Monthly Archives: Septiembre 2010

30
Sep/2010

Los japoneses pasaron por la Bienal

A Amalia Bulnes

JAPONESES

En Japón aman el arte jondo tanto como en otros muchos países del mundo. De Europa, por ejemplo. Es admirable con la pasión que viven nuestro arte y el interés que ponen en aprenderlo para, sobre todo, dedicarse a él de una manera profesional. Ya hay muchos profesionales nipones de la docencia flamenca y hasta de la interpretación en las facetas del baile y el toque. Los hay que también cantan, aunque sólo sean grandes imitadores. También los hay aquí y se están poniendo ricos, dicho sea sin maldad. Yoko Komatsubara, la empresaria y artista japonesa, se merece todos los homenajes que le quieran dar aquí porque les ha dado mucha vida a los flamencos en su país. Si no estoy equivocado, está condecorada por nuestro país con el Lazo de Isabel la Católica. Y en la Bienal de 1988 presentó un espectáculo en los Reales Alcázares, Yo elegí el flamenco. O sea, que no se puede quejar esta señora. Lo de anoche fue también un homenaje, en esta ocasión por las cuatro décadas de historia de su ballet, porque el espectáculo fue para olvidarlo lo más pronto posible. Apenas ha interesado porque no hubo ni medio aforo del Maestranza. Dejando al margen al pianista Dorantes, que es siempre una garantía de calidad flamenca, y algunas pinceladas del bailaor gaditano El Junco, lo demás no fue presentable, con unas coreografías anticuadas y un gazpacho de flamenco y clásico español que nos resultó empachoso, por muy buenas que fueran las luces, que en algunos momentos nos maravillaron del todo. Espectacular también el taiko solista, o sea, el de los tambores, Eitetsu, que colaboró en algunos temas de Dorantes. Es increíble su fuerza y el sentido del compás. En su país es una estrella, el mejor de todos. Los cuerpos de baile, lo mismo el femenino que el masculino, dejaron bastante que desear porque, al margen de que las coreografías eran simplonas, evidenciaron escasa preparación, sobre todo en la parte flamenca. De la seguiriya de Yoko Komatsubara y Currillo de Bormujos mejor no decir nada. Esta mujer nunca ha sabido bailar flamenco, y a estas alturas, sin facultades ningunas -los años no perdonan-, sólo hace el paripé. Es triste que haya bailado esta mujer en el magno festival sevillano y no Manuela Carrasco o Milagros Mengíbar. Cosas de Domingo González Mingo.

29
Sep/2010

Dos años sin Mario Maya

A Belén Maya

Mario ButacaHola, amigo Mario:

Se han cumplido ya dos años de su muerte y aún me duele el alma cada vez que le recuerdo. Estamos en plena Bienal de Flamenco y estoy cansado, desencantado y muy triste. Esto ya no es lo mismo sin usted. Me gustaba ir a los conciertos en su compañía, y sé que a usted también le gustaba. Muchos creían que me dictaba las críticas, pero lo cierto es que nunca le hacía caso porque, aun reconociendo su sabiduría, discrepábamos mucho. Era tan exigente que apenas disfrutaba con nada. Aún me acuerdo de los hachazos que pegó cuando colaboró para El Correo de Andalucía en una de las bienales de Manuel Herrera Rodas. En ésta se hubiera lucido porque llevamos dos semanas de festival y apenas hemos visto nada grande. Estamos atravesando una gran crisis de talentos y, sin embargo, los teatros se llenan todos los días. Es lo único que interesa, maestro. El público es poco exigente, se traga lo que le echen, aunque no debo generalizar porque me consta que acuden cada noche grandes aficionados, aunque pocos. Los de la Junta andan desde hace meses empeñados en que la UNESCO declare nuestro arte Bien de Interés Cultural Inmaterial de la Humanidad, en cuya campaña llevan ya gastadas muchas decenas de miles de euros, y lo que queda. Se acerca la fecha y están tirando la casa por la ventana, con Miguel Poveda en el Liceo de Barcelona y Paco de Lucía en el Teatro Real de Madrid, el día 4 de octubre. ¡Una pasta gansa! Les importa un pimiento el flamenco; sólo buscan la fotografía y los votos. ¡Menuda fiesta van a montar si la UNESCO les concede el deseo! Con nuestro dinero, claro está. Qué le voy a decir que usted no sepa de sobra. Bueno, maestro Mario, que me rinde el sueño y mañana tengo mil cosas que hacer. Sólo quería que supiera que le echo mucho de menos y que estos dos años sin usted en Sevilla, dándole categoría a esta ciudad y al arte flamenco, se me han hecho muy cuesta arriba. Buenas noches, genio.

28
Sep/2010

De la elegancia a la vaguedad jonda

A Eduardo Javier Pastor

arcengelistas

Decía hace unos días que la Bienal está creando a un público nada exigente, que responda en taquilla y tenga la misma actitud escuchando lo que le programen cada noche. O sea, que lo digiera todo sin rechistar. No interesa un público preparado, de ahí que llevemos unos cuantos conciertos con programas de mano en los que no aparece el repertorio, algo fundamental en un concierto de música. En el recital de Tomatito no aparecía ni siquiera el cuadro de acompañantes, lo que ya es una falta de respeto intolerable para los profesionales. Siempre se entenderá mejor un espectáculo si el que asiste sabe lo que interpretan los artistas, porque, aunque les parezca increíble, algunos no saben distinguir una cartagenera de una taranta. Y no me refiero sólo al capataz de la Bienal. Mientras menos sepan, mejor, dirán los organizadores. Y como los artistas tampoco dicen ya lo que van a interpretar, como han hecho siempre, así nos luce el pelo. El flamenco es un arte donde es muy fácil dar gato por liebre, de ahí que en esta Bienal hayamos visto espectáculos mediocres con el teatro puesto en pie, lo que no deja de ser un chollo para los artistas, quienes parecen aprobar esta política de racanear la información. Ni siquiera les interesan las críticas que señalan defectos, sólo trabajar mucho y ganar jurdó en abundancia. Anoche tampoco constaba el repertorio en el programa de mano de F2, el espectáculo del cantaor Arcángel y el guitarrista José Antonio Rodríguez. Más que el nombre de una obra de flamenco, parece el de un caza americano. Pero el nombre es lo de menos. Lo verdaderamente importante es que Arcángel ha vuelto a desaprovechar una nueva oportunidad en la Bienal de Flamenco, con un espectáculo en el que su preciosa voz siempre estaba como en un segundo plano, por debajo de la guitarra y del resto de instrumentos, en un volumen superior al de la voz. Por otra parte, sorprende que en la rueda de prensa previa al concierto José Antonio Rodríguez dijera que “ni yo lo acompaño ni él me pone la voz”, y es lo que hicieron toda la noche, si no me equivoco. Arcángel se esforzó en las solares apolás de Mairena y Camarón y en unas seguiriyas trianeras a ritmo, pero quedaban poco menos que como mero adorno de la orquesta. Sólo impuso su voz en las bulerías que le cantó al maestro Antonio Canales, de pie, como en una improvisada reunión callejera, en la que metió en este compás un fandango prodigioso, que el público aplaudió con fuerza. Ni siquiera en los fandangos de El Gloria y de su tierra, el de Huelva se mostró como en otras ocasiones. Apenas pudo con el cané de Alosno, porque le resultaba complicado subir la voz por encima de tantos instrumentos.  Y en las alegrías que le bailó un Canales inspirado, le ocurrió tres cuartos de lo mismo. Hizo también una especie de canción tocando la guitarra con José Antonio Rodríguez, con tercios de trillas, pero era sólo eso, una canción. O sea, que nos vinimos sin disfrutar de su cante como en otras ocasiones. Al terminar el espectáculo, un gran aficionado de Arahal, amigo de Arcángel, definió su actuación con una lacónica y sentenciosa frase: “He echado de menos a Arcángel”. Después de esto, casi no tiene sentido que sigan leyendo esta extensa crítica. ¿No creen? José Antonio Rodríguez dominó el concierto por completo, aunque la frialdad de la puesta en escena y un sonido nada bueno, apenas nos dejó gozar de tan buen guitarrista de concierto. Sólo, quizás, en su soberbia taranta y en los fandangos que hizo con Arcángel. La idea de este espectáculo, estrenado el pasado 10 de julio en el Teatro la Axerquía de Córdoba,  es interesante, pero es probable que no acertaran con el planteamiento del concierto porque, al menos en mi opinión y sin restarle méritos al experimento, que iba revestido de elegancia y apoyado por muy buenos músicos, la aventura de estos dos grandes artistas no estuvo muy bien definida. Sin embargo, el público se lo pasó bomba y hubo muchos aplausos y tela de olés. Lo de siempre.

28
Sep/2010

Sevilla ya tiene a otra gran Pastora

A José Galván

pastora

El flamenco es un arte para el que hay que nacer, como para cualquier otro. Está muy claro que se puede aprender a bailar en una academia, donde te enseñan la técnica y te vacían la cartera, pero siempre se te va a notar que no lo has mamado en el pezón de la cotidianidad familiar. Podría poner muchos ejemplos, pero no está el horno para bollos en esta Bienal con tantos idólatras  enseñando las uñas. La bailaora sevillana Pastora Galván lo ha mamado en su casa, con su papa y su mama y su hermano, el genial bailaor Israel Galván. En  la misma academia familiar donde enseñan a japonesas e italianos, además de a gente de la tierra. Pastora lo lleva adentro y, además, conoce la técnica, de ahí que sea capaz de bailar el sonido que produce el encendido de un flipper. La primera vez que la vi bailar me pareció que había resucitado alguna de aquellas bailaoras del Café del Burrero, el de don Manuel Ojeda Rodríguez. Tenía la frescura de la adolescencia y la gracia de las viejas gitanas de la Cava de Triana, la de la calle Evangelista. Pero la influencia de su hermano la ha convertido en una especie de híbrido del actual baile femenino, con una capacidad sobrehumana de coser técnica y arte sin que se noten mucho las costuras. Pastora, su último espectáculo, dirigido y coreografiado por su hermano, que ha sido la tercera vez que lo he visto, es el resultado de ese proceso de fusión artística. Curiosamente, es la tercera vez que lo veo y anoche me pareció que era la primera. Eso sólo lo pueden conseguir los grandes artistas, y Pastora es ya muy grande. Escenografía sencilla, buenos cantaores y un gran guitarrista –El Bobote es punto y a parte–, sólo con eso, Pastora Galván nos ha brindado una gran obra flamenca en la que en el inicio de las coreografías capta el interés del público con algún detalle curioso –subida en una silla, por ejemplo, o liada en un mantón de Manila–, para después matarlo de arte con su encanto personal y su indudable calidad de bailaora de raza, de la que podemos esperar mucho. Todos sus movimientos, convencionales unos y vanguardistas otros, acaban impregnados de flamencura, desde la bulería inicial vestida de casa hasta los tangos, con unos meneos de la pelvis que en otros tiempos la hubieran quemado, pasando por unas alegrías colosales, con hermosa bata de cola blanca, una original mariana, añejos pregones, airosos fandangos y sevillanas. Obra imaginativa, sencilla, con cantes por derecho de dos artistas estupendos, David Lagos y José Valencia, y un guitarrista de gran oficio en lo de dirigir al baile, don Ramón Amador, que, además, sorprendió a propios y extraños cantando un taranto de una gran profundidad. Casi la misma que mostró José Valencia en una soleá enjundiosa y David Lagos en una ligadísima malagueña mellizera. Las grandes bailaoras siempre han cuidado el cuadro de acompañantes. Pastora e Israel lo han hecho y han conseguido una obra que nos debería hacer reflexionar sobre el despilfarro que a veces lleva a cabo la Bienal en grandes montajes que, luego, se quedan en nada. A todo esto, apenas recuerdo lo que escribí de esta obra hace dos años, cuando la vi en Jerez, o hace un año, cuando la disfruté en la pequeña y linda ciudad francesa de Mont-de-Marsan. ¿Importa, acaso? Camino del periódico, corriendo para vaciar el alma a tiempo en el teclado del ordenador, la flamenquísima estampa de Pastora Galván apenas me dejaba recordar otras cosas. Bueno, sí. ¡Cómo no recordar al gran Bobote! Pedazo de artista este cacho de pan.

27
Sep/2010

Estrella Morente fue puro teatro

A Fermín Lobatón

morente

El Concurso de Cante Jondo de Granada que Lorca y Falla organizaron en 1922 para evitar que los niños de la incipiente etapa de la ópera flamenca acabaran con el verdadero cante andaluz, se saldó con un fracaso espectacular, el mismo que tuvo anoche Estrella Morente con su evocación a este histórico certamen. Si ella y su padre, que estuvo presente en el concierto, querían rendir homenaje al certamen granadino, que de eso iban el audiovisual del principio y el raquítico programa de mano, el fracaso ha sido estrepitoso porque lo que trajo Estrella a la Bienal no tuvo nada que ver con aquel concurso, que se creó para advertir de que el alma música del pueblo andaluz estaba muriéndose debido a la opereta y la chabacanería folklórica y comercial de la época. Lorca, que se iba a la cama todas las noches escuchando los discos de pizarra de la Niña de los Peines, Antonio Chacón, Tomás Pavón y Manuel Torre, se hubiera salido abochornado del Teatro de la Maestranza con tanta fiesta sacromontiana, canciones comerciales y cuplés por bulerías. Más de media hora de tangos de Granada, con las voces distorsionadas y un desorden absoluto en la escena nos avisaron pronto de por dónde podía ir el espectáculo, en el que Estrella, con el pretexto del concurso de su tierra, colocó lo más granado de su repertorio y fusiló gran parte del de su padre, al que no deja de calcar. No se sentó a cantar de verdad hasta que no se ocupó de las malagueñas, una de Pastora, Se le han corrío los velos, y otra de Chacón, Del convento las campanas, destrozando ambas con tanto falsete, sobrecarga melismática y falta de ligazón. No contenta, en las granaínas volvió a empobrecer al maestro Chacón con clara tendencia a acancionar su legado. Éste fue el flamenco que trajo anoche Estrella Morente a la Bienal con tanto bombo y platillo. Ya que quiso homenajear al susodicho certamen podría haber hecho la caña o las soleares de Paquirri de El Tenazas, o las seguiriyas de Silverio Franconeti que cantó el Niño Caracol. Fueron los ganadores del concurso. Pero el certamen de marras sólo ha sido un pretexto para colocar en la Bienal de Flamenco un concierto fallido a todas luces, por muy artista que sea Estrella, que lo es, aunque a la hora de sentarse a cantar por derecho deje muchas veces al descubierto sus carencias. Estrella Morente sobreactuó en exceso, es su manera de vender su arte, que lo tiene. Guapa de mareo, lució unos modelos espectaculares de Victorio & Luchino, se trajo a media Granada para que la arroparan en el escenario y enloqueció al público, que llenó el Maestranza. Agradecida por cómo la trató el respetable, la artista nos quiso hacer un regalo: cuarenta minutos de baile por soleá del artista granadino Juan Andrés Maya. Ahí queda eso. Fue en el único cante que estuvo estupenda. Más de dos horas de espectáculo, de una obra con la que nos han tomado claramente el pelo. Lo dice alguien que no es precisamente sospechoso de ser antimorentista, sino todo lo contrario. Pero es que anoche, con todo el respeto debido a esta ilustre familia de artistas y al público asistente, los Morente vinieron a dar mucha ojana y poca verdad flamenca. No sé lo que hubieran pensado Lorca y Falla, pero yo pasé una mala noche. Sinceramente.

26
Sep/2010

El recuerdo de Mairena en Zamora

Antonio Mairena, el cantaor gitano de Mairena del Alcor.

A Antonio Ortega El Piíto

Estos días he recibido una joya discográfica, una de esas obras que uno recoge del buzón con emoción. Como saben de sobra, desde hace unos cinco años vivo en Mairena del Alcor -aquí no se reside, ¡se vive!-, el pueblo donde vino al mundo una de las figuras históricas más importantes del cante jondo, Antonio Mairena. Con motivo del centenario de su nacimiento, los Ayuntamientos de Zamora y Cáceres han editado un recital-coloquio que el maestro ofreció en Zamora el 22 de noviembre de 1980. Los zamoranos, con Federico Vázquez Esteban a la cabeza, recuerdan aquel concierto como una de las grandes gestas de don Antonio Cruz García, entonces ya retirado del cante, aunque, en realidad, el gran cantaor en ningún momento dejó de arrimarse al toro negro de la seguiriya gitana. Lo prueba su último disco, El Calor de mis recuerdos, su gran obra póstuma, en cuya presentación estuve y sentí una gran emoción escuchando el contenido de la obra y viendo cómo lloraban a lágrima viva sus hermanos Curro y Manolo, consolados por Paco Vallecillo, quien a su vez era serenado por Paco Cabrera de la Aurora, afectado también por la ausencia de su gran amigo. Escuchando este recital de Antonio en Zamora, con el jerezano Manuel Parrilla a la guitarra -otra ausencia dolorosa-, se me han venido a la mente recuerdos inolvidables del maestro gitano, en una época en la que me emocionaba su cante con sólo escuchar su nombre. Este doble cedé recoge, por un lado la extensa presentación que Paco Vallecillo hizo de Antonio, que fue toda una conferencia apasionada, como siempre, porque adoraba al de Mairena. En el otro cedé, Antonio interpreta una serie de cantes en el Teatro Principal de la hermosa ciudad de Castilla-León y contesta a las preguntas del público. Es todo un documento, aunque Antonio iba flojo de voz, algo cansado y ya delicado de salud. De hecho, estaba previsto que desde Zamora fuera a dar otro recital en Cáceres, pero se puso enfermo y tuvo que ser llevado a Sevilla. En Zamora dejó una serie de cantes para la historia, en vivo, que ahora han sido editados y presentados como en formato de elepé, con los dos cedés dentro y una estupenda documentación. Y un detalle muy hermoso: un pañuelo negro de pequeños lunares, como el que el cantaor solía llevar siempre en los escenarios. No sé si tendrán o no la oportunidad de hacerse con esta obra conmemorativa. Si es así, que la disfruten; si no lo consiguen, lo siento por ustedes, porque es un documento importante. No podemos decir que aquel recital fuera de los mejores del maestro, pero escucharlo hablar y cantar aquí en Mairena, con su tumba tan cerca de mi casa, es emocionante. Aunque no se lo crean.

26
Sep/2010

Tomatito derrochó duende y energía

A Camarón de la Isla

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Tomatito tuvo toda la noche problemas para poder afinar la guitarra.

En el guitarrista Tomatito no es lo más importante lo que toca, que toca como el mismísimo Dios, sino cómo lo toca, cómo domina a la guitarra hasta humillarla y cómo pulsa las cuerdas, con una seguridad increíble y un sabor tan intenso y embriagador que parece que cuando se echa a dormir deja metidos los dedos en vino de solera. Tan es así, que en el raquítico programa de mano que dieron al público no aparecía el repertorio del guitarrista, como dando por hecho de que todo el mundo conoce sus piezas. Pues no, mire usted. Muchos sabrían si tocaba por tarantas o bulerías, pero la mayoría de los presentes se habrá preguntado no sólo el nombre de las piezas, sino por el de cada uno de los acompañantes –nueve en total–, que tampoco aparecían en el parco programa de mano. Esto sólo puede pasar en la Bienal. Como iba diciendo, el Tomate es más un guitarrista para la piel que para la cabeza. A mí no me hace pensar, porque llegaría a conclusiones complicadas. Sólo me emociona y me embriaga con su toque gitano de una fuerza brutal y un pellizco que parece que lo han fundido en una fragua de Triana. Pero no es del célebre arrabal de Sevilla, sino de Almería, la tierra de Torres y Gerundino, que hacían guitarras de canela en rama. José Fernández Torres ha venido a esta Bienal a rendirle tributo a Camarón de la Isla, el artista que lo hizo universal. Con el hermoso nombre de Luz de guía, el destello eterno, el guitarrista planteó un concierto retrospectivo de su ya extensa obra, de la que nos ha puesto bien en otras ocasiones en la Bienal. En seguida sonaron acordes de tarantas coronadas con aires fandangueriles y, luego, una pieza de una gran delicadeza y estética musical bellísima, aunque nada flamenca, sacada de Sonata Suite. Menos mal que no tardó mucho en tocar su clásica bulería, de corte muy tradicional y una flamencura de locura. En la próxima Bienal deberían hacer una gala inaugural de veinticuatro horas ininterrumpidas del Tomate tocando por bulerías, porque no se puede tocar con más profundidad sin resultar rancio. Su toque provocó luego un estallido de voces gitanas cantándoles a Camarón, desde la dulzura granadina de Morenito de Íllora hasta el latigazo enduendado de Simón Román. Tomatito jugó con los ritmos como quiso, saltando desde la rumba al tango y desde la soleá a las bulerías, o al contrario. Para regalarnos al final el baile espectacular de José  Maya, una máquina de bailar macho. Con el público en pie, en plena despedida, aún hubo más cosas emocionantes, como la presentación de su hijo José y de su nieto, de cinco años, que son los que le ayudan a vivir. Camino del periódico, su toque retumbaba todavía en mi cabeza. ¡Vaya conciertazo!

25
Sep/2010

Arañazos en el alma para Terremoto

A Antonio Núñez

Juana la del Pipa tiene la voz ya demasiado quebrada, pero es una gran cantaora y bailaora.

Juana la del Pipa tiene la voz ya demasiado quebrada, pero es una gran cantaora y bailaora jerezana, la hija de una célebre bailaora de esta tierra.

La Bienal no estaba dispuesta a patrocinar este recital de cante gitano y lo hemos disfrutado gracias al patrocinio de la BBK. Con la de churros que financia el festival sevillano, que un día habrá que escribir sobre el despilfarro para, al final, sobrecargar una programación que roza el absurdo. Lo que interesa es crear un monstruo que consuma flamenco y que se lo trague todo, y lo están consiguiendo, de ahí la escasa calidad del público bienalero en general. El de anoche fue un buen espectáculo, sin grandes momentos artísticos, pero se trataba de lo que se trataba, de degustar el cante sentido y emocionante de tres gitanas de rompe y rasga, de Jerez de la Frontera. La grabación de un disco muy laureado, Mujerez, las unió dando lugar a este espectáculo, que es una buena idea. No descubre muchas cosas nuevas, porque las tres cantaoras son ya muy conocidas, pero juntarlas ha sido un acierto. Quizás haya servido para que disfrutemos más de Dolores Agujetas, lo mejor del disco y del espectáculo. Es Manuel Torre en mujer, la heredera de una línea cantaora que viene desde Tomás el Nitri y los seguiriyeros de Jerez, que toda su familia se ha encargado de conservar y difundir, primero su abuelo, después su papa y sus tíos y ahora ella, el último eslabón de la cadena. Tapada mucho por la guitarra de Diego Agujetas –tenía muy alto el volumen–, Dolores se acordó de Manuel Torre en las soleares alcalareñas y en las seguiriyas jerezanas. Pero donde de verdad enganchó fue en las tonás, dándonos una estampa que hubiera vuelto majara a Doré y a Demófilo, de vivir ambos aún. Se acordó de nuevo de Manuel Torre en los fandangos, aunque siempre pasado por el tamiz tímbrico de los Agujetas. Juana la del Pipa es una fuerza de la naturaleza, a pesar de que su voz está cada día más quebrada. Eligió la bulería por soleá de su tierra para irla estirando y los tientos-tangos para calentarla. Cuando llegó a las tonás y los fandangos, echaba ya fuego.

mujerez

Resulta duro escuchar a esta singular cantaora, pero es un placer inmenso hacerlo y, sobre todo, verla bailar. ¡Qué manera de levantar los brazos! La Macanita nos tiene absolutamente acostumbrados a sus soleares evocadoras de Fernanda y a sus bulerías y a sus fandangos. Sin embargo, sorprendió en las tonás, cante que muy pocas veces hacen las cantaoras gitanas. Moraíto Chico nos volvió a enamorar y la Tía Curra lo hace siempre que viene, con su estampa de grabado decimonónico y una naturalidad que pone la piel de gallina. Lo de menos es si la del Pipa se adelantaba a las entradas de Moraíto, que lo hizo;  si a Dolores costaba entenderla, por cómo vocaliza; o si la Macanita se desgañitó en la soleá de Fernanda, que le ocurrió. Era una noche para no exigir otra cosa que no fueran arañazos en el alma. Y los hubo en homenaje al desaparecido Fernandito Terremoto, al que iba dedicado el espectáculo.

23
Sep/2010

Valderrama vino a abrir la canariera

A Carlos Herrera

Valderrama hijo

El hijo del gran Juanito Valderrama, el que fuera uno de los genios más grandes y célebres del cante andaluz, es ya algo más que el retoño del papá cantaor y famoso: es un gran artista. Y tan valiente como su padre, porque ha venido a la Bienal de Flamenco sin miedo alguno a las críticas, sabiendo la que podíamos darle. Se le ocurrió algo que hacía falta: desenterrar a grandes genios del cante a los que, por ser payos, o sea, distintos, encerraron en la canariera y tiraron la llave al Guadalquivir. Juan Antonio Valderrama vino al magno festival sevillano a abrir la canariera y a homenajearlos, algo por lo que lo admiro y me quito el sombrero.  ¡Cordobés, claro! Vino a reivindicar una línea de cante maltratada y olvidada por la historia, por la flamencología puritana y gitanista. Una escuela que él conoce muy bien porque la mamó en su propia casa, al lado del genio de su padre. Anoche demostró que conoce el paño, aunque le mangara naturaleza flamenca a los estilos que hizo llevándolos a su terreno, el de la canción andaluza o aflamencada, con arreglos musicales y una puesta en escena poco jonda. Ha querido hacerlo así y todo lo que hizo llevaba su impronta. De eso se trataba. Es un magnífico copista de su padre y de Marchena, pero no vino a calcarlos hasta en el blanco de los ojos. Ni tampoco a disfrazarse de ellos, a ridiculizarlos como ocurrió en la gala inaugural de esta Bienal. Vino a homenajearlos desde la humildad y sin renunciar a su propia manera de entender estos cantes, que, por su condición de voz, le vienen como anillo al dedo. En La RosaNos conocimos en Tampico, del repertorio marchenero, y en los campanilleros de Manuel Torre y la Niña de la Puebla, en los tangos de Manuel Vallejo y en los fandangos lucentinos despojados del ritmo, en las malagueñas de Baldomero Pacheco y en los tangos de Porrinas de Badajoz, entre otras muchas cosas, el artista destapó el tarro de la miel de Castilblanco y nos ofreció una amplia gama de estilos melódicos, cuajando una meritoria granaína de Vallejo y dándonos otra dimensión –ni mejor ni peor: otra, la suya– de la farruca, la guajira cubana, la colombiana y los cantes de labranza, de la parte de Jaén. Incluso se atrevió a cantar unas seguiriyas a Caracol y apuntarle una soleá a Eduardo Serrano El Güito, el gran bailaor, al que también ha querido sacar de un injusto olvido. El joven artista no ha venido a falsear la garganta para sonar más gitano que El Nitri, sino a dejar en libertad a los canarios de la historia del cante, sabiendo a lo que se exponía. Tuvo momentos de una estética melódica hermosísima, como cuando cantó la guajira de Marchena. A los que nos gusta el Niño de Marchena se nos puso la piel como un zócalo de Capileira, en la Alpujarra granadina. No menos que cuando invitó a la gran Dulce Pontes –la reina del fado portugués– a cantar con él milongas y vidalitas, aportándonos un momento increíble. Me hubiera gustado un concierto más flamenco, que no hubiera acancionado los estilos, pero le ha echado tanto valor y le ha puesto tanta alma a su arriesgada aventura, que sólo voy a decirle una cosa: gracias por abrir la canariera del cante y dejar libres a los canarios.

23
Sep/2010

A Dorantes le cuesta superarse

A la memoria de Charo Cortés

Dorantes contó con El Pele en su nueva obra, Sin muros, presentada anoche en la XVI Bienal de Flamenco.

Dorantes contó con El Pele en su nueva obra, Sin muros, presentada anoche en la XVI Bienal de Flamenco.

El problema de los músicos flamencos que apuntan tan alto desde el principio, es que les cuesta trabajo mantener arriba el listón. El pianista Dorantes hizo una entrada absolutamente triunfal con su primer disco, Orobroy, consolidándose en el segundo, Sur. En ambos trabajos dejó claro que es un compositor de una altura indudable. Sólo con estas dos obras podría comer de las rentas durante muchos años, como han hecho otros grandes del flamenco. Pero entre sus muchas cualidades está la de ser un gran trabajador de la música y anoche volvió a elegir la Bienal de Flamenco para presentar su nueva obra, Sin Muros, patinando claramente en el loable empeño de superarse, algo que tiene muy difícil. Mucho tendrá que trabajar para superar lo hecho hasta ahora. Indudablemente, esta nueva obra del músico lebrijano tiene piezas de una enorme calidad musical como Sin muros ni candadosAliento, en las que insiste en un sonido que podemos llamar ya de Dorantes, el sello inconfundible que le otorga su manera de orquestar y la elección de los instrumentos, con especial predilección por los de cuerdas y percutivos. Juanito Valderrama decía que había que tener un sello aunque fuera de Correos, y David Peña lo tiene y es ya una bandera del nuevo flamenco, pero del de verdad y no del tan publicitado flamenquito. Donde flaquea esta larga obra –algo más de dos horas de concierto–, es en las colaboraciones. Al menos, anoche, con la ausencia de Lebrijano y Mercé –Lebrijano estaba en el Tanatorio de Lebrija velando el cadáver de su primera esposa, la bailaora Charo Cortés–, las colaboraciones especiales de Esperanza Fernández, Pedro Peña, Rafael de Utrera y El Pele de Córdoba enfriaron bastante el concierto, que se hizo tedioso por lo largo y porque Esperanza Fernández no brilló en las granaínas de Chacón –gracias, David, por este homenaje al olvidado maestro jerezano–, y su padre, el cantaor lebrijano Pedro Peña, se durmió en las soleares y las seguiriyas de Cagancho y Juanichi el Manijero. Es un buen guitarrista flamenco y algunos cantes los hace con sabor, pero estas cosas le vienen ya algo grandes a estas alturas de su vida. Al menos, anoche así nos lo pareció. Las otras dos colaboraciones tuvieron distinto resultado. Rafael de Utrera cantó unas alegrías muy afinadas y melódicas, y El Pele fue el único que se encargó de echar carbón en la fragua del cante con unas enjundiosas soleares de Alcalá y unas bulerías muy sentidas y cabales. Lamentamos que este genial cantaor haya tenido que entrar en esta Bienal para colaborar en un concierto de piano. Sin muros, obra que habrá que escuchar detenidamente, se significa por un claro mensaje del compositor sobre el mundo que nos está tocando vivir, en el que la desigualdad social machaca a los pobres y expulsa a los gitanos rumanos en el país vecino de Francia, precisamente por eso: por ser pobres. Dorantes es un ser humano de una enorme sensibilidad y ha querido dar un manotazo en la conciencia de los líderes del mundo con una obra en la que consolida su estilo y hay un contenido flamenco indudable, con palos como las seguiriyas, las bulerías, los tangos y los tientos, la granaína y la soleá, entre otros estilos de lo jondo. El concierto hubiera quedado mejor si no hubiera sido tan largo. Pero Dorantes es tan grande, que no se movió ni el gato. No entenderíamos la Bienal de Flamenco sin su incomparable música en cada edición.