17
Abr/2014

Luis Olivencia ‘in memoriam’

La última vez que hablé con él fue en febrero pasado a cuenta de una duda sobre una compañía sevillana en proceso de liquidación sobre la que mucho habíamos hablado –y también cotilleado–. Cogió el teléfono, nunca hizo lo contrario, y me obsequió con una de sus clases magistrales. «Perdona, Luis, no quiero molestarte», me excusé. «Nunca lo hiciste y nunca lo harás. Siempre estaré aquí. Llámame para lo que necesites». Acto seguido, como en tantas otras ocasiones anteriores, me recordaba que uno de sus primeros trabajos fue para El Correo de Andalucía, y con eso bastaba para sentir una humilde y sempiterna deuda con este periódico.

Tanta que hoy revelo que, allá por noviembre de 2013, cuando un individuo malandrín trató de hacerse con este centenario rotativo a través de artimañas societarias ajenas a cualquier empresario –e incluso persona– de bien, Luis Olivencia Brugger atendió la desesperada llamada de este periodista para, en nombre de toda la Redacción, pedirle ayuda y consejo. «Ya sabes, Juan, que estoy limitado. Pero si me necesitáis, allí voy». «No, de veras, no hace falta», repliqué. Sólo unos minutos después, sonaba el teléfono: «Juan, estoy más tranquilo. Pepote (el abogado y expresidente de la Junta de Andalucía José Rodríguez de la Borbolla) va para allá».

Días más tarde, los trabajadores en Plaza Nueva, manifestándose, denunciando su crítica situación y buscando una salida empresarial para este diario. «Desde aquí os puedo ver, pero no puedo bajar para estar con vosotros», y de nuevo sacaba a relucir su vinculación con El Correo de Andalucía. En la sombra de su enfermedad, reconfortando él, no siendo él reconfortado. Es el remordimiento que aflora mientras estas líneas escribo, o quizás la sana envidia hacia su gran persona.

Porque, al margen de su valía profesional, que era muchísima, Luis era –y es y será por siempre– todo un caballero. Quienes trabajamos en el periodismo económico de Sevilla abusamos, sí, de él. Porque opinaba, y bien, de las cajas de ahorros. Porque argumentaba, y bien, sobre las cuestiones mercantiles. Porque explicaba, y bien, los entresijos de los concursos de acreedores. Porque se quejaba, y bien, de la lentitud de la Justicia –«los juzgados son cementerios de empresas». Y, además de todo eso, transmitía una humildad y una sencillez que ya quisieran para sí muchísimos de quienes conforman la sociedad de la abogacía y, si me apuran, ésa que llaman la sociedad sevillana. Retaguardia, pese a ser quien era…

Le bastaba Tarifa para ser feliz y Tarifa y sus atunes estaban presentes en su despacho del bufete Cuatrecasas, Olivencia-Ballester en el histórico edificio de La Unión y el Fénix de Plaza Nueva. Véase aquí una enorme fotografía en blanco y negro. He de admitir que, mientras contaba su relación adolescente y amorosa con esa ciudad de los vientos, mis ojos se iban hacia carpetas y archivadores donde rezaban nombres entonces protagonistas en plena ebullición de las fusiones de cajas de ahorros y de empresas andaluzas y españolas. Cuánto titular allí escondido…

Le gustaba, sí, este mundillo periodístico, y ahí queda su rúbrica en El Mundo –sentido obituario el parido de la pluma de Sebastián Torres– y Expansión. Es más, tenía un pellizco de periodista nato. El respeto y el reconocimiento hacia la labor del periodista y de la prensa –cuántos fueran como vos, querido Luis– era escrupuloso. Sus incursiones –«escaramuzas»– las tuvo en las redes sociales: un blog de sus escritos y un twitter ahora vacíos. Luis Montoto, de ABC de Sevilla, le dedicaba su artículo del pasado domingo –léanlo, dice mucho sobre la personalidad, el magnetismo y la discreción que caracterizaban al letrado–. «Muy apenada por el fallecimiento de Luis Olivencia, siempre tan servicial y con un trato afable y paciente desgranando el Derecho Mercantil», escribía en twitter mi compañera Isabel Campanario, un pesar compartido por quienes en la Prensa tuvieron –tuvimos– la inmensa suerte de conocerlo, tratarlo, admirarlo y quererlo.
Allí donde estés, querido Luis, seguro que sigues siendo el mismo. Descansa en paz.

P. D.

La parva. El proyecto para el dragado de profundización del río Guadalquivir en varios de sus tramos desde Sevilla capital hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda ha recibido un auténtico varapalo por parte del Consejo de Doñana y de la Junta de Andalucía, a través de su Consejería de Medio Ambiente. La alternativa de protección de las márgenes del río propuesta por la Autoridad Portuaria no convence, de ahí el no rotundo, y vuelta a los chiqueros. Yo, a estas alturas de la larguísima película, me pregunto si, en lugar de este ir y venir, no sería mejor y urgente que unos y otros se sentaran –la educación no me permite gritar ¡de una puñetera vez!– en una misma mesa y consensuaran medidas preventivas y correctoras que posibiliten afrontar las obras del dragado. Y si realmente no existen, pues hombre, dejen ya de marear y generar falsas expectativas.

La simiente. Después de varios años de declive en la formación de directivos de empresas –ya se sabe que la formación es precisamente una de las grandes damnificadas en tiempos de crisis económica–, el alumnado vuelve a clase. Sí, lo confirman en la escuela de negocios andaluza Instituto Internacional San Telmo, que aprecia ya un repunte en sus principales programas (el PIDE y el AD-1). Una institución académica que, por cierto, acaba de recibir un auténtico espaldarazo internacional tras la decisión de Carrefour de que sus directivos de cualquier parte del mundo se formen en San Telmo –en las sedes de Sevilla o Málaga–. De hecho, una de sus especialidades formativas es la agroindustria y el conjunto de la cadena alimentaria.

La paja. ras las investigaciones afloradas sobre el presunto fraude masivo en las ayudas a los cursos de formación para parados y trabajadores en Andalucía, y como si no tuviéramos ya suficiente con el caso de los ERE y el escándalo de los fondos mal empleados por UGT, se exigen dos cosas inmediatas. Primera: no generalizar, puesto que a raíz de las informaciones, parece que la totalidad de las subvenciones y, por tanto, el conjunto del sistema están bajo sospecha, y no es así: la minoría no puede tomarse por la mayoría de empresas de formación serias y de desempleados que necesitan realmente formación y/o reciclaje para poder trabajar. Y segunda: que el gran enfado público de la Junta de Andalucía no le exime para que saque los papeles caiga quien caiga.

18
Feb/2014

Gambrinus por el mundo

Cruzcampo necesitaba un golpe de efecto, una reacción rápida ante el descenso general del consumo de cerveza y del suyo en particular en un mercado, el andaluz, en el que Mahou-San Miguel comenzaba a echar el resto para arrebatar cuota en la hostelería. El Correo de Andalucía lo advertía en agosto pasado: el grupo Heineken España, propietario de la histórica marca sevillana, no sólo se distanciaba de ese líder de las rubias, sino que la tercera compañía, la catalana Damm, se acercaba cada vez más y amenazaba con quitarle en pocos años el segundo puesto de este ranking. No pocos interpretaron la noticia, escrita también por éste que La siega firma, como un injusto ataque al sevillanísimo Gambrinus y una claudicación ante los botellines foráneos. Ni una cosa ni la otra. Era simplemente constatar, con cifras certeras de la propia industria, que algo estaba fallando en la estrategia comercial desarrollada por Cruzcampo –y el tiempo, sin falsa modestia, parece haberle dado a uno la razón–.

Si algo ha demostrado esta crisis económica es que no hay tanta fidelidad a las marcas cuando el bolsillo aprieta. De hecho, aquí está la clave del continuo crecimiento en España –más intenso que en el resto de Europa– de las marcas blancas, que son propiedad de las cadenas de distribución: tú me fabricas, yo le pongo la etiqueta con el nombre de mi supermercado. Si dentro del hogar el gasto trata de reducirse, ¿cómo iba a quedar intacto el presupuesto familiar para salir de bares?

Con su tradicional e indiscutible hegemonía –¿soberbia?– en Sevilla y en la Andalucía occidental, a Cruzcampo se le olvidó la sensibilidad de adaptarse a los clientes, y especialmente en una provincia y en una comunidad autónoma que, oh descubrimiento, sufre un insoportable nivel de paro. Aquí radica una parte de la culpa. La otra habría que buscarla en aquellos dueños de bares y cervecerías que, sin dejar de mirarse el ombligo con el tengo la mejor cerveza del mundo, se resistieron a abaratarla para así amarrar los márgenes de beneficio pese a la estampida de los consumidores, sobre todo los más jóvenes, ¿adónde? Hacia los nuevos modelos de restauración low cost, como 100 Montaditos y La Sureña, enseñas ambas de la cadena Restalia.

El grupo Mahou-San Miguel sí entendió muy bien tales necesidades y una gran oportunidad de robar mercado en unas enseñas que daban volumen. Mucho volumen. El cubo de cinco botellines Mahou por tres euros, el gancho de La Sureña, rompería el mercado. Al cambio: dos cañas de Cruzcampo. Y díganme: ¿Quién ha resistido la tentación? Eso sí, también es cierto que era la novedad, y el modelo está llamado a reinventarse con el pasar del tiempo –no en vano, ya se ha iniciado la mutación–. Al compás de más y más aperturas, con Restalia Mahou se hacía cada vez más y más grande…

¿Alguien se extraña ahora de por qué Heineken España perdía cuota de producción? La soleada y turística Andalucía es un mercado estratégico por la sencilla razón de que aquí hay sol y hay turismo. Hace calor, viene gente y bebe –y mucho–. No es una sorpresa, por tanto, que todas las grandes cerveceras nos quieran, y que todas envidien el grado de penetración –y servicio– que tiene Cruzcampo en la hostelería.

En la tardía reacción de Gambrinus se han alineado tres astros: primero y primordial, el interés de Heineken España por no seguir perdiendo cuota de mercado –menos ventas, menos ingresos, más costes de transporte, menos beneficios; he aquí las claves del volumen–; segundo, el interés de Restalia, que ya ha visto las orejas de un lobo que aúlla que la novedad se diluye; y tercero y último, el desinterés de la propia Mahou-San Miguel, que difiere en la estrategia de ampliación de las franquicias de 100 Montaditos y La Sureña, que aborda ubicaciones donde poco puede crecer más, y además es muy consciente de que la hostelería tradicional seguirá siendo coto vedado para ese tío gordo y de rojo.

Éste, asimismo, será un sevillano por el mundo, habida cuenta de que Restalia ha concebido una fuerte expansión al otro lado del Atlántico, al tiempo que abordará zonas norteñas de España ahora muy controladas por Mahou-San Miguel. Son cinco los años del acuerdo, cinco años por delante para acortar distancias con su más inmediato rival y acrecentarlas respecto a Damm. La guerra de la cerveza, por tanto, se librará no ya en el sur, sino en el norte. Y esto suena al donde las dan…

P. D.

La parva. «Desprenderse de La Almoraima es como vender el Guernica de Picasso». Lo ha dicho la consejera de Medio Ambiente, María Jesús Serrano, en una entrevista publicada ayer por este periódico, donde reitera el rechazo de la Junta a la prevista venta de esa grandísima finca gaditana propiedad del Estado. No está mal poner en valor el patrimonio natural y agrario que tenemos, y que éste sea considerado cultura de nuestra tierra. Pero quizás haya que recordar a la Administración autonómica que ella liquidó el IARA –y con él, la reforma agraria–, con el cartel de se vende para sus tierras. Si pocas se vendieron, culpa fue de la crisis. Si alegan que eran para adjudicarlas a sus colonos, no se debe olvidar que si éstos no lo hacían, aquéllas se podían colocar en el mercado. La Almoraima está en el corazón del Parque de los Alcornocales; el IARA, en el corazón de la misma autonomía.

La simiente. Cuando se gestó, hace algo más de ocho años, la Corporación Tecnológica de Andalucía fue acogida con cierto recelo. Era una apuesta de la Administración regional por la I+D+I en unos momentos en los que ésta estaba de moda y, además, había que sacudirse la imagen de una comunidad autónoma eminentemente agraria, agroindustrial y turística. Es más, existía entonces una errónea creencia: que el paso de una economía aún muy tradicional hacia otra más innovadora y tecnológica era cuestión de añitos. Algunas de las empresas fueron incluso arrastradas por la Junta para entrar en la iniciativa. Ocho años después, la CTA ha demostrado, sin interferencias externas, las virtudes de esta gran alianza donde confluyen grandes y pequeñas empresas. Y sus números la avalan.

La paja. Las seis grandes entidades sancionadas por una multa de cuantía histórica por la Comisión Europea tras manipular la evolución del Euríbor hipotecario –a saber, los bancos Deutsche Bank, Royal Bank of Scotland, Société Générale, JPMorgan y Citigroup y la firma bróker RPMartin– y las otras dos – Barclays y UBS– que reconocieron la alteración y colaboraron en las investigaciones deberían ser las primeras en aclarar cuál ha sido el impacto económico de sus tejemanejes en las familias. La Agencia de Defensa de la Competencia de Andalucía, junto con las asociaciones de consumidores y profesores universitarios, ha abierto una investigación al respecto. Desde aquí esperamos la necesaria contribución de los bancos nombrados. Sea al menos por decencia…

11
Feb/2014

Sevilla, qué gran bazar

La zona más norteña de Sevilla, allá donde se acaba el barrio de Pino Montano y también la propia Sevilla, no la conoce ni la madre que la concibió. Donde sólo había jaramagos se ha cultivado una próspera y en constante expansión área empresarial y comercial que, a mediados de la pasada década, quedó sembrada por las torres azules del parque Torneo, para después abonarse con edificios de oficinas y bloques de viviendas en derredor y ahora ampliarse con un nuevo polígono, el denominado Higuerón Sur, que recolecta sus primeras mieses y en breve, sí, revelará una gran cosecha. Es, de hecho, de los pocos enclaves de desarrollo que, en la capital, parecen cobrar vida. Uno va por allí y regresa diciendo aliviado, uf, parece que algo, sí, por fin algo, se mueve. Obreros, carteles, se lee aquí pronta inauguración, dos pasos más allá, otra, trasiego de desempleados para llevar en persona el currículum, por dónde queda Costco, por dónde Brico Depôt.

Hasta aquí, todo bien, ¿no? Pero siempre hay un pero, oh, fatídica palabra acostumbrada a matizar, precisar, condicionar e incluso a echar por tierra cualquier buena nueva: sólo se está poniendo el ojo en el comercio, y esto preocupa porque, sin restar a la economía, sólo estamos sumando comercios y comercios como bares y bares y cruceros y cruceros, sin que se corte la cinta roja del queda inaugurada esta industria, hisopo y agua bendita.

Preguntó el periodista: «¿Las nuevas compañías con las que se negocia para instalarse en el parque del Higuerón Sur serán sólo y como hasta ahora de la actividad comercial?». «Aquí caben todas», respondieron el alcalde, Juan Ignacio Zoido, y Javier Marín, director general de Bogaris Retail, promotora de la criatura. No dijeron más, aunque recordaron que este parque está preparado para albergar firmas de servicios tecnológicos avanzados. Seamos confiados y a ver si llegan de verdad…

Porque no será por la expectación y el despliegue que le dedicamos –yo el primero– a la implantación de cadenas comerciales. ¿En cuántas ubicaciones hemos colocado ya esa tienda aún nonata de Primark en la capital? Avenida de la Constitución, la Gavidia, el Centro así en general, Los Arcos, un polígono cualquiera de las afueras… ¡Pero qué campaña publicitaria más gorda le estamos haciendo sin que la empresa haya dicho sí, allá vamos! ¡Cómo nos gusta un trapito, oye!

La cosa no queda aquí. Se armó el belén cuando Decathlon, por aquello de las peleítas entre administración local y autonómica a cuenta de su apertura en el complejo del Olímpico, dijo: ahí os quedáis con vuestros papeles, que yo pongo pies en polvorosa. La marimorena, además, la vemos asentada desde hace años en el edificio de la antigua comisaría de la plaza de la Gavidia, que tiene novia, al parecer una gran superficie buscada por el Ayuntamiento a la que, incluso, le asigna la dote de un parking subterráneo en la Alameda –aún por construir–, y a ambos proyectos la Junta de Andalucía les dice que tururú. Y, ya como último ejemplo de advocación comercial, se hará lo posible y lo imposible para no dejar escapar la tienda de Ikea en Sevilla capital, así que hágase la SE-35 y cámbiese lo que proceda. Una acotación sobre esta infraestructura:_matiza el delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, que no será sólo para la multinacional del mueble, sino que propiciará una gran zona de desarrollo en el entorno del aeropuerto. OK. Pues esperemos que no sean sólo comercios…

Y no es por menospreciar. Al contrario. El sector se caracteriza por una grandísima capacidad para crear empleos y hacerlo rápido, pero sin olvidar tampoco los altibajos laborales que marcan las campañas –por ejemplo, la de Navidad– y, por tanto, la alta temporalidad. Y hay que tener también en cuenta que una parte –dentro del amplio abanico que va del mucho a la nada– de las compras de las ansiadas grandes cadenas se factura a la industria regional y local, así como el efecto arrastre que supone para otros negocios de servicios o transportes.

Quede constancia, eso sí, de que en esta tierra, además de comercio y turismo, hacen falta más industrias, más firmas tecnológicas y más investigación al servicio de las empresas, y tanto mimo y tanto empuje por parte de todas las administraciones públicas –la Zona Franca de Sevilla es un ejemplo, el impulso a la minería, otro– como lo tienen una gran superficie o una tienda de trapos. Que esto, oiga, ya parece un gran bazar, mientras que pronto se secan las lágrimas por las industrias que cierran, huyen o no vienen –responso y resquiescat in pacem–.

P. D.

La parva. Curioso resulta que el campo andaluz esté muchísimo más indignado con el ministro de Industria, José Manuel Soria, que con el de Agricultura, Miguel Arias Cañete, a pesar del reparto nacional de las ayudas comunitarias de la PAC que tantísimo ha disgustado a la Junta de Andalucía y las asociaciones agrarias UPA y COAG. Y la razón no es otra que la descomunal tarifa de la electricidad, que se sufre especialmente en las producciones de regadío –por las bombas de riego–. No en vano, la patronal Asaja prepara una gran movilización, tanto a nivel andaluz como nacional, para reivindicar otras condiciones en los contratos eléctricos de los agricultores, al tiempo que exige a Cañete que medie ante su colega de Industria, quien está haciendo caso omiso al sector. No son los únicos perjudicados del sistema eléctrico español, que no gusta absolutamente a nadie.

La simiente. La Consejería de Economía, a través de la Agencia de Defensa de la Competencia, ha decidido tomar cartas en el asunto de la manipulación del Euríbor que realizaron ocho grandes bancos europeos, condicionando la evolución del principal índice de las hipotecas y perjudicando, pues, a las familias en plena burbuja inmobiliaria. En su análisis del impacto –cuántos hogares perjudicados y por qué cuantía– se apoyará en las asociaciones de consumidores y profesores de la Universidad de Sevilla. Se trata de una cuestión, la hipotecaria, muy sensible para las economías domésticas. Precisamente por esto, se exigirá celeridad y prontas conclusiones para así determinar si las familias andaluzas pueden o no recurrir de forma individual o colectiva. Que no quede en un titular…

La paja. Volvemos a la Consejería de Economía y a su previsión de que la actividad regrese a la mina de Aznalcóllar en apenas un año. Sí, asegura el departamento de José Sánchez Maldonado. Imposible, responde una industria minera, la ubicada en Andalucía, que está acostumbrada a los dilatados procesos administrativos, especialmente en sus requisitos medioambientales. Cierto es que Economía tiene que hacer atractivo el concurso internacional convocado para explotar el yacimiento, y que atraiga a las grandes multinacionales mineras, habida cuenta de que es un negocio que exige una fortísima inversión inicial. Sin embargo, es también aconsejable que se den plazos razonables, puesto que se corre el gravísimo riesgo de perder credibilidad. Al tiempo.

 

04
Feb/2014

Las cuentas de la vieja

José Sánchez Maldonado es una buena persona. Un gran hombre, sí. Tanto, que hasta coge el teléfono móvil al periodista un sábado por la tarde tras haber acompañado a su hija ante el altar. José Sánchez Maldonado es un buen profesor y un buen catedrático de Hacienda Pública, con sincera preocupación por las cuestiones sociales, crítico con la excesiva austeridad y partidario de la justa distribución de los recursos de las administraciones. José Sánchez Maldonado es un buen andaluz y, desde su departamento de la Universidad de Málaga –y durante años desde las páginas de este periódico–, siempre ha defendido con argumentos y números los intereses y las necesidades de esta tierra. Pero José Sánchez Maldonado, Pepín, no sabe ser un buen consejero de Economía, Innovación y lo demás que al rótulo institucional sigue –curioso, Empleo va lo último–, si bien conserva todo lo bueno anteriormente dicho.

Porque cuando a uno lo nombran consejero –o cualquier otro cargo público, sobre todo si es de confianza– lo es, para su suerte o para su desgracia, desde que se levanta hasta que se acuesta. Públicamente, por tanto, no cabe hablar en primera persona, puesto que sus palabras serán siempre la voz oficial de aquella institución a la que representa, en este caso, la Junta de Andalucía. Y si uno se quiere pronunciar como un yo individual fuera de ataduras, hágase de puertas para adentro, sea en casa, sea en clase, sea tomando cañas con los amigos.

Señor consejero: ¿Cómo se atreve usted no sólo a hacer sino también a decir en una conferencia la cuenta de la vieja para calcular cuánto empleo creará Andalucía en 2014? La cosa fue como sigue: «Si en 2013 con 0,1 por ciento de crecimiento (del PIB autonómico) fuimos capaces de crear 17.000 empleos netos, para 2014, con esa décima trasladada a un punto de crecimiento (1 por ciento), se podrían crear 170.000 empleos netos haciendo la cuenta de la vieja». Ea, y el buen Pepín se queda tan ancho.

Pues no. Cuando –presumo que conscientemente– se están gestando expectativas de trabajo para casi 1,5 millones de parados, que son los que, según la última Encuesta de Población Activa, hay en esta comunidad, no se puede recurrir con tan insensible ligereza a tales expresiones populares, por muy comprensibles, campechanas e incluso dicharacheras que resulten para el común de los mortales poco duchos en la jerga económica. Si se tiene realizado el cálculo aunque sea aproximado –ya se sabe que las previsiones son eso, sólo previsiones, aunque a algo hay que agarrarse para planificar–, dígase. Si, en cambio, no se han echado los números o éstos no se recuerdan, es preferible callarse y no tratar de salir airoso de una pregunta.

Dada la dilatada trayectoria académica de José Sánchez Maldonado, en absoluto pongo en duda su capacidad para improvisar cuentas, estadísticas, datos, y que, procediendo así, despliegue su sapiencia y buena fe. Pero en su puesto, mi querido consejero, las formas son importantísimas. Quédense las reflexiones particulares para las sobremesas en torno a una camilla. Si un universitario respondiera en un examen con la cuenta de la vieja, la rigurosidad del cero la tiene garantizada.

Lo cierto y verdad es que la todavía escasa trayectoria pública de Pepín está repleta de perlas. Desde que asumiera el cargo diciendo que el de consejero era un buen colofón para su carrera hasta que desatara las críticas de los socios de IU al considerar beneficencia que recuerda a otros tiempos el mínimo vital de luz y agua que propuso la coalición de Diego Valderas, pasando por las metáforas llamémosles didácticas para explicar cómo evoluciona el desempleo y atisbar la recuperación de la economía.

Economista como es, más le valdría a José Sánchez Maldonado gestionar bien y no enredarse con la palabra, que bastante palabrería hay ya entre los políticos andaluces. Su departamento, Economía, Innovación, Ciencia y Empleo es eso, gestión, de números, de cuentas, de ayudas, de acompañamiento a las empresas, de impulso a la I+D+I, y no de meros eslóganes sin saber.
Queden erradicadas las cuentas de la vieja y las sumas con los dedos. Ante todo, seriedad con la Economía, porque más allá de esa cifra redonda de los 170.000 empleos hay nada más y nada menos que 170.000 andaluces de entre casi 1.500.000 almas paradas que hoy se preguntan: «¿Esta vez seré yo, maestro?».

P. D.

La parva. Porque el empresario sevillano Francisco León y la compañía que fundara, Merkamueble, se lo merecen, ojalá esa liquidación de algunas de sus tiendas sea el punto y final consiga remontar. Porque no será por los grandísimos esfuerzos que ha ido acometiendo, y ahí tenemos un complejo del mueble en el barrio sevillano de Torreblanca que, hoy por hoy, no es ni la mínima sombra de lo que era. Aquí no cabe hablar de la asfixia de los bancos. Las entidades financieras acreedoras sí dieron a Merkamueble una oportunidad, y también dos, pero han fallado las previsiones de ingresos por ventas –el sector de la construcción sigue en toda España sin levantar cabeza– y por la enajenación de activos inmobiliarios (parcelas) comprometida. Francisco León todavía confía en las posibilidades de la emblemática firma sevillana. Ojalá que así sea.

La simiente. Por lo visto tenemos una banca que no sólo comienza a salir del profundo agujero de los últimos años –el caso extremo es ese engendro llamado Bankia, que casi le cuesta la vida a todo el país–, sino que gana más y más, presume por ello y vaticina una inminente recuperación económica. Pues ya que estamos, a ver si los empresarios y especialmente los emprenderores nos sorprenden anunciando que ya –de una vez por todas–, los bancos abren el grifo del crédito y comienzan a devolver a los ciudadanos el esfuerzo realizado para rescatar las finanzas. De hecho, algo se mueve. La publicidad ya no es sólo de captación de depósitos –que te doy yo una sartén por tus ahorros–, sino de hipotecas y de préstamos al emprendimiento. Por ese algo se empieza…

La paja. Que la Comisión Nacional de Valores se avenga a eliminar pasada la medianoche un hecho relevante por ¿confusión? o ¿corrección? o ¿incorrección? de las sociedades que lo envían al regulador de los mercados genera incertidumbre si no existe explicación de los motivos de la anulación. Sucedió la semana pasada con la operación de integración de Ceiss y Unicaja. Primero detalla las condiciones de la misma para poco después anuciar que las entidades protagonistas comunican que no están de acuerdo con la información que ellas mismas han proporcionado. La rectificación tiene una sola explicación: Braulio Medel, presidente de la entidad malagueña, no estaba de acuerdo con la información facilitada por Ceiss. Sin estar clara, ¿para qué se apresuraron?

28
Ene/2014

Líbranos del mal ladrillo

Pues sí. Aquí tenemos ya el nuevo modelo de crecimiento económico que, allá por el mes de mayo de 2009, nos prometiera el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en su improvisado anuncio durante un mitin en Dos Hermanas. Tratábase la cosa de alejarnos del muy denostado ladrillo para adentrarnos de lleno, así, a golpe de decreto, en los mundos de la innovación y del manido término político de la sostenibilidad. Y tal cosa, qué suerte, arrancaría en Andalucía, sí, dijo Andalucía, ante la perplejidad de José Antonio Griñán, que, al mando de la comunidad, se preguntaba y esta cosa de qué va. Invéntense lo que proceda, pero hágase la palabra de un mandatario español que parecía ajeno por completo a la realidad de su país y, más concretamente, de la autonomía.

Y la realidad es muy tozuda. Casi cinco años después, quien gobierna esta comunidad, la también socialista Susana Díaz, nos engatusa con un plan para –aseveró– reactivar la construcción, y aquí cabría preguntarse si la cosa vuelve a su estado original tras constatarse que aquel idílico modelo –¿dónde hay que firmarlo?– no es capaz de generar el empleo con la rapidez que necesita una Andalucía ahogada por el paro. Si realmente alguien percibía una pronta Silicon Valley que abarcara todo Despeñaperros para abajo, semejante individuo no sería iluso, sino lo siguiente: un mero político.

Que se identificara construcción con vivienda fue un error gravísimo, puesto que, al final, han pagado justos por pecadores. Porque el ladrillo no sólo se constriñe a las especulativas promociones inmobiliarias, edificadas sobre la liberalización de los suelos y en numerosísimos casos, recuerden ustedes, sobre una espesa y escandalosa mancha de corrupción urbanística y política. El ladrillo, sí, es mucho más. Es la SE-40 y la torre Pelli, es un colegio y un hospital, es una cocina y un cuarto de baño reformados, es un arquitecto y un albañil, es un electricista y un fontanero, es una carpintería y una tienda de tela para las cortinas. Fíjense en cuántas actividades y cuántas profesiones han sido arrastradas por las quiebras (suspensiones de pagos o concursos de acreedores) de constructoras e inmobiliarias. Nunca entenderé, pues, ese desprecio contra el andamio y sus obreros destilado en los últimos días para atacar la iniciativa lanzada por Susana Díaz, sin negar, eso sí, las contradicciones de una Junta de Andalucía donde ayer fue negro lo que hoy es blanco.

Pero cuidado con el despertar de esa adormilada avaricia. Los últimos movimientos en la Bolsa española, con una fortísima revalorización de las inmobiliarias –que no constructoras– al calor del creciente interés de relevantes empresarios, en especial del dueño del imperio textil Inditex, el riquísimo Amancio Ortega, pronostican –y, sí, aquí todas las cautelas son pocas– una inminente recuperación del ladrillo. Y lo que parecería en principio bueno, da hasta miedo. Tropezar otra vez en la misma piedra, primero la burbuja para después el estallido, sería, de veras, para crucificarnos.

El manido argumento de la rápida creación de empleo, el que precisamente se esgrime para el rescate público de la construcción anunciado por Susana Díaz para el solar andaluz, ni debe ni puede ser excusa para abrir la mano en exceso. Pues usted sabe muy requetebién, mi querida presidenta, que abundan los empresarios que, escudándose en los pactos de la concertación (o paz) social y de la manita de la patronal CEA, llevan años haciendo cola y preguntando y de lo mío qué. No se deje caer en la tentación y líbrese del mal, amén.

¿Tentación? Pues claro: tratar de reducir a marchas forzadas –y como sea– el paro andaluz con vistas a las próximas elecciones, habida cuenta de que la recuperación económica será tremendamente lenta, y para que se note siquiera un algo –¡oh, triunfo!– que baja la lista del desempleo se tendría que recurrir sólo a qué: a lo de siempre, el ladrillo. Y he aquí el error, el mal.
¿Rescatarlo? ¿Resucitarlo? Sí. Pero como mero complemento y nunca como pilar esencial de la política económica. Lo fundamental, aunque no geste empleo instantáneo, es incentivar el resto de sectores: aquéllos en los que somos ahora fuertes –campo, agroindustria, turismo– y otros –industriales, tecnológicos, energéticos– que para Andalucía son futuro y no pasado.

P. D.

La parva. El nuevo presidente de la patronal andaluza CEA, Javier González de Lara, prometió rigor y transparencia en su discurso tras ser elegido por amplísima mayoría en una asamblea de la patronal donde la noticia hubiera estado incluso en una mayoría corta, habida cuenta de que no sólo era el candidato único, sino el candidato. Pues el patrón mal comenzó. Allí no se repartió ni un solo papel a la prensa respecto a la evolución, aunque fuera un avance provisional, de las cuentas de la patronal durante 2013, si hubo más o menos pérdidas que en 2012, si se dieron de baja más o menos empresas. Ni tan siquiera la memoria anual, ya saben, esa nutrida de fotos del presidente y su cúpula, aquí hemos estado y nos hemos retratado. No es precisamente holgada la economía de la CEA ni intacta su reputación como para que no ya haya datos.

La simiente. Permítanme que les dedique esta fructífera simiente a los compañeros de El Correo de Andalucía, cuya lucha por sacar adelante este medio de comunicación ha sido reconocida con un premio de la Asociación de la Prensa de Sevilla (APS), recogido ayer por quienes la han protagonizado, sus propios trabajadores. Lo cierto y verdad es que la historia vivida en los tres últimos meses por El Correo –decano de la prensa sevillana y hoy integrado en el grupo andaluz Morera & Vallejo– es digna de ser estudiada en las escuelas de negocio –queridos profesores y amigos del Instituto Internacional San Telmo, ahí queda el envite–, puesto que reúne múltiples facetas empresariales y laborales. Todo un caso para su análisis. Felicidades, compañeros.

La paja. Ni bares, ni cafeterías ni restaurantes de Sevilla se están dando precisamente prisas para cumplir con la obligación de retirar las tradicionales aceiteras rellenables y sustituirlas por otras que no puedan ser manipuladas y, por tanto, sin la posibilidad de mezclar el aceite de oliva del bueno con el no tan bueno. Desayunar fuera permite comprobar cómo permanecen los antiguos envases, prohibidos desde el 1 de enero pasado por mandato del Ministerio de Agricultura, a excepción de aquéllos que contengan aceites adquiridos con anterioridad a esa fecha. Estos últimos gozan de una moratoria hasta el próximo Día de Andalucía (28 de febrero). A partir de entonces, sólo envases cerrados y etiquetados. Pero bien estaría que se comenzara a vigilar.

21
Ene/2014

Marca blanca. Una relación de amor y odio

Con el corazón no se come, no, aunque sí quita las ganas de comer. Si vemos con sus ojos, el anunciado cerrojazo de la fábrica de Puleva en Alcalá de Guadaíra quizás duela más que los ya acometidos en la provincia sevillana por otras grandes empresas alimentarias como Saimaza, Danone, Panrico, Cargill o Central Lechera Asturiana por la sentimental razón de que aquella láctea era, hasta hace poquitos años, muy andaluza, muy nuestra, orgullo regionalista. Esta firma se identificaba plenamente con Granada hasta que el sevillano Antonio Hernández Callejas, presidente del grupo español Ebro Foods –y directivo que olfatea como ningún otro los peligros que acechan al sector del estómago–, la vendiera a la multinacional francesa Lactalis. Pero al margen de la descrita sensiblería –al fin y al cabo el negocio y el poderoso don dinero no entienden de fronteras ni de patrias chicas–, quede aquí constancia de que la industria alimentaria que presume de su propia marca tiene un serio problema: sacrificarse precisamente por y para la marca sin atender a la realidad de un país que enfila su séptimo año de crisis económica y de sangría laboral.

Me explico. Socorrido resulta ya el argumento de que una empresa alimentaria cierra por culpa del imparable crecimiento de la marca blanca (productos bajo etiqueta de la cadena de distribución), haciendo cargar sobre ésta la culpa de su propia incapacidad para adecuarse al mercado abaratando los precios conforme al recorte en el nivel de vida de los ciudadanos. Sin olvidar también que son legión los empresarios llamémosles marquistas que mantienen con los supermercados e hipermercados una relación de amor y odio: al tiempo que les escupen –la queja común: uy, cómo aprietan–, también les fabrican y envasan marcas del distribuidor, picando de aquí y picando de allá sin perder puntada, sin dejar escapar el filón del negocio. Eso sí, chitón, a ser posible que nadie se entere de que mi producto con renombre a precio equis y con publicidad de marca puede encontrarse en el mismo lineal con ligeros retoques, bajo otro apellido y a un precio de equis menos uno. Dice el súper: tenga usted, señor cliente, este abanico de posibilidades, y ese plus que se presupone a la marca, que lo pague quien quiera –y pueda–.

Que no se entiendan mis palabras como un ataque a la industria alimentaria, sí como dos lógicos toques de atención para que aflore la autocrítica. El primero: no se puede estar en misa y repicando, ni tampoco morder tan alegremente la mano que es una parte o el todo de tu sustento. Y el segundo: algo se estará haciendo mal para que las etiquetas de las cadenas de distribución acaparen ya en España el 41,5 por ciento de las ventas de alimentación –el dato es de 2012–, y subiendo.

¿Porcentaje escandaloso? La consultora SymphonyIRI Group, especializada en análisis de mercados de gran consumo, ha realizado un informe sobre el grado de penetración de la marca blanca en distintos países. Y concluye que el nuestro está por encima del promedio europeo (el 35,6 por ciento) y de EE. UU. (12 por ciento). Los extremos para los vecinos: en la parte más alta, el Reino Unido (50,5 por ciento), y en la más baja, Italia (16,8 por ciento). Sí, Italia, ese país que aún miles de vueltas nos da al venderse a sí mismo y vender su alimentación, aunque sea un aceite de oliva de Andalucía made in Italy

Y un dato más del estudio. La marca del distribuidor aumentó en el año 2012 ¡casi el triple! que la media europea (1,3 por ciento frente al 0,5). Cuando la urgencia aprieta, o te pones la pilas o terminan arrinconándote. Estamos, recuerden, ante una necesidad básica, comer, no ante la elección secundaria entre un Porsche y un Ferrari.

Cierto es que la clausura de industrias alimentarias se ha acentuado con esta ya larga crisis económica, aunque no lo es menos que la reestructuración de grandes compañías ya arrancó incluso antes, y ahí va este rosario de nombres: Unilever, Pastas Gallo, Campofrío, Nutrexpa, Orbit, Bimbo, Conservas Burela, Panrico, Parmalat, Henkel… Y como en cualquier otro negocio, concentrar fábricas para reducir los costes es la tendencia, y contra esa lógica de los costes es complicado luchar, con o sin pasadas subvenciones públicas.

Por supuesto, todo lo aquí escrito no es un pasaporte de libertad para que las cadenas de hipermercados y supermercados aprieten hasta ahogar a sus proveedores. Pero allí donde una multinacional pega el cerrojazo se abren posibilidades para las empresas más cercanas y vías de escape para los trabajadores que no puedan ser recolocados o prejubilados.

Y para terminar, una advertencia a esos políticos acostumbrados al populismo del boicot: recuerden que Puleva sigue aquí al lado, en Granada. Que esta empresa no es Danone…

P. D.

La parva. La posición de la Consejería de Agricultura a la hora de enfrentar la negociación del reparto nacional de las ayudas de la PAC ha sido tremendista y la del Ministerio del ramo, oscurantista. De un lado y de otro tratan de obtener el beneplácito de las organizaciones agrarias a sus posiciones, pero que quede clara una cosa: desde la Junta se han elaborado unas cuentas con pérdidas de cientos de millones de euros que surgen de la peor hipótesis y reclamando el todo por el todo, aún a sabiendas de que el dinero es el que hay y que cualquier ayuda para un sector se deberá detraer de otro. No todos pueden ganar…

La simiente. Javier González de Lara llamó personalmente a Ricardo Serra, presidente de Asaja Andalucía, para sondear si en la asamblea de la CEA de este jueves que elegirá al malagueño –único candidato y heredero universal– como nuevo mandatario de los empresarios andaluces la patronal agraria le brindaría su apoyo o no. Las relaciones quedaron prácticamente muertas con Santiago Herrero, y González de Lara trata de restablecerlas. Pero Serra le respondió que, de momento, no. Primero escuchará su discurso y después verá los hechos antes de bendecirlo. Un discurso coherente. Eso sí, asistirá a esa asamblea, de la que se ausenta desde hace años. Por algo se empieza…

La paja. Esperaba las críticas de IU al encuentro de Susana Díaz con el presidente del Banco Santander, Emilio Botín –no tanto los bandazos, unos maldiciendo, otros medio bendiciendo después–. Ya se sabe, el socorrido discurso de los bancos y el capital. Pero, sinceramente, no esperaba que desde las filas del PP de Andalucía se alzaran voces contra esa reunión, restando importancia a las buenas nuevas que la entidad financiera traía para la comunidad. No percibo, al menos en este caso, un doble discurso del Ejecutivo regional. Es compatible que legisle contra los desahucios al ser un clamor social y se ponga a la banca alfombra roja para que invierta. Lo del PP es la cizaña por la cizaña.

14
Ene/2014

Como decíamos ayer…

Nos adentrábamos ya en el otoño de 2007, justo con los últimos coletazos del boom económico y cuando nadie ni nada hacían presagiar que caeríamos en una larguísima crisis que a duras penas aún hoy tratamos de sacudirnos. De la mano de su entonces director, Antonio Hernández Rodicio, El Correo de Andalucía decidía entonces gestar una sección de Economía propia para conferir a ésta su merecida relevancia, apostando por temas locales y andaluces y, además, por todos aquellos que más directamente afectaran a los ciudadanos y, en definitiva, a sus bolsillos. El que suscribe este artículo se hizo cargo de la encomienda junto con Isabel Campanario y Clara Campos. Nacía así el reducto de los económicos, una gente rara cuyo principal empeño estribaba en hacer comprensible la Economía, esa cosa residual que apenas se tenía en cuenta, a sus lectores. Nuestras puertas quedaron abiertas a la agricultura, a la industria, a la construcción, a los servicios, a la tecnología, a los trabajadores y a los empresarios. Gran atención prestamos a explicar las reformas laborales, tributarias y financieras y, además, especial mimo les dedicamos a los empresarios –mucho más a los de verdad y a los emprendedores que aquellos cuasi adictos a la prensa, quede también dicho–.

Y vino aquella y hoy todavía esta maldita crisis. Primero negada –recuerden a Pedro Solbes–, después convertida en incertidumbre –con variopintos eufemismos, cada cual más retorcido, que buscaban restarle importancia–, más tarde en miedo –esa prima de riesgo, qué será de nosotros si nos intervienen– y finalmente en suma negrura, en pesimismo, un gigantesco desempleo y una absoluta ausencia de confianza que retroalimentaba –y aún retroalimenta– a la propia crisis económica. En la sección las cuestiones se desmenuzaban para, ante todo, explicarlas. Y la economía, esa gran temida y desconocida, era –para mal, siempre para mal– portada un día sí y al otro, también. A los económicos se nos buscaba: ¿Qué es un ERE? ¿Por qué se desploma la bolsa? ¿Quién es esa prima de riesgo? ¿Cómo me afectará la subida de impuestos? ¿A qué edad y con qué pensión me podré jubilar? ¿Cuánto tendré que cotizar? ¿Corre peligro mi dinero en tal banco, lo saco? Y, sobre todo, una pregunta sin respuesta posible porque nadie la tenía y, en cambio, sí fueron muchísimos –expertos ellos– los que se dieron de bruces al ofrecerla: ¿Cuándo llegará la recuperación y se frenará esta sangría del empleo? Éramos, por así decirlo, un paño de lágrimas. Se nos veía poco menos que como gurús pese a que nosotros teníamos las mismas inquietudes.

Pero la crisis y el paro también nos alcanzaron como El Correo de Andalucía y como sección. Un ERE inicial, una posterior tanda de despidos y un ERTE como remate hicieron que Economía desapareciera y su información quedara desperdigada a lo largo de las páginas del periódico. Estar estaba, pero dispuesta así se le estaba restando entidad. Quizás fuese la resignación ante lo evidente: todo era negro. Y ya se sabe: ojos que no ven…

Me disculparán ustedes, queridos lectores, por hablar de nosotros. Pero hay razones para contarles por qué tan larga ausencia –dos años y pico– y por qué hoy se recupera la sección propia de Economía de El Correo de Andalucía. Nos encontramos ahora ante lo que podrían ser –y fíjense en el podrían, puesto que la ingrata experiencia nos aconseja colocar el condicional por delante– los primeros atisbos de una verdadera recuperación, y no aquellos brotes verdes que, quizás ciega y sin mala fe, percibiera Elena Salgado en tiempos de Zapatero –y ya ha llovido–.
En el ánimo de contribuir a la misma, sacudirnos este sempiterno pesimismo, generar confianza y enraizar esa poca luz que se ve allá, muy al final del túnel, El Correo recupera Economía. Siguen el que escribe e Isabel Campanario y se incorpora Iria Comesaña. Clara Campos, muy a nuestro pesar, se bajó en el camino –suerte–.

Y como decíamos ayer…

P. D.

La parva. Lejos quedan los tiempos en los que los banqueros se trataban de usted y, por tanto, no se tiraban los trastos a la cabeza. No son modos ni formas los que han empleado hasta ahora los directivos de Caja Rural de Extremadura para divorciarse del SIP (o fusión fría) con la sevillana Rural del Sur y la Rural de Córdoba. La paz se ha impuesto, por fin, en los comunicados de prensa de ambas partes mientras prosiguen las negociaciones para esa –dolorosa– separación ordenada. Se espera que el pacto quede sellado a finales de enero para que le dé el visto bueno el Banco de España.

La simiente. En unos momentos en los que la constructora Sacyr ha dañado la imagen exterior de España por sus amenazas de paralizar las obras del canal de Panamá si no le sueltan más parné –sí, señor Gobierno de Rajoy, las empresas también pueden perjudicar la marca España, no sólo las huelgas de los trabajadores–, resulta estimulante que la multinacional sevillana Abengoa se haya adjudicado un macrocontrato en Chile para construir la mayor planta termosolar de Latinoamérica –nada más y nada menos que 730 millones de euros de inversión– y con tecnología desarrollada aquí al ladito, en Sanlúcar la Mayor. Y ya que hemos citado a Sacyr, esperemos que su repercusión no afecte a otras empresas sevillanas que, como el grupo Rusvel, tratan de abrirse paso en los contratos públicos de aquel país centroamericano.

La paja. No es frecuente que un empresario y un político se enzarcen en público, y menos cuando generan tensión –y vergüenza ajena– entre los presentes si faltan a las formas. Es lo que precisamente ocurrió ayer por la mañana entre el presidente de la Cámara de Comercio, Francisco Herrero, y el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, a cuenta del relevo en la presidencia del Puerto dado que su actual ocupante, Manuel Fernández, tiene los días contados. Que si le toca al Estado –dijo Herrero–, que si le toca a la Junta de Andalucía –replicó Zoido, en otro motivo más para la confrontación con el Gobierno autonómico–. Al margen de quién tuviera o no la razón –de hecho, cada uno tenía su parte–, lo cierto y verdad es que perdieron las formas, y este tipo de espectáculos no es para nada edificante. Riña de gatos.

17
Dic/2013

La Sevilla del turismo de hacer bulto

He de confesarles, queridos lectores, que fui yo quien desbarató el número redondo de personas para que éste no ascendiera exactamente a 1.600.000 y se quedara en 1.599.999, las que visitaron el iluminadííííísimo centro de Sevilla durante el pasado puente de la Inmaculada, o de la Constitución, tanto monta. Ese restante uno, díscolo, traicionero, aguafiestas, saborido, más que saborido, que eres un sieso, fui yo, sí, lo confieso, entono el mea culpa, solamente mea. Pero, salvo caso de extrema gravedad o salida nocturna, yo por semejante jungla no paso. No percibo placer alguno en las masas, ni que esta ciudad, alentada por la sempiterna política de fiestas de quienes gobiernan en Plaza Nueva, sucumba al encanto del bulto. La cosa me recuerda a cierto profesor de Ciencias de la Información cuya teoría de la maquetación se reducía a manshshshar. Manchar con lo que sea, pero había que manshshshar.

Y esa imagen del agobio agobiante, muuuuuucha gente, hay que venderla fuera para atraer dineritos a sus señorías del Centro, a saber, comerciantes, hosteleros y hoteleros, en esa partidaria y muy interesada teoría de que si el Centro va bien, el resto de la plebe de los barrios tendrá también el contento en la caja registradora. La aristocracia primero, batiendo palmas al Ayuntamiento con las orejas, y después los demás, la otra economía populacha de comerciantes, hoteleros y hosteleros a quienes no preguntaron cómo les fue realmente el puente.

Uno, que es curioso y cotilla por aquello de la degeneración profesional, pega su indiscreto oído a una conversación entre la encargada y una camarera de la cafetería donde suelo desayunar, en Pino Montano para más señas, y le cuenta quejosa: “En lo que llevamos de este mes de diciembre, han entrado en caja unos 500 euros menos que por las mismas fechas del año pasado”. Querida mía, qué decirte yo, aguarda al mapping de la plaza de San Francisco que, por segundo año consecutivo, nos traerá nuestra Zoidonavidad –sí, señor alcalde, a coste cero, no pierda ocasión para recordarlo–, lo grabas sin perder detalle alguno y lo emites una y otra vez por la panorámica televisión de tu bar. Hordas garantizadas.

Oye, señor turista alemán, después de estar harto de trabajar, porque en Alemania sí se trabaja, déjese usted de tranquilidad, hombre, véngase a la bulla de Sevilla, que en su día patentamos para la Semana Santa y ahora la hacemos extensible al mes y medio que dura nuestra Navidad. No pasee por sus calles, no, déjese llevar cual borrego por el rebaño. No compre con paciencia y mesura, no, súmese al estresante estrés de las larguísimas colas y al de las familias enteras, padre, madre, hijo, novia y el pobre abuelo empujando el carrito del bebé y con la cartera dispuesta. No deguste la tapa y el vino, no, desespérese en grado sumo para pedirlos al camarero, cójalos y realice después un sprint hacia la mesa en un intento de comer sentado, fracase y engulla de pie y esquivando codazos. Y, ya por último, cuídese de los empujones, que puede terminar sobre el asfalto atropellado por el autobús que, a duras penas y con el riesgo que entraña, trata de hacerse paso entre la jauría humana o, si coge el coche, échele resignación para sortear el tráfico. Son sólo pequeñitos inconvenientes para disfrutar de esta ciudad sin moderación y del bulto.

Muchos, con la grasia sevillana, vendrán a replicarme, oye, tú, so sieso, que esto es Sevilla, casssi ná. Pues esta Sevilla quédensela, todita para ustedes, ahora, eso sí, ni una queja quiero del tipo “en el Centro no se puede estar, hay demasiada gente, no vuelvo, el coche se lo ha llevado la grúa, si lo sé no vengo”. En mi soledad, yo seguiré replegado en mi barrio, o en los barrios, para, dentro de mis posibilidades, hacer negocio a los comerciantes y hosteleros plebeyos, puesto que la aristocracia ya está bien surtida, pero que muy bien surtida, con esta Zoidonavidad.

No estoy restando valor a los esfuerzos del Ayuntamiento para generar más atractivo turístino y animar el aún depauperado consumo. No descubro la pólvora al decir que la tan necesaria creación de empleo requiere del impulso a la actividad económica. Sí cuestiono, en cambio, la estrategia, errónea a mi parecer, de comercializar el producto turístico Sevilla como un turismo de bullas, de masas, de bulto. Porque son imágenes que se quedan impregnadas en la retina, se tornan preconcebidas y, a la larga, pesan y pasan factura. Que, por ejemplo, se traslade como un triunfante triunfo el urgente corte de la circulación del tranvía por la masiva afluencia de público en la avenida de la Constitución y la Plaza Nueva es, lejos de un rotundo éxito, un absoluto fracaso, salvo para la propaganda política que encumbra al señor alcalde con decenas de miles de bombillitas de colores y rayos láser.

Éste es el segundo año de la Zoidonavidad. Después del primero, recuerden, el frío de enero nos dio un doloroso guantazo en la cara y nos devolvió la crudísima realidad de una economía y un empleo que fueron a peores. Tras el segundo, a ver si la aristocracia se queja mucho o poco, pero quejarse se quejará. Yo seguiré siendo ese uno, poquita cosa, que joderá aquel 1.600.000.

P.D.

La parva. Pocas horas antes de que el alcalde de Sevilla diera, acompañado por nueve concejales, una rueda de prensa para presentar las novedades de uno de los exitosos productos de la factoría Zoido, el mapping navideño, su delegada de Hacienda, Asunción Fley, hacía lo propio, pero sola, para explicar las cuentas de los presupuestos para 2014. Es lógico que las convocatorias ante los periodistas las atiendan aquellas personas que realmente conciben el asunto, lo entienden y pueden explicar sus detalle. Pero no deja de sorprender la comparación y, por tanto, el bajísimo perfil al que ha quedado reducido el regidor.

La simiente. Después de meses y meses de trámites y agónica burocracia en los que realmente pensé que el proyecto gourmet para las Naves del Barranco se iría al carajo como otros muchos de Sevilla capital, al final ha triunfado la paciencia y la transformación del edificio junto al puente de Triana ha comenzado. La cosa gourmet está de moda, sí, y puede incrementar no sólo la oferta gastronómica de la ciudad, sino también revalorizar las producciones agroganaderas y agroindustriales de la provincia. Así, la reciente apertura del mercado gourmet del céntrico El Corte Inglés de la Plaza del Duque, el propio mercado de abastos de Triana, y el proyecto para el mercado de la Carne bajo el puente de los Bomberos dan idea de la pujanza del sector gastronómico. Bienvenidas sean todas las iniciativas… y ojalá haya negocio para todos.

La paja. Es curioso que Santiago Herrero, presidente de la patronal CEA hasta enero, recurriera a la misma justificación que los líderes de UGT cuando se quieren quitar los marrones de encima. Eso de hay conspiraciones mediáticas contra mí, a izquierdas o derechas, está ya muy manido y revela la falta de argumentos por parte de quienes no quieren aclarar los escándalos. Pero resulta aún más sorprendente el silencio –salvo rara avis– dentro de los órganos de la patronal en un intento –supongo– de lavar en casa los trapos sucios y que no se sequen a la luz pública. Pues con su cobardía, su silencio, ese no pedir siquiera explicaciones sobre el caso de las VPO de Sevilla Este, el agujero económico de la CEA y el fracaso de la concertación social, se vuelven cómplices de la pérdida de credibilidad de la CEA y de lo que esté bajo las alfombras…

10
Dic/2013

El abogado del diablo

Por venir de quien venía, de un juez –en excedencia, sí, pero un juez– la suma ligereza de palabra y sentimiento con que Juan Ignacio Zodio acogió la pena de cárcel confirmada por el Tribunal Supremo para el abogado José María del Nido, hasta ayer presidente del Sevilla FC y que precisamente ha dejado de serlo para entrar en prisión, me dejó estupefacto. Dijo el señor alcalde que la sentencia del máximo órgano jurisdiccional del Estado –salvo en materia de garantías constitucionales– no era una buena noticia ni para el club –algo que se presuponía– “ni para la ciudad”. Eso sí, matizó quien no es juez porque es alcalde, hay que respetarla y acatarla. Menos mal, respiró uno aliviado con tal apostilla.

Nunca una condena en firme, sin apelación a instancia judicial superior –excepto al Constitucional en recurso de amparo– y salvo fatítico error del propio tribunal que, por supuesto, también puede existir, puede ser catalogada como una mala noticia porque, al fin y al cabo, se está aplicando y ejecutando la Ley. En todo caso, la mala noticia estaría realmente en la comisión del delito, no en la demostración de que éste fue cometido y, por tanto, al infractor le corresponde penar conforme dicta la legislación. Y ante ésta no caben condenados de primera y condenados de segunda en función de la relevancia social de los protagonistas. Aquí somos todos iguales.

Posiblemente Del Nido haya sido el mejor presidente del equipo sevillista y sea, además, un extraordinario abogado, reconocido como tal en la profesión. Y eso nadie se lo quita. Es más, una vez purgada su pena, y a tenor de la arrogancia que le caracteriza y de la que, asimismo, hace gala, volverá a ser lo uno y lo otro. Pero lo que a día de hoy cuenta es que el Supremo considera comprobado que cometió delitos continuados de malversación y prevaricación. Con trabajos jurídicos innecesarios y honorarios claramente desorbitados en connivencia con ese otro hombre de dudosísima reputación como es Julián Muñoz, se enriqueció personalmente a costa de expoliar las arcas públicas del Ayuntamiento de Marbella. Es, en resumen, el llamado caso Minutas.

¿Que el personaje tiene relevancia social? Mucha no. Muchísima. De hecho, por tenerla y por su gran capacidad de influir sobre la gente cabría incluso exigirle al ciudadano José María del Nido un plus de responsabilidad social, de vida y de proceder ejemplares, un espejo donde el resto de ciudadanos –y muy especialmente los niños y jóvenes– puedan mirarse y que la imagen reflejada sea la de un referente intachable, y no la de un corrupto.

Pero ya que hablamos de relevancia social, pensemos en otros personajes mediáticos que fueron condenados en Sevilla. Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, quien atropelló y mató a un hombre y se dio a la fuga. ¿Su condena fue una mala noticia para la ciudad? Sinceramente, creo que no. Pagó en prisión sus delitos, y ahí está ya otra vez bailando y paseando su arte y el nombre de Sevilla por los tablaos del mundo, aunque en su mente –y en la de todos– quedará aquel muerto tirado y abandonado una noche en un paso de cebra.

No nos vayamos tan atrás y recordemos a Isabel Pantoja, condenada a dos años de prisión y a una multa millonaria por blanqueo de capitales en Marbella, en una sentencia pendiente de recursos ante el Tribunal Supremo –la Fiscalía ha reclamado aumentar la pena de cárcel para que la tonadillera, ahora eximida y en libertad, esté efectivamente entre rejas–. ¿La condena fue una mala noticia para Sevilla? Sinceramente, tampoco lo creo. Ella sigue cantando y en su reaparición en Sevilla cosechó auténticas masas. Condenada Pantoja, qué grande eres, titulaba su crónica del concierto Eduardo del Campo, compañero de El Mundo. Y, en efecto, en la copla será la más grande y eso no se lo quita nadie, pero la Audiencia Provincial de Málaga dictaminó conforme a la ley que esta mujer fue una corrupta.

No. Las sentencias condenatorias no son malas noticias para una ciudad. Lo serán para el propio condenado, para su familia, para su entorno, para su empresa, para su club, pero no para el conjunto de la sociedad. Al contrario, es la confirmación de que la Justicia funciona caiga quien caiga, sea el muy relevante José María del Nido, sea el muy desconocido de la esquina de un barrio cualquiera. A los quejumbrosos habrá que recordarles que la estancia en la cárcel es considerada también un periodo de preparación para reinsertar al condenado a la sociedad contra la que delinquió y la que, como castigo, le privó de su libertad. Y quién sabe, quizás tal reinserción venga acompañada en el futuro de mayores glorias que las pasadas.

Al alcalde sólo me resta lanzarle una pregunta: si todos los casos judiciales que implican a antiguos gestores del Ayuntamiento –por ejemplo, en Mercasevilla o Fundación DeSevilla– se resuelven finalmente con condenas, ¿serán entonces malas o buenas noticias que esclarecen, revelan y castigan la corrupción denunciada por usted mismo ante los tribunales? Responda usted como juez en excedencia, no como un político, no como un juez de parte, no como un abogado del diablo defendiendo aquello que, a sabiendas, no puede o no podría defender.

P. D.

La parva. Que dice Mariano Rajoy que el cabeza de cartel del PP de Andalucía se elegirá –por su propio dedo– después del turrón. Dependerá, supongo, del mayor o menor empacho de dulces que el presidente tenga tras las Navidades. Eso sí, no ha detallado si come turrón del duro o turrón del blando, cuestión que aclararía mucho las cosas. Lo que sí está claro es que aquí sólo hay un mazapán, marca Zoido, que quiere largarse, centrarse en la guinda que es la ciudad de Sevilla y arrancar ya la campaña, que le va a hacer mucha falta. Mientras más se demore aquel dulce dedazo, menos sabor para el mazapán.

La simiente. Todo un acierto ha sido hacer coincidir la celebración del Sicab, el tercer evento socioeconómico de la capital sevillana tras la Semana Santa y la Feria de Abril, con el puente de la Constitución. El incremento en el número de visitantes al salón por excelencia del caballo de pura raza española y también las previsiones de ingresos para las ganaderías y negocios presentes en la muestra avalan tal cambio de fechas que habría que tener en cuenta para ediciones venideras. Muy lejos queda, pues, esa imagen de una feria y un mundo, el del caballo, reducidos a las gentes del campo y a los señoritos andaluces. Este Sicab es un gradioso acontecimiento económico para esta ciudad que hay que cuidarlo.

La paja. Si el jefe, pongamos que el alcalde, Juan Ignacio Zoido, realiza públicamente un anuncio –comprometiendo su palabra– y pide al subordinado, pongamos que Maximiliano Vílchez, su delegado de Urbanismo, que se ejecute y no se hace, o falla uno o falla el otro, o los dos. Si en octubre el regidor dijo vamos a rebajar los alquileres de las viviendas de Emvisesa para las familias necesitadas, no puede ser que en Urbanismo se escuden ahora en la burocracia para resolver en dos meses tan solo una entre 160 peticiones. Se entendía que la iniciativa de Zoido –halagada en su día por El Correo de Andalucía– era urgente, y no un mero anuncio –otro más– que durmiera el sueño de los justos o de Vílchez.

03
Sep/2013

Zoido y su pequeña cosa

En el borrador del larguísimo discurso que Juan Ignacio Zoido se disponía a pronunciar durante la promoción de la ciudad en la Eurocámara –a Dios gracias que lo acortó, ya lo veía diciendo el ‘vaya coñazo que he soltado’ que se le escapara a José María Aznar en la misma sede parlamentaria–, el alcalde citaba las no sé cuántas podas que, a lo largo de sus dos años de mandato, había acometido en los no sé cuántos árboles de su Sevilla maravillosa. Menos mal que, al final, obvió tamaño éxito de su gestión, como también eliminó la referencia a las dolorosas bajo palio que procesionan en la Semana Santa, ni se imagina nuestro regidor los sudores que evitó al imaginario traductor alemán, qué es una dolorosa, qué es un palio, así, tradúzcalo a vuela pluma. Está tan orgulloso de sus podas, sí, que las llevaba hasta Bruselas, vean sus señorías de veintisiete países comunitarios la virtud de las pequeñas cosas.

Una poda, una señal en vertical o en horizontal, un bache, un árbol plantado, un paso de cebra pintado, una calle pavimentada o asfaltada. Esa micropolítica que, muy cercana al ciudadano, beso por aquí, abrazo por allá –para esto hay que valer, oye, pues al hombre le sale así, al natural, para nada forzado–, lo elevara a la Alcaldía con una mayoría absoluta desconocida en la historia democrática de la capital. ¿Sólo eso? No. Eso, lo pequeño, más una retahíla de grandiosos proyectos a lo largo y ancho de esta ciudad que ni están ni, al menos por ahora, se les espera. Si atisbos hay de que no saldrán adelante, mejor aguantar el tirón y callarse la boca, pues gran frustración generan los anuncios de los anuncios de los anuncios que nunca se concretan, ¿verdad?

Y es que en el circo electoral y mediático de lo grande, al popular Zoido, a la hora de realmente gestionar, le crecen los enanos. Se sumerge en la maraña administrativa –ésta figura entre las causas de que el Caixafórum abandonara las Atarazanas y huyera a la torre Pelli–, se empecina en proyectos que suscitan la oposición o las dudas legales de la Junta de Andalucía –centro comercial en la plaza de la Gavidia, aparcamiento en la Alameda–, se enreda con apuestas sin medir todas sus consecuencias –mayor calado para el cauce del río–, se topa con enfrentamientos dentro de su propia formación política –con Teófila Martínez a cuenta de la Zona Franca pero también con el PP de Huelva y Cádiz por el dragado del Guadalquivir–, se empantana en las negociaciones con empresas privadas –tabaquera Altadis– y, el caso más reciente y donde no puede culpar a nadie, se da de bruces con el clamoroso fracaso de un concurso público, al que ninguna constructora acude, concebido por el equipo municipal para adjudicar las obras de sus dos primeros parkings: San Martín de Porres y El Cid.

Y se buscan explicaciones peregrinas. Sí es cierto que la crisis económica y la falta de crédito bancario dificultan la presentación de ofertas por parte de las constructoras, aunque también lo es que las entidades financieras valoran cualquier tipo de inversión que reporte ingresos seguros, especialmente cuando son por adelantado, y éste es precisamente el caso de un aparcamiento, eso sí, cuantas más plazas rotatorias tenga, mejor. No puedo creerme, en cambio, el siguiente argumento esgrimido por el Ayuntamiento: las condiciones de los pliegos eran tan estrictas que nadie las quería.

A ver. ¿Para qué se convoca un concurso al mejor postor a sabiendas de que, tal y como está el patio de la economía, no prosperará? ¿Por qué se pusieron unos requisitos tan severos si se sabía de antemano que no iban a ser aceptados? Esta ciudad ya tiene unos cuantos aparcamientos subterráneos, donde se mezclan plazas de residentes y rotatorias de pago, como para hacerse una idea de por dónde cojean la concesión y las concesionarias. Porque si efectivamente la actividad no se conoce y se convocó un concurso al tuntún, o no se recabó información de las empresas que tienen experiencia –-he puesto expresamente información, conocimiento, sólo detalles, nunca otra cosa– o se habló con muy pocas, esto último sí me preocupa, y mucho.

Ni pensar quiero –y, de hecho, no lo pienso– que se arbitrara un concurso tan complicado para declararlo desierto y negociar después condiciones más, digamos, livianas con las constructoras que ya actúan de concesionarias de parkings en esta ciudad. Proceder así sería causa más que legítima para que el resto de empresas dijeran, oye, Ayuntamiento, que estás ofreciendo ahora a una o a unas cuantas lo que en principio negaste con carácter general. No estamos hablando de moco de pavo, sino de contratos que, tanto en San Martín de Porres como en El Cid, superan los 6 millones de euros y, reitero, concesiones con unos ingresos regulares y al contado. Y a nadie le amarga un dulce en estos tiempos de crisis.

Sí, el alcalde tiene un problema con lo grande y ahora también –¡horror!– con todo lo pequeño. Porque esto, lo pequeño, no solamente ha dejado de ser de su entera exclusiva, sino que se ha convertido en su trampa. Ahí tenemos al socialista Juan Espadas, quien ya, por fin, se ha sacudido el letargo, recorriéndose más y más los barrios y preparándose para una larguísima campaña electoral de desgaste. El anverso de la micropolítica tiene su reverso: la microdenuncia de la micropolítica incumplida. Y así será durante casi dos años…

P. D.

La parva. Se pregunta uno si el campanario de la iglesia de San Lázaro aguantará las aguas del próximo invierno puesto que está de mírame y no me toques. Tanto la Diputación de Sevilla como la Consejería de Salud –el edificio se encuadra en el hospital del mismo nombre, junto al cementerio de San Fernando– parecen haber apostado por abandonar la iglesia a su suerte, porque allí no existe actuación alguna pese a los proyectos de rehabilitación anunciados y nunca ejecutados. Una lástima este descuido del patrimonio histórico. Ya llegará el día en que lloraremos por él o por quien se quiebre la cabeza al caerle encima el campanario.

La simiente. La semana pasada se nos fue José Manuel Pumar Mariño, presidente de honor y uno de los fundadores de Inmobiliaria del Sur (Grupo Insur). Aunque el ladrillo esté actualmente mal visto, Pumar Mariño ha sido uno de los empresarios más importantes que ha dado la ciudad de Sevilla. La compañía cuyas riendas dejó en manos de Ricardo Pumar, presidente en estos momentos, es muy seria, y ha hecho las cosas con cabeza. No en vano, Insur posee un accionariado muy fiel –las caras se repiten cada mayo o junio cuando celebra su junta anual de accionistas en un hotel de Sevilla– a pesar de la caída de la cotización de sus acciones en bolsa. Más allá de los vaivenes del mercado bursátil, Insur está centrada en la actividad del día a día, y su intención es amarrar accionistas seguros y no especulativos. Desde aquí, reconocimiento al gran empresario.

La paja. Los populares andaluces andan desquiciados tras la renuncia de Griñán y mal hacen si persisten –o Rajoy persiste– en su discurso del ya habrá candidato a la Junta de Andalucía. Primero que si la llegada de Susana Díaz a San Telmo es un fraude sin haber pasado por unas elecciones autonómicas, como si los sucesores de Esperanza Aguirre en la Comunidad Madrid y de Alberto Ruiz Gallardón en su capital hubiesen contado con la validación expresa de las urnas. Después que si no presentaremos o no sabemos si presentaremos alternativa a Díaz en el debate de investidura. Y por último, que se convoquen comicios andaluces aunque no haya necesidad de nombrar ya a un candidato por el PP. Dice la oposición local que Zoido no está en Plaza Nueva. Donde no está es en San Fernando, y si no quiere estarlo, mejor que tome la puerta…