Archive for Diciembre 20th, 2009
A la memoria del Maestro
Nadie puede discutir la calidad que como cantaor tuvo Antonio Mairena, Ni que hizo mucho por el cante gitano-andaluz, como él lo llamaba. Nadie se atrevería a decir que no fue un revulsivo para el cante clásico, cuando en 1962 su amigo Ricardo Molina le dio la tercera Llave de Oro del Cante, después de un concurso diseñado para el maestro, aunque el tiempo le diera la razón al poeta pontanés, porque con Antonio se abrió una nueva e importante etapa de la historia del cante. Nadie, en su sano juicio, dudaría de las buenas intenciones de Mairena a la hora de escribir sus libros. Pero de lo que no tengo dudas, es que el cante flamenco es algo más que Antonio Mairena, que siempre lo ha sido y que siempre lo será. Y parece que no es así. Lo digo por el apoyo oficial de la Junta y otras instituciones públicas; por cómo el mairenismo aparta a quienes no son de la cofradía o por la forma en la que me miran los mairenistas cuando me ven entrar en el Festival de Mairena o en algún acto de ensalzamiento del genio. Cuando me vine a vivir a Mairena del Alcor, donde llevo ya cuatro años y estoy encantado, algunos maireneros me recomendaron por las buenas que tirara para otro lugar. Recuerdo que uno muy conocido y tan atrancado como están otros muchos mairenistas, me preguntó con gran curiosidad que por qué había elegido Mairena del Alcor para vivir. En broma, le dije que lo había hecho para predicar el marchenismo y se lo creyó. “Yo sabía que tú no habías caío por aquí por casualiá”, dijo. Me tiré al suelo de la risa, claro está. Hoy es uno de mis mejores amigos en Mairena del Alcor, donde, afortunadamente, disfruto del cariño de la mayoría de los maireneros que me conocen. Tengo que decir que el mairenero es afable, hospitalario, amigo de sus amigos y, por encima de todo, buena persona. Si hay un pueblo donde guste el cante grande, ése es Mairena del Alcor. Es el pueblo donde mejor se canta por soleá, por seguiriyas y por saetas. Gracias a Antonio Mairena, en parte. Aquí vivo, aquí estoy empadronado, aquí pago mis impuestos y aquí pienso acabar mis días, si no se encarta otra mudanza. No porque sea el pueblo de Antonio Mairena, sino porque me gusta la tranquilidad y la calidad de vida. Mairena del Alcor es, en este aspecto, el mejor pueblo de Sevilla. Así que si no les importa a los mairenistas de Mairena del Alcor, quiero que me consideren uno más de ellos. No un mairenero, porque para eso hay que nacer aquí. Ni un mairenista, porque no lo soy en el sentido de militancia que algunos le dan a esa lógica devoción por Mairena. Aunque, sinceramente, cada día que pasa me siento más un mairenero de corazón, de sentimiento. Sé que he podido ser duro algunas veces con Antonio Mairena. Con el mairenismo, un montón de veces, en ocasiones por desconocimiento, cuando empezaba a escribir de flamenco; en otras, por esa rebeldía incontrolada y esa manía mía de ir siempre contra el poder; y en muchas otras porque, sencillamente, era necesario serlo. Todo lo que haya escrito está firmado por mí y ahora no voy a negarlo, porque sería un cobarde. Como suelo repasar a veces lo que llevo publicado, aseguro con sinceridad que hay artículos de los que no me siento nada orgulloso, y muchos de ellos están dedicados a Mairena y al mairenismo. Pero son cosas que sentía en cada momento y por eso las escribí. Sin embargo, como sé pedir perdón se lo pido públicamente a quienes haya podido ofender con mis críticas. En primer lugar, al maestro. Les aseguro que de aquí en adelante, una vez dicho lo que necesitaba decir sobre mi relación con Antonio Mairena, estoy dispuesto a aprender de mis errores y a limar asperezas con los que adoran al genio de Mairena. Me esforzaré en no volver a herir sensibilidades, aunque tienen que tener en cuenta una famosa y afortunada frase de Don Antonio Mairena: “Dichosa la hora en que los flamencos tenemos derecho a crítica; porque antes, ni siquiera eso”. Los que quiera entender, que entiendan”.
No tags
