La Gazapera | El blog de Manuel Bohórquez

Archive for Diciembre 28th, 2009

Dic/09

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Platón y el merengue casero

A Laura Rojas-Marcos

Platón, el filósofo griego al que conocí una mañana en una cuba de escombros, dijo que si no deseas grandes cosas, las más pequeñas te parecerán inmensas. Mi madre nos hacía felices a mis hermanos y a mí con cosas sencillas. Como todavía no teníamos televisor echábamos en falta pocas cosas, sobre todo las que no conocíamos. La primera vez que pude ver un centollo en Palomares me pareció un objeto nadador no identificado. Si en vez de ver a uno solo hubiera visto una docena, seguramente habría pensado que era una invasión marciana. Al pueblo iba todas las semanas un vendedor de merengues, que costaban, creo, un real. Como la economía de la casa andaba por los suelos –y no precisamente debajo de un ladrillo, que es donde se guardaban los ahorros–, una vez sí y la otra también el de los merengues pasaba de largo sin vender nada en el número 5 de la calle Cuatro Vientos, donde, en vez de aquel azulejo que se solía poner con la leyenda “Dios bendiga cada rincón de esta casa”, nosotros teníamos uno que decía “Dios se acuerde alguna vez de nuestra despensa”. Mi madre, apenada y viendo la cara que se nos quedaba a los tres, cogía varios huevos del gallinero familiar, les sacaba las claras y las batía en un plato grande con un tenedor hasta conseguir un merengue tan espeso que se podía tallar el busto de Viriato, uno de los héroes de mi infancia. Se sentaba en el corral en una silla de aneas y nosotros, con las rodillas en el suelo, disfrutábamos del merengue hasta que dejábamos el plato que podía servir de espejo. Con qué poco éramos felices en aquella casita con un pozo que daba un agua tan dulce como las moras, un hermoso corral que lindaba con los frondosos olivos de El Poli, los gatos durmiendo al sol y una copa de cisco siempre debajo de la mesa asando castañas. Pero los tiempos han cambiado. De vivir todavía Platón, ¿seguiría pensando que la pobreza no viene por la disminución de la riqueza, sino por la multiplicación de los deseos? Imagínense lo que pensarían de mí los maireneros si me vieran batir claras de huevo en el patio, en vez de encargar una docena de melojas en la mejor confitería del pueblo. Creo que fue también Platón quien dijo que el hombre lo tendría todo si tuviera un pequeño jardín junto a la biblioteca. Sería en aquellos tiempos, porque el hombre moderno, al menos el de por aquí abajo, cree que lo poseería todo si se acostara sabiendo que tiene un buen coche en la cochera, que ya está preparado para el apagón analógico, que el Betis acabará salvándose y que es más que probable que a Belén Esteban no se le vayan los puntos de los arreglos que le han hecho en la cara. Dígale usted a quienes ven los programas de Juan Imedio si los cambiarían por una biblioteca en el jardín de sus casas. Ni por la del Senado de los Estados Unidos. El autor de La República lo tuvo fácil porque todavía no existían Canal Sur Televisión ni programas como Salud al día y Tecnópolis, donde el presentador, que es la sonrisa del régimen, ofrece siempre una información como si en Andalucía no hubiera más que felices jubilados en los balnearios y funcionarios y ejecutivos en los gimnasios; como si sólo nosotros tuviéramos el pescado más fresco, el mejor marisco, la carne más sana, los trabajadores más felices, el turismo más selecto y las playas más limpias. Nos previenen contra todo menos contra quienes han creado una aparente Andalucía del bienestar donde, según estos programas y otros de La Nuestra, los únicos problemas que tenemos en nuestra tierra son como consecuencia de que vivimos de lujo: el colesterol, la obesidad, la velocidad en las carreteras y la falta de ejercicio. ¿Por qué no les preguntan a los agricultores de Arahal en Salud al día si no estarían más sanos de haber cobrado ya las aceitunas de hace dos años, que todavía no las han cobrado? Pues no. Menos mal que la mayoría de estos pequeños olivareros se tranquilizan viendo Tecnópolis, se divierten con Juan Imedio y siguen creyendo que lo peor que le podría pasar a Andalucía es que al puño se le secara la rosa…

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