Monthly Archives: Junio 2012

29
Jun/2012

Potaje Gitano de Utrera para el llorado guitarrista jerezano Moraíto Chico

A José Fernández Peña

sevilla l El Potaje Gitano de Utrera es el festival de flamenco más antiguo de España, con más de medio siglo de vida. No creemos que haga falta volver a contar algo que hemos contado aquí muchas veces y que conocen muy bien todos los aficionados de España. Cuando la llamada  Ópera flamenca daba las boqueás víctima de sus excesos, de una política comercial que la historia se encargará de juzgar, los gitanos de Utrera crearon un festival donde el arte flamenco, desde una perspectiva del mundo gitano, se mostrara a los cabales sin llamativos ropajes, de una forma natural.
Estupendos intérpretes que habían sido arrinconados por una etapa comercial sin ton ni son que solo respondía a intereses empresariales, encontraron en este festival y en otros que le siguieron -los de Arcos de la Fronera, Mairena del Alcor, Lebrija, Écija, Ronda, Morón, Las Cabezas y la Puebla de Cazalla, entre otros-, el sitio adecuado para recuperar el legado que nos habían dejado los grandes maestros del siglo XIX, aquellos héroes que crearon esta maravilla de la que hoy disfrutamos y que acabaron en la miseria: en su mayoría, enterrados en fosas comunes o en sepulturas de tercera categoría.
El Potaje se creó coincidiendo con una etapa de revalorización del género, en el meridiano de los años cincuenta del pasado siglo, cuando nacían la flamencología, la discografía de vinilo y las antologías, los concursos nacionales, las peñas flamencas y el acercamiento de nuestro arte a los colegios mayores y las universidades del país.
Utrera tenía algo que decir en el flamenco, por su historia, por ser la cuna de grandes artistas. Lo hizo creando un festival que desde sus inicios tenía claro cuál debía de ser su cometido: dignificar y divulgar el arte gitano preservando su pureza y dándoles el sitio a los grandes intérpretes del cante, el toque y el baile flamencos, sin tener en cuenta nada más que la esencia.
Figuras como Juan Talega, Perrate de Utrera, Diego del Gastor o Antonio Mairena jugaron un papel primordial en la línea que el festival utrerano tenía que seguir. Antonio Mairena se convirtió en la gran figura del cante a raíz de ser galardonado en Córdoba, en 1962, con la tercera Llave de Oro del Cante, a través de un concurso que en realidad fue una farsa, pero que sirvió para poner al frente del cante más genuino a un artista que abrió una nueva Edad de Oro para el cante jondo: la que va desde mediados los años cincuenta hasta los noventa.
Como les ha ocurrido a otros muchos festivales, el Potaje Gitano de Utrera se dejó llevar también por intereses ajenos al origen de su existencia y comenzó a dar bandazos ideológicos, dedicándoles el festival a famosos artistas mediáticos que nada tenían que ver con lo nuestro.  Justificando lo injustificable, porque parte de la taquilla de la cita flamenca se destina a obras en beneficio de los gitanos de Utrera más necesitados, acabaron perdiendo totalmente los papeles.
Afortunadamente, en la Hermandad de los Gitanos de Utrera han reaccionado a tiempo y han cambiado la línea a seguir. Este año, el festival va a estar dedicado al llorado Moraíto Chico, con un cartel que no tiene desperdicio: Manuela Carrasco, Aurora Vargas, José Mercé, Mari Peña y su hermano Jesús de la Frasquita, además de un cuadro de Jerez compuesto por Enrique el Zambo, José Gálvez, Fernando Soto, Felipa la del Moreno, Mercedes Pantoja, Carmen Jiménez, El Chícharo, Rafita, Fernando de la Mini y el Diego del Morao.
El amntenedor del festival será el bailaor Antonio el Pipa, corriendo las presentaciones a cargo de un maestro en estas lídes, como es el compañero Antonio Ortega.
Será mañana, día 30, en el Colegio Salesianos de Utrera, a partir de las diez y media de la noche.
Moraíto Chico tocando por bulerías en el Festival de Nimes de 2011.

Moraíto Chico tocando por bulerías en el Festival de Nimes de 2011/ Duzert

El Potaje Gitano de Utrera es el festival de flamenco más antiguo de España, con más de medio siglo de vida. No creemos que haga falta volver a contar algo que hemos contado aquí muchas veces y que conocen muy bien todos los aficionados de España. Cuando la llamada Ópera flamenca daba las boqueás víctima de sus excesos, de una política comercial que la historia se encargará de juzgar, los gitanos de Utrera crearon un festival donde el arte flamenco, desde una perspectiva del mundo gitano, se mostrara a los cabales sin llamativos ropajes, de una forma natural. Estupendos intérpretes que habían sido arrinconados por una etapa comercial sin ton ni son que solo respondía a intereses empresariales encontraron en este festival y en otros que le siguieron -los de Arcos de la Fronera, Mairena del Alcor, Lebrija, Écija, Ronda, Morón, Las Cabezas y la Puebla de Cazalla, entre otros-, el sitio adecuado para recuperar el legado que nos habían dejado los grandes maestros del siglo XIX, aquellos héroes que crearon esta maravilla de la que hoy disfrutamos y que acabaron en la miseria: en su mayoría, enterrados en fosas comunes o en sepulturas de tercera categoría. El Potaje se creó coincidiendo con una etapa de revalorización del género, en el meridiano de los años cincuenta del pasado siglo, cuando nacían la flamencología, la discografía de vinilo y las antologías, los concursos nacionales, las peñas flamencas y el acercamiento de nuestro arte a los colegios mayores y las universidades del país. Utrera tenía algo que decir en el flamenco, por su historia, por ser la cuna de grandes artistas. Lo hizo creando un festival que desde sus inicios tenía claro cuál debía de ser su cometido: dignificar y divulgar el arte jondo preservando su pureza y dándoles el sitio a los grandes intérpretes del cante, el toque y el baile flamencos, sin tener en cuenta nada más que la esencia. Figuras como Juan Talega, Perrate de Utrera, Diego del Gastor o Antonio Mairena jugaron un papel primordial en la línea que el festival utrerano tenía que seguir. Antonio Mairena se convirtió en la gran figura del cante a raíz de ser galardonado en Córdoba, en 1962, con la tercera Llave de Oro del Cante, a través de un concurso que en realidad fue una farsa, pero que sirvió para poner al frente del cante más genuino a un artista que abrió una nueva Edad de Oro para el cante jondo: la que va desde mediados los años cincuenta hasta los noventa. Como les ha ocurrido a otros muchos festivales, el Potaje Gitano de Utrera se dejó llevar también por intereses ajenos al origen de su existencia y comenzó a dar bandazos ideológicos, dedicándoles el festival a famosos artistas mediáticos que nada tenían que ver con lo nuestro.  Justificando lo injustificable, porque parte de la taquilla de la cita flamenca se destina a obras en beneficio de los gitanos de Utrera más necesitados, que son muchos, acabaron perdiendo totalmente los papeles. Afortunadamente, en la Hermandad de los Gitanos de Utrera han reaccionado a tiempo y han cambiado la línea a seguir. Este año, el festival va a estar dedicado al llorado Moraíto Chico, con un cartel que no tiene desperdicio: Manuela Carrasco, Aurora Vargas, José Mercé, Mari Peña y su hermano Jesús de la Frasquita, además de un cuadro de Jerez compuesto por Enrique el Zambo, José Gálvez, Fernando Soto, Felipa la del Moreno, Mercedes Pantoja, Carmen Jiménez, El Chícharo, Rafita, Fernando de la Mini y Diego del Morao. El mantenedor del festival será el bailaor Antonio el Pipa, corriendo las presentaciones a cargo de un maestro en estas lídes, como es el compañero Antonio Ortega. Será mañana, día 30, en el Colegio Salesianos de Utrera a partir de las diez y media de la noche. No se lo pierdan.

28
Jun/2012

Babean de envidia, luego cabalgamos

A José Gelardo

Muchos lectores de La Gazapera me preguntan cada día que por qué no me defiendo de los ataques de ciertos flamencólogos en algunos foros de Internet. No tengo tiempo para eso. Supongo que si estuviera jubilado y tuviera hambre de notoriedad contestaría a estos ataques, pero no es mi caso. Trabajo veinte horas diarias para mantener al día este blog, la elaboración de mis libros y la sección flamenca del periódico. Lo llevo a cabo lo mejor que puedo, con errores, como todo el mundo, pero todo lo hago por el flamenco y con la mayor honradez posible. Todos estos ataques han venido motivados por la investigación sobre El Planeta, sobre el que hemos aportado ya una gran cantidad de documentación y tenemos pendiente de publicar otros documentos importantes para cerrar el asunto. Curiosamente, los ataques más furibundos son de un flamencólogo jubilado que se equivoca más que una bizca haciendo punto. Podría dedicar el resto de mi vida a enmendar sus errores y desmentir sus falsedades, pero valoro mucho mi vida como para perder el tiempo en esa labor. Allá cada uno con sus patinazos, que yo me encargaré de arreglar los míos. Jamás voy a defenderme en esos foros, que ni siquiera leo regularmente, solo cuando alguno de ustedes me manda un enlace. Agradecería que no lo hicieran porque me restan energía para seguir con lo mío. Tengo un gran respeto por todos los foros, blogs y páginas de Internet en donde se aportan cosas importantes sobre la historia del flamenco. Suelo seguir los más serios, como son El afinador de noticias, Desde mi torre de cobalto, Papeles flamencos o flamenco de papel. Cada vez menos, porque dispongo de poco tiempo. La labor que se viene haciendo desde estas tribunas es impagable. Huyo de polémicas y, por este motivo, procuro no entrar nunca en los foros donde flamencólogos de poca monta solo saben calentar el ambiente e insultar. Siento una gran admiración por investigadores como Luis Suárez, Blas Vega, Faustino Núñez, José Gelardo, Rocío Plaza, José Luis Ortiz Nuevo, Antonio Barberán, Pepe Muñoz, Luis Vázquez Morilla o Guillermo de Castro. Pero detesto a quienes entienden esto como una competición y son capaces de vender a sus muy santas madres con tal de alcanzar notoriedad. Este verano voy a publicar los primeros datos biográficos del verdadero Frijones de Jerez, de Frasco el Colorao, de Tomás el Nitri, de La Mejorana, de Paco el Barbero, de Juan el Pelao, de Antonio Pérez, de Paco la Luz, de Manuel Cagancho, de Antonio el Pintor, de Antonio el Raspao y José Miracielos, entre otros muchos. Mi situación familiar, con mi madre inválida desde hace cerca de dos años y problemas económicos por la puta crisis apenas me permiten viajar para acabar estas biografías. Sé que acabaré arruinándome del todo, pero os prometo que llevaré a buen puerto este barco. El tiempo que me quede de vida lo voy a dedicar a este trabajo, que adoro por encima de todo. Por eso no voy a pelearme nunca con nadie. Ni siquiera con quienes me insultan a diario porque es una forma como otra cualquiera de ocultar sus patinazos, sus miserias y sus limitaciones.

La Gazapera: Llevamos unos días con problemas técnicos en el blog, que os impiden mandar comentarios. Espero que se solucionen pronto para que podáis participar.

26
Jun/2012

La condición humana

A José Luis Jiménez

España no es un país de mangantes, en general, porque hay millones de personas trabajadoras y honradas, pero no creo que exista otro en Europa donde haya más chorizos y golfos por metro cuadrado. La corrupción se coliga siempre a la clase política, que es una mácula que se ha ganado a pulso, pero casi todos estamos un poco manchados. ¿Quién no ha engañado alguna vez al Estado, al ayuntamiento de su pueblo o a la empresa donde tiene asegurado el coche y la casa de campo? Esto no nos impide salir a la calle a protestar enérgicamente contra la corrupción política en un acto de hipocresía tal que hasta a Sigmund Freud le hubiese costado diagnosticar. Esas doscientas mil personas que han estado llevándose medicinas de las farmacias con tarjetas de la Seguridad Social de pensionistas de la famila o cercanos a ella, aun pudiendo pagarlas, son corruptos en potencia porque lo llevan pegado a la piel desde que sus madres los parieron. En este aspecto podemos dormir tranquilos: la cantera de la corrupción es inagotable. Al lado de lo que se llevan los políticos y los banqueros españoles no es gran cosa -unos veinticuatro millones de euros de nada al año-, pero aquí no importa la cantidad sino el hecho de que el ciudadano engañe al Estado, a sus propios convecinos, aun sabiendo que se está robando también a sí mismo. Cada uno de estos mangantes de poca monta sería un corrupto mayor si ocupara algún cargo público o el consejo asesor de una entidad financiera. A mayor importancia del cargo, el grado de corrupción sería también mayor. Es una cuestión de proporción. En un país como el nuestro, con todas sus instituciones públicas procesadas por algún caso de corruptela, sería inocente pensar que los ciudadanos estamos al margen. Es la condición humana. No podemos saltar fuera de nuestra sombra.

25
Jun/2012

El baile jondo de Pepa Montes y la voz de bronce de Samuel Serrano

A José El Cuqui y familia

Pepa Montes parecía que quería coger la luna con sus manos.

Pepa parecía que quería cambiar la bombilla del cielo. Fotos Bohórquez.

Cuando llegamos el sábado a Las Cabezas no había nadie en las calles y el sol fundía los herrajes de las casas. Don Antonio Murciano llegó al Ayuntamiento acompañado de sus dos hijas, donde fueron recibidos por el alcalde de la localidad sevillana, el socialista Francisco Toajas, que explicó en rueda de prensa por qué eligieron este año al gran poeta de Arcos de la Frontera para concederle la Yerbabuena de Plata. Antonio Murciano dijo sentirse muy orgulloso de recibir un galardón que en ediciones anteriores habían recibido escritores como José María Pemán y Camilo José Cela, artistas de la copla como Rocío Jurado, del torero, como Curro Romero, del teatro, como Salvador Távora, o del periodismo como Jesús Quintero. Era evidente la preocupación de la organización por el resultado del partido de España contra Francia, que influiría de una manera u otra en el desarrollo del festival. Afortunadamente, España apeó a los franceses de la Eurocopa y los aficionados casi llenaron el recinto. Una ligera brisa proveniente de la marisma refrescó el aire y a las once y media en punto de la noche comenzaron a sonar los cantes y las guitarras en Las Cabezas de San Juan.

El viseño Segundo Falcón fue el encargado de abril el festival con la guitarra de Paco Jarana y el percusionista onubense Antonio Coronel. Cantaor irregular, se templó con malagueñas de La Trini y otra de Concha la Peñaranda; se dejó el alma en unas seguiriyas; demostró su domino del compás en unas bulerías muy personales y acabó bordando algunos fandangos. Le siguió Manolo Cordero, acompañado a la guitarra por rinconero Manuel Herrera. Cordero tuvo una actuación muy entregada, como es costumbre en este bravo cantaor cabezeño, que entusiasmó en todo lo que hizo, pero sobre todo cantando por fandangos. Con ser interesante la primera parte, lo mejor vino en la segunda.

Samuel Serrano cautivó a los amantes al cante por derecho.

Samuel Serrano cautivó a los amantes al cante por derecho. Bohórquez.

El guitarrista jerezano Paco Cepero presentaba en la Yerbabuena a un joven valor del cante gitano, el chipionero Samuel Serrano, de la familia de los Agujetas. Tiene solo 16 años, pero su voz es la de un cantaor de cincuenta, una voz afillá, gitana hasta lastimar, que se faja con los cantes por seguiriyas y soleares, por fandangos y bulerías, como el mejor maestro. Los aficionados no daban crédito a lo que estaban escuchando y dieron las gracias por asistir al acontecimiento del verano: el nacimiento de un cantaor que, si no se queda a la mitad del camino, será uno de los grandes. El acto de entrega de la Yerbabuena de Plata a Antonio Murciano fue emocionante. Le correspondió a este crítico el alto honor de hacer el ofrecimiento, pero la emoción llegó cuando el poeta de Arcos, que tiene ya 82 años, agradeció la distinción con un extenso discurso y recitó algunos de sus más conocidos poemas al cante, estrenando uno en recuerdo de Rocío Jurado. El de Arcos aguantó hasta el final del festival y se fue de Las Cabezas a las cuatro de la mañana, como poeta con versos nuevos.

Don Antonio Murciano junto al alcalde de Las Cabezas, Francisco Toajas.

Antonio Murciano y el alcalde, Francisco Toajas. M. Ojeda

La gran bailaora local Pepa Montes, que nació en el Rincón Malillo, al lado de donde se celebra el festival, se encargó de cerrar la noche con dos magníficos bailes, dejándonos unas alegrías para el recuerdo de esta edición del festival. Acompañado a la guitarra por Ricardo Miño, su marido, al cante por José Méndez y Vicente Gelo y a la percusión por el joven Juan Ruiz, la bailaora puso al público en pie. Y hay que destacar también la magnífica rondeña que tocó en concierto Ricardo Miño, el maestro de Triana.

XXI Yerbabuena Flamenca de Las Cabezas, en homenaje a Antonio Murciano. Al cante, Segundo Falcón,  Manolo Cordero, Samuel Serrano, Vicente Gelo y José Méndez. Al toque, Paco Cepero, Paco Jarana, Ricardo Miño y Manuel Herrera. A la percusión, Antonio Coronel y Juan Ruiz. Las Cabezas de San Juan, 23 de junio de 2012.

24
Jun/2012

Ya están juntos los tres

A Antonio Calle

El Piqui, Isabel Domíbguez Cano y el Maestro Pepe Marchena.

El Piqui, Isabel Domínguez Cano y el Maestro Pepe Marchena.

Hoy he ido a darle el último adiós a Isabel Domínguez Cano, la esposa del Niño de Marchena. Hemos estado pocas personas: los sobrinos del Maestro y algunos marcheneros, pocos. Nadie del mundo del flamenco ni del marchenismo. Todo ha sido rápido. Isabel murió la madrugada del sábado, concretamente a las 12’45. Prácticamente no ha dado tiempo a avisar a nadie y a los pocos que se han podido llamar unos estaban en la playa y otros, seguramente, con la resaca de la victoria de ayer de La Roja ante los franceses. Qué más da ya eso. Isabel llevaba tiempo sin ganas de vivir y anoche arrojó definitivamente la toalla. Ya descansa en el mismo nicho donde estaban desde hace muchos años el Maestro, su madre y El Piqui. Isabelita había dejado dicho que no quería que la incineraran sino que la enterraran junto a los dos hombres de su vida. Y así ha sido. Sin querer he visto sacar los restos del genio del cante metidos en una bolsa de plástico, con cuarenta grados a la sombra. Imagínense el impacto emocional. El ayuntamiento de Marchena debería de construir un panteón en condiciones donde descansen los restos de su hijo más universal e ilustre, con su familia: madre, esposa e hijo. Nadie más. Era la voluntad de Isabel. Y no solo eso. Esta localidad debería de tener la Casa Museo de Pepe Marchena, un lugar donde se reúnan todos sus recuerdos, sus discos, sus carteles, sus fotografías, sus efectos personales. Estamos hablando de uno de los más grandes no ya del cante flamenco, de todos los tiempos, sino de la música andaluza en general. Y no es presentable que sus restos estén en una bolsa de plástico, ahora, encima del ataúd de Isabel. Perdonen la crudeza, por lo que de macabro tiene todo lo que he dicho, pero acabo de llegar de Marchena y, sinceramente, mejor me hubiera quedado en Mairena del Alcor.

24
Jun/2012

Adiós a doña Isabel Domínguez Cano, la esposa del Niño de Marchena

A Isabelita

Isabel Domínguez 2Anoche, en Las Cabezas de San Juan, José María Segovia me dio la noticia de su muerte. Ayer falleció en Marchena Isabel Domínguez Cano, la esposa de don José Tejada Martín Niño de Marchena. No le gustaba que le dijeran viuda de Pepe Marchena, porque ella nunca asumió la muerte del Maestro. Isabelita, como la llamábamos sus amigos, será enterrada esta misma mañana en la localidad donde nació el genio del cante, supongo que junto a él y el hijo de ambos, El Piqui. Isabel era mi amiga y su muerte me ha llenado el corazón de tristeza. Antonio, el párroco de San Sebastián, de la localidad sevillana, me dijo no hace mucho que fuera a verla a la residencia de Marchena en la que estaba viviendo, si eso era ya vivir. No quise ir a verla porque sabía de su coquetería y para una mujer coqueta no debía ser muy agradable que la viera metida en una cama. Tampoco quería recordarla en ese estado, sino como estaba cuando nos vimos la última vez, de lo que debe hacer año y medio. Isabelita fue una mujer muy guapa, de una belleza natural increíble. Cuando el Maestro la llevaba a Marchena y se paseaba con ella por las calles de pueblo los hombres se salían de las tabernas para verla andar. Ha muerto sola, aunque rodeada de amigos y con el calor de los sobrinos de Pepe. Pero sola. Quería morir en Marchena y así ha sido. Resultará difícil ir a este pueblo y no ver a Isabelita, esa mujer que tanto quiso a don José Tejada Martín. Y también al Niño de Marchena. ¡Cuántos secretos se habrá llevado Isabel a ese lugar donde la diferencia no la marcan los seres humanos, sino el frío mármol que los cubre! Me he acostado casi por la mañana y estoy agotado, pero parto ahora mismo a darle el último adiós a quien hace muchos años me ofreció su amistad porque sabía de mi admiración por su marido. La quería mucho y pasé muy buenos ratos con ella en Marchena hablando del genio: del cantaor y de la persona. Nunca te olvidaré, Isabelita. Descansa en paz y, si no te importa, como sé que ya estarás con Pepe, dile que todos los días tengo un recuerdo para él y que sigo siendo de la opinión de que nunca hubo un jilguero tan flamenco. Mil besos, Isabelita.

22
Jun/2012

Viejos remordimientos de conciencia

Hace meses dije aquí de broma que me iba a dedicar a cantar en los escenarios y se ve que hay quienes se toman en serio mis artículos, lo que me produce una placentera hemorragia interna de satisfacción. Qué más quisiera este humilde plumilla de lo jondo que tener el don del duende y el compás, pero hace décadas canté en un bautizo y lo hice tan mal que el niño, sin duda por un trauma sonoro, es hoy concejal de un ayuntamiento, lo que me produce dolorosos remordimientos porque de no haber sufrido aquel trauma de bulerías atravesadas y seguiriyas sin enjundia, a tan corta edad, a lo mejor hubiera llegado a ser un gran fontanero. Afortunadamente me di cuenta pronto de que el dios Chacón no me había llamado por el camino del arte de Silverio y desistí en mi idea de ser cantaor. Otros de mi generación no lo hicieron y siguen pisando los escenarios, destrozando el cante, aburriendo a los cabales y haciéndose tarjetas en las que puede leerse lo de Cantaor de Flamenco. El gran Centeno tuvo mucho arte cuando se puso en sus tarjetas Cantaor fino, pero sin duende. Y ya saben cómo cantaba el maestro de la sevillana calle Doncellas.
Manolito cantando

El Niño de Arahal XXIII

Hace meses dije aquí de broma que me iba a dedicar a cantar en los escenarios y se ve que hay quienes se toman en serio mis artículos, lo que me produce una placentera hemorragia interna de satisfacción. Qué más quisiera este humilde plumilla de lo jondo que tener el don del duende y el compás, pero hace décadas canté en un bautizo y lo hice tan mal que el niño, sin duda por un trauma sonoro, es hoy concejal de un ayuntamiento, lo que me acarrea dolorosos remordimientos de conciencia porque de no haber sufrido aquel trauma de bulerías atravesadas y seguiriyas sin enjundia, a tan corta edad, a lo mejor hubiera llegado a ser un gran fontanero. Afortunadamente me di cuenta pronto de que el dios Chacón no me había llamado por el camino del arte de Silverio y desistí en mi idea de ser cantaor. Otros de mi generación no lo hicieron y siguen pisando los escenarios, destrozando el cante, aburriendo a los cabales y haciéndose tarjetas en las que puede leerse lo de Cantaor de Flamenco. El gran Manuel Centeno tuvo mucho arte cuando se puso en sus tarjetas Cantaor fino, pero sin duende, porque estaba cansado de que le tildaran de cantaor sin pellizco. Y ya saben cómo cantaba el maestro de la sevillana calle Doncellas.

19
Jun/2012

La Roja o la tabla del náufrago

A Horacio Raya

NavasEstos potentados del balón que se hacen llamar La Roja, la Selección Española de Fútbol, se juegan, entre otras muchas cosas, los 300.000 euros por barba que se embolsarían si ganaran la Eurocopa. Sin contar lo que van a trincar haciendo anuncios, consigan o no el codiciado campeonato. Está claro que la crisis económica no les afecta a los deportistas más mimados de nuestro país. Sin embargo, el fútbol le adeuda 750 millones de euros a Hacienda y 11 a la Seguridad Social. Pero el mundo de la pelota es intocable y vemos a diario a los gobernantes de nuestro país, de cualquier plumaje ideológico, celebrando los goles de La Roja como si la prima de riesgo hubiera bajado de repente como consecuencia de una rara genialidad de Torres o una parada imposible, de ensueño, de Casillas. Por no hablar de los miembros de la Casa Real. Nuestros políticos no se ponen de acuerdo en casi nada, en un momento en que deberían olvidar sus intereses personales o de partidos y aunar esfuerzos para sacarnos de la crisis económica, pero estos días son todos rojos. Si España pasara el sábado a semifinales, que todo parece indicar que pasará, los graves problemas económicos que nos tienen al borde del precipicio se situarían en un segundo plano y eso les vendrá muy bien a los que nos gobiernan, como le venía de perlas a Franco. Cuando en la España del Niño del Ferrol había problemas difíciles de tapar daban por televisión los espectaculares goles de Gento, seis toros a El Cordobés, o le ponían a huevo las fugas a El Lute, y a otra cosa mariposa. Poco hemos cambiado en este aspecto. Y poco se puede hacer para cambiar esta triste realidad. Soy aficionado al fútbol, lo practiqué en mi juventud y en mi casa somos todos béticos, que es lo que hay que ser. Me importa un pimiento si ganamos o no la dichosa Eurocopa, pero fui uno de los catorce millones de españoles que siguieron el partido, que vio estupefacto cómo un chaval del pueblo sevillano de Los Palacios, Navas, les sacaba las castañas del fuego a los multimillonarios del balón y, de paso, a los políticos, que respirarían a gusto sabiendo que el pueblo va a seguir más pendiente de la pelota que de la prima de riesgo, por lo menos hasta el próximo sábado. La Roja es la tabla del náufrago para quienes nos mal gobiernan. Como para que le metan mano a las deudas del fútbol. Mañana por la mañana.

16
Jun/2012

Los célebres boleros hermanos de la Barrera no eran ni siquiera primos

bolero1

Hace tiempo que les dije que íbamos a ir desmintiendo algunas cosas sobre la historia del flamenco, sobre lo que aparece en los libros de este arte andaluz que hoy pisa los mejores teatros del mundo y que ha sido declarado Bien de Interés Cultural Inmaterial de la Humanidad. Ahora que el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, quiere que se estudie el flamenco en los colegios habrá que aportar documentación para que cuando los alumnos les pregunten a sus profesores sobre las figuras históricas del arte de lo jondo sepan contestarles sin engañarlos, que es lo que se ha venido haciendo desde hace siglo y medio. Hoy les toca el turno a los históricos Miguel y Manuel de la Barrera, y otro día les tocará a La Campanera, Manuela Perea La Nena, Pétra Cámara, Antonio el Raspao, Miracielos, Tomás el Nitre, Paco el Barbero, Frasco el Colorao, Frijones de Jerez, etc. Y no lo voy a hacer para enmendarle la plana a nadie, pero cada flamencólogo tendrá que aguantar su vela. Yo el primero.

Cuando en la ciudad de Sevilla todavía no había cafés cantantes que programaran flamenco, en la primera mitad del siglo XIX, dos célebres boleros ya enseñaban el baile andaluz en sus respectivas academias, de las que se ocuparon los periódicos y los viajeros románticos, como el célebre Barón de Davillier. Miguel de la Barrera y Quintana, apodado El Platero por ser este su verdadero oficio, abrió academia en la céntrica calle Jimios, al lado de la mismísima Giralda, documentada ya en 1838. En esta academia fue donde recibió sus primeras lecciones la famosa bolera Amparo Álvarez La Campanera, la bailarina sevillana que nació en la Giralda, la hija del no menos célebre Juan Álvarez Espejo El Campanero.

Fallecimiento en Sevilla de Miguel de la Barrera y Quintana. Tenía solo 50 años y constaba como Maestro de Bailes.

Fallecimiento en Sevilla de Miguel de la Barrera y Quintana. Tenía solo 50 años y constaba como "Maestro de Bailes".

Aunque tenido por sevillano, Miguel de la Barrera era en realidad de la provincia de Málaga, de Antequera, criado en Sevilla y muerto en nuestra ciudad en 1864. Su padre era de Carmona y su madre de Marchena, localidades sevillanas donde ni siquiera lo saben. Tuvo hermanos y hermanas que también destacaron en el baile, sobre todo Cayetano de la Barrera, nacido en 1825 y bautizado en la Parroquia del Salvador. Una invalidez le obligó a dejar el baile y murió en Sevilla en 1877. Miguel de la Barrera dirigió una academia en la céntrica calle Tarifa, 1, donde luego estuvo El Recreo, que gestionó el también malagueño Luis Botella -se ha tenido siempre por sevillano-, en colaboración con Silverio Franconetti. Algo más tarde, este local se convirtió en el célebre Café del Burrero, del Sr. Don Manuel Ojeda Rodríguez, apodado El Burrero por tener un negocio de venta de leche de burra. Manuel Ojeda sí era sevillano y se asoció con Silverio Franconetti para entre ambos conducir el café cantante más famoso de España, que de la calle Tarifa se trasladó a la calle Sierpes y allí estuvo hasta la muerte de este empresario, óbito que le sobrevino con el nacimiento del siglo XX y como consecuencia de una rotura de cadera.

Empadronamiento de Manuel de la Barrera en la calle Trajano, en 1875.

Empadronamiento de Manuel de la Barrera en la calle Trajano, en 1875. En esta calle estuvo el Salón Oriente.

Manuel de la Barrera y Valladares, el otro bolero de renombre, era del Barrio de la Feria, donde nació en 1808. Hijo de Bernardo y Rosalía, se casó en la Catedral de Sevilla con María del Pilar Gómez y Campos, del pueblo sevillano de Pilas, en 1840. Fue también profesor de La Campanera, con quien dirigió una academia en la calle Plata, en la mismísima Campana, donde tuvo su tabanco Paco el Barbero, el gran guitarrista gaditano. Manuel de la Barrera tuvo su primera academia en la calle Pasión, entre Odonell y Sierpes, dirigió también el Salón Recreo y acabó sus días regentando el Salón Oriente, en el número 10 de la calle Trajano, donde murió, dejando el negocio en manos de sus hijos. Hombre emprendedor y valiente, a mediados de los años sesenta del XIX abrió academia de baile en Cádiz, ciudad donde nació su hija María Dolores. Como suele ser normal en Sevilla, Miguel y Manuel de la Barrera están totalmente olvidados, siendo como fueron los que iniciaron en nuestra ciudad la profesionalización de los intérpretes flamencos. Todavía estamos a tiempo de hacerles justicia a estos dos maestros del baile, sin los cuales no se podría escribir una historia del baile más o menos seria. Es la primera vez que se dan estos precisos datos biográficos, desmintiendo que fueran hermanos, como reza erróneamente en todos los libros del flamenco y la danza. No eran ni siquiera primos. Desde aquí animamos a la Bienal de Flamenco a que nos ayude a publicar un libro sobre estos históricos del baile, una obra que repare la tremenda injusticia que se ha cometido con ellos, con La Campanera y con otros artistas fundamentales de la historia de nuestro arte, que está en deuda con todos ellos por lo mucho que aportaron.

Firma de Manuel de la Barrera y Valladares en un padrón de 1875

Firma de Manuel de la Barrera y Valladares

13
Jun/2012

Farruquito destapa en Sevilla el tarro de las esencias gitanas

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Teatro Lope de Vega. Figura principal: Farruquito. Guitarras: Antonio Rey y Román Vicenti. Cante: Rubio de Pruna, María Vizárraga y Victoria Borja, Percusión: Luis Amador. Entrada: Casi lleno. Sevilla, 13 y 14 de junio de 2012.
M. bohórquez l Sevilla
Tuve la  fortuna de ser amigo de Antonio Montoya Flores, El Farruco, abuelo de Farruquito, que fue el genio más puro del baile gitano. Nadie bailó con la pureza de Antonio, con su pellizco, con su duende. Alguna vez le tildaron de no tener buena técnica, de su escasa formación dancística, sin tener en cuenta la diferencia que hay entre un bailaor y un bailarín. Farruco hacía cosas por bulerías increíbles, daba una vuelta y se recogía de una manera que aún hay quienes lo intentan y no lo consiguen. Nunca un bailaor tuvo el corazón tan cerca de la cabeza, como Farruco. Te miraba a los ojos y veías lo que sentía, y se te metía su compás en el alma con la facilidad con la que el sol de la manaña atraviesa la niebla. Anoche, viendo bailar a su nieto Juan Manuel, que él pulió sin obligarlo a calcar su estilo, pero procurando siempre que no se alejara mucho de su escuela, añoré tanto su ausencia que me aferré de tal manera a quien recuerda tan bien su manera de bailar, que a lo mejor influyó en mi actitud. Farruquito es un fenómeno, un bailaor portentoso, un superdotado, pero para el baile flamenco. Cuando intenta hacerle la corte a otras disciplinas dancísticas, el nieto del genio puede ser también muy espectácular. Lo es, de hecho, pero deja de ser único para entrar a formar parte de la rutina en la que el baile flamenco se desenvuelve desde hace años.
En su vuelta a un teatro de Sevilla tras su no muy afortunada participación en la pasada Bienal de Flamenco con Sonerías, el bailaor sevillano nos obsequió con un espectáculo en el que repasó su trayectoria, que es ya la de un bailaor experimentado a pesar de su juventud. Es consciente de qué quiere su público de él y echó mano de lo mejor de su repertorio, de aquello en lo que no tiene rival, con sus  conocidos recursos para comunicar con el público, su mijita de efectismo, luciendo con generosidad su belleza física, pero siempre, siempre, derramando flamencura y gitanería  sobre la tarima. Original la farruca,  con elegantes paseos y escasos braceos. Bulliciosos los fandangos, que no son de su escuela. Y cuando ya el público, su público, se le entregó totalmente, se paró un poco para bordar la soleá, su baile grande, el que conoce desde que andaba a gatas, donde da todo lo que sabe y lo que siente, con el cante jondo del Rubio de Pruna. El público enloqueció con su hermano pequeño, El Carpetilla, que es el que más se asemeja al abuelo, el que parece que va a reinventar la escuela familiar. Y junto a él otro de la familia, con muy buenas hechuras, Antonio Moreno Fernández, y dos flamencas de rompe y rasga, Irene Bazzini y Gema María Agarrado Moneo. Farruquito cierra con unas bulerías muy originales y un zapateado de su invención que rompe con la ortodoxia de este baile clásico. El público vibró con su raza, con una manera de bailar que no te anima a ponerle etiquetas. En Farruquito interesa más lo que se siente cuando le ves bailar, que lo que se ve sobre la tarima, por muy bonitas que sean las luces y la puesta en escena. Es un bailaor imprescindible, como demostró anoche en contados detalles. Como ocurría con su abuelo, que no rivalizaba con Gades como coeógrafo ni con Alejandro Vega en elegancia, Farruquito nos hizo sentir en la piel el torniscón del baile puro dejando claro que solo vende el duro quien lo tiene. El público se le entregó totalmente. No era para menos: Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, destapó anoche el tarro de las esencias gitanas.

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Tuve la  fortuna de ser amigo de Antonio Montoya Flores, El Farruco, abuelo de Farruquito, que fue el genio más puro del baile gitano. Nadie bailó con la pureza de Antonio, con su pellizco, con su duende. Alguna vez le tildaron de no tener buena técnica, de su escasa formación dancística, sin tener en cuenta la diferencia que hay entre un bailaor y un bailarín. Farruco hacía cosas por bulerías increíbles, daba una vuelta y se recogía de una manera que aún hay quienes lo intentan y no lo consiguen. Nunca un bailaor tuvo el corazón tan cerca de la cabeza, como Farruco. Te miraba a los ojos y veías lo que sentía, y se te metía su compás en el alma con la facilidad con la que el sol de la manaña atraviesa la niebla. Anoche, viendo bailar a su nieto Juan Manuel, que él pulió sin obligarlo a calcar su estilo, pero procurando siempre que no se alejara mucho de su escuela, añoré tanto su ausencia y me aferré de tal manera a quien recuerda tan bien su manera de bailar, que a lo mejor influyó en mi actitud. Farruquito es un fenómeno, un bailaor portentoso, un superdotado, pero para el baile flamenco. Cuando intenta hacerle la corte a otras disciplinas dancísticas, el nieto del genio puede ser también muy espectácular. Lo es, de hecho, pero deja de ser único para entrar a formar parte de la rutina en la que el baile flamenco se desenvuelve desde hace años. En su vuelta a un teatro de Sevilla tras su no muy afortunada participación en la pasada Bienal de Flamenco con Sonerías, el bailaor sevillano nos obsequió con un espectáculo en el que repasó su trayectoria, que es ya la de un bailaor experimentado a pesar de su juventud. Es consciente de qué quiere su público de él y echó mano de lo mejor de su repertorio, de aquello en lo que no tiene rival, con sus  conocidos recursos para comunicar con el público, su mijita de efectismo, luciendo con generosidad su belleza física, pero siempre, siempre, derramando flamencura y gitanería  sobre la tarima. Original la farruca,  con elegantes paseos y escasos braceos. Bulliciosos los fandangos, que no son de su escuela. Y cuando ya el público, su público, se le entregó totalmente, se paró un poco para bordar la soleá, su baile grande, el que conoce desde que andaba a gatas, donde da todo lo que sabe y lo que siente, con el cante jondo del Rubio de Pruna. El público enloqueció con su hermano pequeño, El Carpetilla, que es el que más se asemeja al abuelo, el que parece que va a reinventar la escuela familiar. Y junto a él otro de la familia, con muy buenas hechuras, Antonio Moreno Fernández, y dos flamencas de rompe y rasga, Irene Bazzini y Gema María Agarrado Moneo. Farruquito cierra con unas bulerías muy originales y un zapateado de su invención que rompe con la ortodoxia de este baile clásico. El público vibró con su raza, con una manera de bailar que no te anima a ponerle etiquetas. En Farruquito interesa más lo que se siente cuando le ves bailar, que lo que se ve sobre la tarima, por muy bonitas que sean las luces y la puesta en escena. Es un bailaor imprescindible, como demostró anoche en contados detalles. Como ocurría con su abuelo, que no rivalizaba con Gades como coeógrafo ni con Alejandro Vega en elegancia, Farruquito nos hizo sentir en la piel el torniscón del baile puro dejando claro que solo cambia el duro quien lo tiene. El público se le entregó totalmente. No era para menos: Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, destapó anoche en Sevilla el tarro de las esencias gitanas.

Teatro Lope de Vega. Figura principal: Farruquito. Guitarras: Antonio Rey y Román Vicenti. Cante: Rubio de Pruna, María Vizárraga y Victoria Borja. Percusión: Luis Amador. Entrada: Casi lleno. Sevilla, 13 y 14 de junio de 2012.