Monthly Archives: Julio 2014

29
Jul/2014

Gracias, Mairena. De corazón

Hoy ha sido posiblemente uno de los días más bonitos y emotivos de mi ya larga carrera de crítico de flamenco. He presentado esta noche mi último libro, El Esquimo, en la Casa Palacio de Mairena del Alcor y a pesar de ser lunes, con mucha gente de vacaciones, en las playas o en el campo, el recinto se ha llenado y el acto ha sido un éxito, emotivo y de calidad flamenca. Solo tengo palabras de agradecimiento hacia Mairena y los maireneros, al Ateneo, a la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena, la Hermandad del Cautivo y el Ayuntamiento, y hacia los dos grandes cantaores de Mairena que han cantado las letras del libro, José de la Mena y Manuel Cásutlo, acompañados a la guitarra por el maestro Antonio Carrión. Gracias también a Agustín Marín, a Manolo Ríos y a Pedro Madroñal. Y al Juani de la Algaba, que se ha encargado de que se agotaran todos los libros. Más no se puede pedir. De cómo han cantado Cástulo y José de la Mena quizás no me corresponda decirlo a mí, que soy parte interesada puesto que han cantado mis letras. Solo puedo decir que todo lo que han hecho me ha llegado al alma y que ojalá todo lo que escriba en el futuro sea cantado siempre como se ha cantado esta noche en el Patio del Pozo. Espero vivir lo suficiente para agradecer tanto cariño y apoyo. Gracias, Mairena. De corazón.

27
Jul/2014

Juan Mena tendrá una plaza en Montellano

La XXXVI edición del Festival Flamenco de Montellano, celebrado el pasado sábado, estaba dedicada a su creador, Juan Mena Díaz, o el hombre que impulsó la iniciativa de que se creara en 1979 este festival dedicado a los nuevos valores del flamenco o profesionales no consagrados, con grandes aficionados como Manolo Mariscal, Manuel Campero o Pedro Mena, entre otros. Esperábamos más público y, sobre todo, la presencia de las peñas flamencas de la provincia de Sevilla, porque este hombre, además de haber estado más de treinta y cinco años al frente de la Peña Flamenca El Madroñero, durante un tiempo fue un gran presidente de la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla, quizás el mejor.

Juan Mena Díaz, anoche en Montellano. Fotografía de Raúl Vilches.

Juan Mena Díaz, anoche en Montellano. Fotografía de Raúl Vilches.

Curiosamente, la única peña flamenca que le llevó una placa es de la provincia de Cádiz, la de Ubrique, lo que lo dice todo. Sí estuvo una persona representando a la Federación de Sevilla, que entregó su presente en nombre de todas. Tampoco estuvieron aquellos cantaores que en estas tres décadas de historia tuvieron su oportunidad en la cita montellanera, bien actuando en su escenario o recibiendo la distinción Madroño Flamenco. Por último, se escaquearon los críticos, quizás porque no se enteraron. Sin embargo, Juan Mena recibió el homenaje del festival, de los socios de su peña, de su pueblo y del Ayuntamiento.

El alcalde estuvo y adelantó que va a proponer que la plaza del pueblo donde está el monumento al Madroño Flamenco, que ahora se llama de la Diputación, pase a llamarse Plaza de Juan Mena Díaz, con idea de que siempre se sepa en Montellano quién encendió la llama del flamenco en este precioso pueblo sevillano. Al conocer la noticia, este militar retirado, que pronto cumplirá ochenta años, lloraba como un niño. Hoy todo es colaboración por parte del Ayuntamiento, pero no fue siempre así y a lo mejor lloraba por eso, por lo difícil que lo tuvieron él y sus colaboradores cuando incluso gente del pueblo veía raro que un militar organizara actos flamencos. Pues la noche del sábado hubo mucho brillo en los ojos de los montellaneros y montellaneras, gente emocionada viendo llorar a todo un militar ya retirado, de alta graduación, por las cosas del cante flamenco.

No fue una gran noche de cante, pero quizás eso fuera lo de menos. A este festival suelen ir artistas jóvenes o no tan jóvenes, pero no son figuras de renombre o calidad contrastada. Este año componían el cartel el Niño de Gines, Iván Carpio, Toñi Fernández, Rmedios Reyes y el bailaor moronero Antonio Vazquez, con Antonio García Hijo y Martín Fayos como guitarristas oficiales. Uno de ellos, el astigitano Antonio García, recibió el Madroño Flamenco por su apego al toque clásico de acompañamiento. Y cuando tocó supimos bien por qué le habían otorgado este año el deseado galardón.

Lo bueno de la gente joven es su fuerza y esa ilusión que les sirve para vencer cualquier obstáculo. El Niño de Gines tiene empuje, fuerza, una buena voz, pero deberá aprender a templar, parar y mandar, algo que solo se consigue con el tiempo, si no es un don natural. Sí tiene el don la cantaora almeriense Toñi Fernández, y no es porque sea gitana, sino porque lo tiene. Demostró, en seguiriyas y tangos, que el cante jondo habita en el alma y sale porque arde dentro del pecho.

El joven jerezano Iván Carpio –sobrino-nieto de Chocolate y no nieto, como él dijo al público para presumir–, recuerda mucho a don Antonio Núñez Montoya, pero canta mejor cuando no se esfuerza en parecerse a él. Me gustó por bulerías. Tiene madera y espero que sepa aprovecharla. Igual que la tiene Remedios Reyes, de Chiclana y hermana del también cantaor Antonio Reyes. Es una cantaora brava, bien de compás, con una voz potente y preñada de alfileres, que, sin embargo, desgasta demasiada energía sobre el escenario. Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien interesa más que hacerlas, diría Machado. Y el bailaor de Morón, al que le cantó Florencio Gerena, se ganó al público con unas alegrías, con facilidad y rapidez, y eso siempre es bueno. Habrá que seguirlo.

Felicidades, don Juan Mena Díaz

26
Jul/2014

A propósito de Triana

Un baile en Triana

Una mañana, en aquel templo flamenco que fue la Taberna de José Lérida, que estuvo en la calle San Jacinto, al lado de donde regentó su residencia y negocio el célebre contrabandista Pedro Lacambra -cuando esta arteria principal del arrabal se llamaba Santo Domingo-, Manuel Corrales González El Mimbre, el bailaor trianero y hermano de la maestra Matilde Coral, me dijo: “Vives en Triana, pero jamás serás un trianero”. En efecto, en esa época vivía en el Barrio Voluntad, en la calle Virtud. Pero ya en 1972 trabajaba en un taller de pintura de la calle Constancia, el de Antonio Tocino, y algo más tarde en la calle Trabajo, en la sastrería de Ángel Sierra, que aún existe. Y en 1986 me casé delante de la Esperanza de Triana, en la Capilla de los Marineros, con una guapa trianera que descendía de trianeros de indudable raíz arrabaleña. Me sorprendieron aquellas palabras del maestro porque hay ilustres trianeros que no nacieron en el barrio, aunque haya cronistas que digan otra cosa. Ni El Planeta, ni El Fillo, ni El Nitri, ni Frasco el Colorao, ni La Andonda, ni La Finito, ni La Josefa nacieron en Triana. ¿Y qué? Triana ha basado su historia flamenca en la célebre fiesta que relató el costumbrista malagueño Serafín Estébanez Calderón en 1842 en la obra Un baile en Triana, donde tomaron parte una serie de artistas que no eran trianeros, que no nacieron en el famoso barrio sevillano. Curiosamente, la mayoría de ellos eran gaditanos, como ocurría con las dos principales figuras de aquella fiesta en la calle Castilla, Antonio el Planeta y Antonio el Fillo, el primero de La Tacita y el segundo de San Fernando. Cuando se celebró esta fiesta (1838), Tío Antonio Cagancho tenía solo 7 años y aún no habían nacido los hermanos Pelao, Juan y José, los grandes martineteros. Ni había llegado al arrabal Frasco el Colorao, al que en Triana tienen poco menos que como el padre del cante y de todos los cantaores. Por tanto, si en aquella fiesta flamenca no había cantaores trianeros es porque no existían aún en el barrio. Me refiero a artistas del cante de cierto renombre, como ya los había en Cádiz, donde diez años antes de esta fiesta ya triunfaban en los teatros Antonio Monge o un sobrino de El Planeta, el misterioso Lázaro Quintana, que nació en Cádiz en 1802.

Partida de nacimiento del célebre Paco el Sevillano.

Partida de nacimiento del célebre Paco el Sevillano.

Triana nunca ha tenido investigadores que hayan trabajado por el flamenco, como los han tenido y los tienen Cádiz o Jerez. Por este motivo, en Triana estaba casi todo por investigar y los escasos libros que hay sobre su historia flamenca no resistirían el más ligero análisis. Digo esto porque he acabado un trabajo de investigación de años sobre la historia flamenca del arrabal y les puedo asegurar que las conclusiones van a ser demoledoras. Debido a un desmedido apasionamiento, algunos cronistas trianeros han hecho natural del barrio hasta al lucero del alba, en lo que a la historia del flamenco se refiere. Y, curiosamente, como jamás han investigado en serio, se han dejado atrás a importantes cantaores que sí nacieron en Triana. El más importante del siglo XIX -de los pocos que hubo de verdad- aparece en todos los libros de historia y reza como nacido en la localidad sevillana de Cantillana, el célebre Paco el Sevillano, conocido también por Paco Botas o Paco el Gandul. Este cantaor actuaba ya en los teatros de Madrid cuando Silverio Franconetti soñaba con ser torero, aunque solo llegó a ser picador, antes de conseguir ser la referencia de todos los cantadores.

Paco el Gandul fue de los primeros profesionales del cante sevillano, un artista muy famoso que nació y se crió en Triana, de lo que en el arrabal no tienen ni idea. No tuvo la importancia de Silverio, pero se hizo profesional antes que él y luego fue su mano derecha en su faceta como empresario, cuando regentó primero El Recreo, más tarde El Burrero y luego su propio café de la calle Rosario, el célebre Café Silverio. Tan amigos eran Silverio y El Gandul que vivieron juntos en el mismo edificio de la Plaza de San Francisco, en Sevilla, donde por murió Franconetti. Siempre me llamó la atención que apodaran El Sevillano a un cantaor nacido en Cantillana. Por eso me puse a buscarlo en el padrón de Sevilla y apareció primero un hermano José, empleado del Ayuntamiento y natural de Cantillana. Sabiendo ya que El Gandul se llamó Francisco Hidalgo Monge -así rezaba en el padrón de 1885, donde aparecía casado con una santanderina, sevillano y cantante-, solo había que buscar la boda de sus padres, Francisco Hidalgo y Carmen Monge, en el Palacio Arzobispal de Sevilla. Localizada la boda, la primera sorpresa es que se casaron en Santa Ana en 1831. Ambos eran trianeros, según constaba en sus respectivas partidas de nacimiento. Y al poco tiempo de la boda nació en Triana Francisco Hidalgo Monge (1832), quien con el paso de los años sería conocido en el mundo del cante con los tres remoquetes ya señalados: Paco Botas -fue zapatero, como su padre-, Paco el Gandul -poco amigo del trabajo- y Paco el Sevillano, que así es como lo llamaban en Cantillana, donde se afincó junto a su familia rozando la adolescencia. Por tanto, esta gran figura histórica del cante nació en Triana, como otros de sus hermanos. En el arrabal mamó el cante jondo y luego emigró a Cantillana. Es un cantaor trianero y no cualquier cantaor, sino una de las primeras figuras del cante de su época, cuando mandaban Silverio Franconetti, José Lorente o el veleño Juan Breva. Curiosamente, Fernando el de Triana siempre lo hizo natural de Cantillana, así como Rafael Pareja. Y desde entonces hasta la fecha el célebre Paco el Sevillano ha venido apareciendo en los libros de historia como cantillanero. Este cantaor tuvo su época sevillana, con grandes triunfos en todos sus cafés cantantes. Estuvo algún tiempo en Málaga, cuando era conocido por Paco Botas, y acabó sus días en Madrid como tantos otros artistas flamencos andaluces. Fue muy popular en la capital de España, donde cantó en teatros y cafés, siendo encargado de algunos de los salones más flamencos de la Villa y Corte. Triana tendría que reparar este olvido, el de su figura principal del cante del XIX. Sobre todo ahora que ya saben que era trianero y perteneciente a familias del barrio. Lo asegura alguien que no nació en Triana, pero que la lleva metida en el corazón.

 

 

19
Jul/2014

Presentación de ‘El Esquimo’ en Mairena del Alcor

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Amigas y amigos de La Gazapera. Quienes no pudisteis estar en la presentación de ‘El Esquimo’ en Sevilla, en la Casa de la Memoria, el pasado día 2, podéis hacerlo el día 28 de este mismo mes en la Casa Palacio de Mairena del Alcor, a partir de las 21.30 horas. El Ateneo de Mairena, en colaboración con la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena, se encargarán de la organización del acto, en el que van a tomar parte Agustin Marin, como presidente del Ateneo, Manuel Jimenez Rios, como presidente del la Casa del Arte, Pedro Madroñal, como crítico flamenco, y el autor. Luego habrá un recital de cante a cargo de dos grandes cantaores locales, Manuel Cástulo, y Jose Leon Romero, conocido como ‘José el de la Mena’, quienes cantarán coplas flamencas del libro. La entrada será gratuita hasta completar el aforo. Y el libro se pondrá a la venta en el recinto. Una buena oportunidad para los aficionados maireneros y de pueblos cercanos como Carmona, Arahal, Alcalá de Guadaíra, El Viso del Alcor o Paradas. O de Sevilla, claro, porque Mairena está solo a quince minutos de la capital. Gracias a todos los que van a participar, que lo harán de forma desinteresada. De una manera muy especial a José de la Mena y Manuel Castulo, que estarán acompañados a la guitarra por Antonio Carrion Jimenez, siempre tan compañero y amigo. Por último, mi agradecimiento al Ayuntamiento de Mairena del Alcor por su colaboración, cediendo tan mágico marco. No faltéis.

19
Jul/2014

¿Cantera de mano de obra barata?

En  Andalucía solo se habla de la pobreza infantil cuando aparecen los datos en los medios de comunicación, cuando se publican las estadísticas. Y algunos sociólogos y politólogos de Madrid se hacen eco de estos datos y los comentan como si constituyeran una novedad informativa. ¿Cuándo no ha habido pobreza infantil en Andalucía? Pero la pobreza infantil no es solo que haya muchos niños con hambre, que eso se solucionaría con comedores sociales o ayudas a las familias más necesitadas. Ahora van a llegar diecisiete millones de euros, que si de verdad llegan y se administran bien pueden remediar en parte el problema. Eso es lo que cuesta un jugador de fútbol de medio pelo, pero menos da una piedra. La pobreza infantil es también toda una generación condenada a la escasez de oportunidades, al difícil acceso a la Universidad o el mercado laboral. Los que hemos sido niños pobres y no lo ocultamos sabemos muy bien qué significa eso. En el pueblo donde me crié los niños más inteligentes eran siempre hijos de guardias civiles, hacendados o bien colocados en Sevilla, en la Caja Nacional o en la Diputación. Por lo general eran quienes les llevaban al maestro medio saco de garbanzos, una caja de productos de la huerta familiar o una garrafa de aceitunas aliñadas. Luego aprobaban los exámenes por sus propios méritos, seguramente. Pero por si fallaba algo, le llevaban el regalito. Los niños más torpes teníamos que ir a rebuscar, echábamos horas por las tardes en una fábrica de porrones tuneados o nos obligaban a pedirle al cura latas de manteca o ropa usada de la que mandaban los americanos junto con la leche en polvo. Si aparecía un piojo en el colegio no tenía que venir desde Sevilla un especialista en miseria, porque enseguida daban por hecho de qué cabezas se habría podido escapar. Ves una fotografía del colegio de los años sesenta y no hay que ser un lince ibérico para averiguar quiénes eran pobres y quiénes no. No teníamos un número marcado a fuego en la frente, pero a los niños pobres nos marcaban con un pelado al cero. Y eso es lo que siempre llevé mal porque era un niño muy presumido. Cuando estaba a punto de conquistar a la niña más bonita de Cuatrovientos, zas, pelado al cero y adiós a la conquista, porque las niñas de Palomares ya veían la televisión y habían descubierto que los adolescentes de las series lucían venustas y aseadas cabelleras. Cada vez que mi madre me llevaba al barbero me sentía como el borrego al que le quitaban la lana en primavera. Además, los niños menesterosos solíamos tener las orejas más abiertas o despegadas que los otros niños. No por una cuestión genética, sino puramente alimenticia. Y nos pelaban tan rapados que a veces se dejaban ver unas cicatrices horribles, como producto de pedradas o desgarrones en las alambradas de las huertas. En ocasiones, el barbero se apiadaba y nos dejaba el flequillo, que era todavía más humillante. Menos mal que el pelo crecía luego de una manera descompensada y acababas con un tupé muy vacilón.

En esta humilde casita de Palomares del Río me crié.

En esta humilde casita de Palomares del Río me crié.

Pobreza infantil significa exclusión social, difícil acceso a los recursos para la educación, al trabajo y a la vivienda digna. El concepto de pobreza ha cambiado bastante en los últimos años. Cuando yo era niño se interpretaba como una situación natural, como ocurría en la Edad Media. Los pobres heredaban la pobreza y la asumían con naturalidad, como un legado familiar más. A diferencia de la pobreza urbana, la de los barrios marginales de Sevilla, en la rural había más posibilidades de buscarse la vida. No dependía tanto de las ayudas al desempleo, como hoy, sino de la capacidad individual de cada uno para poner a hervir la olla todos los días. Entonces, pobreza y desempleo no tenían la misma relación que en la actualidad. Cuando mi abuelo Manuel no trabajaba, cogía un saco, se iba al campo y a la caída de la tarde aparecía en casa con una liebre, tagarninas, caracoles o algún melón del rebusco. Esto, el rebusco, era la base de nuestro sustento, las aportaciones propias, que hoy no existen porque el que está desempleado solo depende de las ayudas al desempleo, cuando las hay. Esta nueva pobreza, como la llaman los sociólogos, la del siglo XXI, convierte al pobre en un ser humano totalmente dependiente del Estado o las instituciones benéficas. Cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se refirió a que “España jamás ha tenido una política de bienestar social como la de ahora”, se referiría a eso: a una política social basada en la limosna, en la de contentar y contener a los pobres con ayudas sociales que, sin embargo, no evitan desahucios, mendicidad callejera, emigración, abandono escolar o exclusión social. Esta es, en síntesis, la política del bienestar de la que presume quien para intentar sacarnos de la crisis económica ha antepuesto los intereses de la banca y los empresarios, del capitalismo, al de los ciudadanos más desfavorecidos, que a estos se les puede callar la boca con ayudas que les permitan ir cada tres días al mercado o pagar los libros de texto de sus hijos. Esta pobreza, la actual, contrasta con el lujo con el que viven algunos españoles, políticos incluidos. Los pobres tienen televisor y ven a diario y en directo el nivel económico de quienes, a pesar de la crisis, siguen siendo unos privilegiados. Pero no solo eso. Los pobres, además, ven que en la comunidad más pobre de España, Andalucía -o con el índice más alto de pobreza-, la clase política es también la más corrupta del país, o una de las más putrefactas. Esto hace que la pobreza sea aún más dura, más difícil de sobrellevar. Los que no hemos perdido aún el contacto con la pobreza extrema, quienes la vivimos y hasta la sufrimos en nuestras propias carnes, sabemos muy bien qué significan la impotencia y la rabia que se sienten cuando tú te mueres en la miseria y quien ocupa un cargo público gracias a que lo has votado se pega la vida padre. Y no solo eso. Lo peor es que, encima, ese al que le has dado tu confianza se lo lleva calentito delante de tus narices y se te queda una increíble cara de gilipollas.

La pobreza infantil es un drama y no tiene ya sentido en una región como Andalucía, de un nivel económico alto. Los niños pobres de hoy serán la mano de obra barata de mañana. Y eso es lo que quiere el capitalismo: que los pobres no dejen nunca de hocicar.

18
Jul/2014

Diego Clavel, otro maestro del cante que quiere irse

Uno de los maestros del cante sevillano, Diego Clavel, anunció el pasado sábado en la Reunión de Cante Jondo que ya no cantará más  en el festival de su pueblo. Se va el maestro, un cantaor honrado, responsable, sabio, entregado a su profesión y serio donde los haya. No ha dado muchas explicaciones, pero supongo que se irá pronto del cante, de los escenarios, porque está convencido de que hay que irse antes de caer en el olvido. También se fue Calixto Sánchez, el maestro mairenero, en plenitud de facultades. Diego Clavel sufre con el cante y, aunque no lo diga, con la situación actual del flamenco. No entiende muchas cosas, entre otras, que los organizadores de festivales se estén olvidando de los pocos maestros del cante que nos quedan. Del cante, del toque y del baile. Si se van los que son capaces de cantar bien y de enseñar, ¿qué nos quedará? La trayectoria de Diego Clavel ha sido todo un ejemplo. Ahí está su obra discográfica, que seguramente será analizada y valorada con el tiempo. No ha tenido muchos reconocimientos. Los cantaores como Diego nunca han sido reconocidos como merecían. Desconozco si se irá o no del todo. En cualquier caso, haga lo que haga el maestro, su trayectoria y obra lo harán inmortal.

12
Jul/2014

El Pele y Dorantes conquistaron Las Cabezas de San Juan

Por fin se llenó de aficionados La Yerbabuena de Las Cabezas, celebrada el pasado viernes. No era para menos, con El Pele y Dorantes en el cartel y la entrega de la Yerbabuena de Plata a título póstumo al entrañable Pedro de Miguel Hermida, uno de los creadores de este histórico festival. Se volcó el pueblo de Las Cabezas y hubo mucha gente de Lebrija, de Utrera y de Sevilla. La noche, desde el punto de vista de la climatología, acompañó también porque cuando se puso el sol entraba un fresquito en la Plaza del Santísimo Cristo que olía a manzanilla y a camarones de Sanlúcar. Todo contribuyó a que fuera una buena noche de cante, que Pedro de Miguel hubiera aplaudido. Sus hijos estuvieron muy emocionados toda la noche, y su viuda, María, escuchó el festival desde su casa. Estuvieron muchos amigos de Pedro de Miguel, aficionados como Alberto Rodríguez Burgos o José Ignacio Primo, que fue quien hizo el ofrecimiento, leyendo un texto suyo que quedará en los anales del festival por su enorme calidad literaria y emotividad. También estuvo Nandi, la viuda del crítico Miguel Acal, que de alguna manera estuvo en la mente de todos por su amistad con Pedro de Miguel. No era un cartel largo, como los de antaño. Tres cantaores, un pianista, dos guitarristas, otros dos percusionistas y cuatro palmeros. Nada más. Pero la noche fue de arte, de pellizco, emocionante desde el principio hasta el final. En la primera parte, el cantaor local Manuel Cordero, acompañado por Juan de Clemente, demostró que sigue siendo un cantaor largo, de los que se entregan de verdad en el escenario. Le siguió Tomás de Perrate, el hijo del gran Perrate de Utrera, quien se hizo acompañar por un gran guitarrista al que no se valora como merece, Antonio Malena. Es hijo de Curro Malena y seguidor de la escuela del llorado Pedro Bacán. Tomás de Perrate maravilló con su metal gitano y ese temple tan de Utrera y de su padre, en cantes de una emoción inenarrable, como las bulerías utreranas.

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Tras el acto de entrega de la Yerbabuena de Plata a los hijos de Pedro Miguel -Manuel, Juan Pedro y María-, cerraron la noche El Pele y Dorantes y lo hicieron de una manera apoteósica, levantando al público varias veces. Era la primera vez que El Pele estaba en este festival y había ganas de escucharlo. Atraviesa un gran momento artístico, está como un cañón y el público enloqueció con sus zambras caracoleras, primero, y luego con sus fandangos, seguiriyas de El Nitri y Manuel Cagancho y, sobre todo, con sus bulerías lebrijanas. Estaba a gusto, como lo estuvo Dorantes, muy inspirado toda la noche y muy bien compenetrado con el cantaor, la guitarra de Patrocinio Hijo y la percusión de Javi Rubial y José Moreno, el hijo de El Pele. Me pregunto qué hubiera dicho Pedro de Miguel ante un concierto flamenco con piano y batería. Qué hubiera pensado escuchando a El Pele en esas seguiriyas gitanas a ritmo, con piano. Seguramente, y conociendo su rechazo a los experimentos, se hubiera emocionado igual que nos emocionamos todos, porque pocas veces un cantaor ha cantado con tanta pureza al lado de un piano, si exceptuamos a Manolo Caracol. Cuando el cante es bueno y está bien hecho. Cuando demás hay pellizco y jondura, lo de menos es si se hace solo con guitarra o con otros instrumentos. El Pele y Dorantes desenterraron a viejos seguiriyeros gitanos, unos de Triana y otros de Cádiz o los Puertos, con una emoción increíble.

Pedro de Miguel tuvo su homenaje, el que en vida jamás quiso aceptar. La Yerbabuena registró un lleno absoluto. El público despidió a todos en pie y es muy posible que a partir de ahora los aficionados decidan seguir apostando por este festival de Las Cabezas que el Ayuntamiento, con su alcalde al frente, Francisco Toaja, se resiste a enterrar.

Fotografía: Marcos Antonio Campos JIménez

12
Jul/2014

Operación pelota de goma roja

Botones

De niño, cuando vivía en Palomares del Río, la pobreza no se televisaba. Es que ni siquiera había televisores en el pueblo y teníamos que ver Bonanza o los partidos del Real Madrid en bares como los de Pepe el Juez o el de Ricardo. Tengo poco más de medio siglo pero he visto a la gente desenterrar las gallinas muertas de morriña para comérselas y correr con cubos y navajas barberas para dejar en los huesos a un mulo que murió de un infarto en el campo. Pero aquella era una pobreza que se quedaba entre nosotros. Mi madre jamás se quejó de ser pobre, quizás porque no había conocido otra cosa que la necesidad. Iba a los comedores sociales a por comida para alimentar a sus niños y a la iglesia a pedir ropa usada. Limpiaba suelos durante horas y muchas veces le pagaban con un bote de leche y una pringá. Cuando no tenía para comprarnos dulces cogía huevos del gallinero y con las claras hacía un merengue exquisito. Y cuando llegaba el de los helados, que la mayoría de las veces pasaba de largo, sacaba una sandía de las del rebusco, de debajo de la cama, y nos poníamos morados. Me he preguntado muchas veces qué hubiera hecho mi madre de haber existido en la televisión de aquella época un programa como Entre todos, el de la sanluqueña Toñi Moreno, quien si alguna vez fue pobre ahora ya no lo es porque cobra más de mil euros por cada programa, por llorar en público la pobreza de España y airear nuestras miserias en la televisión pública. Así aprende a llorar cualquiera. Por mil y pico de euros diarios habría millones de españoles dispuestos a llorar en la caja tonta, en ese programa que nos cuesta más de tres millones de euros por temporada y que inventamos en Andalucía, cómo no, donde somos unos maestros de las llantinas. Somos, quizás, la única región del mundo donde lloramos de alegría, en los campos de fútbol, en el Rocío, en la Semana Santa o en las plazas de toros.

Palomares era entonces un pueblo de pobres. Había dos o tres con dinero que, sin embargo, se amarraban el pantalón con una guita y ni siquiera se quitaban el sombrero para entrar en la Caja Rural. Los pobres tenían que dejar la gorra en la puerta y sacudirse bien el barro de las alpargatas. Los niños más necesitados del pueblo buscábamos bicicletas sin ruedas y muñecas sin ojos en el vertedero que guardaba Pepe el de Lourdes en las cercanías del cementerio. Mi primera pelota fue una que se dejó una familia en uno de los primeros chalés que se hicieron. Era de goma dura, roja. Cuando mi hermano y yo la vimos en el interior de la parcela no nos lo creíamos y tardamos tres días en decidirnos a saltar la alambrada de espinos para cogerla. Acostumbrados a jugar con una de trapo o una botella de aceite vacía  -llena era un despilfarro-, encontrar aquella preciosa pelota de goma fue como una aparición divina. Hasta dormíamos con ella por temor a que vinieran a llevársela los niños gorditos del chalé. No vinieron ellos personalmente, aunque sí su padre, que tenía una panza sebosa y nos amenazó con el municipal. En aquellos años, que alguien te amenazara con el municipal del pueblo era para echarse a temblar, aunque Manolito Méndez era un bendito. Escondimos la pelota en la chueca de un olivo, pero el municipal pidió refuerzos y una mañana vimos entrar los tanques en Cuatrovientos y dos helicópteros sobrevolaron los olivos. Operación pelota de goma roja, creo que se llamó aquella invasión del ejército franquista. Cuando decidimos entregar el balón a las autoridades lo hicimos conscientes de lo duro que sería volver a la botella de aceite vacía. Cuánto echamos de menos mi hermano Antonio y yo aquella preciosa pelota roja en nuestro colchón de foñico.

Palomares

Si duro fue deshacerse de la pelota, más duro fue ver que los niños del chalé ni siquiera jugaban con ella, que era para ellos un juguete más de los muchos que tenían. Cada domingo, cuando regresaban a Sevilla, se la dejaban en la parcela y mi hermano y yo nos agarrábamos a los alambres de espinos y la mirábamos hasta el anochecer. Una de aquellas tardes la miramos con tanto deseo que la pelota empezó a rodar sola en nuestra dirección hasta detenerse al borde mismo de la alambrada. Pero quién se arriesgaba a ver de nuevo los tanques en Cuatrovientos y los helicópteros volando tan bajos que no hubiera quedado ni un pájaro. Fue la primera vez que vimos llorar a un balón. Seguramente, lloraba porque echaba de menos el calorcito del colchón de foñico en aquella parcela desangelada donde cada domingo se quedaba sola, sucia y pateada, cuando los vástagos del dueño regresaban a Los Remedios. Una mañana, rebuscando en el vertedero, descubrimos a la pelota roja hecha trizas, como de haber sido rajada con un cuchillo. Estaba junto a una muñeca tuerta y una bicicleta sin ruedas, aunque nuevas. La cogimos y la enterramos cerca del cementerio, entre dos olivos, con su cruz y todo y una inscripción que decía: “Aquí yace la pelota roja”. Y si no han removido la tierra para hacer chalés o un polígono, allí debe andar todavía aquella pelota de goma dura que por unos días se sintió una verdadera reina bajo un humilde techo de canales, en Cuatrovientos, donde los niños pobres teníamos que esperar a que se quedaran vacías las botellas de aceite para emular a Di Stéfano y a Kubala en la carretera de Almensilla.

En Mairena del Alcor, donde ahora vivo, lleva abandonado varias semanas un balón de reglamento en una parcela y no me faltan ganas de cogerlo. Es de color naranja  y sigue inflado. Pero nadie lo quiere. Será mi imaginación, pero hace unos días me quedé mirándolo y vi que se movía y que empezó a rodar hacia mí. No me atreví a tocarlo porque recordé la que se formó en Cuatrovientos con aquella pelotita. Los niños aprendemos pronto las lecciones, sobre todo los niños pobres. Así que el venusto balón de reglamento seguirá ahí hasta que el sol lo deje sin color alguno y un día, si alguien no lo evita, estallará y ni siquiera  tendrá un entierro digno.

La pobreza ha cambiado mucho en España. Es tan importante que hasta la televisan a diario y rellena páginas de periódicos. Los políticos la utilizan para forrarse y aquella estampa de una pelota de goma abandonada en una parcela ya no conmovería a nadie. Ni siquiera a los niños más pobres.

 

11
Jul/2014

Dos festivales históricos sevillanos para El Pele de Córdoba

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Este fin de semana hay dos grandes festivales en la provincia de Sevilla, el de Las Cabezas de San Juan, que tendrá lugar esta misma noche, y el de La Puebla de Cazalla, que se celebrará mañana sábado. Hay otros muchos en toda Andalucía e incluso fuera de nuestra región. Pero estos son de los llamados clásicos o históricos, dos citas con décadas de historia que se mantienen un poco en la tradición del flamenco menos comercial. La Yerbabuena de Las Cabezas tuvo sus años de esplendor cuando estaba al frente el gran aficionado local Pedro de Miguel, a quien este año va dedicada la edición a título póstumo, como les informamos el pasado viernes. Como ha ocurrido en otros festivales históricos, La Yerbabuena acusó bastante el alejamiento de uno de sus creadores, primero, y luego su ausencia física. Ha atravesado momentos complicados, pero el Ayuntamiento se propuso salvarlo y recuperar el espíritu con el que fue fundado. La crisis no lo ha puesto fácil pero ahí está, sobreviviendo a duras penas, pero sobreviviendo. Este año con un cartel no muy extenso, lo cual está muy bien: solo estarán El Pele, Dorantes, Tomás de Perrate y Manuel Cordero.

La Reunión de Cante Jondo, de La Puebla de Cazalla, es quizás el único festival de los creados en la década de los sesenta del pasado siglo que no ha dado bandazos, que se mantiene contra viento y marea en una línea clásica de cante, baile y toque, siguiendo la de festivales como los de Arahal y Los Palacios. Se ha reconvertido y ya no es solo una gran noche de flamenco en La Fuenlonguilla, sino toda una semana o más de actividades flamencas como preámbulo a la gran noche, que será mañana y que culminará una excelente programación. De este modo, La Reunión va más allá de su cita anual para disfrutar del cante de Menese y Diego Clavel, apostando más por la cultura como reclamo para los muchos aficionados españoles y foráneos que venían reclamando otro formato. En los dos eventos va a estar un cantaor cordobés al que siempre le habían venido negando estos festivales, quizás porque nunca ha respondido al prototipo de cantaor ortodoxo, clásico. Nos referimos a Manuel Moreno Maya El Pele, que se ha puesto de moda a los sesenta años de edad. Aunque lleva casi treinta años de figura y toda la vida cantando, es ahora cuando parece haber sido descubierto por los aficionados más cabales, sobre todo a raíz de su gran actuación en la pasada Bienal de Flamenco, donde le cantó de manera formidable a Manuela Carrasco.

El Pele es una fuerza de la naturaleza, con una voz prodigiosa que le facilita una comunicación rápida con el que lo escucha. Si hubiera imitado a Antonio Mairena desde sus principios como cantaor, como hicieron casi todos, seguramente lo hubiera tenido más fácil. Pero el cordobés es más caracolero que mairenista. Caracol es su guía, el espejo donde se mira siempre. Lo busca en la música y en la manera de estar en el escenario, en la esencia del cante y en la pose. A pesar de esto, este verano también estará en el Festival de Cante Jondo Antonio Mairena, de Mairena del Alcor, completando quizás su mejor año desde que comenzó a cantar.

Para que esto esté ocurriendo han influido tres factores. En primer lugar, la escasez de cantaores de su edad en forma. En segundo lugar, esa enfermedad con la que lleva tiempo luchando y que ha vencido. En la pasada Bienal se formó la que se formó en el Alcázar de Sevilla porque muchos creyeron que se iba a morir y que sería una oportunidad única de poder escucharlo. No solo no se ha ido, sino que atraviesa la mejor etapa de su vida. Y por último, el otro factor es que El Pele es de los pocos artistas que quedan de verdad y los aficionados se aburren ya con los cantaores y las cantaoras que cantan siempre lo mismo. Esperemos que este renacer del cantaor cordobés no sea solo una moda, sino la consolidación como maestro de un cantaor muy especial al que queremos.

08
Jul/2014

‘El Esquimo’ ya está a la venta

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Queridos amigos, lectores y lectoras de La Gazapera. El pasado día 2 de julio se presentó ‘El Esquimo’ en Sevilla, mi libro de coplas flamencas, con la asistencia de unas cien personas, lo que supuso todo un éxito. Una vez presentada la obra se puede adquirir ya por Internet a través de Editorial CulBuks, que es quien ha editado el libro, con 135 páginas e ilustrado por el gran pintor flamenco Patricio Hidalgo. Los interesados pueden dirigirse por email a la editorial (editorial@culbuks.com) o entrando en su página web (www.culbuks.com), como lo deseen. Si tienen alguna duda pueden llamar por teléfono al 954 38 03 56. Su precio es de 18 euros, con todos los gastos incluidos. Y lo recibirán en sus casas en solo unos días. Espero vuestra colaboración. Sé que la crisis aún es dura, pero un libro es para toda la vida y el éxito de éste puede servirme de ayuda para acometer por fin ese otro proyecto literario, el de la historia flamenca de Sevilla, que irá en en tres tomos: el cante, el baile y el toque. En ‘El Esquimo’ he publicado casi 300 coplas flamencas mías y algunos poemas, otra faceta, esta desconocida hasta ahora. Gracias por todo.