Monthly Archives: Agosto 2011

30
Ago/2011

Comunicación incomunicada

A Patricia Godino

Estas empresas están entre las peores de España, según una reciente encuesta.

Empresas de telefonía están entre las "peores empresas del año", según una reciente votación. El trato a sus clientes no es el más correcto.

Suena el teléfono, lo descuelgas y te habla una computadora de una empresa de telefonía que en sí misma es una gran computadora, cada día menos comunicativa, lo que no deja de ser un sarcasmo. Añoramos aquellos tiempos en los que podías ligar con las operadoras o quedar con ellas para salir a tomar unas cañas. Pero hoy es otra historia.

Computadora: Buenos días. Le comunico que ha sido usted premiado por nuestra empresa con un viaje a La Rinconada con todos los gastos pagados.

Víctima: ¡Anda! ¿Y tiene que ser a La Rinconá? Yo es que vivo aquí.

Computadora: Para más información, éntre en nuestra página web.

Víctima: Supongo que el viaje será para dos personas, ¿verdad que sí? Es que yo sin mi mujé no voy ni a la vuelta de la esquina.

Computadora: Nuestra empresa aprovecha para ofrecerle sus últimas novedades en líneas ADSL y canales digitales.

Víctima: Bueno, ¿el viaje incluye desayuno, almuerzo y cena? Usté perdone, pero es que en estas cosas hay muchos engaños, que en España hay más chorizos que piedras de mechero.

Computadora: Le informo de que hemos mejorado la red de Internet y que por un módico precio puede viajar a la velocidad de la luz.

Víctima: ¿Pero el viaje cómo lo haríamos, en un cohete? Es que yo me mareo hasta viajando en burro, ¿sabe usté?

Computadora: Aprovechamos para ofrecerle otros productos, y para recordarle que el kilo de tomates de Almería lo tenemos a un euro con cincuenta; el queso de oveja, sin oveja, a treinta euros la pieza; y la carne de membrillo, sin azúcar y sin membrillo, a seis euros la lata de medio kilo y a doce la de quilo y medio.

Víctima: Oiga, ¿dónde hay que recogé los billetes, que no me lo ha dicho usté?

Computadora: Y no olvide que en SuperSol las chuletas de cordero están a quince euros el kilo, y a seis, los boquerones de Ávila.

Víctima: ¡Pero bueno! ¿Es que está usté sorda, cooooño?

Computadora: Gracias por su amabilidad. Para cualquier información que desee, complementaria de ésta, estamos donde usted nunca podría encontrarnos ni contratando a Paco Lobatón y a Rubalcaba juntos.

Víctima: ¡Mecaaaa…!

Computadora: Gracias por todo, buenos días.

Auricular: pi,pi,pi

Mujer de la víctima: Es que nunca te enteras de ná, Manué…

La era de la comunicación nos lleva a la incomunicación. ¿Alguien entiende lo que está pasando en España? Pi,pi,pi.

29
Ago/2011

Muere la bailaora Maleni Loreto

maleni2Ayer falleció en Madrid la gran bailaora sevillana Maleni Loreto, esposa del gran maestro del toreo Julio Aparicio y madre del torero del mismo nombre. Tenía 82 años de edad y, al parecer, dejó de existir víctima de un paro cardíaco. Malena Díaz Loreto era sobrina de una gran bailaora jerezana, La Malena, que vivió durante muchos años en la Alameda de Hércules, en Sevilla, donde Maleni aprendió a bailar siendo aún una niña viendo a su propia tía y a La Macarrona, entre otras grandes artistas del baile afincadas en la Alameda. La maestra Eloísa Albéniz, madre del pianista Arturo Pavón, se encargó también de pulirla y fue el cantaor macareno Pepe Pinto quien se le llevó de gira con su compañía, siendo una de las componentes del cuadro para el espectáculo España y su cantaora, que sirvió para que la gran Niña de los Peines se despidiera de los escenarios en 1949. Más tarde, Maleni Loreto montó su propio espectáculo con Arturo Pavón y el Beni de Cádiz, convirtiéndose en una bailaora de fama, aunque su boda con el torero Julio Aparicio la alejó pronto de los escenarios. Era una bailaora de un marcado estilo sevillano, de sabor, arte y duende. Mañana se le dará el responso en la Basílica de la Macarena, sobre las 11 de la mañana, para dos horas más tarde recibir cristiana sepultura en el Cementerio de San Fernando de Sevilla. Nuestro más sentido pésame a su famila y a la gran familia flamenca. Se nos ha ido una bailaora de mucho arte.

28
Ago/2011

¡Viva España y Jeré!

A Blas Fernández

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Alfonso Díez Carabantes, el futuro consorte de la duquesa de Alba, parece tener un morro que se lo pisa. Este señor es, sin la más mínima duda, el de más cara del país, aunque parezca que no ha roto nunca un plato. ¡Y mira que España tiene a gente con la cara como el granito! Los hijos de esta Grande de España estarán ruborizados, supongo. Menos mal que han podido convencer a la rejuvenecida abuela Cayetana para que reparta los ahorrillos antes de que en su luna de miel en Tailandia se le vaya a despertar un gustirrinín juvenil aletargado y se lo deje todo a este maromo. Siempre he pensado que esta relación tan morbosa era un montaje o una broma. Pero resulta que no es ni una cosa ni la otra: la duquesa más duquesa de España, la más flamenca y la más libre, se nos casa en octubre con un señor que, si no me han engañado, está haciendo estos días un curso de gerontología por lo que pudiera pasar en Tailandia. Eso es amor verdadero, sí señor. España no deja de sorprendernos nunca. Con motivo de la reciente acampada estival del Papa y los paperos en nuestro país, se me ocurrió poner la televisión estatal en blanco y negro y descubrí que no hemos cambiado tanto como pensábamos. Tantos años de mayoría absoluta del Partido Socialista de España, ¿para esto? Millones de parados, la prima de riesgo por las nubes -más que la prima parece la suegra, de los disgustos que nos está dando-, miles de empresas desaparecidas, corrupción en casi todas las siglas políticas, el prestigio internacional por los suelos, y cientos de miles de jóvenes sin un futuro laboral claro. Éste es el desolador panorama que tenemos en nuesto país. Ahora, de duques, duquesas, condes, condesas, baronesas, curas, obispos, cardenales, reyes, príncipes, princesas, vividores, gandules, besamanos y palios, seguimos estando chachi piruli. ¡Viva España y Jeré!

22
Ago/2011

Aquella lavadora tan sensible

A Anabel Bohórquez

LavadoraCuando la vida me puso a prueba y tuve que irme a vivir solo confieso que pasé las de Caín. Les conté aquí mismo lo que me ocurrió con la olla de caracoles que un día me dio por guisar. Pero al lado de lo que os voy a contar ahora, aquello apenas fue una historieta graciosa. La idea de comprar una lavadora no me atraía nada y cuando les dije a mi madre y a mi hermana que me iba a hacer con un lebrillo y una refregadera de aquellas de madera, como la que teníamos en el corral de Cuatro Vientos, estuvieron a punto de llamar al psicólogo para que me hiciera un chequeo mental. “Te compras una lavadora, que las hay sencillitas”, dijo mi hermana, la moderna de la familia. Mi madre, en cambio, siempre tan apegada a las viejas costumbres, era más partidaria del lebrillo y la refregadera. Me armé de valor y fui a una tienda de electrodomésticos a por la dichosa máquina de lavar trapos. Como suele suceder en estos casos, el vendedor me lo puso todo muy fácil. Si tendría necesidad de vender aquel sujeto, que me llegó a ofertar una lavadora que lo hacía todo. “Usted mete la ropa sucia por la boca y en media hora le aparece ya planchada y todo en el ropero”, aseguró el bandido. Como siempre he sido más inocente que un búcaro, encargué el ingenio y me lo llevaron al apartamento muy bien embalado, aunque se fueron sin instalarme la lavadora. “Eso es muy fácil de instalar, señor. Lea el libro de instrucciones”, dijo muy serio el transportista. La lavadora estaba en el salón, la desempaqueté y leí por encima el libro de instrucciones, que entendí perfectamente. Puse mi primer lavado y, como todo iba sobre ruedas, salí a comprar el periódico con toda tranquilidad. No había acabado de bajar las escaleras del bloque cuando sentí un ruido infernal que venía del apartamento. Al abrir la puerta observé turulato que la lavadora se había salido de la cocina y estaba pegando saltos en el salón y echando espuma por todas partes. Enseguida pensé que le había echado demasiado detergente o algún suavizante en mal estado -seguramente caducado-, porque aquellas convulsiones no eran normales. Como la pobre lavadora no paraba de correr de un lado para otro y de dar saltos,  contacté con la tienda para que me dijeran punto por punto cómo controlarla y me hicieron explicar los pasos que había seguido. Se los detallé y el hombre no salía de su asombro. “¿Le quitó usted los anclajes que sujetan el motor, unos tornillos largos que están justamente detrás?”, me preguntó. ¡Yo qué sabía de los anclajes! Se los quité y ya todo fue como la seda. No obstante, la lavadora ya no volvió a ser la misma, desconfiaba de mí y nuestra relación fue siempre fría, distante. En los días siguientes le metía una camisa blanca y me la sacaba azul o gris marengo. Los pantalones encogían dos centímetros cada vez que los lavaba y de cada diez calcetines que le daba, seis se quedaban dentro y nunca llegué a averiguar dónde. Sabía que era su manera de vengarse. El día que vendí el apartamento, con lavadora y todo, quise despedirme de ella y no me dijo ni por ahí te pudras. Aunque no se lo crean ustedes, las lavadoras también tienen su corazoncito.

18
Ago/2011

Ponga un caniche en su vida

A Milagros Pellicer

Las gasolineras de España han experimentado un cambio espectacular en los últimos años, pasando de expender combustible, a secas, a vender de todo lo que puedas imaginar. Incluso lo inimaginable. Cualquier día vamos a ir a llenar el depósito del coche y saldremos con un traje de Armani y los muebles para la casa de campo, el que la tenga. Son auténticos hipermercados con olor a petróleo y pan caliente. Alguna vez nos ha venido bien tener una gasolinera cerca porque  si un domingo te quedas sin pan o chocolate, solo tienes que llegarte y te atenderá una persona amable que será capaz de venderte el Puente de Triana si te descuidas y lo permite Ángel Vela.

-Hola, 20 euros de diesel especial.

-¿Solo eso, señor?

-Sí, solo eso. ¿Es que hay que comprar algo más? –preguntas.

-Tenemos chicles, chocolatinas, pan recién salido del horno eléctrico, patatas fritas, periódicos, bebidas, bocadillos de mortadela, de queso…

-Solo quiero gasoil.

-¿Tiene asegurada la casa?

-La guarda mi caniche enano, de pelo largo, entrenado para matar.

-¿Contra incendio?

-El caniche hizo un curso de bombero.

-¿Contra arriadas?

-El caniche domina la fontanería.

-¿Cómo anda de plan de pensiones?

-Sólo quiero gasoil -dices ya medio llorando.

-¿Quiere lavar el coche?

-Me lo ha lavado el caniche esta misma mañana.

-¿Está de cachondeo, señor?

-No; solo estoy de paso y quiero gasoil. ¿Tan raro le resulta? –preguntas.

La dependienta o el dependiente se cansan y por fin te atienden. Echas el combustible y regresas para que te den la factura con el IVA. Cuando parece que ha llegado la hora de continuar el viaje sueltan a la desesperada el super ofertón del día, antes de que te escapes:

-¿Gamuzas para secar el coche?

-Me apaño con el caniche, gracias. Ya le dije que es de pelo largo.

Esta podría ser una conversación normal con el dependiente de una gasolinera moderna, en la que pierdes demasiado tiempo pidiendo que te echen gasoil, escuchando ofertas de chicles y patatas fritas y pidiendo la factura con el IVA. Menos mal que cuando llegas a casa el caniche te tiene la cena preparada. Si sufre este mismo problema en sus gasolineras habituales, cómprese un caniche. De pelo largo, claro.

17
Ago/2011

Los ‘indignaos’ del compás

A Pansequito

El gran cantaor Pansequito, un verdadero revolucionario del cante en su momento, y otros muchos artistas de renombre están ahora enfrascados en otra revolución: luchar para que el poco jurdó que queda en la Junta no vaya a parar siempre a los mismos artistas. Se ha repartido un manifiesto entre artistas, críticos, aficionados y empresarios del género para que apoyen sus reivindicaciónes y el día 17 de agosto -hoy mismo- acudan a una concentración en el Instituto Andaluz del Flamenco, desde donde partirán hacia la Junta de Andalucía. Están encontrando muchos apoyos, pero algunos se lo han negado por temor a represalias del IAF. Según Pansequito, dede esta institución se ha estado llamando a varios artistas para que no secunden la convocatoria, porque “el próximo año habrá mucho trabajo”. El manifiesto es muy escueto y claro, solo de cuatro puntos. Se pide en él que haya un reparto más equitativo del trabajo que programa el IAF, que todos los artistas participen en festivales, semanas culturales y eventos en general que organice esta institución andaluza; y que hagan un mayor esfuerzo en la búsqueda de trabajo para los artistas. Son reivindicaciones razonables y justas por parte no solo del cantaor de la Línea de la Concepción,  sino de otros muchos profesionales: Aurora Vargas, Calixto Sánchez, Juanito Villar, Antonio Chiquetete, Diego Clavel y muchos más. Otros, en cambio, se han negado a firmar el manifiesto, caso del maestro Fosforito, presidente de honor del Consejo Asesor del Intituto Andaluz del Flamenco. Pansequito le ha pedido que si no es capaz de estar con los artistas, “que devuelva la Llave del Cante”, galardón que le otorgó la Junta de Andalucía. La crisis económica no se está cebando con los flamencos, aunque, como se alarga demasiado, comienza a notarse en unos más que en otros. Colectivo conformista por naturaleza, que se adapta a lo que haya que adaptarse, parece que los flamencos están dispuestos a luchar por lo suyo. Ya era hora de que se mojaran un poco.

http://www.elcorreoweb.es/cultura/128549/artistas/flamencos/levantan/junta

15
Ago/2011

Honores a mi maestro Manuel Domínguez Rodríguez

A su hija María del Carmen

Manuel Domínguez El Gordo.

Manuel Domínguez El Gordo.

El pasado viernes se enterró en Sevilla uno de mis mejores amigos, Manuel Domínguez Rodríguez, con 73 años. Más que un amigo, este gran hombre fue uno de mis maestros de la vida, que supo inculcarme cuando era solo un chaval de 20 años algunos valores fundamentales sin los que no se puede ser un hombre de verdad. En 1974 me fui a vivir a la calle Costa y Llovera, de la Carretera de Su Eminencia, en Sevilla, donde Manuel Domínguez vivía con su esposa y sus cinco hijos, entonces de corta edad: María del Carmen, Juana, Manuel, Paquita y Pedro Pablo. En la misma casa vivía uno de sus hermanos, Pablo Domínguez, que hoy es suegro de mi hermano Antonio. Y sus padres también residían en esta misma calle. Es una familia estupenda, que siempre ha sido como la mía propia. Manuel y Pablo Domínguez estaban entre quienes fundaron la Peña Flamenca El Chozas, en esta misma calle, que fue donde comenzó mi relación con el mundo del flamenco. Le pusieron El Chozas precisamente porque los Domínguez venían del barrio de Los Carteros, de donde es este cantaor sevillano. Al poco tiempo, Manolo, Pablo y el pequeño de los varones, Perico, construyeron una gran casa de pisos en la calle Ricardo Palma y abandonaron Costa y Llovera, que es paralela a ésta. No sé ahora, pero a finales de los 70 esta casa era como el templo de la alegría, siempre llena de gente, de chavales, con muchas celebraciones familiares en su gran patio con limonero incluido y una hospitalidad sin fisuras. Ana Solano y Carmen Morillo, las esposas de Pablo y Manolo, respectivamente, se encargaban de que imperara siempre la alegría y la armonía familiar. En esta casa pasé los momentos más felices de aquella época de mi vida, en la que hubo de todo. Manuel y Pablo Domínguez, que eran dos grandes maestros de obras, estaban trabajando en una empresa de la calle Vidrio, Construcciones Alboaire, donde entré a trabajar con solo 18 años. Era una contrata de Sevillana de Electricidad y el trabajo consistía en abrir calicatas en las calles para meter cables de alta tensión. Recuerdo que, como entonces pesaba cincuenta kilos y tenía el pelo muy largo, Manolo Domínguez, que era el encargado, me aconsejó que no me matara el primer día, que me lo tomara con tranquilidad. Y como tenía un gran sentido del humor recuerdo que me dijo también que no fuera a enredarme la espiocha en el pelo. Tanto empeño puse en causarle buena impresión a Manolo El Gordo -así le llamaban en la empresa-, que al llegar la hora de dar de mano y quitarme los guantes descubrí que se me habían llenado de ampollas. Al día siguiente acudí a trabajar con las manos vendadas y este hombre me puso a hacer la faena más adecuada para que no me hiciera más daño: arrimarle agua y herramientas a los calicateros. Estuve cuatro años con él en la empresa, y esos cuatro años fueron la mejor escuela para mí. Manolo era un hombre muy trabajador y honrado a carta cabal. Fue un modelo como esposo, como padre y como amigo de sus amigos. Para él no había otras cosas que el trabajo y su familia, y esos fueron los valores que intentó inculcarme. Por eso lo he tenido siempre como una de las personas que más influyeron en mi formación en una época de la vida, la adolescencia, en la que es muy fácil caer en vicios y tomar el camino equivocado. Su Eminencia era entonces un barrio de fácil acceso al precipicio.

En esta fotografía está Manuel Domínguez (asomando la cabeza donde le punto blanco de más arriba), entre El Chozas, Pepe Carrasco, Pablo Domónguez, Pedro Domínguez, El Trigo, El Cipri y otros. Fue en el bautizo del primer hijo de El Chozas. Yo soy el primero de la izquierda, de los agachados.

En esta fotografía está Manuel Domínguez (asomando la cabeza donde el punto blanco de más arriba), entre El Chozas, Pepe Carrasco (el gran letrista), Pablo Domínguez, Pedro Domínguez, El Trigo, El Cipri, El Lete y otros. Fue en el bautizo del primer hijo de El Chozas. Yo soy el primero de la izquierda, de los agachados. Ya ha llovido desde entonces.

Recuerdo que, como ganaba mucho dinero con las averías y le daba a mi madre hasta la última peseta, una vez me aconsejó que abriera una cartilla en El Monte y que fuera ahorrando para comprarme mi parcela y hacerme mi propia casa para cuando me casara. Le hice caso y abrí una cuenta con 3.500 pesetas. Cuando se lo dije, se puso muy contento por haberle hecho caso. Pero al poco tiempo, una noche de averías me preguntó que cómo llevaba la cuenta, y cuando le dije que estaba en números rojos, que me había gastado el dinero en un pastor alemán y unos prismáticos, se puso furibundo. Sobre todo, cuando supo que me habían dado por pastor alemán un chucho que, para colmo, estaba lleno de garrapatas y de pulgas, que mi madre se encargó inmediatamente de poner de patitas en la calle. Aquel día supe que lo había defraudado. Sin embargo, al poco tiempo se ofreció a levantar la casa que mi madre quería construir en Padre Pío. La puso en dos fines de semanas a altura de vigas y cuando mi madre quiso pagarle no le cogió ni una peseta. Así era Manuel Domínguez El Gordo. Cuando dejé de trabajar en Alboaire, como vivíamos en el mismo barrio, estábamos siempre en contacto. Sé muy bien lo orgulloso que se sentía por el hecho de que hubiera abandonado la albañilería para dedicarme al periodismo. Cada vez que editaba un libro y se lo daba dedicado, se emocionaba. Olvidó pronto lo de dilapidación de la cuenta en El Monte y una noche en la que me dieron la insignia de oro de la Peña El Chozas, se sentó con su mujer en primera fila. Mientras hablaban en el escenario sobre mi trayectoria profesional y me daban los regalos típicos de esta clase de homenajes, observé que los dos tenían los ojos llenos de lágrimas. Carmen Morillo, su esposa, es una de las mujeres más valientes y luchadoras que he conocido a lo largo de mi vida. Por eso, cuando el otro día, en el tanatorio de Sevilla, les pregunté por ella a sus hijos para darle el pésame y me dijeron que ni siquiera sabía que acababa de quedarse viuda -padece la terrible enfermedad del alzheimer-, sentí una gran pena en lo más profundo de mi alma porque esta mujer hubo un tiempo en el que fue para mí como una segunda madre. Daría parte de lo que me quede por vivir, si hiciera falta, para que se curara y pudiera seguir disfrutando de sus hijos y nietos, aunque se haya ido el puntal de la familia, su esposo, el que velaba por todos, el que trabajó siempre como un mulo de carga para que a su gente no le faltara de nada. Sus hijos pueden sentirse orgullosos de haber tenido a don Manuel Domínguez como padre, y de tener todavía como madre a doña Carmen Morillo. Tan orgulloso como me siento yo de haber convivido durante algún tiempo con una familia en la que estuve a punto de entrar y que no pudo ser porque, seguramente, el destino no quiso para mí ese privilegio. Mis lágrimas derramé por ello. Sin embargo, esto nos es óbice para que hoy aproveche esta tribuna periodística y le rinda un homenaje a un hombre bueno que se ha ido a ese lugar donde la diferencia no la marcan las personas, sino el frío mármol que las cubre. Le debía este homenaje, que le doy porque lo quería y he sentido mucho su muerte. La de una persona que siempre me miró bien, se alegró de mis éxitos y sintió mis fracasos. Descansa en paz, donde quiere que estés, amigo y maestro Manuel.

13
Ago/2011

Y se vuelven a encontrar…

A los enamorados del mundo

beso

Muchas veces se preguntó que por qué no podía llamarla una tarde para invitarla a tomar café donde antaño solían mirarse fijos a los ojos hasta que uno de los dos sonreía y apartaba la mirada. Sabía que los años habían pasado y que, como es  lógico, las cosas habrían cambiado; que ella sería ahora una mujer enamorada de otra persona, como le ocurría a él mismo; que ya nada sería igual que entonces. Después de treinta años sin verse, el otro día coincidieron por casualidad en la misma cafetería que ambos dejaron de frecuentar cuando acabaron la relación. Él estaba sentado en un rincón del café, solo, pensativo, dándole vueltas a su mechero sobre la tapa de mármol blanco recién fregada, como esperando a alguien. Se cruzaron sus miradas, sus corazones aceleraron el pulso como locos y, empujados por una fuerza misteriosa, se dieron un abrazo que se les hizo eterno. Después se miraron a los ojos con cariño y el tiempo pareció pararse en seco. Ella sonrió y provocó en él otra sonrisa, aunque era más una mueca dolorosa, como la triste sonrisa de Tomás Pavón. Hablaron solo unos minutos, los justos para que ambos se dieran cuenta de que no habían dejado de amarse. Él le confesó que aún lloraba cuando soñaba con ella; ella, que le ocurría lo mismo cuando escuchaba su nombre en alguna parte. Pero tenían que despedirse. “¿Hasta cuándo?”, preguntó él mientras apretaba sus manos con ternura. “Hasta que el azar lo quiera de nuevo”, contestó ella poniéndose la bufanda en su delicado cuello para perderse a continuación entre la muchedumbre mientras él se sentaba de nuevo en la mesa de mármol blanco recién fregada y volvía a darle vueltas a su mechero, pensativo, melancólico, misteriosamente rejuvenecido y con el pájaro de la felicidad posado en su rostro. Recordó una letra de fandango que, curiosamente, aquella mañana había escuchado en la radio del coche yendo para la citada cafetería sin saber muy bien a lo que iba:

Y se vuelven a encontrá.

Amores que se han querío

y se vuelven a encontrá.

O se mudan de coló,

o se hacen un desaire.

Por dentro sufren los dos.

Estupefacto y triste por tan fugaz reencuentro, se preguntó la razón de su presencia en aquella entrañable cafetería en la que llevaba treinta años sin entrar. Llegó a la conclusión de que esa mañana era la elegida por el destino para reencontrarse con el gran amor de su vida, cuyo recuerdo le despertó el fandango que escuchó en el coche. A ella le ocurriría lo mismo. Aquella mañana algo la animó a entrar en la cafetería que tanto frecuentó en otra época. Algunos sabios muy sabios han dicho que nada en esta vida es pura casualidad sino obra del destino. No creo que haya que otorgarle tanto poder a la providencia, pero a veces es de una crueldad sumamente terrible. Dostoievski dijo una vez que en nuestro planeta solo podemos amar sufriendo y a través del dolor. No sabemos amar de otro modo ni conocemos otra clase de amor. Por eso escribió el poeta salmantino Gabriel y Galán esta hermosa quintilla:

Me enseñaron a rezar,

enseñáronme a sentir

y me enseñaron a amar.

Y como amar es sufrir

también aprendí a llorar.

Publicado en La Gazapera el 13 de agosto de 2011

11
Ago/2011

Moraíto Chico navega ya por un río de dolor con rumbo a la inmortalidad

A Diego del Morao

sevilla l Jerez de la Frontera era ayer por la mañana un río de dolor por el que los flamencos navegaban como sonámbulos, ojerosos y con el pájaro de la tristeza posado en sus rostros. El terrible calor no fue obstáculo para que centenares de personas, de Jerez y de otros muchos pueblos del mundo, se acercaran al tanatorio a darle el último adiós al gran guitarrista Manuel Moreno Junquera, conocido en todo el mundo por el remoquete artístico de Moraíto Chico.
Nadie parecía querer aceptar la muerte del fenómeno de la sonanta jerezana, a pesar de que su cadáver podía verse a través de un cristal custodiado por la madre, la esposa y los hijos del difunto, entre otros familiares desconsolados ante tan dolorosa e irreparable pérdida.
Nombrar a todos los artistas que acudieron a despedir al genial artista sería empresa imposible. Han estado todos y todos estaban muy afectados. Sin embargo, eran los artistas jerezanos los más hundidos. Había que ver las caras de La Macanita, Paco Cepero, Diego Carrasco, Niño Jero, Fernando el de la Morena, Dieguito el de la Margara, Luis el Zambo, María del Mar Moreno, El Carbonero, Diego Amaya, El Bo, Paco Gálvez, El Chícharo, Rafita…
Su tío Manuel Morao, el hermano de su padre y mago de la guitarra jerezana, alejado ya de los escenarios desde hace tiempo, apenas tenía fuerzas para levantarse cuando alguien iba a darle el pésame. El maestro de Jerez ha sufrido mucho con la enfermedad de su sobrino y continuador de su rica escuela de guitarra. Ayer era un hombre abatido.
Estuvieron también artistas de fuera de Jerez, como Pansequito y Aurora Vargas, Chiquetete, El Cigala, El Pele, Miguel Ángel Cortés, Antonio Campos, Ricardo Miño y otros muchos. Además de los que fueron pasando por el tanatorio durante todo el día de ayer y toda la noche, destacando la asistencia de Manolo Sanlúcar y, cómo no, la del maestro José Mercé, con quien Moraíto ha estado durante años, en un binomio perfecto.
No faltaron los aficionados, los cabales, personas del mundo de las peñas, de la crítica, de las agencias artísticas, de las instituciones públicas, del mundo del toro -estuvieron Curro Romero y Juan José Padilla, entre otros-, del deporte jerezano, de la política…
Resultó muy duro ver al maestro Moraíto Chico, sin vida, a través de un cristal y medio tapado por una gran cantidad de coronas, entre las que pudimos ver las enviadas por José Mercé y el cantante madrileño Alejandro Sanz. No fue fácil encajar una imagen así de alguien a quien hemos visto centenares de veces en muchos de los escenarios del mundo, con quien hemos compartido momentos de arte tanto en España como fuera de nuestro país.
Los jerezanos, los flamencos y los que no lo son, seguramente van a necesitar varios años para recuperar la normalidad. Se han ido muchos artistas de la tierra en muy poco tiempo (La Paquera, Parrilla, Rubichi, Fernando Terremoto, Moraíto…), y eso es algo que tumba a cualquiera.
La muerte del artista ha conmocionado al mundo del flamenco porque, a su calidad de guitarrista y bailaor de bulerías, hay que unir su calidad humana. El Morao, como lo llamaba todo el mundo, era un duende gitano que disfrutaba haciendo felices a las personas que le rodeaban. Por eso Jerez era ayer un río de dolor y Moraíto una barca con rumbo a la inmortalidad. Ya descansa en paz. Y a compás. Siempre a compás.

Moraito

Jerez de la Frontera era hoy por la mañana un río de dolor por el que los flamencos navegaban como sonámbulos, ojerosos y con el pájaro de la tristeza posado en sus rostros. El terrible calor no fue obstáculo para que centenares de personas de Jerez y de otros muchos pueblos del mundo se acercaran al tanatorio a darle el último adiós al gran guitarrista Manuel Moreno Junquera, conocido por el remoquete artístico de Moraíto Chico. Nadie parecía querer aceptar la muerte del fenómeno de la sonanta jerezana, a pesar de que su cadáver podía verse a través de un cristal custodiado por la madre, la esposa y los hijos del difunto, entre otros familiares desconsolados ante tan dolorosa e irreparable pérdida. Nombrar a todos los artistas que acudieron a despedir al genial artista sería empresa imposible. Han estado todos y todos estaban muy afectados. Sin embargo, eran los artistas jerezanos los más hundidos. Había que ver las caras de La Macanita, Paco Cepero, Diego Carrasco, Niño Jero, Fernando el de la Morena, Dieguito el de la Margara, Luis el Zambo, María del Mar Moreno, El Carbonero, Diego Amaya, El Bo, Paco Gálvez, El Chícharo y Rafita. Su tío Manuel Morao, el hermano de su padre y mago de la guitarra jerezana, alejado ya de los escenarios desde hace tiempo, apenas tenía fuerzas para levantarse cuando alguien iba a darle el pésame. El maestro de Jerez ha sufrido mucho con la enfermedad de su sobrino y continuador de su rica escuela de guitarra. Hoy era un hombre abatido. Estuvieron también artistas de fuera de Jerez, como Pansequito y Aurora Vargas, Chiquetete, El Cigala, El Pele, Miguel Ángel Cortés, Antonio Campos, Ricardo Miño y otros muchos. Además de los que fueron pasando por el tanatorio durante todo el día de ayer y toda la noche, destacando la asistencia de Manolo Sanlúcar y, cómo no, la del maestro José Mercé, con quien Moraíto ha estado durante años, en un binomio artístico perfecto. No han faltado los aficionados, los cabales, personas del mundo de las peñas, de la crítica, de las agencias artísticas, de las instituciones públicas, del mundo del toro -estuvieron Curro Romero y Juan José Padilla, entre otros-, del deporte jerezano y de la política. Resultó muy duro ver al maestro Moraíto Chico, sin vida, a través de un cristal y medio tapado por una gran cantidad de coronas, entre las que pudimos ver las enviadas por José Mercé y el cantante madrileño Alejandro Sanz. No fue fácil encajar una imagen así de alguien a quien hemos visto centenares de veces en muchos de los escenarios del mundo, y con quien hemos compartido momentos de arte tanto en España como fuera de nuestro país. Los jerezanos, los flamencos y los que no lo son, seguramente van a necesitar varios años para recuperar la normalidad. Se han ido muchos artistas de la tierra en muy poco tiempo (La Paquera, Parrilla, Rubichi, Fernando Terremoto, Moraíto…), y eso es algo que tumba a cualquiera. La muerte del artista ha conmocionado al mundo del flamenco porque a su calidad de guitarrista y bailaor de bulerías hay que unir su calidad humana. El Morao, como lo llamaba todo el mundo, era un duende gitano que disfrutaba haciendo felices a las personas que le rodeaban. Por eso Jerez era hoy un río de dolor y Moraíto una barca con rumbo a la inmortalidad. Ya descansa en paz. Y a compás.

http://www.youtube.com/watch?v=kBhSiW5qrL4

10
Ago/2011

Luto en el mundo del flamenco: se nos ha muerto el gran Moraíto Chico

MORAITO CHICO et JESUS MENDEZ FESTIVAL DE FLAMENCO DE NIMES 2011 photos jean louis DUZERT (56)

Son las once de la mañana. Acaba de darme la noticia un querido amigo, Gonzalo López Nieto. Ha muerto el guitarrista jerezano Moraíto Chico, que llevaba meses luchando contra un cáncer de pulmón. Fue El Chícharo quien me dijo hace dos semanas, en el Gazpacho Andaluz de Morón de la Frontera, que estaba ingresado en el Hospital de Jerez y que la cosa pintaba muy mal. Ha muerto esta mañana, sobre las 10.30 horas, por encharcamiento pulmonar. Menudo mazazo. Todavía lloramos la marcha de Fernando Terremoto y ahora, sin habernos repuesto aún, se nos acaba de ir Moraíto Chico, el genio de la guitarra de Jerez y una de las mejores personas que andaban por el flamenco. En el pasado festival de Nimes tuve la suerte de escuchar su fantástico concierto y de darle un abrazo. Ahora se nos ha ido. Me falta el aire. Los años hacen que nos vayamos acostumbrando a la muerte de los seres queridos, pero hay muertes que nos tumban. La de Moraíto Chico me ha destrozado el corazón porque quería mucho a este gitano artista, genio del toque jerezano, persona de gracia y, sobre todo, ser humano sin parangón. Conocía el alcance de su grave enfermedad y esperaba el fatal desenlace de un momento a otro. Esta mañana, el entrañable amigo Gonzalo López Nieto me mandaba un escueto mensaje al móvil comunicándome la luctuosa noticia: “Ha muerto Moraíto”. Tenía sólo 54 años, joder. No hay derecho. Se ha ido, además, como era el genio del barrio de Santiago de Jerez: con la misma humildad con la que ha vivido siempre. La humildad no se aprende en una academia, es algo que te pega tu madre en la piel cuando te trae al mundo, como te pega su sangre. Morao era un ser humano de una sencillez y una ternura increíbles. Todavía siento el calor de su cuerpo, del abrazo que nos dimos en el pasado Festival de Nimes, una vez que había acabado su fantástico concierto. Estábamos cenando en la Casa Blanca y alguien me dijo que quería verme, que entrara donde estaba cenando con algunos amigos y compañeros. Estaba feliz porque sabía que había dado un concierto histórico, aunque no imaginaría que sería el último, su última gran lección de flamenco, sin trampas ni cartón. ¿O sí lo sabía? La Gazapera está que echa humo, con centenares de entradas desde todo el mundo. Todo ha sido colgar la noticia de esta irreparable pérdida y parece que miles de personas la estaban esperando. Esta muerte nos va a dar la puntilla, pero habrá que sacar fuerzas de donde sea para estar mañana en Jerez y darle el último adiós a Moraíto de Jerez y un abrazo a sus familiares, sobre todo a su hijo Diego, que ahora tendrá que tirar de la familia y encargarse de que el toque de su padre no muera jamás. Será enterrado mañana, a las 12.00 horas, en el Cementerio Municipal de Jerez. Descansa en paz, amigo del alma, pedazo de pan bendito, artista. “El guitarrista más flamenco de la historia”, según acaba de decir el también artista jerezano Paco Cepero.