Monthly Archives: Noviembre 2010

30
Nov/2010

Recordando al Niño de Marchena (III)

A Isabel Domínguez

El Maestro, con Isabel y su hijo Piqui, en una fotografía totalmente familiar.

El Maestro, con Isabel y su hijo Piqui, en una fotografía totalmente familiar.

Llegada la famosa Ópera flamenca, el Niño de Marchena alterna su participación en comedias flamencas de gran éxito, en los teatros de media España, con los conciertos en las plazas de toros, donde unos comienzan a idolatrarlo y otros, los más puristas, a machacarlo sin contemplaciones. Veamos cómo lo trataron algunos críticos en Almería en el verano de 1927, en lo que fue su debut en esta ciudad:

Se quejan luego las empresas, de que el público no acude a los diferentes espectáculos, y ello obedece a que, como la tomadura de pelo no puede pasar inadvertida, los más pagan por los otros y todos pagamos sus ansias de lucro, que constituye el único acuerdo en determinadas empresas. En la función del cantador no hubo más cantador que el Canario. El célebre Niño de Marchena quedó a la altura que quedó en Barcelona. ¿Cabe mayor altura? Si en Barcelona le echaron perras gordas para que se fuera, aquí le abuchearon, y en paz. Total, un fracaso que nosotros anunciamos con la debida antelación… ¡que se amuelen! A tiempo estuvieron.

Manuel Vallejo, el día en que recibió la Llave del Cante.

Manuel Vallejo, el día en que recibió la Llave del Cante.

Como la segunda Llave del Oro del Cante Flamenco no se dilucidó a través de un concurso, como se ha escrito hasta la saciedad, el Niño de Marchena nunca compitió por el trofeo con Manuel Vallejo, al que se lo dieron en 1926, en Madrid, dentro de todo un montaje comercial, aunque es cierto que era una de las grandes figuras de la época. También lo era ya Marchena, pero mucho más joven que Vallejo y, por tanto, con menos experiencia. Recién inaugurado el madrileño Teatro Pavón, en 1925, los empresarios decidieron crear un concurso para dar unas medallas de oro. En este certamen participó el Niño de Marchena, además del Niño de Tetuán, Manuel Pavón, el Niño de Linares, el Niño de La Carolina, Carlos González y La Rubia de las Perlas. Pepe Marchena recibió el premio a los mejores fandanguillos. En vista del éxito la empresa decidió seguir explotando lo de los reñideros de cante flamenco y creó la Copa Pavón, concurso al que son invitados, además del Niño de Marchena, otros cantaores de reconocida fama y valía como Manuel Vallejo, el Cojo de Málaga y Manuel Escacena, entre otros. Don Antonio Chacón presidía el jurado, que estaba por darle el premio a Marchena o a Vallejo, decantándose al final por este último, que era el deseo del propio Chacón. Dicen que unos días después, en la copa que Vallejo dio a sus compañeros para celebrar la conquista de la llave, en el colmao madrileño Villa Rosa, Chacón le dijo al ganador: “Te he dado la Copa porque te la mereces, pero La Vieja ganará más dinero que tú”. La Vieja era el mote por el que conocían muchos al Niño de Marchena. Al año siguiente, en pleno apogeo del cante andaluz, la empresa del Teatro Pavón  volvió a convocar otro concurso, que ganó otro sevillano, Manuel Centeno, con gran enfado de muchos madrileños que habían apostado por Angelillo, cantaor local que comenzaba a interesar. Y fue entonces, aprovechando la tesitura de esta polémica, que llegó incluso a los periódicos, cuando los avispados empresarios decidieron darle a Manuel Vallejo la segunda Llave de Oro del Cante, aprovechando que en octubre de 1926 actuaba en el Teatro Pavón con el inimitable Manuel Torre, que fue quien se la entregó aquella gloriosa noche.

Puro habano

Maestro de maestros.

Curiosamente, este hecho no tuvo mucho eco  en la prensa de Madrid, lo que indica que el asunto de la dichosa Llave del Cante apenas interesó a nadie. Ni siquiera a Manuel Vallejo, que pudo haber sacado partido del trofeo y no lo hizo, porque antes que crear el vallejismo, lo que de verdad le interesaba era ganar dinero y vivir. Con llave o sin ella, el Niño de Marchena se convirtió en una de las grandes figuras y hasta la llegada de la Guerra Civil de 1936 no paró de trabajar en plazas de toros y teatros, y de grabar discos, que se vendían como rosquillas. Rodó también su primera película, Paloma de mis amores, del director Fernando Roldán. Corría el año 1935 cuando debutaba en una faceta, la de actor, que aumentó su popularidad en todo el país y, sobre todo, en América. Pero estalló la guerra y todo se desmoronó, dando al traste con muchos e interesantes proyectos. En julio de 1936 estaba de gira por tierras de Jaén, como otros artistas del flamenco -la Niña de los Peines, Pepe Pinto, Canalejas de Puerto Real, El Sevillano, Antonio el de la Calzá, etc.-, y al producirse el golpe de estado fascista Pepe se afincó en La Carolina, yéndose más tarde a Linares desde donde se desplaza a diversos lugares del país para participar en festivales benéficos, algunos de ellos organizados por Juanito Valderrama.

29
Nov/2010

Recordando al Niño de Marchena (II)

A Isabel Domínguez

El gran torero Pepe Marchena posó así de orgulloso con el Niño de Marchena.

El gran torero Domingo Ortega posó así de orgulloso con el Niño de Marchena, que enamoró a varias generaciones de aficionados.

José Tejada Martín fue el primogénito del matrimonio formado por el ya citado Juan Perea y Rita Tejada Martín, que lo trajo al mundo en noviembre de 1903. Si se han fijado, sus dos apellidos son los de la madre, lo que tiene su explicación. Rita trabajaba en la capital como sirvienta de unos marqueses. Se quedó embarazada de Juan y cuando tuvo al niño los marqueses la obligaron a ponerle sólo sus apellidos, al menos mientras no se casara con el joven labrador marchenero. Tras trabajar de aprendiz de herrero en una fragua de la Plaza Vieja de Marchena, de cuidador de borricos, porquero -guarda de cochinos- y camarero, en seguida descubre que era más fácil ganarse la vida cantando, pero se encontró con la negativa paterna, algo normal en una época en la que el cantaor de flamenco era poco menos que un bandolero, por muy considerados que estuviesen ya entonces artistas como Don Antonio Chacón, la Niña de los Peines y Manuel Torre. Cumplidos los 9 años de edad el niño era un prodigio de la Naturaleza y el padre no podía evitar que comenzara a despuntar en el cante y a sonar ya como el nuevo genio del género. Al parecer, su primera actuación en público, con guitarrista y todo, fue en un café de Fuentes de Andalucía, localidad cercana a Marchena donde conoció al Indio Pachicha, guitarrista aficionado que le ayudó en sus comienzos. Con 9 años cantó en Almería junto al Niño Medina, en 1912. Este dato me sorprendió mucho, llegando a pensar que hubiera existido otro Niño de Marchena con anterioridad a éste. Parece ser que no, que alguien se llevó al niño de Rita de gira con el Niño Medina.  Con 14 años de edad había recorrido muchos pueblos de Andalucía. Sevilla era entonces, en la segunda década del siglo XX, la sombra de lo que había sido en la época dorada de los cafés cantantes -último tercio del XIX-, pero el cante se había introducido en los teatros y a él le gustaba acudir al San Fernando a escuchar a la Niña de los Peines y al Niño Medina; al Salón-Circo Victoria, que estuvo situado en el Prado de San Sebastián, para emocionarse con Manuel Torre; o al Lloréns, que en la popular Feria de San Miguel siempre programaba buen flamenco, para aprender directamente de Don Antonio Chacón y Manuel Escacena, dos de sus referencias. Fue precisamente este año, con motivo de la Feria de San Miguel, cuando cantó por primera vez en El Novedades en compañía de otros dos nuevos fenómenos del cante, como eran Pepito El Pinto y El Carbonerillo. En una entrevista que le hizo un periódico sevillano en diciembre de 1972, hablaba de aquella etapa de su vida:

Luego me vine a Sevilla a cantar en el Duque. Cantaban conmigo José Rodríguez El Colorao, Fernando El Herrero, Rafael Pareja, Salvaorillo, que era compadre de Chacón, El Gordete y Cayetano el Pintor, que tenían sus oficios por el día, y por las noches cantaban en fiestas que se terciaban. Los profesionales, es decir, los que vivíamos de eso, éramos, a parte de mí, que era el más joven, Chacón, Pinto, Torre, Carbonerillo y Tomás Pavón, que actuábamos juntos en el Novedades, cobrando un duro los normales, ocho pesetas las figuras y doce Chacón.

Dado a conocer en Sevilla amplía luego su campo de trabajo a ciudades como Córdoba, Málaga y Huelva. También a Badajoz, una ciudad extremeña de mucha tradición de flamenco. Pero animado por el cantaor trianero Rafael Pareja, que era su padrino artístico, en 1922 decide ir a la conquista de Madrid donde ya triunfaban otros cantaores sevillanos como Pepe el de la Matrona, Manuel Escacena, Fernando el Herrero, El Macareno y Bernardo el de los Lobitos, entre otros muchos. Debuta en el merendero Casa Juan, que estaba en el Barrio de la Bombilla. En este sitio, según contó él mismo en la conferencia que ofreció en la Universidad de Sevilla en febrero de 1972, alternaba con Carmen Espinosa La Lavandera y el Canario del Colmenar, destacando por encima de ellos de manera contundente, así como de todos los que trabajaban en la Villa y Corte, lo que pone en alerta a los avispados agentes artísticos de la época, como Juan Carcellé, que es quien ve en el joven cantaor de 19 años de edad a la figura que podría jugar un papel fundamental en el proyecto de llevar el cante al los grandes recintos y a algunos teatros que hasta el momento se resistían a contar con el cante flamenco en sus programaciones. Tras la celebración en Granada del famoso Concurso de Cante Jondo, que impulsaron Lorca y Falla, con el apoyo de otros importantes intelectuales y artistas, el cante flamenco alcanza una gran popularidad y dos grandes empresarios, Vedrines y su cuñado Montserrat, se ponen a trabajar en la idea de celebrar macroconciertos de flamenco en las plazas de toros, creando así una nueva etapa del género a la que conocemos como Ópera flamenca, que duró desde mediados de los años veinte hasta iniciados los cincuenta.

http://www.youtube.com/watch?v=FyjnSUjP-Eg

29
Nov/2010

Recordando al Niño de Marchena (I)

A Isabel Domínguez

El Niño de Marchena enamorando con su cante a Evita Perón.

El Niño de Marchena enamorando con su cante a Evita Perón.

El próximo día 4 de diciembre se van a cumplir 34 años de la muerte del gran cantaor Niño de Marchena, uno de los genios del arte andaluz. Con este motivo comenzamos hoy una serie de artículos sobre él en La Gazapera, en los que contaremos un poco su trayectoria y algunas historias personales muy curiosas. Todas estas entradas irán dedicadas a su esposa, Isabel Domínguez Cano, que aún vive.

Tiene el arte del Niño de Marchena la emoción del canto llano expresado por un intérprete genial. Si sus prodigiosas florituras se pudiesen llevar al pentagrama, deslumbraría al mundo.

Leopoldo Stokowski, el gran músico inglés de origen polaco, definió de esta forma al genio sevillano cuando lo escuchó cantar por primera vez, quedándose literalmente boquiabierto, extasiado. Sin necesidad de que se llevasen sus florituras al pentagrama -esto se ha hecho al cabo treinta de años de su fallecimiento-, José Tejada Martín impresionó al mundo con su singular forma de interpretar el cante flamenco. Otro gran músico, el andaluz Manuel de Falla, dijo que en él se encontraba el canto inagotable del verdadero cante andaluz, sin las trabas que lo empequeñecen al encerrarlo en cancioncillas. Por último, Charles Chaplin, el genial Charlot, confesó que le tenía mucha envidia al Niño de Marchena, porque con el cantaor se emocionaban las mujeres, y con él sólo se reían. Naturalmente, existen opiniones muy contrarias sobre el estilo de este artista, de estudiosos, críticos, compañeros y aficionados que no supieron calibrar su verdadero valor: el de un autodidacto de la música, del cante, de un hombre que pasó de guardar cochinos en los campos marcheneros, soleados y plagados de pájaros, a ser el número uno del cante, su intérprete más famoso y prestigioso en todo el mundo desde los años 20 hasta su muerte, ocurrida en 1976. Lo del Niño de Marchena era un don, algo que nació con él y que se llevó a la tumba, aunque dejó una gran cantidad de imitadores que, sinceramente, le hicieron un flaco favor. No se hizo cantaor a base de estudiar, de machacar, como hicieron muchos que al final terminaron siendo importantes figuras. ¿Cómo se explica, si no, que con 8 años cantara ya como uno de aquello jilgueros que saltaban de olivo en olivo allá en su pueblo de Marchena, localidad sevillana a 60 kilómetros de la capital y situada en la comarca de la Campiña, que es tierra de buen cante y de buenos cantaores? La única explicación posible es que era un superdotado, lo que llamamos un niño prodigio. Si en vez de por el cante le hubiera dado por tocar el piano, en España se hablaría de él todavía como se habla de Falla o Turina. Pero un día, sin saber por qué razón, el prodigioso niño sintió un ligero cosquilleo en la garganta y comenzó a cantar, cambiando ese mismo día el curso del cante andaluz, flamenco, gitano o, como solía definirlo Antonio Mairena, gitano-andaluz. Marchena es un pueblo de mucha tradición flamenca, sobre todo de cantaores y guitarristas. Un cantaor como José Tejada no nace así como así, por capricho de los dioses, aunque lo suyo fuera, como hemos apuntado ya, un don divino y no el producto del aprendizaje en una academia o en uno de esos conservatorios donde se cultiva la voz. Dicen que su propio padre, Juan Perea, labrador por cuenta ajena, era un buen cantaor de tarantas, estilo en el que precisamente destacó mucho nuestro protagonista. Y que un tío suyo, el Cojo Morra, cantaba también de manera muy aceptable. Pero no hay antecedentes profesionales en la familia del artista marchenero. En los pueblos de Sevilla, sobre todo en aquella época -principios del siglo XX-, solía haber muchos cantaores que sólo cantaban en las tabernas y reuniones familiares, o en el campo mientras trabajaban en la recogida de la aceituna, la limpieza de los olivos, la siega o la siembra del trigo. Fueron los primeros maestros del Niño de Marchena, que desde muy pequeño, dada la precaria economía familiar, ya tuvo que echarse a trabajar y, debido a este hecho, comenzó a tener pronto relación con personas del pueblo, aficionados que cantaban en las tabernas y que le apuntaban cómo eran las malagueñas de Chacón, las guajiras de Manuel Escacena y las soleares de La Sarneta.

Fandangos de la Plaza del Potro. (Callejón). “Niño de Marchena”. Guitarra: Paquito Simón

27
Nov/2010

¿Qué hemos hecho para merecer algo tan bello como el flamenco?

A Diego el Cabrillero

Gitanos

Siempre me ha llamado la atención el empeño que existe, por parte de algunos, en demostrar que el origen musical del flamenco está fuera de Andalucía, de España; que es un arte importado, como si Andalucía no hubiera sido capaz de generar una expresión musical tan bella. No de la nada, evidentemente, porque no debemos olvidar las influencias de los sistemas musicales de la antigua Grecia, el árabe, el indio, el hebreo y el sistema musical moderno. La escala musical india, llamada swaragrama, es igual a nuestra escala mayor. Los gitanos, que llegaron a España desde el Indostán, en la India, hace cinco siglos, carecen de sistema musical propio. Esto no quiere decir que no sean magníficos cantaores y bailaores, cuidado. Ni que no hayan sido capaces de hacer suya la música andaluza, aportándole una expresión propia. Hablamos de sistemas musicales, que son cosas distintas. Tampoco los hebreos tienen sistema musical propio, que esté registrado en los antiguos manuales de la historia de la música. Sin embargo, es un pueblo con una gran cultura musical y algunas de las canciones sinagogales de los sefardíes -descendientes de los judíos que vivieron en la Península Ibérica, España y Portugal- tienen una gran semejanza con determinados palos flamencos, como la petenera. El hecho de que el cante y el baile flamencos tengan como base el modo dórico griego, en ningún momento quiere decir que el flamenco sea un arte que viniera de Grecia, como algunos han apuntado porque vieran en la televisión alguna fiesta griega y hayan percibido semejanzas dancísticas. Es que el modo dórico griego era común a todo el mundo. La cultura helénica, tan avanzada en el arte y la filosofía, asimiló todas las culturas del mundo y creó la suya propia. Y en Andalucía hemos creado una expresión musical propia, que es el arte flamenco: el cante, el baile y la guitarra, en la que han intervenido distintos pueblos aquí asentados desde hace muchos siglos, en un mestizaje cultural fundamental y único en el mundo. ¿Quién se atrevería a asegurar que los árabes, que estuvieron ocho siglos en Andalucía y que nos dejaron magníficas obras de arquitectura y estupendas recetas gastronómicas, se fueron sin dejarnos nada de su sistema musical? Los músicos pueden investigar todo lo que quieran y decirnos que esto lo crearon los sacerdotes del templo de la diosa Isis, en Egipto, donde fueron educados Pitágoras y Orfeo, pero todo es para nada. Lo que hoy conocemos por flamenco se lo debemos a los andaluces, a nuestros antepasados, al Fillo y Silverio, al Planeta y Tío José el Granaíno, a la Cuenca y las Coquinera, a Paquirri el Guanter y África la Pezeña, a Chacón y Paco el de Lucena, a Manuel Torre y la Sarneta, a Juan Breva y Tomás el Nitri, a Marchena y a Juanito Mojama, a Vallejo y Antonio Mairena, a Carmen Amaya y Antonio el Bailarín, a Sabicas y a Camarón, a Mairena y Valderrama, a Paco de Lucía y a Chocolate. Tiene el flamenco la sal de Cádiz, el embrujo de Córdoba, el compás de Jerez, el son de Triana, la majestad de Sevilla, la luz de Málaga y Almería, el sol de Jaén, el aire de Huelva, el sabor de Extremadura y la impronta del levante español. Deberíamos dejar de tirarnos los trastos a la cabeza y disfrutar de nuestro arte, alegrarnos de que los flamencos vayan por el mundo y de que el mundo venga a Andalucía a amarlo y a disfrutarlo. En esta mañana lluviosa y plomiza, después de desayunar una tostada con aceite de oliva de Arahal y jamón de Jabugo, de escuchar unas estremecedoras seguiriyas de Perrate de Utrera y unas almibaradas tarantas del Niño de Marchena, sólo se me ocurre una pregunta: ¿Alguna vez nos hemos parado a analizar detenidamente por qué nos ha tocado a los andaluces aportar al mundo algo tan hermoso como el arte flamenco? Buena pregunta.

25
Nov/2010

¿Vuelve el antiflamenquismo?

A Rufino Rivas

Enrique Orozco aparece cantándole al actor Yur Brirner en una fiesta, con Pucherete de Linares. Algunos añoran aquellos tiempos.

Enrique Orozco aparece cantándole al actor Yul Bryrnner en una fiesta, con Pucherete de Linares. Algunos añoran aquellos tiempos.

Todo esto de la Unesco ha reavivado el antiflamenquismo en Andalucía, cosa que se veía venir. Se podía haber solicitado el reconocimiento sin tanto boato, pero no ha sido así y hasta los que van de flamencos han demostrado que llevan aún el antiflamenquismo en las tripas, seguramente sin saberlo.  He tenido la santa paciencia de leer cientos de comentarios en los diarios digitales y he podido comprobar la gran cantidad de andaluces que se avergüenzan todavía del arte de lo jondo. Destacados columnistas lo han llegado a comparar con “el tapeo” y hasta han invetado nuevas soleares. Los mismos que han intentado hacer literatura con las miserias de los artistas flamencos arremeten ahora contra quienes quieren contribuir a acabar con esas miserias. Y hasta contra los propios artistas, que no han sido los responsables de esta campaña absurda y politizada para que la Unesco reconociera la universalidad de un arte que ya había conquistado el mundo.

24
Nov/2010

Primer Encuentro de Gazaperos

Ayuntamiento de Palomares del Río, en Sevilla. 'La Truja' está justamente al lado. Quico Pérez-Ventana.

Ayuntamiento de Palomares del Río, en Sevilla. 'La Truja' está justamente al lado del Consistorio. Quico Pérez-Ventana.

Como muchos de ustedes saben, el día 5 de diciembre vamos a tener el I Encuentro de Gazaperos, que será en Palomares del Río, el pueblo donde viví desde los 3 a los 16 años. Se han apuntado decenas de gazaperos y gazaperas, que no han querido perderse la oportunidad de que nos conozcamos personalmente -los que aún no nos conocemos-, almorzando en La Truja, una preciosa hacienda de seiscientos años de antigüedad convertida hoy en un mesón típico del Aljarafe sevillano. No es un congreso ni un simposio, sino un encuentro de amantes del flamenco para charlar sobre este arte, tomarnos unos mostos y echar un día juntos en un típico pueblecito del Aljarafe, que está a diez minutos de Sevilla, entre Coria del Río, San Juan de Aznalfarache y Mairena del Aljarafe. El presente post es para que los que ya os habéis apuntado lo confirméis a la dirección de correo electrónico que adjuntamos, y para que se apunten todos aquellos que lo deseen y que aún no lo hayan hecho. Necesitamos saber si vienen solos o acompañados, y desde dónde vienen, por si hay que recoger a alguien en alguna parte: estación de Santa Justa, aeropuerto, etc. Tienen que confirmar asistencia al siguiente correo: pozonuevo.editor@gmail.com. Espero vuestra contestación y os animo a que conozcáis Palomares del Río.

23
Nov/2010

El Concurso Nacional de Córdoba

Al maestro Fosforito

Ayer tuve la fortuna de charlar con Fosforito en Córdoba. El maestro defiende a su tierra y al concurso, con uñas y dientes.

Ayer tuve la fortuna de charlar con Fosforito en Córdoba. El maestro defiende a su tierra y al concurso, con uñas y dientes. Estábamos congelados.

Muchos de ustedes saben que soy poco partidario de los concursos de flamenco, aunque considero que siguen siendo necesarios para que los nuevos valores tengan donde darse a conocer. Han perdido un poco de sentido porque hoy hay otras maneras de promocionarse como, por ejemplo, a través de los medios de comunicación: radio, televisión, Internet, etc. Recuerdo que hace muchos años, cuando empezaba a aficionarme al cante, ganar un premio en el Concurso de Cante Jondo de Mairena del Alcor significaba grabar tu primer disco y hacerte profesional. Era el primer paso para tomar la alternativa y torear luego en plazas importantes. Sin embargo, el certamen de Mairena ya no cumple esa función porque, entre otras cosas, le dan un premio a cualquiera. Lo mismo ocurre en el Concurso Internacional del Cante e las Minas y en el Nacional de Córdoba. Ayer estuve en la ciudad de la Mezquita, en la inauguración de una exposición fotográfica de Paco Sánchez, charlando con el maestro Fosforito sobre los concursos y me decía que en Córdoba no gana cualquiera. Antonio Fernández Díaz es el que más sabe de esto, así que cuesta llevarle la contraria. No obstante, el nivel de exigencia de Córdoba falla porque este año han echado para atrás a excelentes cantaores como, por ejemplo,  José de la Mena, Manuela Cordero, el jerezano Ezquiel Benítez o Churumbaque hijo, entre otros. Vería normal que se hubieran quedado fuera estos intérpretes si a los que han dejado para premio fueran mejores, pero, en mi opinión, no lo son. O sea, Aroa Cala no es mejor que Manuela Cordero y Sebastián Cruz no alcanza el nivel de calidad y conocimientos de José de la Mena. Esto no quiere decir que no valore a Aroa y Sebastián, que me parecen dos buenos intérpretes del cante. Sólo, que son inferiores a Cordero y Mena. En Córdoba le dieron la Llave del Cante a Antonio Mairena, pero ahora no soportan a sus discípulos, a los que siguen su escuela, de ahí que manden siempre a su casa a José de la Mena, que es todo un señor cantaor. A lo mejor es que buscan a cantaores con sello propio y no a buenos intérpretes de la escuela clásica. Si es por eso, sólo hay que echarle un vistazo a las ediciones de la última década para darse cuenta que no buscan tampoco el sello propio. Sencillamente, es que no hay más leña que la que arde. Si revisamos los concursos de Córdoba de los 60 y 70, encontraremos nombres que han hecho historia en el cante flamenco, como la Perla de Cádiz, Terremoto de Jerez, Miguel Vargas y Pansequito, por no hacer interminable la lista. ¿Es que hoy no hay buenos cantaores y cantaoras? Evidentemente, no en la medida que los había entonces. Pero en estos concursos nacionales acaban con las ilusiones de los pocos que cantan bien y con conocimientos, que es el caso de José de la Mena, quien a sus 48 años ha ido a quemar el último cartucho en Córdoba y lo han mandado a su casa -el límite es hasta los 50 años-, como lo mandan en La Unión cada vez que va. A lo mejor le ha hecho falta un buen padrino, pero José no es de esa escuela. Lo digo porque tenemos una gran amistad y jamás me ha pedido que escriba de él o que lo recomiende en algún festival. En los concursos hay sus recomendaciones -en el de Córdoba, en el de la Unión y en todos-, como las hay para todo en la vida. Tengo en mi archivo una carta de un conocido médico sevillano pidiéndole a Amós Rodríguez, en 1974, que le diera el premio a una conocida bailaora sevillana. La carta no tiene desperdicio alguno, pero la bailaora de marras no ganó ningún premio en el concurso, al menos ese año, con lo que queda clara la honestidad del maestro gaditano. Para ir concluyendo, creo que el concurso de cante en general no atraviesa un buen momento, que no hay más leña que la que arde y que es lamentable que un gran cantaor como es José de la Mena haya sido despreciado siempre en Córdoba y en La Unión, cuando en ambos concursos les han dado premios hasta a los municipales.

22
Nov/2010

¿Y si aparece un día el acta?

A Manuel Molina

¿Qué más da que fuera o no gitana?

¿Qué más da que fuera o no gitana?

Acabo de llegar de Córdoba y me he encontrado esta cantidad de comentarios tan interesantes sobre el artículo de Bibiana y sus declaraciones en El Correo de Andalucía. Me encantaría contestarlos todos uno a uno, como suelo hacer, pero me llevaría mucho tiempo y ando más liado que la pata de un romano. Con el flamenco, claro. Esto se ha convertido en un debate interesante, pero el artículo sobre Bibiana no buscaba eso, sino replicarle a esta persona por decir que los gitanos, “con sus cantes y guitarras”, son los que han llevado el flamenco más allá de nuestras fronteras. ¿Los gitanos o los artistas andaluces, sean o no gitanos? La Argentinita fue la primera, al parecer, que lo llevó a Japón y ya ven lo que ha dado de sí aquella primera vez de 1929. Ya hay japoneses que bordan la soleá. Podría poner un montón de ejemplos, pero no creo que hagan falta. Bibiana largó eso buscando, como bien ha dicho José Manuel López, lo que buscan todos los políticos, porque el flamenco interesa mucho ahora. Nunca vamos a saber con certeza quién se quejó por primera vez cantando por seguiriyas o quién inventó el jaleo de Jerez. Lo que sí sabemos con absoluta certeza, es que esto que hoy llamamos flamenco y que nos vuelve majaras a todos, es un arte creado por los andaluces. Lo jondo no surgió una noche de borrachera en la que unos amigos se juntaron y decidieron crear nada menos que el flamenco. Cuando llegaron los gitanos, en el siglo XV, aquí no andábamos ya en los árboles: cantábamos, bailábamos, habíamos escrito leyes en verso y mandado bailarinas a Roma, y teníamos una riqueza musical y dancística extraordinaria. No bailaríamos como hoy lo hace El Funi, pero algo haríamos, digo yo. !Que no éramos tan malajes! El hecho de que los gitanos de Jerez tengan más compás y más duende que los de Huelva o de Dos Hermanas, será por algo, ¿no? Es que parece que cuando los romaníes llegaron a la península ibérica, alguien los distribuyó por zonas: los de arte, para Jerez; y los malajes, para Jaén. ¿No será que en Jerez ya había mucho arte? En el siglo XIX había en la Puerta Osario de Sevilla más gitanos que en Triana y los artistas nacieron en Triana y no en la Puerta Osario. Aquí nacieron Pastora y Tomás Pavón, pero porque el padre se fue a trabajar a una herrería de la calle Sol, de los Lérida, que si no, nacen en Arahal, donde nació el mayor de los hermanos. Nadie está poniendo en duda la aportación de los gitanos al flamenco, que es pública y notoria. Pero una cosa es haber contribuido a la creación de este arte, en un momento determinado, y otra muy distinta, que sea una creación totalmente calé. ¿Todo lo crearon los gitanos? ¿Hasta los sistemas musicales que ya estaban en Andalucía desde mil años antes de que llegaran? Los gitanos siempre han dicho que el fandango es de los gachós, “un cante de criadas”, según la Niña de los Peines. Antonio Mairena nunca lo consideró un cante básico, generador de estilos, dejándolos fuera de su nivel de importancia. El Nano de Jerez, al que escuché cantar el pasado domingo en la Peña El Búcaro, de San José de la Rinconada (Sevilla), soltó la perla del recital y me quedé turulato: “Ahora voy a cantá unos fandangos…pa las mujeres”. ¿Cómo que para las mujeres, Nano? Un respeto. Bueno, pues cuando muchos gitanos sepan que algunos de sus cantes, entre ellos la soleá, provienen musicalmente del fandango, ¿qué van a decir? Sin duda, que el fandango también es creación gitana. ¿Pero no quedamos en que era cosa de gachós y de criadas? Era, pero ya no lo es. ¿Saben lo que les digo? Mejor será no buscar tanto en los papeles amarillos no vaya a ser que acabe por aparecer el acta fundacional del flamenco. Cada día me gusta más La Gazapera. ¡Uff!

20
Nov/2010

¿Quién parte el bacalao en el cante (III)

A Rocío Márquez

Juan Cantarote y el Rubio de Pruna. Muchas veces, en los cuadros se esconden buenos cantaores. Marchena, 2010.

Juan Cantarote y el Rubio de Pruna. Muchas veces, en los cuadros se esconden buenos cantaores. Marchena, 2010.

¿Están agotados los grandes maestros? ¿Está el relevo asegurado? ¿Quién es el mejor cantaor de los de la antigua escuela, los nacidos después de la Guerra Civil del 36? Son preguntas interesantes que podrían añadirle interés al debate que os he planteado estos días. Pienso que la generación de los nacidos o consagrados tras la guerra es inmejorable, que será muy difícil superar a La Paquera, José Menese, Enrique Morente, Juan el Lebrijano, Antonio el Chocolate, Antonio de Canillas, Luis de Córdoba, Manuel Agujetas, Manuel Mairena, Antonio el Chaqueta, Sernita, Fosforito, Naranjito de Triana, Beni de Cádiz, Gaspar de Utrera, Fernanda y Bernarda, Pansequito, Camarón de la Isla, Juan Villar, El Sordera, Terremoto de Jerez, Curro Malena, Diego Clavel, Miguel Vargas, Gabriel Moreno, Carmen Linares, etc. Sin olvidarnos de figuras tardías como Juan Talega, el Tío Borrico, Perrate de Utrera, Joselero, Manuel de Angustias, Manolito de María, Curro Mairena y otros muchos. Todos han coincidido en el tiempo y muchos de ellos nos han legado obras discográficas maravillosas, que todavía están por analizar.  ¿Quién ha sido el mejor cantaor de los últimos cuarenta años, dejando a un lado a Antonio Mairena, quien, aunque se consagró en primera figura del cante ya algo mayor, estuvo mandando algunas décadas y nadie fue capaz de moverle la silla mientras estuvo vivo. Fosforito, Lebrijano y Menese lo intentaron con ahínco poniendo sus mejores armas, pero nadie pudo con el viejo Mairena en su estilo.

La cantaora onubense Rocío Márquez, es de las que apuntan alto. Los Corrales, 2010.

La cantaora onubense Rocío Márquez, es de las que apuntan alto para el futuro. Los Corrales, 2010.

Muerto el genial mairenero, se disputaron muchos el trono de rey del cante. A Antonio Fosforito le pilló ya con serios problemas de voz, y Lebrijano, Morente y Camarón, que han sido los que más han aportado al cante en las últimas décadas, se abrieron a otras formas musicales, se liberaron y construyeron sus propios estilos. José Menese se mantuvo firme en su escuela clasicista, pero su obcecación y clara negativa a olvidarse de los postulados del maestro de los Alcores le impidieron evolucionar y se ha ido quedando como una reliquia del cante jondo más clásico, entrando demasiado pronto en una decadencia quizás nada justa porque es una referencia indiscutible del cante por derecho. Lebrijano y Morente son todavía dos cantaores muy grandes, que viven un poco de las rentas y que pierden actualidad a pasos agigantados, con serio riesgo de ser apartados por esta nueva generación de cantaores modernos, pero preparados, que llena los teatros y son idolatrados por una nueva incubación de aficionados. A esta nueva hornada de cantaores habrá que darle tiempo, pero será muy difícil que de entre todos ellos salga alguno tan grande como los nombrados. Aunque, como suele decirse, la esperanza es lo último que se pierde. Hoy hay grandes intérpretes del cante que, sin embargo, están muy poco reconocidos y apenas salen de sus lugares de origen. José de la Mena, de Mairena del Alcor, es un claro ejemplo. Y los hay que no se saben ni las letras y están considerados grandes figuras. Me acabo de acordar que la Niña de los Peines decía algo parecido a esto en los años cincuenta del pasado siglo. De lo que no tengo ninguna duda, es que no hay un maestro que señale el camino y convenza a la mayoría de los aficionados, como en otros tiempos ocurríó con Chacón o Mairena. Dejando a un lado a Morente, Menese y Lebrijano, de los que ya hemos opinado, están ahí cantaores como José el de la Tomasa y Calixto Sánchez, que no han sido capaces de corresponder a las esperanzas que había puestas en ellos. José Mercé se desinfla como un globo y El Pele, genial donde los haya, es sólo eso: un cantaor genial. Y como todos los cantaores geniales, es incapaz de mantener una regularidad. Dentro de una década, como mucho, cuando los maestros actuales, los ya nombrados, se hayan ido o abandonen los escenarios, supongo que la nueva generación estará preparada para coger el testigo. Mayte Martín, Julián Estrada, Miguel Poveda, Arcángel, José Valencia, Estrella Morente, Nazaret Cala, Virginia Gámez, Marina Heredia, Rocío Márquez, Miguel Lavi, David Palomar, Argentina, Ezequiel Benítez, Antonio Reyes y otros muchos, quizás menos conocidos, serán los que llevarán el cante hacia delante, en los que recaerá la enorme responsabilidad de que esto no se pierda del todo. En mi opinión hay un problema con los nuevos cantaores y cantaoras: que no tienen la afición necesaria para que aseguren otra gran etapa del cante jondo. Si no hay afición no hay conocimientos; y sin conocimientos es imposible llegar a ser un cantaor fundamental.

José Valencia es uno de los cantaores más portentosos de la nueva escuela. Sólo le hace falta creérselo y prepararse mejor.

José Valencia es uno de los cantaores más portentosos de la nueva escuela. Sólo le hace falta creérselo y comenzar ya una obra discográfica.

Tener conocimientos no consiste en aprenderse quince cantes y explotarlos toda la vida; es algo más que eso. Escuchen los dos primeros discos de Enrique Morente, por poner un ejemplo, si quieren saber cómo se formaba entonces un cantaor, por muy discutido que sea el de Granada. Y escuchen los dos primeros discos de cualquiera de los de la nueva hornada de intérpretes, de los nombrados unas líneas más arriba. No hay color. No es que canten peor que el Morente de entones, o Lebrijano, o Menese; es que carecen de personalidad. Encima, se distraen con cosas que no contribuyen a una formación adecuada, porque no saben decir que no a esas propuestas comerciales tan en boga en nuestros días, que sólo les dan dinero. Les dije que les diría lo que es para mí un gran cantaor de flamenco. Es fundamental que tenga el don, que haya nacido con unas condiciones innatas para el cante jondo. Esas condiciones son sentido musical, del compás y del ritmo, expresión, corazón y un buen metal de voz. Tiene que ser muy aficionado para llegar a tener conocimientos y, por último, vivir por y para el cante flamenco. ¿Hay alguien que reúna ahora mismo todas estas cualidades?

FIN DE LA SERIE

19
Nov/2010

El Salón de Manuel Arjona

A Antonio el Monino

Éste señor tan apuesto era don Manuel Arjona.

Este señor tan apuesto era don Manuel Arjona Arjona, del pueblo de Herrera.

Hoy he tenido la gran suerte de echar un día estupendo con el decano del cante sevillano, Antonio el Monino, de la localidad de Herrera. En este mismo blog le hice un reportaje hace ya algún tiempo, el día 19 de agosto de este mismo año. Cumplirá 89 años el día 8 de enero y aún es capaz de cantar como los mismos ángeles y de tomarse tres o cuatro riojas hablando sobre el cante. Mi nuevo viaje a Herrera ha sido para poder entrar al fin en lo que fue el Salón de Manuel Arjona, un local por el que pasaron todas las figuras que vivieron y desarrollaron su arte desde principios del siglo XX hasta el estallido de la Guerra Civil de 1936. Según El Monino, por su escenario pasaron Chacón, el Niño de Cabra, Manuel Torres, la Niña de los Peines, Manuel Escacena, Tomás Pavón, el Niño de Marchena, El Carbonerillo, Pepe Pinto, Canalejas de Puerto Real, la Perla de Triana y, sobre todo, Manuel Vallejo, que solía ir también a cantar saetas en los balcones. Este salón se conserva todavía tal y como era y de sus paredes cuelgan aún fotografías del siglo XIX y páginas enmarcadas de periódicos de la época, sobre todo recortes que hablaban de Emilio Castelar, el político gaditano que llegó a gobernar en la España de la Primera República, en los 70 del siglo XIX, acabando con los títulos nobiliarios de España y la esclavitud en Puerto Rico. Todo un personaje.

Interior del Salón de Manuel Arjoma, en Herrera. El Monino aparece apoyado en la barra del local.

Interior del Salón de Manuel Arjoma, en Herrera. El cantaor local Antonio el Monino aparece apoyado en la barra del local.

La barra del bar es de aquella época, que se conserva en perfecto estado, como pueden ver en la fotografía de hoy mismo. Encima de ella hay un barril de amontillado también de la época y sólo pensar que de él hayan podido beber algunos de los artistas citados, pone la carne de gallina. Este local era de Manuel Arjona Arjona, aficionado al flamenco y hombre emprendedor donde los hubiera. Tuvo amistad con los artistas que pasaron por su negocio, siendo muy amigo, dicen, de Juan Breva, el gran cantaor malagueño, y de Cayetano el de Cabra. Manuel Arjona murió en 1935 y al poco tiempo, como saben, estalló la guerra y, al parecer, el local dejó de tener actividad flamenca. Cuando hoy he entrado en el salón y he visto esas fotografías tan antiguas colgadas de sus paredes, sentí una gran emoción. Me imaginé que estaban cantando allí Chacón y Pastora y El Carbonero y Marchena y Vallejo, en sus mejores tiempos. El local es en la actualidad propiedad de un biznieto de Manuel Arjona. Sería interesante que el Ayuntamiento de Herrera lo adquiriera y lo dejara como centro cultural o museo, porque es una auténtica joya, quizás el único salón flamenco que se conserva en la provincia de Sevilla, de aquella época. Sería una pena que un día acabara derribado y convertido en una hamburguesería.