11
Abr/2015

Regresado y desamordazado

El Piqui, Isabel Domíbguez Cano y el Maestro Pepe Marchena.

El Piqui, Isabel Domíbguez Cano y el Maestro Pepe Marchena.

La Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla ha editado las obras completas del genial Niño de Marchena, solo los discos de pizarra, los de setenta y ocho revoluciones por minutos. En total 266 cantes, esto es, una obra monumental, la de uno de los genios más grandes del cante flamenco, discutido aún por unos pocos pero reverenciado por decenas de miles de aficionados en todo el mundo. Una prueba irrefutable de que fue un genio es que está cada día más vivo a pesar de que la flamencología gitanista –más bien la gitanera– quiso eliminarlo de la historia del cante o que quedara solo como un cancionero más. Y eso que este cantaor de la localidad sevillana de Marchena tuvo entre sus más insignes seguidores a artistas gitanos como la Niña de los Peines, su hermano Tomás, Manuel Torres, el Niño Gloria, Juan Mojama o Porrinas de Badajoz entre otros. ¿Por qué fueron tan grandes admiradores de Marchena estos fenómenos del cante? Porque lo conocieron bien, disfrutaron mucho de su arte tanto en el teatro como en privado y, sobre todo, porque conocían su obra discográfica. Quienes quisieron matarlo en vida y hasta después de muerto, encima no conocían su obra, lo que dejó grabado, esos casi trescientos cantes que ahora han sido reeditados después de ser tratados digitalmente por una de las mejores empresas del mundo, como es Fonotrón, por más señas una empresa sevillana.

Curiosamente, el encargado de analizar la obra marchenera, en el libreto que acompaña al estuche de estos diecisiete cedés, el crítico Manuel Martín Martín, era un conocido detractor de Pepe Marchena, quizás influenciado por esa flamencología gitanera ya citada, sin olvidarnos del movimiento mairenista, en el que el compañero ha militado siempre y está en su derecho de hacerlo. Ahora comprobamos que no solo ha rectificado muchas de sus opiniones publicadas, sino que se ha convertido al marchenismo o en marchenista. Así y todo, y aquí quiero ser absolutamente sincero, ese libreto podrían haberlo hecho otros analistas. Incluso entre varios, al ser una obra musical de una gran envergadura. En la actualidad contamos con grandes críticos y musicólogos expertos en flamenco que podrían haber hecho un gran trabajo, lo que no quiere decir que no lo sea el de Manuel Martín Martín, quien desmenuza la obra del maestro con abundante información y criterios certeros. Si le ponemos algún pero a este hermoso y viejo sueño que tanto costó sacar adelante para hacerlo realidad es que la Federación sevillana no haya cuidado un poco más ese libreto. Ya ocurrió también con las obras completas de Manuel Vallejo, y don Manuel merecía otra cosa. Lo decimos porque sabemos lo que cuesta conseguir que se edite una obra de esta magnitud y a veces se falla en lo más sencillo, como ha ocurrido en estos dos casos.

José Tejada Martín, conocido en un principio como El Niño de Marchena y más tarde por Pepe Marchena, nació en esta localidad sevillana en 1903. Fue un niño prodigio del cante andaluz, uno de esos fenómenos que salen cada siglo en contadas ocasiones. Hijo de una sirvienta y de un jornalero, Rita y José –llevó siempre los dos apellidos de su madre porque lo tuvo aún soltera–, su infancia fue dura, llegando a guardar cochinos de pequeño. Es la historia de un niño pobre andaluz que acabó bañándose en colonia y siendo un artista conocido y reconocido como tal en todo el mundo. A pesar de sus condiciones y de su talento, sus comienzos no fueron nada fáciles porque ya desde niño no se ajustaba a pautas, cantaba a su manera, aunque tenía sus referencias. Según comentó alguna vez en privado, sus primeros maestros fueron los pájaros de su pueblo. Marchena es un pueblo rodeado de olivos y en los olivos de la Campiña sevillana han anidado siempre jilgueros, chamarices y verdones. También es un pueblo con mucha afición a los canarios flautas, así que Pepito Tejada lo tuvo fácil. Lo tenía dentro, en las entrañas y, además, en su entorno. Su padre, Juan Perea Ramírez, era un buen cantaor aficionado, luego también tuvo el cante en su propia casa. No es de extrañar que con solo 8 o 10 años ya cantara estupendamente y que fuera perseguido por agentes artísticos que veían en él una mina de oro.

Es un caso parecido al de Picasso. Siendo aún adolescente, el Niño de Marchena bordaba el cante clásico y conocía ya casi todas las escuelas, como producto de una desmedida afición al cante. Si el pintor malagueño pintaba casi como Velázquez siendo solo un chiquillo, el Niño de Marchena cantaba casi tan bien como Don Antonio Chacón cuando solo tenía edad para cortejar a las muchas de su pueblo o de Écija, donde también vivió. Por eso cautivó a cantaores como Pareja, el Colorao de la Macarena o el Niño Medina, seguidores de Chacón. Pero cuando Marchena tenía ya más que aprobada la asignatura del cante clásico, decidió desplegar sus condiciones innatas y fue entonces cuando comenzaron a mirarlo como alguien que podía poner en peligro la pureza del cante. Los revolucionarios son esperados siempre en el flamenco con la vara de acebuche en la mano y es lo que ocurrió con el Niño de Marchena, como antes pasó con Silverio Franconeti y Don Antonio Chacón y más tarde con Enrique Morente y Camarón de la Isla.

A los artistas los defienden sus obras y es lo que está pasando con Marchena. Con la edición de sus discos de pizarra, ahora van a tener los jóvenes la oportunidad de descubrir a uno de los genios del cante, quienes no lo haya hecho ya. Sí, porque en esos 266 cantes, está todo lo que grabó desde 1924 hasta 1946, esto es, desde los 21 años hasta los 43. El resto está en vinilo, donde también dejó cosas muy interesantes, aunque no lo mejor. Todos los especialistas coinciden en que el genio estaba en su primera etapa, la de pizarra, con aquella velocidad que le imprimía a su voz y esa manera única de afinar y de templarse, de cuadrar la voz, de vocalizar y de ordenar los tonos. Ahora ya no hay excusas para ser más objetivo a la hora de opinar sobre este cantaor, porque tienen ahí lo más importante de su obra discográfica, al alcance de todos, con buen sonido y con la información necesaria para disfrutarla. Había que hacer regresar a Marchena y desamordazarlo. Sí, quitarle esa especie de mordaza que le habían puesto a su obra para que no hablara por sí misma. Si se hizo con Mairena y Manuel Torres, ¿por qué no con Marchena? Con los cantaores citados se hizo con dinero público –las obras completas de Mairena, por cierto, costaron una fortuna–, pero para editar esta joya marchenera no había dinero y si no es por el arranque y la valentía de José María Segovia Salvador, el actual presidente de la Federación de Peñas de Sevilla, esta magna obra nunca hubiera salido a la calle.

Disfrútenla. Si se puede hablar de un genio del cante, ese fue Marchena. Le pese a quien le pese.

 

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