Archivo del 29 de Octubre de 2009

Canal Sur no entra en el compás

A Antonio Ortega, por su tesón

Canal Sur Televisión sigue sin acertar a la hora de crear un programa de flamenco. La productora de Ricardo Medina, la misma que hace el espacio Andaluces por el mundo –buen programa éste, por cierto­–, elabora Flamenko, que no hay por donde cogerlo y que no han puesto en manos de un experto o experta. Según me comentó Mar Barrera, su directora, antes del estreno del programa, el espacio quiere captar a los jóvenes y, por lo que venimos viendo, lo van a hacer confundiéndolos porque se ocupan de grupos y solistas que de flamencos no tienen nada; de romerías, mercadillos y ferias. ¿Tan difícil es hacer un buen programa de arte jondo en Andalucía? Entenderíamos que esto ocurriera en la comunidad valenciana o en Finlandia, pero no en la tierra del arte de Silverio y La Macarrona, en la que hay grandes especialistas, sean o no militantes o simpatizantes del perol de marras.

Todo esto lo digo con propiedad porque una reportera de este programa me hizo una entrevista en la Alameda Hércules para hablar de la Niña de los Peines y sólo me preguntó nimiedades, porque no tenía idea de flamenco ni de quién fue la cantaora sevillana. Para colmo, cuando acabó la entrevista, y no antes, esta misma reportera me quiso hacer firmar un contrato para poder emitir la entrevista, en el que puede leer que podían utilizar el vídeo absolutamente para todo: cesión a terceros, edición en todos los formatos, etc. Esto después de que yo tuviera que hacer con mi propio coche cincuenta kilómetros para ir desde Mairena del Alcor a la Alameda de Hércules y de que no me invitaran ni a un café. Así es como trata el flamenco Canal Sur. Si lo comparamos con el toreo, los flamencos perdemos por goleada. Pero, claro, aquí no pasa nada. ¿Saben cuántas cartas se recibieron de queja en Televisión Española por no tratar bien el flamenco, desde 1970 hasta el 2000? Ninguna. Lo mismo ocurrirá en la televisión autonómica, La Nuestra. O sea, la de ellos. ¿Tenemos lo que nos merecemos? Ni mucho menos, pero es lo que nos dan y no pataleamos.

Menos mal que algunas televisiones locales no lo hacen mal y nos ofrecen espacios muy respetables. El programa de Giralda Televisión, que dirige el sevillano Antonio Ortega, es magnífico porque no es nada tendencioso y tiene una base periodística importante. Sin apenas medios, es para quitarse el sombrero. Nos lo quitamos. A compás, claro. De paso, para celebrar también el Ondas que le han dado al canal de flamenco que Canal Sur Radio ha creado en Internet.

¡Callarse por un momento! Ha muerto Bernarda

A Manolo Peña Narváez, gitano de Utrera

La localidad de Utrera se está quedando como un solar. Hoy ha muerto la entrañable Bernarda Jiménez Peña, la reina de la bulería, del cuplé a compás y el sabor a vino de bota centenaria. Esperábamos el fatal desenlace, por sus años y delicada salud, pero la noticia nos ha cogido distraídos y ha sido un auténtico mazazo. Otra gran figura que se nos va a ese lugar donde la diferencia no la marcan los hombres, sino el frío mármol que los arropa. Como esto siga así habrá que plantearse muy seriamente irse pronto al lugar donde van los flamencos, donde ya están Mairena, Camarón, Valderrama, Fernanda, La Paquera, Gaspar, Chocolate y tantos genios que nos hicieron la vida agradable con sus cantes cargados de emoción. Y no sólo eso: con todos ellos vivimos momentos entrañables, unas veces como espectadores y otras como compañeros de viajes y juergas.

A Barnarda de Utrera tuvimos la oportunidad de verla cientos de veces en los escenarios, y también de vivir junto a ella y su hermana, la gran Fernanda, algunos momentos inolvidables. Por eso duele tanto esta muerte, la de una cantaora que nació con los dones de la gracia, el compás y la emoción. Bernarda de Utrera se ha muerto, y nos parece mentira que esto haya pasado. Pero ha pasado. Menos mal que los flamencos no se mueren nunca del todo, como no se mueren los pintores y los poetas. De hecho, ahora mismo la estoy escuchando cantar y juro que estoy escribiendo este artículo en un estado de emoción en el que un nudo en la garganta no deja pasar el aire. Si Bernarda no hubiera grabado discos y no hubiera ni un solo vídeo en el que pudiéramos verla cantar y bailar, esto sería muy duro y difícil de sobrellevar.

Bernarda Jiménez Peña, Bernarda de Utrera, recibió su primer beso de luz en esta localidad sevillana el 3 de marzo de 1927. Tenía 82 años. Era hija de José el de Aurora y la Chacha Inés, dos gitanos cabales, dos andaluces auténticos y humildes. Nieta de Pinini, cantaor no profesional pero fundamental en el mundo del cante gitano de Sevilla, desde muy niña vivió en su propia casa el ambiente flamenco y sabía cantar y bailar cuando apenas era capaz de hablar correctamente. En su casa no querían que fuera artista, pero había nacido con el don y acabó cantando y bailando en los tablaos y en los festivales de verano. Sin separarse nunca de su hermana Fernanda, la cantaora más jonda de la historia, que se nos fue en 2006 dejando huérfana a la soleá.

Bernarda era capaz de cantar cualquier cosa, cualquier cante, pero fue genial en la bulería y por este palo era capaz de meter a compás los cuentos de Calleja. Se han dado casos parecidos, como el de Paco Toronjo en los fandangos de Huelva o el de Bambino en la rumba. Pero Bernarda era la bulería, algo que no podía separarse, una relación perfecta de convivencia artística, como el aire y el pájaro, como el pez y el mar.

Se ha ido porque tenía que irse, porque es ley de vida, pero se ha llevado con ella el orgullo de haber sido grande del cante y artista reconocida por todo el mundo. Entre sus premios más conocidos, el de Córdoba de 1957. Tenía 30 años y acababa de hacerse profesional. Fue nombrada Hija Predilecta de Utrera en 1994 y este mismo año recibió la Medalla de Plata de Andalucía. También era Hija Predilecta de Sevilla y recibió en 2005 la Medalla de las Bellas Artes.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, una cantaora tan auténtica, que cantaba con la misma facilidad con la que los rayos del sol atraviesan la espesa niebla de las mañanas de invierno en la Campiña sevillana.

¡Callarse por un momento! Ha muerto Bernarda de Utrera.