A José María Segovia
La Federación de Peñas Flamencas de Málaga ha organizado este fin de semana, en colaboración con la Confederación Andaluza, la Diputación Provincial de Málaga y la Agencia Andaluza del Flamenco, el I Congreso Internacional de Peñas Flamencas para debatir sobre la situación actual de este importante colectivo, con 317 peñas federadas sólo en Andalucía. Ya hubo un intento hace ocho años, en Málaga también, de celebrar un congreso de este tipo, pero no tuvo éxito. En cambio, en esta segunda ocasión ha tenido un extraordinario poder de convocatoria, porque al hotel Andalucía Plaza, de Puerto Banús, llegaron cientos de peñistas el pasado viernes, y otros cientos al día siguiente. Los había por todas partes. Más de cuatrocientos peñeros –así los llama Morente- de toda España y algunas ciudades el mundo, se dieron cita en la Costa del Sol para poner de manifiesto que las peñas flamencas existen, que cumplen un papel importante en la difusión y el mantenimiento del arte flamenco, y, sobre todo, que tienen problemas graves de financiación y que exigen a las instituciones públicas andaluzas su apoyo para solucionar el problema de una vez por todas y para los restos.
El congreso podría haber salido mal y no pasar absolutamente nada. Pero ha salido bordado y tiene que pasar algo, creemos nosotros. Es un serio toque de atención a la Junta de Andalucía y a las diputaciones. A todas las instituciones públicas de la región, que presumen de ayudar mucho a las peñas flamencas, pero que sólo andan con dádivas, en comparación con el dinero que se destina a otros colectivos. Bien cierto es que con Franco estábamos peor, porque además de no haber un duro para las peñas flamencas, los grises acababan con las reuniones de los aficionados ante el temor de que estuvieran maquinando acabar con el régimen. Pero, ¿cuándo han visto ustedes que los flamencos se reúnan para comenzar una revolución? Como mucho, para pegarse una buena fiestecita.
¿Qué nos llamó la atención?
Tres cosas nos han llamado la atención de este congreso, que podemos calificar de triunfante. Primero, ese poder de convocatoria del que ya hemos hecho referencia, por lo que hay que felicitar a los organizadores, en especial a Diego Pérez, actual presidente de la Federación Provincial de Peñas Flamencas de Málaga; segundo, la ausencia de los críticos -sólo hemos estado nosotros y algunos que iban de ponentes, al menos que viéramos-; y tercero, la de los artistas. ¡Qué poca consideración! Sólo hemos visto en el hotel Andalucía Plaza al veterano cantaor onubense Manolo Limón y a algunos más que iban no como cantaores, sino como responsables de peñas flamencas, que es el caso del también onubense Eduardo Garrocho y otros de escaso renombre.
Los críticos e investigadores están perdonados, porque el pasado fin de semana se citaron en Mérida para solucionar sus propios problemas. Pero que no se haya acercado ningún artista profesional a este congreso de peñas, con la labor que hacen y el hambre que les han quitado en los duros inviernos, es para cerrar el negocio. Esto sólo demuestra una cosa: que a la mayoría de los artistas sólo les interesa el dinero. Y como hoy hay muchos ciclos en teatros de España y el resto del mundo, costeados la mayoría de ellos por el papá Estado, les sobran las peñas flamencas, que no son perfectas, claro está, pero que constituyen un colectivo de aficionados cercano a las cien mil personas en toda España.
Tampoco estuvieron los agentes artísticos -sólo vimos al granadino Raúl Comba-, que viven en parte del dinero que mueven las peñas de todo el mundo, principalmente las de España. Estamos hablando de mucho dinero, de cientos de millones de las antiguas pesetas. ¿No creen que deberían haber estado en este congreso para conocer de primera mano, a través de sus protagonistas, los problemas de estas entidades culturales? Por supuesto que sí.
Discursos políticos
Está luego el siempre peliagudo asunto de los políticos. Tampoco han ido. Rosa Torres, la consejera de Cultura, excusó su ausencia por estar atendiendo otros compromisos. Salvador Pendón, presidente de la Diputación de Málaga, y Paco Perujo, director de la Agencia del Flamenco, estuvieron el día de la apertura, dieron sus correspondientes discursos y ya no aparecieron más. Ambos dejaron claro el interés que tienen por las peñas flamencas, pero no se quedaron a conocer sus problemas. Luego, el interés no será personal sino institucional y político. Salvador Pendón dijo, entre otras cosas, que sin el apoyo de las instituciones públicas el flamenco ya no existiría. Sólo le faltó decir que sin el apoyo de él mismo. Admiramos su compromiso con el flamenco en Málaga, algo que no se puede poner en duda, pero su discurso nos pareció prepotente y fuera de lugar.
Francisco Perujo Sánchez dijo que el futuro del flamenco pasa por las peñas, y creemos que lo dijo porque estaban allí todas las de Andalucía. Si piensa eso de verdad debería intentar conseguir un presupuesto digno para ellas y no permitir que malvivan con ridículas subvenciones, para lo que tienen que estar constantemente llamando a la puerta de su despacho y a las de los despachos de otros gestores culturales. Es algo verdaderamente humillante.
Directos al grano
Como nos temíamos antes de dar comienzo el congreso -por cierto, con una magnífica conferencia de Félix Grande sobre la poesía flamenca-, las ponencias de calidad brillaron por su ausencia, aunque hubo algunas interesantes, como la del querido compañero Paco Vargas, quien estuvo muy valiente y dijo verdades como puños. Sin embargo, estuvimos en desacuerdo con él cuando afirmó que las peñas son centros privados que viven de las instituciones públicas. En efecto, son entidades privadas, pero no viven sólo de las ayudas públicas, sino de las cuotas de sus socios, de vender décimos de lotería en Navidad y del sacrificio de las personas que luchan por ellas; en ocasiones, con dinero de sus propios bolsillos. Estas palabras de Paco Vargas provocaron la ira de Eduardo Garrocho, de la Peña Flamenca de Huelva, y de José Padilla, de Torres Macarena, de Sevilla, quienes dijeron con claridad que las instituciones públicas sólo buscan el voto a cambio de miserias. Fueron las intervenciones más aplaudidas. Naturalmente, los congresistas sabían muy bien que Paco Valero Vargas es un luchador y un defensor de las peñas, de ahí que no llegara la sangre al río.
Despistados y reformadores
Hubo ponencias verdaderamente inadmisibles, como la de Miguel Clavero Aróstegui, que fue a contar la historia del flamenco, pero no a denunciar los problemas y a dar a conocer soluciones. O la de Jerónimo Roldán, de la Federación de Peñas de Sevilla, que erró en muchos datos al contar la historia de las peñas flamencas, aunque dio en la diana en algunas otras cuestiones. Aportó algunas ideas y pidió que las peñas sean declaradas Bien de Interés Cultural y Bien de Interés Público. También pidió que haya una peña flamenca en cada pueblo de Andalucía. ¿Incluso en los que no gusta el flamenco? Y nos gustó la ponencia de Curro, de la Peña de Almáchar, de Málaga, quien pidió incentivos para las letras nuevas en los concursos, entre otras muchas cosas. Las ponencias de Estela Zatania y Miguel Navarro, leídas por sus autores el domingo, estamos pendientes de leerlas, porque tuvimos que abandonar el congreso.
Interesantes fueron las mesas redondas, en las que sobre todo se habló de cómo mejorar los concursos, organizados la mayoría de ellos por las peñas. Antonio Calle, de la Federación de Sevilla, dijo que habría que colegiar a los jurados, como a los árbritos; y el joven e inteligente cantaor Paco Contreras, de Málaga, cuestionó el conocimiento de los flamencólogos para ejercer esta función, exigiendo que los jurados estén formados por profesionales del arte. ¿Por los que saben o por los que no saben? Por último, se planteó la necesidad de acercar las peñas a los jóvenes y de reconocer el papel de la mujer en el mundo de estas entidades jondas.
A modo de conclusiones
Como en todos los congresos, en el de Marbella, del pasado fin de semana, se hablaron cosas de mucho interés, pero también otras muchas que no aportaron nada nuevo. Apenas se trató el tema principal, como es el de la financiación económica de las peñas. En la mayoría de las peñas desconocen cómo solicitar una subvención. Nadie habló de cómo formar a los dirigentes de estos centros, por ejemplo, que sería muy importante. En vez de dar tantas charlas de cante, podrían dar cursos para que esta gente sepa cómo llevar una peña flamenca.
En resumidas cuentas, un gran ambiente en Marbella, un toque de atención a la clase política andaluza y algunas buenas ideas que habrá que llevar a cabo, porque de otra manera, como dijo Paco Viedma, esto se quedará en un viaje de placer a Puerto Banús. Las peñas son importantes para el flamenco y tienen que creérselo y abandonar los complejos para siempre. Trabajan por un arte, el flamenco, para el que los políticos piden que la UNESCO lo reconozca como Patrimonio de la Humanidad. Es una fuente de ingresos muy importante para Andalucía y una cultura que nos identifica en el mundo. Las peñas flamencas andaluzas tienen que organizarse mejor y exigirle a la Junta un verdadero compromiso económico. Si con todo lo que se habló el pasado fin de semana en Marbella, con cientos de peñas presentes, el congreso se queda en un mero viaje de placer, seguramente no habrá otra oportunidad.




