Archivo del 25 de Octubre de 2009

Nostalgia de Ávila

A Jesús y Merce, de Piedrahíta

Cuando en uno de los debates televisados de Zapatero con Rajoi el candidato socialista dijo que en esta legislatura íbamos al pleno empleo y estamos en una crisis económica que no se la salta un galgo, la verdad es que nunca pensé que me iba a quedar este año sin chuletón de Ávila. Le puedo perdonar a Zapatero cualquier cosa: la inyección de dinero a los banqueros, con lo que mangan; sus improvisaciones por bulerías fuera de compás y el hecho de que se haya nombrado a sí mismo ministro de Deportes, en vez de ministro de Trabajo, je, je. Está claro que no soy muy zapaterista, pero después de que me haya dejado este año sin la chuleta de Ávila, confieso que veo al de los bumeranes encima de los ojos y me dan ganas de irme de España y pedir asilo político en Triana. ¿Cómo le haría entender a Zapatero lo que significa para mí la Semana Flamenca de Ávila? Lo de menos es el flamenco; lo que de verdad me lleva a la mágica ciudad amurallada es su inmensa paz, su ternera roja y el vino tinto. Tanto se me abre el apetito en la tierra de Santa Teresa, que mientras  me preparan el cochinillo asado en El Rastro suelo pedir una chuleta de vaca como entremés. Mi récord está en tres chuletones en un solo día, y ese funesto día estuve a punto de estirar la pata. Al mediodía me zampé el primero en el mesón que tienen los padres del Chava Jiménez, el gran ciclista de Banesto, en la localidad de El Barraco; en la cena devoré el segundo, algo más pequeño, pero la pieza, como me dijo Chano Lobato, era de grande como un disco de Sabicas. Como si hubiera cenado un huevo pasado por agua, subí a la habitación y me eché a dormir. Al rato me veo bajando a la cocina del hotel Cuatro Postes a pedir el tercero, que engullí de una manera salvaje. Y ese fue el que me sentó como un tiro. Entré en el cuarto de baño para soltar lastre y observé estupefacto cómo salía menudo de Capote del desagüe de la bañera y espeso chocolate del grifo del lavabo. Estaba en medio de una horrible pesadilla gastronómica cuando zamarrearon mi cuerpo en la cama; era una camarera ofreciéndome el desayuno que alguien había pedido para darme la puntilla: dos huevos fritos con papas revolconas y chicharrones. A pesar de todo, odio a la crisis por ser la culpable de que me haya quedado sin ir a la Semana Flamenca de Ávila.

El Loco Mateo también era torero

A Barbadillo, atizador de indocumentados

La revista El Toreo, que se editó en Madrid desde 1874 a 1927, se ocupó de informar de una novillada que tuvo lugar en Málaga el 15 de diciembre de 1878. En ella tomó parte el célebre cantaor Mateo de las Heras, Loco Mateo, seguiriyero de Jerez de la Frontera. Es un verdadero hallazgo, porque nunca se había publicado, al menos que nos conste, que El Loco fuera también torero –o que toreara–, aunque no destacara demasiado en el oficio de Curro Cúchares. De hecho, en esta novillada mordió la arena varias veces y no fue capaz ni de matar a la vaca:

La corrida verificada el domingo 15 en Málaga, disgustó a todos los asistentes. El cantaor Mateo de las Heras, que debía matar la primera vaca, fue revolcado varias veces, y por fin se vio obligado a despachar el bicho “el Hortelano”, que figuraba como auxiliador de la gente de cante.

Cortés, que debía matar la segunda vaca, dio un sinnúmero de pinchazos, acabando por aburrir al público y a la res, que se murió del disgusto.

Se lidiaron dos vacas por haberse escapado los dos novillos que había preparados para la función. La entrada muy floja.

El Toreo, 23 de diciembre de 1878

Esto tiene toda la pinta de ser una corrida de toros de flamencos, que eran frecuentes. Al Chato de Jerez también lo encontramos toreando en Madrid junto a otros artistas notables del flamenco de finales del XIX. En esta misma corrida del Loco Mateo toreó también Cortés, que era, seguramente, el también cantaor Juan Cortés, del Puerto de Santa María. Y en Sevilla se celebró una corrida para promocionar el Café Silverio, organizada por el propio Franconetti, en la que toreó una vaca hasta el gran cantaor malagueño Juan Breva.

El Loco Mateo, quien según el investigador jerezano José Manuel Barbadillo, se llamó Mateo de las Heras Carrasco Vargas y nació en la calle Marqués de Cádiz, del Barrio de Santiago, el 2 de febrero de 1839. Era nueve años más joven que Silverio Franconetti, con el que alguna vez se midió en seguiriyas y soleares. Don Antonio Chacón lo comparó con el genio sevillano en cuestiones de fama, cuando en una conocida entrevista dijo que en sus años mozos sólo se hablaba en Jerez de Silverio, Curro Dulce y el Loco Mateo.

En cuanto a la fecha de su muerte, José María Castaño (De Jerez y sus cantes, 2007) apunta 1887 como posible fecha de su óbito. No queremos discutir esa fecha, pero en 1889 aparece un torero en La Unión de Montevideo, lidiando junto al joven valor Antonio Ortega El Marinero –sobrino de Enrique Ortega Díaz, uno de los hijos de su hermano Lillo–, al que llaman El Loco. En ningún momento se dice en El Toreo que sea jerezano o cantaor, pero podría tratarse del seguiriyero del Barrio de Santiago. Aunque en aquellos años había un torero en Cádiz, Juan Villegas El Loco, que podría ser éste perfectamente.