La Gazapera | El blog de Manuel Bohórquez

Archive for Octubre 8th, 2009

Oct/09

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El milagro de la bata de cola

A Paquita Godoy, por su lealtad

Cuando decidí ser crítico de flamenco me propuse, como compromiso ineluctable, dejar los sentimientos a un lado, evitar enamorarme al precio que fuese de una cantaora o de una bailaora. No era nada fácil porque soy enamoradizo. Cuando era adolescente me enamoraba hasta tres veces al día, algo francamente agotador porque, con lo esquivas que eran las muchachas de antes y mi nula habilidad para declararme por lo de la maldita timidez, el deseo tenía que resolverlo como se solventaban antes estas cosas: no haciéndoles caso a los curas ni a las madres, aun corriendo el riesgo de quedarnos tontos. Tengo que reconocer que durante años estuve enamorado de una bailaora sevillana que mueve la cola -la bata- como Velázquez movía los pinceles. No sé si era amor de verdad o una atracción física tremenda, pero la veía bailar y me salían chispitas de los ojos y fuego de las entrañas. Es una morena de las de antes, una hembra de una vez, como serían en su tiempo La Carbonera, Enriqueta la Macaca o La Robles. Pero, claro, ese sentido mío de la ética tan desarrollado y el inconveniente de ser un cobarde, evitaron que pasara lo que probablemente hubiera ocurrido si hubiera tenido el valor suficiente para declararme a ella y liar la marimorena enredados en su bata de cola. Nunca lo he hablado con ella, y será difícil que lo haga algún día, porque ya dejaron de salirme chispitas de los ojos cuando la veo bailar y no me arden las entrañas cuando me mira con sus ojos de color azabache. Aunque me sigue gustando su baile y me moriré con ese gusto. Sólo me cabe una duda más que razonable. ¿Sentiría ella lo mismo que yo? Lo digo porque, cuando bailaba y mi butaca estaba cerca del escenario, su bata de cola siempre volaba hacia donde yo estaba y sus manos parecían querer acariciarme siempre el pelo. De este amor frustrado sólo queda un soneto que un día le dediqué en un homenaje que le tributaron:

Sueño con mecer junto a mi pecho

tu vetusta estampa de trianera castiza,

y esa cabeza de gitana blanca, y esa

tu belleza humilde que estimula el embeleso.

Y a tu lado tener como único lecho

el río que con tu baile identifico,

con su murmullo de crótalos y seguiriyas,

con su saborcillo de albures y pan frito.

Deja tu ventana abierta y baila, ¡oh milagro!,

que mis ojos vean la maravilla

del cimbrear de tu talle quebrado

bajo el venusto limbo de Sevilla.

Dime dónde bailas cuando sueñas, ¡oh milagro!,

que quiero estar en tus sueños.

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