Monthly Archives: Febrero 2013

28
Feb/2013

¿Quién me manda soleares?

Desde que soy tuitero me despido cada noche con una soleá y le he cogido el gustillo a escribir letras flamencas. He descubierto que es una de mis grandes pasiones y quiero escribir todos los días una soleá, como mínimo. Antonio el Chocolate me dijo una vez que por las noches, cuando se iba a la cama, le costaba dormirse porque se llevaba horas y horas dándole vueltas a una seguiriya gitana, acabándola musicalmente y cuadrando la letra. A mí me está pasando lo mismo, pero con las soleares. Me viene bien escribirlas, es como una terapia. Las compongo cantándolas por lo bajini y algunas veces parece que me las dictan desde el alma: Me pongo a contar tus besos/ y siempre pierdo la cuenta/ para contarlos de nuevo. Es una soleá de tres versos octosílabos. ¿Quién ha podido dictarme desde el alma algo tan bello? Alguien tiene que haber sido, porque ni viviendo cien veces sería capaz de crear una soleá así. Tendré que averiguarlo algún día. El problema es que en mi alma habitan ya tantas personas, seres muy queridos -ya muertos o aún vivos-, que me va a costar la misma vida saber quién me manda soleares cada noche antes de irme a la cama.

25
Feb/2013

El vaivén de la corrupción

Lo que menos me gusta de los partidos políticos españoles, es que piensen más en ellos, en sus intereses, en estar en el poder, que en los problemas de los ciudadanos. Tampoco descubrimos nada nuevo. Lo hemos visto de forma muy clara en el debate sobre el mal estado de la Nación, que no ha servido para nada, salvo para que los dos grandes partidos que intentan gobernarnos se hayan tirado una vez más los trastos a la cabeza. Tenemos a un presidente mentiroso que no cumple sus promesas electorales –“aunque sí con mi deber”–, y a un líder de la oposición que no puede acabar con él porque tiene mucho por qué callar. Y el resto de partidos, esperando a que acaben de despellejarse vivos para recoger las tiras de piel y cambiarlas por votos en las próximas elecciones, los justos para tener su parcelita de poder. Mientras tanto, los bancos y los empresarios siguen a lo suyo, los primeros desahuciando sin piedad y los segundos despidiendo a trabajadores a mansalva. La corrupción no es el primer problema de España, aun siéndolo, pero los grandes medios de comunicación hacen su agosto con ella y desatienden asuntos mucho más importantes para los ciudadanos, de los que se ocupan más los medios modestos. Los dos principales partidos saben mucho el uno del otro, lo suficiente como para aniquilarse, pero reservan esa información para cuando convenga utilizarla. “Si tú me atacas, yo te ataco”, es lo que suelen decirse entre ellos. O sea, que si uno aprieta con lo de Bárcenas, el otro amenaza con lo de reavivar la candela de los ERES. Y como todos los partidos están manchados de mierda, salvo los que apenas tienen poder, ninguno puede hundir al otro. Ni siquiera la izquierda republicana más poderosa puede pedir abiertamente que los españoles tengan la oportunidad de elegir mediante un referéndum si quieren o no Monarquía, que ya va siendo hora. Y no porque la Corona también esté bajo sospecha de corruptelas, que lo está, sino porque es una herencia franquista que millones de españoles no queremos. Todo esto pasaría a un segundo plano si hubiera trabajo para todos, pero hay casi seis millones de parados, siendo Andalucía la región española con más desempleo. Este es el gran problema de España y no si la ya célebre Corinna es una “entrañable” amiga del rey o algo más que eso. La corrupción está siempre ahí y aflora cuando interesa que aflore. A pesar de la que hay en Andalucía, los socialistas ganarían hoy las elecciones, según una reciente encuesta. Y dentro de la escasa valoración de los ciudadanos hacia los políticos andaluces, Griñán es el más valorado de todos. Eso en Andalucía. Si mañana se celebraran elecciones generales, los populares las volverían a ganar. Por tanto, está claro que hay un clima de resignación de la mayoría de los ciudadanos aunque muchos se echen a las calles, arengados por los sindicatos y la izquierda, que comenzaron su estrategia de desgaste del Gobierno al día siguiente de tomar posesión. Cuando todo esto pase, que pasará en cuanto crezca la economía y se empiece a crear empleo, la corrupción pasará a un segundo o tercer plano y volverá a aflorar cuando interese que aflore. Siempre ha sido así y siempre lo será.

24
Feb/2013

40 años sin Manolo Caracol

Caracol con Lola montando a caballo.

Manolo Caracol con Lola Flores montando a caballo.

Hoy se han cumplido cuarenta años de la muerte del cantaor más genial que ha dado Sevilla, don Manuel Ortega Juárez, que hizo universal el remoquete de Caracol. Que fuera el más genial no significa que haya sido el mejor cantaor sevillano, sino el genio, el dueño del don, del embrujo, del duende y del pellizco. Y contrariamente a lo que siempre se ha dicho del tataranieto de El Planeta, su anarquía y heterodoxia no le restó calidad a la hora de cantar con sentido, sabiendo lo que cantaba y conociendo perfectamente las escuelas. No ha habido ningún cantaor con tantos artistas en sus ancestros como Manolo Caracol. Tanto por la línea paterna como por la materna. ¿Influye esto algo a la hora de que un niño rompa en un cantaor de leyenda? Influye, aunque no siempre. Caracol era descendiente de las figuras más importantes del cante jondo, entre ellas el ya aludido Planeta, El Fillo, Curro Durse o El Nitri. Y en el baile, Gabriela, Rita y Rafael Ortega, entre otros bailaores y bailaoras de postín. Su madre era bisnieta de El Planeta. Y su padre, Manuel el del Bulto, nieto de Enrique Ortega El Gordo. Por tanto, emparentado con El Fillo y El Nitri. Sin embargo, Manolito Caracol  no destacó en el cante hasta 1922, cuando Antonio Chacón lo llevó al Concurso de Cante Jondo de Granada, donde compartió galardones con el viejo Tenazas de Morón. Nadie de su familia sabía que cantaba, pero lo llevaba dentro y Chacón fue quien, al escucharlo, dijo que sería el rey del cante. Y no se equivocó el jerezano. Pasó de niño prodigio a primera figura del cante, aunque no sin esfuerzo porque, en sus comienzos, Caracol no fue muy aceptado y le costó lo suyo convertirse en la figura que luego fue, cuando después de la Guerra Civil española de 1936 Lola Flores lo contrató para entre los dos revolucionar el cante y cambiar su curso. Corría el año 1943. Hoy se han cumplido 40 años de la muerte del genio, óbito que tuvo lugar en Madrid y en fatídico accidente de tráfico. Mucho se ha especulado con aquel accidente, pero lo cierto es que se fue todavía joven, con 62 años, cuando regentaba el mejor tablao de España, Los Canasteros, que estuvo en la madrileña calle Barbieri. Su muerte fue un mazazo en todo el mundo, lo que no evitó que su figura cayera un poco en el olvido. No se puede decir que sea un artista olvidado del todo, porque dejó una escuela importante, pero sigue siendo un gran desconocido en el aspecto artístico. Su inmensa obra aún no ha sido bien analizada, entre otras cosas porque una parte de ella, la de pizarra, sigue sin reeditarse, como se ha hecho con las de otros genios. Cuarenta años ya sin Manolo Caracol. Cómo corre el maldito tiempo.  Menudo genio era don Manuel Ortega Juárez.

24
Feb/2013

Cuatro artistas espectaculares

Imagen TRILOGIA (1 de 3)

De un tiempo a esta parte existe la creencia de que los críticos vamos siempre a machacar a las figuras de moda, cuyos nombres están en la mente de todos. Nada más lejos de la realidad. Anoche hubo tres grandes figuras del flamenco en el Maestranza, eso sí, poco mediáticas, que sin grandes pretensiones, sin contarnos ningún cuento, dejaron claro de lo que son capaces de hacer cada uno en su campo: Pastora Galván, en el baile, El Pele en el cante y José Luis Montón en la guitarra. Sin olvidarnos del violinista libanés Ara Malikian –un auténtico espectáculo– ni del guitarrista cordobés Patrocinio Hijo, que vino para acompañar a El Pele y nos volvió locos. Solo puede haber un gran espectáculo de flamenco si hay grandes artistas, y anoche los hubo. Son flamencos y nos dieron jondura de la buena, que a eso fuimos, aunque el teatro registrara algo más de media entrada. Inexplicable. ¿Poca publicidad del concierto? ¿La crisis económica? ¿Cansancio de la afición? Buen repertorio, que se cumplió según lo programado. Hermoso taranto de Pastora Galván, con sus poses un tanto estudiadas y copiadas de su hermano Israel, pero derrochando gracia y unas facultades asombrosas. Mejor en las alegrías, aunque sobrara el número de la silla. Pero en este baile, la hija del maestro Galván nos ofreció unos paseos y un braceo excelentes. Aunque sin duda, lo más espectacular de la noche fue la actuación del guitarrista José Luis Montón, de una técnica depurada y un enorme talento compositivo. Fue espectacular, sobre todo, por el citado violinista libanés, que arrancó los aplausos más calurosos en  El ZorongoLa Tarara. Cuesta definir lo que puede hacer con este instrumento. ¿Quién dijo que el pellizco es solo nuestro? El Pele ha tenido noches mejores en Sevilla, aunque tampoco defraudó. Nunca sabemos por dónde va a salir y eso le da misterio a su cante. De voz, como nunca. Pero eso de cantar sentado en un sillón papal y no en una silla de aneas, seguramente le restó concentración. Así y todo, sus soleares de Cádiz fueron emocionantes y por seguiriyas, algo mejor, cuajó tres buenos cantes de Jerez, el Puerto y Cádiz. Luego hizo malagueñas de El Mellizo y La Trini con remate abandolao, y le cantó zambras a Pastora Galván para homenajear a la gran Marifé de Triana de una manera improvisada. Fue un buen concierto, con pinceladas de arte. Tampoco les pedimos mucho más.

Teatro de la Maestranza. Trilogía. Artistas invitados: Pastora Galván, El Pele, José Luis Montón y Ara Malikian. Acompañantes: Patrocinio Hijo, El Londro, Miguel Ortega, Israel y José Moreno. Entrada: algo más de medio aforo. Sevilla, 23 de febrero de 2013.

23
Feb/2013

El niño que hablaba con los olivos

Campo 020

La brutal crisis económica está obligando a miles de andaluces a emigrar de sus ciudades y pueblos natales. Los pueblos fueron quizás los más beneficiados del espectacular desarrollo económico y social que nuestra comunidad experimentó con la llegada de la democracia, como sabemos bien quienes somos de pueblo y vemos la diferencia entre cómo vivían los jornaleros entonces, en los últimos años del franquismo, y cómo viven ahora. Sé que no fui el único andaluz que tuvo que abandonar el pueblo para cambiar de aires, pero fue algo muy cruel. La vida nos obliga a veces a tomar decisiones que no queremos tomar. Días antes de mi marcha definitiva de Palomares estuve en el campo despidiéndome de los olivos, uno a uno, como lo hice de todos mis amigos y convecinos. Aún recuerdo las formas de las chuecas de los olivos, a pesar de que ya apenas quedan porque fueron arrancados de la tierra en nombre del progreso. Recordé al cerdito Flipper y al chivito Norit y a cada una de las gallinas y cada uno de los pollos de engorde que alegraron nuestro corral con sus cantos y cacareos y que aliviaron nuestras necesidades pagando con sus vidas. Observar la casa ya vacía, el anafe apagado pero aún humeante, al monstruo Martinillo apenado en el brocal del pozo, las flores ya marchitas y las ventanas cerradas, resultó ser de una gran dureza.

Después de cuarenta años de mi alejamiento del pueblo aún sueño con el caminar nervioso de Murillo, las candelas en la hijuela a la caída de la tarde, el agua fresca del pozo, el canto de los gallos al amanecer, el cacareo de las gallinas ponedoras, la sonrisa espontánea de Rocío la del Loro, el cante de Juan Manuel el de Pura cuando iba por las noches a guardar su viña, la alegría de vivir de Margari la de Murillo, los venustos ojos verdes de Anita y los pregones ininteligibles de Currillo el Latero. Todo esto tuve que abandonarlo para vivir en una barriada sevillana en la que la droga y la violencia ofrecían un mundo que nada tenía que ver con Palomares del Río. Tuve que crecer de prisa y hacerme un hombre antes de tiempo, porque sabía que era la única forma de sobrellevar tan duro exilio y de sobrevivir en la terrible selva de argamasa.

Palomares

Cuando paso por Palomares del Río y veo la que fue nuestra casa, en Cuatrovientos, aguantando el abandono y la soledad con una dignidad increíble, siento que el corazón se me comprime hasta el aplastamiento, como cuando se estruja de un pisotón una fruta madura contra la tierra. Algunas casas siguen igual que entonces, aunque ya cerradas. Cuatrovientos es hoy como un poblado fantasma, apenas vive ya nadie en aquel puñado de casas donde tanta vida hubo antaño. ¡Cuánto daría por poder entrar en todas estas viviendas cerradas y hacer retroceder el tiempo cuarenta o cincuenta años! Recuerdo cada una de ellas, dónde estaba cada habitación, cada ventana, cada cuarto de aseo, cada cocina, cada corral y cada trastero. Hace unos meses pude entrar en mi casa y me pareció increíble que hubiésemos vivido allí cinco personas durante tantos años. La recordaba grande, espaciosa, luminosa, cómoda, confortable. Lo era hace cinco décadas, créanme. Entonces solo había en el salón una mesa camilla redonda, cuatro sillas viejas de aneas y una alacena azul de madera de pino, de las de rejilla, que hacía las veces de nevera. Meter en aquel saloncito un sofá de rinconera de los de hoy hubiera sido empresa tan imposible como que dos ardillas hubieran podido bailar una rumba de Peret. Seguramente nos queríamos tanto de lo apretados que estábamos. Más juntos que una lágrima, como diría el poeta Luis Rosales. Los pueblos son nuestros pueblos cuando vivimos en ellos, cuando sufrimos y somos venturosos en ellos, cuando nos enamoramos y conocemos el desamor en ellos, cuando bebemos donde mismo beben las alondras y dormimos escuchando de noche a los mochuelos y amanecemos con ganas de beber agua del pozo y vemos apagarse el oro viejo del atardecer tumbados en un cerro.

Nada seca más deprisa que las lágrimas de un niño. Lloré mucho cuando me fui de Palomares, y en Sevilla acordándome de los olivos, de los campos recién arados y de las matas de habas de El Majano. Cuando voy ahora al pueblo y paseo por sus calles tengo que contener el llanto, porque todo se ha ido. Tendemos a enaltecer la infancia, el pueblo, el corral de vecinos o el barrio donde nacemos. Y es humano querer volver algún día a la tierra, como tarde o temprano regresan el agua de la lluvia y las golondrinas a sus viejos nidos. Pero no es fácil volver al terruño donde se ha crecido. No recibí mi primer beso de luz en Palomares, pero el hombre es de donde se fuma su primer cigarro, se enamora por primera vez y se bebe su primer mosto. Todo me sucedió en este pueblo y podría ser el principio de una desgarradora novela autobiográfica. Aunque lo cierto es que mientras más me acerco a Palomares compruebo desconsolado cómo el pueblo y yo nos hemos alejado tanto el uno del otro, que empiezo a sospechar si no habrá muerto ya aquel niño despistado y sensible que hablaba con los olivos y observaba el mundo, que hoy no entiende, desde el pino de Mampela, en cuyo tronco escribió una soleá: Los olivos de mi infancia/ los regaba con el llanto/ para que no me olvidaran.

Publicado hoy en El Correo de Andalucía, página 5. Desvariando.

21
Feb/2013

La generosidad del campo

Cuentan que un mendigo harapiento le pidió un dólar a Rockefeller cuando salía de su bloque de apartamentos de Manhattan. Después de darle el dinero, el millonario le preguntó: “¿Por qué no lo invierte en ropa limpia, joven?”. “Le agradezco la sugerencia -respondió el vagabundo-, pero, y perdone el atrevimiento, ¿le digo yo a usted cómo debe llevar sus negocios?”. Algo parecido me pasó una vez con un mendigo en el cruce de la Avenida de Andalucía con Ronda del Tamarguillo. Me pidió un euro y se lo di sin dudarlo, porque tenía cara de no haber desayunado. “Tómese un café, que le vendrá bien”, le dije. “No le quiero faltar al respeto, señor, pero por un euro no le voy a permitir que me diga lo que tengo que hacer con mi vida”, respondió el orgulloso indigente. Entonces, se me ocurrió que deberían de tener unas tarifas con idea de saber lo que tenemos que darles para poder ayudarlos no solo con un euro para un café o una magdalena, sino con lo que haga falta. Mi vida no ha sido fácil y alguna vez he tenido que pedir ayuda, aunque no en la calle. Si me viera en la necesidad de tener que buscarme la vida limosneando optaría mejor por aprovechar la esplendidez del campo. Mi abuelo Manuel era un genio arreglando olivos, pero el día que llovía no trabajaba y el mallete no le pagaba el jornal. Como que la olla hirviera dependía de sus ingresos, cogía un saco al amanecer y a la caída de la tarde aparecía por el pueblo con alguna liebre, un manojo de espárragos, un kilo de caracoles y alguna que otra tontilla cogida con trampas. Me parte el alma ver a tantos jóvenes y no tan jóvenes pidiendo en las calles de un país gobernado por un bipartidismo corrupto. Pero lo que de verdad me duele es ver que no son capaces de coger un saco y hacer lo que hacía mi abuelo Manuel. El campo es de una generosidad increíble y siempre está ahí.

19
Feb/2013

El lucrativo negocio de la pobreza

Toñi Moreno

Lo que más me jode de todo lo que está pasando en España es cómo se explota el drama de la pobreza, de los pobres, de los que lo están pasando mal económicamente por culpa de una crisis financiera por la que todavía nadie ha ido a la cárcel, al menos en España, donde las cárceles se construyen sobre todo para los más débiles de la sociedad. Dirán que esto es pura demagogia, pero ahí están las pruebas: vayan a una cárcel y pregunten cuántos banqueros corruptos hay en ella. Y si por casualidad encuentra alguno, que lo dudo, averigüe cómo lo tratan. En España hay ya doce millones de personas en riesgo de pobreza absoluta o exclusión social. Y como el capitalismo lo aprovecha todo, la pobreza acaba convirtiéndose en un lucrativo negocio para bancos y televisiones y en un granero de votos para los partidos que, después de llevarlos a la pobreza, les prometen la luna para volver a engañarlos. Pone la piel de gallina el hecho de que si ahora mismo se celebraran elecciones generales volvería a ganarlas el Partido Popular, aunque no por mayoría absoluta. Y que si se celebraran en Andalucía, las ganaría de nuevo el Partido Socialista. Entonces, cabe preguntarse de qué estamos quejándonos. Es un extraño síndrome de Estocolmo, una especie de masoquismo que no se entiende bien. La sociedad en general ha dejado de creer en la clase política, pero sigue votando a los chorizos. Esto está pasando porque algunos entienden la ideología política como la futbolera: el que es bético lo es hasta la muerte, como ocurre con el que es sevillista. No debería de ser así. Si dejáramos de votar a los partidos más corruptos estoy seguro de que mejoraría la clase política de España. Pero al margen de esto, lo que me jode de verdad es que las televisiones estén haciendo negocio con los pobres, los desahuciados, los pensionistas enfermos y los parados de larga duración. Incluso las televisiones públicas, como Canal Sur Televisión, donde hay un programa, Tiene arreglo, que es impresentable. Invitan cada día a personas con problemas económicos serios para que los televidentes les solucionen sus problemas con donaciones. La mendicidad en directo, televisada, con una presentadora que se echa sus lagrimitas y todo. Esto es, sencillamente, una vergüenza, con lo que nos cuesta Canal Sur a todos los andaluces. En los próximos tres años la Junta tendrá que aportar unos 400 millones de euros. ¿Ustedes creen que les importa de verdad a los que dirigen Canal Sur que le quiten o no el piso a un parado de larga duración por no poder afrontar la hipoteca con el banco? Lo dudo mucho. Lo que de verdad les interesa es que Griñán vuelva a ganar las elecciones. Estos programas deberían estar prohibidos por ley porque son humillantes para los pobres que, desesperados, acuden a ellos para solucionar sus problemas. Si se pudiera recuperar ahora el dinero que se ha despilfarrado en esa casa, en programas chabacanos y sueldos para enchufados de la política, los pobres no tendrían que acudir a este bodrio televisivo y a otros donde hacen negocio con la pobreza. En cuestiones de pobreza, el capitalismo salvaje lo aprovecha todo. Podría decir que como del cerdo, pero alguien se daría por aludido porque la piara es cada vez más grande.

18
Feb/2013

Menuda película la gala de los Goya

Foto de cine

El cine es una de mis pasiones y voy a ver películas en la medida que me permite mi economía. Ahora voy menos, pero hace una década iba tres o cuatro veces a la semana y estaba al corriente del cine que se hacía en España y el resto del mundo. Estuve viendo anoche la Gala de los Goya, claro está. Como en años anteriores, acabé un poco asqueado de cómo se politiza lo que debería de ser la gran fiesta del cine español y no un mitin político o una velada de chistes malos y diálogos forzados. El cine es el medio más apropiado para contar cómo es un país y no tendría que tener nada que ver con la política. En cualquier caso, solo para criticarla, para criticar al Estado, si hiciera falta, gobierne el partido que gobierne. El afamado actor Javier Bardem, que ha hecho un magnífico documental sobre la problemática del Sahara -se llevó anoche el Goya al mejor documental-, podría hacer ahora uno sobre la corrupción en España, pero no solo sobre la del PP, sino sobre la corrupción política en general. No lo hará nunca porque tendría que ocuparse también de la corrupción de los políticos de izquierda a los que apoya y admira. También podría hacer otro documental sobre los españoles famosos que, en época de crisis, pagan sus impuestos en el extranjero, como hace él mismo, en vez de aquí. O uno sobre cómo se está desmantelando la sanidad pública, aunque a él no le afecte porque tiene dinero para utilizar la sanidad privada de fuera de nuestro país. Eso sería ser coherente con sus ideas. Lo mismo podría hacer la laureada Candela Peña, premiada anoche con el Goya a la mejor actriz de reparto por su papel en Una pistola en cada mano. Cuando en 2005 recibió el Goya por Princesas, ¿criticó al Gobierno? Anoche sí lo hizo, denunciando que su padre murió en un hospital público donde ni siquiera había mantas ni agua. Su padre murió en 2010, cuando aún gobernaba Zapatero. Anoche podría haber criticado la corrupción en su tierra, Cataluña, pero prefirió generalizar. ¿Por qué no criticó públicamente el hecho de que su padre muriera hace tres años en un hospital público de Zapatero, donde se tenía que llevar el agua de su casa? Estas son las cosas que no me gustan de las galas de los Goya. Que si tienen que aprovechar esa tribuna para darle leña al Gobierno lo hagan solo cuando manda el partido que no les gusta. No extraña que anoche no arrasara la gala en las audiencias, que no la vieran ni cuatro millones de personas, en un país de casi cincuenta millones de habitantes. Supongo que no seré el único que está un poco cansado de esto. Por último, y aunque el discurso de González Macho, el presidente de la Academia, me pareció crítico con el Gobierno, lo cual está muy bien, estoy en desacuerdo con que el cine sea “un derecho de todos los españoles”. En todo caso, lo que sí es un derecho es la cultura y el cine es parte fundamental de la cultura de un país. Un derecho es una vivienda digna y todavía no se han manifestado los actores para defender ese derecho constitucional. Un derecho es también la información y aún no han salido a la calle para criticar los cierres de periódicos, emisoras de radio y televisión, además del despido masivo de periodistas. Anoche no hubo ni una sola crítica a este asunto, con lo que los actores les deben a los medios de comunicación. Tampoco hubo críticas a la corrupción de la banca, seguramente porque dependen de créditos para poder hacer películas, al no tener bastante con los 100 millones de euros que le da el Estado cada año al cine español. Menuda película la gala de anoche.

17
Feb/2013

Marifé o la jondura de la copla

Foto Marifé

Marifé de Triana supo lo que era el cante jondo, el que sale del alma, porque al poco tiempo de nacer se fue a vivir a Triana. Nada menos que a la calle Alfarería, donde sintió desde muy niña el torniscón del cante grande, el que dejaron impregnados en las paredes de los corrales de vecinos figuras como Frasco el Colorao, El Fillo, Juan el Pelao, Ramón el Ollero, Tío Antonio Cagancho o su hijo Manuel. Vivió solo nueve años en Triana, los suficientes para entender que el cante, cualquier tipo de cante, lo es cuando duele. Por eso Marifé ha sido siempre la más flamenca de la copla, la que más se peleó nunca con ella. Sabía dónde estaba la diferencia entre decir la copla -como la decía Concha Piquer- o pelarse con ella. Además, la artista de Burguillos siempre fue partidaria de que la copla tenía que oler al paisaje, que se supiera de dónde era la que la cantaba. También Antonio Mairena solía decir que la pureza del cante era el sabor al paisaje. De ahí el amor de Marifé por el arte de otra sevillana universal, Juanita Reina, que fue el primer espejo en el que se miró. Iba a ver sus películas a los cines de verano y cuando salía a la calle ya se había aprendido sus coplas, aquellas canciones de Juanita que olían como las flores de los balcones de la calle Parra. Cuando Marifé emigró a la capital de España, en plena posguerra, llevaba ya metido en la sangre el arte de Triana y Sevilla -dos sonidos de una misma campana-, el que la hizo artista. Madrid era entonces solo la sombra de lo que había sido tres décadas antes, cuando Chacón y Montoya eran los reyes de Los Gabrieles y Villa Rosa. Allí descubrió el teatro, la radio, los representantes. Y allí fue donde Lombardía y el locutor David Cubero la bautizaron como Marifé de Triana. A punto estuvieron de ponerle el remoquete artístico de Marifé de Sevilla, pero como ya estaba Carmen Sevilla y ella les recordó que era de Triana, lo tuvieron fácil. No tardaría en alcanzar el éxito, una vez que se ocupó de ella el empresario Juan Carcellé, dueño del Circo Price, y había dado su primer aldabonazo artístico con Torre de arena, de Llabrés, Gordillo y Sarmiento. Y ahí empezó todo, aunque ya había demostrado que, además de saberse pelear con la copla, como ninguna, sabía pelearse también con la vida, que la puso a prueba al quedarse huérfana de padre muy pronto y pasar junto a sus madre y sus cuatro hermanos, como suele decirse, las fatiguitas de la muerte en la dura España franquista. Curiosamente, la primera canción importante de su carrera, Torre de arena, del Maestro Gordillo, la cantaba antes que ella, pero con otra letra, el Niño de Orihuela. Se llamaba Número falso y la letra era del propio Niño de Orihuela. Marifé convenció a Gordillo para que se la adaptara, con la colaboración de Llabrés y Sarmiento, y mediados los cincuenta la llevó al disco, comenzando una larga carrera de éxitos y convirtiéndose en una de las más grandes de la copla cuando no era fácil porque tuvo que romper en una época de grandes artistas. Así y todo, se hizo un hueco, se convirtió en una estrella, creó su propia compañía y llenó España de grandes espectáculos y de discos. Ha muerto Marifé de Triana y, más bien, parece que ha resucitado. Y con ella, una manera de entender e interpretar la copla, la canción andaluza. María Felisa Martínez López, que así se llamaba la maestra -apellidos poco flamencos, por cierto-, entendió siempre el arte de cantar como una pelea, como los cantaores puros entienden el cante por derecho. Cuando descubrió que podía perder un día la pelea en los escenarios, se fue y lo hizo sin titubear lo más mínimo, dejando paso a las nuevas voces. Era una gran señora en la copla y en la vida y supo alejarse de todo. Fue reconocida en su tiempo, consiguió los más grandes galardones y se retiró a un precioso rincón malagueño para descansar y disfrutar de su familia y de los recuerdos. Nunca fue mediática, pero estuvo siempre dispuesta a hablar sobre el arte, que fue el motor de su vida. Se nos ha ido Marifé: la jondura de la copla.

15
Feb/2013

Resignación, populismo o generales

Desde que era todavía un niño estoy escuchando decir que es posible un mundo mejor, más justo, donde no exista la diferencia de clases y el sol salga de verdad para todos. Lo escuchaba decir cuando me sujetaba el pantalón con una cuerda por no tener correa y lo sigo oyendo ahora que ya tengo cinturón pero mi sueldo apenas me da para pagar la hipoteca y el autónomo. Hoy se habla de pobreza en España y es verdad que hay pobres, que siempre los ha habido y siempre los habrá, aunque los políticos nos vendan cada cuatro años la utopía de la igualdad. No me lo creía cuando buscaba palmitos en las veredas de Palomares para calmar el hambre, como no me lo creo ahora, que estoy sobrealimentado. San Agustín llegó a decir que lo que sobra a los ricos es patrimonio de los pobres. Sería en sus tiempos, porque los ricos de ahora ya se han cansado de dar sus sobras, de ver cómo los pobres medio pueden llevar a sus hijos a la universidad y hasta tener una televisión de plasma. No quieren que se sepa cómo se hacen ricos. Ellos, los banqueros, políticos y empresarios corruptos, que son los culpables de que centenares de miles de pobres hayan perdido sus casas, antes con un gobierno socialista y ahora con uno de derechas. Como diría el gran José Menese, los mismos perros con los mismitos collares. Antes fue un bobo de buen talante que nos hablaba del pleno empleo sin sonrojarse delante de las cámaras y ocultándonos una crisis económica tan canalla. Ahora, un tío duro que reconoce públicamente que no ha cumplido su programa electoral, aunque sí con su deber. ¿Acaso no es sagrado el deber de cumplir las promesas? A todo esto, la Iglesia está encantada consigo misma, con que haya pobreza porque en todas las religiones el menesteroso es más creyente que el poderoso. Las colas en Cáritas Diocesana son la mejor promoción para la Iglesia, sin quitarle importancia a una institución que se vuelca con los más necesitados. Igual que la cola del paro es el mejor granero de votos para los partidos políticos, que crean los problemas para que les pidamos las soluciones y sentirse así imprescindibles. Nos lo ha recordado la señora Cospedal, quien dijo el pasado martes que cuando se acaba la política llegan los populistas o los generales. “Con cariño”, apostilló. Cómo que con cariño. Será usted quien les tiene afecto a los generales golpistas. Solo le faltó decir ustedes dirán qué prefieren.

Manifestación

El problema no está en la política, sino en los partidos corruptos. Los ciudadanos que se mueven por ideales siguen creyendo en la política. Un político es un hombre que cree representar la opinión del pueblo sin habérsela preguntado jamás. Cuando los partidos piensan en crear sus programas electorales, ¿les preguntan a los ciudadanos qué quieren, qué necesitan? Les ofrecen un modelo de sociedad y les votan si se ajusta a su manera de entender la sociedad según su ideología. Y por lo que estamos viendo en España -que tiene este nombre porque seguramente ya estaba registrado el de Botwuana-, los ciudadanos están asqueados de la política y tienen sus razones. El pueblo se equivoca muy pocas veces, aunque ocurre. Francisco de Quevedo dijo que nadie ofrece tanto como el que sabe que no va a cumplir. ¿Sabía el actual presidente del Gobierno, cuando quería serlo y prometía tantas cosas, que no iba a poder cumplir sus promesas? Lo sabía, en la misma medida que el anterior tenía la certeza de que era mentira lo de que íbamos al pleno empleo. Y como las promesas solo son olvidadas por los enamorados, pero no por los ciudadanos, el pueblo está a punto de decir hasta aquí hemos llegado. De hecho, es extraño que no se haya producido ya un estallido social ante tantos recortes, abusos y corrupción política y financiera. Extraño porque, como señalaba hace unos días el valiente y comprometido escritor Arturo Pérez-Reverte, la historia de España nos dice qué suele ocurrir cuando se acorrala tanto a los más débiles. Los ciudadanos no comprenden muchas cosas. Por ejemplo, que Bankia sea la entidad financiera que más está desahuciando, después de una gestión tan desastrosa, de lo que se han llevado sus directivos y, sobre todo, de lo que nos va a costar su saneamiento. Pero esto es solo un dato, una prueba más de lo podrido que está el sistema y cuán injusto es para lo pobres. La suerte de los partidos políticos, de todos, es que una inmensa mayoría de los ciudadanos desconoce lo que está pasando de verdad en España. Nadie debería aprovecharse de la ignorancia ajena y este Gobierno está apretando demasiado las clavijas a los pobres y protegiendo descaradamente a quienes nos han llevado a esta situación, que no son precisamente los inmigrantes que vinieron a que los banqueros les dieran un piso que sabían que volverían a recuperar, además de quedarse con sus ahorros y obligarlos a regresar con lo puesto a sus países de origen. Los pastores que nos pastorean no se merecen otra cosa que un garrotazo en el pescuezo. Pero los españoles hace años que decidieron guardar la garrota, cuando descubrieron que no existe un mundo mejor. Este es el que tenemos. Se llama resignación.

Publicado hoy en El Correo de Andalucía, página 4. Desvariando.