A Fernandito Terremoto

Terremoto en Arahal. En 1981, seis días antes de su muerte, ocurrida el 6 de septiembre. Tenía sólo 48 años.
La fotografía que ilustra este artículo es inédita y tiene su historia, una historia que os va a poner la piel como el caparazón de un centollo. Fue hecha por mí en el penúltimo festival que hizo Terremoto de Jerez, el del Verdeo de Arahal, seis días antes de su muerte. El festival se celebró en un almacén de aceitunas que había en el Ruedo, La Lai. Antes de que le tocara el turno de cantar entré en el camerino a saludar al genio y lo encontré acariciando la sonanta. Le pregunté que si podía hacerle una fotografía y me dijo que sí. Fernando estaba con la cara muy morada, y no se encontraba nada bien. Sin embargo, cuando salió al escenario se vino arriba y ofreció una estupenda noche de cante y baile, porque bailó por bulerías para comérselo, como siempre. Aquella noche yo iba loco de contento porque había visto una vez más a Fernando en directo, como otras muchas veces, desde 1975 que fue cuando lo escuché por primera vez en un festival. Pero, sobre todo, porque le había hecho una fotografía tocando la guitarra en el camerino. Era un carrete de veinticuatro fotografías, y al día siguiente lo acabé haciéndo fotos en casa, sobre todo a una perra que tuve, Currina, que era una maravilla de animal. Guardé la cámara a la espera de llevar a revelar el carrete, pero lo cierto es que lo fui dejando y pasaron unos meses, creo que tres o cuatro. En ese espacio de tiempo, dos de los protagonistas del carrete habían desaparecido. Fernando murió a los seis días de echarle la fotografía en Arahal. Cantó en el Festival de Ronda el día 5 de septiembre de 1981, se sintió mal y murió ya en Jerez, de un paro cardíaco, el domingo día 6. Mi perrita murió un mes más tarde atropellada por el coche fúnebre del entierro de Máximo, un amigo mío de Padre Pío, la barriada sevillana donde vivía entonces. Se vino detrás de mí y al querer cruzar la calle para llegar a donde yo estaba, se metió debajo del coche y una de las ruedas traseras le pasó por encima. Estando una tarde organizando mi cuarto encontré el carrete y recordé que en él estaban las fotografías de Terremoto y de mi perrita. Aunque sabía que se podía haber estropeado llevé el carrete a revelar y al ir a recoger las fotografías, una semana después, el dueño del establecimiento me dijo que la película estaba velada y que sólo se habían salvado tres fotografías, de las veinticuatro. Cuando abrí el sobre, descubrí con asombro que estaban la de Fernando en Arahal y dos de mi perra. Las demás se habían velado. Naturalmente, sentí unos escalofríos tremendos. Estando un día en Madrid con Fernandito Terremoto y su madre, en Onda Madrid, al poco tiempo de recoger las fotografías, les comenté esta historia y se llevaron las manos a la cabeza. Fernando me pidió una copia de la fotografía de su padre, pero nunca tuve ocasión de dársela. Hoy la damos a conocer a los seguidores de La Gazapera, con el relato de una historia espeluznante. ¿Mera casualidad? ¿Fenómeno parasicológico? Seguramente influyó la ilusión que tenía de que no se hubieran estropeado las dos fotografías más deseadas del carrete: por un lado, la de Terremoto de Jerez, al que adoraba como artista; por otro, la de mi perrita Currina, animal al que quise con locura. La fuerza del cariño, supongo.



















