El día de la muerte de Antonio Mairena (el 5 de septiembre de 1983) lo recordaré siempre como uno de los más duros de mi vida. Estuve llorando dos horas seguidas, desconsolado por la pérdida del gran cantaor y el amigo, aunque la relación personal se hubiera enfriado. Me llamó a casa el entrañable cantaor aficionado Curro Vázquez, de Castilblanco de los Arroyos, ausente ya de este mundo, para irnos juntos a la capilla ardiente que se instaló en el Ayuntamiento de Mairena del Alcor. El ataúd estaba abierto y cuando pude ver la cara del maestro, con la cabeza ligeramente girada a la derecha y algodones en la nariz, se paralizaron mis músculos y me quedé inmóvil dos o tres minutos frente al cuerpo sin vida del gran cantaor. Cuando pensé que me caía redondo al suelo del impacto que me produjo la fúnebre estampa, alguien me cogió del brazo y me sacó del Ayuntamiento con la cara tan blanca como la cal de Morón de la Frontera.
Todo fue duro ese día, de una dureza extrema. Recuerdo que cuando sacaban el ataúd del Ayuntamiento con los restos del maestro, la Plaza de las Flores estaba que no cabía un alfiler y no se escuchaba una mosca. Con aquel silencio sepulcral que lastimaba, de entre el gentío se escuchó salir el homenaje desgarrador de un aficionado: “¡¡Adiós, fenómeno!!”. Juro que nunca había visto a tanta gente llorar a la vez. El féretro fue llevado hasta el camposanto con cientos de personas detrás y me coloqué al lado mismo del cortejo fúnebre, con Curro Vázquez y el compañero Alfonso de Miguel, que por aquel tiempo dirigía un programa de flamenco en Radio Triana. Ya en el cementerio, estuve en el momento en que se cerró la fosa que guardaba para siempre los restos del gran artista gitano, del cantaor que hizo posible que me gustara para siempre el cante grande.
Luego nos fuimos a la Plaza de las Flores a tomar unas cervezas y allí nos encontramos al mairenismo en pleno pensando ya en qué hacer para que el cante flamenco no volviera otra vez a estar como “en la ópera flamenca”, según palabras literales de un abatido Alberto Fernández Bañuls, que en paz descanse. Todos tenían una enorme preocupación de que se acabara el cante gitano, una vez muerto el maestro. “¿Tan poca confianza tienen en el poder de su obra?”, les pregunté a algunos amigos. Si después de un Chacón, un Manuel Torre y un Tomás Pavón, llegó Mairena, ¿por qué no podía venir alguien detrás de Antonio? Pues no. Los peces gordos del mairenismo no habían enterrado esa tarde sólo a su líder espiritual: habían enterrado al cante gitano. Y enterrado sigue, según estos mismos atrabiliarios de la cantelogía.
Cuando esa noche llegué a mi casa cansado y roto por el dolor me encerré en mi cuarto y, a oscuras, escuché algunos de sus discos y derramé las pocas lágrimas que me quedaban ya en el lagrimal. Para mí no se había muerto el cante: sólo el cantaor más grande que había conocido personalmente y el artista que me hizo amar a muchos de los cantaores y cantaoras que hoy amo. A Manuel Torre, por ejemplo. Antonio me preguntó una vez que si nunca había escuchado a Manuel Torre y le dije, aquella tarde en su casa, que llevaba en la bolsa un disco de él. “Escúchalo detenidamente, que como ese no ha habido nadie”, dijo emocionado. Lo escuché y, lo confieso, quedé decepcionado. Lo llamé y le dije que no me gustaba, que no entendía su manera de cantar. “¿Cuántas veces lo has escuchado”, me preguntó. “Sólo una vez”, le respondí. “Pues tienes que escucharlo hasta que se te meta dentro; entonces, se quedará a vivir en tus entrañas para siempre”. Y así fue. El genio de Jerez se me metió en mis entrañas y hoy soy un torrero empedernido.
A la mañana siguiente del entierro del maestro salí a comprar los periódicos y aún guardo todas las páginas que le dedicaron al luctuoso acontecimiento. En la misma carpeta donde guardo también las cartas que me mandó y un poema que le escribí a Antonio, el único que he escrito en mi vida, a parte de un soneto que le dediqué a la bailaora Milagros Mengíbar en un homenaje que le dieron en la Semana Flamenca de Paradas. El poema a Mairena es inédito y seguirá guardado en esa carpeta, porque creo que no tiene calidad para ser publicado.
CONTINUARÁ…

