Monthly Archives: Enero 2014

31
Ene/2014

¿Volarán de verdad los burros?

Una cosa que siempre me llama la atención es la credibilidad que le damos los ciudadanos a todo lo que nos dicen los políticos a través de la televisión. Mucho más que lo que dicen a través de otros medios. Metámonos todos y que se salve el que pueda. Nos bombardean con datos que no entendemos y, claro, como ninguno vamos a preocuparnos de comprobar si son ciertos o no, se aprovechan. En realidad los políticos saben que no todos somos tontos, pero están seguros de que un alto porcentaje de los ciudadanos no sabemos de la misa la mitad. Ni sabemos ni queremos saber. Sale Floriano, el del PP, dice que los burros vuelan y millones de personas miran al cielo a ver si ven burros voladores. ¡Pero si un burro es imposible que vuele! Si lo dice Floriano, es que vuelan y se acabó. Lo dice este señor y siempre hay veinte cámaras para grabarlo y meter sus mensajes en millones de hogares. Tendría que haber un programa en la tele que se dedicara a verificar esos datos y a decirles a los ciudadanos la verdad. Lo malo es en qué tele, porque la que no es de la derecha es de la izquierda. Todas viven de los ciudadanos, pero obedecen órdenes del poder o de quienes quieren tenerlo. En España hay exceso de opinión y una ausencia total de análisis e información. No se entera uno nunca de nada, solo de aquello que el poder quiere que sepamos. Por ejemplo, que los burros vuelan. Es imposible que vuelen y ellos lo saben, pero también saben que hay que decirlo mucho para que al final salgamos un día a la calle y digamos mirando al cielo, turulatos: “¡Coño, pues es verdad!”. ¿Saben lo que hago yo cuando sale en la tele un político diciendo, sea del color que sea, que los burros vuelan? “Éste aquí no habla”. El mando a distancia siempre a mano, que es un buen bozal.

Buenas noches

31
Ene/2014

La tostá

Buenos días. Pedro J. Ramírez ya no es el director del diario El Mundo, un periódico fundamental de España que en ocasiones ha jugado un papel en la sociedad española que ha ido más allá de la mera labor de informar y opinar sobre los asuntos de más interés. Pedro J. Ramírez, uno de los periodistas más grandes de las últimas décadas, alcanzó tanto poder o más que un presidente del Gobierno, y cuando eso sucede, el periodista deja de serlo y pasa a ser un sujeto sospechoso, capaz de poner o quitar ministros o de acabar con la carrera de un presidente. Personaje mediático, tertuliano televisivo y radiofónico, y tuitero de éxito, lo han quitado de en medio y lo han indemnizado con 20 millones de euros, lo que quiere decir que, si no lo era ya, es un periodista multimillonario. Esto no debería empeñar para nada su trayectoria como profesional de la información y la opinión, pero será inevitable que algunos pensemos que el director de un periódico no debería ser nunca multimillonario, salvo que le toque la lotería. Y mucho menos en un gremio donde grandes profesionales apenas pueden pagar la hipoteca o están en el paro. Muchos de ellos de su propio periódico.

30
Ene/2014

Querido Félix

Tú y yo no creemos mucho en la otra vida, pero esta noche quiero creer que existe, que acabas de llegar a un lugar donde nada más entrar te habrá recibido tu abuelo Palanca, que si te quiso cuando vivía, ahora, después de tu libro sobre él, te querrá mucho más. Te habrán dado la bienvenida todos esos flamencos a los que amabas, a los que defendiste siempre con uñas y dientes, aquellos gitanos que relucieron a través de tu pluma maravillosa, culta, de cultura del pueblo y de la otra, esa que no siempre entendió que dedicaras tu talento a resaltar el arte de los flamencos, como antes no entendieron que Lorca hiciera una poesía folclorista, que escribiera de los gitanos de verde luna y hablara de la cultura en la sangre. No sabía nada de tu enfermedad y esta mañana al enterarme de tu muerte apenas di crédito a la noticia porque siempre pensé que alguien como tú no moriría nunca, una persona tan alta, rebosante de vida, eternamente joven y vital. Pero lo cierto es que te has ido, eso sí, sin armar ruido, en silencio, casi de puntillas a ese lugar donde la diferencia no la marcan los hombres, sino el frío mármol que los cubre. Siempre te admiré y destaqué que mientras otros escritores de tu generación se apoyaron en el flamenco y luego le dieron la espalda, tú no lo hiciste nunca, te has fajado hasta los últimos días de tu vida por dar categoría a nuestro arte, unas veces de forma atinada y otras no, que sabes bien que alguna vez discrepamos sobre tus teorías sobre el origen del flamenco. Pero contabas tan bien las cosas, tallabas las palabras de forma tan maravillosa que enamorabas, y es lo que me pasó a mí, que me enamoré de tu literatura, de la forma en que escribías de la guitarra, de cómo tremoleabas y arpegiabas con las palabras. Mientras otros necesitaban un tocho para contar algo, tú lo resolvías con una frase genial. Y ahí estaba tu grandeza. Tu obra flamenca es fundamental, pero tiempo habrá para analizarla con detenimiento. No te entretengo más, maestro, solo quería que supieras que hoy ha sido uno de los días más tristes de los últimos años, aunque en el fondo sé que te has ido a un lugar donde volveremos a vernos y a darnos un abrazo, esos abrazos tuyos de los que he presumido tanto en todas partes. Gracias por todo, recuerdos al abuelo Palanca y a esos artistas que te habrán recibido con los brazos abiertos.

30
Ene/2014

Ha muerto Félix Grande

Me acabo de enterar de la muerte del escritor Félix Grande y no doy crédito, pero es verdad. Una triste verdad. Además de que se ha ido uno de los mejores escritores y poetas en lengua hispana, se me ha ido un gran amigo, con quien he vivido momentos inolvidables y compartido tertulias y coplas. Cada libro que editaba me lo mandaba a casa dedicado, y yo solía hacer lo mismo. Por cierto, estaba animándome mucho a publicar mi libro ‘El niño que hablaba con los olivos’, que guardo en un cajón a la espera de tener medios para poder publicarlo, y que él había leído en parte. Conociendo a Félix Grande, con esa salud de hierro y esa cabeza tan bien amueblada, parecía que nunca se iba a morir. Descanse en paz, y mi más sentido a la también escritora Paquita Aguirre, su esposa.

29
Ene/2014

“¿No te cansas, Dios mío?”

Madre

Uno puede tener más o menos ganas de vivir, unas veces más y otras menos, depende del estado de ánimo y la situación de cada cual. La vida es maravillosa y solo nacemos una vez, que se sepa. Tengo muchos motivos para celebrar que aún estoy vivo y hago todo lo humanamente posible por disfrutar de lo que me gusta, de la familia y de los amigos, del campo y de los animales, de las aficiones y el trabajo, que en mi caso es también una afición que adoro. Sin embargo, desde hace años llevo muy mal las pocas ganas de vivir que tiene mi madre, de 87 años de edad y postrada en una silla de ruedas. Tiene todo lo que necesita para querer seguir viviendo: una casa, tres hijos que la cuidan y sus necesidades cubiertas. Pero no pasa un día sin que nos diga que no quiere seguir viviendo. ¿Qué podemos hacer en un caso así? ¿Se puede hacer algo cuando alguien no quiere vivir? ¿Hay algo más doloroso que alguien a quien quieres con toda tu alma te diga que quiere irse ya de este mundo? Mi madre no ha tenido una vida fácil. Perdió a su madre con solo 11 años de edad y cuando se casó, con 28, en cinco años tuvo tres hijos y enviudó. No eran unos tiempos fáciles y pasó las fatigas de la muerte para sacarnos adelante. Nunca quiso rehacer su vida con otro hombre, seguramente porque adoró a mi padre. Tampoco ahora quiere dejar su casa, una casa que hicimos entre todos con mucho esfuerzo ladrillo a ladrillo. Se quiere morir en ella. Y se quiere morir ya. Cabezota e independiente, piensa que es una carga para sus hijos, algo que les pasa mucho a las personas mayores. ¿Cómo podría meterle en la cabeza lo necesaria que es aún para nosotros, que se deje querer un poco más, que entienda lo importante que sigue siendo? No resulta nada fácil. Y creo que es porque mi madre nunca ha sido feliz, y si lo ha sido alguna vez no ha sido consciente de que lo era. Piensa que no merece serlo, que es aún peor. Y nadie en este mundo merece más la felicidad que mi madre, una luchadora nata a la que la vida no la ha tratado con justicia. Creyente, aunque llena de dudas, alguna vez la he oído hablar para ella, en voz baja, y preguntarle a Dios: “¿No te cansas, Dios mío?”. Y eso mismo me pregunto yo a veces: ¿No te cansas, Dios?

27
Ene/2014

Cita flamenca en Puente Genil

Bdías. El próximo sábado impartiré un curso en Puente Genil, de tres horas, con el título ‘Pioneros del flamenco en los censos del siglo XIX’. Aunque ya hay apuntados un número de personas que nos va a permitir celebrarlo, quiero animar a aquellos aficionados de Puente Genil y pueblos cercanos a que pasen ese día con nosotros, porque todos vamos a salir sabiendo algo más sobre esa etapa flamenca tan desconocida aún por los aficionados. Os adjunto la información y espero que sea de vuestro interés.

JORNADA EN TORNO AL FLAMENCO

CURSO “PIONEROS DEL FLAMENCO EN LOS CENSOS DEL SIGLO XIX”
A cargo de MANUEL BOHÓRQUEZ CASADO, Crítico e investigador de flamenco
Matrícula: 10,00 (incluye potaje flamenco)
Horario: 11:00 a 14:00 h.
Información y reservas: Álvaro de la Fuente (Tlf. 678 264 259)
Inscripciones: Hasta el 29 de enero 2014
PRESENTACIÓN CD’s
“DESDE MI CUNA” del cantaor cordobés José Muñoz “Toto hijo”
A la guitarra: Juanjo León y El Macareno
Lugar: Asociación “Amigos de la Música”
Día: Sábado, 1 de Febrero 2014
Hora: A partir de las 16:00 h (Entrada libre)
Organiza: Asociación Puente Genil con el Flamenco y la Peña Frasquito
Colabora: Ayto. Pte. Genil – Asociación Amigos de la Música

27
Ene/2014

Soleareando (A media noche)

Cuando yo no exista,
estas soleares tristes
serán coplillas de vida
en corazones felices.

Aliviarán desvelos,
desamor y soledades,
y desde el altito cielo
cantaré estas soleares:

Nunca digas que fue un sueño
las almendras que pelamos
a la sombra del almendro.

Porque los sueños,
como nos dijo el poeta,
sueños son y solo sueños.

Manuel Bohórquez

26
Ene/2014

Respetar y ser respetados

Por suerte o por desgracia, la verdad es que aún no lo tengo claro, los de mi generación comenzamos a trabajar muy pronto, con 10 o 12 años. En mi caso, con 12. Empecé con esa edad a forrar porrones en Artesanías Montes, en Palomares del Río, a dos duros la hora. Luego, con 13 años, era panadero en Coria del Río y ganaba trece duros y un kilo de pan diarios. Con 14 era telefonista de un taller de pintura en Triana, donde ya ganaba trescientas pesetas semanales. Con 15, aprendiz de sastre en este mismo barrio y mi sueldo era ya quinientas pesetas a la semana. Con 16 ponía techos de escayola y empapelaba habitaciones de hoteles en Sevilla, Huelva, Marbella y Puertollano. Con 18 habría calicatas por las calles de Sevilla, en una contrata de Sevillana de Electricidad donde ganaba ya un sueldazo, unas doce mil pesetas a la semana. Y con 24 lo dejé todo para ser crítico de flamenco, en radio y prensa, donde no me pagaban ni para el autobús. Cuando llevaba ocho años trabajando gratis, aprendiendo, empezaron a pagarme y me hice profesional de la crítica. Tuve que demostrar que valía para esto, para que empezaran a pagarme un sueldo. ¿Por qué cuento todo esto? Porque con 56 años aún trabajo quince horas al día, desde hace treinta y cinco, para cuando tenga que escribir de flamenco estar preparado, para saber de lo que escribo, para hacer un trabajo digno en favor de este arte. Tengo escritos y publicados diez libros y miles de artículos en prensa, en su mayoría críticas. Miles de horas de radio, y colaboraciones en televisión. Y me molesta bastante que a estas alturas de mi vida tenga que aguantar a quienes piensan que los críticos no tenemos ni idea. Sin embargo, como soy un defensor de la libertad de expresión, lo respeto y lo respetaré siempre. Estaría bueno que quienes analizamos lo que hacen los artistas no aceptemos sus críticas. ¿Saben lo que decía Antonio Mairena sobre los críticos? “Dichosa la hora en que los cantaores de flamenco tenemos derecho a críticas. Porque antes, ni eso”. Ahí queda eso.

Buenas noches

25
Ene/2014

El cante como terapia del miedo

El primer recuerdo que tengo del cante es de cuando viviendo en Palomares del Río escuchaba cantar cada noche a Juan Manuel de la Pura, camino de su viña. Cuando todos dormían en casa permanecía despierto porque sabía que sobre las doce pasaba este muchacho en su bicicleta, y que siempre iba cantando fandangos de Huelva. “Una niña se perdió/ camino de Santa Olalla”. Había tanto silencio en Cuatrovientos que seguía escuchando su voz hasta que llegaba a la viña, a dos kilómetros de mi casa. Una de aquellas noches le pregunté a mi abuelo que por qué cantaba Juan Manuel y me contestó que era porque le tenía miedo a la oscuridad. En las noches de invierno la carretera de Almensilla era tan lóbrega como la boca de un lobo, y cuando había luna llena se veían unas sombras terribles. Cada olivo, cada hinco de la carretera eran sombras en movimiento, un ejército de momos, de sacamentecas, de chupasangres. Por eso cantaba Juan Manuel, porque tenía un miedo terrible y creía que con su cante espantaba al miedo. Y aquellos fandangos que hablaban siempre de la niña que se perdió camino de Santa Olalla, con aquella voz temblorosa, aunque de bella melodía, sembraron en mi alma la semilla del cante. Después de tantos años, cuando apago la luz, escucho a veces antes de domirme aquella voz que me ayudaba a conciliar el sueño.

25
Ene/2014

La gran estafa de la izquierda y el reto de Susana Díaz

SusanaCuando voy a los barrios de Sevilla en los que crecí y entro en sus tabernas veo casi siempre a quienes fueron mis vecinos, y amigos en algunos casos, con el pájaro de la resignación posado en sus rostros. Recuerdo cuando los de mi edad jugaban al fútbol los domingos y cortejaban a quienes hoy son sus mujeres y las madres de sus hijos. Eran pobres, pero alegres. Hoy son hombres de mediana edad prematuramente envejecidos que en su mayoría han tirado ya la toalla y que se conforman con que no les quiten la ayuda por desempleo, tener para un paquete de tabaco, un par de cervezas y, sobre todo, con que les dejen ver el fútbol en el bar de al lado de sus casas. Sus padres eran de otra manera, lucharon por cambiar la realidad de esos barrios marginales cuando en el inicio de los años setenta vivíamos como las ratas. Recuerdo cuando en Padre Pío hicimos entre todos la Asociación de Vecinos con nuestras propias manos, los fines de semana, para desde ella promover actividades deportivas y culturales, la velá del barrio, que se asfaltaran las calles y que se construyeran colegios en los que se educaran quienes hoy parece que han perdido totalmente la esperanza de mejorar. Me acerqué a la política precisamente porque admiraba la ilusión con la que luchaban aquellas personas, la mayoría ya desaparecidas o jubiladas. Acababa de afincarme en Sevilla y no sabía de política. En realidad no sabía de nada, pero algunos vecinos del barrio me prestaron libros que no vendían en las librerías y discos de Manuel Gerena y Pepe Suero que devoraba y que me fueron abriendo los ojos. Me gustaba aquella izquierda, la del PTA (Partido de los Trabajadores de Andalucía), la de políticos no profesionales que cuando acababan en sus puestos de trabajo acudían a la Asociación de Vecinos a ver qué podían hacer por el barrio y por los necesitados. Nunca olvidaré a Antonio Ruiz el Menda, de Marchena y alicatador de profesión. Era su peón y recuerdo que una mañana, cuando íbamos para el tajo, observó que en la parada del autobús había varias mujeres resguardándose de la lluvia. Eran vecinas del barrio que iban a las casas de Sevilla a limpiar por horas. En vez de ir al trabajo, se prestó a llevarlas en su destartalado utilitario dando varios viajes. Además era un luchador contrario a cualquier tipo de violencia, aunque jamás rehusó el encontronazo con los temidos grises.

Imagen A1-1505094La izquierda de hoy no me gusta porque, aunque generalizar suele acarrear siempre grandes injusticias, se va pareciendo cada día más a la derecha en sus ansias de poder y apego a los cargos públicos. Decía el otro día en televisión una artista, Nati Mistral, que la derecha se mete en política para sus negocios, y la izquierda para gobernar. En ese aspecto no creo que haya hoy tanta diferencia entre la derecha y la izquierda. Solo hay que ver la lista de imputados por corrupción para comprobarlo. Y en cuanto al apego a los cargos públicos tampoco creo que haya que marearse mucho: algunos socialistas van a batir ya mismo el triste récord de Franco. Lo que más me duele de todo lo que está ocurriendo con la izquierda en Andalucía -me interesa menos lo que suceda en otras regiones de España, aunque también- es que todo este descrédito de la política actual empañe el trabajo de tantos y tantos socialistas, comunistas, andalucistas y sindicalistas que dedicaron su vida a mejorar esta tierra, aunque algunos crean que no ha mejorado en nada porque esté a la cabeza del paro y la corrupción. Sobre todo el de aquellos héroes casi anónimos a los que me refiero en las primeras líneas del artículo, los padres y las madres de los jóvenes y personas de mediana edad que veo cada día en los barrios de mi adolescencia, alucinados con el fútbol y esperando a que un milagro les permita aguantar hasta la jubilación sin que los bancos les quiten la casa a ellos o a sus hijos.

Me empieza a interesar el discurso de la actual presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, porque me recuerda en algo a aquellos políticos que me ilusionaron y me animaron a arrimar el hombro. Lo tiene difícil por las corruptelas de su partido y el desapego de los andaluces al socialismo, pero no hace falta ser un experto sociólogo, o politólogo, para adivinar que puede ilusionar a personas como las que me han inspirado esta reflexión. Y lo va a hacer por algo que desconocen la mayoría de esos tertulianos de la televisón que tanto hablan de la Andalucía corrupta, subsidiada y de niños desnutridos. ¿Más desnutridos que en el franquismo? Aun sin conocer bien su historia, los andaluces saben lo suficiente como para adivinar qué Andalucía ha querido siempre la derecha. Lo sabían muy bien aquellos héroes de Padre Pío, Su Eminencia y el Cerro del Águila que lucharon para dejar de vivir como las alimañas y dar estudios a sus vástagos, y lo conocen también sus hijos y nietos porque supieron explicárselo. Si la izquierda andaluza lograra echar a los corruptos y consiguiera remediar la gran estafa, si recuperara el espíritu de aquellos años de mi adolescencia, seguramente volverían a creer en ella y hasta serían capaces de confiar en Susana Díaz, quien tiene ante sí el difícil reto de devolver la esperanza a esta Andalucía tan maltratada y llena de estafados por la izquierda.