Monthly Archives: Diciembre 2012

29
Dic/2012

La mejor madre coraje de la Navidad

Madre coraje

Doña Josefa tiene 85 años, los huesos tan quebradizos como la hierba seca y tantos dolores y tan distintos que ha perdido ya la cuenta. Sigue viviendo sola, aunque con la ayuda de una asistenta peruana, Flora, a la que camela solo a ratos pero sin la que ya no podría pasar. Nunca se ha adaptado a vivir  con sus hijos, quizás por haber desarrollado una independencia exagerada debido a que se quedó sin madre a los 9 años y a los cinco de casarse su marido murió de leucemia y la dejó desabrigada, pero con tres niños, el mayor de apenas cuatro años. Nunca se volvió a casar y a sus años no soporta a nadie. En ocasiones ni a ella misma. Cuando enviudó, en julio de 1960, como su marido era un humilde jornalero del campo se vio obligada a ir a los comedores sociales del pueblo para que sus vástagos no se murieran de hambre. Quién le iba a decir que viviría lo suficiente como para volver a ver los comedores sociales en un país como España, que ella vio prosperar después de haber vivido una guerra civil y cuarenta años de dictadura franquista, de haber sido explotada como trabajadora sin derechos y sufrido vejaciones de todo tipo. Vivía en una humilde casita a las afueras del pueblo y cada vez que tenía que ir al comedor social o a limpiar los suelos de los señoritos se le planteaba el problema de qué hacer con las tres criaturas. No tenía a quien dejárselas. Entonces, se le ocurrió la idea de fabricar un gran cajón de madera para meterlos en él y poder ir a buscar comida. Hoy confiesa, entre lágrima y lágrima, lo duro que le resultaba dejar a su retoños en aquel bargueño y escucharlos llorar hasta que se alejaba lo suficiente de la casa. Cuando regresaba con un cazo de leche y un trozo de bizcocho, se los encontraba dormidos, agotados de tanto llorar, sin bueyes ni mulas ni pastores ni reyes que los hubiesen ido a adorar.

Los tres niños de Doña Josefa: Antonio, Loli y Manolito.

Los tres niños de Doña Josefa: Antonio, Loli y Manolito.

Sin embargo, doña Pepa recuerda la Navidad con cariño, sin rencor y como la única etapa del año en la que, aunque con dificultades, podía hacer felices a sus hijos. Recuerda cuando días antes de la Nochebuena los llevaba a canjear unos sellos que le daban en la tienda por dulces típicos de estas fechas: alfajores, mantecados, turrón del blando y del duro, cortadillos y garrapiñadas. Les daba algunos para que los probaran y el resto los guardaba bajo llave en el ropero. Cuenta que un año, en Nochebuena, abrió el guardarropa para poner un plato de dulces con los que quitarse el sabor de la gallina en salsa, encontrándose con la desagradable sorpresa de que habían desaparecido. Enseguida descubrió que los niños habían desatornillado el panel trasero, se habían comido los manjares y habían vuelto a atornillar el panel. En vez de quitarse una alpargata y ponerles el culo morado, que era una práctica de la época, cogió varios huevos del gallinero, les sacó las claras y fabricó un merengue tan espeso que podrían haber tallado la figura del Niño Jesús, al que por cierto nunca vieron en el pueblo. Fue capaz de trabajar quince horas diarias para que a sus niños no les faltara de nada. Era empleada de un almacén de aceitunas al que llamaban El Pollo. Había que tener mala sangre para ponerle ese nombre a una fábrica, con lo difícil que resultaba comerse un buen pollo en aquellos años. Para ir a echar su jornada de duro trabajo se levantaba a las cinco y media de la mañana y andaba seis kilómetros por una solitaria carretera en la que no había farolas. El día que llegaba tarde, el encargado la mandaba a casa sin el jornal y recorría otra vez los seis kilómetros. En vez de volverse a acostar o dedicar el día a lavar ropa y limpiar la casa se informaba de dónde se podía coger algodón o aceitunas para no perder el día y poder llegar al final de la semana sin dificultades.

Recuerda también Josefa lo que le costaba dejar contentos a sus niños el día de Reyes. En aquella época los niños pobres del pueblo jugaban al fútbol con una botella de aceite vacía a la que le ponían un corcho. Pero ella era capaz de hacerles preciosas pelotas de trapo y peponas construidas con muñecas que desechaban las niñas ricas. El abuelo traía hierba fresca del campo a la caída de la tarde, colocaba los juguetes en el lebrillo del corral y por la mañana, cuando los rayos del sol se colaban por las grietas de la deteriorada ventana del dormitorio, anunciaba él mismo que los Reyes Magos habían dejado los juguetes en el corral.

Comedormaternidad

Doña Josefa crió a sus tres hijos sin ayuda de nadie y ya es bisabuela. Tiene su propia casa, una tele que no es de plasma y una pensión de 600 euros al mes que le permite no depender del todo de sus hijos. Siempre tan independiente. Cuando le hablan de la crisis económica se ríe a mandíbula desencajada, porque ella siempre ha estado tiesa. Sin embargo, está un poco preocupada por las revueltas del país y tiene el temor de que se le acaben los ahorros y se vea obligada de nuevo a vivir de la caridad. Sus hijos la tranquilizan diciéndole que nunca volverá a pasar necesidades, que ahí están los tres para que acabe sus días de una manera digna. Pero ni así pierde el miedo.

Josefa Casado Rodríguez es de Arahal y quedará en la historia como una madre coraje que fue capaz de trabajar de día y de noche para criar sola a sus hijos. Es la mejor madre coraje de la Navidad. Es mi madre. Que nadie le haga daño.

Publicado hoy en El Correo de Andalucía, página 4. Desvariando.

27
Dic/2012

La Unesco y la Junta examinarán a los artistas flamencos el próximo año

No salgo de mi asombro. Resulta que la Junta de Andalucía, en su afán de mejorar la calidad de los artistas flamencos y por consejo de la Unesco, está estudiando la posibilidad de examinar a todos los artistas flamencos profesionales, como se hacía antaño, para darles el carné. Y el que no apruebe no podrá cantar ni en los bautizos. Cobrando, se entiende. Examinarán solo a los menores de 60 años y en el jurado van a estar Fosforito, Calixto Sánchez, Matilde Coral, Manolo Sanlúcar y Juan José Téllez. El examen consistirá en una prueba teórica en la que el artista tendrá que responder a veinte preguntas, como, por ejemplo, cuántos compases tiene el garrotín de Amalia Molina. En la prueba práctica los examinados tendrán que interpretar tres palos: uno básico, dos tipos de malagueñas y dos estilos a elegir por él mismo y que no sean ninguno de los exigidos. Si antiguamente las pruebas se hacían en el Teatro San Fernando, en esta ocasión se harían en el Lope de Vega. Si esto se llevara a cabo es más que probable que tengamos que importar los artistas de Japón. Si no fuera porque es el día de los Santos Inocentes…

25
Dic/2012

Las lavadoras tienen su corazoncito

Cuando la vida me puso a prueba y tuve que irme a vivir solo confieso que pasé las de Caín. Les conté aquí mismo lo que me ocurrió con la olla de caracoles que un día me dio por guisar. Pero al lado de lo que os voy a contar ahora, aquello apenas fue una historieta graciosa. La idea de comprar una lavadora no me atraía nada y cuando les dije a mi madre y a mi hermana que me iba a hacer con un lebrillo y una refregadera de aquellas de madera, como la que teníamos en el corral de Cuatro Vientos, estuvieron a punto de llamar al psicólogo para que me hiciera un chequeo mental. “Te compras una lavadora, que las hay sencillitas”, dijo mi hermana, la moderna de la familia. Mi madre, en cambio, siempre tan apegada a las viejas costumbres, era más partidaria del lebrillo y la refregadera. Me armé de valor y fui a una tienda de electrodomésticos a por la dichosa máquina de lavar trapos. Como suele suceder en estos casos, el vendedor me lo puso todo muy fácil. Si tendría necesidad de vender aquel sujeto, que me llegó a ofertar una lavadora que lo hacía todo. “Usted mete la ropa sucia por la boca y en media hora le aparece ya planchada y todo en el ropero”, aseguró el bandido. Como siempre he sido más inocente que un búcaro, encargué el ingenio y me lo llevaron al apartamento muy bien embalado, aunque se fueron sin instalarme la lavadora. “Eso es muy fácil de instalar, señor. Lea el libro de instrucciones”, dijo muy serio el transportista. La lavadora estaba en el salón, la desempaqueté y leí por encima el libro de instrucciones, que entendí perfectamente. Puse mi primer lavado y, como todo iba sobre ruedas, salí a comprar el periódico con toda tranquilidad. No había acabado de bajar las escaleras del bloque cuando sentí un ruido infernal que venía del apartamento. Al abrir la puerta observé turulato que la lavadora se había salido de la cocina y estaba pegando saltos en el salón y echando espuma por todas partes. Enseguida pensé que le había echado demasiado detergente o algún suavizante en mal estado -seguramente caducado-, porque aquellas convulsiones no eran normales. Como la pobre lavadora no paraba de correr de un lado para otro y de dar saltos,  contacté con la tienda para que me dijeran punto por punto cómo controlarla y me hicieron explicar los pasos que había seguido. Se los detallé y el hombre no salía de su asombro. “¿Le quitó usted los anclajes que sujetan el motor, unos tornillos largos que están justamente detrás?”, me preguntó. ¡Yo qué sabía de los anclajes! Se los quité y ya todo fue como la seda. No obstante, la lavadora ya no volvió a ser la misma, desconfiaba de mí y nuestra relación fue siempre fría, distante. En los días siguientes le metía una camisa blanca y me la sacaba azul o gris marengo. Los pantalones encogían dos centímetros cada vez que los lavaba y de cada diez calcetines que le daba, seis se quedaban dentro y nunca llegué a averiguar dónde. Sabía que era su manera de vengarse. El día que vendí el apartamento, con la lavadora y demás electrodomésticos, quise despedirme de ella y no me dijo ni por ahí te pudras. Aunque no se lo crean ustedes las lavadoras tienen su corazoncito.

23
Dic/2012

Feliz Navidad a todos los lectores

Animales

No, no me ha tocado la lotería. Tampoco me he ido a otro lugar del mundo por si acaso era verdad eso de que se iba a acabar el mundo, porque hubiese sido una tontería y ya peinamos demasiadas canas como para hacer el tonto. Ni siquiera me he construido un búnker por si las moscas, porque de acabarse el mundo no me gustaría que me pillara metido en un agujero, sino viendo el sol o la luna. Estas últimas semanas he estado un poco alejado de La Gazapera por una cuestión familiar, la operación de Mariángeles, mi esposa, que ya está en casa reponiéndose. Afortunadamente, las cosas han salido bien y es un buen motivo para que esta Navidad la vivamos tranquilos y en familia, celebrando algo más de lo que solemos festejar cada año, que tampoco somos de muchas celebraciones. Quiero desearos a todos los lectores del blog unas felices fiestas y un buen final 2012. No ha sido un gran año –salvo para los ricos, que son más ricos–, pero hay que ser optimistas y pensar que no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista. Según todas las previsiones, 2013 no va a ser todo lo bueno que quisiéramos, pero el secreto está en aguantar y en no arrojar la toalla. El país está revuelto, con cientos de miles de personas pasándolo mal por esta puta crisis que no entendemos, pero que está ahí. De peores trances hemos salido en nuestro país porque los españoles somos unos luchadores natos, siempre lo hemos sido. Os agradezco vuestra fidelidad hacia La Gazapera, que sigue creciendo, así como la colaboración en todos los sentidos. Somos una gran familia, qué duda cabe. Mis mejores deseos para todos y que la felicidad inunde vuestros hogares. Feliz Navidad a todos y mil gracias.

22
Dic/2012

No son políticos, solo falsos ilusionistas

el-_ilusionista

En nuestro país hemos pasado en un santiamén del Estado del Bienestar al del malestar. Ha sido visto y no visto, como el truco de un buen mago. Es lo que de mágica tiene la política española, aunque los politólogos nunca hayan escrito o hablado sobre esto. Hay brujos que hacen desaparecer la Estatua de la Libertad, como hizo el mediático David Copperfield hace algunos años, y magos que son capaces de acabar con el Estado del Bienestar. Hemos pasado de ser casi ricos a casi pobres sin darnos cuenta, en lo que dura encendida una cerilla en Tarifa. Éramos hace una década uno de los países mejor situados de Europa, pero ahora estamos a la cabeza de lo peor. Cientos de licenciados han hecho o están preparando las maletas para probar suerte en el extranjero, y algunos albañiles, fontaneros, carpinteros y escayolistas andaluces andan aprendiendo inglés en cursos acelerados para irse a trabajar a Canadá. ¿Quién dijo dijo una vez que los del sur queremos vivir del cuento? El ilusionista Zapatero cogió un país con un número ‘razonable’ de parados y en siete años lo duplicó. Lo de la multiplicación de los panes y los peces del mago de Jerusalén al lado de este truco era una chacota entre amigos. Luego llegó el mago Rajoy y en un alarde de ilusionismo sin precedentes se ha sacado de la chistera un millón de parados más en solo un año. ¡Todo un truco! Es un hechicero que promete, según los versados. Entre sus próximos números de magia estará hacer desaparecer nuestra felicidad y el sentido del humor, pero esto no se lo vamos a permitir porque somos un país con dos huevos. Además, Mariano Rajoy es un mago del suspense, que dice que no le va a salir el truco y luego lo borda y nos deja turulatos. Es el Alfred Hitchock de la política española, pero el de la época del blanco y negro. Le gusta la emoción al célebre prestidigitador gallego. Nos dijo que no le iba a salir el truco de subir el IVA y vaya si le salió. Más adelante aseguró que no le resultaría el de subir las pensiones conforme al IPC y le volvió a salir. Como mago cauteloso, siempre deja claro que si no le sale el truco es por culpa de magos anteriores, de su antecesor en el cargo.

La política ibérica está necesitada de magos, pero no de los que duplican el paro y los comedores sociales, de los que quieren que los trucos fallidos los pague el público que va al teatro, sino en el arte de desaparecer. O sea, el de Houdini. A la izquierda española le está haciendo falta que Alfredo Pérez Rubalcaba haga un día un truco de escapismo, pero que no desaparezca él solo, sino que se esfumen con él todos los de su generación. Ese sí que sería un buen truco. Se les agradecerían los servicios prestados y a disfrutar de la jubilación, que la tienen asegurada porque en unos trucos han puesto más magia que en otros. Está por crearse también en España un cementerio para cadáveres políticos, porque a los muertos hay que enterrarlos alguna vez. Los hay que huelen que apestan desde hace tiempo y no les faltan forenses que lo certifiquen. Ahí está  Tomás Gómez, que lo único que le falta hacer es mandar una corona de flores al domicilio de Rubalcaba. No es el único dirigente socialista que le enviaría una corona a Alfredo, pero hasta ahora el que está más cerca de hacer la machada es el líder de los socialistas madrileños, aun sabiendo a lo que se expone porque hay momias a las que todavía les late el pulso.

Tamariz hace el lío

Otra cosa que habría que crear sería una residencia para el retiro de gobernantes podridos. Todos no son corruptos, pero tanto lo son los que se corrompen como quienes callan y les encubren. ¿Alguna vez ha dimitido un político tras denunciar que se va por no pertenecer a un partido corrupto, donde hay quienes se enriquecen miserablemente? El ciudadano que encubre un delito puede ir a la cárcel, pero al que tapa a un político ladrón o a un banquero estafador no le ocurre nunca nada. Nos dice la Constitución que todo somos iguales ante la Ley, pero en esto, por aquí se va a Madrid. Tampoco ha dimitido nunca nadie del consejo de administración de una caja de ahorros o un banco, sabiendo que engañan a los ciudadanos, como estamos conociendo gracias al periodismo serio, que todavía queda algo, sobre todo en las redes sociales, el llamado “periodismo ciudadano”. Redes sociales que también están siendo invadidas por los falsos magos. También hay cadáveres políticos en la derecha, cuyo hedor es ya insoportable, pero la izquierda debe dar ejemplo. Si no se renueva y expulsa a los golfos la derecha se perpetuará en el poder el tiempo necesario para acabar con los pocos derechos que les quedan a los trabajadores y a los que lo fueron. Los ciudadanos están hartos de la clase política. Ya no creen en los gobernantes en general y esto está pasando porque se sienten estafados y traicionados por quienes les dijeron que la democracia era el gobierno del pueblo. Lo que no les dijeron es quiénes gozarían de sus privilegios y quiénes tendrían que hincar los cuernos. Todo tiene su truco. España va a salir adelante porque somos un país mágico. Solo hay que acabar con los trileros de la banca y la política. Sin trampa ni cartón.

Publicado hoy en la página 4 de El Correo de Andalucía. Desvariando.

20
Dic/2012

Bicho malo nunca muere

Obviamente, lo del fin del mundo tampoco va a suceder esta vez. Qué cachondos los Maya. Los flamencos, que le cantan a la muerte con la misma pasión que a la vida, y siempre a compás, apenas se inmutan con estas profecías: “Cada vez que considero/ que me tengo que morir/ tiendo una manta en el suelo/ y me harto de dormir”. A un conocido genio del cante jerezano le dijo su médico que tuviera cuidado con el coñac, que acabaría matándolo. Se compró una botella, se fue a la puerta del cementerio, se la bebió y, viendo que no la palmaba, se metió de fiesta con los amigos. Murió meses después, pero a compás. El mundo no tiene prisa en morirse, pero se va muriendo un poco cada día: El Estado del Bienestar, las fábricas, las empresas públicas, el fondo de las pensiones, las sanidad pública…  Menos la prima de riesgo, que es más dura que el Alcoyano, se está muriendo casi todo. El flamenco está aguantando, como lo ha hecho siempre: guerras, repúblicas, dictaduras, democracias… Es un superviviente nato. No se extrañen de que algún flamenco haya metido ya por bulerías la dichosa profecía de los Maya. ¿Acabarse el mundo? Bicho malo nunca muere.

19
Dic/2012

“Esperamos que sea una noche mágica”

El cantaor Acángel confía en que el Concierto de Navidad de mañana en la Catedral de Sevilla sea un éxito de público, porque los beneficios irán destinados a Cáritas Diocesana de Sevilla. Cantará dos villancicos con Estrella Morente. Los gazaperos están respondiendo. No esperábamos menos.

Está todo listo para que Arcángel ofrezca el Concierto de Navidad en la Catedral de Sevilla, que vuelve a organizar El Correo de Andalucía y que tendrá lugar mañana, día 20. El cantaor onubense estuvo el pasado lunes en nuestra ciudad promocionando el evento y almorzamos juntos en el restaurante que tiene Enrique Becerra en la calle Jimios, al lado de donde tuvo la academia el célebre bolero Miguel de la Barrera, sobre 1838, y enfrente de donde vivió el cantaor jerezano Niño Medina, en 1913.

Aunque es onubense (1977), Arcángel es un enamorado de Sevilla, ciudad en la que se admira su cante desde que apareció actuando en espectáculos de Mario Maya o Juan Carlos Romero, en la Bienal. Esto es algo que le llena de orgullo, porque considera que la capital andaluza es fundamental en este arte. Nos habló de todo lo concerniente al concierto, de las complicaciones de crear un repertorio de villancicos y campanilleros, que son cantes que se suelen hacer muy poco.

-Usted ha cantado en más de una ocasión en la Catedral de Sevilla. ¿Qué sensaciones ha experimentado cantando en un lugar como ese?

-Es algo que impresiona. No es fácil porque estamos acostumbrados a la acústica de los teatros, que se crean para la música. Pero las veces que he cantado he sentido algo especial, que me transportaba.

-¿Le asusta la responsabilidad de ofrecer el Concierto de Navidad? El pasado año lo hizo también, pero colaborando con una compañera. El jueves, el artista es usted. Aunque no estará solo.

-Ni mucho menos. Lo único que me preocupa es que guste el concierto, porque no es fácil dar un recital de cantes navideños, que son unos estilos poco tratados por los cantaores. Nadie te pide nunca un villancico o una saeta, si no es en Navidad o en Semana Santa. Luego, hay villancicos que su temática literaria no es navideña, pero no dejan de ser villancicos, como Calle de San Francisco. Eso hay que adaptarlo y no es fácil hacerlo.

-¿Es un repertorio clásico que el trae o ha montado cosas de su propia cosecha?

-Habrá de todo. Es impensable dar un concierto flamenco de Navidad y no cantar los campanilleros flamencos o la fiesta de Nochebuena del Niño Gloria. Pero hemos montado villancicos y campanilleros de Alosno, el pueblo de mis antepasados, donde hay una riqueza extraordinaria. Y también de Granada, que son muy poco conocidos y que apenas se cantan en los teatros.

-Ya que habla de Granada, explíquenos por qué ha contado con Estrella Morente para este concierto.

-Somos muy amigos y nos queremos mucho. Yo era muy amigo de su padre, Enrique Morente, cuyo espíritu andará también por la Catedral. No va a ser la primera vez que Estrella y yo hagamos algo juntos. Le he pedido que haga dos cantes conmigo, y creo que puede ser muy bonito juntar nuestras voces en la Catedral. Esos momentos no se dan todos los días y hay que disfrutarlos, y sé que Sevilla lo disfrutará y lo agradecerá.

-¿Es muy navideño?

-Bastante. Me entristezco en estas fechas porque ya no viven mis padres, que se fueron todavía jóvenes y me dejaron también muy joven. Estos días, claro está, los recuerdo de una manera especial porque vienen a mi memoria las reuniones en Alosno, en Navidad, que son estupendas. Pero a pesar de la añoranza de mis padres, la Navidad me gusta y hago todo lo posible por disfrutarla junto mi familia.

-Hablando de otras cosas, se ha metido a maestro de cante y tiene su propia esuela en Huelva desde hace unos años. Le gusta meterse en los charcos, en el buen sentido. ¿Cómo le está resultando la experiencia?

-Es algo increíble, una experiencia que recomiendo. No es fácil enseñar a cantar y nunca trato de crear arcangelitos, porque sería un error. Me gusta que los alumnos aprendan a cantar y también que se formen culturalmente y humanísticamente. Que aprendan a amar el cante y a defenderlo, y que nunca pierdan su personalidad.

-¿Aprende de sus propios alumnos?

Mucho, y no lo digo por quedar bien como profesor. Cualquier chaval puede sorprenderte cuando menos lo esperas. Una de mis alumnas es Beatriz Romero, que ya está ganando concursos y será otra voz más que tendremos en Huelva, donde no paran de salir buenas voces.

-¿Para terminar, ¿qué tal el año?

-No puedo quejarme, a pesar de la crisis. El mundo tiene ganas de Flamenco, y ahora mismo hay un magnífico plantel de artistas.

-Algún deseo para el próximo año?

-Que no dejemos de ser felices a pesar de todo.

Todavía quedan entradas, a partir de 20 euros, que pueden adquirirse a través de Tickesmaster, Viajes Alcón y la FNAC. Y mañana mismo, en la Catedral. Los beneficios del concierto irán destinados a Cáritas Diocesana de Sevilla. Anímense.

15
Dic/2012

Gregorio Samsa en taparrabillos

Me encantan las tiendas de ropa de ahora en las que el cliente puede elegir lo que le guste y probárselo dedicando a ello todo el tiempo que precise. Hasta hace unos años no era ni mucho menos así. Los que medían casi dos metros de altura y pesaban algo más de cien kilos pasaban un auténtico calvario en las tiendas de antaño, donde nada más entrar se acercaba un nazi y miraba al cliente de arriba abajo como si fuera un visitante extraterrestre. No se conformaba con decirle que no había nada de su talla en la tienda, sino que le señalaba todos y cada uno de sus defectos físicos. “No es un problema de corpulencia -decía sin acercarse mucho, como temiendo a que le mordiera-; es que usted está muy mal hecho, es estrecho de hombros y ancho de culo”. Al final salías de la tienda sin prenda alguna y con ganas de cortarte las venas en un urinario público. En más de una ocasión en la que fui de compras, en los setenta, cuando ya medía casi dos metros y pesaba ochenta kilos, llegué a casa creyéndome que era Gregorio Samsa -el protagonista de La metamorfosis, la universal obra de Franz Kafka-, quien al despertarse una mañana descubrió despavorido que se había convertido en un repugnante escarabajo con largas patas velludas y un seboso vientre convexo.

Gregorio

Las tiendas de ropa de ahora son estupendas, sobre todo las de los grandes almacenes. Hay prendas de todas las tallas y han desaparecido los nazis que te veían como un bicho raro. Sin embargo, en algunas te sientes demasiado vigilado, con cámaras por todas partes y guardias de seguridad en la puerta que te miran a veces como si fueras a dar un atraco. No hace mucho fui a comprarme un chándal a unos grandes almacenes de Alcalá de Guadaíra y estuve a punto de morir en un improbable probador tipo féretro. Por motivos de seguridad -para evitar el mangoneo-, las prendas tienen un sistema antirrobo sin libro de instrucciones. El chándal se compone de dos piezas: chaquetilla y pantalón. Lo normal es ponerse primero la taleguilla y luego la chaqueta, como hacen los toreros. Con este curioso sistema de seguridad hay que ser contorsionista, como mínimo, para probarse un chándal en un probador como aquel, porque las dos piezas suelen estar unidas por un ingenio infalible, que si se te ocurriera salir pitando de la tienda sin pagar se pondría a llamar al Séptimo de Caballería. La muchacha que me atendió, de una amabilidad filipina, se esforzó en explicarme cómo debía probarme la prenda y, sinceramente, entendí a la perfección su argumentación a pesar de no haber estudiado en Oxford. Cuando entré en el probador y comprobé que era un ataúd puesto en pie supe en seguida que tendría serios problemas para encasquetarme el chándal. Me puse primero el pantalón, como me dijo la amable señorita. Después logré meter los brazos en la chaquetilla, retorciéndome como un congrio. Pero no sé cómo me las ingeniaría, que en cinco segundos quedé colgado de una percha con el pantalón del chándal cortándome el escroto y la chaquetilla enredada en el cuello e impidiéndome respirar con normalidad. Podría haber llamado a gritos a la dependienta, pero habría descubierto mis piernas lechosas y unos taparrabillos de patitos que no eran como para enseñarlos mucho. Imagínense, si tienen imaginación para ello, lo ridículo que me sentí colgado en aquel maldito perchero de Decathlon con la cara ya lívida y sin aliento para llamar a los bomberos.

probador

Como me estaba autoestrangulando, apenas podía gritar y estuve colgado de la percha una media hora, acordándome de mi familia y de los antepasados más remotos del que inventó este método antirrobo tan complicado y denigrante. Bregando mucho y emulando a Houdini logré descolgarme del maldito perchero y desenfundarme el chándal. Menos mal que me estaba dibujado, y me lo llevé a casa. Cada vez que pienso que podría haber muerto ahogado por la chaquetilla de un chándal en el probador de unos grandes almacenes acabo descojonándome, porque era la segunda vez en mi vida que me compraba una de estas prendas de deporte. Eso de correr es de cobardes, como diría el gran Rogelio Sosa Ramírez, el genio del fútbol coriano, que hizo grande al Real Betis en los años setenta. O sea, que antes de pensar en comprarse un chándal y ponerse a perder kilos o de visitar a un médico para que le diga cómo está del corazón asegúrese de que en la tienda donde vaya no utilicen este sistema antirrobo y haya probadores donde no tenga que retorcerse como una anguila para tantear la prenda. En caso de que vaya y el improbable probador sea como un ataúd puesto en pie asegúrese de que no haya perchero porque puede acabar colgado de él como un cochino abierto en canal, enseñando sus calzoncillos de elefantitos. Aunque ya no se lleva, déjese acompañar por su pareja. Quizá corra el peligro de que le haga sentirse también más raro que el escarabajo de Kafka y acabe llevándose a casa no el chándal que le guste, sino el que le guste a su señora, pero en caso de quedar colgado en el perchero tendrá en ella a una buena aliada para salir de tan embarazosa situación. Que no le pase lo que a mí que por esta manía de sentirme un bicho raro, como Gregorio Samsa, casi la palmo colgado en una percha.

Publicado hoy en El Correo de Andalucía. Página 4. Desvariando.

14
Dic/2012

¿Prohibirán la sardana moderna?

El político conservador y catalanista Durán i Lleida es de los más considerados en la política nacional a pesar de las tonterías que suele decir, en catalán y en español. Las que dice en catalán trascienden un poco menos. Ahora se ha dejado caer con que es lamentable que los niños hablen en castellano en los colegios catalanes a la hora del recreo. ¿Por qué no los amordazan? Después de que se coman el bocadillo de mortadela, claro. Podrían prohibir también que los niños de origen andaluz canten y bailen por bulerías en sus colegios. Y de paso que hagan lo mismo con la sardana moderna, creada por un andaluz de la localidad jiennense de Alcalá la Real, Pepe Ventura, de la época de El Planeta, aunque en sus libros de historia le llamen Josep Ventura Casas. Cierto es que era hijo de catalanes, pero su primer beso de luz lo recibió en un pueblo andaluz. Para decirlo de una manera menos becqueriana, su madre lo parió en nuestra tierra. Y si a alguien lo paren en un pueblo de aquí, es andalú. Menos tonterías y a arreglar problemas como el paro y la corrupción en Cataluña.

13
Dic/2012

Dos años hace ya del adiós de Enrique

Una de las últimas imágenes de Enrique Morente. Ricío Ruz.

Una de las últimas imágenes de Enrique Morente. Rocío Ruz.

Dos años ya de la muerte de Enrique Morente. Las redes sociales no paran hoy de recordar la marcha del gran artista de Granada, quien el próximo día 25 cumpliría 70 años. Está claro que su muerte conmovió a miles de personas en todo el mundo. Incluso a quienes nunca comprendieron su manera de cantar y de entender el flamenco en general.  Él sí entendió muy bien desde muy joven a los grandes maestros sevillanos, como Marchena, Vallejo Matrona, Bernardo el de los Lobitos o Mairena. Alguna vez hemos escrito sobre el amor que Morente sentía por Sevilla y por los artistas flamencos de esta tierra. Por ejemplo, por la Niña de los Peines y su hermano Tomás. A Pastora llegó a conocerla cuando la artista sevillana, anciana ya y alejada de los escenarios, se sentaba en el Bar Pinto, en la Campana, lugar de visita de muchos flamencos para ver de cerca a la que había sido la Emperadora del Cante. Alguien me dijo un día que La Niña se quedó prendada de Enrique Morente cuando lo conoció en persona. El maestro tuvo sus problemas para conquistar Sevilla, quizás por ser granadino y haberse hecho cantaor en Madrid. O por no cantar según la estética de la época, los años 60, cuando comenzó el reinado de Antonio Mairena y la recuperación del clasicismo flamenco, coincidiendo con el declive de Pepe Marchena y el de Manolo Caracol. A Enrique Morente no le preocupaba mucho el hecho de que no le dejaran entrar en Sevilla, porque en aquellos años la capital del cante flamenco era Madrid, donde sí tenía bastante predicamento. Cuando llegaron El Lebrijano, Pansequito y Camarón de la Isla a revolucionar los tablaos de la Villa y Corte, Enrique era ya un cantoor bastante admirado en la capital de España. Pero siempre tuvo clavada la espina de que en la cuna del cante grande no entendieran su estilo, con críticos que le decían que se dedicara a otra cosa. El maestro, cada vez que un crítico le decía que se alejara del cante, se arrimaba todavía más. En estas fechas solía venir mucho a Sevilla tomarse unos mostos con los amigos en las tabernas del Aljarafe. Le encantaba el bar de El Tigre, en Umbrete, donde pedía siempre mosto y cigalas, aunque nunca desdeñó el jamón de pata negra. Enamorado del cante sevillano y trianero, del toreo de pellizco y de los personajes de gracia, alguna vez habló de comprarse una casa en Sevilla, aunque nunca de vivir en la ciudad del Guadalquivir. Era granadino, pero siempre supo que su feudo era Madrid. Abandonó la Villa y Corte para quitarse de la bulla, se afincó en Granada y no se convirtió precisamente en un monje de clausura, pero tenía más cerca Sevilla, la ciudad de la que se enamoró y a la que quiso con todas las consecuencias.