Monthly Archives: Febrero 2012

28
Feb/2012

El Rata, la Justicia y la injuisticia

A El Rata, donde quiera que esté

Estos días se está hablando mucho de si hay una Justicia para los pobres y otra para los ricos. De algo hay que hablar y en algo tiene que entretenerse el pueblo para que no pensemos en lo que está ocurriendo en nuestro país, porque si el pueblo se parara solo media hora a analizar lo que está pasando, dejando a un lado el fútbol y a la Virgen del Rocío, aquí se iba a ver un numerito. Hace muchos años estuve en la cárcel de Sevilla participando en un festival de flamenco y se me acercó un muchacho de unos veinte años, sin dientes, delgado tirando a desnutrido y con los ojos hundidos, casi sin vida, que me dijo: “Manué; soy El Rata, ¿no me conoces?”. El Rata era un chaval de la barriada de Su Eminencia al que tuve en el equipo del barrio donde vivía, en Palmete. Era un fenómeno jugando y un estupendo chiquillo, disciplinado, cariñoso y alegre. Pobre, eso sí. Su padre era alcohólico y su madre fregaba casas en Ciudad Jardín. Me costó reconocer a El Rata, sinceramente. Le pregunté por qué motivo estaba en la cárcel y me dijo que lo habían pillado robando un bolso por el procedimiento del “semaforazo”, del que en los setenta se hablaba mucho en Sevilla. La prensa franquista de esta ciudad no tenía otra cosa que denunciar. El “semaforazo” consistía en colocarse en un semáforo con una motocicleta y cuando veían que en un coche llevaban un bolso en el asiento de atrás, partían el cristal con una piedra, cogían el bolso y salían a toda pastilla hacia Palmete, que era un buen barrio para burlar a la policía. El Rata decidió hacerlo un día y lo trincaron. Después de recibir una paliza por parte de la víctima, se lo llevaron los grises y acabó con sus huesos en la cárcel. Allí conoció las drogas, lo violaron y le partieron un día todos los dientes de una patada en la boca. Recuerdo que el día que me saludó me pidió un cigarro y cuando saqué el paquete para dárselo me lo quitó y salió corriendo. Lloré, claro, recordando cuando El Rata era un chiquillo lleno de vida que jugaba al fútbol como Maradona y nos hacía reír a todos con sus singulares e inocentes ocurrencias. Más o menos un año después de verlo en Ranilla, la vieja cárcel hispalense, saludé a su padre en el mercadillo de Su Eminencia, donde vendía trastos viejos y descoloridas novelas del Oeste, y al verlo enlutado le pregunté el motivo, quizá adivinándolo y temiéndome la funérea respuesta: “Mi Ratita, que murió en la cárcel hace seis meses, de una sobredosis. ¿No te habías enterao?”. No, le dije. Esta mañana leyendo la prensa y escuchando la radio, con todo lo que está pasando, recordé el caso de El Rata y los de otros como él y he sentido vergüenza y rabia, y hasta asco, porque siempre ha habido una Justicia para los ricos y otra para los pobres. Así que no se de qué nos sorprendemos en España, con sus cárceles preñadas de jóvenes como El Rata, y el Parlamento del país atestado de mangantes bien trajeados que tienen los medios de comunicación para reivindicar su presunción de inocencia y el acta de diputados para protegerse. ¿Alguien le puso un micrófono a El Rata para que dijera qué le había llevado a perder los dientes y la dignidad en la cárcel? Llámenme demagogo, si quieren hacerlo, pero esta noche me voy a la cama un poco más indignado que ayer, aunque mucho menos que mañana. Mingote dijo que un pesimista es un optimista bien informado.

20
Feb/2012

¿Cómo podría arreglar lo de la crisis?

A Antonio Badía

Me encantaría encontrar la solución a la crisis económica con la misma facilidad con la que soy capaz de localizar a los bisabuelos de El Planeta o a los cuñados de La Campanera, pero no sé cómo, sinceramente. La estoy sufriendo en mis propias carnes, pero no es eso lo que más agobiado me tiene. Me preocupan más los que me rodean: la familia y los amigos, sobre todo. Vivo en el mundo real y no contemplo la vida desde un despacho o un lujoso coche oficial. Ni lo quiera Dios. Cada día hablo con personas desesperadas que ya no saben por dónde tirar y comienzo a no creerme nada de nadie, aunque en cuestiones de la política he sido siempre bastante escéptico. Cuando con dieciocho años decidí meterme en política lo hice para contribuir a cambiar una realidad que no me gustaba. En el barrio sevillano donde vivía, Palmete, estaban las calles sin asfaltar y para hacer los cimientos de mi casa tenía que hacerlo de noche y alumbrarme con el faro de la motocicleta. A veces, cuando había que hacer algo de día solía aparecer un municipal del Ayuntamiento amenazándome con una multa, que eludía dándole quinientas pesetas para sus gastillos. Era un sinvergüenza y lo sabía, pero había que tener un techo digno. Para ir al cine los domingos, al de Rochelambert, como las calles del barrio eran un lamedal tenía que salir de casa con unas botas de goma y los zapatos nuevos en una bolsa de plástico. Ya en Su Eminencia, entraba en casa de mi tía Antoñita y me cambiaba de calzado para poder ir al cine sin parecer un pocero, porque con unas botas embarradas era imposible ligar en aquellos tiempos, en los que las colegialas llevaban fotografías de Los Pecos escondidas en los calcetines. Estas cosas me hicieron meterme en política, pero no buscando un cargo, sino para cambiar la realidad en el barrio, donde creé una peña flamenca y dedicaba las tardes y los domingos a entrenar a un equipo de fútbol para que los chiquillos no cayeran en la droga y optaran por emular a Cardeñosa y no a El Vaquilla. Cuando nos manifestábamos en la Carretera de Su Eminencia para pedir que nos arreglaran las calles y nos metieran el agua potable en las casas, los grises nos majaban a porrazos y, encima, aparecíamos en la prensa franquista de Sevilla como meros “delincuentes” por el simple hecho de cortar pacíficamente una carretera o prenderles fuego a unos neumáticos inservibles. Entonces sí merecía la pena hacer política. Ahora, está claro que no. Pero si esto sigue por el camino que va, si regresa aquella triste realidad de los años setenta, si continúan recortándose los derechos de los trabajadores, si nos impiden el acceso a la cultura, si nos obligan a perder la dignidad y a agachar la cabeza hasta hincarla en el suelo, será cuestión de hacer algo, de volver a las barricadas. España es un país maravilloso, pero está dirigido por políticos corruptos, con todas las instituciones pringadas de mierda, como podemos ver a diario a través de los medios de comunicación afines y contrarios al Gobierno. Siempre ha sido así en España. ¿Hay alguna institución española que no apeste a perros muertos? Encima, parece que la culpa de todo la tiene el pueblo: demasiados pensionistas para tan escaso fondo de pensiones, demasiados morosos para tan irrisorio fondo de créditos, demasiados trabajadores para tan poco trabajo, demasiados parados para tan pocos afiliados a la Seguridad Social, demasiados enfermos para tan pocos hospitales, demasiados estudiantes para tan pocos colegios, y demasiados servicios para tan escasos contribuyentes. ¿No será que hay demasiados chorizos para tan poco pan? Me encantaría tener la solución a la crisis económica con la misma facilidad con la que soy capaz de averiguar de qué color eran los ojos de Juan el Pelao o cuántos dientes le faltaban a Manolito el de María. Pero me ocurre igual que a los políticos y a los sindicatos: que no tengo ni puta idea de cómo salir de ella. Tengo un amigo que cuando le pregunto por cómo va el país suele decir siempre que solo le importa una cosa: que no suba el tinto. Es un hombre feliz.

09
Feb/2012

Apareció la boda de El Planeta

A Antonio el Jaraqueño

La Catedral de Cádiz en tiempos de Antonio el Planeta.

La Catedral de Cádiz en tiempos de Antonio el Planeta.

Se va a cumplir un año de la publicación en nuestro blog del artículo En busca de El Planeta perdido, en el que por primera vez en la historia del flamenco se daban a conocer los datos personales de la figura histórica más importante del arte de lo jondo, Antonio Monge Rivero El Planeta. Cómo pasa el tiempo. La Gazapera batió su récord de visitas hasta ese momento y el reportaje dio la vuelta al mundo a través de este blog y de otros, que enseguida se hicieron eco de la noticia. Por fin sabíamos quién era aquel astro mayor que cantó en la célebre fiesta trianera de 1838 relatada magistralmente por el escritor costumbrista Serafín Estébanez Calderón en sus Escenas andaluzas. Entonces solo di a conocer una pequeña parte de la documentación que había recopilado investigando en archivos de Cádiz, Málaga y Sevilla. El resto de los documentos lo guardo para el futuro libro que preparo sobre la historia del flamenco en Sevilla, que todavía tardará en publicarse. Sin embargo, como tuve que abandonar la investigación por problemas familiares graves, quedaron pendientes de localizar algunos documentos importantes del legendario cantaor gaditano. Su boda, por ejemplo, que no aparecía por ninguna parroquia gaditana y el Arzobispado. Era extraño porque en los muchos padrones municipales que consultamos en Málaga, desde 1842 hasta su muerte, que se produjo en 1856, constaba siempre que se había casado con la gaditana María Vara Gallardo en El Sagrario de Cádiz, o sea, en la Catedral. Sabía incluso la fecha, 1808, en pleno asedio de los franceses y a cuatro años de que constituyeran las Cortes de Cádiz, de lo que se van a cumplir dos siglos. Llegué a pensar que en realidad no se hubiera casado en Cádiz, sino en Triana o en Málaga, pero en todas las partidas de nacimiento de sus hijos se especificaba con claridad que había contraído matrimonio con María Vara en El Sagrario, y en la fecha ya señalada.

Registro de la boda de El Planeta y María Vara en El Sagrario de Cadiz.

Registro de la boda de don Antonio Monge Rivero 'El Planeta' con doña María Vara Gallardo en El Sagrario de Cadiz, en 1808.

El pasado martes me planté en Cádiz dispuesto a localizar el documento que probara su enlace matrimonial en la Tacita, y hubo suerte: don Antonio Monge Rivero El Planeta, como había asegurado hace un año, se casó en El Sagrario de Cádiz en 1808 con María Vara Gallardo, concretamente el 2 de septiembre. ¿Por qué ha costado tanto encontrar el documento de su enlace? Porque el señor que lo redactó equivocó el apellido de Monge con el de Alonso, y el cantaor reza como Antonio Alonso y no como Antonio Monge. Todo el que iba a El Sagrario y consultaba en el libro de índice, si buscaba Monge, se estrellaba. Por tanto, con este nuevo hallazgo ya podemos asegurar otro nuevo dato del cantaor gaditano, su boda en Cádiz cuando El Fillo tenía solo 2 años y Lázaro Quintana, su sobrino, algunos más. El Planeta, que fue primero herrero, como su padre, y luego cortador -carnicero-, comenzó pronto a traer hijos al mundo y estuvo viviendo en Cádiz hasta 1834, el año del nacimiento de su hijo Tomás, el más pequeño. Luego, y esto está aún por confirmarse, parece ser que se afincó en Triana, para enseguida hacerlo en Málaga y quedarse ya en aquella ciudad para siempre, donde casó a casi todos sus hijos y donde nacieron la mayoría de sus nietos y biznietos.

08
Feb/2012

Al señor Barbadillo, con el debido respeto que merece un maestro

A Andrés Raya Saro

entrevista con cagancho 2Había prometido no publicar nada sobre El Fillo en La Gazapera, aunque poseo desde hace tiempo una importante documentación sobre el célebre cantaor de San Fernando y su familia, que reservaba para el trabajo que estoy realizando sobre la historia del flamenco en Sevilla. Sin embargo, como el debate sobre este cantaor se está desarrollando en La Gazapera, creo que tengo que tomar parte en él y decir algunas cosas para salir en defensa de Luis Javier Vázquez Morilla, al que ya felicité por su estupendo trabajo de investigación. Su aportación ha recibido numerosos y merecidos elogios desde muchos lugares de España, pero también la réplica de quien para mí es el mayor genealogista del flamenco, el sevillano José Manuel Martín-Barbadillo y Arellano, afincado en Jerez de la Frontera desde hace muchos años. Le tengo un gran respeto al señor Barbadillo, pero le dije en su momento que estaba equivocado y que perdería esta discusión sobre quién era en realidad El Fillo. Es cierto que este incansable investigador localizó en Sevilla hace años el expediente matrimonial de Francisco de Paula Ortega Heredia, de San Fernando, dando por hecho enseguida de que se trataba del glorioso Fillo y así lo hizo constar en algún que otro foro de Internet y programa radiofónico. Por aquel entonces ya andaba investigando también Luis Javier Vázquez en Morón de la Frontera al que habíamos tenido siempre todos por el auténtico Fillo, Francisco Ortega Vargas, que al final ha resultado ser uno de sus hijos, el primogénito, conocido por el mismo apodo que su padre y compañero sentimental de María Amaya Heredia, La Andonda, con la que tuvo hijos en Málaga y en Morón. Luis tiene ya muy documentado todo lo relacionado con esta familia y cerrará el asunto en un libro que está apunto de ver la luz, De cal y cante, que esperamos con interés. Por este motivo no voy a utilizar nada de lo ya publicado por él en su blog de Morón de la Frontera, sino mis propios datos, que creo que serán concluyentes, aunque el autor moronero ha aportado ya pruebas más que suficientes como para que no lo tilden de “estafador” y lo amenacen incluso con impedir que su libro llegue a las librerías del país. Me duele que esté ocurriendo esto con un investigador joven que está trabajando de manera tan seria, sacrificando a su familia y sin más ayuda que sus propios recursos económicos. Por este motivo, y no por buscar algún tipo de protagonismo por mi parte, aportaré un dato hasta ahora inédito que demostrará que el que va a ganar esta discusión es Luis Javier Vázquez. Solo uno, aunque podría aportar muchos más y todos ellos contrastados e incontestables.

Investigando a los Cagancho de Triana en mi propio archivo para el trabajo ya referido sobre el flamenco en Sevilla, encontré una entrevista al célebre torero Joaquín Rodríguez Ortega, Cagancho, en Destino, del 20 de septiembre de 1947. En esta entrevista, el autor, del Arco, le pregunta al ya famoso torero:

-Lo de “Cagancho”, ¿de dónde le viene?

-De “mu” lejos; todos los antepasados fueron “cantaores”; apunte: mi bisabuelo materno, “El Fillo”, el “mejó der mundo”; mi bisabuelo paterno, el “Señó” Antonio “Cagancho”; mi abuelo, el “Señó Manué”, “Cagancho”; y mi padre el “Señó” Joaquín Rodríguez, “Cagancho”, y yo.

Esta respuesta del torero calé no tiene desperdicio alguno y demuestra con toda seguridad quién fue el verdadero Fillo. Solo había que buscar al bisabuelo materno del torero para comprobarlo, y es lo que hice. Seguí el mismo proceso que llevé a cabo para buscar a Antonio el Planeta. Primero, localizar la partida de bautismo del célebre matador del número 4 de la calle Evangelista, que nació el día 17 de febrero de 1903 en esta flamenquísima calle de Triana. En el documento sacramental consta como su abuelo paterno Manuel Rodríguez García, el Señó Manuel Cagancho. Y como abuelo materno, Francisco Ortega Vargas, uno de los hijos de Antonio Ortega Heredia; el Francisco Julián que, según ya aportó Luis Javier, nació en Triana en 1840. El siguiente paso fue localizar en el Registro Civil de Sevilla la boda de este hijo de El Fillo, que se casó con María Santos Bermúdez Reyes, del pueblo sevillano de Santiponce, en la Parroquia de Santa Ana, de Triana, en noviembre de 1871. En este documento constan como padres del contrayente Antonio Ortega Heredia, de San Fernando, y Leandra Vargas Filigrana, de Sevilla. Por tanto, el torero Cagancho no mintió al decir que El Fillo era su bisabuelo materno, por si se pudiera pensar que fue un farol del calé trianero. “El mejó der mundo”, adjuntó, situándolo en el cante muy por encima de su bisabuelo paterno, Tío Antonio Cagancho; de su abuelo, el Seño Manuel Cagancho; y de su padre, Joaquín Rodríguez Cagancho.

Casamiento de Francisco Ortega Vargas con María Santos Bermúdez, abuelos del torero Cagancho.

Casamiento en Triana de Francisco Ortega Vargas con María Santos Bermúdez, abuelos del torero trianero Joaquín Rodríguez Ortega, conocido por el apodo familiar de 'Cagancho'.

Su madre, Amparo Ortega Bermúdez, era por tanto nieta por línea paterna del famoso Fillo, del que cantó en la fiesta trianera de 1838 que tan magistralmente relató el costumbrista malagueño Serafín Estébanez Calderón en sus Escenas andaluzas. O sea, de Antonio Ortega Heredia. Después de este irrefutable dato el señor Barbadillo debería disculparse y reconocer que estaba equivocado; que su “Fillo” no es otro que Francisco de Paula Ortega Heredia, conocido por Curro Pabla, cuya partida de defunción ha encontrado Luis Javier Vázquez, en la que, como ya ha publicado él mismo, consta que murió como consecuencia de “heridas violentas”, al poco tiempo de casarse, que fue en Triana en 1842.

Para cerrar este asunto, al menos por mi parte, solo me resta pedirle perdón a Luis Javier Vázquez por meterme en la polémica, pero ésta se está desarrollando en La Gazapera y me he visto en la obligación de participar. Todos nos equivocamos, amigo José Manuel Martín Barbadillo. El joven investigador de Morón de la Frontera también lo hizo al no decir en su artículo que el señor Barbadillo ya había dado a conocer datos importantes sobre uno de los hermanos de El Fillo, al menos para rebatir su equívoca aseveración de que se trataba del verdadero cantaor gaditano de la Isla de León.

01
Feb/2012

Flamencólogos y Universidad

A Guillermo Castro Buendía

El jueves de la pasada semana asistí a la inauguración de la recién creada Cátedra de Flamencología de la Universidad de Sevilla y abandoné el Paraninfo absolutamente decepcionado y triste. El salón de actos no llegó a llenarse y apenas fueron artistas, aunque estuvieron Matilde Coral, Pepa Montes, Ricardo Miño, Nano de Jerez, Jesús Heredia, Laura Vital, Niño Elías y el maestro Calixto Sánchez. Pero lo que más me sorprendió es que no hubo jóvenes universitarios en la inauguración oficial de la Cátedra. ¿Escasa publicidad del acto? Inexplicable, sinceramente. La conferencia inaugural del curso de este año corrió a cargo del maestro del cante Antonio Fernández Díaz, Fosforito, quien habló sobre los Fundamentos sonoros del cante, charla que escribió hace muchos años y que debería actualizar porque desde que la redactó se han descubierto muchas cosas nuevas sobre la historia del cante y sus protagonistas, que son los artistas. No le vamos a negar a estas alturas al maestro pontanés sus conocimientos sobre el cante, pero no está al día en asuntos de flamencología patria. ¿No hubiera sido más acertado que hubiera dado la conferencia un flamencólogo de verdad? No me refiero a esos que escriben tantos libros de refritos sobre lo ya sabido, que están llenando las bibliotecas de tratados preñados de mentiras y datos nada contrastados, sino a investigadores serios y solventes. Podría citar una docena de nombres, pero estoy pensando en José Blas Vega, José Luis Ortiz Nuevo, Faustino Núñez, Guillermo Castro Buendía, Antonio Barberán o José Gelardo. No me cito a mí mismo porque, además de que no sería ético, solo soy un humilde aprendiz al lado de estos grandes maestros. ¿Es que nunca vamos a ser serios en Andalucía? ¿Esta es la línea que va a seguir la Cátedra de Flamencología hispalense? No me extraña que no fuera apenas nadie y que el director de la Cátedra, don Rafael Infante, estuviera apunto de dormirse en la mesa que ocuparon el conferenciante y otras personas del mundo de la Universidad de la capital andaluza. Sé que por decir estas cosas tan políticamente incorrectas tendré que volver a los albañiles para poder acabar de pagar mi casa, pero lo prefiero a callarme. Nunca he sido del perol de ningún partido político y tampoco lo voy a ser del que manda ahora en casi toda España y amenaza con gobernar Andalucía en primavera.