A Juan Carlos Aparicio
Pastora Pavón declaró en alguna ocasión que Lorca escribió un cante para ella. El poeta granadino de Fuente Vaqueros era un enamorado del cante de la artista sevillana de la Puerta Osario; escribió sobre ella cosas hermosas y alguna que otra fantasía, como la descripción de aquella fiesta en una tabernilla de Cádiz, en la que aseguraba que, con el duende abrasándole la garganta, la cantaora cogió una copa de Cazalla y se la bebió de un trago para apagar el fuego. Cuando Pastora leyó esto, dijo un tanto enfadada: “¡Hay que ver las cosas que escribe el gachó”, porque no bebía aguardiente, según su hija. Y se molestó, claro. Las famosas Lorqueñas que Pastora grabó en Barcelona en 1947 con Melchor de Marchena a la guitarra, es posible que se las diera Lorca, pero no todas las estrofas de esa bulería fueron escritas por el poeta, si es que escribió alguna de ellas. La famosa copla En lo alto del cerro de Palomares, hay un gañán arando con cinco pares, era un cante popular cántabro, del campo, si admitimos que la copla no se refiere a Palomares del Río, el pueblo de Sevilla donde me crié; y tampoco a la localidad almeriense de Palomares, sino al monte Palomares, de Álava. Se trata del monte más alto de la Sierra de Cantabria, desde donde se divisa toda la hermosa provincia alavesa. Tiene una altitud de 1.446 metros sobre el nivel del mar. Mal sitio para arar con cuatro pares de mulas, ¿no creen? En realidad, esta letra no es como la cantó Pastora, aunque es muy parecida. Lo hemos comprobado en una novela corta de Bersandín -seudónimo del conocido escritor Bernardino Sánchez Domínguez- que se publicó en El Imparcial de Madrid el 29 de noviembre de 1925, cuyo epígrafe era Velay o después de los toros:
…Y al mismo tiempo, se oía rechinar el palo del arado cuando el hijo de la tía Rosita, mano a la mancera, lo levantaba para hundir la reja en el nuevo surco y dar la vuelta.
Sonaba quejumbrosa una copla:
En lo alto del monte
de Palomares,
hay un gañán labrando
con cuatro pares…
Pastora decía cerro, en vez de monte, y arando, en vez de labrando. En esencia, es la misma letra, pero con esas pequeñas diferencias en sólo dos palabras. ¿Le gustó a Lorca, si es que leyó esta novela corta de Bersandín, la arregló y la hizo suya? ¿Se la dio a Pastora no como una letra suya, sino como una copla popular? ¿La adaptó La Niña a la hora de cantarla? Nos queda por saber si la copla alude al monte Palomares, en Álava, o al cerro Palomares, en Almería, pedanía de Cuevas de Almanzora, donde en 1966 colisionaron dos aviones norteamericanos y dejaron caer unas bombas termonucleares que obligaron a Fraga a bañarse en sus frías aguas para tranquilizar a los habitantes de esta localidad. Federico llegó a la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1919 y la abandonó en 1927. ¿Conoció Lorca a Bersandín en aquellos años, si es que llegó a conocerlo? ¿Leyó su novela en El Imparcial y le gustó esta copla? ¿La conoció el novelista a través de Lorca? Todo indica que se trata de una coplilla de temática del labrantío, del clopero tradicional cántabro, como, al parecer, apuntaron los hermanos Hurtado, como ocurre con Esquilones de plata, bueyes rumbones, cantada también por Pastora en las Lorqueñas, que, obviamente, eran o no eran de Lorca. ¡Pero hay que ver cómo las cantaba Pastora!
