Monthly Archives: Junio 2014

29
Jun/2014

El Potaje se pasa al plasma

Aurora Vargas, en una fotografía de archivo.

Aurora Vargas, en una fotografía de archivo.

La noche del pasado sábado, estando en el Potaje Gitano de Utrera escuchando el cante al lado de un generador eléctrico que sonaba como un tractor de la posguerra y viendo las caras de los artistas a través de una pantalla, pensé en qué dirían hoy del decano de los festivales flamencos cantaores como Antonio Mairena o Perrate de Utrera. Todo evoluciona y el Potaje lo ha hecho también, aunque, sinceramente, añoro aquellos potajes de los setenta. El de hoy es un festival enfocado a recaudar dinero, sea como sea, para la Hermandad de los Gitanos y sus fines sociales, que son muy loables. Pero supongo que habría una manera de hacer eso sin matar la esencia, sin quitarle protagonismo al cante, el baile y el toque. Y dedicando cada año el festival a figuras del género que tengan algo que ver con la filosofía de la cita sin tener para nada en cuenta la cuestión mediática. A los críticos de flamenco nos pusieron a cincuenta metros del escenario, en un lugar tan escorado que ni siquiera veíamos a los artistas en un escenario, además, con tantos elementos escénicos que costaba adivinar las caras. Y para tener que seguir las actuaciones a través de una pantalla, mejor se queda uno en su casa y lo ve en la televisión local. Luego criticamos a Rajoy por dirigirse a los medios de comunicación a través de una televisión de plasma. Sinceramente, escuchar a un cantaor de la profundidad de Tomás de Perrate a través de una pantalla es como hacer el amor por Internet. Supongo que pillarás un calentón de mil demonios, pero ni eso es hacer el amor ni eso es nada. En esas condiciones, la verdad es que no me parece justo tener que analizar la actuación de un artista, de un cantaor o una cantaora. Los críticos vamos a eso y no a comer frijones, aunque luego no le hacemos ascos. Escuchando a Tomás de Perrate por seguiriyas, con esa voz que parece sacada de un tabanco de la Alameda, recordé a otro Tomás, el hermano de la Niña de los Peines, cuando a veces se veía obligado a cantar en una caseta de la Feria de Sevilla con el sonido de fondo del tío del organillo y los cacharritos. ¿En qué queremos convertir el cante jondo? Lo grave del asunto es que esto se haga en Utrera, donde hay piedras que aún se quejan de dolor cuando las pisas. Piedras que hasta hace tres días pisaban Perrate, Manuel de Angustias, Fernanda, Bernarda o Gaspar. Si esto lo hicieran en Madrid ardería Troya. En la capital de España, por cierto, el cante ya estaba en los teatros cuando en Sevilla llevaban a los turistas a los corrales de la Cava Gitana de Triana para disfrutar con los bailes de las gitanas y las voces machunas de los gitanos. No escuchamos mucho, lo que nos dejó el generador eléctrico, en el Colegio Salesianos. Además de a Tomás de Perrate, seguimos a través de la pantalla a Pansequito, con su repertorio habitual y una buena guitarra, la de Pepe de Pura. Y a Aurora Vargas, que hasta se cayó en el escenario. Y a una María Toledo que pega tanto en este histórico festival como un mosto de Pepe Girón en un vaso de plástico. Cerró el Pele de Córdoba, al que ya escuchamos camino del coche porque la carretera es traicionera y el sueño es mal compañero de viaje. Eran las cuatro de la mañana y todo tiene un límite. Para colmo, el único baile que vimos fue la pataíta por bulerías de Concha Baras, la madre de Sara Baras, que fue a recoger el premio de su hija. ¡Viva Utrera!

 

28
Jun/2014

El Salieri de Juan Imedio

En junio de 1984 publiqué mi primer artículo en El Correo de Andalucía, La juventud en el flamenco. Por tanto, cumplo treinta años en el decano de la prensa sevillana como crítico de flamenco y, ahora, como columnista de opinión, desvariando cada sábado. Más de la mitad de mi vida, que se dice pronto, siendo colaborador de un periódico que para mí ha sido siempre algo más que un sueldo. De hecho, los primeros ocho años no exigí estipendio alguno y dejaba los artículos en la puerta, cuando nuestra sede estaba en la Carretera Amarilla y dirigía el periódico el entrañable Padre Javierre. Fue Emilio Jiménez Díaz quien me requirió para colaborar en El Correo Flamenco, un suplemento de cuatro páginas que salía los martes y que hacíamos entre el propio Emilio, Luis Caballero, Manuel Martín y Manuel Ríos Vargas, entre otros que hacían colaboraciones esporádicas.

Hasta la Exposición de 1992 no comencé a trabajar en la redacción del periódico, que fue siempre un sueño, el objetivo a conseguir. Entonces la jefa de Cultura era Carmen Carballo, quien tuvo una paciencia admirable conmigo porque me tenía que corregir los artículos y tirarme de las orejas cada vez que desvariaba más de la cuenta. Al no haber pasado por la Facultad de Periodismo -apenas había ido al colegio-, utilizaba el lenguaje de la calle y pegaba unos hachazos increíbles. No conocía la técnica del periodismo, el oficio, y eso era un problema. Pero ya presumía en el barrio de que era crítico de flamenco en un periódico de Sevilla. Las vecinas le preguntaban a mi madre que si yo era periodista y ella decía que no, que era solo “un albañil con la cabeza llena de pajaritos”. Y ahora ya lee los artículos, se emociona con mis libros y, aunque aún no me ve por encima del gran Juan y Medio -es su fan número uno-, ha acabado por entender que aquellos sueños de Manolito el de Pepa eran posibles.

En el colegio ya me gustaba mucho escribir, aunque odiaba la disciplina y las matemáticas. Recuerdo que cuando estaba en el Colegio del Cerro, en Coria del Río, un día en que el maestro explicaba algo sobre los quebrados me aburría como una ostra y me puse a escribir un relato en mi libreta, que titulé Por culpa del fuego. Cuando acabó la clase del maestro, como me había estado viendo centrado en la libreta y pensaba que tomaba apuntes, me preguntó: “Bohórquez, ¿sabes ya lo que es un quebrado?”. Me quedé en blanco, sin saber qué decirle. Entonces, se acercó al pupitre, leyó el relato y de la bofetada que me dio me tiró al suelo. Naturalmente, aquel castigo me lo tomé como un aviso, como una corrección a mi inapropiada conducta y jamás volví a escribir nada. Abandoné el colegio a los 13 años para trabajar de panadero en Coria, en la panadería de El Guapo, sustituyendo a mi hermano que se había ido a la de El Feo, en Coria también. Además de panadero, he sido sastre, camarero, escayolista, albañil, alicatador, vendedor, empapelador y calicatero. Calicatero es el que hace calicatas, zanjas en las calles para meter cables o tuberías.

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Con 18 años descubrí el flamenco y fue entonces cuando supe quiénes fueron Lorca, los hermanos Machado y el señor Demófilo, el padre de los dos grandes poetas sevillanos. Manuel de Falla, Joaquín Turina, los pintores Gonzalo Bilbao y Manuel García Ramos o el gran periodista Galerín. Le encargué a una vecina de Padre Pío que me trajera una máquina de escribir de Ceuta y ahí empezó todo. Tenía tanta hambre de cultura que devoraba libros como un poseso. Los copiaba, sacaba apuntes. Y escribía de día y de noche, tecleando aquella vieja máquina de escribir con un solo dedo, aunque a una velocidad de vértigo. Leía tanto sobre Silverio, Manuel Torres, la Niña de los Peines o Pepe Marchena que por las noches, delirando, se me aparecían en mi habitación.

Fue en aquellos días cuando pensé en la posibilidad de ser crítico de flamenco, en seguir los pasos de Miguel Acal, José Antonio Blázquez, Juan Luis Manfredi o Emilio Jiménez Díaz, que fueron mis referencias. Cuando publiqué aquel primer artículo en este periódico, en junio de hace treinta años, recuerdo que la noche antes no dormí. Por la mañana, cuando compré el diario y vi mi nombre en sus páginas, pensé en mi padre, en las fatigas de mi abuelo materno y en las de mi madre. Me acordé de aquel maestro de Coria que me hizo aquella primera crítica tan dolorosa, y de lo que me dijo el director del colegio cuando le pedí la cartilla escolar para irme a trabajar: “Serás toda la vida un desgraciado”. A lo mejor quiso decir pobre, pero seguramente no se atrevió a tanto. Lo era ya, aunque también era el dueño de los olivares y las huertas de Palomares, de los caños y las lagunas, de los pájaros y los conejos, de los espárragos y los palmitos, de la luna y las estrellas. Había ricos entonces que no eran dueños de nada de aquello, solo de sus propiedades, que cuando se morían eran dilapidadas por sus herederos. La pobreza solo existe en quien se siente pobre, y un niño no sabe apenas nada sobre estas cosas.

Mi mayor fortuna es haber conseguido escribir en este periódico durante treinta años, de flamenco y de otras muchas cosas. Escribir de opinión fue otro de mis sueños, llegar a ser columnista, opinar sobre todos los asuntos de la vida con libertad y fantasía. Llevo treinta años presumiendo de algo que nadie de mi familia ha podido hacer nunca: escribir en un periódico. No sé hasta cuándo, porque en esto del periodismo tenemos menos estabilidad que el estado del bienestar. Pero aunque fuera este mi último artículo y tuviera que sacar las herramientas del trastero para poder seguir pagando la hipoteca y poner a hervir el puchero, que me quiten lo bailao.

Aunque no soy muy creyente, la semana que viene iré a ponerle dos velas al Gran Poder para darle las gracias por estos treinta años de felicidad y, sobre todo, para que me ayude a hacer realidad mi último sueño, ya en este placentero preámbulo de la vejez: tener mi columna diaria de opinión en el periódico al que le debo que me sacara de las calicatas y me permitiera ser motivo de orgullo para mi madre, aunque me siga costando desbancar a Juan y Medio de sus preferencias periodísticas. Salieri tuvo a Mózart y yo al saleroso presentador de Almería. Salvo esta frustración, estas tres décadas han sido lo mejor de mi vida. Lo juro por Dios.

27
Jun/2014

Adiós a Alberto Marín

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Hoy he recibido una noticia que me ha dejado hecho polvo: el fallecimiento de Alberto Marín, el hermano de Alfonso Marín, dueño del Mesón Alfonso de Mairena del Alcor. Hace tres años celebramos en este mesón el Encuentro de Gazaperos y acabamos la noche escuchándolo cantar. Nos enamoró a todos. Alberto tenía síndrome down y una personalidad extraordinaria. Hace solo unos días cené en este mesón y estaba allí viendo el Mundial de Brasil, en su mundo, sin hablar con nadie. Con motivo de aquel encuentro de gazaperos, escribí un reportaje a doble página en El Correo que su hermano Alfonso enmarcó y colgó en el mesón. Alberto estaba orgulloso de aquel reportaje, donde aparecían su nombre y su imagen. Sé cuánto lo querían sus hermanos y sobrinos. Era un ser humano que se hacía querer, una persona de una gran ternura y mucha inteligencia. Cantaba con un gran sentido, dirigiendo el cante con la mano, como hacían los cantaores de antaño. Descanse en paz y nuestro más sentido pésame a la familia.

27
Jun/2014

El Potaje Gitano de Utrera homenajea a Sara Baras

Los festivales flamencos andaluces son un milagro de supervivencia. Algunos, como el Potaje Gitano de Utrera, sobrepasan el medio siglo de vida. Nacieron en plena etapa franquista, en una época en la que el flamenco más genuino había sufrido las consecuencias de una guerra civil y una política comercial que casi acaba con él. A mediados de los cincuenta del pasado siglo, con la creación del Concurso Nacional de Córdoba, la Cátedra de Flamencología de Jerez, el nacimiento de la flamencología y la aparición de las peñas flamencas, los aficionados tomaron las riendas de este arte y crearon los festivales de verano. La Hermandad de los Gitanos de Utrera dio el primer paso y tras ellos vinieron otros festivales, como los de Arcos de la Frontera, Mairena del Alcor, Morón de la Frontera, Lebrija, las Cabezas de San Juan, Puente Genil o la Puebla de Cazalla. No descubrimos nada nuevo si decimos que la localidad sevillana de Utrera es una de las más flamencas de Andalucía, cuna de artistas y creadora de una manera de cantar y bailar lo jondo. Utrera tiene su sello flamenco y ha dado nombres tan importantes que dan ganas de llorar de emoción: Perrate, el Niño de Utrera, Fernanda y Bernarda, Pepa la Feonga, Bambino, Enrique Montoya, Ana Peña, El Chato, El Cabrillero, Manuel de Angustias, Gaspar, La Inés y muchos más. La mayoría han desaparecido, pero Utrera tiene solera y no paran de salir nuevos valores, con la misma naturalidad con la que sale una flor de entre las llagas de los adoquines de sus calles.

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El Potaje no nació por casualidad. Es verdad que fue creado para celebrar el éxito de la salida en procesión de la Hermandad, el 15 de mayo de 1957. Pero tuvo tanto éxito aquel primer festival que se instituyó y aún continúa celebrándose casi sesenta años después. Es un verdadero milagro, en una tierra, Andalucía, donde no siempre llevamos las buenas ideas a buen puerto. Pero los gitanos de Utrera aman tanto su cultura, sus tradiciones, sus costumbres, que el Potaje sigue hirviendo en el anafe de la constancia. Ha pasado por etapas mejores y peores, pero ahí sigue como reivindicación de un arte sin el cual no podría entenderse al pueblo de los Hermanos Quintero, que fue elegido para vivir y morir nada menos que por la histórica cantaora jerezana Mercedes Fernández Vargas La Sarneta, que era jerezana. Recuerdo aquellos potajes de los años setenta, a gitanos y castellanos de Utrera y de otras tierras de España que acudían al Colegio Salesianos como los que iban a misa. Acudían a romperse sus camisas con maestros como Mairena, Perrate o Diego del Gastor. Iban a rezar mientras cantaban y bailaban Fernanda y Bernarda o crujía por seguiriyas Manuel de Angustias, como otros iban a Mairena a sentir el torniscón de los Mairena, a Morón a embelesarse con la elegancia gitana de Diego del Gastor y Juan Talega o a la Puebla de Cazalla para aupar a lo más alto a un joven Menese que entonces empezaba a ser la gran “esperanza blanca”. La LVIII edición del Potaje Gitano de Utrera, que se celebrará mañana sábado en el Colegio Salesianos, está dedicada a la bailaora gaditana Sara Baras, quien no podrá recoger la distinción por problemas de agenda, al actuar ese mismo día en el Festival de Música y Danza de Granada. En el cartel de este año están figuras como Aurora Vargas, Pansequito, El Pele, María Toledo y Tomás de Perrate, con sus respectivos acompañantes. Cartel corto, aunque de gran atractivo, que con toda seguridad va a tener tirón entre los aficionados andaluces. Al ser el primero, además, del verano con gran renombre los aficionados estarán con ganas de comenzar a disfrutar de nuestro arte al fresquito del Sur. Cita imprescindible, pues, la de mañana en Utrera con cinco voces que interesan. Naturalmente, los asistentes podrán disfrutar también del plato de frijonjes con cuchara de palo, vino tinto y aceitunas, como es tradicional desde la primera edición. El verano ha llegado y con él los festivales flamencos.

23
Jun/2014

Cartel de la presentación de ‘El Esquimo’

En el cartel con el que ilustramos esta entrada tienen toda la información sobre la presentación en Sevilla de mi libro El Esquimo. Coplas flamencas en la Red que será el miércoles día 2.

http://www.culbuks.com/shop/55-el-esquimo.htmlimagen-fb

22
Jun/2014

No hay mayor historia

La vida es tan larga que nos permite cambiar muchas veces nuestra manera de vivir. Si repaso ahora la mía, que ya sobrepasó el medio siglo, compruebo que he sido más aventurero de lo que creía. He vivido desde que nací en doce casas distintas, en pueblos como Arahal, Palomares y Castilleja de la Cuesta. Más de la mitad de mi vida en Sevilla capital, en barrios obreros como Su Eminencia y Padre Pío. Luego viví en Triana, en el Barrio Voluntad. Más tarde en la Gran Plaza y el Polígono de San Pablo. Y desde hace casi diez años en Mairena del Alcor. Ni un diplomático se ha mudado tantas veces como yo. Soy culillo de mal asiento. Antes de dedicarme a emborronar páginas de periódicos y libros trabajé de todo: de camarero, panadero, sastre, empapelador, escayolista, calicatero y vendedor. Desde hace treinta años solo me dedico a escribir de flamenco, aunque lo hago también sobre todo un poco. Como se está poniendo esta profesión, a lo mejor tengo que sacar las viejas herramientas del trastero y volver a enfundarme el mono y ponerme la gorra de visera. No resulta fácil seguir viviendo solo de esto de escribir, en un país como España, donde están matando a la cultura. Me atrae mucho trabajar de casero en un cortijo, levantarme cada mañana, salir con mi perro a ver los sembrados, arreglar los tinajones, arar la tierra y recoger la cosecha. Lo digo por si saben de alguien que quiera retirarme de esta profesión. Además de algunos cantaores y los de la Junta de Andalucía, claro. Mientras eso llega, estoy en la idea de recuperar viejas aficiones como las del cine y la pesca, que abandoné hace años para centrarme en escribir libros y rellenar páginas de periódicos. La vida es un continuo cambio, empezar de nuevo cada vez que se encarte, vivir aquí o allá, enamorarse y desenamorarse, cantar unas veces con guitarra y otras a palo seco. No hay mayor historia.

21
Jun/2014

Os presento a mi nuevo retoño literario

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Así ha quedado El Esquimo, libro de coplas flamencas que voy a presentar el día 2 de julio en la Casa de la Memoria, calle Cuna, 6, de Sevilla, a las diez de la noche. Os adelanto que hablará de la obra el escritor y periodista sevillano Paco Robles, con quien comencé a estudiar el flamenco hace ya más de treinta y cinco años. Luego, actuarán el cantaor Fernando Caballos y la cantaora Ana Ramírez ‘La Yiya’, dos valores del cante clásico. La entrada será libre hasta completar el aforo y el libro se venderá allí al precio de 15 euros. A partir de ese día se podrá comprar por Internet, a través de Editorial CulBuks, que lo mandará al domicilio de quienes lo pidan. El Esquimo. Coplas flamencas en la Red, es un libro de 135 páginas, con ilustraciones del gran pintor Patricio Hidalgo, donde se recogen unas trescientas coplas flamencas y poemas. Está dedicado a la memoria de Félix Grande y a todos los que me animaron desde las redes sociales a reunir en un libro mis coplas flamencas, que son solo las sencillas y humildes coplillas de amor y desamor de este enamorado de lo jondo. Ya han confirmado su presencia muchos artistas y críticos, y, desde luego, bastantes aficionados, lectores muchos de ellos de El Correo y La Gazapera. Pero aclaro que no es solo mediante invitación personalizada. Pueden asistir todos los que puedan y quieran hacerlo. Ojalá seamos muchos y podamos pasar una agradable velada en ese lugar tan mágico como es la Casa de la Memoria, en la calle Cuna, cerca de donde estuvieron los Cafés de El Burrero y El Novedades, y también el Bar Pinto, en la Campana. He publicado este libro por dos motivos. Primero, por darme el capricho de editar mis coplas flamencas. Y segundo, para seguir peleándome con la vida, que a veces castiga sin piedad. No corren buenos tiempos para publicar libros, y menos de coplas flamencas. Sin embargo, ante las adversidades nunca hay que meterse debajo de la cama, sino levantarse por las mañanas con ganas de seguir luchando. Podemos caernos, pero nunca quedarnos en el suelo porque puede ocurrirnos que encima nos pisoteen. Ya nos pisotean bastante quienes nos mal gobiernan. Los unos y los otros, qué más da. De niño me enseñaron a no doblar nunca las rodillas por imposición de nadie. Tuve la suerte de tener un abuelo que era tan duro como una vara de acebuche, quien solía decirme: “Nadie te va a regalar nada en esta vida”. Y así ha sido. Todavía no me he llevado un pedazo de pan a la boca que no me haya ganado.

21
Jun/2014

El día de las mil y una caras

España es un país con sus defectos y sus virtudes, supongo que como todos, pero menos aburrido que los demás, de eso no me cabe la menor duda. El ambientazo político no nos da tregua y el pueblo no sale de un charco cuando se mete en otro. Tenemos menos fondos que una lata de anchoas, pero no paramos. El del pasado miércoles fue un día para guardar en la memoria, un día de mil y una caras, unas de alegría y euforia por la coronación de Felipe VI como rey de España y otras de tristeza, rabia e impotencia por esto mismo. Sin olvidarnos de esas otras caras de decepción y amargura por la eliminación de España en el Mundial de Brasil, como si fuera la primera vez que nos eliminan de un mundial a las primeras de cambio. Somos un país insaciable, en el fútbol y en todo lo demás. Conquistamos una copa del mundo y ya queremos ganarlas todas, como si eso fuera tan fácil como ganar al dominó. Es tan difícil que solo hemos ganado un mundial en toda la historia, aunque parezca que los hemos ganado todos. Y, claro, los españolitos de una y otra España, la monárquica y la republicana, soñaban con tener un año completito: el adiós de Rubalcaba, la abdicación del Rey, la coronación de su hijo y otra nueva copa del mundo en las paupérrimas vitrinas. El día del miércoles fue divertido. Lo dediqué a estudiar las caras y no solo las que veía en la televisión con motivo del cambio de rey. Recorrí varias tabernas de Mairena del Alcor y cada cara que veía era un libro abierto, un poema de tristeza y amargura. El patinazo de España contra Chile había dejado cabizbajos a cientos de maireneros. Muchos de ellos en el paro, pero eso era un mal menor ese día. El marqués de Salamanca -alias Del Bosque- había dejado de ser Dios y Casillas pasó de casilla a simple choza de campo, de esas que se construyen para vigilar los matos. Xavi Hernández y Sergio Ramos ya no valían ni para guardar un cortijo y más que de un final de ciclo en la selección española se hablaba del final de la humanidad. Las copas de manzanilla sabían a aguarrás y los tintos de verano eran más de un otoño adelantado, desapacible y plomizo. Ni siquiera el menudo de Capote se celebraba como de costumbre. Algunos hasta llegaron a poner en duda que fuera de verdad de Capote: “¿Este menudo es de El Viso o de Mairena?”. Analicé con frialdad todas las caras que había en el Congreso de los Diputados el pasado miércoles. Monárquicos, republicanos y repumonárquicos caían rendidos ante el aplomo y el carisma del nuevo Rey. Preparar a este Borbón nos ha costado una pasta, pero por las caras que se veían parece que ha sido una buena inversión. Si su padre, el rey Juan Carlos, se ganó a la mayoría de los españoles -republicanos incluidos-, a pesar de haber sido puesto por Franco, Felipe VI no tendrá que ganárselos: se los ganó ya hace tiempo. Su discurso fue el que se esperaba de un rey joven que hereda una España convulsa, con una clase política en total descrédito, a la cabeza del paro en Europa y con una parte del pueblo encabronada.

Navas

Según todas las encuestas la mayoría de los ciudadanos españoles celebran la continuación de la Monarquía, el modelo de monarquía parlamentaria que trajo de nuevo la democracia a nuestro país, estabilidad política y progreso. Existe una encuesta de hace tres años en la que el cincuenta por ciento de los españoles no veían mal un referéndum para elegir la continuación de este modelo de Estado o darle un entierro digno y hacer regresar la República. Esa encuesta se hizo en plena crisis económica y con la Casa Real salpicada por las corruptelas de Iñaqui Urdangarin. Pero, ¿el resultado sería el mismo si se repitiera ahora esa encuesta? Ni mucho menos. Cuando se invitó a los españoles a aprobar o no en referéndum la Constitución de 1978 no se les dio a elegir entre monarquía o república, que hubiera sido lo justo -recordemos que la anterior república fue derribada mediante un sangriento golpe de Estado por el mismo militar que luego coronó al rey Juan Carlos-, sino entre dictadura o democracia. Constitución que fue apoyada incluso por los partidos republicanos que en la dictadura, desde la clandestinidad, animaban a los republicanos españoles a no desfallecer en la lucha por acabar con el régimen franquista y volver a enarbolar de nuevo algún día la bandera tricolor. Esta traición de los partidos republicanos hacia sus militantes y simpatizantes, “por el bien de España”, sangra aún por la herida y lo hemos visto en este último mes, desde que el rey anunció su intención de abdicar. Centenares de miles de personas se han echado a las calles a pedir no el regreso de la República, sino que se consulte al pueblo porque millones de ciudadanos españoles no quieren una monarquía parlamentaria, sino una república. Puede haber mucho de revancha, pero también de justicia y recuperación de la dignidad. Esta lucha de los republicanos o partidarios de la III República se ha visto aplastada por el potente aparato monárquico, que ha presentado al republicanismo superviviente como un monstruo antisistema, mezclando churras con merinas, que solo pretende desestabilizar políticamente al país, acabar con la democracia e instaurar un régimen bolivariano y volver a la quema de iglesias y conventos. La derecha, siempre tan respetuosa con las ideas de la izquierda, o al contrario. Y en medio de la pelea, los ciudadanos, que lo que en realidad desean es que haya paz, trabajo y libertad. Y, claro, que España gane mundiales y copas de Europa. Llegara como llegara, la Monarquía no estaba entre los principales problemas de España y había sido aceptada por la mayoría de los ciudadanos hasta hace poco menos de un mes. Como ya dije aquí mismo hace dos semanas, de este asunto se dejará de hablar muy pronto, al menos hasta que lleguen las próximas elecciones generales en las que es posible que un cambio político haga que se plantee una reforma de la Constitución -que es modificable desde el primer artículo hasta el último- para que los ciudadanos decidan libremente qué modelo de Estado quieren. Mientras no se haga esto y se sigan cerrando las heridas con vendajes de urgencia, como ahora, los españoles solo nos pondremos de acuerdo en qué sistema de juego tiene que utilizar Del Bosque, y tampoco en eso. Lo llevamos en el ADN.

20
Jun/2014

El enfado de las agencias artísticas con la Junta

Leo la convocatoria que la Junta ha publicado en El BOJA para el ciclo Flamenco viene del Sur y me pregunto quiénes van a poder vivir del flamenco en Andalucía. Solo las lumbreras y aquellos que son beneficiados por las simpatías de quienes mandan en el perol. Os adelanto que es muy probable que esta convocatoria sea echada abajo por las agencias artísticas, que han montado en cólera y le han hecho saber a la Junta su enfado. No se lo creerán, pero Andalucía está entre las regiones de España que peor tratan a sus artistas. Apenas tiene un presupuesto decente y obliga a trabajar a taquilla a profesionales del flamenco a los que les cuesta cubrir gastos. En cambio, se le va la mano apoyando a festivales internacionales y sigue manteniendo el Instituto Andaluz del Flamenco, que sirve para muy poco. Si el flamenco es Bien de Interés Cultural Inmaterial de la Humanidad, se entiende que tiene que haber un presupuesto decente, como lo tiene la Alhambra de Granada, por ejemplo. No para beneficiar a los amiguetes, sino para apoyar la base y a los artistas. Y sobre todo la investigación, que la tienen totalmente desatendida. Lo de la Junta con el flamenco es puro escaparate. Esperemos que Susana Díaz no se vaya también de compás.

20
Jun/2014

El flamenco menos comercial se muda al fresquito del Sur

Los festivales flamencos de verano, los andaluces, son tan importantes que casi no entenderíamos el verano andaluz sin ellos. Nacieron en la quinta década del pasado siglo y ahí siguen todavía, aunque no les resulta fácil mantenerse y han evolucionado lo justo. Los llamados clásicos o históricos, como el Potaje Gitano de Utrera -el más antiguo de todos-, el Gazpacho Andaluz de Morón, la Carcolá de Lebrija o el de Cante Jondo Antonio Mairena, de Mairena del Alcor, llevan años con problemas y no solo económicos, aunque también. Muchos han perdido un poco su identidad. Otros, como la Reunión de Cante Jondo de la Puebla de Cazalla (Sevilla), se mantienen en los principios fundacionales, a pesar de que este arte ha evolucionado bastante. Recuerdo cuando la época en que ir a estos festivales al aire libre, de verano, era poco menos que una religión. Se cuidaban los carteles y acudían a ellos las emisoras de radio, aquellos estupendos programas que hacían Miguel Acal, Paco Herrera o Emilio Jiménez Díaz, de los que ya nadie se acuerda. Entonces acudían los aficionados desde todas las ciudades de España a disfrutar de artistas como los hermanos Mairena, el Perrate de Utrera, la Paquera de Jerez, Fosforito, Fernanda y Bernarda, Lebrijano, Morente, Camarón, Trini España, Matilde Coral, Juan Habichuela, Manuel Domínguez El Rubio o una jovencísima Manuela Carrasco. Muchos de estos grandes artistas ya han muerto y otros siguen en activo, aunque arrinconados o medio retirados por sus muchos años o merma de facultades. Han aparecido otros artistas, como es lógico, que son ahora el reclamo de estos festivales de verano. No tienen la altura de los de aquellos años, pero están funcionando bien cantaores como Jesús Méndez, Antonio Reyes, Rancapino hijo, Marina Heredia o Esperanza Fernández. De una generación anterior son José Mercé y El Pele, cabeceras de cartel en la actualidad. Son grandes artistas, pero no existe aquella extensa nómina de cantaores y cantaoras de los años sesenta, setenta y ochenta.

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La crisis económica ha hecho mella en estos festivales, que ahora no pueden permitirse contratar a artistas como Miguel Poveda -va por libre-, Estrella Morente o Arcángel. Ante la imposibilidad de meterlos en cartel han echado mano de cantaores modestos, que en muchos casos son los que suelen dar una buena noche de cante. En muchos casos, algunos de estos cantaores suelen ir todavía a los concursos, que también han bajado bastante de calidad. Los de Córdoba y Mairena del Alcor ya no tienen la importancia de antaño. Con sus defectos y con sus virtudes, solo el de las Minas de La Unión (Murcia) sigue dando prestigio y trabajo, como lo demuestra el buen resultado que les ha dado la Lámpara Minera a Juan Pinilla, Rocío Márquez o Jeromo Segura, el ganador del pasado año. Los festivales flamencos de la capital de Andalucía tienen la ayuda económica de la Diputación de Sevilla, aunque solo los que tienen historia y están consolidados. Son los ayuntamientos los que aportan la mayor parte del presupuesto y siguen siendo las peñas flamencas, en muchos casos, las que hacen los carteles. Entre unos y otros, y aunque parezca un milagro, siguen manteniendo la mayoría de estos festivales, los históricos y los nuevos que han sido creados en los últimos años. Tienen muchas dificultades para sobrevivir, pero al llegar junio, con el verano, los aficionados siguen acudiendo a ellos en busca de un flamenco no comercial. Todavía los hay que lo viven como una religión, como antaño, neveras a cuestas, aunque son los menos. Los ayuntamientos, la Junta y las diputaciones provinciales deberían apoyar más a estos festivales, pero también deberían exigirles que mejoren en todos los aspectos, sobre todo en el montaje de los escenarios, el sonido, las luces, la cartelería y la organización. Sería una lástima que en vuelta de unos años nos quedáramos sin ellos o cambiaran tanto que dejaran de interesar.