Monthly Archives: Febrero 2011

26
Feb/2011

Un reñidero de gallos ingleses

A Luis Suárez Ávila

Gallos de pelea

Parece que el trabajo En busca de El Planeta perdido ha revolucionado el proceloso mundo de la flamencología nacional e internacional. No era mi intención pero lo cierto es que ha ocurrido. Y todavía hay que dar a conocer el resto de la documentación recopilada tras meses de investigación. No sólo sobre El Planeta, sino sobre Frasco el Colorao, Silverio Franconetti, El Nitri y otros cantaores a los que hasta ahora no se les había metido mano en serio. Algunos tienen miedo de que estas y otras investigaciones obliguen a revisar en profundidad la historia del cante jondo. No hay por qué tenerlo porque la historia de cualquier arte tiene que ser revisada constantemente. A lo mejor todo este revuelo puede servir para que las instituciones públicas andaluzas destinen más ayudas económicas a la investigación seria y no a financiar anodinas semanas culturales y aburridos ciclos en los que siempre se habla de lo que dijeron los de siempre. Si me he alegrado del éxito de esta investigación en La Gazapera -más de 5.000 visitas-, es porque ahora se callarán quienes han dicho muchas veces que me gusta provocar polémicas para tener muchas visitas en el blog. Eso me dolía, claro, porque no era justo y, además, atentaba contra los seguidores de esta tribuna. El reportaje sobre El Planeta ha triplicado las visitas de aquella polémica sobre el concierto de Miguel Poveda en la Bienal y de mi réplica a las ya célebres declaraciones de Dorantes. O sea, que a los gazaperos y las gazaperas les interesa más la historia, la cultura y la investigación seria, que las chorradas. ¡Cuánto lo celebro! Eso me va a animar a seguir investigando la vida y obra de Antonio Monge El Planeta. Si me dejan. Lo digo porque ahora todo el mundo quiere investigar a este histórico cantaor, olvidado desde hace más de dos siglos. Me comentaba hace unos días Antonio Barberán que ya ha ido gente al Archivo Municipal de Cádiz a buscar datos y sé que también han acudido a las parroquias. Supongo que en Málaga ocurrirá lo mismo. Cada uno es libre de hacer lo que le venga en gana, que para eso estamos en España. Cuando decidí premiar la fidelidad de los gazaperos y las gazaperas con un adelanto de lo que posiblemente sea un futuro libro, sabía que podía ocurrir esto y lo asumo. Lo más acertado hubiera sido sorprender después del verano con una gran biografía de este artista, pero sabía de vuestro interés y decidí adelantar parte de lo ya investigado. Ahora es más fácil buscar datos sobre El Planeta y todo el revuelo que se ha formado puede entorpecer el trabajo que queda pendiente, que aún es mucho. Habrá que aprender la lección para la próxima vez porque no me gusta competir en nada y menos en asuntos del flamenco. Y la flamencología parece últimamente un reñidero de gallos ingleses. Sólo me interesa saber cosas sobre el flamenco, sobre los artistas, para luego contarlas porque soy un contador de historias, un periodista, escritor, flamencólogo, crítico o lo que quieran llamarme. Ya saben que de lo único que he presumido en mi vida es de haber sido un buen albañil. No estoy dispuesto a competir con nadie para ver quién descubre primero a qué se dedicaba el cuñado de Ramón el Ollero. Seguiré trabajando, pero de ahora en adelante, amigos de La Gazapera, con la cautela y la discreción de un espía ruso. Más adelante sorprenderé con otros artistas tan importantes como El Planeta. Como solía decir mi tía Rosario la Serena, de Arahal, si Dios y los toros de Machacaera no me lo impiden. Feliz fin de semana a todos.

20
Feb/2011

En busca de El Planeta perdido

A Antonio Barberán

El Planeta tuvo que ser un tipo parecido a éste, según lo describió Estébanez Calderón.

El Planeta tuvo que ser un tipo muy parecido a 'Chorrojumo', según lo describió Serafín Estébanez Calderón.

El legendario cantaor y guitarrista El Planeta está considerado como el primer gran maestro del cante andaluz, pero hasta ahora sólo le conocíamos por su remoquete artístico, su apodo. El escritor costumbrista malagueño Serafín Estébanez Calderón (1799-1867) lo dio a conocer en su célebre relato Un baile en Triana (El Heraldo, 1842), pero no aportó ninguna información biográfica. Antonio Machado y Álvarez Demófilo lo hacía natural de Cádiz en su Colección de Cantes Flamencos (1881), sin aportar tampoco datos útiles para proceder a localizarlo en vetustos legajos parroquiales y deteriorados padrones municipales. Al no conocerse su nombre y apellidos resultaba prácticamente quimérico averiguar de dónde era, cuándo nació, si se casó y tuvo hijos y, sobre todo, dónde y cuándo murió el histórico artista. En un artículo de La Iberia, de la capital de España, del 30 de mayo de 1856, sobre un libro del barbero sevillano Joselito Pantoja, se asegura que era malagueño y que le había compuesto al tal Pantoja “una caña y una soleá”. ¿Letra o música? No deja de ser revelador que El Planeta tuviera ese reconocimiento de creador ya en aquellos años. En otro artículo, en esta ocasión del escritor y político malagueño José Carlos de Luna, en ABC, del 27 de abril de 1962, lo hacía también natural de Málaga y aseguraba que fue quien pagó la llave de plata del cante concedida en el Café Sin Techo de Málaga a Tomás El Nitri. Por último, Rafael Benítez Caballero, autor de la obra El Barquero de Cantillana -editada en 1894-, se refería a él también como el Tío Antonio El Planeta: “Pasé por una tienda de montañeses donde había juelga, y entre otras, se la oí cantar al Tío Antonio El Planeta, que no cabía más de bien y de sentimiento”.

¿Cómo localizar sus datos personales sin saber sus apellidos? Sólo había una manera y era analizando la partida de nacimiento de Manolo Caracol, su tataranieto, aunque instruidos y sesudos investigadores siempre hayan dudado de que el genio sevillano de la calle Lumbreras fuese tataranieto del Rey de los Polos, como lo definió Estébanez Calderón. La empresa no era fácil pero alguna vez había que emprender la apasionante y gravosa aventura de localizar al primer cantaor influyente de la historia del cante jondo, que esté documentado. Si buscaba al tatarabuelo materno de Caracol y descubría que se llamaba Antonio y que era natural de Cádiz, estaba claro que se llegaría a buen puerto, que es lo que ha ocurrido. En la partida de nacimiento de Manuel Ortega Juárez, Caracol,  encontré los nombres de sus abuelos, como es lógico, ambos naturales de Málaga: Gregorio Juárez Monge y Francisca Soto Ramírez. Localizar a estas personas era complicado, pero tras una ardua tarea de investigación en el Padrón de Málaga se obró el tan ansiado milagro y apareció un supuesto nieto de El Planeta, el ya citado Gregorio Juárez Monge.

Partida de nacimiento de Gregorio Juárez Monge, nieto de El Planeta y bisabuelo de Manolo Caracol.

Partida de nacimiento de Gregorio Juárez Monge, nieto de El Planeta y abuelo del gran Manolo Caracol. Málaga, 6 de octubre de 1854.

Al localizar su partida de nacimiento en Málaga comprobé con regocijo inenarrable que su abuelo materno se llamaba Antonio y que era natural de Cádiz. Ya sabía que El Planeta se llamaba Antonio Monge. El siguiente paso fue localizar a la madre de Gregorio Juárez, que resultó llamarse Dolores Monge Bara, o sea, una hija de El Planeta a la que localicé casándose en la Parroquia de San Juan de Málaga con el malagueño José Juárez García, con 32 años de edad. Como vivían en la calle San Juan, nº 1, de Málaga, el Padrón de 1852 me aportó el segundo apellido de El Planeta, Rivero, y el nombre y los dos apellidos de su esposa, María Bara Gallardo, que también era natural de Cádiz. Demófilo acertó cuando aseguró que el mítico cantaor era natural de la trimilenaria Cádiz. Joselito Pantoja y José Carlos de Luna tampoco iban muy descaminados, porque El Planeta abandonó pronto la ciudad de Cádiz, después de casarse y tener a su último hijo, Tomás, para afincarse en Málaga sobre 1836, donde casó a varios de sus vástagos y donde murió ya anciano para la época.

El cantaor El Planeta

El cantaor El Planeta dibujado por Lameyer en Triana.

Antonio Monge Rivero El Planeta era natural de la ciudad de Cádiz, en la que nació sobre 1789. Pudo nacer en la calle del Marzal -hoy Vea Murguía-, en el antiguo Barrio de San Antonio. Hijo de Gregorio Monge y de Francisca Rivero, que también eran naturales de Cádiz, se casó con la también gaditana María Bara Gallardo, siendo ambos muy jóvenes. Tuvo al menos siete hijos en Cádiz, entre 1810 y 1834, que fueron, en este orden, Antonia, Tomasa, Francisco, Dolores, María Dolores, María Magdalena  y Tomás. Es probable que tuviera algunos más y que murieran. De hecho, en el Padrón de Habitantes de Málaga no aparecen los dos primeros hijos del matrimonio.

No sería muy descabellada la idea de que El Planeta fuera hijo del Tío Gregorio al que describió metido en fiesta campera el también gaditano José Cadalso en sus Cartas Marruecas, en el último tercio del siglo XVIII. Estas cartas se publicaron por primera vez en el Correo de Madrid en febrero de 1793 y cuatro años más tarde aparecieron en un libro editado por la imprenta Sancha. El militar no llegó a verlas publicadas porque Cadalso, que había nacido en Cádiz en 1741, acabó sus días en 1782. Nos dice este autor que el tal Gregorio era un gitano carnicero de Cádiz, que, además, estuvo en la cárcel por apuñalar a alguien en la feria de esta ciudad, lo que podría explicar la famosa seguiriya de El Planeta, “para que saque a mi pare /que verlo camelo”. Lógicamente, es muy difícil poder demostrar que el Tío Gregorio fuera el padre de nuestro cantaor, aunque es muy posible que lo fuera, porque en aquellos años no había en Cádiz muchos carniceros con ese nombre, según el censo de gitanos de la época. Este asunto queda pendiente para una posible biografía sobre el artista.

Padrón de los Monge en 1785. Todavía no había nacido El Planeta.

Padrón de los Monge en 1785. Todavía no había nacido El Planeta. Sí tres de sus hermanos: Juan, Magdalena y Dolores, la madre del gaditano Lázaro Quintana.

Como ya he indicado, Dolores Monge, una de las hijas de El Planeta, se casó en Málaga, en la Parroquia de San Juan, con el malagueño José Juárez García, el 31 de octubre de 1852. El Planeta vivía entonces en la calle San Juan, nº 1, con su esposa y dos de sus hijos. Su hija Dolores tuvo una hija, Antonia Juárez Monge, el día 6 de agosto de 1853, en la calle Santos de Málaga, nº 19, que se bautizó en la Parroquia de San Juan el día 12 de agosto de este mismo año. En 1854 tuvo a Gregorio, en la calle Santos también, quien se casó en Málaga con la malagueña Francisca Soto Ramírez, nacida en esta misma ciudad en 1855. Una hija de éstos, la también malagueña Dolores Juárez Soto, se casó primero con un malagueño que resultó muerto por herida de arma blanca en la ciudad de Málaga, al mediar en una reyerta. La joven viuda puso un negocio de lavandería y planchado de ropa y en él conocería a Manuel Ortega Fernández, Caracol viejo, con el que en julio de 1909 tuvo a Manolo Caracol en la calle Lumbreras de Sevilla, en la Alameda. Por tanto, Antonio Monge El Planeta era tatarabuelo materno del cantaor sevillano, como siempre aseguró el artista y cantaba a los cuatro vientos el poema del poeta arcense Antonio Murciano:

Tataranieto de El Planeta,

Biznieto de Curro Durse…

Manolo Caracol me llevó a su tatarabuelo El Planeta y éste, siguiendo a sus descendientes en Málaga en un apasionante viaje en el tiempo, al genio del cante sevillano. Era una investigación que había que hacer algún día para aclarar algo fundamental para la historia del cante flamenco, aunque haya quienes no le den ninguna importancia a lo de poner orden en las genealogías flamencas, algo que para nosotros es fundamental.

La calle San Juan de Málaga, donde vivió El Planeta durante al menos quince años.

La calle San Juan de Málaga, donde vivió El Planeta durante al menos once años.

Según el Padrón de Málaga, Antonio El Planeta vivió veinte años en la tierra de La Trini, la mayor parte de su estancia en esta ciudad en la céntrica calle San Juan, donde estaban los talleres: plateros, anticuarios, artesanos, impresores, etc. Era de profesión cortador, o sea, carnicero o tablajero, como dicen en Cádiz, seguramente con carnicería propia en la que tenía empleados a dos de sus hijos, Francisco y Tomás, aunque éste era también de ocupación impresor según un padrón de la época. El artista tuvo que ser de un nivel económico aceptable porque durante algunos años tuvo criadas, algo casi imposible en aquellos tiempos -mediados del siglo XIX- en una familia gitana. Una de sus criadas fue la malagueña Catalina Liñán.

La Calle San Juan es actualmente una de las más animadas de Málaga, desde que se hizo peatonal y se llenó de comercios. En los años en los que vivió en ella El Planeta con toda su familia -esposa, hijos y algún que otro agregado, como el también cantaor gaditano Lázaro Quintana Monge, su sobrino-, era una calle también muy animada. En la misma casa donde vivía nuestro artista estaba la posada La Corona, que era paradero de merchantes y gente de la bohemia de la época. Había también una tienda de cristales de colores para nichos, además de alguna taberna y tiendas de comestibles. Era ya entonces una calle céntrica muy bien situada, cerca de la Alameda y de la calle Larios, de donde estaban los cafés, como el Café de la Loba, de Don Andrés Ruiz, en la Plaza de la Constitución, sin duda uno de los más antiguos de Málaga y de más historia flamenca, desaparecido el día 31 de marzo de 1902.

Padrón de 1850. El Planeta vivía en la calle San Juan, nº 1. Es el primero y aparece con dos de sus hijos.

Padrón de Málaga de año 1852. El Planeta vivía en la calle San Juan. Es el primero y aparece con dos de sus hijos. Es curioso que le den el tratamiento de don, algo insólito en aquellos años si se trataba de un gitano.

Según mis datos datos el artista calé debió de afincarse en Málaga a mediados de los años 30 del citado siglo, después de nacer su último hijo, Tomás, en Cádiz, el 8 de septiembre de 1834. Lo haría aprovechando que por aquellos años esta ciudad se convirtió en una de las mayores exportadoras de hierro -el cantaor fue herrero, al parecer, además de carnicero- y que el comercio textil de los Larios y de la carne daban mucho trabajo en Málaga. Sin olvidar su puerto de mar, generador de riqueza, con importantes exportaciones de vino y aceite. En 1856 se creó el Banco de Málaga, lo que demuestra que se movía el dinero en la ciudad y la provincia, algo que sería fundamental para que el cantaor gaditano alcanzara un nivel económico aceptable y decidiera no regresar nunca a Cádiz y tampoco emigrar a otras ciudades andaluzas. Es significativo el dato de que viviera tantos años en un mismo domicilio, el número 1 de la céntrica calle San Juan, cuando lo normal en aquella época era que las familias cambiaran mucho de casa para recuperar el dinero que se solía dar como fianza para alquilar una vivienda.

El Planeta (guitarra en mano), con El Fillo en la famosa fiesta de Triana relatada por Serafín Estébanez Calderón.

El Planeta (guitarra en mano), con El Fillo en la famosa fiesta de Triana relatada por Serafín Estébanez Calderón.

Por consiguiente, es más que probable que nuestro protagonista no residiera nunca en Triana, al menos de manera fija, desplazándose desde Cádiz o Málaga cada vez que alguien reclamara sus servicios como cantaor, como en el caso de la famosa fiesta que relató Estébanez Calderón en la popular calle Castilla de Triana, que fue publicada por primera vez en El Heraldo el 1 de diciembre del año 1842. Cinco años después, en 1847, apareció la famosa obra del escritor malagueño. El Planeta vivía todavía en la céntrica calle San Juan de Málaga. Un año más tarde, en 1848, el Semanario Pintoresco Español publicó un bonito reportaje sobre un baile en San Juan de Aznalfarache, donde le llamaban Rey de los bravos cantadores. También en ese año vivía en Málaga, en el mismo domicilio. No obstante, la fiesta que relató Estébanez Calderón tuvo que tener  lugar en 1838, cuando el autor malagueño, que firmaba con el seudónimo de El Solitario, era el gobernador de Sevilla. Podría ser que El Planeta estuviera viviendo en Triana en aquel tiempo, aunque no está documentado. Se habla incluso de que tuvo un hijo con una trianera, pero sin fundamento alguno. Seguramente, como era un gitano adinerado de la época dedicado al lucrativo negocio de la carne, se movía mucho por Andalucía y el resto del país. De hecho, en Madrid se anunciaba su llegada en 1853 con cierto interés, acompañado por la cantaora María la Borrica, la célebre hermana de El Viejo de la Isla. Luego tuvo que ser un cantaor de cierto renombre y prestigio reconocido por los historiadores como maestro de figuras tan importantes como Francisco Ortega El Fillo y el no menos célebre Lázaro Quintana Monge, al que localizamos viviendo con él en su casa malagueña, en 1850, y cuyo oficio era también el de cortador. En resumidas cuentas, se puede afirmar ya sin temor a equívoco alguno, que Antonio Monge Rivero El Planeta era el tatarabuelo materno de Manolo Caracol, el bisabuelo de su madre, Dolores Juárez Soto, aunque esto se haya puesto en duda muchas veces.

En sus primeros años como artista se le conocía sólo como Antonio Monge, o Sr. Monge. Lo de El Planeta, como sobrenombre artístico, sería mucho después y, al parecer, se le apodó así en Málaga por ser muy aficionado a los astros, según la conclusión de algunos flamencólogos, aunque yo tengo otra teoría que daré a conocer en su momento. De hecho, una de las escasas letras suyas que han trascendido hasta nuestros días es de una de las más primitivas y hermosas seguiriyas gitanas que se conocen en nuestros días:

A la luna le pío,

la del alto cielo.

Cómo le pío, le pío,

que me saque a mi pare

de donde está metío.

Este hermoso cante ha llegado hasta nosotros a través de Pepe Torre, el hermano de Manuel Torre y abuelo del actual cantaor sevillano José el de la Tomasa, quien la dio a conocer en la Antología del Cante Flamenco (Columbia, 1960) por iniciativa de Antonio Mairena, quien también la grabó llamándola ya de El Planeta, así como Rafael Romero El Gallina. No obstante, es una seguiriya que ha desaparecido del repertorio de los cantaores actuales, siendo de una belleza extraordinaria y enorme rareza musical.

Padrón en el que su hijo Francisco pone el apodo de su padre como su segundo apellido.

Padrón en el que su hijo Francisco pone el apodo de su padre como su segundo apellido. Como 'agregado' aparece el cantaor Lázaro Quintana. 1859.

A pesar de todo lo localizado sobre Antonio Monge Rivero y su familia y de estar completamente seguro de que se trataba de El Planeta, daba cierto miedo cerrar esta investigación sin haber encontrado en alguna parte la prueba irrefutable de que estábamos ante el histórico cantaor gaditano. Nunca apareció su nombre en ningún periódico relacionado con el apodo, que se conozca. Siguiendo el rastro de su hijo Francisco en el Padrón de Málaga, una vez muerto el artista, encontré la prueba que necesitába. Su hijo aparecía como Francisco Monge Planeta, en vez de como Monge Bara. Como su padre ya había fallecido, en el Padrón de 1859 utilizó su apodo en vez de su segundo apellido, quizás como homenaje al progenitor o porque el encargado de rellenar la hoja del Padrón no conociera su segundo apellido y sí el apodo familiar. O porque confundiera apodo con apellido. Tras meses de trabajo, ahora sí podía asegurar que el Antonio Monge Rivero al que tanto había investigado era el célebre Planeta, el gran cantaor gitano de Cádiz. Sin embargo, para asegurarme todavía más, siguiendo a todos sus hijos encontré empadronado en Málaga a uno de sus nietos, Tomás, que al final resultó ser Tomás Monge (a) Planeta, como le solían llamar en los periódicos de 1872 cuando iba de banderillero con los nietos de su paisano El Lavi.

Tampoco me fue fácil encontrar el certificado de la muerte de El Planeta. Seguí el Padrón de Málaga hasta que apareció vacía su casa de la calle San Juan, en 1857. Al no aparecer viviendo con su hija Dolores, en la calle Santos, o con su otra hija, María Magdalena, en las calles Lagunillas y Granada, estaba claro que había fallecido en 1856. En efecto, Antonio Monge El Planeta murió en su domicilio malagueño de siempre, el de la calle San Juan, el día 30 de septiembre de 1856 como consecuencia de “congestión cerebral”. Según el certificado de su muerte, el cantaor tenía 65 años de edad y era de ocupación “merchante”. O sea, vendedor sin tienda fija, ambulante. Aunque es posible que diga “marchante”, sinónimo de comerciante. Tras un responso en la Parroquia de San Juan, que estaba justamente al lado de su casa, a escasos metros, su cadáver fue enterrado ese mismo día, suponemos que en el Cementerio de San Miguel, donde recibiría cristiana sepultura, porque el certificado del enterramiento de su cuerpo encontrado en el Archivo Municipal de Málaga carece de ese dato. Como era todo un personaje en Málaga, su entierro tuvo que ser repicado pero la prensa local de la época no se hizo eco de la luctuosa noticia, que haya podido encontrar. Supongo que El Planeta, con cerca de 70 años, era ya un cantaor olvidado, dedicado a sus negocios y a disfrutar de sus nietos, de los hijos de Francisco, Dolores y María Magdalena, porque Tomás, que era “cómico” de profesión, estaba aún soltero en 1863.

Documento sobre el enterramiento de El Planeta encontrado en el Archivo Municipal de Málaga. 30 de septiembre de 1856.

Documento original sobre el enterramiento de El Planeta encontrado en el Archivo Municipal de Málaga. No pueden imaginarse la emoción que sentí cuando lo tuve en mis manos. 30 de septiembre de 1856.

Sus hijos continuaron en el negocio de la carne, siendo cortadores  o tablajeros. A eso se dedicaron los bisabuelos de Caracol, José Juárez García y Dolores Monge, domiciliados en la calle Santos. También su hija Magdalena, quien se casó con un alicantino de Jijona, Manuel Bretón, enviudando muy pronto y regentando ella sola una tabla de carne en la calle Granada.
Francisco Monge era también carnicero y tuvo un buen número de hijos con la malagueña Isabel Soto Fernández, entre ellos, Tomás Monge El Pata, conocido torero malagueño, y Francisco Monge El Guarrirro, casado con la bailaora Rita Ortega Feria, carnicero de jurdó y de mucha gracia.
Tomás, el hijo pequeño de El Planeta, se quedó soltero y se dedicó a la comicidad como oficio, aunque no llegó muy lejos.
Donde quiera que esté, Tío Planeta, gracias por todo. Esperamos que nos haya perdonado ya por haberle tenido tantos años olvidado, en un lamentable abandono histórico que hemos intentado remediar con humildad y mucho amor.
Nunca es tarde si la dicha es buena, Sr. Planeta.

Sus hijos continuaron en el negocio de la carne, siendo cortadores o tablajeros. A eso se dedicaron los bisabuelos de Caracol, José Juárez García y Dolores Monge, domiciliados en la calle Santos. También su hija Magdalena, quien se casó con un alicantino de Jijona, Manuel Bretón, enviudando muy pronto y regentando ella sola una próspera tabla de carne en el número 128 de la calle Granada. Francisco Monge era también carnicero y tuvo un buen número de hijos una malagueña, entre ellos, Tomás Monge Planeta, conocido banderillero malagueño, y Francisco Monge El Guarrirro, casado con la bailaora Rita Ortega Feria, carnicero de jurdó y de mucha gracia. Tomás, el hijo pequeño de El Planeta, se quedó soltero y se dedicó a la comicidad como oficio, aunque no llegó muy lejos.

Hasta aquí una pequeña parte de los datos personales más interesantes de su vida que he podido recopilar, de la agitada y apasionante vida de Antonio Monge El Planeta, al que tantas veces me había encontrado citado en libros y revistas especializadas, pero del que poco se sabía. Ahora ya sabemos quién era y lo que supuso en los inicios del arte flamenco, creando y dando a conocer cantes y formando a intérpretes que difundieron su legado musical cuando desapareció, como fueron El Fillo, Frasco el Colorao, Lázaro Quintana, Paquirri el de Cádiz, Silverio Franconetti, Tomás El Nitri y muchos más que harían la lista interminable. Donde quiera que esté, Tío Planeta, gracias por todo. Espero que nos haya perdonado ya por haberle tenido tantos años olvidado, en un lamentable abandono histórico que he intentado remediar con humildad y mucho amor. Como suele decirse, nunca es tarde si la dicha es buena.

El Cementerio de San Miguel en tiempos de Antonio Monge El Planeta.

El Cementerio de San Miguel en tiempos de Antonio Monge 'El Planeta'. Fue enterrado en el nicho 370 del Primer Patio, sin más honores que las lágrimas de los suyos.

Esta investigación ha llegado a buen puerto gracias a la ayuda inestimable de mi esposa, María de los Ángeles Ojeda. Gracias por tantas horas de sacrificio a mi lado, codo con codo, aguantando además mis largas y continuadas ausencias de la casa, porque casi me tuve que ir a vivir solo a Málaga.


17
Feb/2011

Paco Mármol y su ramito de cordura

A Paco Mármol

En el cante actual no hay muchos letristas, aunque alguno hay de calidad. Hay cantaores que crean sus propias letras, como Diego Clavel o José el de la Tomasa, pero la mayoría siguen acudiendo al vetusto y venusto coplero tradicional o a poetas clásicos como los hermanos Machado, Lorca o Juan Ramón Jiménez. Pocos acuden a poetas actuales a la hora de grabar un disco, algo que sería fundamental para que se cantaran cosas nuevas.
Existen otros muchos poetas, algo menos conocidos, de los llamados ‘letristas’, que suelen destacar porque componen las letras de una forma que pueden ser cantadas perfectamente. Antonio Mairena valoraba mucho a quienes escribían cantando mentalmente, o a plena voz, porque decía que “todo encaja bien”.
Uno de estos poetas populares es Paco Mármol, de la Puebla de Cazalla, donde nació en 1847. Desde 1980 vive en el Prat de Llobregat y desde allí edita sus libros de poemas y coplas.’Un ramito de cordura’, es su cuarto libro, que acaba de salir al mercado editado por Rúbrica Editorial.
Es una bonita obra, editada de una forma sencilla y correcta, en la que el autor da a conocer sus nuevos poemas, uno de ellos dedicado al añorado cantaor Enrique Morente.
Obras como ésta de Francisco Mármol Moreno son imprescindibles para que no olvidemos nunca el valor de las cosas sencillas, de las que salen del alma, de las de verdad.
Paco Mármol

Paco Mármol

En el cante actual no hay muchos letristas, aunque alguno hay de calidad. Hay cantaores que crean sus propias letras, como Diego Clavel o José el de la Tomasa, pero la mayoría siguen acudiendo al vetusto y venusto coplero tradicional o a poetas clásicos como los hermanos Machado, Lorca o Juan Ramón Jiménez. Pocos acuden a poetas actuales a la hora de grabar un disco, algo que sería fundamental para que se cantaran cosas nuevas. Existen otros muchos poetas, algo menos conocidos, de los llamados letristas, que suelen destacar porque componen las letras de una forma que pueden ser cantadas perfectamente. Antonio Mairena valoraba mucho a quienes escribían cantando mentalmente, o a plena voz, porque decía que “todo encaja bien”. Uno de estos poetas populares es Paco Mármol, de la Puebla de Cazalla, donde nació en 1947. Desde 1980 vive en el Prat de Llobregat (Barcelona) y desde allí edita sus libros de poemas y coplas. Un ramito de cordura, es su cuarto libro, que acaba de salir al mercado editado por Rúbrica Editorial. Es una bonita obra, editada de una forma sencilla pero correcta, en la que el autor da a conocer sus nuevos poemas, uno de ellos dedicado al ya añorado cantaor Enrique Morente. Obras como ésta de Francisco Mármol Moreno son imprescindibles para que no olvidemos nunca el valor de las cosas sencillas, de las que salen del alma, de las del pueblo, de las de verdad. Y, además, es gazapero.

15
Feb/2011

Medalla a las peñas flamencas

A la memoria de Paco Cabrera

José María Segovia Salvador

José María Segovia Salvador

Con motivo del Día de Andalucía la Consejería de Cultura de la Junta le ha concedido la Medalla de Plata a la Confederación de Peñas Flamencas, que preside el sevillano de Marchena José María Segovia Salvador. Merecido reconocimiento a las peñas flamencas, que llevan medio siglo luchando por nuestro arte con escasos medios, ofreciendo trabajo a los artistas y ayudando a formarse a los aficionados. No es por casualidad que este reconocimiento llegue a escasos tres meses de unas elecciones municipales, pero menos da una piedra. Las peñas y quienes dirigen la Confederación y las distintas federaciones provinciales se quejan de que sólo reciben migajas por parte de la Administración andaluza. Y se quejan con razón. A pesar de que saben lo importante que son las peñas y el peso que tienen en el mundo del flamenco, el dinero se va siempre para otros proyectos. Recuerdo ahora al desaparecido Paco Vallecillo pidiendo el voto para el Partido Socialista en las peñas flamencas, en las Elecciones Generales de 1982. Ya ha llovido desde entonces. Celebro este reconocimiento, aunque sé que tiene un marcado interés electoralista, porque viví el nacimiento de la Confederación y el de la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla, con luchadores como Paco Cabrera de la Aurora, Manuel Centeno Fernández, Manuel Herrera Rodas y muchos más, algunos ya ausentes del mundo de los vivos. El reconocimiento ha tardado demasiado, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Lo mismo que ha tardado el que le han concedido a la gran bailaora sevillana María Pagés, a la que también le han dado la Medalla de Plata de Andalucía por su labor en el mundo. A todos, saludos gazaperos y efusivas felicitaciones.

11
Feb/2011

‘La Gazapera’ en Giralda Televisión

A Antonio Ortega

Antonio Ortega

Antonio Ortega

El programa Com.flamenco, de Giralda Televisión, que dirige tan brillantemente mi admirado compañero y amigo Antonio Ortega, emitirá esta noche (22.00 horas) un reportaje de 20 minutos sobre La Gazapera, que me gustaría que vieran las gazaperas y los gazaperos del mundo que nos siguen desde hace ya catorce meses con una fidelidad extraordinaria. El programa ha metido una cámara en La Gazapera, ese lugar desde donde me dirijo cada día a tantas personas, para que cuente a los seguidores de este estupendo programa por qué y para qué nació el blog. Los que no sintonicen Giralda Televisión por alguna causa pueden seguir el programa en directo a través de Internet pinchando el enlace que ponemos abajo. Si no pueden verlo hoy lo pueden hacer mañana a las 21.00 horas o el domingo a las 16.00 horas. Y a partir del lunes estará colgado en la web de esta cadena. Más que porque me veáis en la tele, que es un medio del que huyo siempre, deseo que veáis el programa para que, quienes no lo hayan visto nunca, descubran a un estupendo profesional como es Antonio Ortega, que ha sabido rodearse de estupendos colaboradores como, por ejemplo, Ana Somoza. Y también quiero que lo veáis por ustedes mismos, porque son ustedes quienes han conseguido que este blog sea una tribuna importante, según dicen. Ya me contaréis qué les parece La Gazapera por dentro.

http://www.giraldatv.es/compuntoflamenco/index.php?MetaDataID=8138

10
Feb/2011

Que cantara y no llorara…

A Rafael del Estad

En la Junta de Andalucía le han cogido gustillo a lo de la Unesco. Tras lograr que declararan al flamenco Bien de Interés Cultural Inmaterial de la Humanidad y comprobar la rentabilidad política en cuanto a autopromoción a través de la campaña llevada a cabo para tal logro, ahora le quieren meter mano a las sevillanas, aunque, a pesar del esfuerzo realizado por grupos como Cantores de Híspalis y Ecos del Rocío, sigan vivas y sin ningún riesgo de que desaparezcan salvo que Pitingo decida un día fusionarlas con el silbo gomero. Puestos a que la Junta declare de nuevo algo de Andalucía como Bien de Interés Cultural, ¿por qué no lo hace con el trabajo, que eso sí que está en verdadero peligro de extinción? Podrían empezar por el campo, continuar con la mar, luego la minería y, por último, la construcción. Dan ganas de llorar, pero acabo de acordarme de unas sevillanas de la Niña de los Peines, que decían: Mi mare me dijo a mí/ que cantara y no llorara/. Que echara las penas a un lao/ cuando de ti me acordara. ¡Ay, Paulino! Pues eso. ¿No eran ya las sevillanas de interés cultural?

09
Feb/2011

Ha muerto el bailaor Manolo Vargas

A Miguel Fuentes

Manolo Vargas

Manolo Vargas

Según me comunica Miguel Fuentes Leunig desde Monterrey (México), ayer murió en la Ciudad de México el gran bailaor Manolo Vargas, quien formara parte de la compañía de la gran Pilar López. Tenía 96 años de edad y hasta hace poco tiempo aún daba clases, lo que demuestra su naturaleza física. Fue precisamente la célebre hermana de Pilar, La Argentinita, quien lo animó a hacerse bailor. No le resultó nada fácil coger el nivel necesario, pero al final logró prepararse y llegó a ser uno de los más considerados bailarines de su tiempo. El pasado año apareció un estupendo libro sobre su vida, Manolo Vargas. Una vida dedicada a la danza, escrito por Homero Alonso Martínez.

09
Feb/2011

En busca de El Planeta perdido

A Romualdo Molina

El Planeta (guitarra en mano), con El Fillo en la famosa fiesta de Triana relatada por Serafín Estébanez Calderón.

El Planeta (guitarra en mano), con El Fillo en la famosa fiesta de Triana relatada por Serafín Estébanez Calderón. Años 40 del XIX. Lameyer.

Habrán comprobado que estos días ando fuera de La Gazapera, pero no es que me haya cansado ya de escribir en esta tribuna de mis entretelas. Es que llevo semanas intentando acabar una biografía de El Planeta, el histórico Rey de los polos, según lo definió Estébanez Calderón en 1845. Sabéis que cuando se me mete algo en la cabeza acabo consiguiéndolo y os puedo decir que ya está casi acabada la biografía del que dicen que era el maestro de El Fillo. Espero poder publicar una doble página en El Correo de Andalucía de aquí a unos días -esta misma semana, seguramente-, para al día siguiente colgar el reportaje en La Gazapera. No les voy a adelantar mucho porque necesito fotografiar algunos documentos, pero les prometo que van a disfrutar conociendo la apasionante vida de este mítico cantaor andaluz del que sólo conocíamos hasta ahora su apodo, El Planeta. Se ha llegado a dudar de que existiera en realidad este cantaor. Existió y fue una figura fundamental del cante andaluz, compositor de cañas, seguiriyas y soleares, además de dominador de las tonás, el polo y los romances. Sabrán cuándo y dónde nació, dónde se crió, en qué lugares de Andalucía vivió, con quién y dónde se casó, cuántos hijos tuvo y cuándo murió. Con toda clase de detalles y aportando documentos. Será nuestra contribución a la historia del flamenco, para que cuando un niño andaluz le pregunte a su profesor de música, en el colegio, que quién era El Planeta, el profesor sepa responderle.

06
Feb/2011

Toda una señora del cante jondo

A Paco Cortés

Carmen Linares se fajó con el cante grande y arrancó grandes aplausos.

Carmen Linares se fajó con el cante grande y arrancó grandes aplausos.

Siempre se ha dicho, en el flamenco, que la facilidad a la hora de cantar no es buena aliada del pellizco. El tipo de voz es fundamental y suele resultar de manera diferente en unos cantes que en otros. Carmen Linares ha tenido siempre una voz arenosa, rozada, como dicen que eran las de María Borrico o La Parrala, o como era también la de la inolvidable Fernanda de Utrera. Con el paso de los años, su voz acusa un desgaste lógico y eso hace que tenga que pelearse con los cantes, lo que provoca una gran emoción en el público. Carmen es cantaora de teatro, es donde demuestra siempre la clase de maestra que es. La noche del pasado sábado, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, donde nos presentó el espectáculo Remembranza, la de Linares dio una lección del mejor cante por derecho, aunque su repertorio no se ciñó sólo a los palos clásicos del cante jondo, sino que abarcó a otros géneros. Estupendamente acompañada por un nutrido grupo de grandes artistas y presentada por José Luis Ortiz Nuevo, entendimos este espectáculo como un homenaje a la artista a través de un detallado repaso a su dilatada carrera, desde sus inicios en el Madrid de los años sesenta del pasado siglo. Cuarenta años de artista contados en dos horas de actuación con una estupenda puesta en escena, de una elegancia extraordinaria, demostrando que la chabacanería no existe en el ideario artístico de esta cantaora. Por eso nos supieron a gloria sus canciones populares de Lorca y hasta las de El Amor Brujo, de Manuel de Falla, cantadas a piano con la voz ya cansada. Pero si algo va a quedar en nuestra memoria, de esta obra, son sus cantes por derecho, su pelea con la taranta y la cartagenera, su melancolía en las malagueñas de la Trini de Málaga y, sobre todo, su lucha a muerte con la seguiriya, Había llegao la hora…, con la que quiso homenajear a su madre, que falleció hace sólo una semana. Hay que tener mucho temple de artista para cantar una copla como ésta en un teatro como el Maestranza, en Sevilla, con sólo el Guadalquivir separándola de Triana. En momentos así es cuado una gran artista tiene que demostrar que lo es. Después de este monumental cante, lo demás no tuvo gran interés. El cantaor Miguel Poveda interpretó con ella un par de hermosas piezas y Javier Barón le bailó unas refinadas y elegantes alegrías. Sin duda, de este gran concierto nos va a quedar el indeleble recuerdo de unas impresionantes seguiriyas que hubieran emocionado al mismísimo Juan Talega, para quien este cante era una cuestión de testosterona. Y, desde luego, el nutrido grupo de grandes músicos que la acompañó, con guitarristas como Paco y Miguel Ángel Cortés, Juan Carlos Romero, Salvador Gutiérrez, Paco Cruzado y Eduardo Pacheco, su propio hijo; el percusionista Antonio Coronel; los pianistas Ricardo Bini y Pablo Suárez; el contrabajista Julio Blasco; el flautista Rafa Villanueva; el flautista Pedro Esparza; los coros y palmas de Ana María González, Rosario Amador y Javier González; y el rapsoda y gran cómico José Luis Ortiz Nuevo. Ahí quedó eso.