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Zoido o el Profesor Bacterio en el cuartel de la T.I.A.
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Nos ha faltado tirarles piedras a Mortadelo y Filemón, agentes de tráfico al servicio de la T.I.A. de Demetrio Cabello, ese señor con bigotes que hace las veces de delegado de Seguridad y Movilidad en este nuestro Ayuntamiento de Sevilla, el superintendente, el Súper, el jefe que asigna misiones sumamente arriesgadas a tan aguerridos policías municipales, para las que, eso sí, siempre tendrán la ayuda de los inventos y experimentos del Profesor Bacterio, Juan Ignacio Zoido en este particular cómic, y la condescendencia de la Señorita Ofelia, papel que, sin las malas pulgas que le corresponderían, aquí asignamos a Asunción Fley, quien controla los dineros del cuartel general de Plaza Nueva.

Mírenlos ahí, portando ese fajo de multas, que yo en primera instancia confundí con billetes de cien, verde que te quiero verde, aunque en mi descargo alego que, para el caso, lo mismo daba que daba lo mismo, eran parné. Mírenlos otra vez, ahí, haciendo la uve de victoria, diciendo para sus adentros, conductores, joderos, nos hemos hartado de sangraros mientras os estábais divirtiendo y nosotros currando, bolígrafo en mano apuntando vuestras matrículas, ésta por doble fila, ésa por subirse a la acera, aquélla por aparcar en el arcén, toma ya, ja, ja, ja, risa malévola de estos diablillos, regodeándose de la hemorragia para los bolsillos de los infractores, sí, bebed, bebed rebujito, que la resaca no la tendréis estos días de Feria de Abril, sino cuando las notificaciones lleguen al buzón de casa. Estamos calentitos, ¿verdad? Ganas de rematarlos, sí. Pues mírenlos porque esos señores, a quienes hemos acribillado, especialmente en una redes sociales que los han llamado hasta cabrones e hijos de puta, simplemente han cumplido con su trabajo y con las órdenes que emanaban del Ayuntamiento, y el Ayuntamiento, en un ejercicio de vergonzosa hipocresía y vergonzoso despecho, ha dejado a sus subordinados con el culo al aire para él salir airoso de la polémica.
E l único error, el único, que han cometido esos dos policías municipales es haberse hecho la foto con perversa sonrisa, porque poner celo al controlar el tráfico y sancionar, por ejemplo, el mal aparcamiento era, en efecto, su trabajo, el que, reitero, les habían ordenado. Pero aquí, con la gracia sevillana, damos la vuelta a la tortilla y convertimos a los infractores en víctimas y a los agentes en verdugos, exigiéndoles, por aquello del compadreo que reina en la Feria, manga ancha y hacer la vista gorda con el código de circulación. Ahora bien, cuidadito, si alguien te pone el coche delante del garaje, ni cinco minutos ni leches, te cagas en los muertos del colega y llamas a la grúa porque llegas tarde al Real, ¿o no?
Hablando de hacerse la foto. Pienso en Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda –ese hombre al que, por cierto, se le ha avinagrado su socarrona sonrisa conforme se constataba la incapacidad del Gobierno central para enmendar la economía– y en sus ruedas de prensa para detallar cuánto recupera el Estado por fraude fiscal tras las inspecciones realizadas por su departamento, ya saben, esos señores de negro que nos vigilan con lupa el IRPF de los curritos mientras dejan escapar los millones hacia Suiza. El mensaje del susodicho es idéntico al del fajo de multas. Idéntico. Eh, ustedes, miren cuánto y a cuántos he cazado, y miren cómo me río, me falta la uve de victoria, mi trabajo hecho, y las arcas estatales estoy llenando.
Y acabamos de tocar el meollo del tebeo. Porque me pregunto, queridos lectores, si no fue Demetrio Cabello, quién ha dotado de más y mejores tecnologías a la Policía Municipal para el refuerzo de su labor sancionadora, si no fue Demetrio Cabello, quién ha ordenado barrer la ciudad a los coches ponemultas, si no fue Demetrio Cabello, quién ha proclamado, con palabras textuales, que lo suyo es todo un “plan de ataque”, actuando “a destajo” para impedir “la ley de la selva”. Me pregunto, además, si a Asunción Fley no le hicieron los ojos chiribitas cuando vio tamaño taco de sanciones que, a la postre, serán dinero para un Consistorio encomendado al escarmiento circulatorio para compensar su mermada previsión de ingresos. Me pregunto, asimismo, si no está ese objetivo de recaudación entre los requisitos contemplados en los planes de productividad de la plantilla de agentes –¿o ya no se acuerdan del nerviosismo ante las huelgas de bolis caídos?–. Y, por último, no me pregunto, sino afirmo: de no haberse publicado la fotografía de la polémica, la misma sonrisa malévola de Mortadelo y Filemón la hubieran puesto el Superintendente y Ofelia al traducir esos papeles verdes en dinerito.
Que venga ahora el Profesor Bacterio a anunciar la apertura de un expediente disciplinario a sus dos agentes resulta, cuanto menos, rastrero, al no asumir la responsabilidad, escurrir el bulto y, como esta vez ojos que ven, corazón que siente –qué bueno hubiera sido lo contrario, el ojos que no ven, corazón que no siente y dinero que me embolso, ¿verdad, señor alcalde?–, dejar, cual chivos expiatorios e incluso echando más leña al fuego, que su propio experimento e invento les estalle en la cara. Y menos mal que no les hemos tirado piedras, aunque de insultos, pobres diablillos, ya van sobrados.
P. D.
La parva. Táchese lo que no interese comunicar. En la respuesta que Asunción Fley envió al Grupo Municipal Socialista sobre el cálculo de la rebaja de la tasa de basura a los sevillanos por los días de la huelga de Lipasam, la delegada de Hacienda aplicó el rotulador negro para ocultar el comentario que sigue al poco más de un euro que ahorrará cada hogar por las once jornadas que estuvo la basura sin recogerse. ¿Y qué ponía? “Esta cifra no sé si conviene decirla, pero es la que es”. A la delegada le faltó apostillar: vaya raquítica rebaja en que se queda la gran promesa de Zoido…
La simiente. No salió en la entrevista a Miguel Rus que este periódico publicó ayer, pero merece la pena rescatar la pregunta y la respuesta.
–Al igual que existe desafección de la ciudadanía hacia los políticos, ¿no cree que la hay también hacia los empresarios y los sindicatos?
–Pues sí, y uno de mis principales retos y encargos es dignificar la imagen del empresario. Casos aislados hacen mucho daño a la mayoría absoluta de empresarios que nos levantamos todos los días dándolo todo para mantener nuestras empresas y a tantas familias que la componen.
[Lo resalto porque hubo otros patronos que, ante una pregunta parecida del periodista, realizaron cero autocrítica].
La paja. El Tribunal Supremo ha ratificado que los terrenos de Tablada sigan siendo verdes, no por razones paisajísticas, que de paisajísticos tienen poco, sino por ser suelos inundables. Pero una cosa es que sea verde y otra cosa es mantenerlos como páramo de jaramagos. Si no hay dinero para un grandísimo parque, quizás sea el momento de buscar usos compatibles con ese verde, e incluso la posibilidad de que sea la iniciativa privada –esto es, las empresas– la que sufrague tal color a cambio de conseguir rentabilizar estos suelos baldíos. No es hora de mantener el blanco o el negro, los extremos, sino de encontrar salidas intermedias que requieren voluntad –cuán difícil es ésta–.
Entraba la tarde del pasado domingo y sin haber terminado aún la Feria de Abril ya algunos responsables de nuestro Ayuntamiento pregonaban la inminencia de la festividad del Corpus. Si tenemos en cuenta que venimos de toda una Semana Santa, más sus vísperas, esta Sevilla es, sí, un continuo empalmar fiestas, no salimos de una y entramos en otra, fíjense, a un tiro de piedra tendremos también el Rocío, que será allá en las marismas, pero aquí lo vivimos como propio. Un no parar. Es más, hay que reconocer, y quien así no lo reconozca es que no quiere ver, la gran capacidad del equipo de gobierno de Juan Ignacio Zoido para organizar juergas variadas, y para la recién concluida, oye, pues chapó, hasta los hosteleros baten palmas con las orejas, gracias miles al astro rey, hablamos del ardiente sol, aunque también un poquito del alcalde.
El debate está en si alimentamos el tópico de una ciudad de castañuelas y oles. Un tópico que, señores miarmas, persiste y, mal nos pese, persistirá. Cuánto coraje da cuando quien llama desde Despeñaperros para arriba y con irónico tono voz, de ésos que dan ganas de arrear un guantazo, te preguntan cómo llevas esa feria, cómo llevas ese camino, y uno, con muchísima educación, por supuesto, le responde: si yo estuviera donde usted dice y no trabajando, tenga por seguro que no le cogería el teléfono, so imbécil –esto último también queda en la susodicha recámara de las ganas–.
No obstante, y ahora con la sevillana cabeza bien alta, ¿de qué tenemos que avergonzarnos? ¿Se avergüenzan en Pamplona de que su ciudad se identifique mundialmente con el jolgorio mayúsculo de los Sanfermines? ¿Y se avergüenzan en Valencia de que su ciudad se identifique internacionalmente con la ruidosa algarabía de las Fallas? ¿Nos avergonzamos de transmitir al exterior que somos un pueblo de cultura alegre, sí, alegre, y, dicho sea de paso, que la política extremista, separatista y exclusionista nos la repanchinga? ¿Nos avergonzamos de bailar unas sevillanas con traje de flamenca y envidiamos la seriedad de las sardanas o la tradición de las danzas vascas con sus respectivos vestuarios tradicionales? Esto último es cultura y lo nuestro es mera flojera, ¿verdad? ¡Anda ya¡ ¡Dejemos de ser tan cainitas!
La Feria de Abril es un gran negocio, atrae al turismo, mueve dinero, genera economía y empleo –sí, buena parte temporal, pero también existe otra permanente, que el complejo del Real ni se monta, ni se abastece ni se viste en dos días–, y como tal hay que concebirla y, por qué no, defenderla. Sinceramente, ver atracado el crucero Azamara Quest en el Puerto de Sevilla es motivo más que suficiente para pensar, más allá de la animadversión al traje de gitana, en las posibilidades turísticas de la ciudad. Porque aquí hay cultura, hay arte, hay gastronomía –buena a reventar– y hay, también, folclore y fiesta. Y, señores, si de algo hay que avergonzarse, que sea de las multitudinarias borracheras organizadas para los universitarios ingleses en el Levante español.
Todo lo comentado hasta ahora aquí, este gran guiño feriante, no invalida, sin embargo, la crítica inicial al sempiterno empalme fiestero que impera en Sevilla. No le falta razón al portavoz municipal socialista, Juan Espadas, cuando habla de la repleta agenda social del alcalde y, asimismo, limita al cargo de Fiestas Mayores, excluyendo, pues, los de Empleo y Economía, para su delegado Gregorio Serrano. Cómo me gustaría que, además descubrir carteles de celebraciones religiosas y guateques diversos, el señor Serrano se afanara en descorrer la tela roja de proyectos que realmente reporten Empleo y Economía duraderos. Mientras tanto, Fiestas Mayores los 365 días del año.
Vayan ustedes, señores de Plaza Nueva, planificando lo inmediato, el Rocío y el Corpus, el grande y el chico, que ya nos encargaremos nosotros de convencer a quienes nos llaman desde Despeñaperros para arriba de que aquí, además de festejar de lo lindo, trabajamos duro y que nuestras vidas, a diferencia de la vida de este Ayuntamiento, no es una fiesta sin final.
P.D.
La parva. Contadas han sido las recepciones oficiales por parte de instituciones y empresas en la Feria. Nada en comparación con los años en los que corrían el jamón y el vino para agasajar a políticos, clientes y periodistas. Toca presumir de pobre y, sobre todo, evitar dispendios que pudieran ser mal vistos. Hasta el año pasado, el club de los tiesos –empresarios venidos a menos pero adictos a la vida social y las fotos– seguía caseteando y aparentando con sus trajes, sus puros y sus claveles en la solapa, pero, hoy por hoy, ya no dan el pego, se les ve venir, les resulta más difícil ocultar eso, que están tiesos…
La simiente. Errores puede haberlos cometido y conste que su política pactista con Junta y CEA, cuya crítica fue clave para derrocar a Juan Mendoza en 1998 al frente de UGT de Andalucía, no se comprende en estos tiempos de crisis a la vista del resultado de los acuerdos de concertación social: un vergonzoso nivel de paro. No olvido tampoco que en sus filas, como alto cargo, estuvo Juan Lanzas, un sórdido personaje en la trama de los ERE –aunque garbanzos negros hay en todas las casas–, y le reprocho que ahora justifique despidos en el sindicato por el corte del grifo de los cursos de formación cuando siempre argumentó que se sostenía con sus propios recursos. Dicho todo esto, rompo una lanza a favor de Manuel Pastrana como persona, como luchador en la vida y como defensor de los derechos de los trabajadores. Qué lástima la injusta imagen con la que se va. Suerte.
La paja. Desde la Junta de Andalucía se dispara permanentemente a los bancos, y en su tiro está enclavado el decreto de expropiaciones temporales de viviendas a las entidades financieras. Algo había que hacer, sí, para que la banca devuelva a la sociedad el tremendo esfuerzo que la sociedad española está haciendo por la banca. Sin embargo, el Gobierno andaluz no debería olvidar nunca, pero nunca, que es corresponsable, por acción u omisión, de la pésima gestión que, en tiempos de bonanza, hicieron las cajas de ahorros andaluzas y de sus devaneos inmobiliarios, que hoy estamos pagando todos. Nadie parece acordarse de que aquí, pero también en toda España, eran los políticos quienes ponían y quitaban al gusto consejos de administración y presidentes. Por tanto, se trata de enmendar ahora un problema que la propia Junta de Andalucía contribuyó a crear.
La vida es muy puta, ¿verdad? Una locura de juventud, edad proclive a las locuras, y ahí estás, entre rejas. Se tuerce todo, absolutamente todo, en un segundo, o en menos, desde aquel momento en el que la mente se nubla, no atiende a razones, y cometes el sinsentido. Ni una cuarta parte de tu existencia habías consumido cuando, con apenas 20 años, aquella insensatez hizo que asesinaras a Marta. Un segundo perdido entre 2.520 millones de segundos que, millón arriba, millón abajo, suman la biografía de una persona. Un segundo por el que pagarás, millón arriba, millón abajo, 663 millones de segundos en la cárcel. ¿Alguna vez hiciste la cuenta? Sin libertad, para más inri, no es arena sino pesada grava la de este reloj. El tiempo no pasa volando, se eterniza en prisión.
Tanto que cuando salgas a la calle habrás entrado en los cuarenta. Fuerte, ¿no? Te habrán restado, porque así tú lo decidiste, fue tu locura, no de quienes estamos al otro lado de los barrotes, los mejores años, para mí, incluso, los más bonitos, créeme, te lo dice quien muy pronto enfilará la cuarentena y pactaría con el mismísimo diablo, que Dios me perdone, volver a los veinte aunque, eso sí, con la madurez de mi actual edad. Y tú te preguntarás, a qué viene este puto calvo con sus monsergas, quillo, no me ralles, pasa de mí, vete con tus muertos. Allá por mayo de 2030, o antes si los beneficios penitenciarios te lo permiten, conserves o no el pelo, te darás cuenta realmente de cuán preciosa es la vida. Por cierto, el pasado fin de semana fue tu cumpleaños. Decirte felicidades sería la mayor ironía del siglo, y del milenio si te las deseara.
Estás jodido, Miguel, y malvives jodiendo. Nadie tiene la culpa, Marta tampoco, de que tu infancia y adolescencia fueran una mierda, o no tan magnífica como esperabas. Cada uno pena con lo suyo, en todas las familias cuecen habas, y siempre encontrarás a alguien en peor situación que la tuya, aunque esto suene a consuelo de tontos. Y qué quieres que te diga, uno quisiera haber nacido rico, y aquí me tienes, dándole a la tecla, quemándome la vista y deseando que algún milagroso día me toque ese Euromillón al que ni siquiera juego. Pero el hecho de estar jodido, chaval, no es motivo alguno para que sigas jodiendo y jodiéndote, si bien esto último, lo de joderte a ti mismo, sinceramente, me importa un carajo, la verdad por delante.
¿De qué madera estás hecho para que, cuatro años después de asesinar a Marta, persistas en ser carroñero y seguir royendo el corazón de una madre con tus mentiras y falsas verdades? Pienso en la mía, Miguel, y se me parte el alma. No es literatura barata ni sentimentalismo de saldo. Es un dolor que parece iniciarse en el vientre, en lugar indeterminado, oprime el pecho y termina, inexplicablemente, en los ojos. Haz la prueba. Imagínate a la persona a la que más hayas querido y que más te haya querido –y no tiene por qué ser tu difunta madre, ya sabes–. Piensa y trata de sentir ahora el dolor que ella pudo sentir por ti. A eso unos le llaman empatía, yo simplemente hablo de ser persona.
El que cometieras una locura, Miguel, no quiere decir que estés loco, y qué triste que la mala leche te consuma por siempre jamás. ¡Cuánto tienen que corroer el rencor y la venganza! ¡Qué desgaste tan grande! Siete versiones distintas del crimen, el cadáver ahora aquí, ahora allá, ahora acullá, con unos familiares desesperados y una Sevilla anhelando dar sepultura a los cuatro huesos que queden de la malograda chica, cuatro huesos que para ti, a tenor de tu comportamiento y de esa necesidad de manipular y de ser protagonista, no serán nada, pero para ellos y para todos los que vamos por esta vida de buena fe, o al menos lo intentamos, traerán sobre todo descanso y verdad.
Porque aunque no lo creas, Miguel, te estás cavando tu propia tumba. Si quienes te rodearon en el caso, El Cuco, Samuel, Javier y María, han quedado estigmatizados de por vida, y allí donde vayan llevarán el nombre de Marta grabado a fuego en la frente, tú no tendrás paz ni se te permitirá tenerla cuando salgas de la cárcel por ese empecinamiento tuyo, so niñato, de ser un Judas. No te creas que sólo existe la pena que impone la ley; es muchísimo más dura la condena social. De ésta no te librarás, tenlo por seguro, y menos si persistes, cual real alimaña, en comerte el corazón de una madre.
En Sevilla, a 15 de abril de 2013.
[Respuesta imaginada a esta carta: Paso. No soy su hijo. Y yo no tengo madre].
P. D.
La parva. Desde aquí hago un encarecido llamamiento a las administraciones públicas para que actúen contra los padres que envían a sus hijos menores de edad a ser gorrillas en las inmediaciones del tanatorio de la SE-30. Y son tanto adolescentes como niños y niñas que rondarán los seis años. Por las tardes y también durante los fines de semana. Es una imagen realmente lamentable y, como se suele decir, hasta que no pase algo no se emprenderán medidas. El problema de los gorrillas es muy difícil de resolver, sí, pero cuando está por medio la infancia se requiere una actuación decidida, contundente.
La simiente. En un plantel de estrellas y estrellitas del fútbol caracterizado por excentricidades y lujos, de los que hacen gala incluso en estos tiempos de crisis económica –encabezado por Cristiano Ronaldo y David Beckham–, resulta más que loable que Sergio Ramos esté dando evidentes muestras de crear empresa y generar empleo. A veces no lo consigue, así fue el caso del mercado gourmet de las Naves del Barranco –en alianza con el torero José María Manzanares–, dado que el Ayuntamiento de Sevilla lo adjudicó a la oferta rival, y en otras parece que saldrán adelante, y ahí está el reciente comunicado del Consistorio de Espartinas anunciando la construcción de un centro comercial con 3 millones de euros de inversión y unos cien puestos de trabajo. A ver si realmente prospera y cunde el ejemplo.
La paja. Palabras y expresiones sin sustancia e irritadoras al oído y al sentido común a la hora justificar lo injustificable, el alarmante nivel de desempleo que sufre este país, ha habido para todos los gustos, tanto con el gobierno anterior como con el actual, desde esa que habla de “desaceleración en el ritmo de crecimiento del paro” hasta encomendarse a la Virgen del Rocío para que nos eche un capote. Pero me quedo con la calificación esgrimida por el secretario general del PP sevillano, Eloy Carmona, quien, ante la caída del paro del pasado marzo, sacó pecho pepero y lanzó un estos datos son históricos. Porque claro, 468 parados menos en una provincia que supera el cuarto de millón de parados y en un mes donde tiran del empleo los servicios por la Semana Santa es una cifra que hace historia…. gracias a Rajoy.
Si les pica, señores de la Junta de Andalucía, es porque ajos habrán comido. Le costó a mi compañero José Gallego hacer el reportaje Andalucía de los Niños, zona cero, porque, claro, con su nula información y la imposibilidad de entrar allí, se estaba intentando ocultar la ruina de este impresionante parque de maquetas sobre monumentos y espacios naturales de la comunidad autónoma que, en su día y por su singularidad, fuera una de las delicias de la Exposición Universal de 1992. Qué verdad es aquello de que ojos que no ven, corazón que no siente, y dejadez que no se revela al mundo…
Gracias al cielo, a ciertos periodistas nos queda aún un pelín de malicia –sin ella, a ver qué sería de esta profesión–, y ahí queda constancia de que la Andalucía de los Niños es fiel reflejo de la Andalucía de los Políticos Mayores. Sí, una Andalucía que se cae a cachos, con una administración regional dedicada simple y llanamente a sobrevivir, sin iniciativas que hagan a uno quitarse el sombrero y decir, oye, chapó, jugando otra vez a los pactitos de concertación social que, a estas alturas y con estos niveles de paro, no se los cree nadie, y, para más inri, con una oposición parlamentaria que ni tiene líder ni puede dar ejemplo de nada, salvo, eso sí, de mentiras electorales. Vaya plan.
Me dirán ustedes, Juan, te has pasado, la Andalucía de los Niños no es para tanto. Sí, lo es, puesto que, hoy por hoy, ese recinto constituye un auténtico monumento a la desidia de la administración pública –así como otros de la tecnológica Cartuja 93, tales como los aparcamientos del Charco de la Pava y el Jardín Americano, que no dependen del Gobierno autonómico, sino del Ayuntamiento de Sevilla, al que ya puse a caldo en su día–.
Primero porque, allá por las vísperas de la Expo, costó la nada despreciable cantidad de ¡800 millones de pesetas!, que dos décadas atrás valían muchos más que los 4,8 millones de euros al cambio actual. Segundo porque muestra una absoluta falta de respeto al dinero de los contribuyentes, ya que si te lo has gastado, al menos no lo desperdicies, cuánto sudor ganarlo y pagarlo y cuán poco te supone arrojarlo, sí, por la alcantarilla. Tercero porque es un ejemplo de la plena ausencia no sólo de capacidad, sino también de voluntad, de imaginación y de visión de futuro a la hora de sacar provecho y rentabilizar económica y socialmente las inversiones que llevan por título cultura. Cuarto, y al hilo del anterior argumento, porque si eres incapaz, admítelo y confía en un tercero, vía colaboración, vía cesión, vía lo que sea, antes de que sea irreversible, y aquí, por cierto, me pregunto qué hubiera pasado si el parque de maquetas se ubicara en una ciudad gobernada por los socialistas, y no en la popular Sevilla. Quinto porque el alegato de que no hay presupuesto no me sirve cuando, a la larga, si quieres recuperar lo perdido, el desembolso será mucho mayor que el necesario para la conservación. Y sexto y último, porque si esta cosa no te interesa lo más mínimo y quieres dejarla caer, venga su muerte por inanición o hasta que alguien recoja a la moribunda –dicen ahora que hasta tres empresas están interesadas, no una, ni dos, sino tres, y que incluso harán un concurso público para tanta oferta, supondremos que a precio de saldo y para el desguace–, reconócelo y no andes con medias verdades, que de éstas y de mentiras, de unos y de otros, estamos ya hartos.
Me replicarán desde la Consejería de Hacienda y Administración Pública, la responsable de esta Andalucía en pequeñito, que, tal y como está el patio, con crisis, paro, recortes y demás, qué necesidad hay de dedicarle esfuerzos y urgencias a tan poquita cosa. Mi respuesta será ésta: sumando cositas, una, dos, tres, se construyen grandes cosas, mientras que, al revés, tan sólo se edifican castillos en el aire, cuyos eslóganes políticos sin cimientos reales, tipo concertación social o segunda, tercera, cuarta o quinta modernización de Andalucía, terminan como el cercado de maquetas de la Expo: cayéndose a cachos.
Mi querida consejera de Hacienda y Administración Pública, Carmen Martínez Aguayo: Se ha llevado estos días los titulares de prensa por extender la responsabilidad política del caso de los ERE a José Antonio Viera y a Antonio Fernández, los ex de Empleo en tiempos del fraude con los fondos públicos para los expedientes de regulación de empleo y la paz social. Sí, bienvenida sea su gran osadía, que, dicho sea de paso, no implica novedad alguna, sino que simplemente pone palabras a lo que la inmensa mayoría de los ciudadanos piensa al margen de aquella pantomima que fue la comisión de investigación en el Parlamento regional. Pero lo de la Andalucía de los Niños, señora mía, es un problema de gestión y, a tenor del nombre del cargo que usted ejerce, ante todo, en esta época de crisis económica y de escalofriante desempleo, se le exige gestionar y administrar, y no jugar a la política. Es ahí donde se calibra la Andalucía de los mayores, y no la de los niños.
P. D.
La parva. En la última junta directiva de la CEA, tan sólo una persona alzó la mano para pedir detalles de las cuentas de la patronal y de sus pérdidas en 2012, y tampoco es que se le dieran muchas explicaciones al susodicho, ahí tiene usted a nuestro tesorero, quede algún día con él. La anécdota da idea de que, hoy por hoy, no existe opositor para disputar la presidencia a un Santiago Herrero por los siglos de los siglos, pese a la expectativa que ha generado el joven Miguel Rus y por mucho que no pocos empresarios rumien la desconfianza ante la competencia que podría implicar una CEA prestando más servicios y cobrando.
La simiente. Y seguimos con la andaluza Confederación de Empresarios de Santiago Herrero. Joan Rosell, presidente de la CEOE, se traslada hoy a Sevilla para pronunciar una conferencia en la sede de la CES, sita en la plaza de la Contratación, donde está la casa de la Cámara de Comercio, ya se sabe, ambas asociaciones empresariales están ahora hermanadísimas. Pues bien, en este acto, ¿le trasladará Santiago Herrero a Joan Rosell su queja de la gravísima pérdida de la imagen pública de la CEOE como organización empresarial, tal y como denunció en la reciente asamblea anual ordinaria de la CEA? Por cierto, después del nuevo ERE en la CEA, a ver cómo interpretamos la imagen de ésta…
La paja. Y para rematar, otra de empresarios. Mi querido Miguel Rus: Mucho cuidado con las puñaladas, tanto las que usted ejecuta en el seno de la CES como las que usted recibe, no sólo desde dentro de esta patronal, sino también desde fuera. No son pocos los descontentos, si bien en su descargo hay que reconocer que cualquier reforma causa dolor, en especial en organizaciones donde hubo un establishment que siempre se consideró intocable. Dos consejos, y perdone mi atrevimiento. Primero, la CES es una organización que presta servicios a sus asociados, y esto hay que tenerlo en cuenta al gestionarla como empresa. Y segundo, cuídese del toro manso, el bravo se ve llegar.
Y ahora que llega la Feria de Abril, oye, te invito a mi caseta, calle del torero tal, número tanto, con cadenetas y farolillos, a bailar, a bailar, a bailar, alegres sevillanas, todo el mundo a bailar, mi traje de chaqueta, mi corbata y mi puro, pico del pañuelo saliendo del bolsillo, véanme todos en este carruaje de caballos, negras gafas de sol y llevándome la mano al sombrero de ala ancha, ligeramente inclinado sobre mi sevillanísima cabeza, para saludar con distinción a los míos, soy, sí, el amo del Real, ni se nota, bendita apariencia, que estoy pelao, ni un euro tengo, en casa, Avecrem para el caldo, pero, insisto, te invito a mi caseta, yo pido las rondas para mí y mis amigos, y tú pagas.
Queda muy bien eso de lanzar al mundo que, por primera vez en equis años, los mismos que gobernó la izquierda en esta ciudad –a la que, por cierto, tampoco eximo de la roncha que les dejó–, las empresas municipales han logrado cuadrar sus cuentas y miren, miren, qué bonito el recién parido superávit. De entrada, este indicador contable, el del superávit, es a una sociedad pública lo que el blanco al negro, es decir, nada. Muestra fortaleza, dado que revela si los fondos propios (capital más reservas) son positivos o negativos (en este último caso, déficit). Sin embargo, como todo depende del dinero que aporta el Ayuntamiento y de la intención de éste de mantener o no un servicio público vía aportaciones o subvenciones, si hay superávit, chapó, y si no lo hay, pues tampoco pasará nada, ya saldrá más dinero de las arcas locales o, en su defecto, la empresa se irá al garete.
Dos ejemplos. Primero: ¿Hay déficit en Sevilla Global o Giralda TV? Para ellas, ni un euro más, ciérrense. Segundo: ¿Hay déficit en Lipasam o Tussam? Uy, estamos aquí hablando de limpieza y transporte urbano, éstas son palabras mayores, servicios públicos con mayúsculas, háganse los ajustes contables necesarios en ambas sociedades y, sea como sea, espántese el fantasma de la liquidación que merodea con la tijera presupuestaria y el saneamiento local impuestos por el Gobierno de Rajoy. Y ahora, una pregunta: ¿Esto sería posible en una empresa privada? No. Si en ésta se agota la teta, no habrá leche de la que seguir mamando.
Dicho esto, vayamos a Lipasam. Canta superávit el responsable de la misma, Maximiliano Vílchez, también delegado municipal de Urbanismo. Es verdad, ahí está la contabilidad –con su balance y su cuenta de pérdidas y ganancias– que así lo constata, y, además, con una menor aportación económica del Consistorio. Éste ha puesto menos parné y, por tanto, el coste del servicio para los contribuyentes ha sido menor y, para cuadrar el círculo, ha rebajado la deuda financiera –léase, con los bancos–. Hasta aquí, magnífico. Pero si profundizamos en los números, encontraremos algunas hechuras que hacen fea a la criatura.
Por un lado, la deuda contraída con los proveedores se duplica, triplicándose el plazo aconsejado –y a partir de 2013 obligado– para afrontar los pagos. Y, por otro, desde Lipasam se libera un préstamo para aliviar los problemas de liquidez (rescatar) a Tussam. ¿Conclusión? Se carga sobre las espaldas de los proveedores unas cuentas que, de cara al público, vienen requetebién presentadas…
No sólo ocurre con Lipasam. En la contabilidad de la empresa municipal de transporte se reconoce que se supera con creces el plazo legal de liquidación de las facturas pendientes con las empresas que le suministran bienes y servicios. Es más, reseña, seis de cada diez pagos no se efectúan en plazo legal, y se tarda como media la friolera de 195 días, el doble que un año antes. Son datos oficiales de Tussam. Su responsable, Demetrio Cabello, a la sazón delegado municipal de Seguridad y Movilidad, también presumió de superávit, de resultados positivos, de menor endeudamiento financiero.
No queda ahí la cosa. Un paso más. Cojamos las cuentas del Ayuntamiento analizadas por el interventor municipal, quien ha advertido de que ahora se tarda mucho más en abonar a los proveedores que antes de concebir el plan de ajuste municipal que hacía posible que se recibiera el dinero del Instituto de Crédito Oficial para pagar ¿a quiénes? Precisamente a los proveedores.
¿Buena gestión? Se están enderezando las cuentas locales con un menor presupuesto, estrategia loable. Toca apretarse el cinturón, aumentar la productividad y aminorar los gastos. No obstante, se está pagando a la banca y –esto clama al cielo– presumiendo de administración rigurosa y diligente cuando son los proveedores los que, con la demora creciente en los pagos y los préstamos entre empresas municipales, soportan el ajuste impuesto por el equipo de municipal de Juan Ignacio Zoido. Esto es fanfarronear con el dinero ajeno, además de una patada hacia adelante que pone en duda la capacidad para, a lo largo de 2013, cumplir la legislación europea que exige saldar las facturas en 30 días como máximo. Venga, otra ronda, que seguirán pagando ellos. A gorronear…
P. D.
La parva. No debe sentar nada bien que a una administración como la andaluza gobernada por la izquierda (PSOE e IU) le haya dicho la Inspección de Trabajo que ha ido en contra de sus trabajadores vulnerándoles su derecho a la huelga. Ha ocurrido con el conflicto de los MIR, pues ha dado la razón a los médicos residentes que denunciaron su sustitución durante el paro indefinido que protagonizaron los pasados meses de noviembre y diciembre –próxima parada, los juzgados de lo Social–. Y es que en el SAS no se notan las huelgas. Al contrario, cuando se convocan, hay incluso más médicos trabajando…
La simiente. Desde aquí, felicidades al equipo del Centro de Coordinación Operativa de (Cecop) de Sevilla por su labor informativa en las redes sociales durante toda la Semana Santa. El hecho de haber tenido al instante los detalles sobre dónde se ubicaban cada cruz de guía, cada paso, cada palio, no sólo ha sido de gran utilidad a los medios de comunicación, sino que, sobre todo, ha marcado un antes y un después a la hora de organizar las rutas de los cofrades para contemplar el paso de las hermandades por el Centro de la capital. El dedo deslizando la pantalla del móvil para ver el Twitter del Cecop a través de la cuenta Sevilla Participa (@Ayto_Sevilla) era una estampa habitual. Todo un acierto.
La paja. El alcalde de La Roda de Andalucía, Fidel Romero (IU), asegura que, de aprobarse la Ley de Régimen Local en los términos concebidos por el ministro Montoro, se declarará insumiso, y sólo la Guardia Civil sería capaz de echarlo de la Alcaldía, que para eso fue elegido democráticamente por sus vecinos. Sí, señor Romero, así se habla, gran lección democrática la suya. Porque, claro, en este país, las leyes de derechas que no gustan están para no cumplirlas, ¿verdad? Pues no. A usted lo ha colocado su pueblo y a Mariano Rajoy lo ha colocado mayoritariamente el pueblo español. Y le guste o no, la ley es la ley. Lo contrario sería la selva para que cualquier ayuntamiento se saliera de madre.
Pues no. Danone no se cierra. Ni Cargill. Ni Roca. Ni Panrico. Ni Astilleros de Sevilla. Ni Altadis. Ni Cerámicas Bellavista. Ni Boliden. Ni, si me apuran en el tiempo, Gillette. Ni tantas y tantas otras empresas radicadas en Sevilla que, pese a la pancarta de su plantilla al grito de aquí no nos mueven, esto seguirá abierto, y con el respaldo pleno de los políticos, algunos de ellos encabezando las manifestaciones –¡ah, bendita memoria, ese muy popular Javier Arenas allá por 1995 jaleando a los trabajadores contra la, decían entonces, clausura inmediata de la industria naval hispalense, que finalmente prolongaría su agonía hasta hace apenas dos años!–, terminaron diciendo, vale, muy bien, pero ahí os quedáis.
Sí. Danone echa el cerrojo. No ha servido ni el bienintencionado llamamiento al boicot de sus productos lanzado por el portavoz socialista en el Ayuntamiento, Juan Espadas, como tampoco en su día el concebido para Gillette. Señor Espadas, ya puede comer sus yogures de siempre, no cambie. Señor Juan Ignacio Zoido, alcalde de esta ciudad, ya puede usted quitarse el gran disgusto de saber –conste en acta que, en una reunión, dijo no saber y qué gran disgusto se llevaría– que ese azul de las maquinillas con las que cada mañana se afeita es característico de la multinacional que un mal día de 1994 hizo las maletas y se largó, así que tampoco cambie. Para qué cambiar. Qué verdad verdadera es eso de que muerto el perro, se acabó la rabia…
Antes de seguir comiendo lácteos, un cigarrito. ¿No se acuerdan del clamor Tabacalera (Altadis) no se cierra? Sí, a ver, la fábrica de yo soy Carmen la de España, cigarrera de Sevilla, con no sé cuántos siglos y siglos de historia, la que tenía como presidenta del comité de empresa a Josefa Medrano, la misma que hoy se sienta con Antonio Rodrigo Torrijos en la bancada de Izquierda Unida en el Consistorio. Se cerró, sí. Desgañitarse la garganta sirvió no precisamente para que mantuviera aquí su actividad industrial, sino para que sus operarios arrancaran de la compañía las mejores condiciones posibles, con prejubilaciones, bajas incentivadas y traslados, y también la promesa empresarial de recuperar parte del empleo perdido en un centro logístico del que nunca más se supo.
Batallita de abuelo Cebolleta. En medio de la negociación a tres bandas entre empresa, comité y Junta de Andalucía se filtró que, pese al diálogo, Altadis mantenía intacta su intención de cerrar la planta sevillana. Todas las partes montaron en cólera, poniendo incluso en cuestión la veracidad de una información sustentada en un documento oficial remitido por la propia compañía a la Comisión Nacional del Mercado de Valores y aduciendo que el acuerdo estaba muy próximo. ¿Estaba pues mintiendo la empresa al órgano regulador del mercado bursátil y a sus accionistas? No. Haberlo hecho le hubiera reportado dos puros: multa y desprestigio. Decía la verdad dado que en aquellos precisos momentos ya no se negociaba la posibilidad de seguir abierta, sino la cuantía de las prejubilaciones y de las bajas incentivadas. Entonces, a más de uno, de tanto que había gritado y defendido la causa Tabacalera no se cierra, se le quebró la voz.
Ya apagado el pitillo, regresemos a los lácteos. Supongo que a ningún trabajador, al menos no a mí, le gusta quedarse en el paro, por muy buen colchón de despido que te pongan por delante, ni prejubilarse cuando se está aún en la flor de la vida laboral, por magníficas que sean las condiciones del retiro, ni mudarse de ciudad para conservar el empleo, por gruesa que sea la lista de quienes desesperadamente rastrean una ocupación. Dicho esto, ¿dónde hay que firmar? Porque más quisieran muchos, muchísimos, miles, centenares de miles, irse al paro, prejubilarse o mudarse en los mismos términos económicos que entonces lograron los empleados de Altadis y hoy los de Danone.
¡Ojo! No estoy cuestionando el acuerdo ni, por supuesto, que la plantilla salga con las mejores condiciones económicas posibles, y máxime teniendo en cuenta que estamos ante una multinacional que, a pesar de sus beneficios y saneado balance, no ofrecía alternativa alguna al cierre. Sí, en cambio, dejo constancia de: uno, además de perderse otra industria en Sevilla, en estos tiempos de crisis y de recortes de derechos sociales y prestaciones, el que más y el que menos tiene que largarse a casa en el más absoluto de los silencios, sin carteles ni apoyos políticos, con una indemnización de apenas 20 días por año trabajado; y dos, que, hoy por hoy, prejubilarse a los 53 años y con la mayoría del salario es poco menos que una quimera en la empresa privada, y hasta en la pública.
Escarmentado como ya está uno, mañana, cuando surja otra pancarta reivindicativa del estilo equis empresa no se cierra, permítanme que, de entrada, dude, puesto que sin restar importancia ni necesidad a la lucha de la plantilla por conservar su empleo y su lugar de trabajo –en muchísimas ocasiones en compañías queridas por los operarios pese a ser tratados éstos con la mismísima punta del pie– existen sobradas experiencias de que ese objetivo principal termina cayéndose por el camino, dejándonos con la boca abierta y la cara de bobo.
P. D.
La parva. Era evidente que tarde o temprano saltarían las chispas entre los agricultores de Asaja y la patronal sevillana CES. De hecho, mucho han tardado, habida cuenta de aquel ninguneo que, justo al asumir la Presidencia de la CES, hiciera Miguel Rus hacia los arroceros a cuenta de la oposición de éstos al dragado del río Guadalquivir. Asaja no se niega, tampoco unos arroceros que son uno de los puntales de la patronal agraria, siempre y cuando se realicen las (costosas) obras que lleven el agua a sus campos. Y el frente común de la CES con los sindicatos y la Cámara de Comercio olvida esa demanda histórica de Asaja…
La simiente. Al pasar de noche, el lugar es un páramo, a nadie se ve por las calles de esta prolongación del barrio sevillano de Pino Montano sembrada de viviendas de protección oficial y dominada por las torres de oficinas de Torneo Parque Empresarial. Por el día, trasiego de vecinos y, sobre todo, de trabajadores y directivos. Más allá, suelos para más viviendas y, en estos momentos, trabajos de urbanización del parque comercial e industrial del Higuerón, por nombre Ciudad de la Imagen. En este entorno acaba de abrir sus puertas el hotel Hilton Garden, pensado sobre todo para empresarios y directivos, y también más en el mañana que en este hoy de crisis económica.
La paja. No hay dinero, no, pero tampoco voluntad. La Consejería de Fomento no tiene ni idea de cuándo se podrán retomar las obras de finalización del tranvía de Alcalá de Guadaíra a pesar de quedar poco y estar sufriendo robos en su trayecto. Pero si no hay presupuesto autonómico, me pregunto si no cabe buscar otras alternativas que, con la colaboración de la iniciativa privada –empresas y bancos–, pueda concluir lo poco que queda. Imaginación y ganas, por favor, porque es una lástima este retraso sine die. Un esfuerzo, anda, que será de lo escasito que la Junta de Andalucía podría inaugurar en los próximos años en la provincia de Sevilla…
Dicen los entendidos cofrades, yo no lo soy, que el pregón de la Semana Santa de Sevilla pronunciado por el jovencísimo Francisco Javier Segura fue magistral, espléndido, fresco como su lozanía, sacudió las telarañas del teatro de la Maestranza, quitó su rancio olor a naftalina. Felicidades. Una vez pasada la euforia, a ver cuánto dura este efecto ambientador. Dicen los entendidos vaticanos, yo tampoco lo soy, que el nuevo Papa, el argentino Jorge Mario Bergoglio, bautizado a su vejez como Francisco, imprimirá un nuevo rumbo a la Iglesia, a cuya curia limpiará el boato y la acercará a los pobres, adaptándola, además, a los que llaman nuevos tiempos. Grandes esperanzas, sí. Tantas o más las hubo, recuerden, al acceder al poder norteamericano Barack Obama, ese hombre que cambiaría el mundo –y por eso le dieron el Nobel de la Paz, pues lo cambió, ¿verdad?– y, en fechas más recientes, al asumir la Presidencia de Francia el socialista François Hollande, el mandatario que iba a propiciar una Europa muy distinta a la de Angela Merkel, más social –y ya vemos, lo ha hecho, ¿verdad?–. En fin, cuán ilusos somos, cómo nos dejamos arrastrar por la algarabía cuando tenemos la imperiosa necesidad de agarrarnos a algo, de tener fe.
Me gusta este Papa, sí. Al menos en el arranque de su Pontificado. Pero ya se sabe, ley de vida profesional es que quien llega a un nuevo puesto lo hace con ganas, con fuerzas, aquí estoy yo, hasta que a uno le cortan las alas por arriba, para el caso presuponemos que Dios, y por abajo, otros que replican, pues aquí estábamos nosotros, así que quietecito o te mandamos a hacerle compañía a Joseph Ratzinger, reclusión en un monasterio de monjas de clausura, y punto y final a la renovación de la Iglesia.
Sus gestos iniciales, sin embargo, llenan el alma de ilusión. Por lo pronto, la cara, porque tiene cara de bueno, de abuelo cuentacuentos, sin los papales zapatitos rojos, negros son y mírenlos, ahí asoman por su sotana blanca, nada fashion, y acercándose a la gente, te doy la bendición y también mi mano, véase el estupor en los rostros de la guardia suiza. ¡Cómo me gustaría tener una Iglesia pobre y para los pobres!, ha comentado el pontífice. No sé cómo habrán retumbado estas palabras en la cúpula del Vaticano, pero suenan a gloria bendita y acercan, no distancian, crean entusiasmo, no frialdad ni antipatía.
Porque hay muchos, muchísimos, que, teniendo fe y, sobre todo, tradición familiar católica –y la tradición y la familia pesan tela, qué quieren que les diga, a uno, siendo como es, que ni le toquen ese Cristo de la Reja–, se alejaron de la Iglesia porque la Iglesia, tras no asumir que la vida cambia, se alejó de ellos. No estoy hablando de una Iglesia a la carta, pero sí de un zarandeo para quitarle el letargo y la caspa, y que el adoptado nombre de Francisco sea realmente el de San Francisco de Asís, no el de Barak ni el de François, que defraudaron a las primeras de cambio. Sea un Papa de los católicos y un papá para los católicos.
Sobre el otro Francisco de este artículo, Francisco Javier Segura, Francis para los amigos y los periodistas de la cosa cofrade, cuentan que ha dejado honda huella en el Maestranza y que se aplaudieron mucho sus verdades endulzadas con gran sentimiento, y ya sabemos que esta ciudad es muy pero que muy sentida, especialmente cuando se trata de su Semana Santa, sus equipos de fútbol y sus saraos variopintos, y en menor medida en sus reivindicaciones sociales, 90.000 parados y como si hubiera 90.
Pero el pregón, señores, es lo que es, un espectáculo, y no lo digo yo, es palabra del mismísimo pregonero. Una función, una diversión pública, algo, pues, que infunde deleite o asombro. Y como espectáculo se valora, miren qué ha dicho el joven, qué bien dicho y qué bonito dicho, y punto.
Lástima. El objetivo sería que el contenido del discurso, ricamente encuadernado, no quedara en mera flor de un día ni relegado ni recluido, como me temo, en la clausura del baúl de los recuerdos, sino que sea asumido por un Consejo de Cofradías y un Palacio Arzobispal que pecan de excesivo boato y, perdónenme, de viejos. Pero esto, mi querido Francis, aquí, en Sevilla, sí es un acto de fe, al igual que allí, en Roma, mi querido Francisco, lo suyo también lo es.
P. D.
La parva. Pues sí, el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, y su delegado de Empleo, Economía y Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, tienen la agenda repleta de actos sociales, tal y como asegura el portavoz socialista en el Ayuntamiento, Juan Espadas. “Zoido, en estado de coma, sólo vive para actos sociales”, ha comentado. Convocatorias sociales y carteles, carteles y convocatorias sociales, alguna que otra inauguración, visitas a obras variopintas, muy excepcionalmente presentación de algún proyecto y más los actos de partido. ¿Será que esta ciudad actualmente no da para más?
La simiente. Miguel Rus Palacios se enfrenta mañana a su primera asamblea anual de la Confederación de Empresarios de Sevilla (CES) tras asumir su Presidencia en el mes de mayo pasado, después de la inesperada dimisión de Antonio Galadí, quien renunció por motivos de edad –y de cansancio–. Como siempre, el guión marca que el directivo lance dardos por doquier, a derechas y a izquierdas, contra las administraciones públicas, y Rus ha demostrado que no tiene pelos en la lengua. De hecho, Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla y presidente de los populares andaluces, ha sido objetivo de sus críticas, y no precisamente benignas. Se trata de un resquemor empresarial que crece frente al equipo del Ayuntamiento. Eso sí, el presidente de la patronal deberá dar también cuenta del duro ajuste interno que ha emprendido dentro de la CES…
La paja. Mi querida Soledad Becerril: Es usted una gran señora y una gran política de los pies a la cabeza. Pero el cargo que actualmente ejerce, el de Defensora del Pueblo, debe rezumar independencia, y usted, perdone que le diga, está confundiendo en exceso el cargo con el partido. Eso de andar sin contundencia, con medias tintas, en la legislación sobre los desahucios hasta que ha dicho la Justicia Europea lo malísima que es –es decir, usted se ha pronunciado a remolque, y no será porque no hay dramas familiares en este país– y eso de reclamar a la Junta de Andalucía que siga financiando a los colegios de educación diferenciada –los que segregan por sexos– cuando existe de por medio jurisprudencia del Tribunal Supremo me están indicando que usted, mi gran señora, tira más para los suyos que para el conjunto de los ciudadanos.
El exmatador de toros José Ortega Cano va hoy a juicio por matar a un hombre. Por matar a un hombre. Lo hizo de manera involuntaria, sí, pero mató a un hombre. La Ley y la Justicia serán las que asignen el término jurídico –acusación: homicidio imprudente–, con todos sus descargos y atenuantes, al hecho cierto de que mató a un hombre, y también la pena –si finalmente la hay– que tendrá que pagar por haber matado a un hombre.
José Ortega Cano, por aquello de la fama, pone nombre y apellidos a miles de conductores anónimos que han matado a un hombre. O a una mujer. O a un niño. Se le ha de tratar pues como a esos otros miles, ni más ni menos. Como a esos otros miles que no desenfundaron un arma en sus múltiples acepciones, pistola, escopeta, hacha, navaja, bomba, pero sí un coche. Siendo el resultado el mismo: mataron a un hombre. No queriendo, no, pero sí mataron a un hombre. No lo hicieron conscientemente, pero mataron a un hombre. O a una mujer. O a un niño. Y con alcohol de por medio. O con velocidad excesiva de por medio. O ambas cosas.
Nadie puede cargar toda la vida ni claudicar ante la vida por un error. Tampoco José Ortega Cano. Y menos cuando se cometió sin premeditación. La duda surge al determinar si media o no premeditación cuando, con la consciencia clara, una persona decide beber a sabiendas de que, acto seguido, cogerá el volante de un coche que, sin ser arma, termina fatalmente siéndolo. Y mata a un hombre.
José Ortega Cano casi pierde la vida en el hospital. No fue un casi para el hombre que mató. Sólo hay una víctima, no dos. A todo el mundo le asiste el derecho a rehacer su vida. Y él lo ha hecho. El otro, no. Como tampoco lo harán los miles y miles de muertos en accidentes no voluntarios. No estoy diciendo que haya que vivir amargado por una culpa eterna. Sí que la culpa está ahí y ha de ser consecuente con esa culpa. Porque se entra y se sale de una cárcel. Pero en el cementerio, si entras, no sales.
Lo malo de José Ortega Cano es que es un personaje mediático de un circo mediático. O quizás lo bueno, de eso ha vivido y vive. Será recibido en el juicio como se merece. Con decenas de cámaras. Decenas de periodistas. Decenas de medios de comunicación blancos, amarillos o rosas. Le preguntarán de todo. Cuál es su verdad. Qué hay de las pruebas de alcoholemia. Cómo se siente. Quién le acompaña. Y qué tal le va cambiar pañales a su edad. Sin tantas televisiones, la familia del hombre muerto. Siendo la que debería interesar, no interesa. Ella no vende. No es el espectáculo.
No lo fueron, ni lo son, ni lo serán aquellos otros miles de conductores anónimos que han matado a un hombre. Y cuando salga la sentencia para José Ortega Cano, su pena, no la pena de la familia del hombre muerto, cuya pena es otra y de por vida, estoy seguro de que sabrá a poco, por mucho que la Justicia tenga que tratar al ciudadano José Ortega Cano como a un ciudadano más, como un conductor más que ha matado a un hombre. Son las consecuencias de los juicios paralelos, de la expectación mediática, de la condena previa, pero también de una muy aireada estrategia jurídica que, aun con todos los respetos hacia la legítima defensa, derecho humano y constitucional donde los haya, uno no puede dejar de lanzar, uf, vaya con la defensa…
Pero lo que no deben olvidar nunca los protagonistas de este circo mediático es que esto no es un juicio por corrupción, ni por blanqueo de capitales, ni por impagos a Hacienda, ni por divorcio, ni por custodia de hijos, ni por los dineros de la manutención. Aquí hay un hombre muerto. Y clamo, pues, por una cobertura informativa rigurosa, sin tintes rosas. Negro es el color que impera. Porque no sé si lo he dicho: mataron a un hombre.
P. D.
La parva. Le preguntó el periodista: “En esta misma sala, lo de lograr la rentabilidad del campo lo lleva usted diciendo años, ¿pero qué medidas concretas está adoptando Mercadona?”. Y Juan Roig, su presidente, respondió: más directores responsables en la compañía para compras directas, sin intermediarios, a los agricultores y ganaderos y la subida del precio pagado por la leche a los productores, un incremento compartido entre la empresa y sus interproveedores lácteos. Le faltó decir la más importante: algo estaremos haciendo bien cuando ya ni las asociaciones agrarias, en especial las andaluzas, se quejan de nosotros…
La simiente. La constructora Dragados arranca hoy oficialmente –ya no hay primera piedra, sino una pegada de carteles diciendo aquí hay una obra– los trabajos para terminar la torre Pelli, aunque el verbo terminar parece mal empleado, pues terminar evoca algo inmediato, pero levantar este complejo de oficinas, comercial, hotelero y de ocio no concluirá hasta el segundo semestre de 2014, si no hay más retrasos –no descartables a tenor de la complejidad técnica del revestimiento–. Ahora, una pregunta a quienes, con vehemencia, se opusieron al rascacielos: ¿Sevilla lo ha interiorizado o no? ¿Lo ha asumido como propio o no? Porque las redes sociales se llenan de fotografías con un mira cómo se ve desde aquí, allá, acullá. ¿Será que, finalmente y por fin, estamos descubriendo la torre?
La paja. Sellado el concordato, tampoco es cuestión de reabrir batallitas, pero sí quede constancia del estupor en Caixabank respecto al anuncio del consejero andaluz de Cultura, Luciano Alonso, de la inversión prevista por la entidad financiera catalana en las Atarazanas apenas unas horas después de que su presidente, Isidro Fainé, y el de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, proclamaran aquello de aquí paz y después gloria. “¿Que va a anunciar qué? Si hubiera que anunciar algo concreto lo anunciaría mi presidente o el suyo, pero no el consejero”, comentaba un alto cargo de La Caixa. Hombre, algo tendría que decir Alonso para que, después de tanto berrinche, no quedara con el culo al aire… En fin, cordura, borrón y cuenta nueva. Otro espacio cultural ganado para Sevilla, además del Caixafórum.
Estamos en el año 2013 después de Jesucristo. Toda España está ocupada por los peperos. ¿Toda? ¡No! Una provincia poblada por irreductibles sociatas resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no resulta fácil para las guarniciones de legionarios en los reducidos campamentos del PP de las calles San Fernando y Rioja. Y ahí batalla nuestro particular centurión Graco Linus, a la sazón, Juan Bueno, quien, aquel día que se vio coronado de laureles por el partido provincial, hizo suyo el mandato popular de acabar “con la dichosa manchita roja”, Sevilla, ésa que, junto con algunas aldeas más allende Cataluña y País Vasco, impiden una piel de toro de monocromático azul, y una Andalucía por entera de azules pitufos –uy, me equivoco de cuento–.
Poniendo en cuarentena cualquier sondeo de opinión electoral, pues sobradas experiencias tenemos para recelar –dos ejemplos: 1996, tal vuelco dio el socialista Manuel Chaves a las encuestas que su contrincante popular, Javier Arenas, sugirió, lagarto, lagarto, que había pucherazo, resignación que, ya cabalmente, asumiría doce años después cuando, y otra vez frente a los estudios demoscópicos, perdía los comicios regionales–, el conocido la semana pasada por parte del Centro de Análisis y Documentación Política y Electoral de Andalucía (Capdea) invita a reflexionar sobre cuáles son las desgracias del PP en Sevilla –provincia, no la capital, donde vuela la gaviota– porque la roja manchita se extiende cual goterón de aceite.
No existe ningún Panorámix que elabore y reparta la pócima mágica de la fortaleza a los socialistas, ni creo que Susana Díaz, secretaria provincial del PSOE, aglutine, salvo la astucia, las cualidades del heroico Astérix ni la candidez de Obélix. Los malos ejemplos de sus políticas económicas y laborales se revelan con mayor nitidez allí donde llevan toda la vida gobernando, la Junta de Andalucía. Sus excesos pasados los pagamos ahora, y no toda tijera cabe atribuirla al Gobierno central, por mucho que el sambenito del recorte quede inequívocamente vinculado al equipo de Mariano Rajoy.
Siempre mantendré que el más fiel termómetro social es el paro, y la comunidad no es ejemplo absolutamente de nada, pese a los no sé cuántos planes de segundas, terceras o cuartas modernizaciones de Andalucía y también a los no sé cuántos pactos por el empleo y acuerdos de concertación con sindicatos y empresarios. Porque, una vez pasada la emoción del discurso del actor Antonio Banderas, que, de veras todas, chapó por él y por su franqueza, esta sensibilidad verdiblanca queda relegada ante una evidencia: aquí lo que hay es paro. Mucho paro. Demasiado paro.
Mi querido Graco Linus, no se aflija, no va por usted. Como mero centurión que es de Rioja recibe órdenes de la jerarquía y las aplica, y sufre sus consecuencias con repertorio de tortazos y castañas políticas ante la humillante resistencia socialista. Quien manda en las legiones populares es el general Julio César, o Mariano Rajoy en este cómic, cuyos recortes económicos y sociales y su incumplido programa electoral, ése que le llevó a La Moncloa, son los que padece no sólo la sevillana, sino el conjunto de la aldea española. Él, que a sí mismo se presentó como la salvación de la patria, cosecha cinco millones de parados, y su partido anda envuelto en presuntos casos de corrupción que, en época de crisis y sangría laboral, la ciudadanía, hastiada de repeinados, no está dispuesta a tolerar.
Porque el enriquecimiento ilícito, sea grande, sea pequeño, sea vía cuentas en Suiza, sea vía fondos de los ERE, es un elemento adicional a la desafección de los ciudadanos hacia unos políticos, sean de un bando, sean de otro, que no resuelven sus problemas y se enzarzan en discusiones estériles y grandilocuentes titulares de prensa para perpetuarse, apoltronados y con sueldo fijo, en sus partidos y cargos públicos. Y este creciente número de electores que responden en las encuestas que ni saben a quién votarían o, en todo caso, que lo harían en blanco, es cuanto menos preocupante, por ser caldo de cultivo para posiciones extremistas. Al tiempo…
No sorprenden, por tanto, los resultados del Capdea para la provincia, donde la izquierda se mantiene pero no por los socialistas, que bajan, sino por el crecimiento de IU y de UpyD, mientras que la derecha literalmente se desploma, arrastrando todo el crédito adicional que el PP se había labrado en los últimos comicios generales, cuando sí logró una vendimia histórica. “La principal asignatura pendiente del PP es ganar en 2015 en la provincia, y en ésa estamos. Son momentos difíciles. Mucha gente no entiende las medidas que está tomando el PP. Lo comprendo, pero también creo que la gente entenderá antes que tarde que merece la pena tomarlas pues su situación mejorará. Y éste será nuestro pasaporte para ganar las elecciones en 2015”. Juan Bueno dixit, octubre de 2012.
Están locos estos romanos si, con la que está cayendo, creen conquistar la irreductible y dichosa Sevilla. Y dirán los galos, dando la vuelta al significado del adjetivo, pues sí, cuán dichosa es…
P.D.
La parva. Hay caídas de empresas que duelen, y mucho. Por su trayectoria y la de su fundador, Francisco León, uno no puede sino desearle la mejor de las suertes a la sevillana Merkamueble, que consiga levantar la suspensión de pagos (concurso de acreedores) y mantenga la actividad y la mayoría de su plantilla. No será por falta de empeño y voluntad del empresario, que, aunque suene muy manido, se ha labrado a sí mismo. Quizás le haya fallado no haber puesto más énfasis en el extranjero habida cuenta de que el mercado en España está muerto y, con la crisis económica, la gente no compra muebles sino “mueblitos”, como él un buen día los calificara…
La simiente. Uno no sabe si esto es simiente o paja. El español Amancio Ortega, fundador y principal accionista del grupo textil Inditex, es ya el tercer hombre más rico del mundo, ¡del mundo!, tras escalar vertiginosamente durante los años de la crisis económica. Olé por él y por sus 57.000 millones de dólares. ¿Se acuerdan ustedes del único sevillano que entró en la lista de Forbes? Era Luis Portillo, cuya virtual fortuna se esfumó al compás del derrumbe del ladrillo. Ortega al menos tiene un negocio sólido. Bien por él y bien por la imagen de España que, en medio de la crisis, labra grandes ricos.
La paja. El secretario de Organización del PSOE de Huelva, un tal Jesús García Ferrera, ha mandado a la ministra de Empleo, Fátima Báñez, a hacer punto de cruz y dejar el Gobierno. Yo, en cambio, le sugiero al susodicho socialista que aprenda él mismo a hacer punto de cruz, a bordar y a hacer croché, y así vaya aprendiendo eso de la igualdad entre hombres y mujeres que pregona su propio partido que, por otra parte, salta a la mínima cuando ve atacadas a sus mujeres al grito de ¡machismo de machistas! Lo dicho, señor García Ferrera, que le vaya bien la costura.
Sacrilegio consideran algunos que la biblia urbanística de la villa de Sevilla, su Plan General de Ordenación Urbana, sea sometida a puntuales modificaciones. Como si de Carta Magna se tratara, si queréis cualquier cambio, procédase a equis disoluciones de las Cortes con referéndum incluido. No exagero, será que tantísimo trámite a mí me mata. Es más, pienso que semejante tocho, delicado, mimado, intocable, es la mayor obra burocrática de todos los tiempos, concebida en esencia para justificar el funcionariado a tenor de la cantidad de informes, contrainformes, administraciones y exposiciones públicas de ida y vuelta necesarios para borrar y meter el lápiz.
Critíquenme cuanto quieran los padres de esta Constitución y todos aquellos políticos, arquitectos, ingenieros, ecologistas, asociaciones variopintas e incluso periodistas que rezan todos los días según san PGOU, pero yo respaldo a quienes, con pecados veniales, nunca mortales, procuran que el códice, el incunable, se adapte a los tiempos, y no permanezca en un mírame y no me toques hasta que, con el pasar de la vida, y en vez de ser ahora un poco sacrílegos con este texto adorado en pedestal, nos veamos obligados a profanar la tumba del muerto de una capital muerta.
Se cargó de razones el delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, al argumentar el pasado viernes, durante la celebración del Pleno municipal, sus reformas parciales del libro de la ciudad. A su justificación más contundente le pongo yo un titular: PGOU, que no INRI. Porque si nos ceñimos a los felices años en los que fue concebido y parido semejante evangelio, ya saben, los previos a la crisis económica, seguiremos creyendo en que todo y pronto, sí, volverá a ser como antes, acto de fe, o más bien de ingenuidad, donde los haya. Las glorias anunciadas en esas sagradas escrituras, señores creyentes, no se han cumplido, así que o puntualizamos la religión o seguimos aguardando las buenas nuevas de la prosperidad bajo forma de paloma.
No estoy avalando, ni mucho menos, el advenimiento de un Lutero urbanístico que cometa la hereje y salvaje picota propia de época franquista –aquí, en Sevilla, también dejó su endemoniada marca, no sólo en la costa–, ni tampoco orando un bendito seas, santo Maximiliano, quien, por cierto, en pocos días quiere sacudirse un letargo que año y medio le ha durado. Sí clamo al cielo para que impere la cordura política, y no que cualquier iniciativa que busque mejorar Sevilla social y económicamente termine convirtiéndose en un berrinche por los siglos de los siglos, amén. Así no se hace ciudad.
No veo claro el porqué un aparcamiento subterráneo en el bulevar de la Alameda. Ni imaginarme quiero otra vez Calatrava colapsada, otro caos circulatorio en los accesos al casco histórico, otra vuelta al pasado, a una ciudad de los coches, del humo, de la contaminación. Sólo encuentro dos explicaciones al férreo empecinamiento del Consistorio. La primera, prometer al futuro comprador de la antigua comisaría de la Gavidia un parking con holgada capacidad para asumir el tráfico adicional generado por el nuevo centro comercial. Y la segunda, plegarse ante presiones de las constructoras que, tras el fiasco inmobiliario y sin obra pública por delante, atisban la siguiente burbuja en los estacionamientos de pago, milagro, milagro.
En cambio, no veo el porqué no vender y convertir en centro comercial el edificio de la Gavidia, que ya da asquito. Consejería de Cultura, por cierto, no hay mayor impacto visual que el actual, eh, y si lo ve aquí y no en las Setas, es que andará usted ciegamente interesada, ¿o busca en ese edificio en ruinas el atractivo de una Sevilla decadente, cual barrio lisboeta de la Alfama? Qué quieren que les diga, mientras más competencia, mejor, mientras más actividad económica, mejor, y mientras más empleo, mejor. Lo ideal, eso sí, sería un complejo cultural, pero a ver quién es el mecenas…
El prodigio, la cuadratura del círculo, quizás esté en un centro comercial en Gavidia que no requiera parking subterráneo –señor Vílchez, sus propios informes hablan de un residual aumento del tráfico, salvo que los cálculos los tenga cocinados para comer al gusto– porque haya una amplia red de frecuentes autobuses eléctricos, no contaminantes, que, desde otros aparcamientos habilitados en derredor del Centro, lleven a los clientes hasta el casco antiguo. En fin, lancemos un roguemos al señor, te rogamos, óyenos.
Desde la oposición de izquierdas exorcizan, vade retro, Satanás, esta política urbanística a la carta, y sacan el rosario del “modelo” de ciudad. Pues sobre ésta, leo este epitafio: Aquí yace Sevilla tras recibir el sagrado sacramento del PGOU. Descanse en paz.
P. D.
La parva. El interventor municipal ha sido muy clarito en su último informe trimestral sobre el cumplimiento del plan de ajuste concebido por el Ayuntamiento para poder recibir del ICO los casi 60 millones con los que pagar deudas contraídas con los proveedores. Se oirá de nuevo a Zoido apelar a la mala herencia del bipartido de PSOE e IU. Y es verdad, démosle la razón. Pero las demoras adicionales en el pago, de las que El Correo ha dado cuenta, es responsabilidad exclusiva del actual equipo de gobierno, y los proveedores son quienes cargan las consecuencias de unas previsiones de ingresos municipales que no se están cumpliendo.
La simiente. La Consejería de Fomento y Vivienda, a través de la empresa pública EPSA, se acaba de apuntar un tanto frente al Consistorio en la reordenación del tráfico en el parque tecnológico Cartuja 93. Desde el Ayuntamiento, con el actual equipo de gobierno y también con el anterior, se ha prometido mucho a los empresarios, pero nada se ha hecho aún: ni la reorganización de las avenidas principales, ni la implantación de la zona azul, ni el urgente acondicionamiento del Charco de la Pava a lo largo de Carlos III. EPSA ha ofrecido varias bolsas de suelo –algunas de ellas reservadas para la ampliación de Cartuja, aunque con la crisis a saber cuándo– que suman 2.650 plazas de estacionamiento, si bien es cierto que buena parte ya se utilizaba como tales. Se acondicionarán, siendo una gran ventaja para la movilidad. A ver si acaban con la doble fila.
La paja. En tres largos años de La siega, es la primera vez que recurro a la expresión vergüenza ajena. Y va por usted, señor José Antonio Monago, presidente de Extremadura. ¿A qué viene esa arremetida contra la Caja Rural del Sur diciendo no me conquistes, Andalucía, que para conquistadores, los extremeños? Muchos conquistadores tendrá su tierra, que es también la mía, pero la región está a la cola de todo. ¿Dónde están sus cajas de ahorros? Si no hubiera sido por los procesos de fusión, estarían en la ruina. Su salida de tono para denunciar la integración de balances (SIP o fusión fría) de la Rural de Extremadura –recordemos, es una cooperativa de crédito y, por tanto, propiedad privada, nada que ver con las cajas de ahorros– y la del Sur revela un intento de meter la cuchara en las finanzas, y ya bastante sofocones nos dieron los políticos metidos a cajeros.


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