Monthly Archives: Septiembre 2012

30
Sep/2012

Se acabó lo que se daba

Broche

No ha sido mala idea la de cerrar la Bienal, dedicada al baile, con un homenaje a algunos de los grandes maestros de Sevilla -Matilde, Manolo Marín, Farruco, Mario Maya, José Galván-, aunque hayan dejado fuera al gran Enrique el Cojo, a Caracolillo o a Juan Morilla. ¿Cómo se puede homenajear en un espectáculo a Antonio Ruiz Soler con una simple fotografía? Entiendo que resultara imposible acordarse de todos a la hora de ponerle el broche de oro a esta edición del festival. Lo que no entiendo muy bien es que se le hiciera el encargo a Rafaela Carrasco, pero se le hizo y anoche, con el Maestranza lleno -esta vez sí-, el repaso al baile sevillano nos brindó la posibilidad de vivir hermosos momentos artísticos, alguno de ellos de una gran emoción. Sevilla ha tenido, tiene y tendrá siempre un gran peso en la faceta del baile andaluz, desde los tiempos de las míticas Petra Cámara, Manuela Perea y La Campanera, sin olvidar al Maestro Otero y a Realito. Hoy es Matilde Coral la gran maestra, aunque ya no baile en los escenarios, pero es la que sigue marcando la pauta en la enseñanza del arte. Lo que se dio en llamar en su momento la Escuela Sevillana sigue teniendo un peso en el mundo del baile flamenco, sin estar posiblemente en su mejor momento, como lo demuestra el hecho de que una de sus máximas exponentes, la trianera Milagros Mengíbar, se haya quedado fuera de la Bienal y, sobre todo, del magno espectáculo de anoche, aunque desconozco las razones. Las exponentes vivas de la Escuela Sevillana son pocas y mal avenidas, como ocurre con las escasas folclóricas de altura que nos quedan aún vivas. Anoche hubo una aceptable representación de esta escuela, pero eché de menos a Milagros Mengíbar y a Ana María Bueno, entre otras y otros. ¡Cuánto me acordé de El Mimbre, aunque ya no esté con nosotros! Y cuánto de Angelita Vargas, que sí lo está, pero impedida para el baile. La clausura de la Bienal se le podría haber dedicado a ella, que para eso es una reina del baile y, además, es ahora cuando necesita el apoyo, el cariño y la ayuda del mundo flamenco. También me acordé de Carmen Ledesma, que tiene tanta sevillanía en su manera de bailar que quita todas las tapaeras del sentío. Y de Isabelita Bayón. Me acordé de mucha más gente, pero tampoco estuvo mal lo que vimos en el escenario. Esa Merche Esmeralda, que no debería faltar en ninguna Bienal. Muy hermoso el garrotín para Adelita Domingo. El maestro José Galván, que no solo es el padre de dos fenómenos del baile, y que bailó con su hija Pastora ante el delirio del público. Belén Maya -para mí fue lo mejor de la noche, el recuerdo a su padre-, Rafaela Carrasco, Farruquito -flamenquísima soleá-, Rafael Campallo y su hermana Adela, Yolanda Heredia, Hiniesta Cortés, Manoli Ríos, Pilar Ortega, Marian Conde, Manuel Betanzos, Marcos Vargas, Beatriz Santiago e Isabel López. Pasaron tantos por el escenario que sería imposible ocuparse de todos ellos como es debido. Hubo arte, mucho arte, de sabor en unos casos y de pujanza en otros. Excelente el bailaor Rafael Campallo, siempre tan personal. Era la noche de los maestros, de las escuelas, el reconocimiento a los que tanto dieron y siguen dando a nuestro arte. Y también la confirmación de que el futuro es más que esperanzador para nuestra escuela. Ahí estuvieron Pastorita Galván, Manoli Ríos y Adela Campallo para tranquilizarnos. Se podría haber hecho mejor y, sobre todo, algo más justo. Hubo olvidos lamentables, que al final quisieron arreglar con una proyección de diapositivas: el gitano Pepe Ríos, Enrique el Cojo -lamentable el hecho de no haberle dado un mayor protagonismo-, El Mimbre, Trini España, Ana María Bueno, Rafael el Negro, Caracolillo, Manuela Vargas, y otros. Nos quedamos con tres o cuatro cosas, detalles, los tangos de Campallo, el romance de Hiniesta Cortés y, sobre todo, la lección que imparte Matilde Coral sobre el baile en uno de los vídeos que se pusieron. Pocas cosas se le pegaron a Rafaela Carrasco, que como baila demasiado contemporáneo, casi se le ha olvidado cómo se mueve una bata de cola. Ahora, ella y la bata salieron guapísimas. Al final, el escenario se llenó de artistas para poner la guinda a la fiesta y a la Bienal. Bailó Manuela Carrasco, que ella sí que baila sevillana, además de gitana. Y la maestra Matilde. Se acabó la Bienal. Tiempo habrá para que reflexionemos con tranquilidad sobre lo que hemos visto y escuchado. Es hora de descansar, de tomarme unas pequeñas vacaciones. Gracias por vuestro masivo seguimiento durante todo este mes.

XVII Bienal de Flamenco. Teatro de la Maestranza. La punta y la raíz. Artistas invitados: Merche Esmeralda y José Galván. Solistas: Rafaela Carrasco, Belén Maya, Pastora Galván, Farruquito y Rafael Campillo. Cuadro flamenco: Manoli Ríos, Hiniesta Cortés, Isabel López y Yolanda Heredia. Elenco: Adela Campallo, Pilar Ortega, Marian Conde, Beatriz Santiago, Julio Acosta, Manuel Betanzos, Marcos Vargas, Ángel Atienza, Francisco Mesa Nano, José Luis Villar, Alejandro Rodríguez, Raúl Gómez y Juan Aguirre. Guitarras: Ramón Amador, El Morito, Canito, Rafael Rodríguez y Jesús Torres. Cante: Miguel Ortega, Moi de Morón, Antonio Campos y Antonio Zúñiga. Entrada: Lleno. Sevilla, 30 de septiembre de 2012.

30
Sep/2012

A modo de resumen desapasionado: una Bienal que no dejará huella

No recuerdo una Bienal de Flamenco peor que ésta, que acaba esta noche. Y las he visto todas. Han fracasado casi todos los grandes espectáculos, los de baile principalmente, con errores de bulto a la hora de elegir los escenarios, con lo que hemos tenido que ver el Maestranza medio vacío en más de una ocasión: los espectáculos de María Pagés, de Marina Heredia, de Carmen Linares, y de Rafael Estévez y Nani Paños, entre otros. Cada día de la Bienal debería de ser un acontecimiento, un gran espectáculo, pero no ha sido así. Más bien al contrario: ha habido muchos espectáculos que no han dado la talla en un festival que se publicita como el más importante del mundo. Incluso ha habido algunos que han sido una verdadera estafa, como Sortilegio de Sangre o Travesía: el primero, de Fernando Romero, porque no era de flamenco, y el segundo, de Gerardo Núñez, porque anunciaba una cosa y luego fue otra muy distinta. El de Fernando Romero fue impuesto por Diputación de Sevilla, que también ha aportado otro de los pestiños del festival sevillano, Entre el labio y el beso, de Paco Jarana y Segundo Falcón. Con colaboraciones como éstas, quizás sería mejor que Diputación no colaborara en nada en las próximas ediciones. La Bienal sigue sin estar bien programada, es siempre más de lo mismo, aunque se hable de las aportaciones de Rosalía Gómez en esta edición. Si es por lo del flamenco en la calle, está copiado de otros festivales de flamenco, como el francés de Mont-de-Marsan. ¿Cuáles han sido esas otras aportaciones? A la hora de programar un festival como la Bienal debería de tenerse en cuenta de una vez por todas que el flamenco es un arte de profesionales, de artistas, que son los que tienen que estar en el festival. Ni la Bienal debe ser la Casa de la Caridad ni emular al histórico programa radiofónico Conozca usted a su vecino, sino una muestra a la que cada dos años venga lo mejor de lo mejor en cada faceta: cante, baile y toque. En esta edición ha habido enchufados, como en todas, y esperábamos que Rosalía Gómez acabara con esta práctica. Ha habido también más relleno que nunca, por esa maldita manía de hacer un festival de un mes de duración, cuando en la actualidad no hay artistas con la calidad suficiente como para programar un mes de Bienal a dos o tres espectáculos por noche. Para ello han tenido que rellenar con intérpretes que -lo digo con el respeto que merece todo aquel que se sube a un escenario-, están poco preparados para actuar en un festival como el sevillano. La Bienal no debería establecer categorías entre los artistas a la hora de programar los distintos conciertos, y sigue haciéndolo. No es de recibo que se le diera el Lope de Vega a Gerardo Núñez para que diera el concierto de siempre, y no a La Moneta, que estrenaba un espectáculo, o a José Valencia, que presentaba su primer trabajo discográfico, Solo flamenco. Por poner otro ejemplo lamentable, el de Pedro Sierra y La Tobala, cuyo espectáculo hicieron coincidir con la entrega del Compás del cante en el Real Alcázar. Y el de Joaquín Grilo. Podría poner otros muchos ejemplos, pero aburriría al lector. Luego están esos pequeños detalles que hacen que un festival sea absolutamente serio y dé la imagen que tiene que dar tanto a los de dentro como a los de fuera. Los programas de mano, por ejemplo. En casi ninguno venía el repertorio, y esto es intolerable. Ni la duración de los espectáculos. Para ese nuevo público que se ha incorporado a la Bienal hubiera sido fundamental porque una buena manera de iniciarse es saber en cada momento lo que canta el cantaor, lo que baila la bailaora o lo que toca el guitarrista. El flamenco, cuando se conoce se disfruta más y mejor y el aficionado aprende lo básico para poder tener criterio. Pero eso no interesa en la Bienal. Lo que interesa es un público poco exigente, que compre entradas y que lo aplauda todo, lo bueno y lo malo, a compás o fuera de compás. Y hablando del público, es quizás lo más positivo de esta Bienal. Ha habido mucho público en el festival sevillano, y eso es siempre una buena noticia. Razón de más para que se hubieran hecho las cosas de otra manera, y no como se han hecho. Por último, está el resultado artístico, que eso es ya algo meramente subjetivo. Sobre eso ya he dicho todo lo que tenía que decir. La opinión sobre lo que he visto y escuchado está en La Gazapera. Lo que no he podido ver ni escuchar no ha sido por falta de interés por mi parte. No soy yo quien programa tres y hasta cuatro espectáculos por noche. Por llamarlos de alguna manera, claro.

29
Sep/2012

El Ballet Nacional marca la diferencia

Ballet

Dudo que haya sido un acierto programar al Ballet Nacional de España en el Auditorio de Fibes, pero así ha sido. Lo que sí lo ha sido es traer a la Bienal estas dos coreografías, Suite Sevilla y Medea, y, desde luego, el ballet de nuestro país, que siempre ha sido uno de los mejores del mundo, con directores de la talla de Antonio el Bailarín y Antonio Gades, ambos maestros ya ausentes de este mundo. Lo deseable sería que el Ballet Nacional de España trajera a la Bienal coreografías más flamencas, aunque desde hace un tiempo cuesta saber dónde está la maldita frontera entre el flamenco, el clásico español y la danza contemporánea de estética flamenca. Fue Antonio Mairena quien dijo aquello de que “hoy hacen un gran paquete con muchas cosas y le ponen la etiqueta de flamenco”, y así es. Sin embargo, es indudable que nuestro ballet representa totalmente lo que es toda la tradición del baile y la música de España, y el flamenco ha influido absolutamente en las dos cosas de una manera determinante desde el XIX. No hay nada como ir a ver al Ballet Nacional para darse cuenta del nivel tan bajo que tienen la mayoría de las compañías flamencas, en cuanto a montajes coreográficos y puestas en escena. Anoche pudimos disfrutar de dos coreografías muy distintas, largas las dos, pero fue un verdadero placer asistir primero a la presentación en la Bienal de Suite Sevilla, del gran guitarrista sevillano Rafael Riqueni, Miguel Rivera y Diego Losada. Nueve coreografías, de desigual resultado, pero que en conjunto componen una gran obra, que seguramente formará parte del repertorio del Ballet Nacional durante años, como ocurre con la gran obra maestra de Manolo Sanlúcar y José Granero, Medea. Solo el espectacular baile de la bailarina Jéssica de Diego, con su impecable pieza de la escuela bolera, Calle del infierno, consigue que la obra alcance un valor dancístico extraordinario, aunque sea una individualidad. Esta pieza y la última, Júbilo, con un cuerpo de baile de veintiséis bailarinas y bailarines, consiguen que todas las demás coreografías tengan al público enganchado. Suite Sevilla es una obra musical muy descriptiva, para el que conozca bien Sevilla, con partes que no resultan fáciles de coreografiar sin caer en el tópico, como Maestranza, que interpretan maravillosamente Aloña Alonso y Mariano Bernal. Decepcionante, Puerto de Triana, y muy original, Bailaor, con siete bailaores muy conjuntados. Medea es una obra que hemos visto muchas veces, y anoche, la coreografía original de Granero sobre la obra maestra de Manolo Sanlúcar nos pareció que ha resistido perfectamente el paso del tiempo, sobre todo la música. Ya no hay guitarristas, músicos flamencos que compongan como el universal sanluqueño compuso esta obra, que anoche bailó magistralmente la gran Lola Greco, sin olvidarnos del buen trabajo de todos. Algo más de media entrada en el Auditorio de Fibes, y desorganización en el descanso. Pero tuvimos la oportunidad de comprobar que el Ballet Nacional sigue marcando la diferencia. Y los bailaores y las bailaoras, sin enterarse. Muy pocos había anoche en Sevilla Este. Estarían buscando el duende.

XVII Bienal de Flamenco. Nuevo Auditorio de Fibes. Ballet Nacional de España. Coreografías: Suite Sevilla y Medea, de José Granero y Antonio Najarro. Música: Rafael Riqueni, Miguel Rivera Diego y Losada (Suite Sevilla), y Manolo Sanlúcar (Medea). Artistas invitados: Lola Greco, Francisco Velasco y Argentina. Entrada: algo más de medio aforo. Sevilla, 29 de septiembre de 2012.

29
Sep/2012

Panseco ‘migao’ en vino de solera

foto panseco

Panseco no hay nada más que uno desde hace cincuenta años. “Hay que tener un sello, aunque sea de Correos”, decía el maestro Valderrama. El de La Línea lo tiene y por eso es un gozo escucharle, aunque cante lo de siempre, que anoche estuvo más que justificado porque era un repaso a su medio siglo de cantaor profesional, una mirada hacia atrás, con parte de sus recuerdos proyectados en el escenario. El Lope de Vega se llenó de aficionados y también de personas que quieren llegar a serlo algún día. Media hora antes del comienzo del recital ya había muchas personas con el pájaro de la expectación en la cara. No han sido muchos los recitales de cante de altura en esta Bienal -sobre todo en los escenarios tradicionales del festival-, dedicada al baile y a la danza con estética flamenca, aunque no siempre con ética jonda. Tampoco quedan muchos maestros en forma que sean capaces de dar un gran recital de cante en un buen teatro, sin aburrirnos, de esta generación. Apenas quedan ya buenos artistas del cante, cantaores que sepan estar en un escenario y ofrecer lo suyo, ese sello del que solía hablar siempre el sabio de Torredelcampo. José Cortés Jiménez, Pansequito, es de los pocos que nos quedan y hay que mimarlo mucho, porque anoche no solo nos embriagó el alma con su personal forma de interpretar el cante jondo, sino que a través de su peculiar voz afillá nos hizo viajar en el tiempo con sus guiños a Tomás Pavón y su ligazón en la soleá, o a Caracol y su honda expresión cantaora, gitana hasta lastimar. Pero el maestro quiso que al comienzo de su recital de cante estuviera presente Camarón de la Isla, con el que enseñó a cantar por bulerías a más de media España cuando ambos empezaban en los tablaos de la Villa y Corte. En la gran noche de un revolucionario del cante no podía faltar el otro gran genio, el de la Isla, que se nos fue hace veinte años. Emotivas fueron las imágenes en las que Pansequito aparecía con Camarón y con Pastora Imperio, y emocionante, la voz de Lola Flores llorando la muerte de José Monje Cruz. Hermoso el homenaje de dos genios del toreo, Curro Romero y Pepe Luis Vázquez, que quisieron unirse a la celebración de las bodas de oro del maestro con el cante entregándole una placa. “Te pareces solo a Pensequito”, le dijo el Faraón de Camas. Fue sobretodo eso, una noche de hondas emociones también  para quienes admiramos a José Cortés, para quienes hemos crecido al compás de sus tangos y de sus bulerías. Pero al margen de las emociones  que fueron provocadas por la sencilla puesta en escena, la de anoche era una velada de cante, el momento de un maestro al que los años parecen no haberle pasado factura aún. Aunque parezca un contrasentido, las voces rotas tardan más en romperse del todo, que las de cristal. La de Panseco sigue siendo una voz muy flamenca, sin el brillo de hace años, pero asentada. Como los buenos vinos de solera, su voz ha ganado con los años en sabor y en profundidad. No duele lo mismo una seguiriya en un joven de veinte años, que en un maestro que va camino de los setenta, porque en el cante son fundamentales las vivencias del cantaor. Sin ellas, el cante es solo en un mero ejercicio de técnica de voz. Anoche quedó claro que, aunque el veterano cantaor se diera a conocer con los palos festeros, como los tangos, las cantiñas y, en especial, las bulerías, es capaz de fajarse con los estilos de mayor responsabilidad y dificultad, como las seguiriyas, las soleares y los tarantos, que ayer formaron parte de su repertorio. No faltaron las cantiñas, con su ligazón característica, su sentido del compás y de la cuadratura, los tangos y las bulerías, con guitarras y otros instrumentos, los mismos músicos que acompañaron a Aurora Vargas días atrás. Sorprendió ver al maestro acompañado por dos jóvenes guitarristas de Jerez de la Frontera, Antonio Higuero y Manuel Valencia, que estuvieron ambos a la altura de las circunstancias. Para esta celebración tan especial le hubieran pegado más algunos de los guitarristas que le han acompañado a lo largo de su carrera, como son Tomatito o el Niño de Pura, pero él sabrá por qué quiso que estos dos jóvenes artistas jerezanos condujeran sus cantes. Naturalmente, el público se puso en pie para agradecer al artista no solo el recital de anoche, sino ese medio siglo que lleva siendo un gran profesional del cante. Siempre he pensado que el maestro Pansequito es más un cantaor sevillano que gaditano, y anoche acabé convenciéndome del todo. Sevilla se rindió ante un Panseco que fue más que nunca panmojao en vino de solera. La guinda, en forma de sorpresa, la dejó para el fin de fiesta: el baile por bulerías de Aurora Vargas, su esposa, sin duda un regalo para la vista y los demás sentidos.

XVII Bienal de Flamenco. Teatro Lope de Vega de Sevilla. Mis bodas de oro con el cante. Artista invitado: José Cortés Pansequito. Guitarras: Antonio Higuero y Manuel Valencia. Palmas: El Chícharo, Rafita y El Eléctrico. Entrada: Casi lleno. Sevilla, 28 de septiembre de 2012.

27
Sep/2012

¿Travesía o travesura?

Imagen TeatroGerardoNuñez007

Si en el programa de la Bienal se anunciaba el concierto de anoche de Gerardo Núñez bajo el epígrafe de Travesía, el título genérico de su último trabajo  discográfico, ¿por qué el gran guitarrista y compositor jerezano no llevó a cabo la presentación al completo de lo que anunciaba en el programa? Otra estafa más. Me chifla Gerardo toque lo que toque, pero el concierto se llamaba Travesía y no hubo ninguna travesía. Casi todo fue de su repertorio habitual. Entiendo que los músicos que han colaborado en el último disco de don Gerardo estén cada uno en un sitio distinto del mundo y que reunirlos a todos para esta ocasión significaba mayor presupuesto. ¿No se sabía esto a la hora de programar el recital? Si se sabía, en vez de Travesía le podrían haber puesto Travesura. La Bienal está fallando demasiado en esto, quizá en lo más sencillo. Cada espectáculo debería de tener un programa de mano en el que conste el repertorio, porque supongo que a los asistentes les gustará saber si el guitarrista está tocando una soleá o una taranta, como el que va a la ópera o a la música clásica sabe de antemano, porque constan en el programa de mano y en la publicidad del concierto, que va a ver y a escuchar Las bodas de Fígaro o a disfrutar de Las cuatro estaciones. El flamenco es también una música de aficionados, de personas a las que se les suponen unos conocimientos básicos, pero estamos viendo que no es así, que en la Bienal de Flamenco hay un público nuevo que apenas distingue los palos. Por tanto, si no hay repertorio en el programa de mano y el guitarrista tampoco dice en el escenario lo que va a tocar, estamos contribuyendo poco a formar a los nuevos aficionados. Lo cierto es que la Bienal programó Travesía, el último cedé de Gerardo Núñez, y la nueva obra brilló por su ausencia. En su lugar, el maestro jerezano nos deleitó con su repertorio de los últimos años, rondeñas, bulería por soleá, unas alegrías para que las cantara David Carpio, una soleá para que la bailara Carmen Cortés, su esposa -la soleá de siempre-, y unas bulerías marca de la casa. No faltaron el solo de su percusionista, El Cepillo, y el número de éste con el contrabajista Pablo Martín en el que el contrabajo es utilizado como instrumento de percusión. O sea, un concierto de una originalidad que ponía la carne de gallina. Gerardo ha vuelto a Sevilla después de mucho tiempo para tocar lo de siempre. Bueno todo, claro, porque es un fenómeno y anoche tocó especialmente bien. Lástima que haya contribuido a este monumental engaño de la Bienal de Flamenco, el de anunciar lo nuevo del guitarrista, con la carátula y todo del cedé Travesía como ilustración de la publicidad del concierto en la web de la Bienal. ¿Creen ustedes que esto podría ocurrir en alguno de los más prestigiosos festivales de música del mundo? En Sevilla todo es posible. Había que ver la cara de algunos, en su mayoría jóvenes, que acudieron a escuchar lo nuevo del genio y se encontraron con la desagradable sorpresa. La mayoría de los asistentes alucinó escuchando cómo tocaba Gerardo Núñez, que parece que no pasan los años por él. Tenemos un público en la Bienal que es un auténtico chollo para los artistas flamencos. Habría que darle un Giraldillo al público por buen comportamiento.

XVII Bienal de Flamenco. Teatro Lope de Vega. Travesía. Artista invitado: Gerardo Núñez. Cante: David Carpio y Rafael el Zambo. Percusión: Ángel Sánchez Cepillo. Contrabajo: Pablo Martín. Baile: Carmen Cortés. Entrada: casi lleno. Sevilla, 27 de septiembre de 2012.

26
Sep/2012

El cornetista de los ‘Arrabales’

Barón

Unos escenarios están viniendo grandes y otros demasiado pequeños. Son fallos de una Bienal con lamentables errores de programación. Anoche faltaron butacas para ver un espectáculo, Arrabales, que juntaba a dos de nuestros mejores artistas flamencos, la cantaora Esperanza Fernández y el bailaor Javier Barón. Ahí es nada. Talento y maestría, el duende de la trianera y el dominio escénico del alcalareño. Y al servicio de ambos, el sello de David Montero y la sapiencia de José Luis Ortiz Nuevo, director escénico y asesor artístico, respectivamente. Además de un guitarrista, el astigitano Salvador Gutiérrez, que si no fuera por lo humilde que es podría ir por la vida sintiéndose uno de nuestros mejores sonanteros flamencos, lo que es. Estaban los mimbres necesarios para un gran espectáculo de flamenco, pero la canasta salió de regular para abajo. El problema de estos montajes con directores de escena, guionistas y asesores artísticos, es que anulan casi siempre la frescura y la espontaneidad de los artistas. Si de lo que se trataba era de ver bailar bien a Javier Barón y de escuchar a la mejor Esperanza cantaora, ¿para qué sirvió lo demás? Para nada. Si acaso, para aburrir bastante. Comprendo perfectamente que el público aplaudiera mucho, porque se entiende que cada artista lleva a su público, a sus incondicionales, que no suelen ser nunca críticos con ellos. Van a disfrutar y punto, y me parece estupendo. Arrabales no fue ni mucho menos un buen espectáculo de flamenco, porque en un buen espectáculo de flamenco hay que bailar y cantar bien. Flamenco, claro. Y no lo digo por la noche que nos dio el tío de la corneta, Joaquín Eligio Brun. Tampoco por el Tatuaje que interpretó Esperanza, que menos mal que el espíritu de doña Concha Piquer no andaba anoche por la bombonera, con lo que era la maestra para estas cosas. Ni siquiera por el zapateado de Javier Barón con gorra y los brazos tan caídos que le llegaban a la tarima. Ni mucho menos por lo de invitar a Manuel de Falla al arrabal, alumbrado con el Fuego fatuo de Esperanza, quien lo ha cantado ya tantas veces que lo borda. Lo digo, sobre todo, porque el poco flamenco que hubo anoche estaba sujeto a una disciplina escénica que lo apagaba como se apaga el cisco con una regadera. Esperanza estiró la voz en una malagueña de la Trini y unos abandolaos, descentrada, sin estar a gusto, para que los bailara un Javier Barón mecánico, con movimientos muy repetitivos y sin saber qué hacer con los codos. Era el comienzo de la obra y ya el Bobote nos había deleitado con alguna de sus boboterías, siempre encantadoras y flamencas. Otra vez la corneta, una saeta de Esperanza y Javier intentando bailarla. A punto de ahogarse en la ojana, la trianera le cantó unas tonás de Juan el Pelao (Toítas las madres iban al tren) y el de Alcalá se vino arriba. Ahí comenzó a aparecer el gran bailaor que es, el que levanta los brazos con arte y sabe colocarse como nadie. Pero volvieron las canciones y otra vez el de la corneta. A punto estuve de ver en el escenario a una cabra llamada Mariana (Sube, Mariana, sube…), pero parece que el director escénico y el asesor artístico habían previsto el tedio y decidieron que ya estaba bien de historias, que había que liberar a los artistas para que se mostraran en su salsa. Y entonces, Esperanza se acordó del Castillo de Alcalá por soleá y Javier bailó por fin flamenco, asentado, sin pensar nada más que en echar fuera el sentimiento, que eso es el flamenco. Luego, alegrías cantadas también por Esperanza, que había renunciado ya a ser la Piquer o Marifé para acordarse de lo que le enseñaron su papa y su mama y su abuelo el Vega, que en gloria esté. Y el de Alcalá se acordó de cuando ganó el Giraldillo en este mismo escenario y bailó por alegrías y bulerías de tal forma, que salvó un espectáculo endeble, aburrido, con adornos que solo sirvieron para anular la frescura y la espontaneidad de estos dos artistas. Ya puede salir otra vez el de la corneta, que me voy a Mairena del Alcor a dormir. Buenas noches.

XVII Bienal de Flamenco. Teatro Lope de Vega. ArrabalesArtistas invitados: Esperanza Fernández y Javier Barón. Guitarra: Salvador Gutiérrez. Dirección Escénica: David Montero. Asesor artístico: José Luis Ortiz Nuevo. Composición musical y arreglos: Salvador Gutiérrez. Percusión: José Carrasco. Coreografías: Javier Barón. Palmas y baile: El Bobote. Corneta: Joaquín Eligio Brun. Sonido: Alfonso Espadero. Entrada: Lleno. Sevilla, 26 de septiembre de 2012.

26
Sep/2012

La Gazapera alcanzará hoy el medio millón de visitas, en plena Bienal

Si algún sabotaje de última hora o los toros de Machacaera no lo impiden La Gazapera alcanzará esta noche el medio millón de visitas, en plena Bienal de Flamenco, a punto ya de finalizar. El blog aún no ha cumplido los tres años de existencia, lo hará el próximo mes de octubre y se ha convertido en una de las tribunas de opinión más seguidas del mundo en lo que a flamenco se refiere, aunque no es solo un blog de flamenco. Las miles de visitas que está teniendo en esta Bienal han acelerado considerablemente el reto de alcanzar las 500.000 en dos años, desde casi todos los países del mundo, en especial de Europa y América, África y Asia. En todos estos meses hay registrados cerca de siete mil comentarios, que han sido contestados todos. Esto ha contribuido a que se haya creado una importante legión de seguidores del blog, al que acceden a diario artistas, políticos, escritores, poetas, críticos musicales y literarios, y centenares de aficionados al flamenco, sin olvidarnos de quienes no son amantes al hermoso arte de lo jondo y entran buscando otras cosas, que son muchos también. Teniendo en cuenta que es un blog de opinión -en el que esporádicamente se publican trabajos de investigación flamenca-, y que no está traducido a ningún idioma, que solo se puede leer en castellano, es una cifra importante. Además, hay que destacar la fidelidad de los lectores y su espíritu de colaboración. Tanto ha calado La Gazapera, que ya hay miles de personas que se autodenominan gazaperos. Para conmemorar a finales de octubre el tercer año del blog estamos preparando el III Encuentro de Gazaperos, que este año será en la localidad sevillana de Arahal. Los anteriores encuentros tuvieron lugar en Palomares del Río (2010) y en Mairena del Alcor (2011), en los que se dieron cita decenas de gazaperos para almorzar y tener una jornada de encuentro entre lectores del blog. Muchísimas gracias por vuestra fidelidad y apoyo. Sin ustedes no hubiera sido posible. Manden el enlace del blog a todos sus contactos, si no es mucho pedir.

http://www.elcorreoweb.es/sevilla/154448/gazapera/blog/flamenco/correo/supera/visitas

25
Sep/2012

Valientes como Stravinsky y Nijinsky

Paños

Nunca se ha escrito nada sobre los cobardes. Ni el gran compositor ruso Ígor Stravisnky ni su compatriota, el genial bailarín Vaslav Nijinsky lo fueron cuando en 1913 estrenaron La consagración de la primavera, que supuso un escándalo en la conservadora ciudad de París de aquel tiempo. No porque Nijinsky fuera el amante del empresario Serguei Diaghilev, el otro valiente de aquella empresa, aunque algo tuvieron que ver sus matices cargadamente sexuales, que encendieron la mecha. El pataleo del numeroso público que acudió al estreno parisino fue morrocotudo y hasta hubo quienes aquella aciaga noche se retaron en duelo para la mañana siguiente. ¿Se imaginan a un trianero y a un macareno retándose en duelo por el estreno de una obra flamenca en la que las bailaoras salieran al escenario con volantes en los sostenes, o porque un artista bailara con una gallina viva en la cabeza? ¿A quién se le iba a ocurrir algo tan excéntrico? Anoche hubiera encajado perfectamente algún pataleo de protesta, sobre todo en la segunda parte de la obra, pero el público de la Bienal es para comérselo. Aunque anoche no hubo ni público, algo menos de medio aforo para ver el estreno de La Consagración, la gran apuesta de la Bienal. Rafael Estévez y Nani Paños han sido unos valientes al crear esta versión de tan rompedora obra -en su momento supuso una auténtica revolución musical y dancística-, basada en el origen campesino del arte flamenco, aceptando la teoría de Blas Infante, el padre de la Patria Andaluza. Para ello han investigado en los estilos del campo, de labranza o de era, unos cantes casi perdidos que nunca han dado mucho juego en obras flamencas, aunque sí en el teatro contestatario andaluz del posfranquismo. Los artistas flamencos no es que investiguen mucho, pero me consta que Estévez y Paños sí lo han hecho y el resultado está ahí. Teniendo en cuenta la dificultad que entraña bailar unos cantes que no son bailables, al menos no todos, se lo han trabajado. Me refiero a la primera parte de la obra, Tierra, larga rozando el tedio, pero con un más que interesante movimiento del cuerpo de baile, con coreografías de gran originalidad y musicalmente aceptable desde el punto de vista flamenco. Hubieran quedado muy bien un par de bancos al sol llenos de parados, el aguador y una pareja de civiles con tricornios y todo. La segunda parte, La Consagración, era un reto para estos singulares coreógrafos. No entendí muy bien lo que hacía allí el maestro Antonio Canales, sobre todo en una coreografía de danza contemporánea pura y dura, que no es lo suyo. Tampoco entendí del todo que hubiera tantos zapatazos en la coreografía para una composición musical que ya es en sí muy percutiva y que Stravinsky creó pensando en un bailarín que no taconeaba, el ruso Nijinski. No entendí tampoco otras muchas cosas, pero se acaba el espacio. Una cosa está muy clara. Rafael Estévez y Nani Paños le han echado bemoles y han dado muestras de que el binomio puede seguir aportando grandes cosas. Anoche apuntaron detalles muy interesantes y señalaron un camino por el que deberían de seguir andando.

XVII Bienal de Flamenco. Teatro de la Maestranza. La ConsagraciónDirección, idea original y coreografías: Rafael Estévez y Valeriano Paños. Artista invitado: Antonio Canales. Colaboración especial: Antonio Ruz. Bailarina principal y ayudante de dirección: Rosana Romero. Música: Flamenco popular e Ígor Stravinsky. Cantaores: El Falo, El Galli e Israel Fernández. Diseño de iluminación: Olga García. Vestuario: Daniela Presta. Entrada: menos de medio aforo. Sevilla, 25 de septiembre de 20012.

24
Sep/2012

Es gitana macarena y se llama Aurora

Foto Aurora

Aurora Vargas no engaña a nadie, como el algodón del anuncio televisivo. Nunca lo ha hecho. La cantaora de la Macarena decía como reclamo publicitario, “Así soy yo”, en su concierto de la Bienal de anoche, y así fue de verdad. Ni más ni menos. Algún intento hubo de hacerla triunfar en lo comercial y no dio resultado, porque lo que el aficionado quiere de esta cantaora gitana es su voz desnuda, si acaso con una buena guitarra, pongamos que la de Diego Amaya, y dos palmeros que sepan hacer buen son: el jerezano Rafita y el trianero Rafael El Eléctrico. Así lleva Aurora treinta años en los escenarios y jamás ha defraudado a nadie. ¿Defraudan alguna vez un buen plato de jamón de bellota o un amanecer en el mar? Es difícil. Aurora Vargas tiene el don y solo las que lo tienen son capaces de cautivarte siempre, cantando, bailando y hasta sin cantar ni bailar. Con su estampa no es necesario que haga nada, solo sentarse en una silla en medio del escenario y dejar que un cenital de luz blanca muestre al público su belleza salvaje. Pero además de ser una gitana digna de que resucitara Gonzalo Bilbao para pintarla, la cantaora sevillana tiene eso que los puristas o gitanistas llaman metales, o sea, su sonido de voz, un sonido natural, sin artificios, sin adornos superfluos. ¿Alguna vez ha hablado con esta cantaora? Si lo ha hecho ya lo sabrá, pero si no es así y algún día tiene ese gran privilegio, se dará cuenta de que canta con la misma naturalidad que naquera. Esa es la diferencia entre Aurora Vargas y las cantaoras que falsean la voz para parecer más gitanas que La Andonda. La cantaora tiene sus palos. Juan Valderrama me contó que un día fue a verlo a su casa de Espartinas para que le montara unas tarantas que quería incluir en su primer y único disco. El maestro lo intentó, pero me reconoció que no le resultó fácil la empresa. No es que Aurora no sea capaz de cantar una taranta, sino que se ha educado en el cante a través de unos palos determinados, los llamados gitanos, en especial los festeros. Cuando esta mujer canta y baila por cantiñas, tangos y bulerías entiende uno por qué Antonio Mairena solía decir que la pureza era para él sabor al paisaje. Cuando se  escucha una soleá de Alcalá como mandan los cánones, se te tiene que ir el pensamiento a las cuevas del Castillo o a aquella plazuela donde se sentaban la Roezna, Tío Frasco y Paco el de Malena. Cuando Aurora canta por tangos o por bulerías no me veo comiéndome una pizza en Nervión Plaza, sino una puchera en un corral de Lebrija o un sopeao en la Cava de los Gitanos de Triana. Lo mismo me ocurre cuando escucho al Carbonero por fandangos o a Pericón por alegrías. El teatro se llenó y en la calle había protestas sindicales, que se acabaron cuando comenzó el espectáculo. Mis respetos para ellos. Aurora salió muy nerviosa ante el estreno, aunque parezca mentira por las tablas que tiene. La responsabilidad. Cantes trianeros de fragua para empezar y templar la voz. Luego, seguiriyas de los Puertos y Jerez, y malagueñas de Manuel Torre y El Mellizo. Tardó en meterse en el concierto y pensé que no iba a ser una buena noche, que se nos iba a escapar. Dos temas nuevos, de José Gálvez, bulerías y tangos, con diez personas en el cuadro le sirvieron para relajarse y comenzar a sentirse a gusto. El público estaba con ella, y Curro Romero, en el patio de butacas. Ahí es nada. Tras cantar acompañada de Antonio Higuero, guitarrista flamenquísimo de Jerez, Aurora se metió en las cantiñas con su fiel sonantero, Diego Amaya. Seguía tensa, pero cuando comenzó a combinar el cante con el baile empezaron a llegar los duendes y fue entonces cuando surgió esa comunicación entre artista y público, que en el flamenco lo es todo. Aurora estaba por fin en su salsa, en la fiesta, cantando a gusto y bailando de una manera tan flamenca que el Lope de Vega parecía un patio de la Cava. Nadie quería irse. Aurora, la primera. Pero había que irse y, como cada vez que canta esta fiera en Sevilla, la gente no quería hacerlo hasta que El Eléctrico y Rafita de Jerez no se dieran una pataíta por bulerías. El teatro se venía abajo. No fue un gran espectáculo, desde el punto de vista técnico, pero nos emborrachamos de flamenco. Aurora Vargas no engaña a nadie, su arte no tiene truco, es un don natural y solo las que lo tienen son capaces de maravillar siempre. No cambies nunca, Aurora. Y deja las malagueñas para Juan Breva.

XVII Bienal de Flamenco. Teatro Lope de Vega. Así soy yo. Artista invitada: Aurora Vargas. Guitarras: Diego Amaya,  Antonio Higuero y José Gálvez. Palmas: El Eléctrico y Rafita. Coros: La Felipa de Jerez y María Vargas. Entrada: Lleno. Sevilla, 24 de septiembre de 2012.

23
Sep/2012

La cantaora rota y el bailaor pinturero

IMG_6425

Menos el Gordo de la Lotería de Navidad -solo sería cuestión de que le hicieran una tentadora oferta, porque le asustan pocas cosas-, Carmen Linares lo ha cantado todo y siempre ha dado un nivel más que aceptable, cuando tenía voz. No exagero si digo que es la cantaora más profesional de todos los tiempos. Lo de si es la mejor de todas las que ha habido entra ya en el campo de los gustos de cada uno. Le falta el duende de la Niña de los Peines, la jondura y el embrujo de la Paquera de Jerez y el arco melódico de Mayte Martín. Y ahora, la voz. No puede con los cantes. Sin embargo, es la más larga de las cantaoras por su estupenda técnica  y enormes conocimientos, que le han permitido abarcarlo todo. Inteligente y trabajadora como pocas, supo arrimarse cuando empezaba a los maestros que podían enseñarle los mil y un secretos del cante jondo -Matrona, Varea, Bernardo, Rafael Romero, Pericón-, ser fosforera y mairenera durante un tiempo y morentista casi siempre, sobre todo en los últimos años de su carrera. Cuarenta y un años después de que el genio granadino grabara Homenaje flamenco a Miguel Hernández, cuando el gran poeta todavía estaba prohibido por el Niño del Ferrol y sus palmeros, Carmen nos trajo anoche una obra sobre el alicantino de Orihuela estrenada en Alicante en febrero de 2011 y que ya ha podido ser disfrutada -o sufrida- en ciudades como Madrid y París. Medio aforo del Maestranza para ver un espectáculo en el que hay un gran trabajo de adaptación de algunos poemas de Miguel Hernández, y poco más. Esta obra sería un éxito si la cantara otra cantaora o un cantaor, pero la maestra de Linares ya no puede con los cantes y le suena la voz peor que nunca. Hay que ser claro y aguantar lo que venga, que para eso estamos los críticos: Carmen Linares  dio la medida cantando canciones, como quedó claro en Casida del sediento o en Mis ojos sin tus ojos. Pero fracasó estrepitosamente cuando intentó hacer tarantas y cartageneras, bamberas, bulerías por soleá, martinetes y malagueñas del Canario y la Trini. La cantaora más importante de los últimos treinta años no puede dar estos espectáculos, y la Bienal de Flamenco tampoco, por muy cariñoso que estuviera el público con la artista, que aplaudió hasta a las acomodadoras. Carmen Linares no puede venir al mejor festival flamenco del mundo con una obra dedicada a uno de los poetas más grandes de nuestro país, Miguel Hernández, sin voz y con un bailaor cómico de Jerez de la Frontera -por muy sembrao que estuviera Tomasito-, para que le salvara el espectáculo. Eso no es propio de una cantaora de su categoría ni es presentable en una ciudad que siempre le ha demostrado cariño, admiración y mucho respeto. Las voces no duran toda la vida y el cante por derecho no puede disfrazarse con un sonido espectacular, luces de cine o melosas canciones cantadas a piano. Sevilla, la Bienal de Flamenco y Miguel Hernández merecían algo mejor y si la maestra no puede ya con el cante, que cambie de género o se dedique a producir obras flamencas para quienes sí puedan cantarlas. Es una opción que debería de pensarse muy seriamente. Todavía me dura el pellizco en el estómago.

XVII Bienal de Flamenco. Oasis abierto. Teatro de la Maestranza. Dirección musical: Carmen Linares. Dirección escénica: Emilio Hernández. Cante: Carmen Linares. Guitarras: Salvador Gutiérrez y Eduardo Pacheco. Percusión: Tino di Geraldo. Coros y palmas: Rosario Amador y Carmen Amaya. Piano: Pablo Suárez. Artista invitado: Tomasito. Diseño de iluminación: Antonio Valiente. Música: Carmen Linares y Luis Pastor. Entrada: medio aforo. Sevilla, 23 de septiembre de 2012.