A Manuel Gerena
Los sindicatos se apresuraron a convocar una huelga general por los recortes de la derecha antes de las elecciones andaluzas para influir sobre todo en su resultado, que ya saben cuál fue. Ahora, con la madre de todas las izquierdas gobernando en coalición en Andalucía, ahí están los recortes a los sueldos de los funcionarios e interinos y la subida de impuestos. ¿Convocarán ahora los sindicatos una huelga general en Andalucía? Está claro que no. Como mucho organizarán algunas manifestaciones para no dar demasiado el cante. ¿Qué dirán de estos ajustes el que luce relojes de lujo en las ruedas de prensa y el que, al parecer, se compró un piso de protección oficial sin ser un mileurista? O sea, Méndez y Toxo, los manijeros de los dos sindicatos mayoritarios de nuestro país. Esto me recuerda una simpática anécdota del padre de Manolo Caracol. Estando un día en Sevilla preparado para cruzar un paso de peatones, comenzó a discutir de cante con un amigo. Se paró a su lado un camión y, como suele ocurrir cuando un camión se detiene, expulsó los gases por el tubo de escape emitiendo un sonoro pissssss. Manuel el del Bulto, que así llamaban al padre del genio de la Alameda, como tenía tanta gracia, le dijo al camión: “Po no me callo porque no me da la gana, esaborío. Además, los cohones en Despeñaperros”, en clara alusión al trabajo que les costaba entonces a los camiones subir por aquellas cuestas. Eso les digo yo a los sindicatos: los cohones, ahora, en Andalucía. O sea, en los morros de Griñán y Valderas. El vicepresidente rojo ya habla como Rajoy: “Las medidas tienen una gran dosis de injusticia. Ha sido una decisión importante, dolorosa, necesaria e imprescindible”. ¿Les suena de algo?
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Aquella amarga historia de amor entre Pastora Imperio y Rafael el Gallo
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A Milagros Mengíbar
Con el dinero que lleva gastado Canal Sur Televisión en la serie Arrayán y en pagar a los “asesores” que han tenido que enchufar por orden política -alguien debería investigar esto último, por cierto-, se podrían haber hecho diez buenas series sobre diez grandes artistas andaluces del flamenco, la copla, el toreo, el cine o el teatro. La vida de la gran Pastora Imperio, por ejemplo, sería una serie que batiría todos los récords de audiencia. Pastora Rojas Monge, bautizada como Pastora Imperio por Jacinto Benavente cuando la vio bailar en Madrid la primera vez (“Esta Pastora vale un imperio”), era de la sevillana calle Confitería, del número 52, donde vino al mundo el 16 de abril de 1885. Nació, pues, en la Alfalfa y a escasos metros de donde lo hicieron Silverio Franconetti y el torero El Espartero. Su madre, Rosario Monge Monge La Mejorana, quizá la mejor bailaora de Cádiz de todos los tiempos, se afincó en Sevilla siendo una adolescente para bailar en los cafés cantantes más célebres de la época, como fueron los de El Burrero y Silverio. La Mejorana era una muchacha tan guapa que mareaba al mirarla, con unos ojos hermosísimos y una figura sin parangón entre las bailaoras de entonces, la mayoría de ellas rollizas. Nada más bailar en El Burrero por alegrías, con aquellos meneos de caderas que dicen que regalaba a los clientes y un movimiento de brazos desconocido hasta entonces en Sevilla, dos apuestos sevillanos se propusieron conquistarla: el torero Fernando el Gallo y el sastre Víctor Rojas. Fue el sastre quien acabó conquistando a la guapa bailaora, aunque dicen las lenguas de doble filo que antes fue amante del padre de Joselito el Gallo. Lo cierto es que La Mejorana y Víctor Rojas comenzaron una relación y que de ese romance, que fue muy sonado en la conservadora Sevilla de entonces, vino al mundo Pastora Rojas Monge, la universal Pastora Imperio. Fue hija de padres solteros, aunque algunos insistan en que el sastre y la bailaora estaban casados cuando nació Pastorita. No lo estaban. Y no es que tengamos nada en contra de los padres solteros, sino que no se puede ocultar nunca la verdad.
El famoso sastre de toreros enamoró a la bailaora gaditana y ambos fabricaron a la hermosa niña de los ojos verdes, seguramente en una noche de pasión desenfrenada, pero luego no se casó con ella. De hecho, en un padrón de vecinos aparecen viviendo juntos en el domicilio familiar del sastre, constando la célebre artista como miembro del servicio doméstico. Al sastre le daba vergüenza hacerla su esposa, decirle a Sevilla que era la mujer de su vida, la madre de su hija. En otro padrón, de 1895, están viviendo en solitario Víctor Rojas y Pastora Rojas Monge, rezando él como soltero. Pastorita tenía ya 10 años. La Mejorana vivía separada de los dos, ocupándose de su otro hijo, Víctor Rojas Monge, el que luego sería gran guitarrista. La relación entre el sastre y la bailaora no fue precisamente un lago en calma, sino un mar embravecido. Emigrar a la capital de España fue una buena manera de comenzar a ser una familia unida. La Mejorana había visto bailar a su niña en fiestas y no se lo pensó dos veces. Se instaló en la calle Aduana, encima de la academia de Isabel Santos, y allí empezó todo. Por otra parte, al sastre le diagnosticaron un tumor que solo en Madrid podría tener arreglo. Y así fue como hace más de ciento diez años aterrizó Pastora Imperio por la capital de España para, en seguida, abrir una nueva etapa para el baile andaluz y para el flamenco en general. Llegaron los éxitos, el dinero y la fama. Y también el amor. Cuando Pastora tenía 19 años y era uno de los seres humanos más bellos del mundo, una tarde conoció a Rafael el Gallo en el Café Novedades de Sevilla y hubo un gran flechazo entre el torero y la bailaora. La Mejorana se atacó de los nervios porque, entre otras razones, sabía de quién era hijo el joven y apuesto matador de toros que bebía los vientos por su niña.
Hubo disgustos familiares y habladurías en Sevilla para parar un barco, pero Rafael el Gallo y Pastora Imperio se habían enamorado y se escaparon a Madrid para hacer sus vidas, para dar rienda suelta al desenfreno, a la pasión, como años antes hicieron Fernando el Gallo y Gabriela Ortega Feria ante la negativa de los Ortega de Cádiz a que unieran sus vidas. La Mejorana, que era de armas tomar, se montó en un tren y organizó la boda de los enamorados, a pesar de la enfermedad de Víctor Rojas. El alarmante estado de salud del cabeza de familia hizo que se anticipara el enlace llevándose a cabo sin invitados ni boato alguno en la capilla reservada de la madrileña Parroquia de San Sebastián, con el torero Minuto como padrino y La Mejorana como madrina, y algunos familiares. La mayoría de los periódicos y revistas del país se hicieron eco de la boda entre el torero y la folklórica, celebrada el 20 de febrero de 1911. Sin embargo, y aunque no se acabó el amor en la pareja, a los pocos meses llegó la inesperada separación y cada uno hizo su vida. “Aquello fue como una borrasca”, declararía la artista sevillana años después a El Caballero Audaz.
Hay quienes dicen que nunca se dejaron de amar, que se quisieron toda la vida, que se les cambiaba el color de la cara cuando se encontraban en alguna fiesta o teatro. También dicen las malas lenguas que se separaron cuando descubrieron que eran hermanos de padre -hijos de Fernando el Gallo-, pero son solo habladurías del pueblo. Los terribles celos del torero, quizá una pasión mal controlada, las rarezas del genio y la enorme personalidad de la bailaora dieron al traste con una de las historias de amor más amargas de Sevilla, la que protagonizaron hace un siglo un torero de arte, Rafael el Gallo, y una bailaora con los ojos verdes que hablaba con Dios cada vez que se enfundaba una bata de cola y levantaba los brazos hasta rozar el piquito de la Giralda con las yemas de sus dedos. Y Canal Sur gastándose nuestro dinero en Arrayán. Andalucía no tiene arreglo.
A Rodrigo Rata
Se está hablando y escribiendo tanto sobre la necesidad de crear bancos malos para el asunto de los activos tóxicos (activos inmobiliarios “problemáticos”), que puede parecer que los demás bancos son buenos. Y un jamón. Cuando hace años estaba terriblemente tieso -ahora solo estoy tieso, a secas-, el director de Unicaja me veía atravesar la puerta de la sucursal y ordenaba que me echaran un cubo de agua hirviendo. Cuando me cambió la suerte y junté unas pesetillas, cada día me llamaban para que invirtiera en lo que fuera. “Don Manuel, pásese por la oficina que tenemos una buena noticia para usted”, me decían. Me propusieron una vez que metiera dinero en una próspera empresa de enderezar pestiños, cuyos beneficios consistirían en llevarme a casa todos los pestiños que se quebraran. Lo hice, claro, pero se rompían tantos que agarré un atasco de mil demonios: solo me alimentaba de pestiños y mosto de Bollullos. Lo del mosto era para largar los activos tóxicos, como habrán supuesto. Y ahí acabó mi dulce y fugaz carrera como inversor financiero. Hay que crear un banco bueno, una entidad financiera que no crea solo en los que tienen dinero, sino en los que estamos tan tiesos como la mojama. Hay un pesimismo generalizado en la banca del país y así es imposible que salgamos de la crisis. Aunque si tuviera que volver a pedir un crédito alguna vez se lo pediría al banco más pesimista de todos, porque es el que nunca espera que se lo devuelvas.
A Curro Lucena
En el flamenco ocurre un fenómeno que no sé si ocurre también en otros géneros musicales. Supongo que sí. Me refiero a lo mucho que se escribe y lo poco documentado que están los libros en general. Nos metemos todos y que se salven los que puedan salvarse. Me llevo las manos a la cabeza cuando premian un libro de flamenco que está preñado de datos erróneos sobre los artistas, que son los verdaderos protagonistas de nuestro arte. Esos datos erróneos quedan ya ahí como verdaderos y, como el deporte nacional es copiarnos los unos a los otros, las mentiras se perpetúan en el tiempo. Entiendo que hace cincuenta años no era nada fácil investigar en el flamenco, por la ausencia de medios y el difícil acceso a los archivos. Por eso no me gusta criticar a quienes investigaban en aquellos tiempos, sin necesidad de dar nombres. Pero hoy hay muchos medios y el acceso a los archivos se puede hacer desde nuestras propias casas, aunque no siempre. Hay ya decenas de periódicos digitalizados, del siglo XIX, que se pueden consultar en Internet. Es un trabajo laborioso, que requiere tiempo, pero que hay que hacer. También están digitalizados en la red algunos archivos municipales y parroquiales de ciudades de mucha tradición flamenca, con lo que se elimina el alto coste económico que supone tener que meterse en carretera para buscar datos en Málaga, Puerto Real, Linares o Barcelona. Por tanto, ahora es más fácil investigar que hace tres décadas y no entiendo cómo siguen apareciendo libros plagados de errores biográficos. Por poner algún ejemplo, aún se sigue diciendo “los hermanos de la Barrera”, cuando no eran ni primos. Y no estamos refiriéndonos a dos desconocidos, sino a los pioneros de la enseñanza del flamenco en Sevilla. Los libros han hecho sevillano al gran Miguel de la Barrera, pero en realidad era de la provincia de Málaga. El mítico guitarrista Paco el Barbero no era ni de Cádiz ni de Jerez de la Frontera, pero se sigue diciendo hasta la saciedad. La Finito de Triana ni nació ni se crió en el arrabal sevillano, pero reza como trianera. Juan el Pelao no era de Utrera, como se ha escrito alguna vez, sino de Triana, como su hermano José. El bailaor Lamparilla no era de Cádiz, sino de la sevillana calle Divina Pastora, del barrio de la Feria. Como su padre, Antonio el Pintor, al que también hicieron gaditano, era de San Juan de la Palma, o sea, sevillano de pura cepa. Frijones de Jerez no era el que se dice, Antonio Vargas Fernández, que nunca estuvo empadronado en Sevilla. El Frijones que nació en Jerez y que acabó sus días en la Alameda de Hércules de Sevilla era otra persona y no se llamaba Antonio. Nunca existieron aquellos “célebres duelos martineteros entre Juan el Pelao y El Planeta”, en Triana, de los que hablaba Antonio Mairena, porque el gitano herrero tenía solo dos años cuando murió Antonio Monge. Es imposible tanta precocidad. Y el Niño Medina no se hacía llamar así porque entre sus antepasados hubiera personas nacidas en Medina Sidonia (Cádiz), sino porque su verdadero padre se apellidaba Medina y era también cantaor. Son solo algunos ejemplos, pero podríamos citar miles de ellos. Cada día se hace más necesario la creación de un equipo de investigadores patrocinado por alguna institución pública, como hicieron en Argentina con el tango. Sobre todo ahora, que la Junta de Andalucía quiere meter le enseñanza del flamenco en los colegios públicos. ¿Dónde se van a documentar los profesores? ¿Qué van a responder cuando algún alumno pregunte quiénes fueron Frasco el Colorao, Ramón Sartorio o Miracielos? Buen fin de semana.
No entiendo las críticas al alcalde de Sevilla por anunciar que va a crear un programa para formar a jóvenes artistas de la capital andaluza. Operación Telento, así se llamará el ingenio cultural. Absténganse los mostrencos. Menos mal que no se va a llamar Operación viva el alcalde, o Conozca usted a don Juan Ignacio. Habrá galas domingueras y todo, como aquellas que organizaba la gran Adelita Domingo cuando aún vivía el Niño de la Dictadura. Ahora las coordinará Pastora Soler, cantaora que desde hace años canta a lo moderno, con lo que hemos ganado todos los flamencólogos. No asistí a ninguna de aquellas galas pero, por lo que cuentan las crónicas, debieron ser absolutamente divertidas. La gran María Pagés salió de aquellas funciones matinales en el Lope de Vega. Algún cartel tengo en el que viene anunciada como María Jeús Pagés, cuando formaba pareja con su hermano Tomás, que iba también para grande del baile aunque al final se quedó en gran persona. ¡Aquello tuvo que ser para vivirlo! Me lo estoy imaginando y se me pone la espalda como el caparazón de un centollo. Los sevillanos de entonces se levantaban muy temprano, desayunaban chocolate con churros en la Gran Plaza, la Macarena o Triana, se iban a misa muy trajeados, y bien lacados, para luego ir al Lope de Vega a disfrutar con las jóvenes promesas del arte flamenco y la copla. ¡Ay, aquella inolvidable Sevilla de Vicente el de Canasto y El Pali! Pero nada. Los modernos de ahora, que ven una bata de cola y una peineta y les dan ganas de ir al excusado a leer a Pérez Reverte, están machacando al alcalde de Sevilla, don Ignacio Zoido. No me extraña, con la paliza que está dando Canal Sur con la copla, el género musical del régimen anterior a éste. Las críticas vienen sobre todo porque el programa va a costar unos 20.000 euros, que es más o menos lo que se puede gastar al año cualquier político andaluz en llamadas a su familia desde el móvil oficial que le pagamos entre todos. Espero que las críticas no hagan retroceder al alcalde, porque ya me veo levantándome temprano los domingos, desayunando chocolate con churros en la Macarena, con mi traje negro de alpaca, el pelo entintado y muy lacado, y disfrutando con las futuras artistas en el Teatro Alameda. Estoy por encargarle un traje corto a Salado para no desentonar. Pero como soy tan grande, el traje me podría costar una pasta. Ahora hablando en serio. El sindicato del flamenco debería convocar un paro general en Sevilla porque como a Zoido le salga bien el invento folklórico las seguiriyas solo se van a oír en Japón.
Hoy tengo una buena noticia para los lectores de La Gazapera, sobre todo para los de Sevilla, Cádiz y Huelva, las tres provincias andaluzas donde se distribuye El Correo de Andalucía. Desde hace cerca de treinta años tengo una página de flamenco semanal en el decano de la prensa sevillana, en la sección de Cultura. Esta página se convierte hoy en La Gazapera de Papel y pueden seguirla en el mismo diario, en la sección de Sevilla, concretamente en la página 15. Es una sección de opinión, reportajes, críticas de discos y libros, y agenda. Cada viernes vamos a ir dando a conocer datos importantes sobre la historia del flamenco, sin dejar la opinión. Carmen Carballo, que fue mi jefa durante años en El Correo, me dijo una vez que me gustaba opinar hasta en los pies de foto. Y es así. Espero que cada viernes busquéis el periódico -si lo compran es mejor, que está la cosa que arde-, para seguir toda la actualidad del flamenco y coleccionar esos artículos en los que, como hacemos en La Gazapera, daremos a conocer datos sobre los creadores de lo jondo. En la página de hoy ampliamos la noticia del vínculo familiar de Caracol y El Fillo, damos detalles sobre los dos días que va a bailar Farruquito en el Lope de Vega de Sevilla, en junio; del homenaje que la Diputación de Sevilla le rendirá a Camarón de la Isla por los pueblos de la capital andaluza, y del festival que tendrá lugar mañana sábado en Écija, con Miguel de Tena, Pepe el Ecijano y Rubito Hijo. Leer un periódico por la mañana, a compás y con pellizco, es muy saludable para la mente y el cuerpo. Aquellos lectores de nuestro blog que vivan en lugares a los que no llega El Correo de Andalucía, se pueden suscribir al diario. Saludos gazaperiles y que tengan un buen día.

Padrón de los abuelos de El Fillo en la calle Nueva de Puerto Real. Con ellos vivían su hijo Manuel Ortega y su nuera María de Oliva, abuelos de Enrique Ortega Díaz 'El Gordo'. Pragmática de Carlos III de 1783.
Manolo Caracol dijo alguna vez que entre sus antepasados había artistas célebres del cante, el baile y el toreo, como El Planeta, su tatarabuelo -como ya nos hemos encargado de probar-, Curro Durse y El Fillo. Lo de este último nunca se ha podido demostrar. El apellido Ortega le viene por los Ortega de Cádiz, como es sabido, por el célebre Enrique Ortega Díaz El Gordo, su bisabuelo, carnicero y cantaor. Un hijo de éste, José Ortega Feria El Águila, se casó con una hija de Curro Durse, Rufina Fernández Ezpeleta, de cuyo matrimonio nació Manuel Ortega Fernández, Caracol padre, en 1860. Pero yéndonos más atrás se puede demostrar por fin el parentesco con Antonio el Fillo. El tatarabuelo paterno de Manolo Caracol, José Ortega de la Oliva Chicuco -padre de Enrique Ortega Díaz El Gordo-, era primo hermano de Antonio Ortega Heredia El Fillo. Sus padres eran hermanos. O sea, hijos de Diego de Ortega y Ángela Jiménez, de Cádiz y Jerez, respectivamente. En un padrón de Puerto Real de 1783, de la Pragmática de Carlos III, aparecen Manuel Ortega y María de la Oliva residiendo con sus padres en la calle Nueva. ¿Qué parentesco tenía entonces el célebre Fillo con Manolo Caracol? Como hemos dicho, primo hermano de su tatarabuelo paterno. Esto demuestra que el genio de la sevillana Alameda de Hércules no mintió nunca cuando dijo que también El Fillo estaba entre sus antepasados más célebres. Que no lo decía por presumir de linaje flamenco, como se ha asegurado alguna vez, sino porque era verdad. Por tanto, sobrinos de primos hermanos de El Fillo fueron también los toreros gaditanos Francisco Ortega Díaz El Cuco, Manuel Ortega Díaz Lillo y Gabriel Ortega Díaz Barrambín. Y la famosa cantaora Jacoba Ortega Díaz La Jacoba, que fue la suegra del gran Enrique Jiménez El Mellizo. ¿Se puede tener mejor ADN flamenco? Otro día les diremos qué parentesco tenía Caracol con Tomás el Nitri, vínculo familiar del que nunca se ha escrito.
A Juan Cañamero
Hay algo que no me cuadra, que no entiendo, que quiero que alguien me explique. ¿Cómo es posible que le hayan dado la Medalla de Andalucía a la Duquesa de Alba, que llama “gentuza” a los jornaleros del campo, y que quieran detener a Diego Cañamero, secretario general del SAT (Sindicato de Trabajadores de Andalucía), que lleva toda su vida luchando por los trabajadores andaluces, siendo coherente con sus ideas? ¿En qué tierra vivimos? Y eso que Andalucía es de izquierdas, según dicen ahora los interesados. No me gusta nada una Andalucía que vota a los políticos corruptos y que tiene siempre a una persona como Cañamero en los juzgados. Y estos días en busca y captura precisamente por no acudir a una cita del Juzgado número 12 de Sevilla, desde el que ha sido requerido por participar en la concentración de una finca de La Rinconada. A Cañamero lo citan siempre por ocupar fincas, por manifestarse, por defender los derechos de los jornaleros andaluces. Todavía no lo han citado ni una sola vez por robarle al pueblo, que yo sepa. Los que somos de campo y hemos nacido en pueblos de jornaleros admiramos a este señor y apoyamos su lucha sin titubear lo más mínimo. Diego es de El Coronil, localidad cercana a mi pueblo, Arahal, en la Campiña sevillana, aunque creo que nació en Campillos, en Málaga. Perdió a su padre siendo un niño y su madre tuvo que sacar adelante a nueve hijos, el mayor con 19 años y el menor con pocos meses. Conocí a esta mujer porque tuve una gran amistad con uno de sus hijos, Juan Cañamero, que se nos fue hace poco tiempo. Luché con él codo con codo para conseguir que los habitantes de Padre Pío, en Sevilla, lograran vivir dignamente. Diego no tuvo una infancia fácil. Cuando le conocí ya andaba en el SOC (Sindicato Obrero del Campo) ocupando fincas y dando mítines por los pueblos. Tenía unos 20 años y la piel negra y cuarteada ya por el duro trabajo en el campo. Emocionaba escucharlo, a pesar de que no tenía estudios primarios. O a lo mejor por eso. Y en esa lucha sigue Diego Cañamero Valle, de 56 años de edad, casado con una jornalera, con tres hijos. Muchas veces, cuando leo algo sobre él en los periódicos o le veo en las televisiones, siempre me pregunto lo mismo: ¿Diego Cañamero no se cansa de luchar? El que ha nacido en la lucha, sea del tipo que sea, se muere luchando, es su forma de vida. Me duele que haya gente en Andalucía que desprecia lo que hace, el sentido de su lucha. Gente que nunca se ha preocupado de saber cómo viven todavía los jornaleros del campo, sin contratos de trabajo dignos, sin apenas derechos y con jubilaciones que no llegan a los 600 euros al mes, después de toda una vida de duro trabajo. Me duele que en Andalucía estemos perdiendo la sensibilidad por la gente del campo, que se menosprecie la lucha de personas como Cañamero y Sánchez Gordillo, entre otros. Esa Andalucía que ahora se va al Rocío y que parece haber arrojado la toalla; que acude a los programas de Canal Sur a reírle las gracias a Los Morancos y a Juan y Medio; y que es capaz de movilizarse por salvar al Betis o al Sevilla y no para acabar con quienes tienen a Andalucía en la cola del paro. Solo soy un humilde crítico de flamenco, pero me gustaría darle ánimos a Diego Cañamero y decirle desde esta tribuna libre, que entiendo, admiro y celebro su lucha. Y que mi canción favorita también es la de Pepe Suero, aquella que nos animaba a ser libres en los setenta:
Andalucía, la que divierte.
Grabao a fuego lleva un puñal.
De yunques viejos, que la dirigen.
Y la enseñaron solo a rezar.
A Javier Alonso
Localizados ya El Planeta, su primo hermano Lázaro Quintana, Frasco el Colorao, Juan el Pelao, Paco el Barbero, Miracielos, El Raspao, el verdadero Frijones de Jerez, José Lorente y cien más, desde hace unos días estoy utilizando toda mi capacidad detectivesca para averiguar dónde tiene escondido el Gobierno el dinero de España, de los españoles, el que había cuando llegó Zapatero a La Moncloa. ¿Dónde está el jurdó?, que diría Agujetas. ¿Estará en el búnker que construyó Felipe González en La Moncloa ante el temor de un ataque nuclear o de que Diego Cañamero le echara encima a los jornaleros andaluces? En esa reliquia de la Guerra Fría que ha servido para que el otrora vicepresidente del Gobierno, Álvarez Cascos, se tomara las uvas en el 2000 con algunos de sus subordinados a la espera de un apocalíptico efecto informático que nunca existió, y para poco más, caben muchos billetes de quinientos euros uno encima de otro. Solo en la cámara acorazada. No se lo digan a nadie, pero he instalado cámaras de infrarrojos en La Moncloa para pillar a De Guindos bajando de madrugada al búnker a buscar los siete mi millones de euros que le va a dar Bankia. En billetes de quinientos, claro, que abultan menos. El dinero de España tiene que estar en el búnker de Felipe. Y el de Andalucía, en un doble fondo del Estadio Olímpico de Sevilla. En algún lado tiene que estar el nido porque, si “no hay dinero”, ¿cómo es que ahora sí lo hay? ¿Alguien sabe el saldo de la cuenta corriente de España?, ¿cuánto dinero tenemos?, ¿cómo está la caja? Pero todavía hay preocupaciones mayores en nuestro país, como, por ejemplo, que hay un parado más en España, el señor Rodrigo Rato, al que van a indemnizar con 1,2 millones de euros por abandonar el barco antes de que se hunda del todo. Pero como todo no iban a ser malas noticias, su sucesor al frente de Bankia, Goirigolzarri, se acaba de colocar de nuevo, lo que indica que comenzamos a crear empleo de calidad. Menos mal porque hace tres años se jubiló en el BBVA con una indemnización de 57 millones de euros y, como es bien sabido, el parado de larga duración acaba por empobrecerse. Para que se hagan una idea, con la indemnización del banquero vasco se podría pagar el salario mínimo interprofesional a ochenta mil trabajadores. Cuánto estamos aprendiendo todos de economía con estos cabroncetes. No hay mal que por bien no venga.
A Cristino Raya
Hay peñas flamencas y peñas flamencas. Las hay que son bares con disfraz cultural en las que se juega al bingo y se ven los partidos de fútbol de La Nuestra los sábados por la noche. Las hay que viven de las subvenciones públicas que gestionan las federaciones provinciales de peñas flamencas, cada una de ellas entregada a su causa política. Y hay peñas serias, sin local social pero dirigidas por buenos aficionados que aman la cultura flamenca por encima de otras cuestiones, como la que lleva el nombre del gran pintor y poeta Francisco Moreno Galván, de la localidad sevillana de Puebla de Cazalla. Esta entidad flamenca no tenía local social propio, como lo tienen la mayoría de las peñas andaluzas, pero parece ser que eso se ha solucionado. Sus socios se reúnen cada día en el Bar Central, que es propiedad del gran aficionado Fernando Guerrero. Los actos los celebran en el Salón Victoria o en la Bodega de Fuentes, actos que están siempre marcados por una impecable organización. Hace años decidieron ir más allá de los meros recitales y crearon una gran revista, Arte Jondo, en la que se hacen eco de las actividades que suelen llevar a cabo a lo largo del año. En el último número, el quinto, se ocupan de las conferencias que han ofrecido en los dos últimos años Antonio Zoido Naranjo, Antonio Barberán, Antonio Reina Gómez, Emilio Calderón, José María Castaño y Juan Vergillos, entre otros. Magníficamente ilustrada por pintores tan buenos como Patricio Hidalgo y otros -nunca faltan obras de Paco Moreno Galván-, bien cuidada en todos los aspectos, es una revista que deberían leer. Los interesados pueden pedir información en el número 954 847 801. Merece la pena su lectura.














