Monthly Archives: Abril 2011

30
Abr/2011

LA PREFERIA: La perfección sí existe

José María Manzanares cuaja un faenón antológico que le sirve para indultar un gran toro de Cuvillo y entrar en la historia

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PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Núñez del Cuvillo, el segundo como sobrero del mismo hierro. Sin estridencias, la corrida estuvo correctamente presentada. Tuvo muy buen son el primero y el segundo, un punto brusco, tuvo codicia y mucho que torear. El tercero resultó noble y el quinto quedó absolutamente inédito. El sexto tuvo racita y movilidad. Sobresalió sobre todo el encierro el ejemplar lidiado en tercer lugar, de gran clase, codicia y toreabilidad, que fue indultado.

Matadores: Julio Aparicio, de pavo real y oro, pitos y pitos.

Morante de la Puebla, de Macarena y oro, ovación y silencio.

José María Manzanares, de lapislázuli y oro, indultó al tercero recibiendo dos orejas simbólicas y cortó otras dos orejas del sexto.

Incidencias: La plaza se llenó sin apreturas en una jornada pasada por agua que se despejó de nubes al comenzar el espectáculo.

Los amantes de las estadísticas y los ratones de biblioteca tienen ahí el indulto para cuadrar sus efemérides. El toro, marcado con el hierro de Joaquín Núñez del Cuvillo y bautizado como Arrojado en el herradero mereció el perdón de su vida como premio a su excepcional clase y nobleza, a una toreabilidad que se enhebró con hilo de oro a un matador en estado de gracia que sublimó el arte de torear. Pero esa circunstancia, siendo histórica, queda en mera anécdota al lado del antológico y sensacional faenón cuajado por el diestro alicantino, oficiante de un arte mayor que despertó el delirio de un plaza que debe escribir en sus anales el acontecimiento.

Nadie se movía de sus asientos cuando el grandioso artista levantino daba las últimas vueltas al ruedo antes de ser sacado a hombros por la Puerta del Príncipe. Pero antes, había vuelto loca a la plaza y a todo el toreo instrumentando uno de esos trasteos que contaremos de viejos sabiéndonos dueños de un secreto antiguo; una de esas faenas míticas que quedarán en los libros y en las estanterias de nuestra memoria de aficionados. ¡No se puede estar mejor! Manzanares se rebozó de la Sevilla de Turina y Salinas, de Juan Manuel y Aníbal, de Bécquer y Cabral Bejarano, que pintó un paisaje de azules prusia y crepúsculos de otro tiempo para envolver una obra que ya está dentro de la mejor historia del toreo.

¿Qué quieren ustedes que le cuente? Busquen por ahí el pasodoble Cielo Andaluz y sueñen con el mejor toreo. La perfección existe, sí, ayer la materializó Manzanares expresándose a la verónica; dejando que Chocolate administrara la nobleza del cuvillo en el caballo; que Curro Javier lo bordara con los palos… De la compostura y la retórica inicial se pasó a la expresión y la cadencia; al toreo expresado como una emoción estética que estalló como una tormenta de verano en un cambio de mano imposible que reveló el secreto. La faena estaba lanzada, absolutamente acoplada con la fijeza de un animal que se sabía destinado a entrar en la historia.

Es imposible trasladar a estas líneas la sinfonía que vino después. La belleza de los naturales, el empaque intemporal del toreo en redondo, la armonía natural de una labor que tenía a todo el personal en permanente locura. Hubo molinetes por sorpresa, hasta una infrecuente arruzina que rompió en dos el monte Baratillo. Manzanares se encumbró  en Sevilla aunque la banda de música, fiel a su proverbial incultura taurina, cortó antes de tiempo. ¿Qué más nos daba? Manzanares siguió toreando mientras aparecían los primeros pañuelos en los tendidos: unos pedían las orejas sin necesidad de entrar a matar; los más noveleros empezaban a demandar el indulto. Ojalá lo hubiera tumbado de un estoconazo y le hubiera cortado un rabo. En cualquier caso, el presidente Salguero no se lo pensó demasiado sacando el pañuelo naranja que consagraba la vida eterna de Arrojado, el primer toro indultado en la plaza de la Maestranza en toda su historia. Sólo la vuelta al ruedo -sobraban las dos absurdas orejas simbólicas- fue un acontecimiento que Manzanares compartió con Álvaro Núñez Benjumea, ganadero victorioso de un largo pulso con la empresa del que sale crecido.

Pero aún hubo más. Y aunque los que no se enteran de nada andaban tecleando en la calculadora para decretar la salida a hombros de Manzanares, el propio torero se encargó de destrozar todos los estereotipos volviendo a torear con dulzura imperial, intensa calidad y metraje ajustado al sexto de la tarde, un toro con racita y movilidad que también propició el triunfo de los hombres de plata del alicantino: Trujillo con los palos y Curro Javier, ésta vez, con el capote. Pero el recital que ponía fin al milagro volvió a estar trufado de ese toreo monumental, intenso en el argumento y bello en la forma que volvió a reventar los tendidos regionalistas del coso maestrante. ¿Quieren que les hable de trincheras, de cambios de mano, de la música acoplada a la cadencia del mejor toreo? Manzanares convirtió el toreo al natural en piedra angular y al comprobar las primeras protestas del toro no se hizo de rogar. Se fue a por la espada cobrando un gran espadazo que liberaba la tensión y le coronaba como uno de los grandes. Guarden las entradas. Cuéntenselo a sus nietos.

Por cierto, Morante de la Puebla acompaño en el paseíllo al gran diestro alicantino sin revelar sus mejores registros. No llegó a entenderse nunca con la encastada movilidad del sobrero que hizo segundo y torció el gesto nada más salir el cuarto anticipando sus escasas intenciones de meterle mano. La verdad es que, después de lo de Manzanares, apenas existió. Dejemos también para el olvido las ruinas de Julio Aparicio, inevitable primer espada de un encierro que estaba destinado a priori a desperdiciar dos reses. Que le den sopitas y buen vino.

30
Abr/2011

LA PREFERIA: Los toros y el sorteo de hoy. Aparicio permanece en el cartel

SORTEO

Toros de Núñez del Cuvillo para el 7º Festejo del Abono

Orden de lidia:

1º Número 185. Alcón. Colorao. 531 kilos.

2º Número 12. Tortolito. Negro mulato. 520 kilos.

3º Número 217. Arrojado. Negro mulato. 500 kilos.

4º Número 98. Manzanillo. Negro mulato. 504 kilos.

5º Número 105. Ropalimpia. Colorao bragao. 516 kilos.

6º Número 53. Campanito. Negro mulato. 522 kilos.

Sobreros:

1º Número 148. Farfolillo. Negro. 519 kilos (Núñez del Cuvillo).

2º Número 52. Buenson. Colorao. 515 kilos (Albarreal).

CUADRILLAS

JULIO APARICIO

Banderilleros:

Paco Peña (Canela y azabache)

Ángel Otero (Grana y plata)

Ricardo Canela ‘Kaito’ (Fucsia y plata)

Picadores:

Jesús Vicente (Rosa y oro)

David Prados (Grana y oro)


MORANTE DE LA PUEBLA

Banderilleros:

Antonio Jiménez ‘Lili’ (Caña y azabache)

Alejandro Sobrino (Carmesí y azabache)

Francisco Javier Sánchez Araújo (Azul y azabache)

Picadores:

Cristóbal Cruz (Corinto y oro)

Aurelio Cruz (Tabaco y oro)

JOSÉ MARÍA MANZANARES

Banderilleros:

Juan José Trujillo (Azul marino y plata)

Curro Javier (Purísima y plata)

Luis Blázquez (Pizarra y plata)

Picadores:

Pedro Morales ‘Chocolate’ (Ciruela y oro)

José Antonio Barroso (Blanco y azabache)

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29
Abr/2011

LA PREFERIA: Y se abrió la puerta…

El Juli certifica su condición de primera figura y se hace dueño de la plaza de la Maestranza

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PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Garcigrande, de bonitas hechuras en líneas generales. El primero fue tan soso como manejable; el segundo, manso, se dejó; el tercero tuvo nobleza y recorrido; el cuarto tuvo nobleza pero fue a menos; el quinto resultó algo protestón pero no fue imposible y el sexto, excesivamente anovillado, tuvo mucho recorrido y quedó algo inédito.

Matadores: Enrique Ponce, de aguamarina y oro, silencio tras aviso y silencio.

Julián López ‘El Juli’, de amapola y oro, dos orejas y oreja.

Cayetano, de zafiro y oro, silencio en ambos.

Incidencias: La plaza no llegó a llenarse por completo y el cielo amenazó lluvia que no llegó a descargar en ningún momento.

El idilio de El Juli con la plaza de la Maestranza está en su momento más dulce y en sus horas más felices. Y la verdad es que el pretendiente y la amada dieron lo mejor de sí mismos para que el festejo -que sorprendentemente no logró llenar la plaza- se consumara abriendo la puerta con la que sueñan los toreros, la puerta que se mira en el Guadalquivir. Para que no faltara un solo detalle, la lluvia que había estado amenazando toda la tarde respetando el normal desarrollo de todo el espectáculo terminó por desatarse repitiendo la misma foto del pasado año. El Juli traspasaba la Puerta del Príncipe mientras los paraguas comenzaban a abrirse rindiendo armas al rey del toreo.

¿Que el portazo pudo ser cariñoso? Y qué más da… El Juli había vuelto a certificar que hoy por hoy es el número uno indiscutible de este singular planeta que en estos días tiene sus cuarteles generales a la sombra de la Giralda. El maestro madrileño sorteó en primer lugar un toro abantito que costó fijar en los capotes. Por fin lo enganchó a la verónica mostrando que el animal, algo mansito, no hacía cosas feas en la lidia. Cayetano quitó por delantales que arrancaron palmas de cortesía y El Juli, en arranque de primera figura, replicó con templadas verónicas que fulminaron al menor de los Rivera Ordóñez para el resto de la tarde. Lo bordó Emilio Fernández con los palos y El Juli, con señorío y elegancia, brindó el toro a Juan Pedro Domecq Morenés a la memoria de su padre, trágicamente fallecido en la mañana del Lunes Santo.

Había toro, pero también había un torero que se puso a torear en los medios sin demasiados preámbulos, engánchándole siempre delante y tapándole sus marcadas querencias a chiqueros. El Juli se lo llevó donde y cuando quiso, enroscándoselo al cuerpo en muletazos tan mandones como templados, ajustados milimétricamente a los resortes de una embestida que, con su calidad, siempre fue rajada. Julián se regodeó por ambas manos y derrochó torería antigua en sendos molinetes antes de abrochar su faena con una serie honda y maciza por el pitón derecho que remató con un gran pase de pecho. El Juli se fue detrás de la espada y el toro, certificando su condición de manso, se fue a morir a chiqueros escenificando una larga y teatral agonía que preludió las dos orejas. La primera hoja de la Puerta del Príncipe ya estaba abierta.

Ya estaba cantado. Todos sabíamos que el madrileño, más allá de la absurda aritmética de las tres orejas, iba a salir de nuevo a darlo todo. Templado y cadencioso con el capote, El Juli tuvo de su parte a su gran cuadrilla: magistral Diego Ortiz con la vara de detener; enormes Niño de Leganés y Emilio Fernández con los rehiletes. El toro se abría en las suertes y El Juli acertó a engancharle muy alante, a ligarle los muletazos haciendo explotar la faena en ese infalible cambio  por la espalda que, ésta vez, estuvo a punto de dejarle desarmado. Pero no importó. Julián siguió con el gas a tope mientras la banda atacaba Suspiros de España en medio de ese escenario crepuscular que pintaba aguafuertes de la mejor Sevilla. A pesar de sus protestas, el maestro siguió apretando las clavijas del toro de Garcigrande repitiendo el cambio a favor de ambiente antes de pinchar arriba y agarrar una estocada algo trasera tirándose con todo el cuerpo.  La Puerta del Príncipe quedaba abierta de par en par.

En lamentable contrapunto, la verdad es que Enrique Ponce y Cayetano no tuvieron su tarde y hasta escucharon las protestas de algún sector del público que les recriminó el desperdicio de algunas reses con posibilidades que quedaron absolutamente inéditas. Bien es sabido que el gran maestro valenciano no se encuentra nada cómodo liándose el capote de paseo en la plaza de la Maestranza. Y anduvo como una sombra de sí mismo, especialmente con el cuarto de la tarde, una animal de preciosas hechuras, que hizo cositas buenas en la brega, y con el que no fue capaz de acoplarse en ningún momento. El toro se fue aplomando, es verdad, pero también es verdad que el mismo torero, en otra plaza y en otra fecha le habría dado fiesta gorda. La gente se acabó enfadando, seguramente con razón. Tuvo más disculpa con el bicho que rompió plaza, tan soso como manejable, con el que no pasó de meros tanteos. El toro no tenía clase y tampoco humillaba y la faena, que no fue tal, no tomó vuelo.

Mucho peor parado, y además tocado para la gran temporada, quedó Cayetano. Hubo apostura y empaque en tal o cual capotazoo; poses esculturales en ese o aquel muletazo pero al conjunto de su labor le falta ajuste, resolución y expresión, mucho más si el lote sorteado -como el que tuvo que despachar ayer- brinda los resortes necesarios para andar agusto. Más mayestático que dominador, escuchó los primeros pitos cuando andaba entendiéndose con el tercero de la tarde. La parroquia ya no le pasó ni una en el sexto, un toro que quería seguir una muleta demasiado incapaz.

29
Abr/2011

SON RUMORES: ¿Hará Julio Aparicio el paseíllo con los Núñez del Cuvillo?

El rumor no es de hoy, tampoco de ayer ni de antes de ayer. El caso es que hace varias semanas que se viene especulando con los problemas que podría andar arrastrando Julio Aparicio para afrontar el compromiso profesional que tiene contraído en el cartel estrella de la Feria de Abril, con los toros de Núñez del Cuvillo y Morante y Manzanares en el cartel.

Se había hablado de que esta circunstancia podría propiciar la entrada de Francisco Rivera Ordóñez, el nuevo Paquirri, en el cartel. Pero el rumor que ha tomado más fuerza en las últimas horas es que el festejo, que ha pulverizado la taquilla y la vergonzante reventa sevillana, podría quedar en un atractivo mano a mano entre Manzanares y Morante de la Puebla.

La solución definitiva sólo la saben los interesados y se conocerá en muy pocas horas. ¿Cual prefieren ustedes?

29
Abr/2011

LA PREFERIA: Estos son los toros de Garcigrande para esta tarde

Toros de Garcigrande para el 6º Festejo del Abono

Orden de lidia:

1º Número 49. Solanito. Colorao. 502 kilos.

2º Número 106. Manzanilla. Negro. 510 kilos.

3º Número 10. Pocapena. Colorao. 535 kilos.

4º Número 40. Atacador. Colorao. 509 kilos.

5º Número 87. Confitero. Castaño claro. 525 kilos.

6º Número 86. Dueño. Negro. 539 kilos.

Sobreros:

1º Número 72. Taponado. Negro mulato. 535 kilos (Garcigrande).

2º Número 52. Buenson. Colorao. 505 kilos (Albarreal).

CUADRILLAS

ENRIQUE PONCE

Banderilleros:

Antonio Tejero (Carmesí y azabache)

Alejandro Escobar (Verde y plata)

José María Tejero (Azul e hilo azul)

Picadores:

Manuel Quinta (Verde y oro)

José Palomares (Azul celeste y oro)

EL JULI

Banderilleros:

Luis G. ‘Niño de Leganés’ (Rosa y plata)

Álvaro Montes (Salmón y azabache)

Emilio Fernández (Azul y plata)

Picadores:

Salvador Núñez (Corinto y oro)

Diego Ortiz (Verde y oro)

CAYETANO

Banderilleros:

José Antonio Carretero (Teja y plata)

Joselito Ruz (Carmesí y azabache)

Fernando Pérez (Canela y azabache)

Picadores:

Aitor Sánchez (Azul cielo y oro)

Manuel Cid (Fucsia y oro)

REPORTAJE GRÁFICO: www.lamaestranza.es

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28
Abr/2011

LA PREFERIA: Ese pitón de los cortijos…

110428 Salvador Cortés al natural con victorinos

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Victorino Martín, parejos e igualados pero más recortados que el antiguo tipo de Saltillo. El juego global de la corrida fue decepcionante: el primero resultó inválido y desarrolló peligro; el segundo fue de más a menos; el tercero tuvo calidad pero pocas fuerzas; el cuarto resultó cobardón y el quinto, soso, simplemente se dejó. El sexto, manso en el caballo, rompió con excepcional calidad, clase y boyantía por el pitón izquierdo.

Matadores: Juan José Padilla, de botella y oro, silencio y ovación.

Manuel Jesús ‘El Cid’, de lobo de mar y oro, ovación y algunas palmas.

Salvador Cortés, de canónigo y oro, algunas palmas y vuelta al ruedo tras leve petición.

Incidencias: La plaza registró más de tres cuartos de entrada en tarde calurosa.

Cuando salió el sexto de la tarde el mosqueo ya subía de tono. Las increpaciones a Victorino Martín desde el anonimato de la grada, las muestras de impaciencia de un público que debería ser canonizado por Roma y Bizancio, comenzaban a enrarecer el ambiente después de cuatro días seguidos de toros que deberían haber sido embarcados para un matadero. Manso en el caballo, distraído en los capotes y algo desentendido de la lidia, el sexto tampoco se libró de las protestas del personal, que reaccionó con cariño y elegancia cuando Cortés sacó a su hermano Luis para brindarle el toro recordándonos el brutal percance del pasado 15 de agosto y la certeza más terrible de esta profesión en la que se puede morir de verdad.

Salvador le metió mano un punto atropellado pero pronto se apercibió de que el animal estaba rompiendo hacia adelante en versión clase y cadencia. De alimaña, nada. El honesto diestro de Mairena del Aljarafe siguió sobándolo hasta que, como en una revelación, el toro se deslizó como una golondrina por el pitón izquierdo. El animal era de alta nota, de esos que te ponen a circular en el gran circuito del toreo. Salvador, de menos a más, acertó a instrumentarle un puñado de naturales de altísima nota. Después del primer toque, el toro tomaba entregado la muleta, abriéndose con importancia culminado el embroque y quedándose perfectamente colocado para enjaretarle el siguiente muletazo. Hubo una tanda sin tacha, de alto diapasón y cadencia pero al conjunto de la labor le faltó algo de redondez para poner el tendido al rojo vivo. Un pinchazo hondo y una estocada contudente levantaron una leve petición que sirvió a Cortés para dar la vuelta al ruedo, seguramente pensando que lo había tenido en la mano…

El caso es que Salvador Cortés  había sorteado el lote de mayores posibilidades del decepcionante envío de Victorino Martín, una vez más -y van tres años consecutivos- tan alejado de aquellos gloriosos encierros y ejemplares sueltos que le convirtieron en personal fijo de la plaza de la Maestranza. El tercero había sido un toro de escasa calidad en los primeros tercios, que esperó y desparramó la cara en banderillas pero que llegó a la muleta dejándose con cierta bondad aunque con claudicantes fuerzas. Salvador no mostró ésta vez su mejor versión y le faltó entendimiento con el animal para aprovechar y exprimir sus virtudes. El toro se fue quedando sin gas, es verdad, pero a Cortés se le notó algo agarrotado, sin desarrollar el buen toreo que lleva dentro.

Del resto del festejo, un día más, no hay mucho que contar. Abría cartel, vestido y liado de torero contemporáneo, Juan José Padilla, que se mostró en todos los tercios y todos los terrenos dispuesto a agradar y a dar espectáculo. El jerezano cambiaba este año el duro bocado de Miura por el más apetecible de Victorino aunque, visto lo visto, seguramente estará valorando ahora si le ha merecido la pena el empeño. Padilla no tuvo suerte con el toro que rompió plaza, un ejemplar flojísimo en el capote, que hizo hilo en los quites  y que reponía y se quedaba corto de puro flojo. El patilludo diestro banderilleó con sobriedad y eficacia pero poco pudo hacer con la muleta: el bicho se revolvía en un céntimo y perdía las manos, quedándose debajo del engaño con peligro evidente. La verdad es que el bicho no servía para nada.

El jerezano se desquitó en parte toreando al cuarto con vibración y temple, revelando una sorprendente alma de artista con las tres medias verónicas con las que remató los lances de recibo. Galleó por chicuelinas y lo dejó largo al caballo, que se pasó de dosis. Se empezó a complicar el toro en banderillas y se acabó de estropear en la muleta. No tuvo ni un pase; completamente acobardado, llegó a recular cuando Padilla le atacó queriendo sacar agua de un pozo seco. Lo mejor fue la estocada, un espadazo contundente, como de torero antiguo, que hizo rodar al toro sin puntilla.

Y El Cid, que volvía a apuntarse a una ganadería, la de Victorino Martín, sin la que no se puede entender la ascensión de su carrera. Y esta vez, y así lo celebramos, Manuel salió al ruedo sevillano despojado de ese aura de tristeza que empañó su feria del pasado año. Lástima que no hubiera toros para el reencuentro definitivo con su plaza. El segundo de la tarde nos engañó a todos  humillando en la lidia con esa importancia del toro de Albaserrada. Pero en la muleta se rompió el hechizo. Después de agarrar al de Salteras por una corva se orientó por completo sin pasar en los engaños. El Cid vendió bien la mercancía y le ganó la acción recetándole de postre un gran espadazo que lo tumbó con las cuatro patas arriba.

Cuando salió el quinto la parroquia andaba ya un poco a la defensiva y no aguantaron que El Cid tratara de sacar provecho de una embestida corta y sosa a pesar de su empeño de meterse entre los pitones. Una vez más, la espada fue un cañón.

27
Abr/2011

PREFERIA: La mansedumbre que no cesa

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Alcurrucén, correctamente presentados y de un común y alarmante fondo manso y rajado, en especial los tres coloraos que salieron en primer, segundo y tercer lugar. Dentro del naufragio se salvaron las arrancadas más vibrantes del cuarto, que resultó un punto mirón. El quinto fue burriciego y el burraco chorreado que hizo sexto medio se dejó y fue manejable pero tuvo exceso de sosería y distracciones.

Matadores: Oliva Soto, de corinto y azabache, silencio tras aviso y ovación

Rubén Pinar, de Quinta Angustia y oro, silencio en ambos.

Miguel Tendero, de malva y oro, silencio y silencio.

Incidencias: La plaza registró media entrada en tarde de agradable temperatura y por fin despejada de nubes. Debutó en el palco presidencial Fernando Fernández-Figueroa y su equipo de asesores.

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La crónica de ayer serviría casi calcada para contarles el pestiño que nos metimos entre pecho y espalda en este tramo de oportunidades que no está siendo tal; que tan sólo está cumpliendo ese papel de relleno inevitable que engorda los abonos sin demasiados argumentos. Ya les hemos contado estos días que los encierros del Conde de la Maza y de doña Dolores Aguirre -éste en grado extremo- habían resultado un completo muestrario de todos los matices que puede presentar la mansedumbre en la versión de una res supuestamente brava. Ayer se colmó el vaso con la esperada corrida de Alcurrucén, que volvió a ser un fracaso ganadero en toda regla que no logró redimir la buena estrella de Alfonso Oliva Soto, que volvió a dejarnos con la miel en los labios con un puñado de lampreazos que no tuvieron el necesario refrendo de la espada.

Quién sabe, quizá le habrían pedido la oreja si el acero hubiera entrado a la primera pero a la faenita del camero le faltó algo de metraje, mayor consistencia para poner a todos de acuerdo. Una vez más sorteó el animal de mayores posibilidades de la decepcionante corrida aunque tampoco se le pueden quitar méritos al diestro gitano, que dio un paso al frente y sorteó las miraditas que le lanzaba el bicho que pasaba con transmisión, sí, pero siempre midiendo el terreno y lanzando ojeadas. Oliva le puso su garra particular y la faena rompió en sendas series diestras, más allá de las rayas, que tuvieron vibración y sentido del ritmo, esa particular puesta en escena del camero que electriza y conecta rápidamente con los públicos. Oliva abrochó el tramo más feliz de su labor con un sabroso kikirikí pero al echarse la muleta a la mano izquierda ya no hubo entendimiento. Vuelto a la diestra, el panorama ya había cambiado: entre que el toro andaba ya orientado y Alfonso desistió de seguir con la pelea, la faena se diluyó y quedó completamente emborronada con los tres viajes que necesitó para echar abajo al animal.

El gitanito camero no había tenido opciones con el colorao engatillado que rompió plaza, primero de los tres ejemplares de este pelo que debieron morir en un matadero, no en una plaza como la de la Maestranza. El caso es que el morito, más allá de la frialdad inicial o la tendencia abanta de su encaste Núñez, no quiso caballo ni pelea y se le acabó picando en la puerta de caballos. En la muleta resultó reservón, protestón y rebrincado. Salía distraído en los esbozos de muletazos que trataba de plantear Oliva Soto, que veía como el toro salía de los embroques a su aire, buscando constantemente un marcada querencia a la boca de riego que mostró desde su salida.

El segundo toro colorao en discordia fue para el diestro manchego Rubén Pinar, uno de los valores más sólidos de la nueva hornada de matadores que no tuvo ésta vez el material idóneo para reeditar el feliz debut sevillano de hace dos campañas. Con un sólo picotazo, el animal se puso a trotar por el ruedo y esperó con peligro en banderillas. Pinar llegó a consentirle, a ponerse en su particular sitio de torear y a dejarle la muleta puesta pero el animalito estaba loco por coger la puerta y en el empeño de su huída estuvo a punto de arrollar a su matador, que le robó pases intrascendentes a favor de querencias cuando aquello estaba más que sentenciado.

Rubén Pinar se las tuvo que ver en segundo lugar con un toro que hizo cosas de reparado de la vista desde que salió por la puerta de chiqueros. El de Alcurrucén parecía atender los toques en la distancia más larga pero se desentendía de las telas en las cercanías. El manchego intentó llevarle siempre tapado pero el empeño era imposible y persistir en ello solo sirvió para impacientar a algunos espectadores

Cerró el cartel otro manchego con fama de templado, Miguel Tendero, que nada pudo hacer con el tercer toro colorao que salió al ruedo, otro ejemplar de mansedumbre extrema, que echó las manos por delante en el primer tercio y se olvidó de los caballos. Tendero se puso de verdad entre los pitones pero el bichejo pasaba unas veces arrollando y otras desentendiéndose de aquello y quedándose a mitad de muletazo, sin emplearse nunca de verdad. El sexto, que se lidió con buena parte del personal en indisimulada desbandada por imperativo futbolístico, fue un animal simplemente manejable pero extremadamente soso y distraído. Miguel Tendero se mostró sereno, solvente y capaz pero incapaz de expresar la más mínima emoción a pesar de la corrección de su trasteo. Era imposible, el toro de Alcurrucén, tan manso como sus hermanos desde que salió por el inmenso portón de chiqueros de la plaza de la Real Maestranza, era una cerveza sin gas ni espuma y todo lo que le hacía no trascendía nada a un tendido silente que se tragó la empanada sin decir esta boca es mía. Que tormento…

26
Abr/2011

LA PREFERIA: Los siete dolores de nuestra señora

LA CORRIDA DE DOLORES AGUIRRE FUE UN CATÁLOGO DE MANSEDUMBRE Y MALAS INTENCIONES

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis toros de Dolores Aguirre, bien presentados y en el tipo de su sangre Conde de la Corte-Atanasio Fernández. La corrida al completo, incluyendo el sobrero que hizo sexto, fue un despropósito de mansedumbre, malas intenciones e invalidez.

Toreros: Antonio Barrera, de pistacho y oro con las moritas negras, silencio y ovación tras aviso.

Salvador Cortés, de blanco y oro, silencio y silencio tras aviso.

Alberto Aguilar, de nazareno y oro, silencio y silencio tras aviso.

110426 Dolores Aguirre por los suelos

Incidencias: La plaza registró media entrada en tarde de agradable temperatura.

Del primero al último e incluyendo al sobrero que hizo sexto, los siete pupilos de doña Dolores Aguirre trenzaron una corona dolorosa que convirtió en ascética penitencia un debut que había despertado algunas ilusiones después de los esperanzadores resultados cosechados por la vacada en la pasada campaña.

Pero no hubo motivos para celebraciones y los imponentes atanasios que cría la gran señora vasca en los cerrados serranos de Constantina habrían merecido morir a manos de un carnicero en un matadero oscuro o ser uncidos en la carreta de un gañán de otro tiempo. El petardo, y bien que lo sentimos, es indisimulable; de esos que te jubilan de una plaza hasta sabe Dios cuando.

¿Y que contamos ahora? ¿Con qué damos contenido a esta larga crónica? Del extenso y aburridísimo festejo sólo se puede salvar el ánimo y la disposición de Antonio Barrera, que se llevó la única ovación de la tarde junto a un espectador guasón y vocinglero que comparó al presidente del festejo, don Julián Salguero, con el mismísimo Zapatero. Pero vamos al toro, que es un decir. Barrera se peleó con sinceridad y conectó con el público sorteando las acometidas de tigre del toro que rompió plaza. Dando la medida de todo el encierro, éste fue un animal que se repuchó de los caballos, se metió debajo de los capotes y se coló por todos lados certificando su condición de manso de carreta. Sorprendió Barrera citándolo muy de largo en el inicio de una faena que acabó en lucha libre. Pero el caso es que, aunque el toro tomaba el trapo dando saltos, aquello tenía cierta emotividad que caló en el público. El diestro sevillano volvió a citar de largo y su sincera pelea fue seguida con interés y agrado por la parroquia pero el toro, que corría como un camello, fue acortando cada vez más los viajes hasta desarmar al matador, que acabó desistiendo para machetear a su enemigo antes de enredarse con la espada.

Barrera volvió a intentarlo con el cuarto a pesar de la nefasta deriva que iba tomando la tarde. Altón y largo, abanto y muy distraído, el de Dolores Aguirre cortaba los viajes en la esclavina del capote y obligó al piquero y a las cuadrillas a ir cambiando los terrenos hasta ser picado en la Puerta de Despejo. El bicho esperó en banderillas y puso a prueba a Paco Peña, que banderilleó con exposición y enorme mérito antes de que su matador cogiera los trastos dispuesto a fajarse otra vez. Un enorme arreón y una huída a chiqueros no presagiaron nada bueno pero Antonio Barrera le plantó cara a pesar de la cortedad de viajes y los frenazos. Con el toro cada vez más orientado, Barrera fue capaz de taparle la cara en un par de series obligándole a embestir. Luego se fue detrás de la espada y el personal, agradecido, le ovacionó con justicia. Y poco más se puede contar de una corrida de toros en la que no hubo tales. El resto de bueyes cayeron en manos de Salvador Cortés y Alberto Aguilar, que pasaron las de Caín para salir medio airosos de un trance que, lejos de convertirse en oportunidad, se trocó en un tormento para los actuantes y el sufrido y paciente público pagano.

A Salvador Cortés le tocó en primer lugar un toro descompuesto e informal en el caballo que blandeó en todos los tercios. El usía lo mantuvo en el ruedo pese a las protestas de la parroquia, que arreciaron cuando Cortés intentó plantear una faena más o menos formal. La verdad es que el toro apenas se tenía en pie y a Salvador no le quedó otra que matarlo de un metisaca tendido y atravesado que bastó para echarlo abajo. Aún no había salido el tercero y en los tendidos subía de tono el mosqueo, un cabreo que ya andaba más que consumado cuando Salvador Cortés intentaba en vano levantar al quinto para matarlo de una manera más o menos decente. El toro acabó siendo apuntillado después de echarse varias veces en el transcurso de una faena que nunca pudo ser tal. Aplomado, desentendido de la lidia, blando en todos los lances y en todos los tercios no podía servir para el primer capítulo de un pronunciamiento, el de Salvador Cortés, que por ahora no ha tenido toros. Esperamos y deseamos que encuentre otro material mañana, con el encierro de Victorino.

Se presentaba en Sevilla en calidad de matador de toros el menudo diestro madrileño Alberto Aguilar, que se mostró algo verde y escaso de recursos para afrontar una batalla tan desigual como la de ayer. Se picó fatal a su primer enemigo que fue a su aire, huyendo de su sombra, antes de que su matador viera como embestía a trompicones de puro manso, queriéndose quitar la muleta de la cara, haciendo hilo, rebañando y quedándose corto.

La decoración no cambió con el sobrero que hizo sexto, que sustituyó al titular para aplacar las iras del respetable y purgar las culpas de todo el nefasto encierro. Y para rechifla de la concurrencia salió del chiquero al paso, como un mastín de cortijo, antes de ponerse a galopar por allí buscando la salida sin querer nada de los caballos. No había quién le metiera mano pero Aguilar tampoco anduvo especialmente habilidoso ni sereno hasta dar la impresión de perder los papeles. Que rollo.

110426 Barrera con Dolores Aguirre

Reportaje gráfico de Álvaro Pastor Torres

26
Abr/2011

PREFERIA: Toros de Dolores Aguirre para esta tarde

SORTEO

Toros de Dña. Dolores Aguirre para el 3º Festejo del Abono

Orden de lidia:

1º Número 58. Pitinito. Mulato chorreao. 516 kilos.

2º Número 33. Caracorto. Negro bragao. 530 kilos.

3º Número 39. Pitillito. Negro bragao meano. 515 kilos.

4º Número 41. Voluntario. Negro bragao meano. 560 kilos.

5º Número 28. Carafeo. Negro burraco. 529 kilos.

6º Número 27. Cigarrero. Negro bragao meano. 532 kilos.

Sobreros:

1º Número 39. Carafeo. Negro. 565 kilos (Dña. Dolores Aguirre).

2º Número 17. Cerrado. Sardo coletero. 545 kilos (Hrdos. del Excmo. Sr. Conde de la Maza).

CUADRILLAS

ANTONIO BARRERA

Banderilleros:

Paco Peña (Nazareno y plata)

Pepín Monge (Azul marino y plata)

Manuel Muñoz ‘Lebrija’ (Grana y azabache)

Picadores:

Plácido Sandoval ‘Tito’ (Sangre de toro y oro)

Germán González Barrera (Grana y oro)

SALVADOR CORTÉS

Banderilleros:

Juan José Domínguez (Malva y azabache)

Juan Carlos de Alba (Rosa y azabache)

Pedro Mariscal (Grana y plata)

Picadores:

Agustín Romero (Nazareno y oro)

Juan Antonio Carbonell (Turquesa y oro)

ALBERTO AGUILAR

Banderilleros:

Rafael González (Azul marino y plata)

Raúl Ruiz (Grana y plata)

Lucas López (Azul e hilo blanco)

Picadores:

Juan C. Sánchez (Nazareno y oro)

Francisco J. Sánchez (Sangre de toro y oro)

58                                                      516

40                                                      560

2728

3339(06)39(07)405840