Monthly Archives: Enero 2011

28
Ene/2011

Sobre el guitarrista Antonio Sol

A Gerardo Núñez

Fernando el de Triana, en su magnífico libro Arte y artistas flamencos (Madrid, 1935), se refiere a un gran guitarrista, Antonio Sol, que murió joven pero sin aportar ningún dato más. Al parecer, este guitarrista llegó a acompañar a Silverio Franconetti en su propio café de la calle Rosario, siendo apenas un adolescente, y a Antonio Chacón cuando debutó en este mismo café sevillano en 1886. Siempre se le ha tenido por gaditano y discípulo del Maestro Patiño, pero sin que jamás se haya demostrado su venida al mundo en esta ciudad aportando su partida de nacimiento, que es como se demuestran estas cosas. Hace algún tiempo lo localicé en el Padrón de Sevilla, de 1888, como “amancebado” de la cantaora moguereña Trinidad Parrales Moreno, que era hermana de Dolores la Parrala. En este padrón constaba como nacido en Cádiz y tenía 20 años de edad. Sin embargo, en un padrón de 1889 se especificaba que había nacido en Jerez de la Frontera y que era hijo de Antonio y Francisca. Además, constaba como “tocador”. Con estos precisos datos, en seguida localizamos su partida de nacimiento en el Archivo Municipal de Jerez. En ella se dice que Antonio Sol Fernández nació el día 15 de julio de 1867 a las 15.00 horas de la tarde, en el número 26 de la calle Asilo, hijo “natural” del comerciante alicantino Antonio Sol y de Francisca Fernández, que era nacida en Jerez de la Frontera. Fue bautizado el día 18 del mismo mes en la Parroquia de Santiago. Nacido un año antes que el también guitarrista jerezano Javier Molina, se dice que Antonio Sol fue maestro de éste, luego tuvo que ser un gran guitarrista, del que poco más se sabe. Seguramente murió en Sevilla y ese será el siguiente paso: averiguarlo para poder completar la biografía de este malogrado y gran guitarrista, que ahora sí se puede decir que era natural de Jerez de la Frontera.

Registro del nacimiento del guitarrista jerezano Antonio Sol Fernández.

Registro del nacimiento del guitarrista jerezano Antonio Sol Fernández.

26
Ene/2011

El enigmático nacimiento de Chacón (II)

A la memoria del Maestro

Antonio Chacón

Primera fotografía de Antonio Chacón. 1900

Con motivo de encontrar algunos empadronamientos de Antonio Chacón en Sevilla, de 1888, con sus padres, comencé a ver la posibilidad de desvelar algún día el gran misterio sobre el verdadero lugar y la fecha exacta del nacimiento del gran Antonio Chacón García. Buscando a algunos familiares del Niño Medina en Jerez, para el libro que preparo sobre el gran cantaor jerezano, encontré la partida de nacimiento de un Antonio Chacón García nacido en 1863 en una aldea de Jerez. Se pueden imaginar la sorpresa, porque en seguida pensé que podía tratarse del gran Don Antonio Chacón. Sobre todo porque su madre se llamaba María Dolores García Sánchez, o sea, como la que siempre hemos tenido por madre del cantaor. Este Antonio Chacón García había nacido en la aldea El Alcornocalejo, de San José del Valle, y había sido registrado en la ermita El Mimbral, que hoy está bajo las aguas del pantano de Guadalcacín. Esta ermita del siglo XVII fue el primer centro religioso de aquella comarca y en esos años se llevaban a cabo en ella oficios parroquiales: bodas, bautizos, fallecimientos, etc. Aquí fue registrado el niño y durante más de un siglo el acta de su nacimiento ha estado en esta ermita. Hasta que el tomo fue llevado a San José del Valle, cuando se supo que la ermita quedaría sepultada bajo las límpidas aguas del citado pantano. El padre de este Chacón, de oficio jornalero, se llamaba Diego Chacón Castaño y era hijo de José Chacón y Francisca Castaño, de la bella localidad gaditana de Grazalema. Y la madre, de Antonio García y Ana Sánchez, ambos también del pueblo de Grazalema.

Restos de la Ermita El Mimbral antes de quedar bajo las aguas del pantano de Guadalcacín.

Restos de la Ermita El Mimbral antes de quedar sepultada bajo las aguas del pantano de Guadalcacín.

Alguna vez había escuchado decir que el origen familiar del cantaor había que buscarlo en Grazalema, precioso pueblo de la provincia de Cádiz, lo que me hizo pensar que por fin había aparecido la verdadera partida de nacimiento de nuestro artista. Fue entonces cuando decidí llevar a cabo una investigación a fondo sobre Antonio Chacón Rodríguez, el célebre zapatero de Bornos, y María García Sánchez, los que siempre han rezado como padres del artista, descubriendo que ambos se unieron en pareja después de separarse de sus correspondientes cónyuges: el zapatero de Bornos, de Francisca Díaz Vázquez, que también era natural de Bornos, y María García Sánchez, del jerezano Antonio Camuerga Torralba. Descubrí apenado que el Chacón bautizado en El Mimbral no era el cantaor, sino otro Antonio Chacón García. No tardé en tener la certeza de que el gran Chacón no era de padres desconocidos, sino hijo ilegítimo de esta pareja de hecho, o sea, del zapatero y María García Sánchez. Como no estaban casados, cuando nació el niño y tuvieron que bautizarlo contaron con la colaboración de dos amigos del zapatero, de la calle Sol también, quienes apadrinaron al recién nacido. Fueron Cristóbal Ramírez, de San Fernando, y María Armario, de Bornos, casados en San Miguel en 1855.

La madre de Chacón, María García Sánchez, se casó con Antonio Camuerga, de profesión sillero, el 20 de septiembre de 1853 en la Parroquia de San Miguel, con sólo 18 años, y tuvo nada menos que diez hijos entre 1854 y 1866. Por cierto, el último hijo del matrimonio nació en el número 53 de la calle Sol. Por tanto, Chacón tuvo diez hermanos de madre, de los que nunca habló ni con sus más íntimos. María García tuvo tres con el zapatero: Chacón, que nació en 1869; Juan Manuel, en 1873, y Juana, en 1875. Estos dos hermanos de Chacón murieron pronto, quedándose como único hijo vivo de la pareja. De hecho, en el Padrón de Habitantes de Sevilla, de 1888, Chacón aparece viviendo con sus padres en la calle Correduría, en la Alameda de Hércules, en dos casas distintas, sin ningún hermano, lo que indica que habían muerto en Jerez. Chacón, por cierto, rezaba como zapatero, al igual que su padre, y no como cantaor a pesar de que ya incluso había debutado en el café de Silverio Franconetti.

Registro del nacimiento del Antonio Chacón García encontrado en San José del Valle. Archivo Municipal de Jerez.

Registro del nacimiento del Antonio Chacón García encontrado en San José del Valle y bautizado en El Mimbral. Archivo Municipal de Jerez.

Acabada la investigación me puse en contacto con el flamencólogo sevillano José Manuel Barbadillo, afincado en Jerez desde hace muchos años, quien me hizo saber que él había publicado en un diario de Jerez el árbol genealógico de Chacón, algo que yo desconocía. Me mandó la página del periódico y, en efecto, su magnífica investigación cerraba por fin esta misteriosa historia, con la conclusión en la que coincidíamos los dos, cada uno con sus datos: Don Antonio Chacón García fue en realidad hijo adulterino de Antonio Chacón Rodríguez, de la localidad gaditana de Bornos, y de María García Sánchez, de Jerez de la Frontera, quienes unieron sus vidas clandestinamente, por verdadero amor, estando ambos casados con otras personas, con las que tuvieron hijos, para traer al mundo a un genio del flamenco, el que revolucionaría el cante andaluz entre Jerez de la Frontera, Sevilla y Madrid.

25
Ene/2011

El enigmático nacimiento de Chacón (I)

A la memoria del Maestro

Don Antonio Chacón y Don Ramón Montoya, dos genios del flamenco.

Don Antonio Chacón y Don Ramón Montoya, dos genios del flamenco.

El pasado 21 de enero se cumplieron ciento cuarenta y dos años del nacimiento de Don Antonio Chacón, el gran cantaor jerezano. El nacimiento y verdadero origen familiar de este artista continúa siendo uno de los secretos mejor custodiados de la historia del flamenco. No se sabe con seguridad dónde y cuándo nació el insigne artista, aunque él aseguró en varias entrevistas ser jerezano de nacimiento. Dijo alguna vez haber nacido en el número 60 de la calle Sol del castizo Barrio de San Miguel. Pero lo cierto es que nunca se ha publicado su partida de nacimiento -que sepamos-, así que hasta hoy sigue siendo un misterio no sólo el lugar exacto de su venida al mundo, sino su verdadero origen familiar. Investigadores de la importancia del ya desaparecido Manuel Yerga Lancharro, de Fuente de Cantos (Badajoz), José Blas Vega, de la capital de España, y Juan de la Plata, de Jerez de la Frontera, encontraron alguna documentación al respecto y se dio ya por oficial la fecha del 16 de mayo de 1869 como la de su nacimiento. Augusto Butler, el flamencólogo de Puerto Real (Cádiz), defendió siempre que el cantaor había venido a este mundo en 1865 y llegó incluso a conmemorarse el centenario de su nacimiento por parte de la Cátedra de Flamencología de Jerez. O sea, que el nacimiento de este fundamental artista de lo jondo ha sido siempre un asunto polémico y, desde luego, uno de los misterios más curiosos de la historia del cante flamenco.

Placa colocada en la calle Cazón de Jerez en 1965, donde se pensaba que había nacidoi el gran artista.

Placa colocada en la calle Cazón de Jerez en 1936, donde se pensaba que había nacido el gran artista. ¿Quién aportó las pruebas del alumbramiento del genio?

El 27 de diciembre de 1929, once meses después de morir Chacón en la capital de España, el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera aceptó una propuesta del concejal Manuel García Mier y Fernández de los Ríos, de rotular la antigua calle Cazón -donde pensaban que había nacido el artista- con el nombre del cantaor. No se dio cumplimiento a tal acuerdo hasta el 27 de abril de 1936, colocando una lápida indicativa.

¿Tan importante es saber dónde nació un artista, en qué calle, cuándo y quiénes lo trajeron al mundo? Aunque hay quienes creen que no es relevante, lo cierto es que a la hora de escribir una biografía sobre un personaje famoso, los datos sobre su nacimiento y origen familiar son fundamentales. Así lo entendieron algunos estudiosos, como el ya citado Yerga Lancharro, que dedicó unos cuantos años de su agitada vida a investigar el nacimiento y la trayectoria del cantaor jerezano, editando en 1981 un interesante libro, Apuntes y datos para las biografías del Rojo el Alpargatero, la Trini, Chacón y Manuel Torre. En este librito de pequeño formato de sólo sesenta y una páginas, editado por la revista jiennense Candil, el célebre flamencólogo narra con su peculiar estilo la decepción que se llevó cuando al tener en sus manos el expediente matrimonial de su boda con la malagueña Antonia Barabino Zambrano, celebrada en Sevilla el 18 de octubre de 1893, comprobó con lógica amargura que en su partida de bautismo no aparecía su lugar de nacimiento y que, además, se especificaba que era hijo de “padres desconocidos”. Yerga llegó a la conclusión de que no podía asegurarse que el cantaor hubiera nacido en Jerez de la Frontera, aunque el propio artista lo dijera en algunas entrevistas.

Cinco años más tarde, en 1986, el flamencólogo madrileño José Blas Vega presentó en Córdoba Vida y cante de Do Antonio Chacón, primera y única biografía que existe sobre  el artista, un magnífico libro que fue muy celebrado por la gran cantidad de datos que el escritor madrileño aportó sobre la vida y la obra de quien para muchos es el cantaor más importante de la historia. Blas Vega narra en el primer capítulo de la obra cómo estuvo buscando el dato del nacimiento de Chacón desde 1964 hasta 1975. Tras una ardua tarea de rastreo en parroquias, padrones municipales, revistas y libros, llegó también a la conclusión de que el maestro había nacido el día 16 de mayo de 1869 en el número 60 de la calle Sol, del Barrio de San Miguel jerezano, el mismo donde nació el otro gran genio de Jerez, Manuel Torre.

Chacón fue registrado al nacer sólo con su nombre, porque era de padres desconocidos. El documento dice que nació en la calle Sol nº 60, el 16 de noviembre de 1969.

Antonio Chacón fue registrado al nacer sólo con su nombre, porque era de padres desconocidos. El documento dice que nació en la calle Sol nº 60, el 16 de noviembre de 1969. Documento gráfico inédito.

Desde entonces hasta nuestros días, el nacimiento de Chacón apenas ha interesado a nadie, puesto que se dio por buena esta fecha a pesar de que se barajaron otras muchas, siempre en la horquilla que va desde 1865 hasta 1869. Por otra parte, está el otro gran misterio: ¿de quién era hijo en realidad Don Antonio Chacón? ¿Del zapatero de Bornos que vivió en la calle Sol y de la jerezana María García Sánchez que aparece en los padrones municipales de Jerez y Sevilla, como su esposa? ¿Se murió Chacón sabiendo dónde y cuándo nació y quiénes fueron sus verdaderos padres? Son preguntas que aún se hacen muchos seguidores del maestro, que intentaremos responder en parte, porque hemos encontrado a un Antonio Chacón García , hijo de Diego Chacón y de María García, que nació en 1863 en una conocida aldea de colonos de Jerez de la Frontera. No podemos asegurar que se trate de Don Antonio Chacón, pero el hallazgo merece un análisis en profundidad. A pesar del magnífico reportaje que publicó el gran investigador sevillano José Manuel Barbadillo, quien dio a conocer el árbol genealógico del cantaor tras un impresionante trabajo de investigación.

Continuará…

23
Ene/2011

Poco ‘Ruido’ y alguna que otra nuez

manuel bohórquez n localizador
Entiendo que una cosa es grabar un disco, que se suele hacer en un estudio, y otra muy distinta es llevarlo luego a un escenario. José Mercé vino a presentarnos su último disco, Ruido, un título genérico muy apropiado para los aires flamencos que corren actualmnente. Pero la presentación se quedó en tres “temitas”, como los definió este descendiente de Paco la Luz, que una vez más se metió a su público en el bolsillo con su voz de cantaor antiguo y su magnífica planta.
Con el Teatro de la Maestranza prácticamente lleno, el jerezano se vino a Sevilla con dos grandes guitarristas, el maestro Morao y el no menos experto Daniel de Morón, además de con un nutrido grupo de músicos y palmeros. Comenzó haciendo unas profundas tonás y deblas, sin mucha ligazón pero con enjundia. Templada la voz, eligió luego las malagueñas de El Mellizo de Cádiz y, sin noticias sobre su nuevo disco, abordó a continuación una larga tanda de soleares y logró un sentido cante de El Marrurro en las seguiriyas gitanas.
Por fin aparecieron los “temas” de su nuevo disco, una serie de canciones aflamencadas, dulzonas y sin jondura ninguna, que el público aplaudió con fuerza, como queriendo aliviar el terrible frío de anoche en Sevilla, con los gorriones del Paseo Colón luciendo gorritos y bufandas de lana virgen. El lógico cansancio del cantaor nos gratificó con unas magníficas bulerías en concierto de Moraíto Chico, sin duda lo mejor de la noche, si tenemos en cuenta que habíamos acudido a un recital de cante flamenco.
El cantaor regresó ya repuesto y mandó cantar al público el tema Al alba, de Luis Eduardo Aute. Luego, la entrañable Nana de la cebolla, del poeta Miguel Hernández, sin Pasión Vega, para finalizar con unas bulerías jerezanas mezcladas con Volver, el célebre tango del inolvidable Carlos Cardel. El cantaor lució el palmito mientras bailaba con arte unas bulerías, encandilando al respetable con sus encantos. Y esto fue todo. Mercé en estado puro leyendo las letras de su nuevo disco en un atril y poniendo a cantar al público justamente enfrente de un célebrebarrio donde aún se canta marcando el compás con los nudillos en un mostrador. ¡Un milagro!

A Manolo Nieto

MercéEntiendo que una cosa es grabar un disco, que se suele hacer en un estudio, y otra muy distinta es llevarlo luego a un escenario. José Mercé vino a presentarnos su último disco, Ruido, un título genérico muy apropiado para los aires flamencos que corren actualmnente. Pero la presentación se quedó en tres “temitas”, como los definió este descendiente de Paco la Luz, que una vez más se metió a su público en el bolsillo con su voz de cantaor antiguo y su magnífica planta. Con el Teatro de la Maestranza prácticamente lleno, el jerezano se vino a Sevilla con dos grandes guitarristas, el maestro Morao y el no menos experto Daniel de Morón, además de con un nutrido grupo de músicos y palmeros, entre ellos el gran bajista Manolo Nieto. Comenzó haciendo unas profundas tonás y deblas, sin mucha ligazón pero con enjundia. Templada la voz, eligió luego las malagueñas de El Mellizo de Cádiz y, sin noticias sobre su nuevo disco, abordó a continuación una larga tanda de soleares y logró un sentido cante de El Marrurro en las seguiriyas gitanas. Por fin aparecieron los “temas” de su nuevo disco, una serie de canciones aflamencadas, dulzonas y sin jondura ninguna, que el público aplaudió con fuerza, como queriendo aliviar el terrible frío de anoche en Sevilla, con los gorriones del Paseo Colón luciendo gorritos y bufandas de lana virgen. El lógico cansancio del cantaor nos gratificó con unas magníficas bulerías en concierto de Moraíto Chico, sin duda lo mejor de la noche, si tenemos en cuenta que habíamos acudido a un recital de cante flamenco. El cantaor regresó ya repuesto y mandó cantar al público el tema Al alba, de Luis Eduardo Aute. Luego, la entrañable Nana de la cebolla, del poeta Miguel Hernández, sin Pasión Vega, para finalizar con unas bulerías jerezanas mezcladas con Volver, el célebre tango del inolvidable Carlos Cardel. El cantaor lució el palmito mientras bailaba con arte unas bulerías, encandilando al respetable con sus encantos. Y esto fue todo. Mercé en estado puro leyendo las letras de su nuevo disco en un atril y poniendo a cantar al público justamente enfrente de un célebre barrio donde aún se canta marcando el compás con los nudillos en un mostrador. ¡Un verdadero milagro!

21
Ene/2011

¿El flamenco a los colegios?

A Antonio Cristo

El cantaor El Planeta

El cantaor El Planeta

Hace unos días le escuché decir a alguien de la Junta de Andalucía, que un niño andaluz tiene el mismo derecho a saber quién fue La Paquera, que a conocer quién era Louis Armstrong. Por supuesto que sí. Me parece bien lo de llevar el flamenco a los colegios andaluces, de una forma reglada, ordenada, seria. Los niños andaluces no sólo deben tener el derecho a saber quién fue La Paquera -de la que no hay aún una mínima biografía-, sino la obligación. Lo malo es que cuando un niño le pregunte a su profesor quién fue El Planeta, el docente no va a saber responderle. Imagínese si en una clase de Literatura un alumno le pregunta a su profesor por Allan Poe y el maestro le dice: “Al parecer, era de Boston y murió, según parece, en el siglo XIX”. Es lo que suele decirse cuando alguien pregunta por El Planeta, que por cierto fue contemporáneo de Poe. ¿De dónde era El Planeta?, ¿cuándo y dónde nació?, ¿dónde murió?, ¿cómo se llamaba? Si a un profesor andaluz le pregunta un alumno por el Rey del Polo, el que le cantaba seguiriyas a la hermana luna, ¿cómo le va a responder? El hecho de que aún no se sepa nada de esta importante figura histórica del flamenco, sólo su apodo, es incomprensible. No sólo de El Planeta, sino de un buen número de artistas flamencos del XIX que fueron fundamentales en la creación y difusión de este arte andaluz: artistas del cante, del toque y del baile. En España hay algunos investigadores importantes, pero tienen que investigar por su cuenta, con su dinero y su tiempo. Lo que se sabe de la historia del flamenco se sabe por ellos, por los que ya murieron y por los que todavía viven y tienen que gastar sus ahorros en biografiar a Silverio, Patiño, El Fillo, La Trini, Juan Breva o El Canario. Por tanto, si lo de llevar el flamenco a los colegios va en serio y no es sólo propaganda electoralista, la Administración andaluza debería comenzar por crear un buen equipo de investigadores y ponerlo a trabajar. Se hace en Argentina con el tango, por poner un ejemplo. Naturalmente, para crear este equipo hay que contar con un buen presupuesto y olvidarse de las migajas de ahora. En vez de poner ricos a los artistas o preocuparse de que los americanos sepan hacer compás por bulerías, que inviertan en investigación seria. De esta forma, cuando los escolares andaluces tengan le necesidad de saber quién fue el cantaor El Planeta, sólo tendrán que acudir a las bibliotecas de los institutos, los colegios y las universidades.

20
Ene/2011

El Festival de Nimes y su importancia

A Patrix Bellito

Moraíto Chico ofreció un gran concierto en Nimes, una ciudad donde se le quiere.

El guitarrista jerezano Moraíto Chico ofreció un gran concierto en Nimes, una ciudad donde se le quiere. Fotografía de Jean Louis Duzert.

Cinco días en el Festival Flamenco de Nimes me han bastado para convencerme, si no lo estaba ya, de la importancia de estos eventos flamencos fuera de Andalucía, en los que colabora económicamente la Agencia del Flamenco con ayudas provenientes de la Comunidad Europea. Según la actual directora de la Agencia, María de los Ángeles Carrasco, este dinero sólo puede ir destinado a la promoción del flamenco fuera de España, así que no es un dinero que se les quita a los festivales de aquí para apoyar los de fuera, como creen muchos aficionados. Sin embargo, es innegable que hay una dejadez con los festivales andaluces en general, los de los pueblos, los que llevan décadas luchando por el flamenco y los flamencos. Y no es por falta de dinero público, sino porque el que hay no siempre se gasta bien o no va a donde tiene que ir. Vengo maravillado de cómo tratan al flamenco y a los flamencos en la hermosa ciudad francesa de Nimes, en un festival modélico que tiene ya veintiún años de historia. Tenía muy buenas referencias de él por los propios artistas, que son los que mejor publicitan un evento flamenco como el de Nimes. Los organizadores tratan a los artistas con un mimo extraordinario, con el mismo que tratan a los críticos que son invitados cada año. Mientras aquí nos tratan a veces con la punta del pie, en la Bienal de Flamenco y en otros festivales andaluces, en Nimes nos hacen sentirnos importantes, con toda clase de atenciones tanto profesionales como personales. Naturalmente, algunos pensarán que decimos esto porque nos hemos pegado unas vacaciones gratis a costa del Festival de Nimes. Pues no es así. Acudir a estos festivales tan lejos de Andalucía acaba costándonos el dinero, pero merece la pena comprobar insitu lo que hacen fuera de nuestra tierra con el arte flamenco. Lo que primero me ha llamado la atención es el cuidado que ponen a la hora de organizar un festival para que no fallen la publicidad, el sonido y otras cosas que son imprescindibles para que un festival tenga éxito. El sonido de este festival es de película, sin acoples, sin distorsiones. A esto hay que unir el silencio con el que se escuchan el cante y la guitarra, que es casi sepulcral. Suponemos que para un artista flamenco será una gran responsabilidad actuar en el Teatro de Nimes, con la gente muy pegada al escenario y todas las butacas llenas de un público que sabe lo que escucha. Es otra de las cosas que me ha llamado la atención del Festival de Nimes: la calidad del público. Sólo se levanta a aplaudir cuando el espectáculo ha sido muy bueno. Es un público exigente, que es como debe ser. Se escuchan pocos olés a destiempo y cuando el espectáculo acaba un porcentaje importante del público asistente se queda en la puerta del teatro a comentar los detalles. Luego, unos se van a casa y otros frecuentan los locales más flamencos de Nimes, La Casa Blanca y el Bar 421, entre otros muchos, donde sigue la fiesta hasta altas horas de la madrugada. Entonces tienes la posibilidad de escuchar a Pepe Linares y a algunos cantaores gitanos de Nimes o Marsella, como Paco Satiago, José de la Negreta o Cristo, que tienen unos metales flamencos increíbles.Te dejas llevar por la emoción de la fiesta y acabas acostándote a las tantas, pero con el alma llena de sonidos flamencos. ¡Viva Nimes!

18
Ene/2011

Moraíto Chico hace llorar a Nimes

Moraíto Chico en su concierto de Nimes. Fotografía de Jean Louis Duzert.

Moraíto Chico en su concierto de Nimes. Fotografía de Jean Louis Duzert.

La actuación del gran guitarrista jerezano Moraíto Chico había levantado gran expectación en Nimes, porque hasta aquí había llegado el rumor de que andaba delicado de salud. “Tengo la salud algo distraída, pero de eso hablaré otro día”, dijo el gran artista, con la voz muy tomada. Los ojos de los aficionados se llenaron de lágrimas y los gitanos de Nimes y Marsella no paraban de darle ánimos al “primo” de Jerez. Con el clásico nudo en la garganta de estos casos, cuando la luz se apagó y comenzaron a sonar los primeros acordes de su guitarra -se trajo la de su padre, cejilla de palo incluida-, supe que íbamos a asistir a un momento histórico. Este guitarrista es siempre conmovedor, pero en Nimes ha sonado como nunca. Si sus impresionantes seguiriyas se hubieran escuchado en Jerez, se habrían levantado de sus tumbas los Marrurro, el Loco Mateo, Manuel Molina, Mojama y Terremoto. ¡Qué chorro de sangre salía por la boca de su guitarra! Hasta este crítico, que canta para que lo tiren a los cochinos, estuvo a punto de lanzar al aire los clásicos ayes seguiriyeros de Jerez. Tanta intensidad musical era difícil de soportar encajado en una incómoda butaca. Morao llevaba tiempo sin tocar la guitarra y era emocionante asistir en directo al reencuentro del genial músico con su sonanta, que siguió sonando a gloria cuando pisó terrenos mineros o cuando abordó las ceremoniales alboreás, los tanguillos y, sobre todo, las bulerías, el toque donde nadie ha sonado jamás como Moraíto Chico. Nunca nos había llegado tan hondo el toque de Morao, su aire inconfundible, su pellizco gitano. Técnica y arte se aliaron para hacernos sentir el flamenco en toda su grandeza, en una noche en la que el artista más carismático de Jerez, de los últimos años, se propuso partirnos el corazón y lo consiguió. Tocando solo, en concierto, pero también conduciendo el cante bravo y hondo de Jesús Méndez, su paisano, “el futuro del cante jerezano”, según el maestro Moraíto. Naturalmente, cuando decidió que ya había tocado lo suficiente, con una calidad de sonido extraordinaria, se fue del escenario y el público le obligó a tocar de nuevo una y otra vez. Nadie quería que acabara aquel momento mágico, el de un Morao extraordinariamente sensible, emocionado, motivado. Todos nos pusimos en pie y aplaudimos el mejor concierto del joven maestro, de los últimos años, deseando que le gane la pelea a su enfermedad y que siga partiéndonos el alma por los siglos de los siglos, amén. Ya en el restaurante donde cenamos, La Casa Blanca, sentí deseos de abrazarlo y nos fundimos en uno de esos abrazos que nunca se olvidan. Morao estaba feliz, contento, satisfecho de su concierto y, sobre todo, emocionado por tantas muestras de cariño. Dios te bendiga, Moraíto de Jerez, por gran artista del flamenco y por ser de una manera, en lo personal, por la que merece la pena estar en este mundo.

17
Ene/2011

Lole y El Zambo conquistan Nimes

A Pepe Linares

Lole Montoya en Teatro de Nimes. Los ángeles también cantan.

Lole en el Teatro de Nimes. Fotografía de Jean Louis Duzert.

Estamos aún conmocionados tras ver esta misma mañana en una sala de Nimes el documental La sombra de las cuerdas, de los directores Bodelet, Chechu García-Berlanga y Annabelle Amelline, sobre el genial guitarrista onubense Niño Miguel, que fue premiado el pasado año en la Mostra de Valencia. Con la sala llena de aficionados y críticos, la emoción nos puso al borde del llanto, sin duda recordando algunos de los momentos vividos junto a este genio del flamenco. Recordamos, por ejemplo, las veces que Morente mandaba a buscarlo cuando cantaba en Huelva. El Niño Miguel acudía siempre a su llamada con su guitarra escasa de cuerdas, porque sabía que el maestro le daba su sitio y aliviaba su precariedad económica. La película es muy fuerte pero refleja muy bien el drama de este guitarrista, un genio que en la cima de su carrera, cuando todavía joven puso en serios apuros a los más grandes, la esquizofrenia, primero, y luego las drogas le condujeron a vivir en la calle y de la calle, actuando en bares para poder comer cada noche. Este magnífico documental rescata su vida y su arte y denuncia, sin abusar del morbo, su situación y la de otros artistas enfermos, como él, que se encuentran en el más absoluto olvido. La noche del pasado sábado tuvimos la oportunidad de disfrutar en el Teatro de Nimes de un interesante mano a mano, por lo novedoso, entre Lole Montoya y Luis el Zambo. Triana y Jerez, el almíbar y el vino de solera, la delicadeza musical y la salvaje jondura, la suave caricia en la piel y el torniscón en el alma. Abrió la velada la hija de Juan Montoya y Antonia la Negra, Lole Montoya, acompañada a las guitarras por Manuel Morao y Jesús Carrasco, y por Luis Carrasco a la percusión. La gran artista eligió su repertorio habitual de tangos, alegrías y bulerías, con canciones acompasadas y emblemáticas como Dime y otro de sus más recientes éxitos, El Regalo, una hermosa bulería compuesta por Vicente Amigo. Se metió al público en el bolsillo con esa voz tan personal que parece la banda sonora del cielo. No se escucharon olés, esos espontáneos que son patrimonio de Andalucía, pero cuando acabó su actuación, el público de Nimes aplaudió con fuerza y mostró el deseo de escucharla durante más tiempo. Pero El Zambo esperaba su turno. Luis el Zambo gusta mucho en Nimes. Bueno, en todo el sur de Francia. Salió al escenario con un gran artista del toque, el catalán Juan Ramón Caro, guitarra de cristal de Bohemia para una voz que araña el velo del alma y que reinventa en cada cante las esencias jerezanas de Tío Borrico, José de Paula y El Sordera. Templó su voz en bulerías para escuchar, donde tiene una calidad extraordinaria; se peleó en soleares y seguiriyas; emocionó por fandangos y bordó, como siempre, las bulerías jerezanas más castizas. El público le hizo salir varias veces al escenario, no le dejaba irse. No fue una actuación rotunda, pero conquistó a todos con ese metal suyo de voz tan jerezano y un compás que en él parece sencillo, sin duda por su naturalidad y corazón.

16
Ene/2011

Los duendes se vienen a Nimes

Andrés Marín con capirote y platillos. Imagen impactante, sin duda.

Desde que el pasado jueves por la mañana llegamos a la ciudad francesa de Nimes presentimos que el viaje merecería la pena. Ésta es una tierra con alma española, donde gustan con locura los toros y el flamenco. Pero, además, Nimes tiene otros atractivos porque es una ciudad cómoda, hermosa, de gente muy agradable y un ambiente fantástico. Hace poco más de veinte años un cantaor aficionado de Baeza (Jaén), Pepe Linares, y un dibujante de origen catalán, Eduardo Pons, decidieron crear este festival con el que pretendían fomentar sólo  la guitarra flamenca. En la segunda edición contaron ya con el cante y en la tercera, con el baile. Luego se unió a ellos Patrick Bellito, de París, antiguo catador de cacao para una importante empresa y ahora dedicado a la organización de eventos musicales. Andando el tiempo, el festival de Nimes se ha convertido en una de las citas flamencas más conocidas del mundo, de las que tienen lugar fuera de nuestro país. Son los propios artistas los que se han encargado de darlo a conocer, con sus comentarios favorables en cuanto a organización y, sobre todo, el trato que reciben los propios artistas. Es una de las claves del éxito de este festival de flamenco, que cuenta desde hace muchos años con la ayuda económica de la Junta de Andalucía, dinero que se obtiene de la Comunidad Europea y que sólo puede destinarse al festival. Lo decimos porque en Andalucía hay cierto cabreo con estas ayudas a eventos de fuera de nuestra región, en vista de que aquí están desapareciendo algunos festivales debido a la crisis económica que atravesamos desde hace dos años. Como suele ser habitual en otros festivales de fuera de España, en el de Nimes no sólo se programan espectáculos de cante, baile y toque. También hay exposiciones de pintura y fotografía, además de conferencias, que cuentan con un gran respaldo por parte de los aficionados del lugar y de fuera de Nimes. La noche del jueves asistimos a la inauguración de una exposición de viñetas a cargo del dibujante Eduardo Pons, que se celebró en la Casa de España. La muestra tuvo un gran éxito de público y crítica, y fue amenizada con los cantes de Pepe Linares y la guitarra de Antonio Cortés, el guitarrista local. Tras la exposición y los cantes de Pepe Linares, disfrutamos de una estupenda cena en el restaurante de comida francesa L’imprévu, adornado con motivos taurinos. Más tarde, dispuestos a vivir el ambiente nocturno de Nimes, en los días del festival, acabamos en un local con flamenco en directo, el Bar 421, que es uno donde se reúnen también  los aficionados a  los toros para ver las corridas televisadas. Este local recuerda a los que se pusieron muy de moda en Sevilla hace algunas décadas, en los que primaban las rumbas y las sevillanas. En el Festival de Nimes se van a dar cita muchas e interesantes figuras del arte flamenco. Anoche mismo asistimos a la presentación de la última obra del bailaor sevillano Andrés Marín, La Pasión según se mire, de cuya presentación nos ocuparemos mañana. Esta obra fue vista en la Bienal de Flamenco 2010, con la que el coreógrafo obtuvo uno de sus más grandes éxitos. Ha contado con la colaboración especial de Lole Montoya y José el de la Tomasa, que llegaron a Nimes en tren en vista de que a ambos artistas sevillanos  les da pánico volar en avión. Y con la de la gran bailaora lebrijana Concha Vargas.

Andres Marin

Andrés Marín con Concha Vargas. Arte sevillano en la ciudad de Nimes. Fotografía de Jean Louis Duzert.

El Festival Flamenco de Nimes no es sólo para ver espectáculos en su fabuloso teatro, que la noche del pasado vienes se llenó para ver la obra del bailaor sevillano Andrés Marín, La Pasión según se mire, aprobada por los franceses con aplausos y pataleos ensordecedores. Lo bueno de este festival y de otros franceses, como el de Mont de Marsan, es que a los artistas les gusta meterse en fiesta con los aficionados y los colegas de estas tierras. Después de la obra del coreógrafo sevillano se improvisó una juerga de lo más castiza en el hotel Atria Novotel, donde estamos todos. El cantaor jerezano Luis el Zambo se reunió con dos cantaores gitanos de Marsella, José de la Negreta y su primo Paco Santiago, que cantan para darse chocazos contra una pared. ¡Qué metales y qué compás y qué jondura tan gitana! Luis se volvió loco con ellos y, a pesar de que tenía que cantar al día siguiente, se metió en faena hasta altas horas de la madrugada. Corrió el alcohol como el agua por las acequias y el humo del tabaco le confería al patio del hotel aspecto de café cantante del XIX. Parece increíble que tengamos que venir hasta Nimes para vivir una juerga como ésta, que nos puso el corazón a doscientas pulsaciones por minuto. Teníamos interés en averiguar cómo aceptaba el público de Nimes una obra como la de Andrés Marín, que tanto gustó en la pasada Bienal de Sevilla, aunque hubo a quienes no les gustó nada. En Nimes hubo frialdad al principio, pero nada más salir la bailaora Concha Vargas, que es el temperamento personificado, enamoró con sus tangos, cantiñas y romances a todo el mundo, con un José Valencia soberbio que canta cada día mejor y un José Ángel Carmona, de Los Palacios, que promete lo suyo. Aunque gustó la obra en general, los momentos de Andrés Marín con Concha y José el de la Tomasa fueron los más aplaudidos. El maestro Tomasa tenía la voz magnífica  y la utilizó para cantar muy bien por soleá, con la guitarra de Salvador Gutiérrez, y por tonás, con Andrés Marín haciéndole son en un yunque. Son los momentos cumbres de esta obra, que tiene también sus pinceladas de gran creatividad en las que Andrés demuestra su capacidad coreográfica y una imaginación sin límites, un tanto atrevida, como la parte en la que baila con un capirote y unos platillos, o con un trombón y un clarinete. Andrés Marín en esta puro, siempre rompedor. La Pasión según se mire tiene también momentos de una hermosura increíbles, como los protagonizados por Lole Montoya. Sus canciones rompen un poco la obra, su sentido flamenco, pero la refrescan musicalmente y emocionan a un público entregado. Al final, como decíamos unas líneas más arriba, el público aplaudió con fuerza,  y hasta pataleó, que es muy propio de los cabales de estas tierras.

11
Ene/2011

Recordando a ‘La Serrana’ de Jerez

A Enrique Soto Sordera

María Valencia 'La Serrana', una flamenca de rompe y rasga.

María Valencia 'La Serrana', una flamenca de rompe y rasga. ¡Qué bella estampa!

Francisco Valencia Soto, conocido por Paco la Luz, seguiriyero de Jerez y autor de letras flamencas, es un cantaor poco estudiado que, además, le dio al flamenco dos grandes artistas, como fueron sus hijas María Valencia La Serrana y Juana Valencia La Sordita, cantaora y bailaora, respectivamente, de sonados éxitos en los cafés cantantes de El Burrero y El Novedades. Según algunos investigadores de solvencia, Paco la Luz nació en Jerez de la Frontera en 1839. Sin embargo, si cuando se casó tenía 26 años, según consta en el certificado de su enlace matrimonial (16 de agosto de 1861), que obra en mi poder desde hace unos días, nacería en 1835. En el rastreo que he llevado a cabo en los registros de nacimientos de Jerez, los padres del gran seguiriyero, los lebrijanos Pedro Valencia y María Soto -casados en Lebrija en 1834-, engendraron a dos hermanos de Paco la Luz que no encontraron los encargados de hacer el árbol genealógico de los Valencia. Fueron Juan Valencia, de 1837, y José Valencia, de 1841. Paco la Luz pudo nacer entre estos dos, en el 39, pero lo cierto es que determinados documentos encontrados en Sevilla y Jerez hacen pensar que no fue en esta fecha. Se casó con la jerezana María Rodríguez Eras y tuvieron tres hijas: Josefa Cayetana (1863), María Dolores (1868) y Juana (1872). ¿Cuál de ellas era La Serrana? Según algunos estudiosos jerezanos, era María Dolores, pero lo cierto es que en todos los padrones encontrados en Sevilla, donde se criaron estas hermanas, siempre aparece La Serrana como la mayor de las tres. Osea, María Valencia. Dolores aparece la siguiente en edad y dedicada a la costura. Luego aparece Juana, la famosa Serrana Chica o Sordita, que de ambas maneras se conocía a esta célebre bailaora.

Registro del nacimiento de 'La Serrrana', en marzo de 1963.

Registro del nacimiento de 'La Serrrana', de marzo de 1863.

En un padrón de 1935 María Valencia vivía en el número 8 de la Alameda de Hércules, en Sevilla, en el que consta como año de su nacimiento el de 1863. Según este censo de habitantes la artista llevaba 54 años viviendo en Sevilla. Por tanto, La Serrana era la primogénita de los Valencia, o sea, María Josefa Cayetana Valencia Rodríguez, que se anunciaba siempre en los carteles como María Valencia La Serrana. Así lo hizo ya cuando cantó con el Canario de Álora en la Nevería del Chino, de Sevilla, en el verano de 1885. Y más tarde en lo que fue su presentación en el también sevillano Café Novedades, en el año 1900. Afortunadamente, La Serrana grabó algunos cantes (Odeón, 1909) y hoy podemos disfrutar de sus magníficas seguiriyas, por ejemplo. Era de la escuela jerezana, pero hay que tener en cuenta que vivió sesenta años en Sevilla, siempre en la Alameda de Hércules, donde murió. El cierre de los cafés cantantes, primero los de Silverio y El Burrero y luego El Novedades, ya en los años veinte del pasado siglo, contribuyeron a que esta cantaora cayera en el olvido y tuviera que buscarse las habichuelas malviviendo en las fiestas de los señoritos. Pasó muchas fatigas y murió el 3 de agosto de 1940 en el número 8 de la Alameda de Hércules, de arteriosclerosis y en estado de soltería. La enterraron al día siguiente, en segunda clase, en la calle San Juan, con escasos honores. Así acabó la historia de aquella niña que nació en el número 22 de la jerezana calle Nueva -en la que había un almacén que vendía arenques, mantequilla y café, como dice la bulería-, en marzo de 1863. La hija del gran Paco la Luz resucita hoy y sale del olvido en La Gazapera. Naturalmente, alguno de estos datos puede no ser correcto porque no es fácil leer en estos viejos documentos. Pero estoy convencido de que La Serrana nació en 1863 y que murió en 1940.

La Serrana. Seguidillas (1909). Guitarrista: Juan Gandulla ‘Habichuela’.