Monthly Archives: Mayo 2011

29
May/2011

Flamencos en el Padrón de Sevilla

A Patricio Hidalgo

sevilla l Un estudio que llevamos a cabo desde hace años en el Padrón Municipal de Sevilladel siglo XIX- pone de manifiesto la escasa consideración social y administrativa de los artistas flamencos, casi nunca considerados como tales en el censo de habitantes. También es verdad que muy pocos artistas de aquellos tiempos eran profesionales que se dedicaban sólo al ejercicio de su arte: la gran mayoría combinaban lo del arte con otros trabajos y a la hora de rellenar la hoja del padrón nunca rezaba su condición de artistas.
Resulta conmovedor ver cómo todo un Chacón aparece como zapatero, como su padre, cuando en 1888 vivía en la calle Correduría. Carito de Jerez, algo más antiguo, siempre aparece como picapedrero o cantero; La Serrana y su hermana, La Sordita, como cigarreras o jornaleras, cuando no como “su casa”, que era lo normal cuando se trataba de mujeres; el Niño de Escacena, como pintor; Antonio el Pintor, como jornalero; Diego el Lebrijano, como tablajero o carnicero, que significa lo mismo; Curro Dulce, como corredor; José Lorente, como jornalero; y las Coquineras del Puerto de Santa María, como “su casa”.
En todo el Padrón Municipal de Triana de 1875 no hemos encontrado a ningún artista flamenco que conste como tal. Cantaores gitanos como Tío Antonio Cagancho y su hijo Manuel siempre rezan como herreros, que lo eran y muy buenos. Nunca se dedicaron al cante como profesionales y prevalecía el oficio de herrero porque ser herrero en la Cava Nueva o el Monte Pirolo era algo que los distingía socialmente. Los Filigrana, los Vargas, los Bermúdez, los Lérida, los Flores y los Rodríguez eran linajes dedicados a la Herrería y tenían una consideración social más importante que los dedicados a otras labores, como la alferería o el comercio.
En cuanto a los cantaores no gitanos, Noriega consta como marinero; y Pineda, como zapatero. Era muy normal que en una misma calle del arrabal vivieran varios cantaores gitanos y siempre en una misma casa de vecinos o muy cerca unos de otros. Se suele decir que cantaores de otros lugares de Andalucía como el Puerto de Santa María, Puerto Real, Cádiz, Morón o Málaga se afincaban en el barrio para aprender los cantes, pero lo cierto es que lo hacían para trabajar y, en casos concretos, para esconderse y escaparse, cuando hiciera falta, por sus famosos callejones que daban a la Vega y al Aljarafe, como hizo Rafael Flores El Piyayo tras quitarle la vida a una alcalareña en la calle Evangelista. Los que vivían del cante elegían la Alameda de Hércules para estar cerca de los cafés cantantes del centro de Sevilla, como hicieron Paco la Luz y sus hijas, las Antúnez, Frijones, los Ortega de Cádiz, la Macarrona, las Coquinera, Carito de Jerez, el Canario y el Perote de Álora, la Juanaca de Málaga, Dolores la Parrala y su hermana, el Niño Medina, Antonio Chacón y la Niña de los Peines, etc.
Resulta interesante haber comprobado que algunos de estos artistas, como en el caso de las hijas de Paco la Luz, llegaron a la Alameda siendo sólo unas niñas y que se murieron de viejas en este mismo lugar.
Esto no se ha tenido en cuenta a la hora de fijar las escuelas cantaoras andaluzas o de analizar la tan reivindicada escuela sevillana del baile. Habrá que tenerlo en cuenta en futuros estudios.
Paco la Luz y sus hijas, la Serrana y la Sordita, en la Alameda de Hércules. 1900.

El mítico cantaor jerezano Paco la Luz y sus hijas, María la Serrana y Juana la Sordita, en la Alameda de Hércules. 1900.

Un estudio que llevamos a cabo desde hace años en el Padrón Municipal de Sevilla del siglo XIX pone de manifiesto la escasa importancia social y administrativa de los artistas flamencos, casi nunca considerados como tales en el censo de habitantes. También es verdad que muy pocos artistas de aquellos tiempos eran profesionales que se dedicaban sólo al ejercicio de su arte: la gran mayoría combinaban lo del arte con otros trabajos y a la hora de rellenar la hoja del padrón nunca rezaba su condición de artistas. Resulta conmovedor ver cómo todo un Chacón aparece como zapatero, como su padre, cuando en 1888 vivía en la calle Correduría y ya era el ídolo de cientos de aficionados en Andalucía. Carito de Jerez, algo más antiguo, siempre aparece como picapedrero o cantero; La Serrana y su hermana, La Sordita, como cigarreras o jornaleras, cuando no como “su casa”, que era lo normal cuando se trataba de mujeres; el Niño de Escacena, como pintor; Antonio el Pintor, como jornalero; Diego el Lebrijano, como tablajero o carnicero, que significa lo mismo; Curro Dulce, como corredor; José Lorente, como jornalero; y las Coquinera del Puerto de Santa María, como “su casa”. En todo el Padrón Municipal de Triana de 1875 no hemos encontrado a ningún artista flamenco que conste como tal.

Manuel Cagancho en el Padrón de Triana en 1900. Constaba como herrero.

Manuel Cagancho en el Padrón de Triana en 1900. Constaba como herrero.

Cantaores gitanos como Tío Antonio Cagancho y su hijo Manuel siempre rezan como herreros, que lo eran y muy buenos. Nunca se dedicaron al cante como profesionales y prevalecía el oficio de herrero porque ser herrero en la Cava Nueva o el Monte Pirolo era algo que los distinguía socialmente. Los Filigrana, los Vargas, los Bermúdez, los Lérida, los Flores y los Rodríguez eran linajes dedicados a la Herrería y tenían una consideración social más importante que los dedicados a otras labores, como la alferería o el comercio. En cuanto a los cantaores no gitanos, Noriega consta como marinero; y Pineda, como zapatero. Era muy normal que en una misma calle del arrabal vivieran varios cantaores gitanos y siempre en una misma casa de vecinos o muy cerca unos de otros. Se suele decir que cantaores de otros lugares de Andalucía como el Puerto de Santa María, Puerto Real, Cádiz, Morón o Málaga se afincaban en el barrio para aprender los cantes, pero lo cierto es que lo hacían para trabajar y, en casos concretos, para esconderse y escaparse, cuando hiciera falta, por sus famosos callejones que daban a la Vega y al Aljarafe, como hizo Rafael Flores El Piyayo tras quitarle la vida a una alcalareña en la calle Evangelista. Los que vivían del cante elegían la Alameda de Hércules para estar cerca de los cafés cantantes del centro de Sevilla, como hicieron Paco la Luz y sus hijas, las Antúnez, Frijones, los Ortega de Cádiz, la Macarrona, las Coquinera, Carito de Jerez, el Canario y el Perote de Álora, la Juanaca de Málaga, Dolores la Parrala y su hermana, el Niño Medina, Antonio Chacón y la Niña de los Peines, etc. Resulta interesante haber comprobado que algunos de estos artistas, como en el caso de las hijas de Paco la Luz, llegaron a la Alameda siendo sólo unas niñas y que se murieron de viejas en este mismo lugar. Esto no se ha tenido en cuenta a la hora de fijar las escuelas cantaoras andaluzas o de analizar la tan reivindicada escuela sevillana del baile. Habrá que tenerlo en cuenta en futuros estudios.

27
May/2011

Compás del Cante para el cantaor sevillano José el de la Tomasa

Al cantaor sevillano

José el de la Tomasa

José el de la Tomasa. Fotografía: Bohórquez

Hoy hemos recibido la buena noticia de que el cantaor sevillano José el de la Tomasa ha sido galardonado con la distinción Compás del Cante, como reconocimiento a su carrera artística. Justo y merecido homenaje a tan notable artista del cante, depositario de la herencia musical de los Torre y de su padre, conocido por Piesplomo. Sólo nos resta felicitarlo y darles a conocer la nota de prensa enviada por Cruzcampo hoy mismo:

José Giorgio Soto José de la Tomasa ha sido galardonado con la Distinción Compás del Cante que, desde hace veinticinco años, otorga la Fundación Cruzcampo a personajes destacados del mundo del flamenco. El jurado, reunido esta misma mañana en la sede de la Fundación Cruzcampo para emitir el fallo, ha estado presidido por José Luque y formado por Gonzalo Rojo, Antonino Parrilla, Nicolás Muela, Juan Peña EL Lebrijano y Emilio Jiménez Díaz como secretario, ha decidido por unanimidad otorgarle el premio por conservar la tradición de su estirpe, por su profesionalidad y defensa en varias parcelas de la historia flamenca. Además, el Jurado ha decidido conceder una mención especial a la Peña Flamenca Juan Breva de Málaga por su larga historia y por su presencia en los valores del flamenco y la conservación de un patrimonio documental en su Museo de Arte Flamenco. La Distinción Compás del Cante, que cumple ahora su veinticinco aniversario, fue instaurada en 1984, para destacar la profesionalidad de los cantaores flamencos, aunque posteriormente se amplió la distinción a las modalidades de baile y toque. A lo largo de estos años han recibido este premio artistas de la talla de Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Enrique Morente, Fosforito, Chano Lobato, Matilde Coral, La Paquera de Jerez, Fernanda de Utrera, Cristina Hoyos, Chocolate, Merche  Esmeralda, Eva Yerbabuena  o José Cortés Pansequito premiado el pasado año.  Con este galardón la Fundación Cruzcampo quiere reconocer la importancia del arte flamenco “como excepcional expresión de los sentimientos y la cultura andaluza y española”. El artista, al igual que en ediciones anteriores, recibirá una escultura conmemorativa titulada Compás del Cante, obra del escultor Jesús Gavira. La distinción se entregará el próximo 1 de julio en el transcurso de una cena, que se celebrará en el Castillo de Gibralfaro de Málaga.

24
May/2011

Jesús Jiménez en la Tertulia de Badía

A José Algaba

El cantaor Jesús Jiménez, Andrés Luque (en el centro) y Luis el Salado.

El cantaor Jesús Jiménez Gaspar, Andrés Luque (en el centro) y el buen guitarrista malagueño Luis el Salao.

Acabo de llegar a casa y vengo de la Peña Flamenca de Juan Badía, dueño de Jamones Badía. Dos martes de cada mes y desde hace mucho tiempo esta tertulia convoca  a un grupo de aficionados a un almuerzo con fiesta flamenca incluida en la que siempre podemos disfrutar del cuadro de artitas de la casa compuesto por intérpretes como Carmen Ledesma, Herminia Borja, Mari Peña, Antonio Moya, Manuel Tañé, Joselito Méndez, La Tana y otros muchos, aunque no actúan siempre los mismos artistas. Hoy hemos podido disfrutar con el gran Enrique el Extremeño y un joven bailaor que apunta maneras, Miguel el Rubio, que es hermano de El Oruco. Pero antes de este fin de fiesta de verdadero sabor flamenco, el programa FlamencoRadio.com, de Canal Sur Radio, se encargó de presentarnos al estupendo cantaor malagueño Jesús Jiménez Gaspar -de Alhaurín de la Torre-, que ofreció un completo recital de cante clásico acompañado a la guitarra por otro malagueño, Luis el Salado. Hacía años que no escuchábamos a Jesús Jiménez y os aseguro que convenció a los numerosos asistentes a esta tertulia con un manojo de cantes que fueron desde las malagueñas hasta el tanguillo de Cádiz, pasando por los tangos, las alegrías y las seguiriyas. Tiene un cante natural sin artificios, clásico, que te acaba metiendo el sabor en la piel de una manera extraordinaria. Les aseguro que apetece a veces escuchar a cantaores de este corte y hacerlo en la intimidad de la reunión de cabales, donde hay siempre una perfecta comunión entre público y cantaor, algo que no siempre ocurre en un teatro y, desde luego, casi nunca en uno de esos festivales de verano. Creo que es esto lo que le da valor a la tertulia de Juan Badía, donde nadie va cobrando dinero sino por el deseo de echar un buen rato, aunque no se va nadie sin su regalito. En el caso de los invitados a cantar antes del fin de fiesta lo hacen para que el citado programa les grabe un cedé y dé el recital en diferido para más de ciento cuarenta países a través de Internet lo que supone una inmejorable promoción en el mundo en una época en la que muchas casas discográficas le han dado la espalda al cante flamenco debido a la crisis económica. El viejo sueño del ya ausente Luis Vaquero, que hizo realidad el periodista y fotógrafo Paco Sánchez y que coordina actualmente Andrés Luque, se consolida como una propuesta innovadora que tiene cada día a más seguidores en todo el mundo, aunque deberá mejorar sus contenidos para captar el interés de los aficionados más exigentes y críticos. Les adjuntamos el enlace del programa para que lo conozcan aquellos que aún no sepan que existe. Ya nos contarán.

http://www.canalsur.es/portal_rtva/web/pagina/seccion/1106/radio/flamencoradio.com

19
May/2011

Veréis como viene alguien y lo jode

A la esperanza

Manifestación

Tanto incitar desde Europa y los Estados Unidos a los jóvenes para que se rebelen contra la tiranía de algunos de los dictadores de determinados países árabes, que ahora les va a tocar a los opresores elegidos democráticamente en los países de Occidente. Aquí va a pasar lista hasta el gato. Mucho han tardado los jóvenes españoles en salir a la calle a exigir una democracia de más calidad que la que tenemos y a denunciar los engaños, abusos y putrefacción de la clase política, aunque haya políticos de base en los pueblos e incluso lumbreras nacionales de primer orden que sean honrados. El movimiento Democracia real ya, está en nuestras calles y parece que el efecto contagio logrará que miles de jóvenes de todo el viejo continente se echen a las de otros países, como ya ocurre en la Italia de Silvio Berlusconi. Lo deseable sería que estas manifestaciones estuvieran marcadas por la buena armonía y la independencia política y que no fueran controladas por ninguna sigla, pero será difícil. El hecho de que no hayan pedido aún la dimisión del presidente del gobierno de España como máximo responsable de la situación por la que atravesamos es significativo y demuestra que detrás de este movimiento no hay sólo jóvenes y menos imberbes descontentos por el paro y la falta de futuro, sino personas y asociaciones ligadas a determinadas ideologías políticas que en seguida se han solidarizado con el movimiento buscando un rédito de cara a estas elecciones y a las generales del próximo año. Pero lo importante es que miles de personas ya han dicho basta, que han reaccionado contra la insostenible situación no sólo en España, sino en todos los países del mundo. Hace un día precioso. Veréis como viene alguien y lo jode.

18
May/2011

El talento y la fantasía de Rocío Molina

viñática
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Compañía de Rocío Molina. 2004. Título de la obra: Viñática. Idea original: Rocío Molina. Cuadro: José Ángel Carmona, El Oruco y Eduardo Trassierra.
Manuel Bohórquez Casado
El Lope de Vega registró una magnífica entrada para ver el estreno nacional de la obra flamenca ‘Viñática’, de la jovencísima bailaora malagueña Rocío Molina, Premio Nacional de Danza 2010. Había interés por ver su última creación y la artista no defraudó en absoluto a su ya fiel parroquia de seguidores y seguidoras. No se escuharon muchos olés, pero el público se puso en pie para aplaudir con fuerza una obra que, sin restarle mérito alguno,se nos antojó larga, con un vestuario mejorable -los del cuadro iban vestidos como los cocheros de los entierros de hace dos siglos-, una primera hora muy lenta, una escenografía triste y unas luces un tanto funéreas. Impactante el precioso pastor alemán en el escenario, algo que no habíamos visto nunca en un espectáculo de baile flamenco. Al principio nos pareció un simple adorno, un recurso ciertamente original. Pero al final la malagueña bailó al compás de los ladridos enlatados del can. Ésto sólo se le puede ocurrir a Rocío Molina, que si no es la mejor bailaora del momento, sí es la más creativa y hasta la más osada desde el punto de vista artístico, lo que la llevará en poco tiempo a mandar en el baile. Según el programa de mano, este espectáculo es el resultado de una ardua investigación sobre la deconstrucción del cuerpo y su armonía, con el vino como vehículo para viajar a la memoria de la artista y una original dramaturgia de Roberto Fratini. Además de bailar, Rocío actúa y domina la escena de una manera prodigiosa, unas veces bailando el toque magistral del guitarrista sevillano Eduardo Trassierra -qué pena que este artista esté tan poco en los escenarios importantes- y otras el omnipresente cante del palaciego José Ángel Carmona, el hijo de ‘El Distinguido’ y único cantaor de la obra, lo que la hace monótona en esta parte de la música, construida por Rosario ‘La Tremendita’. Otra voz le hubiera dado variedad melismática y otro sonido al baile de Rocío, que por fin se puso a bailar unas cantiñas de hermosa rareza coreográfica, quizá la pieza dancística más lograda, con otra en la que ella y el bailaor José Manuel Ramos ‘El Oruco’ marcaron el compás con pies y manos en una maleta -la pieza más aplaudida- y una más en la que la bailaora nos ofreció un solo de pies increíble en honor de una copa de cristal vacía que acabó siendo estallada contra la tarima. No se iría sin bailar zambras y una seguiriya excelente, de gran rareza también, con música del gran compositor Chopin. En definitiva, una obra muy elaborada, con algunos efectos de no demasiado valor artístico, recursos técnicos ya vistos en otros espectáculos y apuntes novedosos en planteamientos escénicos de previsible e innegable futuro. En mi opinión, esta obra permitiría mayor lucimiento de la gran artista, que se pierde a veces entre pasajes interpretativos anodinos privándonos de disfrutar más de lo que verdaderamente importa, que es su baile, esa manera suya tan genial de combinar lo tradicional con lo nuevo, adornado todo con una imaginación sin límites que la ha llevado a sus 26 años a mandar en un arte tan difícil como el baile flamenco, del que nunca se debería alejar. Aunque esto no le resultará nada fácil.
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A Susana Rojas

Rocío Molina 2

El Lope de Vega registró una magnífica entrada para ver el estreno nacional de la obra flamenca Viñática, de la jovencísima bailaora malagueña Rocío Molina, Premio Nacional de Danza 2010. Había interés por ver su última creación y la artista no defraudó en absoluto a su ya fiel parroquia de seguidores y seguidoras. No se escuharon muchos olés, pero el público se puso en pie para aplaudir con fuerza una obra que, sin restarle mérito alguno,se nos antojó larga, con un vestuario mejorable -los del cuadro iban vestidos como los cocheros de los entierros de hace dos siglos-, una primera hora muy lenta, una escenografía triste y unas luces un tanto funéreas. Impactante el precioso pastor alemán en el escenario, algo que no habíamos visto nunca en un espectáculo de baile flamenco. Al principio nos pareció un simple adorno, un recurso ciertamente original. Pero al final la malagueña bailó al compás de los ladridos enlatados del can. Ésto sólo se le puede ocurrir a Rocío Molina, que si no es la mejor bailaora del momento, sí es la más creativa y hasta la más osada desde el punto de vista artístico, lo que la llevará en poco tiempo a mandar en el baile. Según el programa de mano, este espectáculo es el resultado de una ardua labor de investigación sobre la deconstrucción del cuerpo y su armonía, con el vino como vehículo para viajar a la memoria de la artista y una original dramaturgia de Roberto Fratini. Además de bailar, Rocío actúa y domina la escena de una manera prodigiosa, unas veces bailando el toque magistral del guitarrista sevillano Eduardo Trassierra -qué pena que este artista esté tan poco en los escenarios importantes- y otras el omnipresente cante del palaciego José Ángel Carmona, el hijo de El Distinguido y único cantaor de la obra, lo que la hace monótona en esta parte de la música, construida por Rosario La Tremendita. Otra voz más le hubiera dado variedad melismática y otro sonido al baile de Rocío, que por fin se puso a bailar unas cantiñas de hermosa rareza coreográfica, quizá la pieza dancística más lograda, con otra en la que ella y el bailaor José Manuel Ramos El Oruco marcaron el compás con pies y manos en una maleta y la tarima -la pieza más aplaudida- y una más en la que la bailaora nos ofreció un solo de pies increíble en honor de una copa de cristal vacía que acabó siendo estallada contra la tarima. No se iría sin bailar zambras y una seguiriya excelente, de gran rareza también, con música del gran compositor Chopin. En definitiva, una obra muy elaborada, con algunos efectos de no demasiado valor artístico, recursos técnicos ya vistos en otros espectáculos y apuntes novedosos en planteamientos escénicos de previsible e innegable futuro. En mi opinión, esta obra permitiría mayor lucimiento de la gran artista, que se pierde a veces entre pasajes interpretativos anodinos privándonos de disfrutar más de lo que verdaderamente importa, que es su baile, esa manera suya tan genial de combinar lo tradicional con lo nuevo, adornado todo con una imaginación sin límites que la ha llevado a sus 26 años a mandar en un arte tan difícil como el baile flamenco, del que nunca se debería alejar. Aunque es esto no podremos evitarlo.

Teatro Lope de Vega de Sevilla. Viñática, de Rocío Molina.

16
May/2011

El miedo como rémora y estrategia

A mi abuelo Manuel

miedo

El miedo es una rémora para los seres humanos y el más peligroso de los sentimientos colectivos. No hay nada más nocivo que el miedo, pero lo cierto es que forma parte de nosotros desde que nacemos, desde el mismo instante en que abandonamos la barriga materna y nos enfrentamos a la vida fuera de su cálida y placentera protección. Los padres lo utilizan como estrategia para dominarnos, sencillamente porque un niño con miedo es siempre más controlable que un baladrón. Fui un niño timorato, asustadizo, cobarde, que creció en un pueblecito olivarero lleno de sombras noctámbulas e historietas populares de tíos del saco, robaojos, chupasangres y mantequeros. Me enseñaron a tenerles miedo al maestro de escuela, los guardas de las huertas, la guardia civil y el médico. Cuando cumplí la mayoría de edad y comencé a flirtear con la política en unos tiempos en los que te podían meter en la cárcel por coger un simple pasquín del suelo, en seguida me empezaron a contar en casa horribles historias de la Guerra Civil de 1936, de fusilamientos, rapados de cabeza y torturas. Sin embargo, con 53 años cumplidos no le tengo miedo a nada ni a nadie. No ha resultado fácil pero he aprendido a cantar una conocida soleá de Fernando el de Triana, cada vez que un político de la izquierda intenta asustarme con la derecha, o al revés: A mí se me importa poco/ que un pájaro en la alameda/ se mude de un árbol a otro. ¿Por qué tengo que temer a una derecha que es tan legítima como la izquierda, en un país, el nuestro, donde un día decimos vivir en democracia y respetar todas las ideas? Si no le tuve miedo a la derecha cuando vivíamos con el pie al cuello, ¿por qué voy a tenerlo en unos tiempos en los que cada cuatro años tengo la posibilidad de elegir a nuestros gobernantes? Estoy muy cabreado con quienes gobiernan nuestras instituciones por todo lo que viene ocurriendo desde hace tiempo, pero el próximo domingo puedo contribuir a que cambie un poco la realidad en el pueblo donde vivo, que es Mairena del Alcor. Aquí parece que lo que se va a dilucidar es quién va a arrasar en las próximas elecciones generales, pero no es eso. Lo que vamos a decidir entre todos es quién va a gobernar en nuestros pueblos y ciudades, y en algunas regiones. He leído todos los programas electorales de los distintos partidos que se presentan a las municipales en Mairena y he de confesar que de todos me he creído algo a pesar de que ya no me creo casi nada. Conozco personalmente a muchos de los candidatos a la alcaldía de esta localidad y les deseo mucha suerte a todos, los de la izquierda, los de la derecha y los del centro. Cualquiera de ellos podría ser un estupendo alcalde para Mairena y rechazo de plano la estrategia del miedo venga de quien venga. El pánico no crea puestos de trabajo, no mejora la economía, no construye carreteras, colegios y hospitales. El escritor francés Jean Anouilh dijo que es necesario que los pueblos tengan miedo; cuando dejan de tenerlo, son ellos los que lo causan. Es sólo una frase, claro. Mi abuelo, que no era escritor sino jornalero del campo, dijo una vez que lo mejor para combatir el miedo era cantar. Es lo que suelo hacer cada vez que alguien de la izquierda quiere asustarme con la derecha: cantar la conocida soleá Cada vez que considero/ que me tengo que morí/ tiendo una manta en el suelo/ y me harto de dormir.

Fotografía del blog de Álvaro Tineo

12
May/2011

Apasionante viaje en el tiempo a la memoria de la Sevilla flamenca

A Enrique Guillén

He aprovechado la Sermana Santa y la Feria para hacer un hermoso viaje a la Sevilla flamenca del siglo XIX. Me encantan otros viajes, como saben ya muchos de ustedes: a Ávila para desgustar sus célebres chuletones; a la Isleta del Moro, en Almería, para oxigenarme los pulmones y hartarme de pescado frito; a la Alpujarra de Granada para zamparme todos los días el clásico plato alpujerreño, o a Cazalla de la Sierra para contemplar extasiado cómo el sol tiñe la sierra de un color anaranjado cuando se pierde a la caída de la tarde por el pantano del Pintado. Estas citas anuales tendrán que esperar tiempos mejores porque andamos con menos fondo que una lata de anchoas.
Investigar en el Padrón Municipal de Sevilla del XIX es como meterse en el túnel del tiempo y entrar en las casas donde vivieron los creadores del arte jondo. Soy aficionado a esos viajes en el tiempo desde hace décadas, pero ahora es un enganche increíble. He entrado en todas las casas de Triana de la séptima década de hace dos siglos localizando a algunos de estos genios y he podido visitar a Diego el Lebrijano, al que encontré casado con una trianera y con un hijo de seis meses; a Tío Antonio Cagancho, el herrero del célebre arrabal que cantaba por seguiriyas que crujían las barcas del puente; a su su hijo, el Sr. Manuel Cagancho, el gran seguiriyero; a Juan el Pelao, cantaor de tonás y martinetes; a Frasco el Colorao, el maestro de casi todos los fenómenos de aquella época; a Pinea el Zapatero, creador de algunas soleares; a Noriega, otro soleaero de fama; a la Josefa, la monumental seguiriyera que citó Demófilo en su célebre ‘Colección de cantes flamencos’; a La Guaracha, la madre de Faíco el bailaor: a La Andonda, compañera de El Fillo, que vivía con su hijo Manuel y sus nietos; a Fernando el de Triana, que, aunque no nació en el barrio, se crió en el arrabal junto a todos estos fenéomenos; a la Gómez, a la Cuende, al Tío Martín y, para no hacer esto interminable, a todos los artistas que nacieron o vivían en Triana cuando Silverio Franconetti y El Burrero regentaban un célebre café cantante en la mismísima Campana.
También he viajado a la otra acera de la historia del flamenco sevillana, o sea, la de los cafés cantantes y esos artistas que no nacieron ni vivieron en Triana, pero que también crearon lo suyo y contribuyeron a  universalizar nuestro arte. Me he metido en las casas de Paco la Luz y sus hijas, la Serrana y La Sordita, las Conquienera del Puerto, la Macarrona y la Malena, el Maestro Pérez y sus hijos artistas, Antonio el Pintor y su hijo Lamparilla, Manolo Escacena, las Parrala de Moguer, Silverio Franconetti, José Lorente, Carito de Jerez, la Niña de los Peines, Rosario la Mejorana y el sastre de toreros Víctor Rojas -padre de Pastora Imperio-; y los afamados Antúnez de Jerez, las guapísima Fernanda y Juana.
Apasionante viaje en el tiempo para descubrir cómo se llamaban, cuándo nacieron, dónde vivieron, quiénes eran sus padres y sus abuelos, y cómo vivían.
Alguna vez tenía que hacer ese viaje y lo he hecho. Lo he hecho para contarlo aquí, en ‘La Gazapera’ o en un libro. Sin pedirle nada a nadie porque esos viajes o se hacen por amor o no se hacen. Seguramente acabaré cogiendo moscas, pero habrá merecido la pena.
La Paloma y la Coquinera. ¡Menuda estampa flamenca!

La Paloma y La Coquinera. ¡Menuda estampa! No me digan que no merece la pena.

He aprovechado la Sermana Santa y la Feria para hacer un hermoso viaje a la Sevilla flamenca del siglo XIX. Me encantan otros viajes, como saben ya muchos de ustedes. Suelo ir a Ávila para desgustar sus célebres chuletones; a la Isleta del Moro, en Almería, para oxigenarme los pulmones y hartarme de pescado frito; a la Alpujarra de Granada para zamparme todos los días el clásico plato alpujerreño, o a Cazalla de la Sierra para contemplar extasiado cómo el sol tiñe la sierra de un color anaranjado cuando se pierde a la caída de la tarde por el pantano del Pintado. Estas citas anuales tendrán que esperar tiempos mejores porque ando con menos fondo que una lata de anchoas. Investigar en el Padrón Municipal de Sevilla del XIX es como meterse en el túnel del tiempo y entrar en las casas donde vivieron los creadores del arte jondo. Soy aficionado a estos viajes en el tiempo desde hace décadas, pero ahora es un enganche increíble. He entrado en todas las casas de Triana de la séptima década de hace dos siglos para localizar a algunos de estos genios y he podido visitar a Diego el Lebrijano, al que encontré casado con una trianera y con un hijo de seis meses;  Tío Antonio Cagancho, el herrero del célebre arrabal, que cantaba por seguiriyas que crujían las barcas del puente; su su hijo, el Sr. Manuel Cagancho, el gran seguiriyero;  Juan el Pelao, cantaor de tonás y martinetes;  Frasco el Colorao, el maestro de casi todos los fenómenos de aquella época; Pineda el Zapatero, creador de algunas soleares;  Noriega, otro soleaero de fama;  la Josefa, la monumental seguiriyera que citó Demófilo en su célebre Colección de cantes flamencos;  la Guaracha, la madre de Faíco el bailaor: la Andonda, compañera de el Fillo, que vivía con su hijo Manuel y sus nietos; Fernando el de Triana, que, aunque no nació en el barrio, se crió en el arrabal junto a todos estos fenéomenos;  la Gómez, la Cuende, el Tío Martín y, para no hacer esto interminable, a todos los artistas que nacieron o vivían en Triana cuando Silverio Franconetti y El Burrero regentaban un célebre café cantante en la mismísima Campana. También he viajado a la otra acera de la historia del flamenco sevillano, o sea, la de los cafés cantantes y esos artistas que no nacieron ni vivieron en Triana, pero que también crearon lo suyo y contribuyeron a  universalizar nuestro arte. Me he metido en las casas de Paco la Luz y sus hijas, la Serrana y La Sordita; las Conquienera del Puerto, la Macarrona y la Malena, el Maestro Pérez y sus hijos artistas, Antonio el Pintor y su hijo Lamparilla, Manolo Escacena, las Parrala de Moguer, Silverio Franconetti, José Lorente, Carito de Jerez, la Niña de los Peines, Rosario la Mejorana y el sastre de toreros Víctor Rojas -padres de Pastora Imperio-; y las afamadas Antúnez de Jerez: las guapísima Fernanda y Juana. Apasionante viaje en el tiempo para descubrir cómo se llamaban, cuándo nacieron, dónde vivieron, quiénes eran sus padres y sus abuelos, y cómo vivían. Alguna vez tenía que hacer ese viaje y lo he hecho. Lo he realizado para contarlo en La Gazapera o en un libro, sin pedirle nada a nadie porque estos viajes o se hacen por amor o no se hacen. Seguramente acabaré cogiendo moscas un día de éstos, pero habrá merecido la pena.