Hoy ha muerto en Sevilla el cantaor José María Pérez Blanco, conocido por Pepe Peregil. Llevaba meses luchando contra un cáncer al que no ha podido vencer a pesar de que lo había intentado con todas sus fuerzas. Nació en la localidad onubense de Manzanilla, en 1945, pero llevaba casi toda su vida en Sevilla, donde era muy querido. La muerte del cantaor va a dejar un hueco difícil de llenar en la capital andaluza, ciudad a la que se vino a vivir muy joven y de la que se enamoró con locura. La cuna de la Giralda lo quería también como a cualquiera de sus más célebres hijos, porque fue un sevillano de raza, enamorado de su cante, de su Semana Santa, de su Feria de Abril y de sus más pintorescos personajes. Era muy conocido en el mundo por su bar de la Plaza Padre Jerónimo de Córdoba, Quitapesares, local de obligada visita para los enamorados de la Sevilla más genuina. Atendía personalmente el negocio y siempre tenía para todo el mundo una anchurosa sonrisa, un cante, una anécdota, un mosto de Umbrete, un papel de chacina de la sierra de Huelva y el último chiste. En su local tenía un verdadero museo de añejas fotografías de humoristas, cantaores, toreros y canzonetistas, destacando entre todas ellas una muy grande de cuando les cantó saetas a los Reyes de España. Era sobre todo una buena persona, amigo de sus amigos, de los señoritos con jurdó y de los tiesos como la mojama, aunque sintió siempre una especial predilección por los chanceros, por esos bufones de la calle que antes de acabar en los programas del Loco de la Colina, en nómina o no, se placeaban en su bar. Sevilla, la castiza, sentirá esta muerte como sintió la de sus más grandes artistas ya ausentes. No volverá a ser la misma sin el niño grande de Manzanilla. Nunca más.
http://www.youtube.com/watch?v=ZqeT09m4II4
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A José Blas Vega
Es muy probable que de aquí a unos cinco años se pueda reescribir la historia del cante flamenco, aunque últimamente se vienen aportando innumerables datos sobre los pioneros de lo jondo que nos permiten ver con claridad cómo, cuándo y dónde nació este arte. Aunque algunos discutan la importancia de biografiar a artistas históricos como el Planeta, el Fillo, Curro Durse, Manuel Molina, el Loco Mateo, Tomás el Nitri, Juan Breva o el Canario de Álora, lo cierto es que en ellos está la clave de todo. Ya demostramos el pasado año que el Planeta pasó en Málaga los últimos veinticinco años de su vida. Y eso debe hacernos reflexionar sobre su importancia o no como cantaor de flamenco, porque no hay memoria de su cante en la ciudad malagueña. Lo único que se conoce de él es una seguiriya, A la luna le pío, que no es sino la Toná del entierro, que se cantaba en Málaga en la primera mitad del XIX. A la luna le pío, la del alto cielo. Cómo le pío, que me saque a mi pare de donde está metío, que verlo camelo. Esta antigua copla siempre se había entendido como una petición del autor a la luna para que sacara a su padre de la cárcel, pero también puede ser para que lo sacara del ataúd. Parece ser que el Planeta cantaba en Málaga la toná del entierro, que era un cante de funeral. Si a Serafín Estébanez Calderón no le da por escribir sobre aquella fiesta trianera de 1838, y alguna que otra cita en la prensa de la época, el nombre de este mítico cantaor no hubiera trascendido hasta nuestros días, como no trascendieron los de muchos otros. Porque cuesta creer que en aquellos años no hubiera otros cantaores. De hecho, Tobalo el de Ronda ya cantó en Cádiz en 1812, al público, cuando el Fillo tenía solo cuatro años. Con el Fillo ocurre más o menos lo mismo. Si se confirma que era Antonio Ortega Heredia, como quiere demostrar Luis Javier Vázquez, se sabe que vivió casi treinta años en Triana, desde 1828 hasta 1854. En una época, además, en la que el género flamenco se estaba gestando. Su influencia, pues, sería fundamental para la fijación de modelos de cantes. Cantaores trianeros como Antonio Cagancho y Francisco la Perla, entre otros, alternarían con el Fillo en las fiestas y tabernas del barrio. Hay otro cantaor fundamental en la historia del cante flamenco, que fue Frasco el Colorao, al que le seguimos la pista desde hace bastante tiempo. Según Rafael Pareja, el Colorao enseñó a cantar al Fillo y a Cagancho padre, al Lebrijano viejo y a Silverio, entre otros muchos. Haría falta demostrar quién era y de dónde era, si era de Triana o de Cádiz, o si de verdad estuvo tantos años en Triana como para ser el maestro de Cagancho padre y de Silverio, entre los que había diez años de diferencia. En Frasco el Colorao puede estar la clave de muchas cosas de la historia del cante jondo y en eso andamos, en localizar al enigmático pelirrojo. Sobre todo en la clave de la conexión entre el cante de Cádiz, Jerez, los Puertos y Triana, porque ahí está la madre del borrego
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Parece que el tema de El Fillo va a traer cola, que creará polémica y que será motivo de discordia entre flamencólogos. De hecho, está ya muy calentito en distintos foros de la red. Espero que de todo esto salga algo positivo. El asunto demuestra que hay muchos aficionados interesados en conocer quiénes fueron los pioneros del arte de lo jondo, y eso es muy bueno para los que nos dedicamos a la investigación sobre la historia del género flamenco y sus verdaderos protagonistas. Luis Javier Vázquez Morilla ha aportado una valiosa documentación sobre el histórico cantaor calé y su familia, solo un adelanto de lo que conoceremos cuando aparezca su primer libro, De cal y cante, que verá la luz en breve. Ha publicado parte de esa documentación ante el temor de que alguien se le adelantara, porque sabía que hay muchos investigadores buscando datos sobre El Fillo y otros de su tiempo. El veterano investigador sevillano José Manuel Barbadillo dio a conocer hace unos años los datos biográficos de un Francisco de Paula Ortega Heredia, de San Fernando, dando por hecho de que se trataba del Fillo que cantó junto al Planeta en la célebre fiesta trianera de Estébanez Calderón, de 1838. Barbadillo me hizo llegar el expediente matrimonial de este señor hace más o menos un año, que guardo, como archivo otros muchos documentos localizados por mí desde que comencé a buscar al Canario y al Planeta. Si no he publicado nada es porque reservo ese material para mi trabajo sobre el flamenco en Sevilla, y porque no me gusta meterme en investigaciones de otros compañeros. No quiero entrar en la polémica que este asunto ha suscitado y me gustaría que quienes entren lo hagan con respeto hacia los demás. Sé muy bien el esfuerzo que supone investigar a los cantaores de la primera mitad del XIX, por la falta de documentación. Es un trabajo duro y costoso, con escasos apoyos institucionales, que en muchos casos te llevan a la ruina económica. Mi opinión es que cada uno debe aportar sus datos y hacerlo con toda la honradez posible. Rivalizar en este asunto me parece estúpido. Soy más partidario de compartir la información para contrastar los datos, que es lo que suelo hacer con investigadores como Barbadillo, Antonio Barberán, Luis Suárez Ávila o el propio Luis Javier Vázquez. Barberán me hizo llegar ayer el expediente matrimonial de los padres de Antonio Ortega Heredia, El Fillo que defiende Luis Vázquez. Antonio lo tenía desde hacía tiempo sin saber con certeza que se trataba de esa familia, algo que suele pasar mucho. Supongo que ahora, con los datos que están apareciendo, se darán a conocer otros muchos y esto ayudará a esclarecer de una vez por todas quién fue de verdad el famoso Fillo. Creo, sinceramente, que Luis está en la buena línea y que en su libro quedará todo resuelto, aunque el asunto está complicado.
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Esta mañana nos hemos despertado con otra triste noticia para el mundo del flamenco: la muerte de Martín Jiménez Jiménez, conocido por el sobrenombre de Martín Revuelo, casado con la cantaora Juana la del Revuelo y padre del guitarrista sevillano Martín Chico. La Pálida está a destajo, se está cebando con nuestros artistas, está llevándose a su lóbrega cueva a una gran cantidad de fenómenos que nos han hecho felices con el don de lo jondo y el compás. Madrileño de Vallecas, se hizo muy pronto un hueco en los tablaos y llegó a cantarle a los más grandes del baile, siendo uno de los cantaores del trío Los Bolecos, compuesto por Matilde Coral, Antonio el Farruco y Rafael el Negro. Problemas en la garganta le obligaron a dedicarse a acompañar a su esposa, pero sin dejar nunca de cantar y de maravillarnos con su extraordinario sentido del compás y un rajo gitano irresistible. Ese rajo se ha apagado hoy al amanecer y será enterrado mañana en el Cementerio de San Fernando de Sevilla, donde descansan ya tantos genios del flamenco. Martín Revuelo era un fenómeno, uno de esos cantaores de inspiración que en un solo tercio o desplante festero era capaz de levantarnos de la butaca. Será imposible olvidar sus bulerías en catalán, en asturiano o en gallego, con una gracia infinita. Por fiesta era un genio, sin duda, aunque también se fajaba con lo más serio de lo jondo. Y era, además, un genial autor de letras. Pero resultará todavía más difícil olvidar que siempre fue una persona cariñosa y con una gracia infinita. Mañana habrá que darle el último adiós a partir de las once y media. Y hoy estaremos en el Tanatorio de la S-30. Hay que despedir a un artista como la copa de un pino, que llegó decir que Sevilla es de chocolate. Siempre estarás en el corazón de los flamencos, señor Martín Revuelo. Tenía 66 años.
http://www.youtube.com/watch?v=9EG5-_ZK5is&feature=related
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Luis Vázquez adelanta los datos biográficos del célebre cantaor El Fillo
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El joven investigador de Morón de la Frontera Luis Vázquez Morilla, que prepara lo que será su primer libro, Cal y cante, adelanta en una página web de Morón los datos biográficos del célebre Fillo, que era una asignatura pendiente de la flamencología. Este libro verá la luz muy pronto, pero el adelanto es una gran aportación a la historia del cante flamenco. El sevillano José Manuel Barbadillo andaba también detrás de este personaje, y hace algún tiempo localizó a su hermano Francisco, el célebre Curro Pabla, creyendo que era El Fillo. Estaba tras la pista, sin duda. Nosotros también estábamos en ello y poseemos mucha documentación sobre el afamado cantaor y su familia. Pero Luis Vázquez es el que ha adelantado una documentación que será fundamental para aclarar muchas cuestiones sobre la historia del cante jondo. Facilitamos el enlace de esta página. Felicidades, compañero.
http://morondelafrhistoriaflamencodeportes.blogspot.com/2012/01/el-fillo-parte-1.html
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Reserve ya su ejemplar del libro ‘Cuatrovientos. El niño que hablaba con los olivos’
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A partir de hoy ya puede reservar a través de La Gazapera el libro Cuatrovientos. El Niño que hablaba con los olivos, de Manuel Bohórquez, que verá la luz en breves semanas. Se trata de un relato novelado de la infancia del autor en Palomares del Río, de 136 páginas y que tendrá un precio de 15 euros más gastos de envío. La obra estará prologada por el escritor y periodista sevillano Quico Pérez-Ventana. En ella, el autor narra cómo era la vida en esta localidad sevillana en los años 60, entre la fantasía y la realidad y con su estilo característico. Pueden reservar ya su ejemplar enviando nombre y dirección a pozonuevo.editor@gmail.com.
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A Juan Carlos Blanco
El nuevo año ha comenzado más o menos como se despidió el anterior: con los políticos mintiendo como bellacos, los mercados oprimiendo, los empresarios pidiendo esclavitud laboral y despidos baratos, los sindicatos enseñando los dientes pero sin llegar a morder, los famosos y los ricos presumiendo en las televisiones públicas de casas de lujo y peluqueros, los hombres matando a sus parejas, Europa exigiéndonos reformas y ajustes, y los medios de comunicación hablando de Messi y Ronaldo. O sea, España. ¡Viva España y Jerez!, que decían los flamencos de antaño, como si la tierra del caballo y el fino perteneciera a los países escandinavos. No sé ustedes, pero lo único que les pido a los políticos es sinceridad y honradez. En las próximas elecciones andaluzas daré mi confianza al que me diga la verdad y nada más que la verdad. Sé que exigirle sinceridad a un político es como pedirle peras al olmo, pero la quiero. Si usted me va a joder la vida prefiero que me lo diga a que me engañe. Si no me va a dar trabajo y va a consentir que un banco se quede con mi casa quiero saberlo. También quiero saber si me va a subir el IVA y si voy a tener bastante con veinte euros de gasoil para ir tres veces a ver a mi madre desde Mairena del Alcor a Sevilla. Quiero saber, señor Arenas, señor Griñán, señor Valderas, si me vais a dar por el culo o vais a solucionar de una vez mis problemas, los de todos los andaluces. Es muy fácil decir en campaña electoral que no se van a subir los impuestos y luego, cuando se está en el poder, subirlos. Así es político cualquiera. Hasta yo mismo podría serlo, que no sé hacer la o con un canuto en cuestiones de política. Mariano Rajoy dijo muchas veces que sería una barbaridad subir los impuestos, pero los ha subido nada más sentarse en el sillón de la Moncloa. No habrá tenido más remedio que hacerlo, seguramente, pero ha mentido y ha incumplido una de sus promesas electorales. Les dije hace semanas que no dejaba de sorprenderme cómo miles de españoles eran capaces de comerle el hocico en plena calle a Rajoy y a Rubalcaba, en una especie de extraño síndrome de Estocolmo. ¿Se imaginan a las ovejas abrazando al lobo? Que Dios nos coja confesados.
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Carta de urgencia al querido Maestro Enrique de Melchor
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Al pueblo de Marchena
Esta mañana me daba la noticia de tu muerte un flamenco de Lebrija, Miguel Ángel Vargas. No daba crédito a su frío mensaje de texto. Minutos más tarde me llamaba tu discípulo Antonio Carrión y me la confirmaba. Desconocía que estabas tan malito, amigo del alma y, sin embargo, compañero. Los flamencos no levantamos cabeza. Todavía lloramos las muertes de Enrique Morente y Moraíto Chico, y ahora lloramos desconsoladamente la tuya, que es tan injusta como las anteriores, pero que hay que aceptar como hombres. La guitarra se está quedando sin cuerdas, y el cante, sin metales. Y no podemos hacer nada para evitarlo. Por mi edad ya he llorado a muchos artistas flamencos, desde Antonio Mairena, cuya muerte me cogió muy jovencito, aunque estuve en su entierro, hasta la tuya. Recuerdo cuando se fueron el Tío Borrico, Terremoto de Jerez, El Sevillano, Fregenal, Antonio el Farruco, El Mimbre, la Niña de la Puebla, El Sordera, Paco Toronjo, La Paquera, Antonio el Chocolate, Fernanda y Bernarda, Gaspar de Utrera, Juan Valderrama, El Chino, Pedro Bacán, Enrique Orozco, Rafael el Negro, Enrique Morente y Moraíto Chico, entre otros. El problema de ir cumpliendo años es que llenamos de borrones la agenda de teléfonos. Menos mal que no os vais del todo, que nos dejáis vuestras obras. Esta mañana, al poco de saber la noticia de tu muerte busqué tus discos para emocionarme porque es el mejor homenaje que podía hacerte. Me resulta imposible ir mañana a Madrid a darte el último adiós, como hice el pasado año con Morente y Moraíto. Nadie me echará de menos, amigo Enrique. Quiero que sepas que de alguna manera estaré mañana contigo, y que a partir de mañana todos los días tendré un recuerdo para ti. Recordaré cada día los momentos vividos, los buenos y los malos. Te doy las gracias por todo lo que me has hecho disfrutar por esos festivales de Andalucía, por lo que has aportado al mundo del flamenco, por esa música tuya tan bella y profunda que ha sido parte de la hermosa y emotiva banda sonora de mi vida y que lo seguirá siendo mientras siga rodando por el mundo. Ha sido un verdadero honor conocerte, admirarte y, sobre todo, analizar tu trabajo. Buenas noches, Maestro. Descansa en paz.
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Se nos ha ido hoy el gran guitarrista marchenero Enrique de Melchor
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No hace más de media hora que acabamos de recibir la triste noticia de la muerte del gran guitarrista sevillano Enrique de Melchor. Según hemos podido saber por parte de uno de sus compañeros, Enrique Jiménez Ramírez fue operado hace cuatro años de cáncer de vejiga, de cuya operación había quedado bien. Pero hace unos días se encontraba en su guitarrería madrileña, sintió unos extraños dolores de espaldas y se fue a la clínica La Luz, donde también murió Enrique Morente hace poco más de un año. Allí le confirmaron que se le había reproducido el cáncer y que la matástasis le había invadido el cuerpo. Impresionante mazazo nada más entrar el año nuevo, cuando apenas estábamos recuperándonos del de Enrique Morente. Enrique de Melchor era una gran figura de la guitarra y uno de esos artistas que dejan huella. Hijo del también guitarrista sevillano Melchor de Marchena, se hizo guitarrista aprendiendo de su propio padre y de otros grandes maestros, convirtiéndose muy pronto en una primera figura de la sonanta que reclamaron los más grandes cantaores, como Mairena, Lebrijano o Menese, o Rocío Jurado en el mundo de la copla, entre otros muchos. Ha sido de los más completos de los últimos tiempos, pues a su calidad de acompañante unía también su talento a la hora de componer su propia música flamenca, que ha registrado en discos que serán su mejor legado artístico. Obras como Confidencias y Arco de las Rosas, su último cedé, serán una referencia importante para futuros guitarristas. A lo largo del día les seguiremos ampliando esta lamentable noticia que, obviamente, nos ha machacado. Sobre todo porque tenía solo 61 años, y era un cacho de pan.
Enrique de Melchor había nacido en 1950 en la localidad sevillana de Marchena, donde vivió hasta los 12 años. Nació en el seno de una familia de artistas, con nombres como La Jilica, El Cuácua, Miguel de Marchena y el Bizco Melchor, entre otros. Su propio padre, Melchor de Marchena, uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, se encargó de transmitirle el arte de tocar la guitarra, aunque aprendió de muchos otros artistas de la sonanta. Comenzó a tocar en Los Cansteros, el tablao de Manolo Caracol, cuando solo era un adolescente y en este local fue donde lo descubrió Paco de Lucía, con quien giró por el mundo siendo muy joven. Se dio a conocer muy pronto y lo reclamaron muchas de las primeras figuras del cante, Antonio Mairena entre ellas. Encontró enseguida un hueco en los festivales de verano de Andalucía, donde era frecuente verlo acompañando a José Menese o Lebrijano, lo que le valió para ser reconocido por la Cátedra de Flamencología de Jerez y el Festival de las Minas de La Unión. Pero además de ser un enamorado de la faceta del acompañamiento, Enrique de Melchor sintió desde siempre una especial atracción por la guitarra de concierto y en esta especialidad nos ha dejado obras de un gran valor artístico, que dejan claro su gran talento a la hora de componer desde un gran respeto a las raíces. En todos sus discos en solitario destaca por un sello muy personal y una flamenquería extraordinaria, combinación que lo consagrará en uno de los concertistas más flamencos, sobre todo como un gran creador de falsetas originalísimas. La noticia ha conmocionado al mundo del flamenco, como no podía ser de otra manera, a pesar de que estaba algo olvidado, de lo que se lamentaba en privado siempre que podía. Se sentía desplazado, lo que le animó a abrir una tienda de guitarras en la capital de España, donde vivía desde hacía décadas.
http://www.youtube.com/watch?v=Aw4r9FyRxYQ
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A Benito Zambrano
El flamenco siempre ha interesado al mundo del cine, desde el principio mismo del celuloide, pero pocas voces ha interesado de verdad entrar en su esencia, llegar hasta él para adivinar su misterio, como se llegaría al arcoiris para descifrar el enigma de sus colores. Estos días no he parado de darle vueltas a la cantidad de historias que se podrían contar en el cine o la televisión sobre un arte como el nuestro. Con lo que Canal Sur lleva gastado en el culebrón andaluz Arrayán, se podrían haber contado decenas de historias del flamenco y de los flamencos. Si tuviera medios llevaría al cine las vidas de la Niña de los Peines, La Campanera o la Niña del Antifaz, aquella cantaora tan fea que disimulaba con un antifaz negro su poco agraciado rostro a la hora de cantar en los teatros del país. La vida de La Campanera es de cine. Esta gran bailaora sevillana nació en la Giralda y como era la hija del campanero le pusieron el remoquete artístico que la hizo célebre en todo el mundo gracias a los viajeros románticos y a los políticos que venían de fuera a disfrutar de sus jaleos jerezanos y peteneras. Gozó de las mieles del triunfo, pero supo también de la amarga hiel del desprecio y el olvido. Hasta tal punto que murió tuberculosa y olvidada muy lejos de su Giralda natal. ¿No es de cine la vida de la Niña de los Peines? Así lo cree Antonio Banderas, quien alguna vez ha expresado en privado su deseo de llevar al cine la vida de la más pequeña de los Pavón. Por no hablar de cómo era de cinematográfica la Triana de los Cagancho y los Pelao, de Curro Puya y los Canela, con sus revoluciones, de las fraguas y las alfarerías y de aquellos callejones por los que se escapaban de la pestañí los malhechores, como nos cuenta una célebre copla de martinetes. O la Alameda de Hércules, con sus tabancos, prostíbulos y corralas de vecinos con olor a puchero y mantillo mojado. O el barrio de La Feria, donde nacieron el Maestro Pérez, Lamparilla y su padre, El Pintor. O la Macarena, el barrio de Pepe Pinto y El Carbonero. ¿Y Silverio Franconnetti? Un día vendrán los americanos y harán una película sobre el padre del flamenco. Por menos de lo que cuesta Arrayán, claro. O sobre aquel ambiente de cafés como los de El Burrero y el propio Silverio, en el mismísimo centro de la Sevilla de finales del XIX, con el arte de La Carbonera y La Sordita y la gracia de Paco Botas y La Escribana, que era un travesti flamenco de Málaga que además cantaba por malagueñas como El Canario. Hace unos días me contaron una historia muy hermosa de una gitana de Triana que cantaba y bailaba para morirse de gusto. Llegó un ricachón del extranjero, se enamoró de su voz y de sus hechuras, se la llevó a su tierra y la convirtió en una estrella del bel canto. Murió lejos de Triana acordándose todos los días de la Cava Nueva, de los albures fritos de El Arquillo y el olor a jazmines de los corrales del arrabal. ¿Por qué no cuenta Canal Sur estas historias? O Televisión Española, que es quizá la única que medio puede verse en España sin que te den ganas de colgarte en un olivo. Ojalá los productores y directores andaluces caigan un día en que en casa tenemos todo lo que nos hace falta para contar miles de hermosas historias.
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A mi suegro Cristóbal
Hacía meses que no echaba un día completo en los campos de mi pueblo. Necesitaba pisar terrones, andar entre los olivos, darme un baño de sol, dejarme acariciar por el aire puro del campo, pasear con mi perro Surco por la tierra que labraron mis tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres. Hoy lo he hecho y vengo nuevo, con ganas de escribir, de decir lo feliz que soy y lo orgulloso que estoy de ser de Arahal. De niño pasaba los veranos en mi pueblo y cuando me iba a la cama y apagaban la luz le contaba a mi padre todo lo que había hecho a lo largo del día, lo bueno y lo malo. Mis tíos vivían cerca del cementerio y me consolaba saber que mi padre estaba cerca. En ocasiones, como dormía con la ventana del dormitorio abierta, se movían los visillos y me imaginaba que mi padre había entrado envuelto en la fresca brisa de la madrugada. Le hacía un lado en mi cama y me dormía acurrucado en sus brazos. Por la mañana me despertaban los gorriones y mi tía Rosario me tenía preparadas una generosa taza de café con leche y una tostada tan grande como un disco de pizarra y empapada en aceite de oliva. Luego me iba a la plaza de abastos a ver cómo los carniceros descuartizaban los pollos y cómo los pescaderos picaban la nieve para mantener fresco el pescado del día. Me encantaba ver a las mujeres con sus cestas recorriendo los puestos y a los trabajadores y trabajadoras del mercado pregonar sus productos en alta voz y sin desafinar. Más tarde buscaba a mi tío Antonio Bohórquez para que me invitara a un refresco con altramuces en el bar de El Pena o me iba a la calle Pozo Dulce a hablar de flamenco con el Cojo Daza, el barbero con más arte de Arahal. Me enseñó cosas, pero jamás consiguió pelarme porque de eso se encargaba ya el barbero de Palomares, que solía dejarme la cabeza rapada por orden de mi madre, por aquello de no ponérselo fácil a las liendres. ¡Cuánto añoro aquellos veranos en Arahal!
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