A Joselito Lérida
Emilio Abadía López fue uno de los mejores cantaores que ha dado Triana y, a la vez, de los grandes desconocidos de la historia del cante jondo. Nunca le interesó ser cantaor profesional y prefirió dedicarse a otra cosa, al modelado, oficio en el que estuvo muy considerado en Sevilla, donde llegó a tener una cátedra en la Escuela de Bellas Artes. Todavía se pueden ver algunos vaciados suyos en el Casino de la Exposición de la Feria Iberoamericana del año1929. Nació Emilio Abadía el día 20 de enero de 1903 en el número 67 de la trianera calle Betis, en una casa que aún existe. ¿Se puede nacer en un sitio más flamenco y más sevillano? Fueron sus padres José Abadía y Dolores López, ambos naturales de Sevilla. Curiosamente, su abuelo paterno, José Abadía, y su abuela materna, Dolores, eran de Sanlúcar de Barrameda. Y su abuelo materno, Francisco López, del pueblo levantino de Totana. Buena mezcla, sin duda alguna. No hubo antecedentes artísticos en su familia, salvo el de Fernando el de Triana, que era de la familia de su padre. Siempre se había dicho que fue Fernando quien lo bautizó en Santa Ana, por aquello del parentesco familiar, pero en su partida de bautismo constan como padrinos sus tíos Antonio López y Carmen Abadía. No obstante trató bastante al Decano del Cante Andaluz -así es como llamaban a Fernando el de Triana-, del que aprendió Emilio, según nos dijo hace unos años su hijo, José Carlos Abadía, los cantes de Cádiz y las malagueñas más antiguas. Emilio Abadía tuvo la suerte de conocer siendo sólo un niño una época del cante de Triana de una gran importancia, porque escuchó a grandes intérpretes, como el propio Fernando, y a otros muchos que habían aprendido de Manuel Cagancho, Ramón el Ollero y Lorente, tres de los pilares más importantes del cante de Triana. Como siempre tuvo una magnífica voz y una capacidad pulmonar que le permitía ligar bien los cantes -técnica fundamental en la escuela del cante jondo trianero-, era de los pocos jóvenes del barrio capaces de interpretar esta difícil escuela, que ya a finales del siglo XIX comenzaba a decaer, según los periódicos de la época. En los años 20 del pasado siglo, siendo todavía muy joven, se fue a Málaga con unos amigos y se encontró con la oportunidad de su vida, que no supo aprovechar. Como se quedaron sin dinero para volverse a Sevilla, se metieron a cantar en una taberna, con tan buena suerte que enfrente vivía el Cojo de Málaga, quien al escucharlo no dudó en bajar para contratarlo y llevárselo de gira por toda la provincia malagueña. Con él iba también Manuel Torre. Pero al de Triana no le gustaba mucho eso de entretener a los señoritos y se fue para Sevilla cuando apenas habían recorrido cuatro pueblos y había juntado para el viaje de vuelta a Triana. Grabó sus dos únicos discos en 1934 en Madrid y con el Niño Ricardo a la guitarra. Fue a grabar en compañía de Manuel Vallejo, El Sevillano y Pepe Suárez, y sólo impresionó cuatro cantes. Estos dos discos no se pudieron reeditar después de la guerra, como se hizo con otros cantaores -con Juanito Valderrama, por ejemplo-, porque las matrices fueron destruidas en un bombardeo del ejército Nacional. Emilio Abadía fue militante del Partido Comunista de España y al estallar la guerra del 36 estuvo a punto de ser fusilado por los falangistas. Curiosamente, se salvó gracias a falangistas de Triana que intercedieron por él y que quitaban siempre su nombre de la lista negra. Incluso tuvo que posponer su boda con Carmen Moreno Córdoba, que estaba fijada para el día 18 de julio del 36. Temiendo que fueran por él a la misma Iglesia de Santa Ana esa misma noche, se casó ocho días más tarde, cuando se sabía de dónde venían los tiros. Después de la guerra Emilio se dedicó en firme a su trabajo en Bellas Artes y a cultivar el cante flamenco sólo entre amigos de su gusto. Frecuentó la famosa Tertulia de Radio Sevilla, de Rafael Belmonte; y estuvo muchas veces en la Peña El Chocolate, en La Soleá de Triana y en El Sombrero, pero sólo para cantar entre los suyos, entre sus amigos alfareros y cantaores. Murió el día 17 de agosto de 1986 y está enterrado en la localidad sevillana de Mairena del Aljarafe. A pesar de su escasa discografía, Emilio Abadía es uno de los clásicos del cante jondo trianero. No hay tertulia flamenca, si ésta se celebra en Triana, donde no salga a relucir el nombre del que cantó como nadie los bravos y melódicos cantes alfareros del arrabal sevillano.


