Monthly Archives: Noviembre 2014

29
Nov/2014

El clavo ardiendo de Podemos

Uno no sabe muy bien si es bueno o no estar al día sobre los asuntos políticos del país. Te vuelves macandé solo con intentarlo, porque la sobrecarga de opinión es brutal. Soy además de los que no solo leo diarios afines a mi ideología, sino todo lo que cae en mis manos. También es bueno estar informado sobre lo que dicen aquellos diarios en los que no te ves reflejado, aunque corras el riesgo de acabar cogiendo moscas. En ocasiones me pregunto si no sería mejor no saber tanto, leer más novelas y poesía, escribir soleares antes de irte a la cama y tomar mosto los fines de semana en esas bodegas del Aljarafe sevillano donde tanto se aprende. Lo de Podemos es ya un empacho, una hartura, un atracón de los que hacen época. ¿Recuerdan cuando irrumpió en el panorama político español el partido de los Verdes? No sé si es comparable o no, pero ahora no se ven por ninguna parte, aunque sigan estando ahí. A veces creo que detrás de esta brutal campaña publicitaria de Podemos está el propio Gobierno, que es el mayor interesado en que el partido que lidera el carismático Pablo Iglesias acabe por zamparse tanto al Partido Socialista como a Izquierda Unida. Ahí están las encuestas, que aunque haya que ponerlas en cuarentena, al menos hasta que nos comamos las uvas -la gente ya piensa en los mantecados y en las ricas gambas de Huelva-, colocan al nuevo partido entre los más votados en las próximas elecciones generales. En alguna encuesta, el más votado incluso en Cataluña. ¿Alguien puede creerse de verdad que Pablo Iglesias sea el político mejor valorado por la mayoría de los españoles? Según una encuesta, así es. Si se paran a pensar un momento, hasta hace poco lo eran Rosa Díez y Durán y Lleida, sin responsabilidades de gobierno ninguno de ellos. Tampoco Pablo Iglesias tiene compromisos de gobierno. Esto quiere decir que para ser un líder político valorado por los ciudadanos no tiene que gobernar. Por otro lado, ¿qué grado de fiabilidad pueden tener esas encuestas que sitúan a Podemos como fuerza política con aspiraciones serias de gobernar? Falta información sobre cómo y dónde se hacen, qué preguntas se plantean y quién o quiénes están de verdad detrás de ellas. Estas encuestas se publican pero no se pueden consultar luego en ninguna parte, creo, con claridad en los detalles para que los analistas las puedan desmenuzar y sacar sus conclusiones.

Pablito

El tirón de Podemos está más en lo que critican que en lo que proponen. Como soy un hombre que frecuenta las tabernas, que son el mejor lugar para saber cómo van las cosas del país, observo que quienes más éxito tienen a la hora de hablar de política son los que critican siempre lo mismo: la corrupción, el paro, los desahucios, la desigualdad social, la educación y la sanidad. No suelen dar soluciones ni dicen jamás cómo  arreglarían esos problemas, porque en realidad no sabrían cómo. Tampoco lo sabe Pablo Iglesias, quien según los economistas más solventes de nuestro país no sabe nada de economía y solo dice barbaridades, además de vender mucho humo. Pero a la gente, a mucha gente, le gusta lo que dice y, sobre todo, cómo lo explica, repitiendo siempre el mismo discurso. Otra cosa será cuando tenga que presentar un programa electoral y se comprometa en serio a cumplirlo. Cuando diga de dónde narices va a sacar el jurdó para darnos un sueldo básico a todos los ciudadanos españoles y cómo va a impedir que un ciudadano que pida un préstamo a un banco y no responda no reciba el aviso de embargo por parte del banco y, en cambio, sí una linda postal de felicitación por Navidad. Más que preocuparme el éxito de Podemos -tengo otras cosas por las que preocuparme, que son mucho más importantes-, me conmueven esos centenares de miles de personas, quizás millones, que se agarran al clavo ardiendo del mesiánico Pablo Iglesias, quien empezó elogiando al venezolano Chávez y su régimen y acabará seguramente tomando el té con la Mérkel y la hija de Botín. Desde que llegó la democracia hemos asistido a cambios espectaculares de líderes políticos españoles de la talla de Felipe González o José María Aznar. Pero el cambio experimentado por el omnipresente Pablo Iglesias, sin haber llegado a gobernar, es más sorprendente aún. Todavía no se ha quitado la coleta y sigue vistiendo como le da la gana, como la gente normal de la calle, y hace muy bien.  Sus asesores de imagen lograron convencerlo para que se quitara un piercing, qué logro. Pero el cambio más notable es el político, el ideológico, pasando de  ser un antisistema sin ninguna aspiración política -¿de verdad?- a un líder más de la casta que, como los demás, querrá vivir de la política de por vida, sin relaciones estrechas con otras castas, que eso es la casta, aunque su pareja, por cierto, es también de la casta, con lo que se cumple la regla endogámica. Las más que sospechosas encuestas le auguran un éxito electoral indiscutible. Sin embargo, la realidad será otra bien distinta cuando llegue el momento de decidir quiénes deben seguir gobernando en España, que es un país maduro que ha sabido estar a la altura en momentos difíciles de su historia. La pataleta de los ciudadanos, de todas las clases sociales, irá remitiendo conforme se vaya consolidando la recuperación económica, se cree más y mejor empleo y comencemos a recuperar derechos fundamentales que la crisis ha dinamitado. Si para algo va a servir el fenómeno Podemos es para que la casta se reorganice, se alejen los corruptos de la vida política y el pueblo vuelva a confiar en los partidos, las instituciones y los sindicatos, que no es poco en un país que se supone democrático o que se rige por normas de un sistema democrático. Podemos existe porque hay un escandaloso vacío de honradez y de ética en la clase política del país, una casta que roba dinero público, esto es, de todos los españoles, y que desahucia a ancianos que avalan a sus hijos. Que tiene las cotas de paro más altas de Europa y, como consecuencia, unos índices de pobreza vergonzantes. Que ha engañado y estafado al pueblo y que es la vergüenza del mundo civilizado. Por tanto, de lo que habría que tener miedo no es de que Podamos pueda llegar a gobernar el país, que será difícil que esto suceda sin que las castas políticas se mezclen, sino de que nada cambie, de que todo siga igual después del lavado de cara de una clase gobernante mugrienta al que estamos asistiendo estos días, donde un partido esconde la basura de otro para que no quede al descubierto la suya propia. Mal camino llevamos si en una democracia cuestionamos la alternancia más allá de la que han protagonizado hasta ahora los dos únicos partidos que se han repartido el poder y, por lo que ya sabemos de sobra, la caja de caudales. Como diría un paisano mío de Arahal, “no paza ná, y si paza, que pace”. Lo que tenga que pazá no será solo responsabilidad de nuestros políticos.

 

28
Nov/2014

El niño que hablaba con los olivos

Portada-Cuatrovientos-2Os recuerdo que el día 4 de diciembre, el próximo jueves, presentaré en Palomares del Río (La Truja, 20.00 horas) ‘Cuatrovientos. El niño que hablaba con los olivos’. Hará la presentación Quico Pérez-Ventana, el autor del maravilloso prólogo, y el libro se pondrá allí a la venta al precio de 10 euros. Luego, quienes quieran conseguirlo solo me lo tienen que notificar a través de un mensaje privado de Facebook. Inmediatamente de que tenga lugar su presentación empezarán a recibirlo en sus casas. Ya lo han pedido desde algunos puntos de España y hasta desde México y Canadá. A ver cómo me las apaño, porque Pozo Nuevo, mi propio sello editorial, es una empresa modesta con un solo empleado, que soy yo mismo. A la presentación puede ir todo el que lo desee, porque la Peña Rociera La Truja Palomares Del Río es un lugar grande donde, además, se puede catar un mosto estupendo, con lo que hasta podemos brindar por esta nueva obra y despedir un año de locos, al menos para mí. Y escuchar un concierto del joven guitarrista Marcelo Palanco, de Valverde del Camino. Por último, les informo que también podrán adquirir allí ‘El esquimo’ quienes no lo hayan comprado ya y tengan interés en el libro.

27
Nov/2014

Antonio Silva Estrada ‘El Portugués’

Muerte Portugués

Uno de los cantaores más importantes del XIX fue Antonio Silva Estrada El Portugués, discípulo de Silverio y de Dolores La Parrala, del que apenas se sabía nada. Hace años un familiar me aportó algunos datos biográficos sobre él y hace algunas semanas pude al fin averiguar hasta cuándo vivió, algo que para mí es fundamental para saber qué cantaores y cantaoras pudieron llegar a escucharlo y aprender de él. Murió en Sevilla en 1920, en la céntrica calle San Eloy, cerca de la Campana. Meses antes se le organizó un homenaje para sufragar los gastos de una grave enfermedad que padecía, que al final se lo llevó a la tumba. En este homenaje, celebrado el jueves 5 de junio de 1919 en el Salón Variedades de Sevilla -estuvo en la calle Trajano, con salida a Amor de Dios-, participaron, entre otros, artistas como Vallejo, el Cojo de Málaga, el Colorao de la Macarena, el Niño Gloria y un jovencísimo Niño Ricardo, que entonces era conocido como Manolo el Carbonero. Esto demuestra la importancia que tuvo El Portugués, quien además de cantaor también fue guitarrista y rezaba en el padrón de Sevilla como ‘artista’, algo no muy normal entonces, en el XIX. Completaremos su biografía en la obra que preparamos sobre la historia del flamenco en Sevilla.

26
Nov/2014

El sanluqueño Francisco Viache

Bautismo.B (1)Uno de nuestros últimos hallazgos ha sido localizar en Sevilla a un gran cantaor de Sanlúcar de Barrameda que figuraba en la prensa del XIX como componente de la compañía de Silverio Franconetti, Francisco Viache. Nacido en 1838 en la ciudad gaditana, de padres también sanluqueños, en Sevilla se le conocía por dos remoquetes artísticos, Paco el Sanluqueño y el Cuerrvo Sanluqueño. Como dato a destacar hay que decir que es de los pocos cantaores de su generación que figuraba como ‘artista’ en los padrones, luego fue todo un profesional. Su carrera la hizo en Sevilla, siendo cantaor habitual en las primeras academias de baile junto a Sartorio, Lorente, Enrique Prado o Silverio. En la capital andaluza se casó, con una sevillana, y es muy probable que acabara sus días en la tierra de Silverio. En Sanlúcar no saben nada de él, como de tantos otros, algo que remediará pronto mi amigo Servando Repetto, a quien agradezco su colaboración. Por cierto, Francisco Viache residió en la calle Palomas y tuvo como vecinos nada menos que a Frijones y a Ramón el Ollero.

22
Nov/2014

La duquesa del pellizco calé

Alguna vez me han dicho los lectores de esta página que lo que más les gusta es que escriba de mí y que cuente historias de Palomares del Río, de esa etapa tan hermosa que es la infancia, en la que nace y muere casi todo. La vida es la infancia y un chorro de años más para recordarla. También hay quien me tacha de egocéntrico, de egocentrismo, que significa realmente valoración excesiva de la propia personalidad que lleva a una persona a creerse el centro de todas las preocupaciones y atenciones. Puede ser. Pero en realidad escribo sobre cosas de mi vida no porque me crea el centro de nada ni de nadie, sino porque me gusta opinar sobre las cosas sencillas de la vida desvariando sobre ellas y, aunque no siempre, con un trasfondo crítico de lo que ocurre en España, que es tan fuerte que casi es mejor no opinar. La corrupción es ya el tema de todos los días en los medios de comunicación y en las tertulias de tabernas, en el mercado y en el autobús. Y se aborda en ocasiones como si fuera algo novedoso, cuando es tan vieja como nuestra propia historia. El día 4 de diciembre voy a presentar en Palomares del Río, en La Truja, mi decimoprimer libro, y no es de flamenco. Se trata de algo parecido a una novela, sin ser novela. Tampoco es una autobiografía, solo un relato de 136 páginas en el que narro cómo era la vida en este pequeño pueblo sevillano a mediados de la década de los sesenta del pasado siglo. Cuatrovientos. El niño que hablaba con los olivos, que así se llama la obra, y que ha dormido algunos años en un cajón, cuenta las peripecias de un niño de familia muy pobre que tuvo que inventarse un mundo mágico para desarrollar la imaginación y no morir de aburrimiento. En Palomares del Río, en aquella época, solo había unos cuantos cientos de habitantes, carecíamos de cine y polideportivo y para divertirnos teníamos un desgastado futbolín en el bar de Ricardo. Solo eso. Bueno, y cientos de olivos y naranjos en flor, caños de agua cristalina y algunas haciendas en las que podíamos jugar también los niños pobres.

El pasado jueves acudí a escuchar cantar a la cantaora Argentina en la Plaza de San Francisco y cuando vi a miles de personas haciendo cola para dar el último adiós a la duquesa de Alba  no me sorprendió nada. Eso sí, me dije a mí mismo: “Tú escribiendo una novela sobre Cuatrovientos, que seguramente se quedará en Palomares -la tirada será pequeña-, contando las miserias de una época dura e injusta, y Sevilla en la calle para despedir a la noble más amable del mundo, a la duquesa que llamaba gentuza a los jornaleros, aunque a compás. Una noble a la que conocí porque durante varios años fuimos a veces vecinos de butaca en el Teatro de la Maestranza, siempre acompañada por Carmen Tello y Curro Romero. Y alguna vez, sobre todo viendo baile, me llegó a dar con el codo para hacerme ver que le gustaba lo que estaba viendo, supongo que para que tomara buena nota.

palmero-21

Por la noche, al llegar a casa, escuché en la radio que por la mañana entraría en prisión Isabel Pantoja, la célebre tonadillera del Tardón. Pocas personas pueden decir que han entrevistado a esta artista en la cama de una suite del Hotel Alfonso XIII de Sevilla, como hice yo hace años. Me explico, que no está el horno para bollos. El Correo me encargó una entrevista como motivo de la salida al mercado de uno de sus discos, dedicado a la copla. Cuando llegué al citado hotel alguien me dijo que la artista me esperaba en la habitación y al llamar a la puerta allí estaba ella, enfundada en un suntuoso traje de cuero negro, con su precioso pelo recogido y la mirada tan triste como un campo sin jaramagos. Me invitó a sentarme en la cama junto a ella y allí hablamos de doña Juana Reina, de Estrellita Castro y la Piqué, de Gracia Montes y Marifé de Triana. Y de su madrina, la famosa Niña de los Peines. Aquel día descubrí a una Pantoja sensible, tierna, emocionada mientras hablaba de sus maestras, lejos de aquella otra de la prensa rosa. Y cuando estaba a punto de tirarle los tejos, con aquel ajustado traje  de cuero que me tenía loco, me preguntó: “¿No me vas a preguntar nada sobre Julián Muñoz? No me importa”. La artista rompió el encanto.

La noche del jueves fue de emociones contradictorias. Había miles de personas haciendo cola para entrar en el Ayuntamiento, pero también dos o tres docenas criticando a esas miles de personas porque no entendían aquella sorprendente manifestación de duelo tan barroca, o sea, tan propia de una Sevilla que en estos casos nunca defrauda, aunque no siempre se entendida de Despeñaperros para arriba. Doña Cayetana de Alba en una caja y la Pantoja haciendo la maleta en Cantora para ingresar por fin en la cárcel condenada por blanqueo de dinero. Mientras todo esto ocurría, en el salón de actos de Cajasol sonaba una voz prodigiosa que evocaba, a escasos metros de donde murió Silverio Franconetti, escuelas cantaoras ya casi perdidas. Y una guitarra de Jerez que se empeña en ser diferente, la de José Quevedo El Bolita. Todo esto podría ser el argumento de una estupenda novela. Sin embargo, la que presentaré en diciembre trata sobre  cosas distintas, sobre un cerdito al que intenté salvarle la vida ocultándolo en una cabaña de Mampela, antes de ser degollado. Sobre un pastor alemán que lideraba una manada de perros salvajes y que acabó trabajando en un circo ambulante. Sobre interminables partidos de fútbol en la carretera de Almensilla con botellas de plástico, ante la falta de pelotas. Sobre un cura que te daba ropa usada por los americanos y gente bien de Sevilla para que fueras a visitar las ruinas romanas de Carmona. Sobre un abuelo que era torpe en el manejo de los nietos. Y sobre noches heladas soñando bajo un techo de canales y en un colchón de foñico con nubes que bajaban y te llevaban a un mundo mejor que ni siquiera sabíamos si existía o no, aunque lo intuíamos. No sé a quiénes pueden interesar historias como estas, sinceramente. Pero lo que sí sé es que contándolas me siento bien y creo que hago felices a quienes saben que son historias verdaderas, episodios de una Andalucía no tan lejana que es acribillada cada día con noticias sobre ladrones y abusos.

21
Nov/2014

Argentina, entre Silverio y La Parrala

El ciclo Jueves Flamencos de Cajasol ha cambiado de escenario, de la Sala Joaquín Turina ha pasado al salón de actos de su sede en la Plaza de San Francisco, con menos aforo, aunque el sito sigue siendo una zona de Sevilla con mucha historia flamenca. A escasos metros murió Silverio Franconetti y en el mismo edificio donde vivió el genio de la Alfalfa residió también Paco el Sevillano. Zona de célebres boleras y boleros, de donde eran Lorente y Enrique Prado El Peinero y Manuela Perea y Miracielos, entre otros. Y en la mismísima Giralda nació Amparo Álvarez La Campanera, la hija de Juan el Campanero, la célebre maestra de baile. Argentina, la cantaora de Huelva, se presentó acompañada por un excelente cuadro: el guitarrista José Quevedo El Bolita, El Torombo y Los Mellis de Huelva. Y el salón estaba lleno. Traía la cantaora la voz rotunda, como de costumbre. Y en el repertorio había cantes de mucho peso, estilos en algunos casos casi perdidos. Por momentos imaginé, echando a volar la imaginación, que estábamos ante aquella Dolores Parrales La Parrala, la gran cantaora de Moguer, que cantó muchas veces a escasos metros de la calle Chicarreros, en la calle Rosario, donde Silverio tuvo su célebre café cantante. Aquella brava cantaora que le metía las cabras en el corral al propio Silverio cantando por seguiriyas, en lo que Lorca vio como una conversación con la muerte. Comenzó Argentina con una mariana que remató con una larga tanda de tangos de variada escuela, desde los de El Titi de Triana o El Piyayo y La Repompa de Málaga, hasta los de Cádiz y Granada. Luego, una serrana a ritmo, que precisamente por eso, por meterla a ritmo, careció de la jondura de estos cantes duros y casi perdidos, eliminando matices y desdibujando a veces la primitiva melodía. La milonga y la granaína chaconianas, con preámbulo malagueñero y remate de cantes abandolaos, llevadas también a su terreno, la obligaron a estirar un poco su voz, que le vino bien para abordar los palos más difíciles, martinetes trianeros y seguiriyas. No son muchas las mujeres jóvenes que cantan bien por seguiriyas, además, sin aliviarse nunca, sino todo lo contrario: pelándose con los tercios a la antigua usanza, sin adornos superfluos, por derecho. Su mejor cante, Yo sentí el crujío, estilo marcado por la maestría y la creatividad de Mairena. Y en los estilos festeros, en los que se encuentra a siempre a gusto y que domina, cantó varias cantiñas muy añejas y una canción de Carlos Cano por bulerías, María la Portuguesa. Estupendo concierto, pues, en el que hay que destacar también al magnífico guitarrista jerezano, quien, además, se lució en unas bulerías en solitario con un desarrollo armónico muy personal y otras aportaciones, como sus sorprendentes contratiempos y originalísimas falsetas.

Ciclo Jueves Flamencos de Cajasol. Salón de Actos de Chicarreros. Al cante: Argentina. A la guitarra: José Quevedo El Bolita. Palmas: El Torombo y Los Mellis de Huelva. Entrada: Lleno. Sevilla, 20 de noviembre de 2014.

11
Nov/2014

Noticias de Paco el Barbero

Cantero, Sánchez Francisco Osario 1900

Hace unos días les dije que el gran guitarrista Paco el Barbero no era de Cádiz ni de Jerez, como siempre se ha asegurado, sino de otra ciudad andaluza. Francisco Sánchez Cantero, que unas veces aparecía en la prensa como Francisco Cantero o Francisco Sánchez ‘El Jerezano’, era en realidad de Sanlúcar de Barrameda, donde nació en 1829. Era hijo de Eugenio Sánchez y de Teresa Cantero. Se casó también en Sanlúcar con Josefa Jiménez Përez y tuvo varios hijos en esta localidad gaditana. Se afincó en Sevilla a finales de la séptima década del siglo XIX, coincidiendo con el apogeo de los cafés cantantes y seguramente animado por Silverio Franconeti. En Sevilla tuvo academia de guitarra y también un tabanco en la céntrica calle Plata, donde La Campanera y Manuel de la Barrera tuvieron una célebre academia. Vivió muchos años Paco el Barbero y murió en Sevilla, cuyo enterramiento buscamos estos días para confirmar este dato. Todo parece indicar, pues, que el primer guitarrista flamenco que comenzó a dar conciertos de este genero en solitario -de eso ya trataremos más adelante- era sanluqueño. Seguramente vivió en Jerez, de ahí lo de Paco el Jerezano, aunque siempre corremos el riesgo de errar en algún dato. La investigación no está cerrada, pero pronto publicaremos en La Gazapera una completa biografía.

Arriba uno de los muchos padrones que aparecen de él en Sevilla. Este es de 1900, cuando vivía en la Puerta Osario.

09
Nov/2014

Esos alevines de Palomares

Palomares del Río es un pequeño municipio español de Andalucía a solo doce kilómetros de Sevilla, situado dentro de la comarca del Aljarafe, entre los pueblos de Coria del Río, Almensilla, Gelves, Mairena del Aljarafe y San Juan de Aznalfarache. Antiguamente era una localidad eminentemente agrícola, de olivares, con dos o tres haciendas centenarias, algunas huertas pequeñas y unas cuantas viñas. A las afueras del pueblo, en la carretera de Almensilla y a no más de medio kilómetro de distancia, se encuentra Cuatrovientos, un puñado de humildes casas blancas alineadas a ambas orillas de la carretera, a donde llegué en la primavera de 1961 procedente de otro pueblo sevillano, Arahal, en la gran comarca conocida por la Campiña. Solo viví trece años en Palomares, pero fueron suficientes para llevar a este pueblo en el corazón y que me marcara para siempre tanto en lo bueno como en lo malo. El Aljarafe es una comarca de soleados olivares, huertas y viñas familiares, que romanos y árabes eligieron para deleite y recreo, quizá por su clima mediterráneo, denominado cálido, con inviernos de temperaturas suaves y agradables, y veranos calurosos y desabridos. Son muy célebres sus bodegas, en las que se elabora, entre otros caldos, el célebre mosto. Aunque hace ya décadas que no vivo en Palomares, cada año acudo a la cita que tenemos con el mosto quienes hemos crecido en este bello rincón rural de Sevilla.

Bohórquez en Palomares 2

Hace unos días leí en la prensa una noticia que me partió el ama: al equipo de alevines de Palomares le metieron cincuenta y tres goles no sé dónde. Prefiero no saberlo porque no volvería a pasar nunca más por ese pueblo. Primero me puse muy triste, pero luego me sentí orgulloso de que los nietos de quienes fueron parte de mi infancia y adolescencia fueran capaces de encajar con tanta hombría una derrota tan contundente. Nunca debió de ocurrir esta humillante derrota, pero el fútbol es así de cruel. Como si no tuviéramos ya bastante en esta tierra con la pobreza infantil y el abandono escolar, el paro juvenil y la falta de futuro. Aunque les parezca un cuento, en los años sesenta no había campo de fútbol en Palomares del Río, al menos que recuerde. Se hizo uno en el Raso del Nono, en la carretera de Mairena del Aljarafe, con una inclinación lateral tan pronunciada que para tirar un corner había que ponerle un terrón al balón y dos cirios a la Virgen de la Estrella para que el esférico no se moviera. Tenía mérito jugar en medio de los terrones con una pelota casi siempre ahuevada y con tanto cebo dado que al que le daban un balonazo en la cara le pringaban el bigote y el flequillo para toda la semana. Las porterías eran dos eucaliptos, y en vez de larguero colocaban unas sogas. Cuando el portero se percataba de que un tiro a puerta del equipo contrario amenazaba con entrar ajustado a la cuerda, la bajaba y el balón siempre pasaba rozando el larguero, aunque por encima. Dependía siempre de los tintos que se hubiera tomado el guardameta, que generalmente eran unos cuantos antes de cada partido, paladeados en el bar de Ricardo, en el de Pepe el Alcalde o en la taberna de Mariquita Méndez. En este campo hizo su debut el primer equipo de infantiles de Palomares, al menos que yo recuerde. ¡Todo un equipazo! Eran Antonio el de Cristina, el Antúnez, el Juan Antonio, el Vicente de Teresa, el Chico de la Filomena, el Marcelino, El Fuli, Rafael del León, el Rebollo, el Mejías y el Bohórquez, que no era otro que mi hermano Antonio. La vestimenta era blanca, como la del Madrid. Recuerdo que, como el debut fue en invierno y entonces había pocas duchas, los diminutos futbolistas aparecieron con una costra en las rodillas que daba verdadera pena. Era del tiempo, decían. Del tiempo de los romanos.

Más adelante se hizo ya un campo en condiciones, digamos que reglamentario y en la zona conocida como La Laguna. Tuvieron que ir por los palos para la portería a un pinar cerca de Almensilla, pero se hizo el campo. Estaba un poco lejos del pueblo y al principio no había vestuarios. Los futbolistas se vestían en un colegio de la carretera de Coria del Río y se iban andando al estadio, con lo que, cuando llegaban, algunos les pedían el cambio a Juan de Pancho antes incluso de comenzar el partido. No sé si eran o no buenos jugadores, porque era muy pequeño para saberlo, pero recuerdo con verdadera nostalgia la increíble potencia de Rafael el de la Nena, las paradas del Salvador del León y El Quinini, la técnica del Ricardo y su hermano Quico, la velocidad de El Rácano, los férreos marcajes del Benacho, las asombrosas genialidades de El Chapa y la clase del Moreno, cuyo debut fue todo un acontecimiento porque tenía solo 16 años. Fuimos a verlo todos los alumnos del colegio, chiquillas incluidas, porque el muchacho era un pincel. ¡Qué jugador! No comió de la pelota pero llegó a ser alcalde del pueblo, aunque no es menos importante lo primero que lo último. Todo esto que he narrado pertenecía al fútbol oficial del pueblo. Luego estaba el nuestro, el de los más pequeños, que jugábamos partidos de tres horas en un campo que había a la entrada de Cuatrovientos, donde, además del barro perpetuo de los largos y duros inviernos de entonces y las ortigas de la primavera, era una lata sortear los garrotes y las majadas de un toro mocho que tenía Murillo siempre amarrado en este campo. No recuerdo que tuviéramos balones de reglamento en Cuatrovientos, en aquellos años. Como mucho, algunas pelotas de goma que se dejaban olvidadas los que iban a las parcelas los fines de semana o que tiraban en el vertedero que vigilaba celosamente Pepe el de Lourdes. A veces solo teníamos botellas de aceite a las que les poníamos un corcho. No es extraño, pues, que no saliera ningún fenómeno, aunque alguno hubo que pudo comer del balón. Estoy orgulloso de estos paisanos a los que humillaron con tan escandalosa goleada. El partido no lo perdieron ellos, sino los otros. O mejor dicho, quienes consintieron tamaña barbaridad. Espero que la derrota no ocupe demasiado espacio en la memoria de estos niños de Palomares del Río y que les sirva más bien como acicate para superarse y acabar por entender que el fútbol solo es un juego, aunque en este país sea algo más que un juego.

06
Nov/2014

II Curso ‘Pioneros del Flamenco’

Alameda de Hércules

Los días 15, 22 y 29 de este mes voy a ofrecer un curso en Sevilla, ‘Pioneros del Flamenco’, en el que daré a conocer parte del resultado de años de investigación. Cada uno de estos tres días incluirá una conferencia de una hora de duración, con proyección de documentos inéditos, además de una visita guiada por barrios sevillanos como Triana, la Alameda, la Feria, la Macarena, la Puerta Osario y Casco Antiguo. En el curso vamos a  desmentir muchas cosas que se han escrito sobre la historia del flamenco en Sevilla, ofreciendo una gran cantidad de datos hasta ahora desconocidos sobre las principales figuras de esta ciudad y de otras que vinieron de fuera a fundar este maravilloso arte. He decidido dar este paso ante la escasa atención que le ponen a este asunto las instituciones públicas y privadas, que no aportan nada a la investigación. Me encantaría que asistieran al curso tanto aficionados, como artistas, porque es importante que conozcamos cómo fue el principio de todo y quiénes fueron los verdaderos protagonistas de la creación del flamenco en Sevilla. Qué papel jugaron El Planeta o El Fillo, La Campanera, Frasco el Colorao, Silverio Franconeti o El Burrero.

Pioneros del Flamenco es un curso de nueve horas que nos adentrará en el túnel del tiempo. Realizaremos un apasionante viaje a la Sevilla del siglo XIX tras la búsqueda de las raíces del flamenco sevillano, que nos acercará a su historia a través de quienes de verdad la protagonizaron: los artistas.

Durante tres días nos ocuparemos de todas las figuras históricas que nacieron en Sevilla o que hicieron su carrera en esta ciudad: El Planeta, el Fillo, María Borrico, la Andonda, la Serneta, la Trini, Juan Breva, el Nitri, Frasco el Colorao, Diego el Lebrijano, los Cagancho, Paco la Luz, el Canario, el Maestro Pérez, Miracielos, Paco el Barbero y un largo etcétera.

Dirigido a aficionados y artistas de todas las edades. El recorrido profundizará en la historia flamenca de Triana, la Alameda de Hércules, el Barrio de la Feria, la Macarena y el Casco Antiguo. Cada día incluirá una charla de una hora, con proyección de documentos, carteles y fotografías, además de una visita guiada de hora y media para conocer a fondo dónde nacieron y vivieron los primeros maestros, dónde estuvieron los cafés, etc.

Si te entusiasma nuestro arte más universal, no te lo puedes perder.

Dirigido por el reputado periodista, escritor y crítico de flamenco Manuel Bohórquez.

http://www.perfilesdesevilla.com/index.php/actividades/rutas/34-pioneros-del-flamenco

 

 

01
Nov/2014

Aquel viejo cantaor y escritor

Hubo un cantaor sevillano, Fernando el de Triana, al que Sevilla no le ha hecho justicia. Ni siquiera Triana. Son tantos los olvidados. Fernando Rodríguez Gómez, que así se llamaba este artista, era en realidad un sevillano de la calle Pozo y bautizado en San Gil en 1867, el año de su nacimiento. Pero él lo ocultó siempre, porque en realidad se fue de niño al arrabal y allí se aficionó al cante y a la guitarra. Por eso llevó siempre el nombre del barrio como remoquete artístico. Tampoco era gitano, aunque declaró una vez ser hijo de un “humilde romaní de Triana”, que además era herrero, según él. Y ni era gitano ni herrero, sino un fino carpintero y más gaché que un olivo. Pero entonces vendía mucho eso de ser trianero y calorró, de ahí que muchos flamencos confesaran ser gitanos, sin serlo, o haber nacido en Triana, que es una de las cunas principales del arte flamenco, aunque no hubieran recibido su primer beso de luz en el arrabal. Como ya dije en su momento y casi me echan a gorrazos de Sevilla, las principales figuras del cante sevillano del XIX no eran de Triana, donde, eso sí, hubo algunas familias gitanas, dedicadas al noble y vetusto oficio de la herrería, cuyos miembros cantaban, como, por ejemplo, las de los Cagancho y los Pelao. Ni Frasco el Colorao, el Fillo o la Andonda eran nativos del barrio de Triana, solo se afincaron en el arrabal y no por el cante jondo, sino por otras razones, unas veces laborales y otras para esconderse.

Fernando el de Triana fue un caso único en la historia del cante andaluz. Su vida es digna de ser llevada al cine, porque es la historia de una superación. De clase humilde, desde niño quiso aprender el oficio del arte flamenco, primero de la mano de su propio abuelo materno, Fernando el Cachinero, y luego pegándose a los cantaores y a las cantaoras del barrio. Al no estar muy dotado para el cante se inclinó por la guitarra, como le ocurrió a su hermano Joaquín.Vivió de niño en la calle Verbena, la que hoy es Rodrigo de Triana, pero en la parte donde vivían los gitanos. Tuvo de vecinos a Antonio Cagancho y a su hijo Manuel, los dos grandes seguiriyeros del barrio. También al célebre Diego el Lebrijano, quien acabó casándose con una gitana trianera. Trasladado luego a la calle Pureza, siendo apenas adolescente frecuentó Casa Rufina, un tabanco pegado al Arquillo donde se reunían los cantaores calés a cantar romances, seguiriyas, soleares y martinetes. Fue en esta célebre taberna donde pudo escuchar al famoso Juan el Pelao y a su hermano José, dos gitanos del grupo de los raros, de los que no solían cantar para los gachés. Sin embargo, Fernando Rodríguez entraba en esas reuniones y ello le permitió ir formándose como cantaor, oficio al que se dedicó pronto a pesar de que en aquellos tiempos no era fácil porque había una nómina muy importante de fenómenos.

Fernando

Nunca llegó a ser una primera figura del cante, aunque cantó en muchos cafés cantantes de Sevilla, Málaga, Madrid, Barcelona, Granada o Cartagena. Sin embargo, la historia le tenía reservado un sitio como escritor, aunque solo escribiera un libro y ya en los últimos años de su vida, cuando era viejo, estaba enfermo y absolutamente arruinado. El libro, Arte y artistas flamencos (1935), es hoy una obra de referencia. Y tiene su historia. Tras tener negocios ajenos al flamenco en Barcelona, Nador (Marruecos) y Coria del Río, se afincó en la calle Canalejas de la localidad de Camas, donde puso una taberna, La Sonanta, que decoró con viejas fotografías y valiosos carteles. Por las noches se dedicó a escribir sus recuerdos y aquellas viejas cuartillas cayeron en las manos del pintor sevillano José Rico Cejudo, con quien Fernando había intimado en Coria. Gracias a su influencia el cantaor pudo dar la única conferencia de su vida, en Coria, en 1933. Luego, esos apuntes fueron pasados a máquina por Blas Infante para que dos años después acabaran convirtiéndose en el libro, y para cuya edición se llegó a organizar un gran festival en el Teatro Español de Madrid auspiciado por la célebre bailarina Antonia Mercé La Argentina.

Fernando pensó que aquella obra le salvaría de una vejez de penurias, pero no fue así. Siguió viviendo en su humilde casa de Camas, de alquiler, con su esposa, Francisca Morales Martínez, Paca la Coja, donde murió el día 7 de septiembre de 1940 como consecuencia de reblandecimiento cerebral. Ni siquiera reconocieron su profesión de cantaor a la hora de redactar la partida de defunción, en la que reza como jornalero. Ni mucho menos la de escritor, aunque su libro sea el más importante de la historia del flamenco, con sus luces y sus sombras. Cinco días antes de su muerte, Fernando, El Decano del Cante, escribió dos poemas a máquina en los que contaba su enorme drama:

Al morir, solamente me atormenta/ el dejar en el mundo traicionero/ a la santa mujer que tuvo en cuenta/ mi vivir de constante cancionero/ Desvalida, ¿sin mí que representa? Compañera, ven pronto: aquí te espero.

Pobre Fernando. Y pobre Paca. La desdichada mujer intentó recaudar algún dinero por los derechos del libro y también quiso vender unas letras que había compuesto el cantaor y en las que tenía interés Manuel Vallejo. No consiguió ni una cosa ni la otra. Al final, para no morirse de hambre, acabó vendiendo ejemplares con una espuerta por las calles de Camas y Coria, donde se quedaron casi todos los que Fernando no fue capaz de vender. Agotados los libros, Paca la Coja se fue a su tierra, Madrid, seguramente buscando el calor de su familia, puesto que no tuvieron descendencia. Y dejó al amor de su vida enterrado en Camas. Al primer cantaor que escribió un libro de flamenco, que se preocupó de escribir sus recuerdos y de recopilar más de cien fotografías del siglo XIX. Mi primer libro fue sobre Fernando. La Sonanta, así lo titulé en honor de su tabernita camera. Ya hace de eso veintiún años. Me lo editó, por cierto, Alberto Jiménez Becerril cuando era alcalde de Triana. Repasando ahora aquel libro pienso en las ducas que pasó el cantaor sevillano, al que su tierra ha olvidado. Y releyendo el suyo, el de Fernando el de Triana, me pregunto si no ha llegado la hora de reeditarlo con una buena y documentada revisión.