Monthly Archives: Abril 2010

30
Abr/2010

Y encima, se escapa De Juana

A la memoria de El Antoñirri

He entrado en la cárcel dos veces en mi vida y las dos han sido para asuntos relacionados con el flamenco. Siendo director de un programa de flamenco en Radio Aljarafe, un oyente de la cárcel de Sevilla, la antigua, escribió al programa porque le habían robado la radio y no podía escucharnos. Leí la conmovedora carta en antena y llamaron decenas de personas ofreciendo receptores de radio. Solicité permiso para poder ver a este hombre, que cumplía una larga condena, con motivo de conocerlo y llevarle dos regalos: por un lado, una preciosa radio donada por un generoso trianero; por otro, Orígenes del flamenco y secretos del cante jondo, el libro de Blas Infante. No sé lo que había hecho aquel hombre para llevar tantos años encerrado, pero tenía cara de buena persona. La segunda vez que entré fue para asistir a un festival de flamenco, y en esta ocasión pude estar cerca de los presos, charlar con ellos de flamenco y preguntarles sobre sus problemas. Recuerdo que vino a saludarme un muchacho de unos veinte años, sin dientes y en los huesos. “¿No te acuerdas de mí?”, me preguntó. Le dije que no y le salieron las lágrimas a chorros. “Soy el Antoñirri”, me dijo. En seguida supe que era un chiquillo de Palmete al que había tenido jugando en un equipo de fútbol que entrenaba a finales de los años 70, cuando todavía no había descubierto a Fernanda de Utrera. Me contó que había robado un bolso en el célebre semáforo de Su Eminencia, y que llevaba allí algunos meses. Al poco tiempo de aquello me encontré una mañana a su padre enlutado de arriba abajo y me dijo que su hijo había muerto en la cárcel como consecuencia de la droga. Digo esto porque casi todos los días descubro en la prensa casos de delitos que prescriben y siempre son de violadores, narcotraficantes, terroristas, empresarios y políticos. Estos días El Correo de Andalucía daba la noticia de que a un hombre que había violado a su hija hace diez años le archivaban el caso porque había prescrito el delito. ¿Cómo puede prescribir el delito de violar a una hija? El dueño del Real Betis, Lopera, al que tenían que procesar por no se qué irregularidades económicas en el club sevillano, se va también de rositas porque su delito prescribió. Estoy viendo que la Justicia no es que sea ciega, sino que echa la vista para otro lado cuando se trata de juzgar los delitos de los poderosos. Alguna vez hemos podido ver en la prensa cómo al cabo de los años encarcelan a un ciudadano que siendo un adolescente cometió un robo o atentó contra alguna persona. En muchos de estos casos, estos repescados de la implacable Justicia han rehecho sus vidas, están casados y tienen hijos, y suelen ser humildes trabajadores. Pero lo más descarado lo hemos escuchado ayer mismo. Los políticos se han puesto de acuerdo para endurecer el Código Penal en España; se han preocupado de ir contra los conductores, digamos, poco cívicos, que  es el principal problema de la España corrupta y arruinada. ¿Por casualidad han escuchado ustedes que hayan endurecido las penas por mangar en la caja pública?, ¿por enriquecerse al amparo de la política?, ¿por prevaricación o cohecho? , ¿por comprar áticos playeros en plena crisis, digamos, sin las cuentas claras? Ni pensarlo. No sé por qué esta mañana me he levantado muy mosqueado con mi país. Y encima, se escapa De Juana Chaos. Necesito respirar, ver el campo de Arahal.

29
Abr/2010

Mi relación con Paco Toronjo (IV)

A la memoria del más grande

Paco Toronjo en Tomares, en el verano de 1991. Fotografía de Bohórquez.

Paco Toronjo en Tomares, en el verano de 1991. Fotografía de Bohórquez.

¿Alguien ha heredado en Huelva el magisterio y la genialidad de Paco Toronjo? Ni soñándolo. Alosno tiene a un magnífico cantaor de fandangos que es Plácido González, pero no deja de ser un continuador de su estilo, aunque, sinceramente, es un maestro del cante alosnero. En la localidad onubense de Nerva hubo un gran seguidor de Paco, Antonio Toscano, que murió todavía joven. Era increíble su parecido con el genio de Alosno. Me encanta José María de Lepe, el guitarrista y cantaor, que acompañó muchas veces a Paco. José María es el gran cantaor de Huelva en estos momentos, pero muy pocos le echan cuenta. No sólo es un cantaor con una técnica extraordinaria y unos conocimientos envidiables, sino un gran compositor. Naturalmente, su faceta de creador de nuevos fandangos de Huelva se le reconocerá cuando ya no esté con nosotros, que para eso estamos en España. El de Lepe canta de maravilla al estilo de Paco, aunque con su personalidad. No le gustaban mucho los imitadores a don Francisco. Sin embargo, en Huelva hay un cantaor que siendo un niño cantaba los fandangos valientes de Alosno con una maestría impropia para los de su edad. Me refiero a Antonio el Jaraqueño, que grabó unos fandangos en el primer disco de la Peña de Huelva que son una auténtica joya. Antoñito cantaba un fandango, Roto de tanto llorar, al estilo de Paco, que había que darse un chocazo. Recuerdo que una vez cantó este fandango y Paco estaba sentado conmigo en una mesa junto a José Prada, autor de letras. Se le cayeron dos lagrimones como dos manzanas. A Paco no le gustaban los imitadores chabacanos o los oportunistas, los que querían desbancarlo aprovechándose de su decadencia física. Pero sabía apreciar el arte de los que seguían no sólo su escuela, sino su estilo personal. Con El Cabrero tuvo sus piques, aunque hay que decir que José Domínguez le ha profesado siempre un gran cariño y mucha admiración a Paco, del que es un fiel seguidor. Pero sabía que estaba forrándose con sus fandangos, y al maestro le daba mucho coraje. Para sus imitadores, Paco tenía un fandango con una letra muy particular:

Hay gente con tanto valor,

que se atreven a decir:

lo que canto lo hago yo.

Y lo que hacen es vivir

de lo que Paco creó.

Hay otra versión de esta letra, pero ésta la cantó alguna vez. Uno de su últimos discos, Antes y Ahora (1996), lo grabó en Ediciones Senador cuando yo era el asesor de este sello discográfico sevillano, que es propiedad de dos grandes personas, como son los hermanos Domínguez. Me cabe el honor de decir que la fotografía de la portada de esta obra es una que le hice al maestro onubense en Tomares, el mismo día de las que ilustran esta serie de artículos. Paco me dio un abrazo cuando vio la portada, porque le gustó mucho, según me confesó. Estas son las satisfacciones que uno se lleva en una profesión que es ingrata, pero a la que adoro. Conocer a Paco Toronjo, ser su amigo y haber convivido con él en el ambiente de lo jondo, es un privilegio, algo de lo que me enorgullezco. Nunca olvidaré una de las últimas veces que tuve la suerte de estar junto a él en la Peña Flamenca de Huelva. Fue con motivo de la presentación de uno de mis libros, creo que el de Manuel Escacena, editado en 1997. Paco estaba ya malo, pero seguía fumando y bebiendo. Se lo recriminé y me dijo muy serio: “Ya no tengo nada que perdé”. Se me puso un nudo en la garganta que tuve que echarlo para abajo bebiéndome dos copas de manzanilla seguidas. Paco me vio y me dio una lección: “Un borracho y una mierda, son dos mierdas”. Era algo que solía decir mucho, hasta en los escenarios. Pensaba que le habían dado fama de borracho, cuando, según él, “en mi casa sólo bebo agua”. Pero lo cierto es que Paco bebió desde muy joven. Es increíble cómo pudo estar cantando más de cincuenta años, con la vida tan mala que llevó desde su infancia, luego en la mina y cinco décadas en el duro ambiente del cante. Era una fuerza de la Naturaleza, uno de esos fenómenos que nacen cada tres siglos. Llegó a vencer un cáncer en la lengua que lo apartó del cante, porque tuvieron que operarlo de un tumor. Y cuando parecía que volvería a cantar en los escenarios y que viviría algunos años más, el hígado le pasó factura y se lo llevó un fallo hepático a los setenta años de nacer. Se van a cumplir doce años de su muerte. Y parece que fue ayer. ¡Cuánto dolor hay aún en mi alma! Escúchenlo de joven con Manuel Parrilla a la guitarra, que era también un chaval. ¿Se puede cantar con más corazón?

http://www.youtube.com/watch?v=Qx9AY-Y5dqs&feature=related

FIN DE LA SERIE

28
Abr/2010

Limosnas para Manuel Vallejo

A la memoria del ruiseñor

Este año estamos conmemorando el cincuentenario del fallecimiento del gran cantaor sevillano Manuel Vallejo, ocurrido el 7 de agosto de 1960 en el Hospital Central de Sevilla. Estos días dará comienzo un ciclo de la Federación de Peñas de Sevilla, como siempre, con escaso presupuesto y no mucha imaginación. Lo dice alguien que estará de conferenciante en el ciclo. Pero puestos a decir siempre las verdades del barquero, aquí no se salva de las críticas ni el gato. Y hablando de la Federación de Peñas de Sevilla, su presidente, José María Segovia, sigue visitando despachos para ver si los políticos ayudan a que se editen este año las obras completas de Vallejo. La Agencia del Flamenco prometió 40.000 euros para el hermoso proyecto, pero como el señor Perujo ha cogido carretera y manta, esa subvención está más en peligro que el ascenso del Real Betis Balompié. En la Diputación de Sevilla dicen que no hay dinero para Vallejo. Bueno, alguna conferencia que otra, que resuelven con trescientos euros para el conferenciante. No tienen dinero ni para un cantaor que ilustre las charlas. Esta gente le ha dado la misma importancia a la efemérides de Manuel Vallejo, que a las de Joselero de Morón o Pericón de Cádiz. Sin quitarles importancia a estos dos magníficos cantaores, el señor Vallejo fue una primera figura, con una de las mejores obras discográficas que existen en el flamenco. Es la segunda Llave de Oro del Cante. En cambio, y a pesar de que no hay dinero para el genio sevillano, sí lo hay para Chano Lobato: el día 12 de mayo va a haber un festival en el patio de la Diputación para homenajear al maestro. Los amigos de Chano, creo que se va a llamar este festival que se han sacado de la manga en la Diputación sin venir a cuento y en plena crisis económica. No Amigos del poder, sino de Chano. ¿Qué conmemoramos del genial gaditano? También hay dinero para dar medallas de oro a artistas de éxito y nombrar hijos adoptivos de la provincia de Sevilla a Raphael y Miguel Poveda. Y hasta para nombrar Hijo Predilecto a título póstumo a Antonio Mairena, al que ya no se le pueden dar más reconocimientos. ¿Por qué no le han dado ese galardón a Manuel Vallejo, que no le han dado nunca nada, siendo una gran figura flamenca? En qué manos está el flamenco. No es que no haya dinero para lo jondo: es que el poco que hay se lo están repartiendo entre unos cuantos, y esto ocurre desde hace años. Espero que el nuevo consejero de Cultura, Paulino Plata, que me consta que se le da bien lo de hacer limpieza, cambie un poco todo esto. Si lo hace por derecho estaremos a su lado, apoyándole; si no lo hace, aun a sabiendas del riesgo que corremos, seguiremos ejerciendo el derecho a la libertad de expresión y denunciando lo que haga falta.

28
Abr/2010

Mi relación con Paco Toronjo (III)

Pepe Toronjo, Bartolomé el Pinche y Paco.

Pepe Toronjo, El Pinche y Paco.

A la memoria del más grande

¿Era Paco Toronjo un creador o un recreador? Hace muchos años decidí ir a Alosno a hablar con la gente mayor de este pueblo único, de una riqueza cultural impresionante, con un manantial musical propio del que nuestro protagonista bebió todo lo que quiso. Paco tuvo la oportunidad de escuchar a grandes cantaores y cantaoras de Alosno, la mayoría de ellos no profesionales. Cuando aparecí por Alosno la primera vez, acompañado de un gran amigo, el doctor Paco Cuaresma, del pueblo vecino de Villanueva de las Cruces, estuve tomando palomitas de aguardiente en el Casino y escuchando tocar la guitarra a Juan Díaz, el gran guitarrista de Alosno, sin menospreciar a El Pinche. Hasta que uno no bebe palomitas de aguardiente en Alosno escuchando una buena guitarra como la del maestro Juan Díaz y oyendo cantar a los aficionados del pueblo, es imposible que pueda saber lo que es este pueblo. Me dan ganas de llorar sólo de recordar lo que sentí cuando entré aquella primera noche en el lugar donde nació el genio que nos ocupa estos días en La Gazapera. Alosno es un pueblo blanco del Andévalo en el que nada más entrar y pasear por sus estrechas calles, sabes que si el fandango no nació en aquellas tierras, se fue a vivir allí de chico y se hizo universal desde aquellos campos. El fandango no es de Alosno, como se ha dicho siempre. Hasta yo lo habré dicho alguna vez, seguramente. En todo caso, sólo son de allí los de Alosno, los que fueron creando cantaores de los que casi nunca se ha hablado, artistas naturales anónimos que fueron parándolos y quitándoles lo necesario para sacudirles las virutas del folclore y convertirlos en piezas musicales de cante jondo. Lo que sí está claro es que los fandangos de Alosno son un mundo a parte en Huelva, con melodías propias y una manera diferente de acompañarse a la guitarra. Mientras que los fandangos de Huelva se tocan por arriba, por Fa y Mi mayor, los de Alosno van por medio, por Sí bemol y La mayor. El que no reconozca una guitarra cuando la toca un alosnero, es que está para ir al médico de las orejas. Paco vivió de niño el ambiente de este pueblo de cruces de mayo, de rasgueos de guitarra, de fiestas populares y rondas de aguardiente. Forjó su estilo inconfundible basándose en lo que había escuchado a los demás, como ocurre con todos los cantaores. No alcanzó a conocer a Diego el Perrengue, Manuel Pérez y a otros muchos, anteriores, como el Tío Nicolás, el primer cantaor de Alosno, según Manuel Romero Jara, autor de Éste es otro cantar. Pero en los pueblos se suele conservar muy bien la tradición musical y Paco conoció los cantes de los intérpretes primitivos a través de aficionados del pueblo y de cantaores tan notables como, por ejemplo, el gran Juan María Blanco Orta, un fandanguero no profesional que salió pronto de Alosno para vivir en Sevilla, donde murió en 1959, cuando Paco comenzaba a cantar como profesional. ¿Escuchó cantar Paco alguna vez a Juan María? Él me dijo una vez que sí lo escuchó, pero es difícil de demostrar. Juan María era del grupo de los raros, o sea, que era reacio a cantar en público. Por otra parte, apenas paraba en Alosno. Fue el cantaor Manuel Centeno el primero que grabó su fandango, en 1923. Paco lo grabó en 1957, Que quiero comprá una jaca. El hermano de Juan María, el famoso Manolillo el Acalmao, al que se le atribuye erróneamente un estilo de fandango (Yo ya no voy an’ cá Marcos), era sólo autor de letras, además de un gran cazador. Según me dijo su hermana Concha hace muchos años, Manolillo no cantó en su vida, quizás por timidez, aunque hacía unas letras estupendas. Como murió en 1950, en Alosno, Paco llegaría a conocerlo muy bien y es probable que supiera del fandango de Juan María a través suya, cantándoselo por lo bajini en el Casino o en alguna taberna. Tampoco conoció Paco al famoso Bartolo el de la Tomasa, porque murió en 1930, o sea, cuando Paco tenía dos años de edad. Cantaor y letrista, es un nombre fundamental del fandango de Alosno. Sí conoció y escuchó a don Marcos Jiménez, y a la Juana María de Felipe Julián y a otros muchos de Alosno.

Manolillo el Acalmao, su hermano Concha y su cuñada.

Manolillo el Acalmao, su hermana Concha (sentada) y su cuñada María. Archivo Manuel Bohórquez.

Con todos estos hilos alosneros, de seda pura, Paco hizo un precioso mantón de Manila. Más que músicas de su propia cosecha, creó una manera de interpretar no sólo los fandangos de Alosno, sino todos los estilos de la provincia y hasta de la capital. En sus primeras grabaciones, que son ya un tesoro de inapreciable valor cultural, Paco se muestra fiel a los cánones, al legado de los maestros, reproduciendo magníficamente sus estilos. Sin embargo, dueño de un sonido singular y de una expresión única, por lo flamenca, acabó modificando la tradición alosnera para adaptarla a su manera de concebir el cante, creando un estilo propio e inconfundible, el de Paco Toronjo. En sus últimos años, cuando cantaba en los festivales, casi nadie reconocía ya en sus fandangos a los creadores: sólo el estilo de Paco, su voz desgarradora, el grito sin piel que le sirvió para meter al fandanguillo de Alosno entre los cantes grandes. ¿Era o no un creador? Ésta es la pregunta con la que comenzábamos el artículo. Sin duda alguna. El creador de Paco Toronjo. ¡Ahí es nada! Lo cantaba él mismo en un impresionante fandango valiente:

De mi gente.

Desde niño yo aprendí

el fandango de mi gente.

Tanto de ellos bebí

que yo me fui haciendo fuente

y ahora lo beben de mí.

http://www.youtube.com/watch?v=X8rIH1VnnMU&feature=player_embedded

27
Abr/2010

Mi relación con Paco Toronjo (II)

Paco Toronjo en el Festival de Tomares, en 1991. Foto Bohórquez.

Paco Toronjo en el Festival de Tomares, en 1991. Foto Bohórquez.

A la memoria del más grande

¿No se han preguntado alguna vez por qué nace y cómo surge un cantaor como Paco Toronjo? Es una pregunta que me he hecho muchas veces. Paco, que era mi amigo y sabía que lo admiraba como a nadie -alguna vez tuve que criticarlo con dureza, por sus singulares espectáculos encima de los escenarios-, cuando le sacaba a colación el tema de su complicada infancia, era reacio a entrar al trapo porque tuvo una infancia tan dura que no le apetecía recordarla. Los apellidos Toronjo Arreciado eran de su madre, porque su padre -si podemos llamarlo así- no lo reconoció, o sea, le negó su primer apellido, Gómez. Luego Paco debió llamarse Francisco Gómez Toronjo, si Paco Gómez Arias, su padre, lo hubiera reconocido. Conocido por Paco Murano y natural de Lepe, el padre del genio del fandango era arriero y llevaba pescado desde Lepe a los pueblos de la Sierra y el Andévalo. La madre del cantaor tenía un hostalito en Alosno y el tal Murano paraba en él con otros arrieros; se encaprichó de esta mujer, Juana Miguel Toronjo, la dejó embarazada y el 13 de junio de 1928 dio a luz al genio en el número 56 de la calle Barrios, como cuenta, con pelos y señales, su biógrafo, Antonio González Merchante, El Raya, en Paco Toronjo, la vida de un genio. Aunque nació en Alosno, Paco se bautizó en Lepe, en la costa onubense, el pueblo de su padre, donde estuvo largas temporadas. Su padre no le dio su apellido, pero lo mataba a trabajar y le daba tantas palizas, que siendo un niño de sólo 6 años se escondía en los nichos vacíos del cementerio de esta localidad para que no lo encontrara. Dicen que lo mandaba a robar melones, y que si lo cogían los dueños de los matos y le daban las quejas, encima lo majaba a palos. Con sólo 7 años Paco logró burlar la vigilancia de su padre y se fue desde Lepe a Alosno, en busca de su madre, con unos arrieros. Así de dura fue la infancia de nuestro protagonista. Recordaba con amargura el artista cómo al poco tiempo de su nacimiento y desprecio del padre, éste reconoció a su hermano Pepe -el que formó con él el dúo Los Hermanos Toronjos-, “al que se lo daba todo”, decía el cantaor. Y eso que siempre adoró a su hermano. Después de conocer parte de la infancia del gran artista es fácil entender por qué cantaba con tanta pena, con la misma con la que lo hicieron El Carbonerillo, El Bizco Amate o Juanito Mojama. Siempre cantó con pena, con sentimiento, pero en los últimos años, la voz de Paco Toronjo era un desgarro, un latigazo en el alma. Había una letra, de las muchas que cantaba en su última época, que yo no podía escuchar:

Perdí lo que más quería.

Ya no tengo na que perdé.

He perdío a la mare mía,

a mi hermano y a un hijo mío también.

¡Qué golpes me ha dao la vida!

Este fandango no había quien lo aguantara, era un porrazo en el alma, porque la letra era su vida, la verdad de lo que le pasó. De parte de lo mucho que sufrió. En poco espacio de tiempo Paco perdió a su madre, a su hermano Pepe y a su hijo Francisco, que murió de una sobredosis de droga el 23 de agosto de 1983, con sólo 23 años de edad. Esa noche tenía que cantar en la localidad sevillana de Mairena del Aljarafe, donde precisamente lo esperaba yo para escucharlo en compañía del crítico Miguel Acal, que era el presentador del festival. Paco llegó a Mairena en compañía de su guitarrista, Segundo Zarza, pero la Guardia Civil lo localizó para decirle que tenía que irse a Lepe, que su hijo Paco había tenido un accidente muy grave. Toronjo no quería irse, quería cantar, pensando que no era nada grave, pero su esposa lo convenció y se fueron para Lepe. Fue Miguel Acal el que me contó la verdad: “El hijo de Paco ha muerto de una sobredosis en Lepe”. Naturalmente, aquello nos partió el alma a los que nos enteramos esa misma noche. Paco no volvió a cantar en este mismo festival hasta tres años más tarde, el 8 de agosto de 1986. Estuve también esa noche y fue una de las más amargas que recuerdo, porque fue muy duro escucharlo, destrozado, demacrado, cantar como cantó.

http://www.youtube.com/watch?v=pUri1hxEEOM

26
Abr/2010

Mi relación con Paco Toronjo (I)

A la memoria del más grande

Paco Toronjo en el Festival de Tomares. Foto Bohórquez.

Paco Toronjo en el Festival de Tomares. Verano de 1991. Foto Bohórquez.

Si Huelva ha dado un genio del cante, del fandango, estaremos todos de acuerdo en que ha sido don Francisco Toronjo Arreciado, Paco Toronjo. Nacido en Alosno el 13 de junio de 1928, su vida podría ser una novela de éxito. ¡Cuántas penas pasó este genial fandanguero! Pero también disfrutó siempre de lo que le gustó, y no me refiero sólo a la bebida, que eso fue público y notorio y nunca lo ocultó. No fue el único cantaor alcohólico de la historia del flamenco, aunque lo pareciera. Ni es el único fenómeno del cante que ha dado Huelva, aunque también lo parezca. Según mi opinión, esta maravillosa tierra ha dado a tres fenómenos del cante, y ahí están sus discos: Pepe Rebollo, Antonio Rengel y Paco Toronjo. Me refiero a fenómenos del cante por derecho y no a estilistas folklóricos o a artistas de pinceladas geniales o graciosas. Fue grande Paco Isidro pero, desde el punto de vista de lo jondo, estos tres artistas citados protagonizaron en su momento el auge del fandango onubense, primero Rengel y Rebollo, y luego Toronjo. Cuando se le preguntaba a Paco por esto, siempre decía: “Al que quiera saber, mentiras a él”. Hubo otros muchos fandangueros célebres en Huelva y su rica provincia, desde el Gatillo de Valverde hasta el también alosnero Juan María Blanco, pasando por Pepe la Nora y don Marcos Jiménez, el gran abogado de Alosno, sin olvidarnos de la Juana María  -la conocí y me enamoré de ella por completo- o María la Conejilla. Tampoco hay que olvidar la figura histórica más importante no ya del fandango, sino del cante jondo onubense, que fue Dolores Parrales Moreno, La Parrala, capaz de meterle las cabras en el corral al mismísimo Silverio Franconetti en el palo más serio, como es la seguiriya gitana. En el propio café de Silverio, además. Sin embargo, el tiempo colocó en el trono del fandango a Paco Toronjo, un ser humano absolutamente entrañable al que tuve la inmensa suerte de conocer personalmente y de escuchar tantas veces que podría escribir un libro sobre su vida, pero ya está escrito. Se lo propuse una noche en el pueblo sevillano de Tomares, y me dijo muy en serio: “Más que un libro, podemos contar mi vida por capítulos en el Diez Minutos. Te aseguro que iba a arder Troya”, dijo. Ni lo duden. Si Paco hubiera contado sus memorias por derecho, se habría forrado. Aunque el dinero le importaba muy poco. Cuando lo conocí ganaba diez mil pesetas por noche en La Trocha, el ya desaparecido tablao de Sevilla -si no recuerdo mal-, mientras El Cabrero, que lo imitaba, se forraba en los festivales de verano con sus letras contestatarias. Finalizaban los años 70. Cuando le pregunté un día al genio alosnero por ese asunto, respondió sentencioso: “Pero Paco Toronjo soy yo”. Llevaba razón. Podríamos darle otra lectura a la historia, que puede ser discutida: El Cabrero puso de actualidad a un Paco Toronjo olvidado y con menos fondo que una lata de anchoa. En muchos festivales se preguntaron que por qué pagarle tanto a El Cabrero, por sus fandangos de Paco, si estaba ahí el de Alosno, el creador. Y Toronjo comenzó a entrar en los festivales de verano, aunque en una época, sinceramente, en la que había perdido el control sobre sí mismo y su cante era ya una mera caricatura de lo que fue en los años 60, cuando su voz era un latigazo emocional que lastimaba la piel. Por mi edad no pude disfrutar en directo del Paco de sus principios, cuando dejó la mina, donde cobraba cinco o seis duros diarios, para dedicarse a cantar en El Guajiro de Sevilla con su hermano Pepe, por cien duros cada uno al día. Ahí empezó la carrera del genio, del hombre que nació para convertir el fandango de Alosno en una seguiriya gitana. “Yo soy el mejor seguiriyero del fandango”, me dijo una vez en la Peña Flamenca de Huelva, en la vieja, una noche que lo homenajeaban. Nadie lo hubiera definido con más acierto, porque Paco le aportó unos ayes de salida al fandango, que eran espeluznantes, de seguiriyas chocolateras. Nadie ha dolido tanto como este fenómeno en el palo del fandango, demostrándonos que no hay cante grande ni chico, sino cantaores grandes o chicos. Paco fue el más grande en lo suyo, de ahí que pasara a la historia del cante jondo siendo cantaor de un sólo palo, el fandango, aunque cantara también sevillanas y cantes de trilla.

http://www.youtube.com/watch?v=XLoeLf4WPho

26
Abr/2010

Arahal en sepia y en colores

Arahal guerraA mi abuela Dolores Ponce

La Guerra Civil de 1936 fue muy dura en Arahal, el pueblo donde nací y viví hasta los 3 años de edad. Y donde descansaré para siempre, seguramente, aunque no tengo ninguna prisa en hacerlo. A un hermano de mi padre, Frasquito Bohórquez, lo mataron con 21 años cuando sólo llevaba casado algunas semanas. No participó en ninguna revuelta, pero al entrar las tropas nacionales en el pueblo pegando tiros a diestra y siniestra, enloquecidos y hambrientos de sangre -la cárcel ardía con muchas personas dentro-, estaba en un bar con algunos amigos y el dueño los echó a la calle para evitar problemas. Fue a meterse en otro bar y al cruzar la calle lo acribilló un moro a balazos, según versión familiar. Colocaron una ametralladora en la entrada de la calle Felipe Ramírez y dieron la orden de que dejaran seco a todo el que pasara por ella, sin hacer preguntas. Algunos soldados se negaron a cumplir esa orden sanguinaria y descabellada, y el moro cogió la ametralladora y llenó la calle de muertos. Mi abuela Dolores corrió como una loca a buscar a su primogénito, encontrándoselo sentado en una acera de esta calle con su camisa metida en el agujero que le habían hecho en la barriga. Él mismo se había taponado el boquete con la camisa, pero todo fue inútil. Mi abuela llevó toda su vida un velo negro tapándole la cabeza y todas las mañanas, al levantarse, lo primero que hacía era besar su fotografía. Recuerdo que mi tío Antonio, al que enterramos hace escasos meses, con 91 años, contaba la historia de la muerte de su hermano Frasquito con los ojos llenos de lágrimas. Él tuvo que cumplir el servicio militar en la guerra y lo hizo donde lo llevaron, o sea, en el bando fascista. Pero era un republicano hasta la médula, de izquierdas, que odiaba a los caciques del pueblo, a los que tuvo que atender alguna vez porque fue toda su vida camarero y trabajó en el Casino del pueblo. A pesar de todo, cuando comenzó a ir al Centro de Día se mezclaba con aquellos a los que tanto odiaba. Cuando iba a verlo me sentaba con él en una mesa y solía decirme: “¿Ves ese que está ahí? Pues menudo criminal era el hijo de puta”. Sin embargo, otro día llegaba a verlo y me lo encontraba jugando al billar o al dominó con esa persona a la que seguramente había perdonado, sin saberlo, aunque nunca llegara a olvidar sus acciones. Aquella actitud de mi tío Antonio me hizo reflexionar mucho sobre la convivencia en los pueblos que sufrieron la guerra civil que nos ocupa, de una manera espeluznante, como ocurrió en Arahal, donde comenzaron muy pronto a fusilar a los comunistas y a los campesinos que se rebelaban contra los caciques que los explotaban. Después de un levantamiento rebelde del campesinado de Arahal, que fue muy sonado en el XIX, descubrieron en el pueblo una asociación de comunistas y fusilaron a dieciséis, de los diecisiete que componían la asociación. O sea, que cuando el 22 de julio del 36 entró en Arahal el sanguinario comandante Castejón pegando tiros y vistiendo al pueblo de negro por orden de Queipo de Llano -el monárquico que se hizo republicano y luego fascista, y que está enterrado en la Basílica de la Macarena, en Sevilla-, en Arahal sabían ya muy bien lo que era perder la vida por levantarse contra las injusticias de los latifundistas. Mi tío lo sabía y aprendió a convivir con ellos de una manera admirable. Incluso aprendió a coexistir con los descendientes de aquellos moros traídos por los nacionales para que, descontrolados por el pueblo, cometieran tantas monstruosidades que soy incapaz de narrar sólo una de ellas, de las muchas que conozco. Fue uno de ellos el que mató a su hermano mayor. Arahal ha aprendido a convivir con los descendientes de aquellos chacales de la noche, aunque parezca increíble. Se cometieron tantas barbaridades durante la guerra, y después de la contienda, que todavía podían estar pegándose tiros los unos a los otros. En cambio, en Arahal decidieron hace años no mirar demasiado hacia atrás y construir entre todos un pueblo maravilloso, lleno de vida, con una gente que disfruta de sus bares, sus tradiciones y sus fiestas, como en ningún otro pueblo de la provincia de Sevilla. No hace muchos días, dos paisanos míos hablaban en un bar del pueblo de lo que está ocurriendo con el asunto de la Memoria Histórica y el juez Garzón, y los dos lo hacían con los ojos humedecidos. Tienen miedo de que el odio larvado vuelva a hacer de las suyas en el pueblo, donde los nietos de unos y de otros comparten hoy colegios, instituto, bares de copas, gimnasios, dentistas y hermandades.

La localidad sevillana de Arahal en color.

Saben que todo esto es una estrategia electoral y una cortina de humo de socialistas y populares para que no veamos la realidad económica y de corrupción que vive el país, pero tienen miedo porque pensaban que Franco había muerto, que se lo comieron los gusanos bajo una losa de dos mil kilos de peso. Fue precisamente el juez Garzón el que pidió su partida de defunción y comprobó, en efecto, que el sanguinario dictador murió el 20 de noviembre de 1975. Los que perdieron la guerra en Arahal han dado una lección de generosidad y han demostrado que, aunque no olvidan, saben perdonar y mirar hacia adelante. Ahora sólo están preocupados por el paro, y hacen muy bien en estarlo.

25
Abr/2010

Mi relación con Pedro Bacán (IV)

Fotografía de aquella última noche de Pedro Bacán acompañando a su primo Juan en El Laurel de Lora del Río. Archivo Alfonso García Herrera.

Fotografía de aquella última noche de Pedro Bacán acompañando a su primo Juan en El Laurel de Lora del Río. Archivo Alfonso García Herrera.

A Inés Bacán y Antonio Moya

La muerte de Pedro Bacán me la comunicaron llamándome al móvil mientras paseaba por el campo con mi perrita Currina. Pedro había tocado en la peña flamenca de Lora del Río, El Laurel, la noche del 25 de enero de 1997. Acompañó a su primo Juan el Lebrijano. Todo un recital de buen flamenco, sin duda. Dicen que Juan cantó aquella noche una seguiriya monumental. ¿Casualidad? Estuvo muy bien y, como habían grabado el concierto los de la peña, decidieron pedir la cinta para escucharla por el camino. Mi amigo Perico les dijo que se la haría llegar a casa de los dos y ambos quedaron conformes, auque Pedro no se fue a gusto. Regresaron a Sevilla, pero antes de llegar a Carmona decidió volverse a Lora a por la cinta. Cosas de Bacán, que era un amante de su arte, un artista de una vez. De nuevo en la peña flamenca, donde apenas quedaba ya nadie, decidieron tomar unas copas y algunas tapas. Regresan por fin a Sevilla y toman un café antes de llevar a Juan y a Pilar a su casa -Pilar es la mujer de Juan-, y hacer lo propio con Pacote, amigo de Pedro y gran aficionado al flamenco, desaparecido ya también, que los acompañó aquella aciaga noche. Pacote era hermano del crítico de flamenco José María Velázquez. Juan trató de convencer a Pedro de que descansara un poco en su casa antes de marcharse a Lebrija, pero éste le dijo que tenía una fiesta familiar y que debía estar temprano en el pueblo para prepararlo todo. Cogió la autopista A-4, la de Sevilla-Cádiz, y en el kilómetro 36 se salió de la carretera y se estrelló contra un árbol. Eran las diez y veinte del domingo 26 de enero de 1997, como bien documenta su biógrafo, Alfonso García Herrera, casado con la compañera Tere Peña, prima de Pedro Bacán y hermana de Juan el Lebrijano. El gran Bacán se quedó dormido y, seguramente, apenas si se enteró de nada. Ya pueden imaginarse cómo fue recibida la noticia en su familia y en el mundo del flamenco, porque Pedro era una persona muy querida dentro y fuera del flamenco. Estuve en su entierro y aún no se me han olvidado las caras de dolor que pude ver en Lebrija, en la capilla ardiente, primero, y luego en el momento en que su cuerpo fue llevado al cementerio de Lebrija con tanta gente por las calles del pueblo que aquello me pareció un río de dolor. Así titulé mi crónica para El Correo de Andalucía, el 31 de enero, que reproduzco aquí para quienes no la leyeran en su momento, aunque sólo sean unas líneas de un largo y emocionando obituario:

Los flamencos no se unen nada más que en los entierros de los propios flamencos, y en ocasiones ni eso. Sin embargo, Lebrija fue la tarde del pasado lunes un río de dolor y el féretro de Pedrito Bacán una barca llevada por cientos de brazos fuertes, de gitanos y no gitanos que no sabían si estaban despiertos o atrapados en una horrible pesadilla. Las buenas noticias siempre llegan tarde; las malas, demasiado pronto. La muerte del guitarrista lebrijano se nos vino encima como el árbol que lo mató y nos ha partido a todos el corazón sin darnos cuenta, sobre todo a los gitanos de Lebrija y Utrera. Mi dolor no es tan grande como el de ellos, pero es mío y juro por mis muertos que me estruja el corazón como se estruja de un pisotón un tomate maduro contra la tierra. El dolor es el esperanto de los gitanos, su lengua común, el fiel compañero de esta gente de bronce que ha aprendido a soportarlo con dignidad. Pedro Peña Peña, el hijo de Bastián Bacán, viejo heredero de los cantes gitanos de la zona, descansa ya para siempre en el funéreo pensil de Lebrija, pero ha entrado en el paraíso de los que, aunque se ausente, se quedan. Lo malo de la inmortalidad, querido Pedro, es que hay que morir para alcanzarla. Seguro que ahora, los que no supimos valorar tu música en la medida que tú reclamabas, comenzaremos a valorarla, como nos está pasando con el llanto musicado de Juan Mojama, las azucaradas y veloces tarantas de Escacena, el grito sin piel de Manuel Torre o el bronco quejío de Juan Talega, el de Dos Hermanas.

FIN DE LA SERIE

http://www.youtube.com/watch?v=W_IJud3oWUQ

24
Abr/2010

Mi relación con Pedro Bacán (III)

A Inés Bacán y Antonio Moya

CON SU HERMANA.1

Pedro Bacán acompañando a la cantaora de su vida: su hermana Inés. Archivo de Alfonso García Herrera.

En estos relatos de mis experiencias con artistas del flamenco ya ausentes del mundo de los vivos, aclaro que sólo escribo sobre vivencias con ellos, que no son biografías ni ensayos sobre sus obras. Con Pedro viví muchos momentos maravillosos, como con otros muchos artistas, pero es imposible contarlos todos. Me reía mucho con sus increíbles despistes, porque era una de las personas más despistadas que he conocido en mi vida. Si lo sería, que alguna vez se presentó en un festival sin la guitarra, porque se le había dejado en casa. Cuando participó en el concurso del I Giraldillo del Toque, en la Bienal de 1984 -que ganó merecidamente Manolo Franco-, Pedro creyó que iba a ser el ganador del certamen porque se preparó muy bien y pensó que el jurado valoraría su experiencia como acompañante y sus conocimientos musicales. Sabía también que contaría con el apoyo del desaparecido crítico Miguel Acal, su gran amigo, como así fue, aunque no formara parte del jurado. No ganó el concurso y fue para él un verdadero mazazo, una experiencia frustrante. Estuve las tres noches del certamen y me llamaba la atención lo nervioso que salía al escenario, con un cojín que siempre se lo dejaba en la silla cuando se iba. Su puesta en escena era mejorable a todas luces, pero tocó muy bien y dejó un gran sabor de boca. Ganó el mejor, según un jurado al que nadie se atrevió a discutirle su valía, aunque creo que hubo algún que otro osado. Recuerdo que tres días antes del concurso le llevé a Carmen Carballo, entonces jefa de Cultura de El Correo de Andalucía, donde ya colaboraba, un artículo en el que decía que el ganador iba a ser Manolo Franco, que a priori era el que no entraba en ninguna de las apuestas como el ganador del histórico certamen. Naturalmente, Carmen Carballo me dijo que no podía publicar el artículo porque se trataba de un concurso muy importante y que podría entenderse como una apuesta del periódico por Manolo Franco. Y no se publicó, como era lo lógico.

La inconfundible estampa de Pedro. Archivo Alfonso García Herrera.

La inconfundible estampa de Pedro Bacán. Archivo de Alfonso García Herrera.

Pedro Bacán y Paco del Gastor eran los favoritos para los más puristas, y se esperaba la gran sorpresa del cordobés José Antonio Rodríguez por su gran técnica y enorme proyección artística. Tocó de maravilla, sobre todo en la faceta de concierto, pero Manolo Franco ganó por ser el más completo. Paco de Lucía, uno de los miembros de jurado, al que entrevisté para Radio Aljarafe en el mismo escenario del Teatro Lope de Vega de Sevilla, dijo al término del certamen que había sido el más completo, y que le había impresionado tocando en concierto. Por otra parte, sonó mucho el nombre de Rafael Riqueni, el genio de Triana, al que también apoyaron críticos como, por ejemplo, Pepe Sollo. Al final se hizo justicia y ganó no el mejor guitarrista en aquellos momentos -aunque esto es siempre subjetivo-, sino el que fue más preparado al certamen y convenció al jurado. Recuerdo la cara de Pedro Bacán cuando se leyó el acta del jurado y resultó ganador Manolo Franco. Bueno, las caras de todos, porque, aunque se hablaba ya de la calidad de Manolito Franco, la mayoría de los aficionados esperaban otro resultado. Curiosamente, Manolo no ha tenido después la proyección que se esperaba por haber dado aquella campanada, aunque es hoy uno de los guitarristas mejor valorados, sobre todo como acompañante al cante. De esto hablé una vez con Pedro en la Peña Flamenca de Tomares, compartiendo mesa con el guitarrista Manolo Domínguez El Rubio -otro gran guitarrista ya ausente, al que homenajearemos en La Gazapera-, y todavía tenía clavada una espinita por el resultado del concurso. A pesar de que tanto él como los demás participantes salieron reforzados y acabaron triunfando y siendo primeras figuras del toque flamenco de este tiempo.

24
Abr/2010

Pastora pudo morir en un incendio

A su nieta Pastora

abuela9-2.1La Niña de los Peines estuvo a punto de morir en el incendio  que se produjo el día 7 de agosto de 1916 en el Teatro Apolo de Álora, la hermosa e histórica localidad donde vinieron al mundo cantaores de la fama de El Canario, El Perote o El Pena. Según una noticia localizada en El Día de Madrid un día después, la artista estuvo a punto de arrojarse por un precipicio ante la posibilidad de morir achicharrada en este popular teatro-cine aloreño. La rapidez de un caballero fue decisiva para salvarle la vida a la emperadora sevillana del cante flamenco. Fue un año de mucho trabajo para la artista, y no le cogería mucho miedo a los escenarios, cuando días más tarde se fue a Almería a cumplir un contrato de doce conciertos. Les damos a conocer el artículo del diario madrileño. Afortunadamente, Pastora y otras muchas personas salvaron la vida, aunque de milagro:

Incendio en un cine de Álora

La puerta del teatro obstruida por el fuego.

Málaga, 7.—En el teatro de Apolo del pueblo de Álora se declaró un incendio, que pudo ocasionar una tremenda catástrofe, pues con motivo de la feria aquél se hallaba completamente lleno de público. El fuego se inició en el aparato de proyección cinematográfica, y fué debido, según parece, a un contacto eléctrico. El público, al darse cuenta del suceso, intentó escapar; pero la cabina del «cine» incendiada, colocada en la parte superior de la única puerta de salida, impedía el paso. Causaba verdadero espanto escuchar los lamentos y gritos de las mujeres y niños que estaban en el salón. Parte del público escapó por los tejados de las casas vecinas, y otros, más atrevidos, por debajo de las llamas. De «La Niña de los Peines», que se disponía a cantar, apoderose tal pánico, que no se arrojó por un precipicio gracias a la intervención de un caballero que lo impidió; lo mismo ocurrió con otras personas. El operador del cine, D. José Mesa, escapó ileso milagrosamente. La artista Carmen Montero se desmayó en el escenario. El incendio cesó cuando hubo ardido todo el material del cine, no propagándose al interior del teatro gracias a los esfuerzos de todos en sofocarlo.

La pérdida material ocasionada al dueño del aparato se calcula en 3.000 pesetas. Es aplaudida la disposición del alcalde, que impidió al empresario del teatro la colocación de la cabina del cine dentro del local, pues debido a esto y a las medidas adoptadas por la Guardia civil durante el incendio, se evitó una catástrofe. Afortunadamente no ha ocurrido ni una sola desgracia personal. Entre los individuos que acudieron en los momentos de angustia se han registrado actos de verdadera temeridad y heroísmo para salvar a las criaturas que había en el salón.