Monthly Archives: Febrero 2014

28
Feb/2014

Las pisadas de Olga Pericet

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Hay dos cosas que me molestan bastante del nuevo concepto de espectáculo flamenco: primero, que todo sea negro sobre fondo negro, en una penumbra deprimente. Segundo, que me aburran. No recuerdo haberme aburrido tanto en el Festival de Jerez, como me aburrí anoche viendo Pisadas, de la bailarina Olga Pericet. Encima, se me olvidó la linterna y apenas llegué a verle la cara a la protagonista, que es algo fundamental en el flamenco: ver la expresión, la mirada, los gestos de la bailaora, del guitarrista o del cantaor. Olga Pericet nos proponía una reflexión escenificada de los ciclos de la vida, de la necesidad de unirse, de religarse con los orígenes, de las celebraciones, que son un modo de anclarnos al presente. En el programa de mano, donde nos explican por encima todo esto, se nos dice que iba a soñar con elefantes, pero juraría que lo que vi sobre el escenario fue a un ciervo con una cornamenta de al menos ocho puntas queriendo bailar un garrotín. Todavía no hemos superado lo de las gallinas de Andrés Marín y ahora tendremos que averiguar qué hacía un ciervo en el Villamarta, aunque en esta ocasión fuera interpretado por Juan Carlos Lérida. Olga es una bailarina estupenda, con una preparación técnica extraordinaria, pero no transmite emoción flamenca. Hizo cosas muy bellas en los abandolaos y en el taranto, pero solo detalles. Era todo tan aburrido, lento e incomprensible, que no fue suficiente para que alcanzara esa emoción que busco siempre en una obra flamenca, de teatro o en una película. En ocasiones el cante salva un espectáculo, pero tampoco fue para tirar cohetes, a pesar del buen taranto de Mojama cantado por Miguel Ortega y de los pellizcos gitanos y muy jerezanos de Miguel Lavi. La veterana Herminia Borja le puso raza, pero creo que no encajaba muy bien en el montaje. En resumidas cuentas, una obra tediosa que si tiene recorrido será porque hay un público que se lo traga todo.

 XVIII Festival de Jerez. Pisadas. Artista invitada: Olga Pericet. Cante: Herminia Borja, Miguel Ortega y Miguel Lavi. Artista invitado: Juan Carlos Lérida. Guitarras: Paco Iglesias y Víctor Márquez El Tomate. Director escénico: David Montero. Entrada: Casi lleno. Jerez de la Frontera, 27 de Febrer de 2014.

26
Feb/2014

Rocío Márquez, una cantaora de ensueño

Rocío cantando en el Quitasueños de Huelva. Fotografía, Bohórquez.

Rocío cantando en el Quitasueños de Huelva. Fotografía, Bohórquez.

El cante andaluz nunca ha tenido un solo tipo de voz, aunque a lo largo de la historia de este arte se hayan puesto de moda algunos tipos: la voz afillá, la redonda, la natural o la laína. En algunos casos se denominan así por ser la voz de un cantaor, como en el caso de la afillá, o sea, del Fillo, cantaor gitano de San Fernando (Cádiz) que hizo su vida entre la provincia de Cádiz y Triana. Es un tipo de voz grave, ronca, como la de Manolo Caracol en sus últimos años. Tomás Pavón era de voz redonda, Manuel Torre y Mairena, de voz natural, y Manuel Vallejo de voz laína. Lo curioso es que lo que llamamos cantaor puro tiene mucho que ver con el tipo de voz del intérprete. Juan Talega o Mairena, puros. Marchena o la Niña de la Puebla, cualquier cosa menos puros. Hasta tal punto ha hecho daño todo esto en el cante jondo, que muchos intérpretes –masculinos y femeninos- han sido discriminados por críticos, flamencólogos y aficionados por su tipo de voz. Eso de “no canta flamenco”, aunque cante bien, con conocimientos y por derecho, caló hace siglo y medio y aún lo arrastramos. La eterna historia de lo gitano y lo no gitano. Rocío Márquez no es gitana y, encima, es de Huelva y no de Cádiz o de Utrera, que también influye a la hora de calificar a un cantaor o a una cantaora. Tiene una preciosa voz muy bien timbrada, fácil, cantaora, con velocidad y una afinación extraordinaria. Su arco melódico es de los mejores del momento, cuadra bien el cante –todos los cantes-, domina los bajos y se va arriba con una fuerza increíble y sin descomponer jamás la melodía. Diría que Rocío Márquez es una cantaora que roza la perfección musical y que, además, posee una expresión flamenca muy personal, con sello propio, que tenemos que valorar en unos tiempos de tanto mimetismo. Su primer trabajo discográfico, Claridad, es una obra musical de una belleza melódica admirable, pero no es solo eso. Además, es un disco donde la fina cantaora onubense demuestra que canta muy bien una gran variedad de estilos, desde los fandangos de Huelva -con esas jotillas de Aroche aprendidas de su propia familia-, los cantes abandolaos, las cantiñas, los tangos y las seguiriyas a ritmo, al estilo de Manuel Vallejo -su cambio del jerezano Manuel Molina es espectacular-, la nana y, como broche, unos fandangos de Manuel Vallejo y el Carbonero que nos dejaron sin aire. Por su voz y por su estilo no sé dónde colocan a esta cantaora los que tanto saben de las voces que son puras y las que no lo son. La pureza de Rocío Márquez no está en su voz, sino en su alma, que es donde funde distintas escuelas para darnos su estilo propio, esa manera tan delicada que tiene de mecer la voz, de cuadrar las letras, de afinar y de templar. Es una cantaora de ensueño, guste o no a todos. Anoche estaba el Central lleno y creo que todos se fueron convencidos de que escucharon un flamenco muy especial, con un maestro de la guitarra, Alfredo Lagos, ante quien hay que quitarse el sombrero. Lo demás son tonterías de flamencólogos.

Ciclo Flamenco viene del Sur. Claridad. Artista invitada: Rocío Márquez. Guitarrista: Alfredo Lagos. Palmas: Los Mellis de Huelva. Percusíón: Manuel Llasera. Entrada: lleno. Sevilla, 25 de febrero de 2014.

 

25
Feb/2014

La madurez de Belén Maya

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Belén Maya ha tardado en coger su sitio, en madurar como artista, quizás porque  tampoco lo intentó y lo único que quería era disfrutar sobre un escenario, unas veces con bata de cola y otras contando historias que por lo general aburrían a las ostras. Reconozco que dejó de interesarme. Anoche presentó en el Teatro Villamarta de Jerez una nueva obra, Los invitados, y confieso que no solo me interesó su propuesta, sino que me gustó bastante el montaje y, sobre todo, que su manera de bailar me volvió a cautivar, con sus defectos y con sus virtudes. Lenta la primera media hora y sin explicar bien sobre el escenario lo que quería contar, con el proscenio demasiado oscuro, aceleró su ritmo con el paso de los minutos y empezaron a sonar unas voces que fueron en buena medida parte fundamental de la obra, sus invitados, que fueron Carmen Linares, Tomás de Perrate, José Valencia, Gema Caballero y José Anillo en el cante, en el baile Manuel Liñán y en las guitarras Rafael Rodríguez y Javier Patino. Y el público, que aunque tuvo que pasar por taquilla era el verdadero invitado a la fiesta de la hija del gran Mario Maya, convirtiéndose al poco tiempo del comienzo en su principal aliado, sobre todo a raíz de que Manuel Liñán sorprendiera bailando cantiñas ataviado con una llamativa bata de cola. Por un momento, cuando Belén se unió a Liñán para bailar juntos, recordé que ya en el siglo XIX  jugaron a eso la Carbnera y la Escribana. La Escribana no era una bailaora, sino un cantaor y bailaor malagueño que se vestía de flamenca en El Burrero y armaba unos líos tremendos en aquella Sevilla de señoritos puritanos y obispos reprimidos. Este número de Belén y Liñán, que fue más parodia que otra cosa, pero que estuvo bien, sirvió para que el público entendiera que era el verdadero invitado a la celebración. Me gustó que los artistas invitados no estuvieran del todo al servicio del baile de la protagonista, como suele ser habitual, sino que fueran parte fundamental del montaje. Por eso brillaron tanto, con ese prodigioso arco melódico de Gema Caballero, el sabor añejo y gaditano de José Anillo, la profundidad de Tomás de Perrate –que me gustó hasta emulando a Louis Amstrong­–, la impresionante pujanza de José Valencia y la maestría de una Carmen Linares casi agotada, aunque su presencia siga siendo una garantía de conocimientos. Con estas voces podría bailar bien cualquiera que sepa, pero Belén Maya lo hizo especialmente bien en muchos momentos, centrada, con regusto incluso y demostrando esa madurez como bailaora a la que me refería al principio. Buen espectáculo, donde el cante no fue de comparsa, sino el eje central de una obra muy flamenca, con detalles coreográficos novedosos, un emotivo audiovisual de Carmen Mora –madre de Belén Maya–, buena música y una aceptable puesta en escena. La vida, con sus duelos y celebraciones, contada a través del flamenco.

XVIII Festival de Jerez. Los invitados. Artista invitada: Compañía Belén Maya. Al cante: Carmen Linares, Tomás de Perrate, Gema Caballero, José Valencia y José Anillo. Guitarras: Rafael Rodríguez y Javier Patino. Artista invitado de baile: Manuel Liñán. Actor: Javier Centeno. Director escénico: David Montero. Entrada: lleno. Jerez de la Frontera, 24 de febrero de 2014.

22
Feb/2014

Siempre hubo barros y barros

Cundo era un niño de nos más de nueve o diez años no era consciente de lo que significaba la pobreza, pero ahora sé que era pobre de solemnidad. Veía cosas que me hacían intuir que en el pueblo había lo que hoy se llama diferencia de clases sociales, aunque Palomares del Río no era un pueblo de señoritos, solo había cuatro hacendados que en ocasiones iban montados en un tractor y usaban una cuerda para sujetarse los pantalones, en vez de una correa. Llegaban a la Caja Rural de esa guisa y siempre salía el amable director a recibirlos porque seguramente eran los dueños del único dinero que había en la entidad bancaria. Entraban incluso con las botas llenas de barro y el director les decía que no se preocuparan, que para eso estaba la limpiadora. Era un niño y me chocaba el trato discriminatorio con respecto a mi abuelo, que era solo un jornalero al que obligaban a sacudirse bien las botas en la puerta cuando iba a cobrar su mísera pensión. “El barro, Manuel”, le decían. En cambio, cuando entraba alguno de los dueños de las cuatro haciendas que había y hacía el intento de sacudirse las botas, siempre le decía algún empleado: “No se preocupe, don Antonio, que hay barros y barros”. Y era el mismo, aquel barro colorado de las huertas o el blanquecino de los matos del Cucadero. Nunca supe en el pueblo lo que significaban las palabras solidaridad y justicia, aunque sí lo que era la caridad, que son cosas distintas. Una o dos veces al mes tenía que ir a Mairena del Aljarafe a pedirle al cura, don Amadeo, una lata de aceite o de manteca, y ropa usada que le daban los ricos de Sevilla para aliviar nuestras necesidades, las de los pobres. Era un sacerdote humano, como casi todos, que siempre me atendía. Recuerdo que una vez don Amadeo programó un viaje a Carmona con su propio microbús y cuando me apuntó en la lista le tuve que decir que no, que no tenía ropa adecuada para aquel viaje. Y era cierto. Me dijo que me pasara por Mairena para ver si podía solucionarme el problema y cuando llegué me tenía preparadas varias prendas. Elegí algunas y me las probé en casa, pero mi madre me dijo que no me servía ninguna y que me olvidara del viaje porque iba a hacer el ridículo. Había entre las prendas una chaqueta blanca, como la de Bogart en Casablanca, que me gustó, aunque las mangas me llegaran a las rodillas y las hombreras a los codos. “Me la arregla usté y ya está”, le dije a mi madre, pero doña Pepa se negó en rotundo y vi cómo de sus ojos salían unas lágrimas que seguramente venían del lejano lagrimal de una infancia que fue mucho más dura que la mía. Y me quedé sin ver las ruinas romanas de Carmona, sin mi primer acercamiento a la Cultura.

PobrezaEl hambre de cultura era aún peor que la otra, pero entonces no tenía ni idea de qué era la cultura. En Palomares nunca estuvo, al menos, y si pasó alguna vez por el pueblo sería de noche y no la vimos. Había un colegio, sí, y no sé si una buena biblioteca en el Ayuntamiento, algo que he sabido recientemente. No había cine y jamás vi una exposición de nada. Tampoco había instalaciones deportivas y la feria se solventaba con una cucaña, dos puestos de turrón y unas cunitas que ponían en la Plazoleta. El futbolín del bar de Ricardo y un patatal que hacía las veces de campo de fútbol en el Cerro del Nono eran los únicos alicientes del pueblo para los jóvenes. Era cuando había que dar una peseta para ver Bonanza sentados en un costero, en el bar de Ricardo también. O para ver jugar al Real Madrid de Gento y Amancio o al Barcelona de Rifé y Benítez.

Cuando escucho hablar hoy de que en los pueblos de Andalucía hemos regresado cuarenta años atrás con lo de la crisis les aseguro que me dan ganas de llorar. Qué pronto borramos el disco duro de la memoria en Andalucía. Y lo digo porque vivo todavía en un pueblo y el acceso a la cultura es indiscutible. Y aunque hay necesidades y mucha gente pasa apuros, se mueren las gallinas de morriña y nadie se entera. Digo esto porque he visto a la gente en los años sesenta desenterrar gallinas del estiércol, de las que morían de morriña, para comérselas, y a las mujeres correr con cubos de lata y mohosas navajas barberas cuando se enteraban de que se había muerto un mulo en el campo, de lo que fuera, para dejarlo en los huesos. No estoy contando terribles historias de mi abuelo, de cuando la posguerra, sino de hace solo cuatro décadas. El cambio en los pueblos ha sido espectacular, se quiera o no reconocer, porque hay quienes andan diciendo que peligran de nuevo los gatos callejeros, como en la posguerra, que acababan desollados, colgados al relente durante una noche y, luego, en la olla. Hay paro y muchas carencias, pero no creo que sea recomendable decir tanto en los medios de comunicación que hemos vuelto cuarenta años atrás, sencillamente porque es mentira y, además, porque  hay centenares de miles de personas en los pueblos andaluces que no quieren oír hablar de eso. Mi madre es una de ellas. Tenía 9 años cuando estalló la Guerra Civil española y dos años más tarde perdió a la suya de un mal parto. Se casó con 28 y a los cinco de casada enviudó y tuvo que sacar sola adelante a tres niños, el mayor con 4 años. Entonces no había la política social de hoy y tenía que ir a limpiar las casas de los señoritos por una pringá y un vaso de leche si quería evitar que sus vástagos se murieran de hambre. Y se supone que entonces no estábamos en crisis, sino recuperándonos de una guerra y una posguerra horribles, de lo que tampoco quiere oír hablar y, como ve la televisión, se entera de todo y se entristece. No hay derecho. Andalucía tiene un grave problema de paro, con una vergonzosa cuota de desempleo juvenil y una corrupción que afecta a partidos políticos, empresarios y sindicatos, pero en esta tierra siempre hemos estado acostumbrados a buscarnos la vida. Mi madre lo hacía hace sesenta años y ahora lo hacen mis sobrinos, que son jóvenes y están parados.

No estoy animando al conformismo, que hay mucho aún por lo que pelear y de eso también sabemos en esta tierra. Solo intento reflexionar en voz alta sobre el alarmismo, del que hay quienes sacan tajada política y económica. Y sobre la necesidad de que no perdamos la esperanza en una tierra, Andalucía, donde a pesar de todo hay una calidad de vida que nunca hemos conocido quienes peinamos ya algunas canas. No hablo ahora de mi madre, que siempre estuvo en crisis y ahora tiene una vida tranquila, aunque con sus achaques. Hablo también de mí, que a los veinte años era analfabeto y ahora escribo libros y columnas de opinión en este gran diario. También Andalucía es una tierra de oportunidades. Pero no se consiguen arrojando la toalla.

 

21
Feb/2014

Medalla de Andalucía a Estrella Morente

Algunos han puesto el grito en el cielo al conocer que la Junta de Andalucía concederá la Medalla de Andalucía a Estrella Morente el próximo día 28. ¿No la merece, acaso? Ya se la dieron a David Bisbal y a Alejandro Sanz, dos estrellas, y ahora se la darán a una estrella por partida doble. Se trata de eso, de premiar a las estrellas. El problema no es que  se le conceda la medalla a la hija mayor del gran Morente, que no es un problema sino un reconocimiento a su arte. El problema es que para que se la dieran a Pepe Suero y a Gerena hubo que limosnear bastante. Y que hay grandes artistas del flamenco a los que nunca se la han dado, como Lebrijano, Menese, Carmen Linares o Calixto Sánchez. Todos han hecho más méritos que Estrella Morente, pero las estrellas son las estrellas. Por fortuna, estos grandes artistas a los que nunca les han reconocido su magisterio y gran labor en pro del flamenco no necesitan la Medalla de Andalucía, pero eso no es óbice para que pensemos que no es justo, y que canta mucho que le concedan el galardón a quien aún tiene que demostrar muchas cosas. Entre otras, que es una cantaora grande. Suponemos que aquí lo de menos es si es o no una cantaora grande, o si tiene una gran obra o no la tiene.

21
Feb/2014

Torres Macarena es algo más que una peña

Hace mucho más de treinta años que quiero a la Peña Flamenca Torres Macarena, que se ha visto obligada a cerrar por denuncias de algún vecino de la calle Torrijiano. Por cierto, una calle macarena que huele a cantes del Pinto, el Colorao y el Carbonero, y en la que vivió la mujer de Ramón el Ollero cuando enviudó. Y el Niño de Fregenal, la voz más bonita del cante. Pero, claro, de esto no saben nada en el Ayuntamiento de Sevilla. Y si lo saben les importa un pimiento. Pero a los que amamos el flamenco sí nos importa porque gracias a estos artistas y a otros muchos, Sevilla es la cuna del cante jondo. El maravilloso mundo de las peñas flamencas de Sevilla es tan importante desde hace décadas, que sin ellas no se entendería este arte. Empezaron a trabajar por la cultura flamenca cuando el franquismo solo quería lo jondo para  atraer a turistas y agasajar a personalidades relevantes con las castañuelas de Lucero Tena. En Sevilla había algunos tablaos, pocos, y se programaba algo en los teatros. Y nada más. Como, además, se empezó a prohibir el cante en tabernas y otros locales, los aficionados iban a los festivales de los pueblos o mataban el gusanillo en fiestas privadas. Y fue cuando nacieron las primeras peñas flamencas, coincidiendo con el auge de los festivales nacionales, la flamencología y el reinado del poderoso Mairena. Torres Macarena, primero en la calle Torres y luego en Torrijiano,  es la peña flamenca de Sevilla, y es algo más que un lugar donde se reúnen aficionados a disfrutar del flamenco y a tomar copas. Es y ha sido siempre una escuela para todos los sevillanos, un lugar para adquirir conocimientos sobre la cultura flamenca y para aprender a respetarla, admirarla, amarla y difundirla. Hemos visto y escuchado en este templo del flamenco a todas las grandes figuras de las últimas cuatro décadas, del cante del baile y del toque, y de la flamencología. Y también es y ha sido siempre una peña que ha apoyado a las jóvenes promesas, que hoy son figuras de este arte. Recuerdo semanas culturales a grandes artistas como la Niña de los Peines o Manuel Vallejo y han mantenido vivo el recuerdo de otros muchos y grandes genios como Tomás, el Pinto o el Carbonero. Por tanto, Torres Macarena es algo más que un local donde se  arma ruido: es un templo de la cultura flamenca y eso merece no solo un respeto, sino apoyo y reconocimiento por parte de las instituciones públicas y privadas de la ciudad. Estamos seguros de que el cierre del histórico local será solo temporal. Porque no podemos imaginar que se cierre para siempre una entidad que para Sevilla es muy importante. La peña tendrá que luchar, pero el Ayuntamiento deberá tener dos dedos de frente y más sensibilidad de la que demuestra. Las redes sociales han ardido estos días porque miles de aficionados, de Sevilla y de fuera de Sevilla, están indignados. No entienden que por los problemas burocráticos que sean se tenga que echar el cerrojo a lo que es la casa de muchos flamencos, un lugar histórico y entrañable.

 

 

20
Feb/2014

Un concurso Fallido

En la memoria del cante 1922_054

Cuando Falla, Lorca y Zuloaga decidieron organizar el Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922, el cante flamenco no estaba ni muchos menos al borde de la extinción, como ellos pensaban, porque había una extraordinaria nómina de grandes artistas, con genios como Chacón, Manuel Torres y la Niña de los Peines, y otros  en ciernes como Tomás Pavón, Manuel Vallejo y el Niño de Marchena. Según ellos, se estaba perdiendo la pureza del cante jondo, el viejo cante cante andaluz, que quisieron buscar en el pueblo, en voces anónimas que resistieron heróicos la embestida del cuplé y el cante comercial. Y organizaron el concurso para salvarlo de morir. Fue un fracaso económico y artístico, porque el verdadero tesoro estaba en esos artistas que fueron como invitados a amenizar el certamen o a presidir el jurado, como fue el caso del gran Chacón. Al final descubrieron solo a un anciano de Morón de la Frontera, El Tenazas, y a un niño sevillano, de raíces gaditanas y malagueñas, que llamaban Caracolito y que con los años se convirtió en el gran Manolo Caracol. Y al que le dieron una mención porque lo llevó quien presidió el jurado, o sea, don Antonio Chacón. El certamen tuvo una gran repercusión mediática en la prensa de la época, pero nada más. No significó un antes y un después en la historia del flamenco, como nos apuntan en el programa de esta obra. El cante andaluz continuó su curso sin tener en cuenta el alarmismo de Falla y Lorca, se hizo incluso más comercial que antes, en la ópera flamenca, y aquí paz y después gloria. Sirvió, eso sí, para inaugurar los concursos de cante, que casi un siglo después siguen con el criterio de Falla y Lorca, quienes equivocadamente decidieron que una seguiriya era más importante que una malagueña. Y eso que tenían allí a Chacón, que hizo una obra maestra de la malagueña, y a Pastora Pavón, que bordó la petenera y la bambera. En la obra En la memoria del cante. Concurso Cante Jondo 1922, presentada anoche en el Teatro Central a cargo del Ballet Flamenco de Andalucía, parece que le han querido emnendar la plana a Falla y Lorca dándole un protagonismo quizás desmedido a lo que ni Lorca ni Falla consideraron cante jondo. Incluso han ignorado a los dos grandes protagonistas del certamen, El Tenazas y Caracol, cuyas voces no suenan en toda la obra. No sé si Rafaela Carrasco, la creadora del espectáculo, lo ha hecho así para darles una bofetada al gaditano y al granadino, o por desconocimiento. La obra no está bien contada y tampoco es un prodigio en la recreación escénica y luminotécnica. Musicalmente tiene cosas hermosas, como el homenaje a La Gazpacha, una zambra resultona aunque terriblemente artificial. La Rondeña de Montoya a cargo de Jesús Torres y algo de Juan Antonio Suárez Cano contribuyeron a que la música fuera algo a destacar. En el cante, Antonio Campos y Miguel Ortega hacen un buen trabajo. Sin embargo, en la parte del baile, de la que se abusa bastante si tenemos en cuenta que se homenajeaba a un concurso de cante, es bastante endeble, sin arte, todo muy artificial y mecánico, salvo algunas pinceladas de David Coria, Ana Morales y el joven Alberto Sellés. Y en la parte coreográfica, unas saetas interesantes, que precisamente no son bailables. La propia Rafaela Carrasco emuló a La Macarrona en cantiñas, con movimientos que intentaban resucitar a la bailaora jerezana-sevillana. Pero una inoportuna tormenta descargó en el Generalife y ahí se acabó el concurso y el fin de fiesta. No podía terminar de otra forma un certamen fallido y una obra que también lo ha sido de alguna manera, aunque tuvo sus momentos brillantes y el público se divirtió de lo lindo. Como siempre.

Ballet Flamenco de Andalucía. Dirección: Rafaela Carrasco. Música: Jesús Torres, Cano, Antonio Campos y Miguel Ortega. Entrada: Lleno. Teatro Central de Sevilla, 19 de febrero de 2014.

 

17
Feb/2014

Cleopatra y Jordi Hurtado

El programa ‘Saber y ganar’ lleva 17 años en TVE y su presentador, Jordi Hurtado, al timón desde el primero hasta el último. Buen programa. ¿Saben cuál es el secreto de este hombre para mantenerse tan joven? Se toma un mostito todos los días, aunque no lo haya dicho nunca. Le pasa como a mí que tengo 56 años y aparento 55. El mosto es uva y la uva es un buen remedio para retrasar el deterioro físico. Cleopatra no se bañaba en leche de burra, sino en mosto, lo que pasa es que lo ocultaba porque estaba mal visto que una mujer oliera a alcohol. Le llevaban todas las semanas cinco barricas de mosto desde Bollullos hasta Egipto y por eso tenía esa piel tan linda. Entre el mosto del Aljarafe y el jamón que le llevaban desde Jabugo, así estaba la tía de guapa, que volvió macandé a Julio César, quien era más de tinto que de mosto. Entre acostarme con una mujer que se bañe en leche de burra y otra que lo haga en mosto, la verdad es que lo tengo claro: elijo a la mostera. La leche de burra, para los ruchitos.

15
Feb/2014

La cara de Goya lo decía todo

La Gala de los Goya de este año ha bajado tanto en audiencia que, en comparación con ediciones anteriores, es para que el Gobierno aparque todos los asuntos de interés -el paro, el independentismo catalán, la corrupción y la crisis institucional- y se dedique a averiguar por qué solo la vieron tres millones y medio de personas, o sea, las mismas que cabrían en más de treinta estadios de fútbol como el Nou Camp o el Santiago Bernabéu. Teniendo en cuenta el ingenio de Manel Fuentes, que hizo americano a James Bond, esto es para preocuparnos de verdad y Mariano Rajoy no debería demorar la creación de un comité de expertos. La ausencia del ministro Wert le restó interés a la Gala, sin duda, pero el hombre no puede estar en misa y repicando, y eso hay que entenderlo. Lo normal es que un ministro de Cultura asista al gran día del cine patrio, y más con la crisis que atraviesa, pero se amilanó y no fue. Y, claro, esa imagen de Wert aguantando los músculos de la cara mientras los actores se la ponen colorada se echó en falta y los españoles decidieron ver al incombustible Bruce Willis. No hay color, sinceramente. Y le han dado palos hasta en el carné de identidad. No al actor, sino al ministro. Me estoy imaginando la que le caerá encima cuando no venga tampoco a la Bienal de Flamenco. Será portada de todos los periódicos del país, y hasta es posible que de los de Cataluña y parte de Andorra. No es que un martinete de Antonio Mairena o de Tomás Pavón sean más importante que una película de Torrente, desde el punto de vista de la cultura -faltaría más-, pero José Ignacio Wert se lo tendrá que pensar dos veces porque puede salir el genial Bobote en La Sexta y arder Troya y parte de Las Tres Mil Viviendas.

Goyas

La Gala fue un tostón de tomo y lomo, aunque tuvo sus momentos emotivos. Mereció la pena el esfuerzo de verla por ese momentazo de Terele Pávez, que ha consiguido su primer Goya a los 74 años. La gran actriz se emocionó y nos contagió a todos. No era para menos, alcanzar tanta gloria por conseguir una estatuilla que tiene hasta Lolita, la gran actriz de los Flores, esa saga de grandes actores. Ni Javier Cámara la tenía, ese actorazo, que ya la ha conseguido por fin y de forma merecida. Tampoco estuvo nada mal el maestro Jaime de Armiñán, que si llega a salir vestido de jotero -a lo Marcos Redondo, por ejemplo- hubiera subido la audiencia hasta límites insospechados. Me fijé en la cara de Francisco de Goya y el ilustre pintor aragonés casi levanta la cabeza, que tuvo agachada toda la gala. A lo mejor porque sabía que en sus tiempos mozos la jota era más andaluza que aragonesa. Pero a Jaime de Armiñán se le mojaron los ojos hablando de dos joteros en París y esa imagen fue la repera. Otro gran momento fue el de Javier Bardem, al que Wert le teme como a una vara verde porque cualquier crítica que haga tendrá un eco internacional que, por ejemplo, no tendría la de Candela Peña. El látigo que azota a la derecha en cuanto ve la primera oportunidad no faltó a su cita y, para dejar bien alto el pebellón familiar y su condición de zapaterista, soltó su latigazo para no defraudar a la parroquia: “Wert es el ministro de la incultura”. Qué mente tan privilegiada la de este gran actor español. Cualquier guionista de Hollywood necesitaría un año para tener una ocurrencia de este calibre intelectual. Me emocioné tanto que casi me acuesto. También tuvo su momento de gloria el laureado David Trueba, aunque con otro estilo, diciendo que el mundo del cine vota a todos los partidos españoles. ¡Anda, y el de la fontanería también! ¿Y eso qué importa en una gala del cine? Se supone que en el mundo del celuloide los habrá de todos los colores políticos, aunque en estas citas con los Goya no lo parezca. Seguramente uno de los motivos de la escasa audiencia de este año es que  los aficionados al cine, como es mi caso, estemos tan hartos de política y de políticos, que no soportemos una gala tan politizada en la que, en ocasiones, lo de menos es el cine. Sería mejor decir que casi siempre. Y, claro, al día siguiente se hablaba de todo menos del Séptimo Arte, que no está en crisis solo por la subida del IVA y los recortes, aunque también, sino porque en España está todo en crisis. Y a todo esto, el cine sin enterarse de nada. En vez de dar la matraca todos los años con las críticas al Gobierno en la Gala, ¿por qué no hacen películas que denuncien el engaño y la estafa de la clase política actual. ¿Acaso porque es un arte subvencionado?

Las ayudas del Estado a la industria del cine son ridículas al lado de las de otros países de Europa, como el Reino Unido, Alemania o Francia. El partido que gobierna en España se ha llevado casi el doble en subvenciones que el mundo del cine. Y no hablemos de la recibida por la CEOE o los sindicatos. Hasta las fábricas de coches reciben más ayudas que el cine, que en 2014 ingresará solo 50, 8 millones de euros. Ni para medio fichar al genial Neymar.  El Gobierno anterior tampoco es que fuera una manga rota con las ayudas a la industria del celuloide. Solo 20 millones de euros más, en su último año en el poder, cuando llegó Rajoy. Sin embargo, los actores, directores y productores no patalearon tanto. Está claro que la politización o no de la Gala de los Goya va a depender mucho de qué partido esté gobernando en este país tan complicado. Cuesta imaginarse a Bardem llamando presidente impresentable a Cayo Lara, si se diera el caso, que será difícil y el bravo político se ahorrará el mal trago. El cine español tiene una alta consideración en el mundo entero y cuenta con actores que triunfan desde hace años fuera del país. También con grandes directores. Se hacen buenas películas y es admirable la calidad de los cortos, donde hay un enorme talento que asegura el futuro de este arte y el de la maltrecha industria. Pero hay un problema: que los españoles vamos poco al cine. Y este es el que debería preocupar a los actores, directores y productores, y no quién gobierne el país.  ¿Vamos poco al cine por la subida del IVA o porque se hacen muchas películas que no interesan a nadie? La gran triunfadora de este año ha sido Vivr es fácil con los ojos cerrados, aunque en número de estatuillas le ha ganado Las brujas de Zugarramurdi. Entre todas las nominadas a los Goya como mejor película han recaudado en España hasta hora solo unos cuatro millones de euros. Si no fuera porque el cine español interesa mucho fuera de nuestro país, donde se recauda bastante más desde hace cuatro años, esto sería un desastre. Lo era en 2010 y lo es todavía. Por tanto, el problema del cine español no se arregla tirándonos los trastos a la cabeza los unos a los otros.

14
Feb/2014

Honores al maestro Pele

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Ayer fue un día bonito para las mujeres y los hombres de la Peña Flamenca Femenina de Huelva. No todos los días se tiene la suerte de contar con la visita de un maestro del cante jondo, de un artista genial como sin duda es el cordobés, quien acudió al homenaje acompañado de su familia y amistades. La Peña se llenó aficionados y aficionadas, acudieron artistas como Argentina y Pepe el Marismeño y el ambiente en general fue estupendo. Tras una magnífica presentación del acto a cargo de María del Carmen Oria, quien hizo una labor magistral, actuaron los alumnos de la Escuela de Cante de Antonio Rodríguez El Jaraqueño, que estuvieron a la altura de lo que se esperaba de ellos, de unos chavales que se están formando para asegurar el futuro del cante en esa bendita tierra de Huelva. El cante jondo es un don y el arte es difícil de enseñar. Pero El Jaraqueño está haciendo un gran trabajo con estos chavales. No exagero si les digo que escuché cantes anoche que casi nunca escucho en los festivales de profesionales, y no me refiero solo a los fandangos de Huelva, sino a estilos considerados más básicos de la baraja flamenca como las soleares, las seguiriyas, los tientos o las livianas. Estos alumnos de El Jaraqueño fueron Moisés Fernández, Andrés Fernández, Isabel Leñero, Tania Cumbrera, María de los Ángeles González, Laura, María y Sole. Las niñas me sorprendieron cantando los fandangos de Huelva, todas con el dejillo característico de la tierra, pero cada una con su impronta personal. Y para cerrar una hermosa noche, El Pele nos cantó tres o cuatro letras por soleares que nos emocionaron. Gracias a la Peña Flamenca Femenina por la hospitalidad y por llevar tantos años trabajando por el flamenco y los flamencos.