A Jorge Molina

Franco.1El 1 de febrero de 1975 un guardia municipal de Cáceres obligó a retirar de un escaparate La maja desnuda, de Goya, por considerar dicha pintura “indecente y pornográfica”. Cosas como ésta nos sorprenden treinta y cinco años después, pero entonces eran habituales en España. Mientras aquí ocurrían hechos tan pintorescos, Federico Fellini ganaba el Óscar a la mejor película extranjera por Amacord, en la que una de las actrices protagonistas enseñaba uno de sus pechos, de un tamaño increíble y todo de carne magra, sin trampa ni cartón. Seguramente, el inmaculado municipal extremeño disfrutaría viéndola, y esa misma noche le alegraría la vida a su mujer. He descubierto lo apasionante que puede ser consultar libros de estadísticas. El referido a la provincia de Sevilla, de 1975, ofrece unos datos que valdrían para hacer un retrato perfecto de la sociedad de entonces. En lo referente, por ejemplo, a los suicidios de aquel año, el de la muerte de Franco, es curioso que no conste ninguna viuda y sí seis viudos, lo que demuestra la fuerza de voluntad y sacrificio de las mujeres de esta tierra en los momentos difíciles. En Alicante, ciudad de muchos menos habitantes que Sevilla, se suicidaron cinco viudas ese mismo año. Se quitaron la vida en total en la provincia de Sevilla 58 personas: 21 solteros, 20 casados, 6 viudos y 11 mujeres: seis casadas y cinco solteras. Llama la atención el gran número de suicidios de solteros, si comparamos las cifras de unos y otros. Hubo 707 abortos registrados. Noviembre fue el mes en el que hubo menos: sólo 43. Julio fue el que más, con 80 abortos, casi el doble. En cuanto a los extranjeros residentes en Sevilla, sólo había 2. 255. Eran 681 portugueses, 147 americanos, 172 italianos, 153 franceses, 14 marroquíes, 7 chinos, y sólo un danés. Había 16 sin nacionalidad y ni un solo finlandés. Sólo trabajaban 667 extranjeros. En Madrid había 15.000. Y en Almería, donde tantos foráneos trabajan ahora, sólo había 183 registrados. La bicicleta era el medio de transporte más utilizado. Había en Sevilla y su provincia 67. 774. Ni una sola estaba matriculada. Turismos había 17.206. Y motocicletas, 505. Lo curioso es que existían 10. 526 licencias de ciclomotor. O sea, que diez mil personas tenían la licencia, pero no la moto. El salario mínimo era de 280 pesetas diarias y una motocicleta costaba un ojo de la cara. En kilómetros de autopistas y autovías no estábamos mal en comparación con otras provincias españolas. De los 619 kilómetros de toda España, Sevilla tenía 49. Valencia, por ejemplo, sólo 16. Había 23 cooperativas registradas en la provincia de Sevilla: 1 del campo, 2 de consumo, 6 de viviendas y 14 industriales. Con 551 socios en total. De médicos estábamos regular. Había sólo 2. 744. Enfermeras había 1. 996. Veterinarios, 269, con sólo dos mujeres en la especialidad. Y había 152 matronas registradas. Y hablando de matronas, aquel año se asistieron 1. 077 partos, de los cuales sólo 864 fueron normales. 119 fueron de mujeres solteras y no parió ninguna viuda. Además de no arrojar la toalla, sabían guardar el luto. Llama la atención el número tan elevado de hombres que visitaron al urólogo en aquel año de 1975. Dieron el difícil paso 1.587 hombres. Es curioso, porque el urólogo es el médico al que nadie visita nunca. Pero ahí está el libro de registros de enfermedades de declaración obligatoria. En una ciudad taurina por excelencia, como Sevilla, llama la atención que se representaran aquel año 505 obras de teatro en la provincia de Sevilla, sólo 29 corridas de toros y 34 novilladas con picadores. Había 383 cines censados, aunque sólo proyectaron películas 251. En total, 2. 390 cintas. Aquel año las películas españolas recaudaron 111. 267 pesetas, y las extranjeras, 191. 697. De cotos privados de caza estábamos muy bien. Mejor que de reforma agraria. Había 928 cotos para 30.520 licencias de caza. Sin embargo, de cotos de pesca fluvial andábamos peor: sólo contábamos con 11 para 6.624 licencias. El porcentaje de éxito en el envío de telegramas era escandaloso: de 34. 000 que se mandaron ese año, sólo se recibieron 21. 744. Tampoco cuadraban los números en la cuestión del paro registrado. Había 18.000 parados, hubo 46. 256 demandas de empleo y 33. 787 colocaciones. Y para que no se olvide, 46. 389 accidentes de trabajo. ¡Qué tiempos aquéllos! Todavía hay quienes dicen que no hemos avanzado prácticamente nada. ¡Anda que no! Y que hemos cambiado más bien poco. ¡Manda cojones! Otra cuestión es que haya quienes no desean ni una cosa ni la otra. Creo que no les vendría mal mirar de vez en cuando los libros de estadísticas