17
Dic/2009

Todo un cacho de pan

Mi hermano Quico Pérez-Ventana

Mi hermano Quico Pérez-Ventana

A su compañera Pilar

He tenido la gran suerte de encontrarme con muchas personas a lo largo de mi vida que me han ayudado a ser lo que he querido ser. Podría citarlos a todos pero no tendríamos espacio en toda la red. Hoy quiero referirme, gazaperas y gazaperos, quizás a mi mejor amigo desde hace muchos años. Y en cierto sentido, además de amigo, es uno de mis maestros, a pesar de ser mucho más joven que el discípulo. De periodismo me ha enseñado muchas cosas, aunque lleve años más preocupado por mi frigorífico que por mi sintaxis. Me pide que sea honrado y objetivo, pero que no descuide la nevera. Es el mismo consejo que me da siempre mi madre y el que seguramente me daría mi padre de vivir todavía. Eso demuestra lo que me quiere este hermano del alma y, sin embargo, amigo y, sin embargo, compañero. Además de enseñarme a ser periodista lo que sé de pesca deportiva se lo debo también a él. ¡Cuántas pescatas juntos! Igual que a Franco le ponían las truchas en el anzuelo para subirle la autoestima, este amigo ha hecho lo mismo conmigo, pero con las carpas y los barbos. Su mejor captura es siempre la mía, de la que más presume. No he olvidado aún cuando en un pantano de Extremadura cogí una carpa royal de once kilos y me obligó a fotografiarme con ella dándole un beso en la boca. A la carpa, aclaro. Después, como mandan las reglas de la pesca deportiva, la captura la devolvimos al agua sana y salva. A lo mejor, quién sabe, aún me echa de menos. Lo digo por lo del beso, je, je. Mi amigo es un pescador deportista y un ecologista insobornable. Tanto le gustan los animales, que una noche que pescábamos en el Castillo de las Guardas se empeñó en que les cantara unos martinetes a los mochuelos mientras se hundían nuestras boyas. Creo que él se emocionó con mi voz mairenera, pero me han dicho que no han vuelto a picar las carpas en ese pantano y que los mochuelos de la zona han emigrado también. Y es que se empeña siempre en ponerme en verdaderos apuros, como cuando una noche, en la puerta del Museo de Caza y Pesca de Minich, en Alemania, quiso que le cantara una saeta de Vallejo a un jabalí de bronce que había justamente en la entrada del museo. Le di el capricho, como de costumbre, canté la saeta al jabato a diez grados bajo cero, y cuando nos dimos cuenta había un alemán aplaudiendo en germano: plof, plof, plof. ¡Menudo éxito! Lo malo fue que a la mañana siguiente, el jabalí, seguramente temiendo que apareciéramos por allí otra vez con la merluza, se despidió del museo y ahora campa a sus anchas en Cazalla de la Sierra, donde da cursos de alemán a sus congéneres. Estas son algunas de mis vivencias con este amigo que hoy cumple 40 años y que lo estará festejando con su adorable familia. Son los 40 años mejor aprovechados por un ser humano, y nunca mejor dicho porque mi amigo es de los que dignifican a la especie. Se llama Rafael y todos sus amigos le llamamos Quico. Cuatro décadas siendo un cacho de pan. Feliz cumpleaños.

8 thoughts on “Todo un cacho de pan

  1. Quico Pérez-Ventana

    Así que ‘Quico, envíame una foto tuya para mi archivo fotográfico’, ¿eh? ¡¡Canalla!! Manolo, esto me ayudará a superar la crisis de los 40: será verdad que he aprovechado bien estos años si cuento con la amistad sincera y desinteresada de alguien como tú. Lo cierto es que es la felicitación más bonita que he recibido nunca por mi cumpleaños. Viniendo de ti no es una novedad, porque muchas de las cosas más hermosas que me han ocurrido en estos 40 años –al menos en los últimos 20, que eso hace ya que coincidimos en la sección de cultura de El Correo– han sido a tu verita. Sí, me preocupo por tu nevera porque te he visto pasar alguna que otra pena penita pena, que hasta para eso eres flamenco, y gruñirle a la mano que te podía sacar del trance, como hacía tu abuelo cuando alguien le daba un cariñito. Sabes que cuando te digo que no le des tanta caña al director de esto o a la consejera de aquello, que eso no beneficia a tu frigorífico, lo que quiero decir en el fondo es que admiro con todo mi corazón tu querencia a correr libre como los gazapillos de Arahal, además de esa virtuosa prosa que te gastas, aunque la uses para sacarme los colores. Y sí, en unos días celebraré mi cumple con mi “adorable familia”. Tu silla es la que está reservada para los hermanos. Confío en que siempre pesquemos juntos en las riberas de la vida. Y gracias también por dedicar estas líneas a mi querida esposa.

    PD: Lo de Munich en el 95 no sé yo. Para mí que cantarle a aquel jabalí de bronce fue por tu propia iniciativa…

  2. Antonio Ortega

    ¿Puedo interrumpiros en pleno cortejo? Sólo quiero felicitar a ambos. A uno por el blog, a otro por el cumpleaños, y a los dos por las cosas que escribís. ¡Me sumo al romance!

  3. lagazapera

    Gracias, compañero. A ti también te quiero, Antonio, por ser amigo de tus amigos y tan buen periodista. Te agradezco que sigas este blog tan querido ya por tantos flamencos y no flamencos. Espero que te vaya todo lo bien que mereces.
    Un abrazo.

  4. MªLuisa

    Yó como buena Flamenca ,también me uno a las felicitaciones a tu amigo “Quico”, larga vida a vuestra amistad.
    Un abrazo sentiíto y jondo para los dos.
    PD:y lo siento por “Quico ” que le haya caido una crisis encima de otra,jajajajaaja.

  5. lagazapera

    Qué buen humor, María Luisa. Sigue así. Eres una mujer feliz, sin duda. Cuando yo cumplí los cuarenta años pensé que entraba en el preámbulo de la vejez. Sin embargo, el día 11 de enero cumpliré 52 años y me siento más joven que entonces. La verdad es que aparento menos años de los que tengo, como le ocurre a Quico, que aperenta unos 30.
    Un beso, amiga.

  6. lagazapera Post author

    El flamenco da vida, es una terapia contra el desánimo y los males de la vida. En una pcasión vi bailar a Juana la del Pipa, la madre, la abuela de Antonio el Pipa, y me quedé maravillado de cómo volaba por el escenario, con lo mayor que era y sus muchos achaques. ¡Fue un milagro!
    Felices seños.

  7. Pingback: Mi amigo Manolo Bohórquez | Cabalmente

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