A Dieguito el de la Margara
Me cabe el honor de haber sido el primer crítico que avisó de la proyección de la bailaora malagueña Rocío Molina poco después de que en el Festival de las Minas de La Unión la echaran para su casa porque no valía. Actuó en el Parque de María Luisa de Sevilla y me dejó sin aliento. Recuerdo que vi en ella a una Fernanda Romero de este tiempo. No me equivoqué: esta artista hará historia. Tiene una preparación brutal y no tiene prejuicios a la hora de bailar flamenco o lo que se le antoje. El baile flamenco de mujer ha avanzado a lo largo de su historia a través de artistas como Rocío Molina, desde La Argentina y La Argentinita hasta Manuela Vargas, pasando por Carmen Amaya o Pilar López, sin olvidarnos de las actuales María Pagés o La Yerbabuena. Pero Rocío quiere ir más allá y tiene prisa, de ahí que dé unos saltos tan grandes en su concepción del baile flamenco. Tan grandes son sus saltos, que un día de estos se saldrá del flamenco. Casi lo ha hecho del todo en el montaje que trajo anoche a la Bienal, Cuando las piedras vuelen. No volaron precisamente –sólo las lechuzas del magnífico audiovisual–, pero en otros tiempos sí lo hubieran hecho. Si no piedras, al menos tomates. Y no es porque la artista se llevara media obra bailando en bikini, sino porque este montaje traía el flamenco justo para tener entrada en la Bienal, que es un chollo para los artistas que se aburren con el flamenco y buscan otras alternativas artísticas para las que no abundan patrocinadores, aunque ésta encontrara apoyo en Gijón. El flamenco tuvo presencia en el montaje, pero escaso y suavito, con dos cantaoras de un sonido similar y monótono, La Tremendita y Gema Caballero, abusonas del falsete aunque ambas con riqueza melódica. Entre lo lento que era el espectáculo y lo cansino del cante melódico y frío la verdad es que me costó entrar en la singularidad de la obra. No ayudaron mucho las guitarras de Juan Antonio Suárez Cano, Canito, y Paco Cruz. Costaba averiguar lo que tocaban porque navegaban entre canciones y palos flamencos. Rocío bailó primero en bikini y luego nos hizo unas cantiñas muy originales y dulzonas de La Juanaca de Málaga, en las que la bailaora nos ofreció un repertorio de movimientos muy suyos, quizás algo repetitivos pero sensuales y de una armonía corporal increíble. Mientras ella bailaba sus pies se podían ver en una pantalla en la que aparecían y desaparecían lechuzas, o sea, la metáfora del vuelo. Las remató por bulerías, en la misma línea. Pero en seguida volvía de nuevo el cante de La Tremendita para que ahora la genial artista bailara no sé qué sentada en un taburete giratorio. Luego bailó con un cigarro encendido en la boca, algo que me pareció innecesario, salvo que tuviera que ver con la reivindicación de la libertad por una letra de la cantaora de Triana. Aires de guajiras y unos sugerentes tangos de Triana, de la casa de El Titi, en los que Rocío volvió a entusiasmar con sus movimientos sensuales, siempre pintiparada en una escenografía deprimente, con una música apagada y una lentitud que provocaba el bostezo contínuo. Al final La Tremendita cantó una añeja guajira de El Mochuelo y una lluvia de estrellas descendió para que Rocío acabara un espectáculo innovador, valiente y de detalles, qué duda cabe, pero muy poco flamenco. En la rueda de prensa de esta obra se habló de que la bailaora intentaría reflejar el flamenco “en estado puro”. No sé a qué flamenco se referían. Me maravilla esta bailaora y anoche bailó de escándalo unas cuantas cosas, como los tangos y las cantiñas. Pero mucho me temo que acaba de avisarnos de que se siente llamada por este tipo de montajes en los que el flamenco es sólo un mero pretexto. Se aburre.




Curro Canela · 20 Septiembre 2010 a las 7:18
Estuve ayer viendo el espectaculo, y lo primero no tengo los conocimientos suficiente en danza como para analizar lo que ayer se vio en el maestranza.
Lo unico que tengo claro es que por desgracia la estamos perdiendo para el flamenco, cuando baila flamenco y destapa el tarro de las esencias, se convierte en un torbellino de arte y desplantes a compás poniendo un teatro del revés bailando en un metro cuadrao.
La pena es que piensa que el flamenco se le queda chico y cuando empezo a irse por los cerros de ubeda, nos fuimos todos con ella, por que no habia quien lo entendiera.
Los guitarrista son estupendo para quedarte dormido a la hora de la siesta.
Rocio Molina es muy grande.
Author comment by lagazapera · 20 Septiembre 2010 a las 7:44
Totalmente de acuerdo, Curro Canela en Rama. Todos los buenas y las buenas se aburren con el flamenco y buscan otros campos. Una pena.
Curro Canela · 20 Septiembre 2010 a las 9:27
Se puede entender perfectamente que busquen metas nuevas campos nuevos en los que explorar, eso son la ambicion de esta artista y las ganas de aprender.
El flamenco te ofrece un campo muy extenso en el que moverte y mas en el baile, pero deben de saber que si en este arte eres una primera figura, metiendote en otros generos puedes convertirte en un bailaor vulgar y de lo mas llano.
Con esto no quiero decir que sea malo lo que hace.
Lo bueno de esto que cuando le apetezca volver estaremos esperandola.
Juanillo del Tardón · 20 Septiembre 2010 a las 11:43
A eso le llamo yo ser crítico de flamenco. No te dejes amilanar nunca.
Manuel Lopez · 2 Diciembre 2010 a las 0:34
Perdone, usted tiene mucho ego. Antes que usted, ya hubo más medios que hablaron de Rocío Molina. Además, fíjese si Rocío estará aburrida, que acaban de darle el Premio Nacional de Danza. Con lo de Poveda hiciste el ridículo, con esto ya vas más allá del absurdo.
Author comment by lagazapera · 2 Diciembre 2010 a las 9:15
A Manuel López: Gracias por su comentario.
Lechien · 10 Diciembre 2010 a las 12:21
Parece ser toda una traición que una artista explore otros territorios, todo por ampliar su campo expresivo. Hoy el baile flamenco empuja cada vez más allá de las fronteras del género…¿eso no es bueno según ustedes? ¿O simplemente estrechez de miras?
“…para que ahora la genial artista bailara no sé qué sentada en un taburete giratorio”.
¿O el problema es no saber ponerle nombre a lo que baila esta mujer? Ahí está la gracia del asunto, que lo que hace…no tiene nombre! Vamos hombre.
Author comment by lagazapera · 10 Diciembre 2010 a las 20:07
A Lachien: Será eso, claro. Lo que hace tiene un nombre: arte. Pero hasta al arte se le pueden poner peros.
a · 21 Marzo 2011 a las 19:03
Usted si que tiene cara de aburrío
Author comment by lagazapera · 21 Marzo 2011 a las 20:45
A “a”: No me extraña nada.