de animal, que pedía pelea por todos los rincones. El bicho no estuvo sobrado de calidad, es verdad, pero tenía esa importante codicia que pone a todo el mundo de acuerdo. Chacón lo lidió en maestro -descubriendo sus mejores registros- y Ambel anduvo sensacional con los palos. Pero Castella parecía sacudido de cierta apatía y no pasó de amontonar muletazos sin alma en una faena simplemente correcta que no llegó a calentar nunca al personal. La verdad es que el toro, que se vino un poquito a menos, no dejó de pedir pelea aunque la faena del francés se limitó a cubrir el expediente. Con el colorao ojo de perdiz que hizo quinto se le pueden poner muchas más disculpas. Tomó una vara al relance y acabó derribando a José Doblado en una tremenda costalada de la que salió a puñados e incosciente. Luego supimos que se  había recobrado en la enfermería pero la impresión que quedó en los tendidos cuando se lo llevaban en volandas era bien fea. Quedón y tardo, muy deslucido y sin estilo no servía ni para hacer un esfuerzo.

110924 Talavante oreja en Sevilla

Aunque hablando de esfuerzos hay que certificar que Alejandro Talavante vino a Sevilla a sudar la camiseta. Primero, poniéndose de verdad con el acucharado que hizo tercero, un toro con mejores principios que finales que acabó protestando y a la defensiva en la muleta. Talavante tuvo mérito poniéndose muy de verdad por los dos pitones y la gente lo supo ver y agradecer en espera de que saliera el sexto.

Ése fue un bicho manejable al que picó con acierto y brillantez Miguel Ángel Muñoz. La verdad es que el toro se movía y tampoco había que pedirle mucho más. En la labor de Talavante hubo más entrega que resolución estética pero supo transmitir una felicidad toreando que caló en un público deseoso de sacar los pañuelos. El joven diestro extremeño expuso y se puso; aguantó algunos parones en los remates de las series y se mostró siempre solvente sin renunciar a algunos pasajes impregnados de la calidad que le han convertido en uno de los nombres propios de la campaña. Hubo un enorme cambio de mano, sensacionales pases de pecho de pitón a rabo pero sobre todo, la sensación de encontrar a un torero en su mejor momento que no quería pasar la oportunidad de triunfar. Es verdad que el toro resultó manejable pero también tuvo unos problemas, que Alejandro supo resolver hasta cuajar una faena variada y trepidante que ponía en sus manos una oreja que paseó feliz y satisfecho. Así que, casi todos contentos.

24
Sep/2011

FERIA DE SAN MIGUEL: Fandiño fue el que lo tuvo más cerca

El ciclo otoñal se abrió con un desigual encierro de Pereda, que lidió tres ejemplares con posibilidades

Álvaro Pastor Torres

Álvaro Pastor Torres

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de José Luis Pereda, muy bien presentados. Hubo tres que sirvieron: el segundo, por el pitón derecho; el cuarto, que acabó entregándose en la muleta y el sexto, con una rajada pero importante embestida por el lado diestro. Los otros tres fueron más aplomados y deslucidos.

Toreros: Iván Fandiño, de Quinta Angustia y oro, silencio y ovación tras aviso.

David Mora, de rosa y oro, gran ovación y algunas palmas.

Esaú Fernández, de blanco y oro, ovación y ovación.

Incidencias: La plaza registró algo más de media entrada en una tarde en la que molestó el viento a los actuantes. David Mora debutaba como matador en la plaza de la Maestranza.

El cartel se había hecho esperar pero había despertado ilusiones desde que Radio Macuto lo filtró en la yema del verano. Reunía a dos toreros en plena e ilusionante eclosión y premiaba al joven diestro camero Esaú Fernández, que tomó la alternativa triunfando con inusual desparpajo. Y la verdad es que, al final, cada uno de los toreros tuvo en su mano un toro con posibilidades que aprovecharon en función de la suerte y las circunstancias.

En el caso de Fandiño, cuajando la faena más compacta y revelando nuevos registros que han elevado su techo. El diestro vasco no había tenido demasiadas opciones con el toro que rompió plaza, un animal que se paró demasiado pronto y con el que Fandiño sólo pudo mostrar actitud y enseñar algunas de las claves de su caro concepto. El torero se entregó de verdad pero el bicho no andaba, acabó a la defensiva y así no había ninguna manera.

Afortunadamente pudo desquitarse casi por completo con el inmenso castaño que salió en cuarto lugar. No humilló demasiado en los primeros compases de su lidia pero Fandiño tenía muy claro su firme planteamiento y consiguió hacerlo romper en un trasteo de creciente acople e intensidad y de trazo cada vez más comprometido, dicho muy hacia adentro con una personal hondura que puso a todo el mundo de acuerdo. El torero se entregó a tope y alargó el metraje de la faena sin importarle los cabezazos del toro de Pereda, al que también acabó toreando con la mano izquierda. Se ajustó a tope en las bernardinas finales, que quizá sobraron, y además la espada sólo entró al segundo viaje enfriando los entusiasmos de un público que se guardó los pañuelos. Pero la faena era de oreja.

David Mora, que debutaba en Sevilla, también tuvo en sus manos uno de los tres pupilos potables del envío de Pereda. Fue el segundo, un toro que le permitió expresarse con el capote y que brindaba mejores cosas por el pitón derecho. Pero el madrileño se empeñó en apurar las escasas posibilidades que le brindaba el animal por el lado izquierdo, pitón mucho más peligroso y por el que se acostaba siempre. ¿Por qué no aprovechó más y mejor el pitón derecho? Por ese lado se entregaba con mayor emotividad, humillando en los engaños. Por ahí surgieron los mejores muletazos, hondos y hasta desgarrados, pero a la faena le faltó la definitiva redondez para marcar diferencias.

El quinto, un caballón de horrendas hechuras, sí le permitió revelarse como un gran intérprete del toreo a la verónica. David Mora se meció en el recibo capotero y cerró esos lances de seda con una media sabrosa que encandiló a la parroquia. Después no hubo mucho más que rascar: Mora lo intentó pero la mansedumbre le pudo a la nobleza del bicho, que nunca quiso coles con la muleta del madrileño, que lo echó abajo de un espectacular espadazo. Hay que verle más.

Toromedia

Toromedia

Y como el reparto había sido equitativo para todos, Esaú también sorteó un enemigo, el sexto, que le habría permitido cambiar el signo de la tarde. El joven diestro camero se entregó en todos los lances de la lidia, se fue a porta gayola en sus dos toros y se mantuvo ilusionado a pesar de que el tercero en discordia fue un animal rajadito y corto de viajes que siempre echó el freno en todos los embroques. Por el pitón izquierdo ni siquiera pasaba y aunque Esaú escenificó un infructuoso arrimón había muy poca agua que sacar del pozo.

La verdadera oportunidad, ya lo hemos dicho, llegó con ese sexto que enseñó alguna cosita buena desplazándose con largura en los capotes de la cuadrilla. La faena comenzó con pases cambiados por la espalda resueltos con ajuste de milímetros pero había que templarse y acoplarse a la bondad de una embestida que tenía esa importancia, tan en Núñez, por el lado derecho. Esaú lo fue viendo poco a poco pero cuando parecía que la faena iba a estallar definitivamente el camero se echó la muleta a la mano izquierda y se desmoronó la tensión argumental. Lo había tenido muy cerca, casi en la mano, pero esta vez no pudo ser.

23
Sep/2011

FERIA DE SAN MIGUEL: Manzanares y El Juli vuelven al escenario de sus triunfos

110426 Atardecer en la plaza

El ciclo también incluye a Fandiño y David Mora, las dos grandes revelaciones de la temporada

La Feria de San Miguel que comienza esta tarde en la plaza de la Maestranza ya despertó buenas vibraciones en su lejana presentación del mes de marzo. Los triunfos de algunos de los toreros anunciados y el hilo de la temporada han revalorizado aún más unas combinaciones que cuentan con dos máximos atractivos: repiten los triunfadores de Abril, pero sobre todo -sin olvidar que El Juli abrió la Puerta del Príncipe- vuelve a hacer el paseíllo José María Manzanares después de haber logrado indultar al toro Arrojado, un excelente ejemplar de Núñez del Cuvillo que sirvió al diestro alicantino para firmar uno de los trasteos más importantes de la historia reciente de la plaza de Sevilla.

Además, el Juli y Manzanares coinciden en el mismo cartel de cierre de la feria dentro de una terna que abre el diestro linarense Curro Díaz, que precisamente cayó herido en la Feria de Abril sufriendo un complejo percance que a punto ha estado de retirarle de la profesión. Díaz tiene que torear con una férula y una zapatilla especial para reducir las secuelas de la fractura de peroné que le produjo un toro de Salvador Domecq. Los toros pertenecen a la divisa charra de El Pilar, propiedad de Moisés Fraile y acaparadora de todos los premios puestos en lid en las dos últimas temporadas sevillanas.

El sábado será el turno de otra terna de la parte alta del escalafón que no ha despertado los mismos entusiasmos en la taquilla y en la expectación de los aficionados. En el caso de Sebastián Castella y El Cid, después de protagonizar una temporada de tono medio en la que no ha llegado el triunfo en los grandes escenarios pero sobre todo, han dado la sensación de navegar por debajo de sí mismos. En esa tesitura, el principal interés del cartel recae en la presencia del diestro extremeño Alejandro Talavante, tercera pata de este festejo bisagra, en el que se lidiarán toros de la divisa gaditana de Torrealta. Talavante ha sido uno de los toreros más destacados de la campaña que ya está tocando retirada y se destapó definitivamente cuajando la faena más luminosa de la feria de San Isidro después de un discreto paso por la Feria de Abril. Éste ha sido su año y ha logrado despejar las dudas que le acompañaban desde su prematuro despegue -sin cuajar como torero ni como hombre- nada más tomar la alternativa. Talavante llega a Sevilla arrastrando las molestias de la fractura de clavícula que se produjo a finales de agosto en la feria de Almería. Ojalá no sea un impedimento para verlo en su máxima dimensión.

oportunidad. Aunque la terna final era conocida en los corrillos de aficionados desde hace varias semanas, no fue hasta el pasado lunes cuando la empresa Pagés oficializó el cartel de apertura de el miniciclo otoñal que hoy comienza. El diestro vasco Iván Fandiño, el madrileño David Mora y el joven matador camero Esaú Fernández serán los encargados de despachar el encierro de José Luis Pereda que sí estaba reseñada desde marzo.

Tal y como se explicó entonces, este cartel sirve de premio a los toreros que más se hayan destacado a lo largo de la campaña. El caso de Fandiño -que ha sido duda hasta el último momento por andar convalenciente de una cornada- y Mora es el de dos escapados del pelotón y su inclusión en Sevilla ha caído con agrado en todos los estratos de la afición. Por parte de Esaú, se trataba de recompensar el triunfo que acompañó a su sorpresiva alternativa de abril.

19
Sep/2011

OBSERVATORIO TAURINO: A cinco días de la entrega de Barcelona

110919 toros sí Cataluña

Que lástima pero adiós… El previsible mar de lágrimas de cocodrilo que acompañará el irrevocable e inevitable cierre de la plaza Monumental de Barcelona no puede empañar el riguroso análisis de las circunstancias que acompañan un funeral largamente anunciado. José Tomás será el encargado de oficiar de sumo sacerdote del entierro a la vez que pone punto y final a la irregular y decepcionante temporada de su reaparición. Pero no hay vuelta atrás. No sabemos si la riquísima y larga historia taurina de la vieja plaza Monumental dará paso a un multicines, un deprimente centro comercial, la mezquita de un jeque forrado o se convertirá en el mejor monumento a la inoperancia del invertebrado planeta de los toros, que tampoco ésta vez ha sido capaz de orquestar la definitiva federación de sus estamentos en busca del bien común. Tampoco supo poner en manos de un lobby o despacho profesional las defensas de unos intereses que siguen teniendo las miras cortas. Evitaremos esta vez hablar de la Mesa del Toro y su vocación de Belinda. Es perder el tiempo.

No llores como mujer… No se le puede negar buena voluntad a los que aún vagan por las rutas del toro con un puñado de folios suplicando ese puñado de firmas que avale una ingenua y quimérica ILP inversa para revocar el alambicado proceso que, de facto, ya acabó con la fiesta en tierras catalanas hace unos cuantos lustros. Llevamos más de un año contándoselo. Las plazas fueron cayendo una a una gracias a subterfugios legales y piquetas politizadas mientras el sector taurino se ponía de perfil como las caras  de la isla de Pascua. Mientras, supuestos salvapatrias engordaban sus cuentas corrientes predicando un rentable apocalipsis que sólo inquietó  a los hombres de coleta cuando la lluvia de fuego les quemaba la espalda. La muerte de la Cataluña taurina ha sido tan efectiva como lenta y la impasibilidad e indolencia de los estamentos del oficio, se diga lo que se diga ahora, ha sido pasmosa. El cacareado traspaso de competencias a Cultura, el tibio recurso de inconstitucionalidad o las invocaciones a la UNESCO sólo han sido tres o cuatro voces en el desierto. Cuando el diestro catalán Serafín Marín eche abajo el último toro que salga al glorioso ruedo de la última plaza de Cataluña se estará aceptando una vergonzante derrota que debe llamar a la reflexión del mundillo. La victoria del binomio nacionalista y antitaurino tiene gran valor simbólico pero que nadie olvide a estas alturas que se estaba matando a un muerto.

El lío de Quito. Y mientras presenciamos el hundimiento de la Cataluña taurina, las nuevas ordenanzas antitaurinas del Ecuador ya han consagrado la supresión de la suerte de matar en la plaza de la capital, socabando de paso la integridad del espectáculo con una nueva reglamentación que deja en manos de los promotores todos los resortes organizativos de la fiesta. Es una velada sentencia de muerte que ha encendido la polémica a un lado y otro del charco, con artículos cruzados de primeras plumas de la opinión taurina incluídos: hay matadores -algunos de alto copete- empresarios y ganaderos que se prestarán a la pantomima. Otros nombres más íntegros, caso de El Juli, ya ha anunciado que con él no va ese teatro. Como en Cataluña, hay un tufillo antiespañol que apesta una iniciativa que torpedea uno de los atractivos turísticos y económicos de unas tierras necesitadas de divisas. Cuidado, el toreo se adentra en tiempos de guerras perdidas…

18
Sep/2011

TOROS EN SEVILLA: La calidad de Fernando Adrián no tuvo refrendo con la espada

El ganado de Los Azores deslució parcialmente el festejo que reunía a los mejores novilleros del año en la plaza de la Maestranza

110918 Fernando Adrián en Sevilla-Toromedia

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron novillos de Los Azores, correcta aunque desigualmente presentados. El primero tuvo clase pero muy pocas fuerzas; el segundo, un punto a menos, resultó bravo y mostró calidad y recorrido; el tercero fue bruto y complicado; orientado y sin recorrido lel cuarto; quinto y sexto, muy brutos.

Novilleros: Sergio Flores, de turquesa y oro, silencio tras aviso y silencio.

Fernando Adrián, de vainilla y oro, gran ovación tras aviso y ovación tras aviso

Rafael Cerro,  de espuma de mar y oro, silencio y silencio tras aviso.

Incidencias: La plaza registró menos de media entrada en tarde agradable.

Había ganas de ver el festejo de ayer. No se podía poner un pero para el cartel de actuantes, que resumía perfectamente el cuadro de honor de la novillería y lo mejor de la temporada sevillana en el escalafón menor. Lástima que el encierro de Los Azores, del que se esperaban otras dulzuras, se encargara de aguar parte de la fiesta aunque la reveladora faena de Fernando Adrián compensó de todo lo demás.

El madrileño trazó una raya desde que se abrió de capote enjaretándole cuatro faroles de rodillas al segundo. Venía a por todas y mantuvo un altísimo nivel estético y técnico en una faena bien hecha y mejor dicha que se inició con dos pases cambiados. Algo blando, el utrero de Los Azores no estaba exento de alegría y Adrián supo administrar sus fuerzas a la vez que se expresaba en un toreo bien compuesto que alcanzó su trazo más rotundo por el lado izquierdo. El mayor virtuosismo llegó en los remates: unas veces de pecho, otras en ayudados por bajo, en trincherillas perfumadas y, siempre, en el sedoso temple que presidió una labor ensombrecida por su mal espada. El quinto, bruto y reservón en los tres tercios, fue una prueba que le vino larga a veces. En los últimos compases de su labor sí se enfadó más con el utrero, también consigo mismo, y consiguió mantener el crédito ganado con el anterior.

El mexicano Sergio Flores se entregó de verdad, firmísimo siempre con un novillo, el primero, que pedía otras estrategias.  A pesar de los esfuerzos del manito el entendimiento no llegó y al trazo rotundo de los muletazos no se le podía enhebrar la floja clase del novillo. Flores apostó todo en el cuarto y sufrió una aparatosa voltereta después de la angustiosa y accidentada portagayola inicial. El novillo tomó un puyazo de competición galopando como un rayo por medio ruedo pero no mantuvo el mismo brío en la muleta. Reservón y orientado, a la defensiva y sin recorrido, no permitió a Flores pasar de una faena de voluntad, esfuerzos y regates. El lucimiento era imposible.

Rafael Cerro se las vio en primer lugar con un utrero que derribó estrepitosamente al piquero y llegó a la muleta con picante movilidad y malos modos. El joven novillero pacense se vio desbordado en los primeros compases del trasteo pero logró sujetarlo con la mano izquierda, lado con menos complicaciones que no debió abandonar tan pronto. A pesar de todo, no hubo forma ni fondo. La faena no llegó a ser tal.

Tampoco encontró el pupilo de Ortega Cano material idóneo en el novillo que cerró la tarde. Las cosas se habían torcido definitivamente y con los cabezazos y puñetazos que lanzaba el animal no había lugar para florituras.

13
Sep/2011

OBSERVATORIO TAURINO: No hay quien pueda con Manzanares

Decepciones renovadas. Nos gustaría contar lo contrario pero una semana más el parte tomasista repite idénticos argumentos y certifica que el José Tomás de 2011 dista mucho del torero que cayó en plenitud en la arena de Aguascalientes. Su última actuación -ya sólo quedan los compromisos de Nimes y Barcelona- fue en Valladolid el pasado jueves. Una vez más se reprodujo el habitual llenazo aunque según se han ido sucediendo los festejos programados también se ha amortiguado la inicial expectación mediática. En Valladolid no hubo oreja de consolación para el berroqueño diestro de Galapagar pero el resto del guión se cumplió al pie de la letra: al tercero del cartel, el reaparecido y superficial Leandro, le regalaron sus paisanos una salida a hombros mientras que Manolo Sánchez se marchó a pie en la despedida de la plaza de su tierra.

Preguntas y respuestas. A estas alturas del culebrón se pueden formular algunas preguntas y sacar las primeras conclusiones: ¿Le impide su estado físico subirse a ese filo de la navaja que le diferenciaba del común de la torería? ¿Realmente es achacable a la espada y el juego de los toros la tibieza de los resultados? En la distancia, se antoja que Tomás está afrontando los nueve compromisos contratados como si tuviera noventa corridas contratadas; lo que se programó y premeditó como un corto rosario de acontecimientos planetarios no está pasando -en sus resultados- de ser nueve corridas del montón perdidas en el grueso de una temporada en la que siguen triunfando, pese a quien pese, otros nombres muy distintos. No está de más recordar algunos guiños de la historia: en 1985 el gran Paco Ojeda limitó su temporada a nueve tardes, mire usted la coincidencia, en un circuito menor y amable, cuidadosa y milimétricamente escogido en el que el genial diestro sanluqueño cortó veinte orejas y cuatro rabos. La crítica más encopetada y oficialista lo asó sin piedad. Paradojas de la vida…

Imparable Manzanares. Pero hay que volver al espacio y el tiempo de hoy. El caso es que el alicantino, que ya camina sobre las nubes, cuajó el trasteo de la feria de Valladolid -ya ha firmado la faena de casi todas las ferias del año- al día siguiente del nuevo fiasco tomasista aunque desde algunas alatayas interesadas se quiso minusvalorar la importancia del evento mientras arrecian, no siempre con razón, los ataques al ganado que despachan las primeras figuras en las plazas del segundo circuito. En la capital castellana el Manzana encendió la alarma al pasar a la enfermería con un cuadro febril tras estoquear a su primer enemigo. Y es que aún están demasiado fresco el cuadro de dolencias que le sacó de las temporadas anteriores. Pero el malestar debió ser pasajero porque al día siguiente, el pasado sábado, cortó un rabo en Dax con un toro, tachán tachán, ¡de Núñez del Cuvillo! que ha vuelto a ser el mejor compañero del paseo militar del alicantino. A día de hoy sus estadísticas son irrebatibles y su vuelta a Sevilla, el próximo 25 de septiembre, es ya una de las grandes citas de la apasionante campaña 2011.

ILP inversa. El empeño es loable pero la plataforma que pretende revocar el abolicinismo catalán aún necesita de 200.000 firmas para alcanzar ese medio millón que permitiría tramitar la Iniciativa Legislativa Popular en sentido inverso. Pero ese trabajo llega muy tarde. Los principales damnificados en el asunto no movieron un dedo cuando empezaba a oler a chamusquina.