A Manolo Ríos Ruiz
Interesante entrevista la que hemos localizado en La Voz, que Luis Bagaría le hizo al cantaor José Ortega Morales, el que fuera hijo del gran Enrique Ortega Feria, competidor de Silverio Franconetti y Curro Dulce. Enrique Ortega fue uno de los hijos de Enrique Ortega Díaz El Gordo y de Carlota Feria, de Cádiz. Se casó con Antonia Morales Fernández y en 1883 vivían en Sevilla, cerca de la Alameda de Hércules, con tres hijos: Rosario, Carmen y Rita, la que luego sería célebre por el remoquete de Rita Ortega La Morala. Rita tenía sólo ocho meses en esta fecha. José Ortega Morales aún no había nacido. La entrevista fue hecha el 17 de junio de 1922, con motivo del célebre Concurso de Cante Jondo de Granada. Es interesante porque da su opinión sobre muchos artistas a los que conoció, y de otros muchos a los que no alcanzó a conocer y de los que supo por su padre. Nos aporta datos muy valiosos sobre su abuela materna, Feliciana Fernández, al parecer, una saetera colosal. Y sobre nombres míticos como Curro Dulce, El Nitri, La Sarneta, El Mellizo y, sobre todo, Silverio, al que su padre consideraba el cantaor “más general por seguiriyas”, según este José Ortega. Todo un documento, del caricaturista Luis Bagaría, para que disfruten los gazaperos y las gazaperas:
CANTE JONDO
Hablando con un “cantaor” hijo de “cantaor”
Quiénes han sido y quiénes son los mejores para un profesional
La actualidad es tirana de los que vivimos entre periódicos, como es posible que se haya dicho ya alguna vez. Así es que a nadie que me conozca, podrá extrañarle que ayer, para sentirme lo más cerca posible del concurso de cante jondo, entrara a beberme unos chatos en el castizo colmado de Los Claveles. Bebí dorada manzanilla con el gusto y la emoción que me imponían las circunstancias y recordé y aun canté por lo bajito una copla que aprendí hace mucho en Barcelona, y que siempre, hasta ayer, había llamado seguidilla gitana, sin conocer mi sacrilegio:
Por una ventana
que ar campo salía.
Por ayí jablaba, mire, con la noya,
cuando yo quería.
Transportado idealmente al concurso de cante jondo, tropecé con los músicos ingleses que han asistido a él, y vibró en mí la cuerda internacional. Igual que había estado en espíritu con Granada, quise estar en espíritu con toda Europa, y pedí cerveza.
En esto me chocó la presencia de un personaje, que andaría alrededor de la cincuentena, alto, afeitado, moreno y dotado de la majestuosa serenidad que se encuentra fácilmente en la raza gitana. Hice una señal al camarero, que me contestó, sin meterse en más averiguaciones:
-¡En seguida se las llevo!
Cuando pude le pregunté quién era el personaje a que he aludido, y me dijo que un cantaor de fama; y ante mi deseo de ser presentado a él, le pidió que se acercase, diciéndole además que yo era periodista.
Amablemente se llegó a mi mesa el solicitado, quien, conocedor ya de mi propósito, y mirando a la columna de redondos fieltros que había delante de mí, me dijo:
-¡Por fuerza es usted ese don Nilo Fabra, que suena tanto!
Yo le aclaré que no era sino el más modesto discípulo de la persona que creía, y le expliqué que lo que deseaba de él era que me hablase del cante jondo, especialidad en que ya sabía que era maestro. Me contestó con voz reposada y acento andaluz:
-Yo no soy maestro, ni hay para qué hablar de ello. Maestro fue mi padre, Ortega. Su nombre lo recuerdan todos los aficionados. A él le oí decir (ya que quiere usted que hablemos de cante) que el cantaor más general por seguiriyas fue Silverio Franconetti, de hace ya cincuenta años. Pero hubo uno, Tomás el Nitri, que cuando quería era el amo. Le pasaba lo que a Rafael el Gallo, que no he de callar yo porque seamos primos: que cuando le entra la jinda no hay quien le vea; pero cuando él quiere… Así era el Nitri.
Se llevó mi interlocutor a los labios un chatito, en espera de que yo marcase con alguna pregunta el rumbo de la conversación, lo que me puso en un gran aprieto. Luego me hizo el incalculable favor de seguir:
-También es que entonces el cante no era tan comercial como ahora. Se cantaba más cuando se estaba de vena. No era cosa de teatro, como ahora.
-Entonces, ¿usted cree que ahora se canta peor?
-En esto del cante, señor, hay muchas maneras. La misma cosa la canta cada uno a su estilo, y todo está bien mientras no se pierda lo que el cante pide. Los payos, muchas veces, por hacer adorno, le quitan al cante su sabor. El gitano siente más el cante; por eso es mejor que el payo. Hay cosas que a los payos no les entran bien. ¿Usted conoce las cañas?
Comprendí que no se refería a las cañas que yo conozco, porque a mí ésas, aunque payo, me entran perfectamente, y me limité a contestar que había oído hablar de ellas.
-Diga usted conmigo-continuó- que nadie las ha cantado como Curro Dulce, de Cádiz. ¡Y había también que oír a Curro cuando se arrancaba por seguirillas! Diciendo malagueñas, pa mí, Enrique el Mellizo, y por alegrías para baile, el Quiqui y el Chato Granadino.
-¿Y por soleares?-pregunté, escarbando en lo más hondo de mis conocimientos flamencos, y creo que con algo de acento andaluz.
Una pausa, y mi buen amigo José Ortega respondió sin titubeo:
-Mercedes la Cerneta, la Cachuchera y Antonia la del Loro, la hija del Loro. Y en saetas, mi abuela, Feliciana Fernández, aunque esté mal el decirlo, y Chano Ortega. No deje de apuntar ahí a Juan Breva, con malagueñas y fandanguillos, que era lo suyo, y al Mellizo, con tangos.
-Y después de aquellos tiempos, ¿quién siguió?
-Después de Juan Breva vinieron el Perote, el Canario, el Fosforito…, buenos cantaores los tres.
-Y de la época actual, ¿quién le parece mejor?¿Quién canta mejor seguidillas, por ejemplo?
-¿Seguidillas? ¿Cómo seguidillas? ¡Seguiriyas, señor!
Retiro con el natural azoramiento la palabra molesta, y sigue benévolamente mi amigo:
-Pues ahora, por seguiriyas (recalca la palabra con intención, más que punitiva, didáctica), cogiéndole bien, Manuel Torres; después, Antoñito el Mellizo y Tomás, el hermano de la Niña de los Peines, y Clarito Mojama, y algunos otros. Como entendido, como catedrático del cante, tenemos hoy a Antonio Chacón, y es un gran aficionado por todos los cantes Diego Antúnez.
-¿Cómo me ha nombrado usted entre los modernos al Mellizo, si me lo nombró entre los antiguos?
-Es que los Mellizo son dos.
-¡Me lo figuraba!
-Enrique el Mellizo era uno, y Antoñito el Mellizo el otro. Eso lo sabe todo el mundo.
-¿Usted sabrá también de bailes?
-Algo se le entiende a uno, sí, señor, a qué negarlo. Pa mí, en el baile, lo mejor de lo mejor han sido el Raspao, el Pintor, Pamplinas, Rita Ortega, Josefina la Pitraca, la Mejorana, que era la madre de Pastora Imperio; Gabriela Ortega, que era madre de los Gallo; la Cuenca. Me parece –dice después de darme esta lista, con algún intervalo de nombre a nombre- que no será mucho bueno lo que me dejo.
Le pregunto entonces, para completar la información, qué me dice de tocadores de guitarra. Me contesta, siempre revelando una preferencia por los que fueron:
-Antiguamente, el maestro Patiño, Paco el de Lucena, Paco el Águila, y el Maestro Pérez, por alegrías para el baile. Más modernos. Javier Molina, Habichuela, Miguel Borrull, el Niño de Huelva, y Montoya.
No me resigno a separarme de José Ortega sin que me hable algo de sí mismo. Él, con exceso de modestia, se resiste, y cuando se decide, por fin, trata de ocultar los méritos que yo, después y por boca de personas entendidas, he sabido que tiene; pues José Ortega, en opinión de los inteligentes, merece un puesto entre los profesionales que él ha elogiado como buenos.
-Ya le he dicho antes –contesta a mi requerimiento insistente- que quien fue maestro de los buenos era mi padre, que compitió con Silverio y con Nitri. Si algo bueno tengo, es el haberme criado entre los mejores. Tengo dos cantes de mi propiedad, que parece que le gustan a la afición: Los ojitos negros y La máquina.
Sin duda también se ha asomado la ignorancia a mis ojos en este momento; lo cual, unido a mis deplorables confusiones con los Mellizo y con las seguiriyas, llevan a mi buen amigo a decirme, al tiempo que nos damos un cordial apretón de manos:
-¿Cómo es que no ha ido usted también al concurso de cante jondo?
LUIS BAGARÍA


