La Gazapera | El blog de Manuel Bohórquez

Mar/12

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Sevilla y el sentido del tiempo

A Juan Diego Martín Cabeza

reloj

Sevilla fue la primera ciudad de España que tuvo un reloj público. ¿No les parece extraño, en una tierra en la que nadie tiene nunca prisas? También hicimos un estadio olímpico, cuando aquí el deporte preferido es la siesta. No es que seamos unos vagos: es que sabemos dormirla con los dos ojos cerrados. En otras ciudades, en cambio, la duermen con un ojo abierto por si baja la prima de riesgo y les coge mojando la almohada. El poeta sevillano Rafael Montesinos lo explicó muy bien en una copla de solo tres versos, que es como aquí sabemos explicar las cosas, a compás de soleares: Déjame dormir la siesta, contigo, niña. Contigo, aunque no la duerma. Ni la muerte nos desasosiega: Cada vez que considero, que me tengo que morir, tiendo una manta en el suelo y me harto de dormir. Hace unos días iba andando por la calle Amor de Dios de Sevilla y delante de mí caminaba con parsimoniosa lentitud hispalense una señora que parecía sacada de un óleo de Botero. Me resultaba imposible adelantarla sin jugarme la vida, abandonado la acera. “Señora, que es para hoy”, le decía cada diez segundos a la buena mujer. Ni caso. La musa de Botero seguía caminando como si estuviera subiendo a la Alcazaba de Almería. Para colmo de mis desdichas, cada diez pasos se paraba a charlar con las vecinas. “¡Qué caló va a hacer mañana!, ¿verdad, niña?”, les decía. Esto es algo que también me encanta de Sevilla: lo que sabemos de meteorología. Sobre todo del calor. Ya mismo no hay otro tema de conversación que “la caló”. Coges un taxi y lo primero que te dice el taxista es el calor que está haciendo. Le recuerdas que es agosto y que son las tres de la tarde, pero le da igual. Desde el Duque hasta la Gran Plaza puede subir la temperatura por lo menos diez grados, en tan corto recorrido. Cuando vivía en la Gran Plaza y cogía un taxi desde el centro, en ocasiones le pedía al conductor que parara antes en la heladería de Nervión Plaza, porque me ardía la ropa de tanto escuchar al taxista hablar del calor. Imagínense un esquimal diciéndole a otro: “¡Qué rasca ha hecho esta noche, joé!”, y el vecino contestándole: “Pues mañana no va a estar el día para pelar rábanos”. Cuando el capricho onírico de Botero llegó a la Alameda de Hércules la persona con la que me había citado ya se había ido a su casa. No era de Sevilla, claro está, porque entonces hubiera tenido que esperarla yo a ella. Por eso me extraña que fuéramos la primera ciudad de España que tuvo un reloj público. ¿Para qué cojones queremos un reloj público en cada edificio de la ciudad si aquí no hay sentido ninguno del tiempo?

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9 comments

  • Juan Diego · 1 Marzo 2012 a las 19:14

    En algunos sitios esos relojes están parados, y lo bueno es que estando así dan la hora exacta dos veces en las veinticuatro horas que tiene el día.

    Como escribió un poeta que tú y yo admiramos mucho:

    Me gustaría a mí tené
    pa que el tiempo no pasara
    colgaito en la paré
    un relojillo de cuerda
    con la manilla en las tres.

    Gracias por la dedicatoria amigo.

  • Author comment by lagazapera · 2 Marzo 2012 a las 8:54

    A Juan Diego: Gracias a ti por seguir este modesto blog. Preciosa copla.
    Un abrazo.

  • Pedro · 3 Marzo 2012 a las 12:43

    Hablando del paso tiempo y cómo se interpreta en Andalucía, no me resisto a recordar un anuncio en Canal Sur (hace ya algún año) en el que anunciaban creo que un frigorífico y más o menos decían: Mire usted si seremos rápidos cuando nos lo encargue, que lo pide usted para mañana y se lo traemos ayer.
    Un saludo.

  • juan valderrama · 4 Marzo 2012 a las 9:22

    Daba en el reló la una
    a las doce menos cuatro
    cuando oí tres capanadas
    después que dieran las cuatro.

    Letrilla de cantaor y humorista Carlos Franco.

  • Carmen Arjona · 4 Marzo 2012 a las 13:43

    Y qué me dices de los vecinos de San Pol de Mar (preciosa localidad marinera, por cierto) que les regalaron un reloj de sol hace un ciento de años lo menos y le hicieron un techaíto para que no se estropeara. ¡Tienen arte o no! ¿Leyenda o realidad? Eso sí, si vais a San Pol evitad preguntarle a los lugareños ¿qué hora es? porque a ellos el tiempo como que no les hace mucha gracia.
    Un saludo, gazaperos.

  • Author comment by lagazapera · 4 Marzo 2012 a las 19:14

    A Carmen Arjona: ¡Qué arte lo del techito al reloj de sol! En Arahal había un personaje de mucha gracia. Se compró un reloj por Navidad y como estaba tan tonto con él todo el mundo le preguntaba la hora, y él contestaba: “Como que yo me he comprao el reloj para decirle la hora a cualquiera…”. Lo cierto es que no entendía el dichoso reloj y por eso, cansado ya de tanto cachondeo, cuando le preguntaban decía: “Mírala tú mismo, para que veas que no te engaño”. No me digas que no arte en mi pueblo.
    Un abrazo, amiga Carmen.

  • Author comment by lagazapera · 4 Marzo 2012 a las 19:19

    A Juan Valderrama: Carlos Franco tenía todo el arte del mundo. Tu padre, que en gloria esté, sabía mil anécdotas de este simpático personaje.
    Un abrazo, maestro.

  • Antonio Alcántara · 15 Marzo 2012 a las 23:35

    Muy bueno el artículo, Manolo, y además la dedicatoria va dirigida a una grandísima persona como Juan Diego. Un abrazo a los dos y viva La Puebla y Arahal.

  • Author comment by lagazapera · 16 Marzo 2012 a las 0:00

    A Antonio Alcántara: Gracias, amigo Antonio. En efecto, Juan Diego es no solo una magnífica persona, sino un gran hombre del flamenco.
    Un abrazo.

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