A la memoria del Maestro
Los que conocían mi casa de Palmete –el gran escritor sevillano Paco Robles, por ejemplo–, sabían que mi habitación era un museo de Antonio y de todos sus maestros, como fueron Pastora, Joaquín el de la Paula, Tomás, Manuel Torre, etc. Aunque lo presidía todo una gran fotografía de El Carbonerillo, el cantaor de mi vida. Con Paco Robles estuve escuchando una conferencia de Antonio Mairena en la Peña Niño Ricardo, de Sevilla –creo que en 1978–, cuando estaba en la Cuesta del Rosario. Fue el día que nos dio su tarjeta de visita a los dos, porque le sorprendió que unos adolescentes tuvieran tanto interés en el cante y, sobre todo, en su cante y en su obra. Pero ya ese mismo día le preguntamos algo que pilló desprevenido al maestro: “Don Antonio, si hay gitanos en todo el mundo, ¿por qué sólo cantan flamenco los gitanos andaluces, sobre todo?”. Respondió como pudo hablando de la “levadura gitano-andaluza” y esas cosas tan suyas. ¡Menuda preguntita!
Mi relación con Mairena era cordial y nos saludábamos donde nos encontrábamos. En una de sus cartas me decía que yo era “un tesoro de este tiempo”, por defender el flamenco auténtico siendo tan joven. En 1981 comencé a colaborar en un programa de radio, Lo Nuestro, dirigido por el periodista sevillano Bernardo Gómez en Antena 3. Antonio escuchaba el espacio y alguna vez elogió mi labor en él. Hasta que un día dije en antena que el cante flamenco era algo más que Antonio Mairena. ¡Es que yo decía unas cosas…! Lo solté sin malevolencia, sólo para elogiar a los demás cantaores y cantaoras. Y, claro, decir eso en Sevilla con Antonio vivo y los mairenistas cabreados y controlándolo todo, era jugársela. Fue como ofender a Dios en la España de la Inquisición. El gran Paco Vallecillo me estuvo riñendo y Antonio, en uno de sus últimos recitales en Sevilla, cuando me acerqué a saludarlo, en seguida supe que no quería congratularme. “Has cambiado mucho”, me dijo con gesto serio. Creyendo que se refería al físico, porque llevábamos meses sin vernos, le dije que, en efecto, unas fiebres terribles le habían dado media cuarta más a mi ya espigado cuerpo. Me miró y supe que se refería a otro cambio. Entendí perfectamente que ya no éramos amigos y esa noche me fui a mi casa absolutamente hundido.
El maestro había soltado de su mano al discípulo sin darle siquiera una mínima explicación. Éste, y no otro, es el motivo de que no ingresara en la cofradía mairenista, con lo que eso significaba, porque siempre me he sentido discriminado por el mairenismo, o sea, por el poder del cante jondo. Ningún movimiento flamenco ha tenido la fuerza de éste; es el poder absoluto, está en las instituciones, en las peñas y en los medios de comunicación. En todas partes. Un conocido y poderoso mairenista quiso echarme de El Correo de Andalucía, aun sabiendo que era lo más importante de mi vida –además de mi sustento–, para colocar a un crítico afín a la célebre cofradía, cuyo nombre no hace falta decirlo. Evidentemente, el hombre fracasó en su empeño. Es curioso, pero este señor fue vallejista antes que mairenista. Antonio Mairena tuvo siempre una gran destreza para llevar a su terreno a aficionados que pudieran ayudarle, lo que demuestra su inteligencia.
El almeriense Lucas López, otro gran mairenista, al que el maestro llegó a entregarle la Orden Jonda del Mairenismo, era un convencido marchenista antes de ser mairenista, según me contaron hace poco en Almería. Esto no lo cuento como crítica, como reproche, porque las personas evolucionamos y podemos cambiar de gustos según lo que vayamos descubriendo. El otro día me decía un gran aficionado y seguidor de Mairena, Ramón Soler, que a Antonio le gustaba cantar rumbas de Las Grecas, cuando estaba de fiesta. A él se lo contó un compadre del maestro. Y a mí me dijo una vez Antonio que le gustaba cantar la canción española; de hecho, adoraba a Juanita Reina y a otras canzonetistas. El hecho de que fuera un cantaor tan puro y con la responsabilidad gitana tan desarrollada, en ningún momento le impidieron amar a otras músicas y admirar a otros artistas.
CONTINUARÁ…



