Monthly Archives: Septiembre 2011

30
Sep/2011

¿Quién defiende a los andaluces de los propios andaluces?

A Paco Mármol

MásCuando en Europa solo escribían y leían los curas y los aristócratas, en Andalucía ya exportábamos Cultura al mundo entero desde Córdoba y se escribían las leyes en versos en la época del Rey Argantonio. Hemos dado al mundo grandes pintores como Murillo, Velázquez y Picasso, eminentes poetas como Antonio Machado, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre -estos dos últimos recibieron el Nóbel de Literatura-, y grandes músicos como Manuel de Falla, Joaquín Turina, Manolo Sanlúcar y Paco de Lucía. A pesar de esto, el facha catalán Artur Mas ha dicho que a los niños andaluces cuesta entenderlos cuando hablan. Primero, que no pagamos impuestos y que somos unos mantenidos del Estado; ahora, que no sabemos hablar. ¿Cuál será el próximo insulto desde esa tierra que los andaluces ayudamos a levantar en la última mitad del pasado siglo? Sin saber hablar, claro. ¡Anda que si supiéramos! Sin embargo, esto no es lo más grave: lo peor es que nadie defiende a Andalucía y no solo de los ataques de éste y otros fachas de igual calaña. Tampoco del daño que los andaluces somos capaces de hacernos a nosotros mismos consintiendo la vulgaridad de Canal Sur, la politización de la Cultura y el desempleo más alto de Europa, por no hablar de la pésima calidad de la educación y el abandono del campo, siendo una de las tierras más ricas del mundo para una buena explotación de sus grandes recursos: la agricultura, por ejemplo, cuyo sector está totalmente arruinado. En cambio, estamos todos los días en los informativos de cobertura nacional con asuntos como la boda de la Duquesa de Alba o el caso del torero José Ortega Cano, al que hay andaluces que esperan en la puerta del hospital o de su lujosa finca para aplaudirle. Antes de indignarnos con lo que digan de nosotros, los andaluces, en tono despectivo, desde regiones como la catalana -que no debemos consentir de ninguna de las maneras-, deberíamos de defendernos de nosotros mismos y ser más exigentes con nuestros políticos, los medios de comunicación y los responsables de la educación. Otro gallo nos cantaría. Y en cuanto usted, don Artur Mas, solo me sale pedirle, en andaluz castizo, que se vaya a la puta mierda. Se lo pediría en catalán pero no entraría bien por bulerías.

16
Sep/2011

La noche más grande de Riqueni

A José Luis Scott

Foto Riqueni

En el flamenco se habla últimamente mucho de política, de artistas descontentos e instituciones públicas que practican dirigismo cultural fuera de compás. Sin embargo, apenas se habla ya de arte, de duende, de alma, de corazón y, casi nunca, de talento. Ha tenido que volver a su tierra un genio de la guitarra, de Triana y afincado desde hace años en la Villa y Corte, para decirnos con seis cuerdas y una sensibilidad impresionante que no todo está perdido en el viejo y siempre nuevo arte de lo jondo. Rafael Riqueni del Canto vino la noche del pasado jueves al Lope de Vega de Sevilla a presentarnos su nueva obra, Parque de María Luisa, su particular homenaje a la pureza de la infancia, que el músico de la calle Fabié aún no ha perdido a pesar de sus cerca de cincuenta años, de los que lleva cuarenta abrazado a una guitarra como si fuera el primer y único enamorado del universo. Dos horas antes del concierto ya había una legión de admiradores del genio deambulando por el Casino de la Exposición. Guitarristas como Manolo Franco, Paco y Miguel Ángel Cortés, José Luís Scott y otros; el constructor de guitarras Paco Barbas y su hijo, que sigue sus pasos; el productor Ricardo Pachón y las cantaoras Esperanza Fernández, Antonia Contreras y Virginia Gámez, entre otras celebridades de lo jondo, estuvieron presentes para darle su apoyo al trianero, para que no se sintiera solo en el que él mismo ha calificado como el concierto de su vida. El teatro se llenó de artistas y de aficionados. Hasta las palomas del Parque de María Luisa se dejaron ver esa noche más blancas que nunca. No era para menos. Rafael venía a darnos a conocer el contenido de su próximo disco en un teatro nada fácil y ante una afición que chanela. Cuando apareció en el escenario con su guitarra, con traje gris y la mirada nerviosa, como inquieta, el público le dio uno de los aplausos más largos que recordamos en la bombonera. Muchos habíamos soñado con ese momento: el de volver a ver a Rafael Riqueni en su tierra, a lo grande, ofreciéndonos su nueva música; primero, el estreno de Parque de María Luisa; luego, la interpretación de algunas de sus piezas flamencas más celebradas y geniales: Mi tiempo, Al Niño Miguel, Tangos del Titi… Además de la colaboración de Mayte Martín, que se hizo acompañar por él en granaínas de Chacón y soleares gaditanas y trianeras. Su nueva obra no es flamenca, pero  es de una sevillanía enternecedora y tan descriptiva desde el punto de vista musical que apenas necesitábamos seguir el díptico para, cogidos de su mano, pasear por el parque sevillano y verle  acompañado de su padre; observando la luz de Sevilla reflejada en el Estanque de los Lotos; paseando por la Isleta de los Patos; sintiéndose libre en la Explanada; imaginando a la Reina asomada al balcón del Costurero; poniéndose lírico ante la Glorieta de Bécquer; sentimental y folklórico en la de los Quintero; la mar de flamenco en el Monte Gurugú; y nostálgico paseando de la mano de su padre por el Parque de las Palomas. Noche grande la de Rafael Riqueni. No por la seguridad en la ejecución de sus piezas, el brillo de sus trémolos, la precisión de sus delicadas notas, la intensidad de sus rasgueos y su ajustado compás. Fue grande porque un niño de medio siglo de vida, de Triana, vino a decirnos que sigue siendo músico, que sigue estando vivo, que sigue amando al flamenco y a Sevilla, y que sigue siendo el más humilde de los genios del flamenco.

15
Sep/2011

Rafael Riqueni regresa a Sevilla

Al maestro de Triana

El guitarrista de Triana afincado en Madrid desde hace años, alejado de los festivales y las peñas andaluzas, regresa el próximo día 15 para presentar en el Lope de Vega su última obra, Parque de María Luisa. Es una de la mejores noticias del año, sin duda, porque Rafael Riqueni y Sevilla no pueden vivir separados por más tiempo. Decir que es el guitarrista más grande que ha dado Sevilla es exagerar un poco y ayudar a enterrar en la fosa del olvido a artistas de la sonanta como el Niño Ricardo, Pepe Martínez o Manolo de Huelva, quien, aunque era natural de Riotinto, se formó como guitarrista en la captial de Andalucía.
Nació en Triana, en la calle Fabié, que nunca ha sido tierra de guitarristas, aunque los haya habido. Vivió algún tiempo en la otra orilla, en El Arenal, donde comenzó a soñar despierto con el legado musical del Niño Ricardo, el espejo en el que se miró desde niño hata que descubrió que el futuro eran Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar.
Su obra discográfica no es de las más extensas que existen en la guitarra flamenca, pero tiene dos trabajos fundamentales en su carrera, Mi tiempo -obra presentada en la Bienal de 1990- y Maestros, producido en el sello independiente de Enrique Morente, que siempre creyó en él.
El próximo día 15 presentará nueva obra en Sevilla, con Mayte Martín como artista invitada, actuación que será grabada para el documental que se está rodando sobre su vida. Las entradas son totalmente gratis hasta completar aforo.

Riqueni

El guitarrista de Triana afincado en Madrid desde hace años, alejado de los festivales y las peñas andaluzas, regresa el próximo día 15 para presentar en el Lope de Vega su última obra, Parque de María Luisa. Es una de la mejores noticias del año, sin duda, porque Rafael Riqueni y Sevilla no pueden vivir separados por más tiempo. Decir que es el guitarrista más grande que ha dado Sevilla sería exagerar un poco y ayudar a enterrar en la fosa del olvido a artistas de la sonanta como el Niño Ricardo, Pepe Martínez o Manolo de Huelva, quien, aunque era natural de Riotinto, se formó como guitarrista en la captial de Andalucía. Riqueni Nació en Triana, en la calle Fabié, que nunca ha sido tierra de guitarristas, aunque los haya habido. Vivió algún tiempo en la otra orilla, en El Arenal, donde comenzó a soñar despierto con el legado del Niño Ricardo, el espejo en el que se miró desde niño hata que descubrió que el futuro eran Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar. Su obra discográfica no es de las más extensas que existen en la guitarra flamenca, pero tiene dos trabajos fundamentales en su carrera, Mi tiempo -obra presentada en la Bienal de 1990- y Maestros, producido en el sello independiente de Enrique Morente, que siempre creyó en él. Esta noche presentará su nueva obra en Sevilla, con Mayte Martín como artista invitada, actuación que será grabada para el documental que se está rodando sobre la vida de un verdadero músico del flamenco.

http://www.youtube.com/watch?v=freyS2Qiwjs&feature=related

09
Sep/2011

Se va uno de los reyes del cante

A Calixto Sánchez Marín

sevilla l El pasado sábado, cuando el maestro Calixto Sánchez anunciaba en el festival de Mairena del Alcor, su pueblo, que ya no cantaría más en él y que se iba del cante -lo dijo hace muchos meses-, sus paisanos ni se inmutaron. No se lo creyeron. Mucho menos después de que acabara de cantar con la voz en las nubes y una maestría que escasea cada día más en el mundo de lo jondo. “¿Cómo se va a ir del cante un artista aún joven que, además, conserva intacta sus facultades?”, se preguntaban algunos aficionados de Mairena y de otros pueblos de Sevilla que estaban en la Casa Palacio de Mairena.
Es la misma pregunta que se hicieron los aficionados de Sevilla cuando se fue Naranjito de Triana, en el Maestranza y dando un concierto memorable con media docena de grandes guitarristas. El maestro de la calle Fabié de Triana se fue, quizás, porque podía permitírselo. Pero, sobre todo, porque estaba asqueado del mundillo, cansado de incompresiones y de persecusiones.
Históricamente, el cantaor de flamenco ha muerto siempre con las botas puestas, en el tablao. Ocurrió con Silverio, Chacón, Vallejo, Marchena, la Niña de la Puebla, Caracol, José Cepero, Pepe Pinto y Antonio Mairena, entre otros muchos. Mairena supo retirarse a tiempo de los escenarios andaluces y del resto del país, aunque nunca se alejó del todo del cante. El cantaor nunca se va definitivamente, aunque se muera, como ocurre con los toreros.
Calixto Sánchez Marín (Mairena del Alcor, 1946) ha hecho lo que llamamos un carrerón dentro del cante jondo. Comenzó a cantar cuando en el cante reinaba su paisano más ilustre, Antonio Mairena, en una época, los años 60, en la que el cante por derecho renacía de sus cenizas. Tímido para el cante y estudiante de Magisterio, cuando en 1966 ganó el concurso de su pueblo era ya un gran cantaor, como puede comprobarse escuchando las grabaciones de aquel año. Mairena tenía entonces a un buen número de grandes cantaores aficionados, como eran Confite, Fernando Porrito, Joselito Tirado o Antonio Ortega. Pero el de mayor proyección artística era Calixto Sánchez. Cuando en 1980 ganó el Giraldillo, en la I Bienal de  Flamenco, era ya un cantaor con un disco en el mercado y galardonado en otros concursos de cierta importancia. Sin embargo, el Giraldillo lo convirtió en una gran figura del cante jondo con apenas 34 años de edad. Y desde entonces hasta le fecha, algo más de treinta años, el de Mairena ha sido una de las principales figuras del cante, que se ha encargado de crear una más que interesante obra discográfica y de aportar a nuestro arte lo suficiente como para que no sea recordado solo por el que ganó el Giraldillo en aquellas tres noches memorables del Lope de Vega, que viví desde la primera noche hasta la última con solo 22 años de edad.
Aunque no se lo crean el cantaor va en serio cuando dice que se va del cante, al menos de los escenarios. Se lo puede permitir y, además, se ha ganado a pulso un merecido retiro en plenitud de facultades tanto físicas como mentales. Es inteligente y sabe muy bien que un cantaor de su estilo apenas tiene ya sitio en un arte que va por otros derroteros. Y ahí está un poco el motivo de su retiro de los escenarios.
Seguramente no deberíamos permitírselo, pero, por otro lado, ¿por qué no? Lo que habría que hacer es agradecerle con un gran homenaje todo lo mucho y bueno que le ha dado a este arte.

Calixto Sánchez 2El pasado sábado, cuando el maestro Calixto Sánchez anunciaba en el festival de Mairena del Alcor, su pueblo, que ya no cantaría más en él y que se iba del cante -lo dijo hace muchos meses-, sus paisanos ni se inmutaron. No se lo creyeron. Mucho menos después de que acabara de cantar con la voz en las nubes y una maestría que escasea cada día más en el mundo de lo jondo. “¿Cómo se va a ir del cante un artista aún joven que, además, conserva intacta sus facultades?”, se preguntaban algunos aficionados de Mairena y de otros pueblos de Sevilla que estaban en la Casa Palacio de Mairena. Es la misma pregunta que se hicieron los aficionados de Sevilla cuando se fue Naranjito de Triana, en el Maestranza y dando un concierto memorable con media docena de grandes guitarristas. El maestro de la calle Fabié de Triana se fue, quizás, porque podía permitírselo. Pero, sobre todo, porque estaba asqueado del mundillo, cansado de incompresiones y de persecusiones. Históricamente, el cantaor de flamenco ha muerto siempre con las botas puestas, en el tablao. Ocurrió con Silverio, Chacón, Vallejo, Marchena, la Niña de la Puebla, Caracol, José Cepero, Pepe Pinto y Antonio Mairena, entre otros muchos. Mairena supo retirarse a tiempo de los escenarios andaluces y del resto del país, aunque nunca se alejó del todo del cante. El cantaor nunca se va definitivamente, aunque se muera, como ocurre con los toreros. Calixto Sánchez Marín (Mairena del Alcor, 1946) ha hecho lo que llamamos un carrerón dentro del cante jondo. Comenzó a cantar cuando en el cante reinaba su paisano más ilustre, Antonio Mairena, en una época, los años 60, en la que el cante por derecho renacía de sus cenizas.

Calixto 3

Tímido para el cante y estudiante de Magisterio, cuando ganó el concurso de su pueblo era ya un gran cantaor, como puede comprobarse escuchando las grabaciones de aquel año. Mairena tenía entonces a un buen número de grandes cantaores aficionados, como eran Confite, Fernando Porrito, Joselito Tirado o Antonio Ortega. Pero el de mayor proyección artística era Calixto Sánchez. Cuando en 1980 ganó el Giraldillo, en la I Bienal de  Flamenco, era ya un cantaor con un disco en el mercado y galardonado en otros concursos de cierta importancia. Sin embargo, el Giraldillo lo convirtió en una gran figura del cante jondo con apenas 34 años de edad. Y desde entonces hasta le fecha, algo más de treinta años, el de Mairena ha sido una de las principales figuras del cante, que se ha encargado de crear una más que interesante obra discográfica y de aportar a nuestro arte lo suficiente como para que no sea recordado solo por el que ganó el Giraldillo en aquellas tres noches memorables del Lope de Vega, que viví desde la primera noche hasta la última con solo 22 años de edad. Aunque no se lo crean muchos, el cantaor va en serio cuando dice que se va del cante, al menos de los escenarios. Se lo puede permitir y, además, se ha ganado a pulso un merecido retiro en plenitud de facultades tanto físicas como mentales. Es inteligente y sabe muy bien que un cantaor de su estilo apenas tiene ya sitio en un arte que va por otros derroteros. Y ahí está un poco el motivo de su retiro de los escenarios. Seguramente no deberíamos permitírselo, pero, por otro lado, ¿por qué no? Lo que habría que hacer es agradecerle con un gran homenaje todo lo mucho y bueno que le ha dado a este arte tan nuestro, al que, de una u otra forma, el maestro seguirá unido.

06
Sep/2011

El fantasma de los Alcores

A Chema Cejudo

Fosa esqueleto

Durante una larga temporada estuve viendo un fantasma en un pueblo cercano a Mairena del Alcor, donde vivo desde hace más o menos un lustro. Cada tarde, cuando el sol comenzaba a ocultarse por el Aljarafe dándole al cielo un color anaranjado, sacaba a pasear a mi perro Surco por un solitario camino de los Alcores. Cuando se acababan las casas solía coger una senda entre unos eucaliptos y una tarde observé que venía un anciano hacia mí caminando con una lentitud pavorosa, como si arrastrara algo muy pesado con los pies. Nos cruzamos en la senda y cuando volví la cara hacia atrás para  mirarlo el anciano había desaparecido. Surco tenía el lomo erizado y me miraba como aterrado. Registré con la mirada cada uno de los eucaliptos y el anciano no aparecía por ninguna parte: se lo había tragado la tierra. Continué andando, sobrecogido, estupefacto y sin dejar la misma senda, donde había huellas de pies descalzos y polvo suspendido aún a una cuarta de la tierra, como si acabara de pasar una persona arrastrando algo pesado. Esto ocurría cada tarde. Al segundo día de ver al anciano por primera vez le presté más atención a su rostro y me impresionó su belleza muerta, sus ojos grandes pero apagados, sin brillo, el pelo de un color plateado deslumbrante y las mejillas como de madera de pino encerada. Al cruzarnos de nuevo volví la cara hacia atrás y había vuelto a desaparecer dejando sus huellas de pies descalzos en la senda y el polvo suspendido a un palmo de la tierra. Al día siguiente, y siempre a la misma hora, el anciano volvió a aparecer en el camino. Esta vez, dispuesto a resolver el enigma, decidí darle las buenas tardes para ver si me contestaba, y lo hizo con una amabilidad enternecedora, como de otro mundo. Pero al volver la cara para verlo de espaldas se había evaporado de nuevo. Su voz era grave, dulce, de un dejo claramente alcoreño. Solo me quedaba algo por hacer para confirmar mi sospecha de que se trataba de un fantasma, que era tocarlo cuando pasara por mi vera. Entré en la senda a la misma hora de cada tarde y nada más pisar la tierra divisé su figura a lo lejos, con su andar parsimonioso y acompasado y dejando un rastro de polvo en el camino. Cuando nos cruzamos le di las buenas tardes y una palmada en su hombro izquierdo, comprobando atónito, espantado, que mi mano había atravesado su cuerpo con la misma facilidad con la que los rayos del sol traspasan la espesa bruma de la mañana. Y en ese justo instante, el aire zarandeó las copas de los eucaliptos y el follaje del camino, las nubes comenzaron a girar como en tolvanera y Surco corrió despavorido hacía el tupido laurel de una vieja casa derruida y deshabitada. Seguí paseando cada tarde por la misma senda, durante meses, con Surco a mi vera y esperanzado en que el extraño anciano se decidiera a decirme quién era, de dónde venía y a dónde iba cada tarde a esa misma hora cuando el sol teñía de color naranja el cielo del Aljarafe, y, sobre todo, por qué no se había ido aún de una tierra que abandonaría hace seguramente muchos años, quizás décadas o siglos.  Cansado de no obtener resultados, cambié de ruta y me olvidé del anciano. Pero hace pocos días entré en una vieja taberna del pueblo al que me refiero y al mirar una vetusta fotografía que había, de esas de color sepia con el marco grasiento que suele haber en las tabernas de los pueblos, descubrí en ella al anciano sentado en una silla de aneas acompañado de una mujer también mayor y unos niños, seguramente su esposa y sus nietos. Le pregunté al dueño de la taberna que quién era ese hombre y me dijo que era su abuelo Pedro, que había desaparecido en la Guerra Civil de 1936. Me hizo saber que se lo llevaron una mañana muy temprano en un camión junto a otras personas del pueblo y que nunca más supieron de él.

04
Sep/2011

Traspaso de ‘baraka’ en Mairena del Alcor: Calixto dice adiós y José de la Mena recoge el testigo

A Joselito Tirado

El maestro Calixto Sánchez mostrando su medalla a los asistentes al festival. Fotografías, Bohórquez.

El maestro mairenero Calixto Sánchez mostrando su medalla a los asistentes al festival de Mairena del Alcor. Fotografías, Manuel Bohórquez.

Al día siguiente de la decepción del Concurso de Mairena, el pasado sábado y como suele ser costumbre se celebró en la Casa Palacio el L Festival de Cante Jondo Antonio Mairena. Se había hablado mucho del escaso interés del cartel de este año, pero lo cierto es que hubo una magnífica entrada en lo que fue propiedad de unos duques de Arcos que no tenían mal gusto para vivir. Como suele ser habitual en la cita jonda mairenera, se acercaron aficionados de toda Andalucía y algunos artistas como Pepa Montes, Pansequito o Diego Clavel. Climáticamente hablando la noche fue mejor que la del pasado viernes y el ambiente era fenomenal. Impecable organización, luces de ensueño y un buen sonido se aliaron para que los artistas se sintieran a gusto y lo dieran todo, como así fue. Desde el preámbulo por soleá de Manolo Franco en memoria del llorado Moraíto Chico hasta las tonás de José de la Mena lo que hubo en el escenario mairenero fue de calidad y de una seriedad flamenca importante. Y lo mejor de todo es que este año no ha habido invasión de ediles municipales  en el escenario.

José de la Mena, un cantaor grande.

José de la Mena, el mejor de la noche.

El homenaje a Manuel Mairena y Calixto Sánchez se resolvió con unas sencillas palabras del nuevo alcalde, Ricardo Sánchez, y la entrega a ambos artistas de la Medalla de Oro de la Villa de Mairena. El menor de los Mairena no pudo estar presente en el acto y su medalla la recogió su sobrino Antonio Cruz Madroñal. Calixto Sánchez recibió el galardón muy emocionado y su discurso de agradecimiento, breve, sonó a despedida definitiva: “Ya no voy a cantar más en el Festival de Mairena”, dijo. Curiosamente, los aficionados de Mairena no le pidieron que no se fuera del cante: solo hubo un silencio sobrecogedor. Se escuchó a uno decirle, en el tono de la Paquera: “Calixto, jártamos de cante”, con ese dejillo tan característico de los lugareños. Y el maestro, que está de voz más sano que una pera, los jartó. El primero en cantar fue el extremeño Pedro Cintas, ganador del concurso de aficionados del pasado año, contratado en esta ocasión como figura, lo que el joven y prometedor artista definió como “un sueño” y “un privilegio”. Estuvo hablador, pero se entregó por completo ayudado por el gran guitarrista sevillano Manolo Franco y convenció a sus seguidores, que son ya muchos en Mairena. Es un cantaor calixtero, o sea, seguidor del estilo de Calixto Sánchez. Recuerda mucho al Calixto de hace treinta años, como quedó claro en sus alegrías y seguiriyas, con un valiente remate de Junquera. Sin embargo, en las bulerías eligió un ritmo muy machacón y convenció menos. No obstante y a pesar de sus baladros y escaso control del volumen de su voz, es un cantaor con muchas posibilidades.

Pedro Cintas se dejó el alma en Mairena.

Pedro Cintas se dejó el alma en Mairena.

Tras el discípulo, cantó el maestro. Calixto Sánchez apareció en el escenario con aspecto serio y la guitarra de Eduardo Rebollar. Sabía que era su última actuación en el festival de su pueblo y de su vida, y cantó con temple, sin arriesgar mucho, con sabiduría y mucho talento. Cantes por soleá de Alcalá y Cádiz, estilos levantinos, sus funéreas seguiriyas y la inevitable bulería de La Manolita le sirvieron para que sus paisanos le despidieran puestos en pie. Si es verdad que Calixto I de Mairena se va definitivamente del cante, lo jondo pierde a un verdadero maestro. Lo es también, pero en el baile, el alcalareño Javier Barón. Ya no es el bailaor ágil y brillante que ganó el Giraldillo -tenía veintitrés años menos-, pero ha ganado en maestría y ha sabido crear su propio estilo de bailar lo jondo. Trajo a Mairena un espectáculo muy sobrio, sin muchas historias, sencillo y, por supuesto, de un corte muy flamenco. Con dos grandes cantaores atrás, como son Juan José Amador y Miguel Ortega; la maestría en la guitarra de Javier Patino y el apoyo dancístico de los bailaores David Pérez y El Choro. Javier es ya, sin duda, el bailaor de Mairena del Alcor. Y ahora que se va Calixto Sánchez, el cantaor de Mairena es José de la Mena. Llevaba muchos años sin cantar en el festival de su pueblo, que ha sido su escuela de cante. Sabía que era una gran oportunidad para él y supo aprovecharla muy bien con el guitarrista Eduardo Rebollar como conductor de su voz. José de la Mena es un cantaor templado, de voz natural y unos conocimientos muy importantes sobre el cante. Es de la escuela mairenera y lo lleva muy a gala, pero no es un mero imitador de Antonio Mairena. José aborda con la misma actitud unas malagueñas de Chacón y La Trini -con estos cantes abrió su actuación-, que unas soleares de Alcalá o la cabal de Silverio Franconeti (Ábrase la tierra), cante con el que culminó sus estupendas seguiriyas. Podría haberse ido ya del escenario sabiendo que había sido el triunfador de la noche en lo que a cante se refiere, pero, a pesar de ser consciente de que estaba en el templo de la seguiriya, quiso despedirse por fandangos de la ópera flamenca con evocaciones a Cascabel de Mairena, Chocolate y El Carbonero. Y por primera vez en toda la noche se escucharon fuertes aplausos y muchos olés. No sabemos si estas travesuras son las que han tenido a tan buen cantaor alejado del festival de su pueblo.

La Macanita empapó de emoción su cante acordándose de Moraíto.

La Macanita empapó de emoción su cante acordándose de Moraíto.

La Macanita puso el broche final acordándose toda la noche de Moraíto Chico, emocionada, empapando de emoción y de vino de solera sus soleares, tientos-tangos, malagueñas y bulerías, con un fantástico Manuel Parrilla a la guitarra y el trío del compás jerezano: Gregorio Fernández, El Chícharo y El Macano. La clásica ronda por tonás cerró una noche flamenca demasiado larga -a pesar de que el cartel no era maratoniano-, de impecable organización y momentos artísticos de indudable importancia que, seguramente, se quedarán para siempre en alguna habitación de nuestra memoria de aficionado.

03
Sep/2011

El Concurso de Mairena se muere

A Antonio Ortega padre

Juan Domínguez 'Castulo'

Juan Domínguez 'Castulo'

Algo se está haciendo mal en el Concurso de Cante Jondo Antonio Mairena, de Mairena del Alcor. La noche del pasado viernes tuvo lugar la final de su quincuagésima edición y, a pesar del pésimo nivel de calidad de la mayoría de los participantes, se dieron todos los premios devaluando así un certamen flamenco que, aunque no falta voluntad por parte de la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena, está por los suelos y lleva años sin descubrir nada nuevo. No sabemos qué clase de fase selectiva se ha hecho, pero si lo mejor que ha pasado por la criba es lo que vimos y escuchamos, es para echarse a llorar. No nos sirve eso de que no hay más leña que la que arde, porque hay jóvenes que cantan muy bien. El problema radica en que se resisten a participar en un concurso que barre mucho para casa, que no siempre cuenta con un jurado preparado para las preselecciones, y que premia en exceso el mimetismo mairenista. Según nuestro criterio, en la noche del viernes hubo solo un cantaor con jondura y ese fue el mairenero Juan Domínguez Castulo, al que, además, le pusieron el Premio Fundación Antonio Mairena en bandeja haciéndolo competir con una joven cantaora del pueblo onubense de Calañas, Sonia León Romero, que nunca debió de estar en esta final. Eso se llama poner un premio a huevo. Otro premio bien dado fue el del también cantaor local Juan José Navarro, que tuvo que medirse con Tamara Aguilera. La joven cantaora de Puebla del Río no estuvo a su altura y, encima, el fresquito se le alojó en la garganta y se rozó bastante. Además, Juan José Navarro cantó mucho mejor y mereció el Premio Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena.

Antonio Porcuna 'El Veneno'.

Antonio Porcuna 'El Veneno'.

No entendimos la decisión del jurado en el Premio Manuel Mairena, para menores de 20 años, que recayó en María de los Ángeles Martínez, de Villa Nueva de la Reina (Jaén), en perjuicio de Manuel Jesús García Hurtado, el Niño de Gines, quien cantó estupendamente la soleá de Charamusco y, sobre todo, los caracoles, a pesar de ser el que abrió la noche. Al chaval le han hecho una faena, sin duda. Pero si hubo un premio que debió de quedarse desierto, ese fue el que lleva el nombre de Antonio Mairena, donde se las tuvieron que ver la cantaora portuense Aroa Cala y el cantaor cordobés Antonio Porcuna El Veneno. El jurado resolvió a favor del cantaor, creemos que acertadamente, aunque ese premio, que ya está muy devaluado, debería de cuidarse un poco más. Menos mal que los guitarristas nos deleitaron con una lección de cómo hay que acompañar al cante. Nos referimos a Antonio Carrión, Fernando Rodríguez, Niño Elías, Manuel Herrera e Ismael Aguilera. Fue lo mejor de una noche desapacible en la climatología y decepcionante en los artístico. Este concurso se muere -y no precisamente de pulmonía-, hace años que venimos diciéndolo. Antonio Mairena, Mairena del Alcor y los aficionados de esta localidad sevillana merecen otra cosa. Anoche volvieron a dar otra lección de afición y saber escuchar, a pesar de que amenazaba agua y la humedad calaba los huesos. El jurado estuvo compuesto por los veteranos cantaores Murillito, Jesús Heredia, Fernando Mairena y Marcelo Sousa, además de por el guitarrista trianero Ricardo Miño.

El joven mairenero Juan José Navarro apunta maneras. Fotografías, Bohórquez.

El joven mairenero Juan José Navarro apunta maneras. Fotografías, Manuel Bohórquez.

02
Sep/2011

Cincuenta festivales en Mairena

A Murillito

sevilla l ¡Cómo corre el tiempo! El Festival de Cante Jondo Antonio Mairena, de Mairena del Alcor, celebrará mañana su quincuagésima edición. Los más mayores del pueblo jamás imaginaron que aquella aventura fuera a durar tanto tiempo, pero ahí está y, si la crisis no va a más, seguirá estando por los siglos de los siglos. Aunque el festival haya pasado por distintas etapas, unas más brillantes que otras, está claro que no está en su mejor momento. Y no es por culpa de la crisis, sino porque el género flamenco ha cambiado mucho y Mairena, en lo que respecta al arte de lo jondo, es un pueblo muy conservador.
También hay que entender que sus responsables hayan querido preservar siempre el espíritu con el que se creó, aunque comenzara siendo un festival mixto de flamenco y folklóre. Pero desde que tomó las riendas el gran cantaor local Antonio Mairena, este festival defendió siempre un concepto del cante que, en el inicio de los años 60, se estaba perdiendo como consecuencia de una excesiva vulgarización del género. Antonio Mairena, enamorado de la tradición del cante más genuino, de lo que él bautizó como “cante gitano-andaluz”, se encargó personalmente de que en su festival no tuvieran cabida los artistas comerciales, sino quienes conservaban la esencia y seguían la escuela más clásica del cante, el baile y el toque.
Sus postulados se siguieron al pie de la letra mientras él vivió, pero cuando dejó este mundo, en septiembre de 1983, el festival comenzó a decaer por un exceso de conservadurismo, por un lado, y por otro, por todo lo contrario, o sea, por una evolución mal entendida. Los políticos por un lado, y por otro, los que nunca aceptaron la muerte del maestro, se encargaron de meter al festival en una rutina insoportable, de la que le cuesta salir. Hasta tal punto, que  muchos ya no lo ven como el el festival de los festivales, como fue durante décadas, sino como uno más de tantos como hay en Andalucía.
El festival nunca ha tenido un director. Bueno, sí. Le encomendaron la edición de 1987 a José Luis Ortiz Nuevo, con motivo de los veinticinco años de la Llave de Oro del Cante, se sacó de la chistera un programa marca de la casa y casi lo echaron a gorrazos del pueblo.
Sin embargo, en los últimos años, con el traslado del festival del patio de la Academia a la Casa Palacio,    la cita mairenera ha mejorado su producción y hemos asistido a noches inolvidables, producto, sin duda, de cambios acertados, aunque en otros aspectos apenas ha cambiado nada: los aficionados siguen sufriendo homenajes interminables, discursos insoportables y esa costumbre del alcalde de subirse al escenario todos los años por una u otra cuestión.
El nuevo marco le ha dado otro aire al festival y al concurso, pero sigue estando pendiente el cambio definitivo: dejar de vivir de espaldas a la realidad del flamenco actual y adaptarse a los nuevos tiempos, aunque cueste hacerlo.
Para conmemorar los cincuenta años de la cita jonda mairenera la nueva Corporación Muicipal ha confeccionado un cartel de ajustes, debido a la falta de presupuesto, que estará compuesto por Calixto Sánchez, La Macanita, José de la Mena y Pedro Cintas, en el cante; en el baile, por Javier Barón; y en el toque por Manolo Franco y Eduardo Rebollar.
En el transcurso del festival les serán entregadas la Medalla de Oro de la Villa a los cantaores Manuel Mairena y Calixto Sánchez, en reconocimiento a la trayectoria de ambos artistas.

50-Festival-Cante-DEFINITIVO¡Cómo corre el tiempo! El Festival de Cante Jondo Antonio Mairena, de Mairena del Alcor, celebrará mañana su quincuagésima edición. Los más mayores del pueblo jamás imaginaron que aquella aventura fuera a durar tanto tiempo, pero ahí está y, si la crisis no va a más, seguirá estando por los siglos de los siglos. Aunque el festival haya pasado por distintas etapas, unas más brillantes que otras, está claro que no está en su mejor momento. Y no es por culpa de la crisis, sino porque el género flamenco ha cambiado mucho y Mairena, en lo que respecta al arte de lo jondo, es un pueblo muy conservador. También hay que entender que sus responsables hayan querido preservar siempre el espíritu con el que se creó, aunque comenzara siendo un festival mixto de flamenco y folklore. Pero desde que tomó las riendas el gran cantaor local Antonio Mairena, este festival defendió siempre un concepto del cante que, en el inicio de los años 60, se estaba perdiendo como consecuencia de una excesiva vulgarización del género. Antonio Mairena, enamorado de la tradición del cante más genuino, de lo que él bautizó como cante gitano-andaluz, se encargó personalmente de que en su festival no tuvieran cabida los artistas comerciales, sino quienes conservaban la esencia y seguían la escuela más clásica del cante, el baile y el toque.  Sus postulados se siguieron al pie de la letra mientras él vivió, pero cuando dejó este mundo, en septiembre de 1983, el festival comenzó a decaer por un exceso de conservadurismo, por un lado, y por otro, por todo lo contrario, o sea, por una evolución mal entendida. Los políticos por un lado y los que nunca aceptaron la muerte del maestro, por otro, se encargaron de meter al festival en una rutina insoportable, de la que le cuesta salir. Hasta tal punto, que  muchos ya no lo ven como el el festival de los festivales, como fue durante décadas, sino como uno más de tantos como hay en Andalucía.  El festival nunca ha tenido un director. Bueno, sí. Le encomendaron la edición de 1987 a José Luis Ortiz Nuevo con motivo de los veinticinco años de la Llave de Oro del Cante, se sacó de la chistera un programa marca de la casa y casi lo echaron a gorrazos del pueblo.  Sin embargo, en los últimos años, con el traslado del festival del patio de la Academia a la Casa Palacio,  la cita mairenera ha mejorado su producción y hemos asistido a noches inolvidables, producto, sin duda, de cambios acertados, aunque en otros aspectos apenas ha cambiado nada. Los aficionados siguen sufriendo homenajes interminables, discursos insoportables y esa costumbre del alcalde de subirse al escenario todos los años por una u otra cuestión. El nuevo marco le ha dado otro aire al festival y al concurso, pero sigue estando pendiente el cambio definitivo: dejar de vivir de espaldas a la realidad del flamenco actual y adaptarse a los nuevos tiempos, aunque cueste hacerlo. Para conmemorar los cincuenta años de la cita jonda mairenera la nueva Corporación Muicipal ha confeccionado un cartel de ajustes, debido a la falta de presupuesto, que estará compuesto por Calixto Sánchez, La Macanita, José de la Mena y Pedro Cintas, en el cante; en el baile, por Javier Barón; y en el toque por Manolo Franco y Eduardo Rebollar. En el transcurso del festival les será entregada la Medalla de Oro de la Villa a los cantaores Manuel Mairena y Calixto Sánchez, en reconocimiento a la trayectoria de ambos artistas.