Monthly Archives: Mayo 2012

31
May/2012

El músico ruso Glinka y El Planeta

A Miguel Ángel Fernández

El gran músico ruso Glinka

El gran músico ruso Glinka

“Un famoso cantante del país, aunque ya mayor, PLANETA, estuvo en casa y cantó para nosotros. Su primo Lázaro nos visitaba con frecuencia”. En este extracto de las memorias del gran músico ruso Mijail Ivánovich Glinka, considerado el padre del nacionalismo musical ruso, está una de las muchas pruebas que existen ya de que Antonio Monge Rivero -lo siento, pero si el maestro, a pesar de bautizarse como Alonso, siempre quiso ser Monge, será cuestión de respetar su deseo-, era el célebre Planeta que cita Serafín Estébanez Calderón en sus famosas Escenas Andaluzas. Cuando Glinka dice, “su primo Lázaro nos visitaba con frecuencia”, se estaba refiriendo al cantaor gaditano Lázaro Quintana Monge, que no era primo de El Planeta, sino sobrino, hijo de su hermana Dolores.

Padrón de Antonio el Planeta, sus hijos Francisco y Tomás, y su sobrino Lázaro Quintana. Málaga, 1853.

Padrón de Antonio el Planeta, sus hijos Francisco y Tomás, y su sobrino Lázaro Quintana y Monge. Málaga, 1855. La edad de Antonio Monge, 65 años, cuadra perfectamente con la de Antonio Dionisio Alonso 'El Planeta', que nació en 1790.

Pero al haber entre ellos solo doce años de diferencia y sabiendo que eran parientes, Glinka creyó que era su primo. El músico ruso era un enamorado de España, donde estuvo varias veces para conocer nuestro folklore. Residió en Sevilla entre 1845 y 1847 y tuvo la oportunidad de asistir a innumerables fiestas. En alguna de aquellas veladas musicales conocería a El Planeta, al que invitaría a cantar en su casa. Se refiere a él como un hombre “ya mayor”, o sea, de 56 o 57 años, puesto que el cantaor gaditano nació en 1790. Si Glinka lo hizo en 1804, es lógico que si él tenía 41 años, considerara mayor a una persona que le llevaba catorce. En aquella época, además.

Padrón de Francisco Monge y Läzaro Quintana

Padrón de Francisco Monge y Läzaro Quintana. El hijo de El Planeta aparece con su apodo, 'Planeta'. Lázaro Quintana Monge, como agregado. El patriarca ya había muerto. Málaga, 1859. El documento no tiene desperdicio alguno.

Lázaro Quintana tenía un primo hermano al que también llamaban El Planeta, el primer hijo varón de Antonio Monge, Francisco, pero no podía ser éste al que se refería Glinka porque era diez años menor que el músico ruso. Se refería, sin duda, al primer y único Planeta de la historia del cante andaluz, al gaditano Antonio Monge Rivero. En cuanto a Lázaro, está claro que era Lázaro Quintana y no otro Lázaro, porque no ha existido otro con este nombre en la historia del cante, que sepamos, y menos en aquella época. Si Glinka hubiera dicho “su primo Antonio”, o “su primo Francisco”, sería más complicado. Pero Lázaro es un nombre poco común. Por tanto, el compositor ruso nos aporta una prueba irrefutable de que El Planeta era don Antonio Monge Rivero, el célebre tío del no menos famoso Lázaro Quintana. Glinka murió en Berlín el 15 de febrero de 1857, cinco meses después de que falleciera El Planeta.

31
May/2012

¡Viva el cante de las minas!

Miguel Ortega mostrando su Lámpara Minera. A su lado, FRancisco Bernabé, el alcalde de La Unión.

El cantaor sevillano Miguel Ortega mostrando orgulloso su Lámpara Minera. A su lado, Francisco Bernabé, el simpático y bonachón alcalde de La Unión.

Sé que por decir lo que voy a decir no me van a volver a invitar más al Festival Internacional del Cante de las Minas. Ni falta que hace. La libertad de expresión tiene siempre un alto precio. En ocasiones, la propia vida, aunque no creo que el hercúleo alcalde pepero de La Unión vaya a llegar a tanto, a pesar de su balumba. Todo ha sido llegar este señor y su equipo al Ayuntamiento de la localidad murciana y cambiar el célebre festival minero, pero para peor. Solo tienen que echar un vistazo a la programación de este año, cuya edición está dedicada a la bailaora Sara Baras. No a Manuela Carrasco o El Güito. A Sara Baras, con lo que está dicho todo. Menos mal, que lo arreglarán el último día de las galas con la actuación estelar de la cantante Pasión Vega. ¡Viva la jondura del cante de las minas! Solo faltaría que hubieran contratado de presentador a José Luis Uribarri. No quiero dar ideas, por si todavía está pendiente la elección de la persona a la que encomienden esa responsabilidad. Y los modernos de este país mofándose todavía de los Coros y Danzas de la Sección Femenina, de cuando el franquismo. Pero lo peor no es la programación del evento minero, donde también hay cosas muy flamencas. Faltaría más. Lo peor es que el ganador de la Lámpara Minera 2010, el sevillano de Los Palacios Miguel Ortega, sigue sin cobrar lo que le deben. Quién ha visto y quién ve ahora al Festival del Cante de las Minas de La Unión. Y encima dicen que todo lo hacen por los nuevos valores y por los cantes mineros. Y un jamón, como diría mi tía Rosario la Serena.

30
May/2012

Sesenta y ocho cárceles

A María Esperanza Sánchez

carcel

Hay una manera de reactivar el empleo en la construcción y parece que nadie ha caído todavía en la idea: construir cárceles para los políticos, banqueros, sindicalistas y empresarios corruptos que nos han llevado a esta situación. Habría que construir sesenta y ocho, cuatro por cada autonomía, para que las bandas de mafiosos estén separadas, porque, de lo contrario, estoy convencido de que juntos volverían a compincharse para acabar de arruinar del todo al país. La cabra siempre tira al monte. No sé si  los mercados internacionales volverían a confiar en nosotros, pero se haría justicia. ¿Que de dónde íbamos a sacar el dinero para hacer tantas cárceles? Muy sencillo: que los políticos, banqueros, sindicalistas y empresarios corruptos devuelvan lo que se han llevado de las cajas de ahorros, legal o ilegalmente, unos por pertenecer a los consejos de administración de las entidades financieras, sindicalistas y banqueros, y otros, los empresarios, por no devolver el dinero que se les prestó. Todos sabían que el sistema financiero español se estaba hundiendo, pero nadie quería dar la voz de alarma porque eso significaba perder el chollo. ¿O no es un chollo asegurarse una jubilación de catorce millones de euros por el simple hecho de haber sido directivo de Bancaja, como hizo Aurelio Izquierdo, exdirector de negocio de esta entidad? Para ganar ese dinero, un trabajador normal y corriente tendría que estar dando cornadas ciento veinte años a mil doscientos euros al mes, sin descansar un solo día. Son los mismos que tampoco han dicho ni pío cuando han visto cómo centenares de miles de ciudadanos han perdido sus viviendas por no poder hacer frente a sus hipotecas, y las siguen perdiendo cada día. Los mismos que aprueban los recortes sociales, que ven bien que se abaraten los despidos, que ni se inmutan ante la subida de impuestos y que quieren que trabajemos más por menos sueldo. Los mismos, en definitiva, que ahora dicen que tenemos que sacar al país de la ruina entre todos, como si mi pobre madre, que cobra una pensión risible, o mi hermano, que, siendo un maestro en su oficio, lleva tres años parado, las inocentes criaturas fueran tan responsables como estos mangantes de que en España ya no ganemos ni en Eurovisión. Qué pena de país.

http://www.youtube.com/watch?v=4Qq8oboGPeo&feature=share

30
May/2012

Rafael Ortega, Carlota Ortega y Enrique el Almendro eran bisnietos de Antonio Monge ‘El Planeta’


Rafael Ortega 1 (Nuevo Mundo 3-11-1933) 2

El gran bailaor y coreógrafo Mario Maya y quien esto escribe teníamos nuestras charlas semanales y alguna vez hablamos de escribir sus memorias, pero era reacio. El artista era del grupo de los raros, pero el genio más grande del baile flamenco, según mi modesto entender. Hablando un día de sus referencias, de Pilar López y algunos de sus discípulos, salió a colación el nombre del bailaor sevillano Rafael Ortega, al que Mario trató mucho. Como le gustaba tanto conversar sobre los artistas antiguos, recuerdo que me preguntó: “¿Tú sabías que Rafael Ortega era descendiente de El Planeta?”. Le dije que sí porque conocía su parentesco con Caracol, pero no le di la mayor importancia. Pero hace unos días, al darme de cara con un padrón de Rafael y su madre, Manuela Monge, descubrí que era verdad lo que el bailaor le dijo un día a Mario Maya. Tras llevar a cabo el mismo proceso que con Manolo Caracol para saber quién fue El Planeta, partiendo desde su partida de bautismo, ¿a que no se imaginan quién ha aparecido como bisabuelo materno del gran Rafael Ortega? Un tal Antonio Monge Rivero, de Cádiz, casado con una tal María Vara Gallardo. ¿Les suenan de algo estos nombres?

Monje Fernández Eduarda 1857-2

Registro del nacimiento en Málaga, en 1857, de Manuela Eduarda Monge Fernández, hija de Francisco e Isabel y, por tanto, nieta de Antonio Monge de Cádiz y de María Vara. Era la madre de Rafael Ortega, Carlota Ortega y El Almendro.

El Planeta, o sea, Antonio Monge Rivero, se casó en Cádiz con María Vara Gallardo, en 1808. Tuvo media docena de hijos: Antonia, Tomasa, Francisco, Dolores, Magdalena y Tomás. Todos sus vástagos fueron carniceros, salvo el pequeño, Tomás, que era impresor y artista cómico. Francisco fue el primero de los varones y el que más pegado estuvo siempre a su padre, siendo fundamental para él en el negocio familiar. Paco Monge El Planeta, que así era conocido en Málaga, se enamoró de una malagueña, Isabel Fernández Soto, con la que tuvo algunos hijos: Francisco, Antonio Féilix, María de los Remedios, Tomás y Manuela. Es con dos de estos nietos de El Planeta, Francisco y Manuela, con quienes se cruzan los Ortega y los Monge de Cádiz, pero en Málaga. Francisco Monge Fernández, El Guarriro, se casó con Rita Ortega Feria, la hija de Enrique Ortega Díaz, El Gordo Viejo. Era el matrimonio mas feliz de Málaga, pero un día Rita Ortega La Rubia, estando embarazada, se echó un duelo de baile con Rosario Monge La Mejorana y acabó reventada de tanto taconear sobre el tablao, según cuentan.

Rafael Ortega bailando con la gran Pilar López.

Rafael Ortega bailando con la gran Pilar López. ¿Había arte?

Murió a consecuencia de aquel esfuerzo sobrehumano dejando a Paco Monge El Guarrirro con tanta pena en el alma que nunca más volvió a ser el mismo. Otro hijo de Enrique Ortega, el cantaor Manuel Ortega Feria, enamoró a Manuela Monge Fernández, una nieta de El Planeta, la hermana pequeña de El Guarrirro, con la que tuvo cuatro hijos: Carlota, Rafael, Dolores y Enrique. Carlota, que nació en Málaga y no en Sevilla, era la famosa bailaora y canzonetista Carlota Ortega. Rafael, el genial Rafael Ortega, el bailaor que recorrió el mundo con La Argentinita, Pilar López y Concha Piquer. Sin duda, una de las grandes figuras del baile flamenco del siglo XX. Dolores Ortega también fue artista, aunque de menor prestigio. Tomó parte en el homenaje a La Coquinera en la capital de España, en 1925. Y en lo que respecta a Enrique, se trata del famoso Enrique Ortega Monge El Almendro, primo hermano del padre de Manolo Caracol, banderillero de su primo Joselito el Gallo y gran cantaor. Estos cuatro artistas eran hijos de una nieta de El Planeta, que no llegó a conocer, Manuela, y de un hijo de Enrique Ortega Díaz El Gordo, Manuel. Rafael Ortega no no nació en la Alameda de Hércules,  como se ha asegurado siempre. Lo hizo en la huerta que Fernando el Gallo y Gabriela Ortega, los padres de Joselito y Rafael el Gallo, alquilaron a la Casa de Alba en el pueblo sevillano de Gelves. Gabriela quiso que su hermano Manuel y su esposa, Manuela Monge Fernández, se afincaran en la huerta para vivir con ellos. Y allí nació Rafael Ortega en 1894.

En este padrón de la calle Marco Sánchez de Sevilla aparece Manuela Monge Fernández con tres de sus hijos: Carlota, Dolores y Rafael. Los tres artistas.

En este padrón de la calle Marco Sánchez de Sevilla, de 1918, aparece Manuela Monge Fernández con tres de sus hijos: Carlota, Dolores y Rafael. Los tres constan como artistas. Enrique estaría ya independizado.

Por tanto, el gran bailaor era natural de Gelves, donde seguramente ni lo saben. Al poco tiempo de morir Fernando el Gallo, en 1897, la Casa de Alba echó a Gabriela Ortega de la huerta por no poder pagar el alquiler. Metió los muebles en un carro, cogió a sus vástagos y se avecindó en la Alameda de Hércules. Naturalmente, Manuel Ortega y Manuela Monge se tuvieron que ir también de la finca, de ahí que los bisnietos de El Planeta se criaran en la Alameda, donde los cuatro se hicieron artistas. De todos ellos, el que llegó más lejos fue Rafael Ortega Monge, el gran bailaor que maravilló al mundo en las compañías de La Argentinita y su hermana Pilar López, de Pastora Imperio y Custodia Romero, de Manolo Caracol y Lola Flores.

Carlota Ortega Monge

Carlota Ortega Monge

Rafael Ortega participó en Las Calles de Cádiz, la célebre obra que Ignacio Sánchez Mejías le montó a La Argentinita en 1933. Fue, sin duda, uno de los mejores bailaores del siglo XX y por sus venas corría sangre de El Planeta, como corría por las de su hermano Enrique el Almendro, cantaor y banderillero que influyó mucho en la manera de cantar de Manolo Caracol, el hijo de su primo hermano, o sea, de Manuel Ortega Fernández Caracol viejo. Sobre todo por fandangos. Por tanto, don Antonio Monge El Planeta fue el iniciador de una importante dinastía de artistas flamencos, de genios del cante como Caracol y El Almendro, y de monstruos del baile como Carlota y Rafael Ortega. Y estoy totalmente seguro de que aún nos vamos a llevar nuevas sorpresas con el Sr. Monge de Cádiz. Rafael Ortega Monge nació en Gelves en 1894 y murió en Sevilla el 5 de febrero de 1973. O sea, con cerca de 80 años y media historia del baile en sus pies y en sus brazos. Murió olvidado, algo muy normal en Sevilla, donde a veces elevamos a las nubes de la idolatría a cualquier mindundi y olvidamos a los genios. Rafael lo era, según quienes lo vieron bailar. Llevaba el arte en la sangre, el de los Ortega y los Monge de Cádiz.

Enrique el Almendro

Enrique el Almendro. Fotografía tomada del blog 'Arte Gitano'.

Enrique Ortega Monge, conocido por El Almendro, el otro bisnieto de El Planeta, era más un cantaor de fiestas que de teatros, pero gozó de gran prestigio entre los propios artistas y estuvo bastante considerado entre los aficionados. Banderillero de su primo Joselito el Gallo hasta la muerte de éste, en 1920, luego  siguió  en las cuadrillas de El Algabeño y Cagancho. Retirado de los toros, por su obesidad, se dedicó al trato de ganado y a la representación de vinos jerezanos. Murió en Sevilla en 1959. Su sobrino Manolo Caracol copió de él su fandango, un estilo de mucha flamenquería que Manuel Ortega Juárez llevó a la cumbre, haciéndolo suyo. Pero siempre será el cante de El Almendro, un tío simpático, noble y bonachón, que cuando una vez le preguntaron que cómo cantaba, dijo: “Menos que un canario en la muda”. Sin embargo, quienes le escucharon dicen que era muy puro, que tenía un metal muy gitano y que transmitía duende. No era para menos: era bisnieto de El Planeta, nieto de Enrique Ortega Díaz El Gordo, primo hermano de Joselito y Rafael el Gallo, sobrino de Gabriela Ortega, Enrique Ortega y Paquiro, y así hasta aburrirnos.

Fallecimiento en Málaga, en 1861, del primogénito de El Planeta, Francisco Monge Vara, abuelo del bailaor Rafael Ortega

Fallecimiento en Málaga, en 1861, del primero de los varones de El Planeta, Francisco Monge Vara, abuelo materno del gran bailaor sevillano Rafael Ortega, y de El Almendro.

Rafael Ortega Monge trabajó en la película La Niña de la Venta, de 1951. Es el señor que aparece al principio, al lado del guitarrista Paco Aguilera, antes de que cante su sobrino Manolo Caracol por soleá. Espero que les guste su flamenquería. Y también, cómo no, espero que este reportaje sirva para poner algunas cosas en su sitio.

http://www.youtube.com/watch?v=z-M5tui-GBo&feature=related

28
May/2012

El Planeta no para de darnos sorpresas

A José Luís Tirado

planeta

Tío Antonio el Planeta

El Planeta no para de darnos sorpresas. A algunos les va a dar un soponcio. Antonio Dionisio Alonso, que así reza en su partida de bautismo (Cádiz, 1790-Málaga, 1856), constando siempre en todos sus documentos como Antonio Monge Rivero -hijo de Gregrio y de Francisca-, es el iniciador de una importante saga de artistas flamencos y no se sabía nada. Hasta ahora, y según hemos podido demostrar con documentos fiables, contrastados, solo se conocía que era el tatarabuelo del gran Manolo Caracol. Pero estos días he descubierto que era el bisabuelo de una de las figuras flamencas más importantes del siglo XX. La noticia puede ser una auténtica bomba y está ya más que contrastada. Recomiendo a los gaditanos que tengan a mano una buena remesa de tila porque vamos a aportar en La Gazapera algo importante para la historia de nuestro arte en la Tacita y en el flamenco en general. El Planeta no era solo el bisabuelo de este genio del arte jondo, que ya se nos fue y cuyo nombre omitimos por el momento. Lo era a su vez de tres artistas más, entre ellos, de un cantaor genial que ya es historia también. Para averiguar esto he tenido que seguir en el tiempo a todos los hijos e hijas de Antonio Monge El Planeta, así como a sus nietos/as, biznietos/as y tataranietos/as. Pero ha merecido la pena el esfuerzo porque resulta que don Antonio Monge y su esposa, María Vara, la liaron cuando decidieron unir sus vidas en la Catedral vieja de Cádiz. No pierdan de vista La Gazapera, que se van a divertir.

26
May/2012

Habichuela en rama para Morente

Enrique-Morente-fallece-67-anos

Había la noche del jueves en los aledaños del Teatro Central de Sevilla una especie de niebla fría que nos helaba el corazón. La muerte del genio granadino está aún tan reciente que solo escuhar su nombre nos lastima. El maestro adoraba a Sevilla y sintió siempre una especial atracción por el hermano menor de la Niña de los Peines, el cantaor Tomás Pavón. El teatro de La Cartuja está justamente enfrente de donde Tomasito se pasaba horas y horas dándoles disgustos a los barbos y cantiñeando por lo bajini las soleares de La Sarneta y los tientos de Frijones. El ligero escalofrío alcanzó categoría de repeluco cuando vimos sobre la tarima al histórico guitarrista Pepe Habichuela, con quien el maestro hizo dos discos fundamentales en 1977 como son Despegando y Homenaje a Don Antonio Chacón. No podría entenderse la carrera de don Enrique Morente sin este paisano suyo tan flamenco, con un toque personal que embriaga. Muy poca gente en este homenaje al maestro contemporáneo del cante famenco, quizá porque no ha sido bien publicitado. Ha venido motivado por la edición de un libro sobre el artista editado por la revista Boronia y echamos en falta a los morentistas de toda la vida y a los de nuevo cuño, los que han esperado a ver al albaycinero en los telediarios, por lo de su muerte, para hacerse forofos. Pepe Habichuela parece que duerme metido en una barrica de manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. Está igual de joven que siempre, enjuto de carnes y con una planta tan flamenca que parece haber nacido en la Cava Nueva de Triana. Algo tiene que ver con esa calle tan gitana del arrabal sevillano, conocida hoy por Pagés del Corro, con aquel Bengala de rancia estirpe cantaora. El maestro eligió la melódica granaína para templar las cuerdas de su guitarra. Profunda como una seguiriya, con frases musicales que nos transportaron a su tierra y la del homenajeado, se ajustó tanto a la cadencia andaluza que se podía cantar. Era una preciosa pieza de concierto pero no había que esforzarse mucho para imaginarse sentado a su lado a Frasquito Yerbabuena o al inolvidable Juanito Mojama. Pepe Habichuela es un guitarrista de corte clásico en casi todo, pero tan personal que en cada concierto le descubres algo inédito, armonías frescas muy perfumadas y acordes renovados. Tras el preámbulo granadino, dejó la cejilla en el mismo traste para meternos ya en jondura con la solemne soleá, pieza que en Pepe Habichuela alcanza un valor incalculable: compás, templanza, control de los tiempos, sabor, enjundia, clasicismo y frescura. Tomás hubiera disfrutado con esta guitarra, como lo hizo con las del Niño Ricardo y con Melchor de Marchena. Nos regaló después una taranta sublime, sin mucho brillo, que en estos toques es lo suyo, pero con un trémolo de remate que sacó desde la prima, desde abajo, para llegar al bordón y culminar una pieza colosal. La voz que nos trajo Pepe Habichuela, la de la joven cantaora Tamara Escudero, puso la nota sentimental de la noche. La chiquilla, que apunta maneras, adora al Niño de Marchena y pinta en el aire con los pinceles de Morente y su paleta de colores. No saca mucho la voz y recurre al falsete, con sostenidos increíbles en los bajos y la fuerza justa. Se atrevió a comenzar con la caña, una pieza llena de arabescos moriscos, para bordar luego la vidalita marchenera, acordarse de Tomás en las soleares y acabar con una ristra de fandangos muy viejos que renacieron en esta joven garganta morentiana. No la conocíamos, pero ya sabemos que hay una preciosa voz, de escaso volúmen, que sueña con Marchena y con Morente. Todo un hallazgo esta voz de caramelo de limón. La segunda parte fue otra historia. Fue como si en la primera nos hubieran subido en volandas a las nubes, para en la segunda bajarnos de mala manera. Antonio Arias y Enric Jiménez  interpretaron algunos temas del reciente disco de Los Evangelistas: Homenaje a Enrique Morente. Los aguanté hasta que Arias dijo que iba a cantar “una canción de Enrique”  y cantó dos fandangos del Niño de Marchena pasados por el tamiz del maestro. Demasiado para un solo corazón. Cuando salí del teatro, Tomás seguía dándoles disgustos a los barbos en La Barqueta, soñando despierto con el eco de La Sarneta y la extraña jondura de Frijones de Jerez. Tenías que haberlo visto, Enrique. Tomasito con su gorrilla blanca reflejándose en el río del cante grande.

el correo l sevilla
Había esta noche en el Teatro Central una especie de niebla fría que nos helaba el corazón. La muerte del genio granadino está aún tan reciente que solo escuhar su nombre nos lastima. El maestro adoraba a Sevilla y sintió siempre una especial atracción por el hermano menor de la Niña de los Peines, el cantaor Tomás Pavón. El teatro de La Cartuja está justamente enfrente de donde Tomasito se pasaba horas y horas dándole disgustos a los barbos y cantiñeando por lo bajini las soleares de La Sarneta y los tientos de Frijones.
El ligero escalofrío alcanzó la categoría de repeluco cuando vimos sobre la tarima al histórico guitarrista Pepe Habichuela, con quien el maestro hizo dos discos fundamentales en 1977 como son Despegando y Homenaje a Don Antonio Chacón. No podría entenderse la carrera de don Enrique Morente sin este paisano suyo tan flamenco, con un toque personal que embriaga los sentidos.
Muy poca gente en este homenaje al maestro contemporáneo del cante famenco, quizá porque no ha sido bien publicitado. Ha venido motivado por la edición de un libro sobre el artista editado por la revista Boronia y echamos en falta a los morentistas de toda la vida y a los de nuevo cuño, los que han esperado a ver al albaycinero en los telediarios, por lo de su muerte, para hacerse forofos.
la guitarra. Pepe Habichuela parece que duerme metido en una barrica de manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. Está igual de joven que siempre, enjuto de carnes y con una planta tan flamenca que parece haber nacido en la Cava Nueva de Triana. Algo tiene que ver con esa calle tan gitana del arrabal sevillano, conocida hoy por Pagés del Corro, con aquel Bengala de rancia estirpe cantaora.
El maestro eligió la melódica granaína para templar las cuerdas de su guitarra. Profunda como una seguiriya, con frases musicales que nos transportaron a su tierra y la del homenajeado, se ajustó tanto a la cadencia andaluza que se podía cantar. Era una preciosa pieza de concierto pero no había que esforzarse mucho para imaginarse sentado a su lado a Frasquito Yerbabuena o al inolvidable Juanito Mojama. Pepe Habichuela es un guitarrista de corte clásico en casi todo, pero tan personal que en cada concierto le descubres algo inédito, armonías frescas muy perfumadas y acordes renovados.
Tras el preámbulo granadino, dejó la cejilla en el mismo traste para meternos ya en jondura con la solemne soleá, pieza que en Pepe Habichuela alcanza un valor incalculable: compás, templanza, control de los tiempos, sabor, enjundia, clasicismo y frescura. Tomás hubiera disfrutado con esta guitarra, como lo hizo con las del Niño Ricardo y con Melchor de Marchena.
Nos regaló después una taranta sublime, sin mucho brillo, que en estos toques es lo suyo, pero con un trémolo de remate que sacó desde la prima, desde abajo, para llegar al bordón y culminar una pieza colosal.
el cante. La voz que nos trajo Pepe Habichuela, la de la joven cantaora Tamara Escudero, puso la nota sentimental de la noche. La chiquilla, que apunta maneras, adora al Niño de Marchena y pinta en el aire con los pinceles de Morente y su paleta de colores. No saca mucho la voz y recurre al falsete, con sostenidos increíbles en los bajos y la fuerza justa. Se atrevió a comenzar con la caña, una pieza llena de arabescos moriscos, para bordar luego la vidalita marchenera, acordarse de Tomás en las soleares y acabar con una ristra de fandangos muy viejos que renacieron en esta joven garganta morentiana. No la conocíamos, pero ya sabemos que hay una preciosa voz, de escaso volúmen, que sueña con Marchena y con Morente. Todo un hallazgo esta voz de caramelo de limón.

el ruido. La segunda parte fue otra historia. Fue como si en la primera nos hubieran subido en volandas a las nubes, para en la segunda bajarnos de mala manera. Antonio Arias y Enric Jiménez  interpretaron algunso temas del reciente disco de Los Evangelistas: Homenaje a Enrique Morente. Los aguanté hasta que Arias dijo que iba a cantar “una canción de Enrique”  y cantó dos fandangos del Niño de Marchena pasados por el tamiz del maestro. Demasiado para un solo corazón. Cuando salí del teatro, Tomás seguía dándole disgustos a los barbos en La Barqueta, soñando despierto con el eco de La Sarneta y la extraña jondura de Frijones de Jerez. Tenías que haberlo visto, Enrique. Tomasito con su gorrilla blanca reflejándose en el río del cante grande.

Había esta noche en el Teatro Central una especie de niebla fría que nos helaba el corazón. La muerte del genio granadino está aún tan reciente que solo escuhar su nombre nos lastima. El maestro adoraba a Sevilla y sintió siempre una especial atracción por el hermano menor de la Niña de los Peines, el cantaor Tomás Pavón. El teatro de La Cartuja está justamente enfrente de donde Tomasito se pasaba horas y horas dándole disgustos a los barbos y cantiñeando por lo bajini las soleares de La Sarneta y los tientos de Frijones. El ligero escalofrío alcanzó la categoría de repeluco cuando vimos sobre la tarima al histórico guitarrista Pepe Habichuela, con quien el maestro hizo dos discos fundamentales en 1977 como son Despegando y Homenaje a Don Antonio Chacón. No podría entenderse la carrera de don Enrique Morente sin este paisano suyo tan flamenco, con un toque personal que embriaga los sentidos. Muy poca gente en este homenaje al maestro contemporáneo del cante flamenco, quizá porque no ha sido bien publicitado. Ha venido motivado por la edición de un libro sobre el artista editado por la revista Boronia y echamos en falta a los morentistas de toda la vida y a los de nuevo cuño, los que han esperado a ver al albaycinero en los telediarios, por lo de su muerte, para hacerse forofos. Pepe Habichuela parece que duerme metido en una barrica de manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. Está igual de joven que siempre, enjuto de carnes y con una planta tan flamenca que parece haber nacido en la Cava Nueva de Triana. Algo tiene que ver con esa calle tan gitana del arrabal sevillano, conocida hoy por Pagés del Corro, con aquel Bengala de rancia estirpe cantaora. El maestro eligió la melódica granaína para templar las cuerdas de su guitarra. Profunda como una seguiriya, con frases musicales que nos transportaron a su tierra y la del homenajeado, se ajustó tanto a la cadencia andaluza que se podía cantar. Era una preciosa pieza de concierto pero no había que esforzarse mucho para imaginarse sentado a su lado a Frasquito Yerbabuena o al inolvidable Juanito Mojama. Pepe Habichuela es un guitarrista de corte clásico en casi todo, pero tan personal que en cada concierto le descubres algo inédito, armonías frescas muy perfumadas y acordes renovados.  Tras el preámbulo granadino, dejó la cejilla en el mismo traste para meternos ya en jondura con la solemne soleá, pieza que en Pepe Habichuela alcanza un valor incalculable: compás, templanza, control de los tiempos, sabor, enjundia, clasicismo y frescura. Tomás hubiera disfrutado con esta guitarra, como lo hizo con las del Niño Ricardo y con Melchor de Marchena. Nos regaló después una taranta sublime, sin mucho brillo, que en estos toques es lo suyo, pero con un trémolo de remate que sacó desde la prima, desde abajo, para llegar al bordón y culminar una pieza colosal. La voz que nos trajo Pepe Habichuela, la de la joven cantaora Tamara Escudero, puso la nota sentimental de la noche. La chiquilla, que apunta maneras, adora al Niño de Marchena y pinta en el aire con los pinceles de Morente y su paleta de colores. No saca mucho la voz y recurre al falsete, con sostenidos increíbles en los bajos y la fuerza justa. Se atrevió a comenzar con la caña, una pieza llena de arabescos moriscos, para bordar luego la vidalita marchenera, acordarse de Tomás en las soleares y acabar con una ristra de fandangos muy viejos que renacieron en esta joven garganta morentiana. No la conocíamos, pero ya sabemos que hay una preciosa voz, de escaso volúmen, que sueña con Marchena y con Morente. Todo un hallazgo esta voz de caramelo de limón. La segunda parte fue otra historia. Fue como si en la primera nos hubieran subido en volandas a las nubes, para en la segunda bajarnos de mala manera. Antonio Arias y Enric Jiménez  interpretaron algunso temas del reciente disco de Los Evangelistas: Homenaje a Enrique Morente. Los aguanté hasta que Arias dijo que iba a cantar “una canción de Enrique”  y cantó dos fandangos del Niño de Marchena pasados por el tamiz del maestro. Demasiado para un solo corazón. Cuando salí del teatro, Tomás seguía dándole disgustos a los barbos en La Barqueta, soñando despierto con el eco de La Sarneta y la extraña jondura de Frijones de Jerez. Tenías que haberlo visto, Enrique. Tomasito con su gorrilla blanca reflejándose en el río del cante grande.

25
May/2012

Con Manuel Gerena en Triana

A Manuel Gerena

De izquierda a derecha, Estela Zatania, Manuel Gerena, Antonio Badía, José Luis Jiménez, Piñero, Gualberto, Manuel del Áncla, Ricardo Miño y Pepa Montes.

De izquierda a derecha, Estela, Manuel Gerena, Antonio Badía, José Luis Jiménez, Piñero, Gualberto, Manuel del Áncla, Ricardo Miño y Pepa Montes.

El pasado jueves nos reunimos un grupo de amigos para entregarle una placa en El Áncla, de Triana, al cantautor flamenco Manuel Gerena, que, aunque muchos piensen lo contrario, sigue cantándole a la libertad. Le niegan la Medalla de Plata de Andalucía, esa que le han dado a la Duquesa de Alba, Alejandro Sanz y Bisbal. Pero sus amigos estamos con él. Sus amigos y quienes no olvidamos lo que el de la Puebla de Cazalla luchó por la libertad. Estuvieron Estela Zatania, Manuel Molina, Pepa Montes, Ricardo Miño, el pintor Antonio Badía, Luisa Triana, Antonio el Carpintero, Fernando González-Caballos, Gualberto, Ángel Vela, José Luis Jiménez, Fernández Cachero, y algunos más. Pagamos las copas y las tapas entre todos, que es como deben ser los homenajes. Ya está bien de sacarlo todo de la caja pública. Nos reímos mucho y disfrutamos viendo la cara de felicidad de Manuel Gerena, con su sonrisa de niño grande. El Áncla es una taberna de la Cava de los Civiles de Triana, que es propiedad de Manuel el de Aznalcóllar y está decorada con decenas de fotografías de artistas y personajes trianeros. Luis Caballero iba mucho por esta taberna. ¡Cuántos buenos ratos! Ahora apenas voy porque vivo en Mairena del Alcor y la guardia de carretera es muy poco flamenca. Y, claro, para ir a Triana y tener que beber batidos de fresa, se está mejor en Mairena. Antes vivía en Triana y estaba constantemente de juerga. Salía a comprar tabaco a las diez de la mañana y volvía a casa a las tres de la madrugada, casi siempre hablándole a Dios de tú. Me encantó volver a Triana, al bar El Áncla, estar con Gerena en libertad y saludar a los amigos del alma. Gracias, Manuel Fernández Gerena, por seguir siendo el de siempre, a pesar de todo. La mejor medalla de Andalucía que pueden darte es tener los amigos que tienes. Lo demás son tonterías.

25
May/2012

Muerte del padre de la Niña de los Peines, el famoso ‘Paíti’

A Pepe Escacena

Arturo, el hermano mayor de Pastora.

Arturo, el hermano mayor de Pastora.

El problema de copiar de los libros es que copias no solo los datos contrastados, veraces, sino también los posibles errores. Y así nos luce el pelo en cuestiones de flamencología. Cuando en 1999 la editorial sevillana Signatura Ediciones me hizo el encargo de escribir la primera biografía de la Niña de los Peines (La Niña de los Peines en la Casa de los Pavón, 2000), la única condición de la citada editorial es que debía entregarles el libro en seis meses. Disponía de abundante documentación para empezar la magna obra, pero tuve que buscar el resto de la que necesitaba y, finalmente, escribir el libro. Todo en seis meses. La obra recibió el Premio Flamenco hoy como Mejor Libro Flamenco del año y tuvo una magnífica acogida entre los aficionados, pero era incompleta. Tuve que documentarme en las cuestiones familiares a través de la hija de Pastora, Tolita, que en paz descanse, y de Eloísa Albéniz, la mujer del hermano mayor de La Niña, Arturo Pavón, que también murió hace años. Eran ya dos personas muy mayores y, aunque me ayudaron mucho, lo cierto es que me confundieron bastante. Suele pasar. Publicado ya el libro seguí investigando sobre los Pavón para cuando pasaran a mí los derechos, en el 2010, sacar una nueva edición ampliada y corregida en mi propio sello editorial, Pozo Nuevo Editor. Cuando tenía prácticamente acabada esa nueva edición apareció otro libro sobre la genial artista, de una autora que seguramente conocen. La autora de este libro no solo copió datos erróneos, sin contrastarlos, sino que reprodujo decenas de fotografías, casi todas las que aparecieron en mi libro, que yo mismo cedí al Centro Andaluz de Flamenco en formato de diapositivas. Naturalmente, después de salir este libro de cerca de seiscientas páginas desistí de la idea de reeditar el mío para aportar todo lo que faltaba en aquella primera edición del 2000.

Pasdtora con su hermano Tomás y su marido, El Pinto.

Pastora con su hermano Tomás y Pepe Pinto.

Podría hacerlo ahora y tirar por tierra esa obra plagada de errores, con pies de fotos equivocados y falsedades lamentables, pero no es mi estilo. Lo que sí voy a hacer es aclarar algunas cosas de la vida de la artista y aportar datos necesarios sobre su familia, que me parecen importantes. Por ejemplo, la verdadera fecha de la muerte del padre de la Niña de los Peines, Francisco Pavón Cruz, El Paíti. Hasta ahora siempre se había asegurado que murió cuando Pastora era solo una niña, de ahí que su madre la pusiera a cantar tan pronto, con diez o doce años de edad. Fue lo que me contó su hija Tolita. Sin embargo, es hora de desmentir esa información y de decir que el padre de la Niña de los Peines murió cuando la cantaora tenía ya 25 años y era la primera figura del cante en España, con una buena producción de discos y mucho dinero en el banco. El Paíti murió el día 10 de enero de 1915, de neumonía crónica, en su domicilio de la calle Alameda de Hércules, en el número 41. Tenía 61 años y llevaba mucho tiempo sin poder mantener su casa debido a un accidente que sufrió cuando trabajaba en la construcción de un puente en la monumental ciudad extremeña de Mérida.

Enterramiento de Francisco Pavón Cruz 'El Paíti'. 11 de enero de 1915.

Enterramiento de Francisco Pavón Cruz 'El Paíti'. 11 de enero de 1915.

El Paíti, pues, estuvo al lado de su hija desde sus comienzos, en las grabaciones de sus discos y en sus actuaciones, cuando debutó en el Café del Brillante de Madrid y cuando, años más tarde, protagonizaba aquellos históricos mano a mano con Chacón en los teatros de Sevilla. Fue testigo directo de la meteórica carrera de su célebre hija y sufrió junto a ella sus primeros desengaños amorosos, sus frustraciones y miserias. Pero también disfrutó de sus éxitos y pudo vivir sus últimos años con la tranquilidad económica que le aseguraba el estatus de una de las primeras estrellas de la música andaluza: su Pastorita, como él la llamaba. Cuando murió don Francisco Pavón Cruz, El Paíti, que había nacido en El Viso del Alcor (Sevilla) en 1853, su hija le organizó un entierro de primera categoría, en primera clase, algo prohibitivo para los pobres en aquellos años, y mucho más para los gitanos. Siete años más tarde, Pastora perdió a su madre, Pastora Cruz Vargas, Pastora la de Calilo, la amada esposa de El Paíti. Y su prima hermana, por cierto. La Niña de los Peines también la enterró en primera clase, como merecía quien dio la vida por ella y sus hermanos. Los padres de la artista descansan hoy juntos en el panteón familiar del Cementerio de San Fernando de Sevilla, que está al lado de Juan Belmonte y enfrente de Gitanillo de Triana, cerca de donde también descansan El Espartero y el gran Joselito el Gallo. En ese panteón están también los restos de Tomás y su esposa, la gitana Reyes Bermúdez Camacho, además de Pastora y El Pinto. Y los de Arturo, en la misma tumba donde descansan los de su hija Pastora, que murió a la edad de 19 años.

23
May/2012

La XVII Bienal de Flamenco: una romería de propuestas sin ton ni son

Lo siento pero, aunque me he casado dos veces, una por la Iglesia y otra por el Juzgado -en la variedad está el gusto-, en la Bienal no me caso ni con Dios aunque se ponga una bata de cola de Salado, con perdón. Juro por la velocidad de mi ADSL que esperaba algo nuevo, una vuelta de tuerca, ideas novedosas, algo más de imaginación que en las últimas ediciones ¿Un cambio de orientación, quizás? Es lo que necesita el festival sevillano si no queremos que muera atascado en la rutina. Como se ha retrasado tanto la presentación del programa y confieso que soy más inocente que un búcaro de Lebrija, esperaba otra cosa de Rosalía Gómez, la nueva directora de la Bienal. Tampoco es que haya tenido mucho tiempo para aportar ideas, para crear, pero este programa se hace en tres tardes y dos mañanas, sin querer menospreciar el trabajo de nadie. Es una programación diseñada por las agencias. Si le quitamos a la programación aquellos espectáculos que ya están vistos y rodados, los que mandan las agencias artísticas, donde solo saben de porcentajes, y los compromisos con los mimados de turno, ¿qué hay de nuevo? ¿Dónde hay que estudiar flamencología para darle el Lope de Vega al cantaor Segundo Falcón y dos estrenos a los bailaores Rafael Estévez y Nani Paños, uno en el Maestranza? Hay que reconocer que es una programación nivelada, que no carga demasiado para ninguna de las facetas, aunque prima el baile, algo muy normal en todas las bienales. Y que apuesta por los jóvenes, en algunos casos por artistas nuevos poco o nada conocidos, con lo que es posible que la liebre salte por alguna parte. Hay ausencias más que notables, que son inevitables porque en la Bienal no caben todos. José Mercé, Mayte Martín, Miguel Poveda, Rocío Molina, Isabel Bayón, Milagros Mengíbar y otros muchos artistas, son siempre un buen reclamo y una garantía de calidad flamenca. Por otra parte, estarán otros tantos que no pasaría nada si no estuvieran programados, sin entrar en detalles. La Bienal no debe de ser un festival para solucionarle la crisis a nadie, o sea, el puchero, sino una muestra que cada dos años nos traiga lo mejor del flamenco, que apueste por los que son capaces de crear buenos espectáculos y también por aquellos que, sin talento para crear algo nuevo, sepan dar una buena noche de cante, de baile y de toque flamencos. Más del cincuenta por ciento de los espectáculos programados son de muy bajo presupuesto, el clásico recital de relleno que, con excepciones, solo sirve para alargar la Bienal. ¿Por qué tiene que durar un mes el festival sevillano, con hasta cuatro espectáculos por día en algunos casos? Además, sin un solo día de descanso para el personal de producción, los medios de comunicación y los aficionados. Es algo que nunca entenderé de la Bienal de Flamenco: esa manía de hacer un festival interminable, quizás buscando una masiva venta de entradas, que, al menos este año, son excesivamente caras para los tiempos que corren. Hay cosas del programa que llaman la atención. Por ejemplo, el homenaje a Camarón de la Isla por los veinte años de su muerte. Sin embargo, se olvidan del centenario del nacimiento de Sabicas, uno de los guitarristas más grandes de todos los tiempos, sin quien no podría entenderse la revolución de Paco de Lucía y otros maestros actuales. Sabicas tocó en la Bienal de 1986, en los Reales Alcázares, y antes de abandonar nuestra ciudad besó el albero de la Alameda de Hércules. Era un sevillano de Pamplona, pero muy sevillano. La Bienal debería de haber programado todo un ciclo en honor de Sabicas, en vez de meter conciertos sueltos sin ton ni son. No recuerdo una Bienal tan pobre como ésta en la faceta de la guitarraa. Hay cosas que están bien hechas, sinceramente. Es un acierto abrir el festival con la bailaora más grande de Sevilla, Manuela Carrasco. Además, en un marco como los Alcázares. Seguro que sus brazos se verán desde Triana. Tampoco está mal el ciclo de Santa Clara, donde muchos jóvenes van a tener la oportunidad de formar parte del mejor festival flamenco del mundo. Al menos, del más largo. Pocas cosas más hay que destacar. Escasas novedades, demasiados espectáculos -habrá “estrenos absolutos” para los que tendremos que ir muy preparados, sin duda-, grandes incoherencias, alguna que otra discriminación geográfica -¿por qué una noche dedicada a Málaga y no a otras provincias?-, entradas caras y olvidos lamentables como el del centenario de Sabicas. A pesar de todo, larga vida al festival sevillano.

http://www.labienal.com/

23
May/2012

Ya tenemos Bienal de Flamenco

Aurora Vargas será una de las voces que estén en la XVII Bienal.

Aurora Vargas será una de las voces que estarán en la XVII Bienal.

Ya se sabe el programa de la XVII Bienal de Flamenco, que ha sido presentado esta misma mañana en el Ayuntamiento de Sevilla. Serán setenta propuestas diferentes, entre el 3 y el 30 de septiembre, con nuevos espacios escénicos y más o menos los mismos nombres de cada edición, aunque hay también nombres nuevos que en algunos casos ni conocemos, lo que puede tener su lado bueno por lo novedoso. De nuevo una Bienal excesivamente larga, de cerca de un mes, sobrecargada de espectáculos y con horarios poco adecuados en algunos casos. En la programación hay espectáculos interesantes que estarán protagonizados por artistas de la talla de María Pagés, Carmen Linares, Israel Galván, Sara Baras, Andrés Marín, la gran Manuela Carrasco -será la encargada de abrir el festival en los Reales Alcázares-, Pansequito, Arcángel, el Ballet Andaluz, La Farruca, Rafael Riqueni, Olga Pericet, José el de la Tomasa, Marina Heredia, Rocío Márquez, La Negra y Angelita Montoya, Duquende y La Susi, Marcos Flores, Rafael Estévez y Nani Paños, La Sayazo, Carrete, Cancanilla y La Cañeta de Málaga, La Macanita, El Torta, José Méndez y Luis el Zambo, Mercedes Ruiz, La Tremendita, Joaquín Grilo, Marcos Vargas, Pedro Sierra y La Tobala, Manolo Franco, Marcos Vargas, Fernando Romero, Pepa Montes y Ricardo Miño, Aurora Vargas, Juan de Juan, Javier Barón y Esperanza Fernández, Gerardo Núñez, La Moneta, Rafaela Carrasco, Juanito Villar y muchos más. Tiempo habrá de desmenuzar la programación y de opinar sobre el magno festival sevillano. Lo haremos hoy mismo, en cuanto podamos digerir una programación tan sobrecargada. Pueden ver todo el cartel pinchando en el enlace de abajo. Y me encantaría que, una vez estudiado el programa, opinaran sobre él con absoluta libertad. Hay mucha tela que cortar, según mi personal criterio sobre lo que es y debería ser la Bienal de Flamenco.